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Visita anual a la playa de Cabío

Escrito por Cristobal Ramírez
2 de septiembre de 2014 a las 7:48h

Cabío (A Pobra do Caramiñal). Visita anual a la playa de Cabío. Mi primera sorpresa es que está llena de gente, algo que no esperaba. Pero es lógico. A la belleza natural se une la panorámica más bonita de la ría de Arousa, con la isla de Rúa mandando. Y los servicios. Porque al alcalde seguro que se le pueden criticar muchas cosas, pero no el que haya descuidado este pedazo de su costa caracterizado por la línea de arenales, más limpios este año que el pasado, y por los dos paseos, uno de piedra y el otro de madera.

Recorro todo. Sólo me sigue horrorizando la estética del cámping Ría de Arosa (el Ría de Arosa II, en el monte, es lo contrario) porque me recuerda a campamentos de refugiados, apiñados todos para aprovechar hasta el último metro -ya sé, ya sé, la temporadas es corta y no se puede desperdiciar nada- y sin embargo me sigue encantando la atmósfera del hotel Cabío, de avejentada web, con su terraza convertida en magnífico mirador.

 

Corderito, helado y… Envidia cochina

Escrito por Cristobal Ramírez
31 de agosto de 2014 a las 19:48h

Pidre (Palas de Rei). Tras 270 kilómetros por la Ribeira Sacra recalo, lleno de sudor y algo cansado, en A Parada das Bestas, donde tengo suerte: hay una primera comunión, así que me instalo debajo de un carballo, mesa y sillas, mantel y albariño. María, que no pierde la sonrisa a pesar de que no para, me pone un corderito excelente como sólo ella sabe prepararlo, mientras los tres perros se extienden pacientemente en la hierba, a la sombra también, sabiendo que al fin algo les caerá, porque en la casa grande, el que no come, lambe.

Pero yo he venido a por un helado. Necesito un helado. Así que Envidia cochina (sí, ese es el nombre del albariño) y cordero dejan paso a una de esas creaciones gloriosas en las cuales tiene algo que ver también Milhulloa, la premiada cooperativa ecológica que dista media docena de kilómetros.

María sabe mis gustos. Y es que nos conocemos desde 1997, cuando ella y Suso acababan de abrir y A Parada das Bestas era un desierto. Desde entonces hasta hoy, con la mediática estancia de Gwyneth Paltrow por medio, un camino de mucho esfuerzo pero también de éxito. Un ejemplo del turismo de calidad que necesita Galicia.

Por cierto, las webs de A Parada das Bestas y Milhulloa necesitan un lifting.

Avalancha en O Grove y ni un solo aparcamiento de pago

Escrito por Cristobal Ramírez
30 de agosto de 2014 a las 6:47h

O Grove. Pues no es este el turismo que necesita Galicia, un turismo de aluvión para el que en absoluto están preparadas localidades como O Grove. En primera he tardado en entrar y salir 43 minutos a las 11.40 de la mañana. Los cientos de coches que accedíamos a la localidad desde los dos puntos de entrada buscábamos lo mismo: sitio para aparcar. Imposible. El caos es absoluto porque, aunque hay lugares señalizados para dejar el vehículo, están cogidos todo el día por los veraneantes. Dos policías locales hacía lo que podían.Ni un solo aparcamiento de pago, elemento fundamental tanto para desanimar a los que quieren meter el coche a la puerta del bar como para organizar los flujos. De manera que el barifundio es enorme y los nervios están a flor de piel. Si esto es relax veraniego, que baje Dios y lo vea, que yo, cuando rechacé aparcar a dos kilómetros del puerto y sin ningún servicio que me acerque a él, no lo veré nunca más ni en julio ni en agosto. Pan para hoy…

Al parecer una carretera quiere destruir la reserva natural de Godmanchester

Escrito por Cristobal Ramírez
28 de agosto de 2014 a las 4:02h

Godmanchester. Mi contacto con el Wildlife Trust, Amy Robinson, me había informado de que la maravillosa reserva natural de Godmanchester, cerca de Huntingdon, estaba amenazada. Yo, como periodista, aplico siempre el axioma inglés que afirma que “si tu madre te dice que es tu madre, compruébalo”. O sea, dos fuentes para poder publicar una noticia. Y yo tengo una, de manera que, aunque en principio Amy Robinson parece una persona muy sensata, yo no he podido ver ningún papel que diga que por ahí, por el medio de la reserva, va a construirse una nueva carretera.

Si damos por bueno lo que esa mujer asegura, es simplemente una barbaridad. Parece ser que se van a construir nuevas viviendas al norte, y que hay que darles acceso. Lo que ella dice es que ya existe ese acceso vía la A14, una autovía llena de tráfico a la que sin embargo iría a dar el nuevo tráfico sí o sí. O sea, un galimatías, una programación hecha con los pies que afectará a aves que viene desde Islandia y a, por ejemplo, 50.000 estorninos que se cuentan allí en invierno. De eso en Galicia sabemos mucho, donde se está empezando a construir la autovía a Lugo arrasando con medio Camino de Santiago (nuestro principal recurso turístico), pero yo no lo esperaba de los civilizados (excepto en la Costa Brava y Baleares) ingleses.

En resumen, si se confirma que por la reserva natural se va a diseñar la carretera, que cuente con mi oposición como ciudadano. Aunque sea una oposición meramente moral, pero me uno así a los 1.390 vecinos de Godmanchester (en total son 5.500, incluyendo los niños, de manera que 1.390 es la práctica totalidad de los hogares) que firmaron contra el proyectado atentado ecológico.

Hinchinbrooke, el pequeño gran tesoro escondido de Huntingdon

Escrito por Cristobal Ramírez
26 de agosto de 2014 a las 7:14h

Hinchinbrooke Country Park (Huntingdon). Sabía -más o menos- que estaba ahí, detrás del palacio de Hinchinbrooke y del colegio público que tiene dos gimnasios y piscina climatizada, pero en todos estos años no había tenido -lo confieso- el más mínimo interés en conocer la reserva natural que lleva el nombre del palacio. En realidad, pensaba en un bosque o en una lagunita. Una cosa minúscila, porque Huntingdon -ciudad a la que pertenece y que define geográficamente por el suroeste- tiene 12.000 habitantes contando los largos y poblados extrarradios, así que no iban a tener sólo ahí para tan poca gente un paraíso natural.

Pues lo tienen. En una hora sólo recorrí, casi sin detenerme, un pequeño trozo, cruzándome constantemente con gente por lo general mayor que pasea a sus perros y recoge los excrementos aunque los animales tengan a bien soltarlos en el medio de la casi inaccesible maleza, donde incluso es sano abono natural.

He logrado ver tres de las siete lagunas, pero sin tiempo para recorrer sus perímetros. Estuve en un observatorio pero no en el centro de deportes acuáticos. Recorrí los más de 200 metros que mide de largo el parque infantil pero n o tuve ni tiempo para fotografiar al descarado conejo que se cruzó en mi camino. encima, organizan constantemente actividades tanto para niños como para adultos, y muy variadas. Uno puede hacerse amigos del Hinchinbrooke Country Park pagando una mínima cuota al año (10 euros), lo cual da derecho, entre otras cosas, a ser voluntario en las tareas de cuidado del parque en sí y a participar en acciones de recolección de fondos para el mantenimiento de esos 180 acres. O sea, nada menos que 72 hectáreas.

Eso sí, excepto que uno se meta en el agradable café lleno de niños, como estoy yo ahora mismo, el runrún de la autovía es constante. Tampoco se puede pedir todo, ni siquiera aquí en Inglaterra.

 

Suspenso para Newmarket, sobresaliente para el pub The Kirtling Red Lion

Escrito por Cristobal Ramírez
24 de agosto de 2014 a las 5:11h

Kirtling. ¡Qué desilusión Newmarket! Burro grande ande o no ande y cientos de caballos. Todo está preparado para los equinos y los jinetes. Enormes picaderos, lugares para carreras, hoteles de mucho lujo y un museo…  de las carreras de caballos.

Recorro la calle principal, High Street, que casi es la única, y luego un centro comercial todo atropellado. Así que vuelvo al coche y busco Kirtling, donde he quedado para comer. Carretera estrecha, muy arbolada, preciosa. Uniformidad elegante en la rotulación de las granjas, casas fuertes y establecimientos para la equitación. Desvío por una pista de esas que garantizan que uno se mete en el fin del mundo y al fin paro ante The Red Lion, un pub precioso y auténtico, lugar de la cita… cerrado porque faltan 20 minutos para las 12. De modo que paseo y la dueña se da cuenta de mi soledad. Abre la puerta y me invita a entrar, mientras me prepara un té.

¡Qué cambio! También ella acaba confesando que Newmarket no es la ilusión de su vida, y yo la entiendo porque The Red Lion es el paraíso. No por lujo, que no lo hay, sino por la autenticidad y la amabilidad de la propia dueña, del hombre que aparece por allí a trabajar y de la rubia que quizás sea su hija -o no- y que tiene cara de no haber dormido lo suficiente, aunque se muestra muy dispuesta.

Y además, mis scampi estaban estupendos, y mi postre, un tofe con helado, impresionante. Un sitio para recomendar y para volver.

 

Están en todo su derecho, pero de verdad que no me gusta el cambio

Escrito por Cristobal Ramírez
22 de agosto de 2014 a las 20:09h

Grafham. Algo estaba fuera de sitio. Di una vuelta, y otra, y otra. Tenía que hallarse al final a la izquierda, cerca de la esquina. O al menos allá me fui automáticamente, y mi automatismo rara vez me engaña, son muchos años educándolo. Pero algo no me cuadraba. La tumba, simplemente, no está. Hasta empecé a ponerme nervioso y acabé incluso desorientado, lo cual es raro, bien raro. Así que empecé a vagar por todo el cementerio de Grafham, mientras la iglesia permanece cerrada por obras. Llegué a la esquina del fondo, pero a la de la derecha, y allí había una tumba. Pero no ponía lo que tenía que poner, no, aunque me fijé y en realidad eran dos tumbas en tierra. Si fuera la primera vez que viese algo similar, seguro que me habría impactado, pero yo buscaba la otra. ¡Y no estaba!

Tuve que volver al castillo, mirar en el ordenador y comprobar que sí, que yo tenía razón, y que además las tumbas -me aseguré para tranquilizarme- no desaparecen así por las buenas. Me fijé en las que estaban al lado y regresé a Grafham. Busqué las cercanas y al fin di con la mía: Andrew y Muriel. Pero alguien hizo cambios profundos: tenían ahora una inscripción que aguantará cientos de años, y no madera. Informaban de que Andrew había vivido 61 años y Muriel 96. Pero sus deudos habían anulado, sin duda con toda la buena intención del mundo, aquello por lo que Andrew y Muriel se habían ganado mi cariño sin haberlos conocido jamás: en ningún lado de la piedra aparece la palabra que en la madera daba sentido a la vida de ambos: “Reunited”. Que Deus os teña onde os ten.

 

 

Lección de ecología en Godmanchester

Escrito por Cristobal Ramírez
21 de agosto de 2014 a las 18:29h

Godmanchester. Cow Lane debe de ser la pista más horrorosa de Inglaterra. Estrecha, de firme desastroso y fea como ella sola, con planta de tratamiento de aguas por algún lado, verjas… Horrible. Al final, un ancheamiento permite aparcar a media docena de coches. Salgo del mío como hacía en Nicaragua cuando la guerra: moviendo las orejas para detectar cualquier ruido sospechoso, porque esto parece el fin del mundo, lugar de trampas, territorio comanche. Ni siquiera me tranquiliza una señal que indica que entre 10 y 2 hay actividades en la reserva natural, que es lo que voy buscando cuando el reloj marca poco más de las nueve y media de esta mañana fría con viento desapacible, gersey bajo el impermeable cerrado, botas porque hay lugares enlamados.

Echo a andar por una pista de tierra larga y casi recta rodeada de alta vegetación que impide ver si hay algo atrás. Al fondo, el constante ruido de la autovía. Veo a una chica joven con dos perros pequeñitos y poco agraciados, y está relajada. Eso me tranquiliza. Salvo que ella sea el peligro, claro está.

Así que camino y camino. De vez en cuando hay, clavados en el suelo, unos cartelitos referidos a la riqueza botánica o faunística de esa reserva natural que no acabo de ver por ninguna parte. Y cuando ya llevo quince minutos en ese lugar inhóspito, decido ir hasta una verja, ver el panorama y dar la vuelta. Al alcanzarla, de repente el paisaje cambia por completo. Ahora es amplio, con bosques como telón de fondo, lagunas aquí y allá, alguna isla mínima llena de aves y, a 50 metros, Amy Robinson, incansable, con un matrimonio mayor. Ahí está la representación del Wildlife Trust, que esta mañana desapacible ha tenido la idea de convocar a las familias de la zona para enseñarles lúdicamente algo más del pedazo de planeta donde les ha tocado vivir.

Excelente recibimiento, la pareja ha estado en Extremadura aunque no habla nada de español, pájaros volando aquí y allí, identificados inmediatamente por la mujer, que se revela como una auténtica experta, catálogo en mano. Me cuentan que habría que ir a la isla para limpiar toda la maleza y dejar rocas al descubierto, puesto que eso es lo que quieren las aves, y avisan que hay siete nidos de gaviota, y eso no les hace gracia.

Invierto una hora allí. No ha ido mucha gente. Pasó de vuelta la chica de los perros, gratamente acompañada por varón al que se le iban los ojos mientras cuidaba a sus propios canes. También una mujer con tres niños, sandalias y manga corta, Dios mío. Y en el camino de regreso me cruzo con otras dos madres con cuatro o cinco niños que marchan -alguno con botas, menos mal que alguien tiene sentido común- rumbo a Amy y su gente. Que lo que hacen es crear conciencia de que esos animalitos minúsculos que cogen los invitados con unas redes (y luego devuelven sanos y salvos a su medio).

Asombro en el Houghton Mill: gordas y gordos, tatuadas y tatuados

Escrito por Cristobal Ramírez
16 de agosto de 2014 a las 4:00h

Hougton Mill. He vuelto a Hougton Mill. Es la tercera vez en estas semivacaciones. La primera para comprobar que a pesar de que el sol calienta tan tímidamente que no acabará pasando de los 20º hay mucha gente. Sin agobios, claro, porque quien va ahí con el molino aún cerrado y el tea room también lo hace porque busca desarrollar algún ejercicio, por lo general caminar con los perros o descubrir mil secretos con los niños. O sea, que todo el mundo se dispersa con absoluto respeto por lo que hace el otro. Y hay varias cosas que me sorprenden, y eso que no soy nuevo en la plaza.

Primero, la libertad de que gozan los niños. Nadie tiene sensación de peligro ni siquiera cuando dos enanos muy enanos navegan en canoa dando vueltas por el río Ouse.

Segundo, los tatuajes. Más y más y más. De 40 para abajo, casi todo el mundo lleva al menos un brazo hecho un cromo. Incluso he visto a dos adolescentes de 13 ó 14 años -él y ella- convertidos en un lastimoso mapa andante.

Tercero, la gordura. No más que el año pasado, pero unida a la in crescendo no elegancia. Es gordura artificial, cuerpos hinchados por la comida basura, por lo general gente muy joven, entre 20 y 40 años. Pero por supuesto que se puede ser gordo y elegante. No es el caso. Son gordos y gordas, y bastos y bastas. La estética les importa un pimiento -cualquier estética-, y el atractivo físico, menos. O sea, una locura, porque paa ligarse a uno o una de estos toneles andantes y groseros hay que tener un gran valor. Juro que yo no lo tengo…

Los “bellringers” de la iglesia de St Mary, en Buckden, un grupo encantador

Escrito por Cristobal Ramírez
14 de agosto de 2014 a las 21:22h

Buckden Towers. Un espectáculo. Subir al primer piso de la iglesia de St Mary, en Buckden, acceder al coro y encontrarse a un heterogéneo grupo de personas tocando las campanas es todo un asombroso espectáculo. Miro, preparado para que me echen, pero me encuentro con sonrisas e invitaciones a pasar como si fuera de la familia. Cálidas preguntas de rigor y Katherine, una niña que se ve cariñosamente obligada a chapurrear español.

Todo eso fue hace una semana. Hoy he vuelto porque me invitaron. “A las 8″, me dijeron. Llegué con casi 10 minutos de antelación y ya estaban practicando. Porque eso es lo que hacen, practicar para el domingo.

Los personajes son de lo más peculiares: el que parece llevar el mando, treinta y tantos. Poco a poco vienen llegando más. Una mujer de la misma edad, más seria. Una chica rubia, regordeta y con la sonrisa en la boca. Un hombre jubilado o casi que toma el mando con soltura y nadie lo cuestiona. Otra mujer rondando los 50. Y por último un hombre pequeño de aspecto serio que se dedica con afán y con mirada algo ausente. Seis campanas. Excelente atmósfera.

As Catedrais: esto es lo que va a pasar

Escrito por Cristobal Ramírez
13 de agosto de 2014 a las 4:18h

Huntingdon. Como todos los días, desde Inglaterra echo un vistazo a la prensa patria y me leo La Voz, claro está. Y me encuentro con que ha habido un simulacro de rescate en As Catedrais, por aquello de que los servicios de emergencias estén preparados por si pasa lo que nadie quiere que pase pero que pasará. Así que hago un inciso y lo digo alto y claro: lo de As Catedrais es una locura que va a terminar en tragedia si no se interviene con rapidez. Porque ver como vi el año pasado a cientos de personas haciendo equilibrios allá arriba, ignorantes de que no pisan sólido granito, da repelús. De manera que hacen bien los bomberos: tendrán que intervenir.

Y mientras en este país no he visto ninguna pintada ni en los observatorios de aves (masacrados en Galicia, y eso que tenemos pocos), en As Catedrais venga a demostrar que figuramos entre los pueblos más incultos de los ricos del planeta. Con Yolanda y Ricard dando ejemplo de lo que es un bárbaro. Y nadie puede negar de que los medios, al menos este, está dando ejemplo.

Grafham Water Wildlife Extravaganza: un gran ejemplo para todos

Escrito por Cristobal Ramírez
12 de agosto de 2014 a las 6:24h

Grafham Water. Y con un nombre explosivo, de repente aparece ante los ojos el Grafham Water Wildlife Extravaganza. O sea, la pomposamente llamada gran muestra de la vida salvaje en el Grafham Water. Siete grandes tiendas llenas de gente entusiasta llegada de un radio amplio con un objetivo común: concienciar a quien se llegue por este aparcamiento de que sólo tenemos una Tierra y hay que cuidarla, comenzando por el entorno inmediato, que es lo que pretenden. El Wildlife Trust, me explica una muy amable Georgina Forbes, tiene 800.000 afiliados en toda Gran Bretaña, y cada uno trabaja en su parcela territorial. Bueno, el listado de trabajos y tareas es enorme y se requiere tiempo para tener una idea aproximada de la labor que desarrollan estos voluntarios.

El caso es que aquí estoy. Buscan cómplices, y nada mejor que los niños, que disfrutan buscando fósiles, pegando alas a un pájaro de papel o mirando por un microscopio. O podría decirse caminando hasta los observatorios de pájaros, o embarcándose para ver pájaros o fotografiando libélulas. O sea, nada del otro mundo, algo que se podría hacer en Galicia. Pero es cuestión de cultura. O de mentalidad. Porque excepto el Día de la Ciencia en la Calle, todos los mayos en A Coruña, y en otra dimensión la la labor desarrollada por la Asociación de Amigos de la Casa de las Ciencias, todo es desierto. Eso sí, los bares siguen llenos, con crisis o sin ella.

¡Menuda tormenta en Inglaterra!

Escrito por Cristobal Ramírez
10 de agosto de 2014 a las 18:28h

Buckden Towers. ¡Menuda tormenta de agua! Y uno piensa que las tormentas de agua estivales son eso: un susto o casi alegría que pasa rápido y evita regar hoy los jardines patrios.

Pero no, qué va, aquí en Huntingdon y cercanías cae con ganas durante casi dos horas y encharca todo, calles, parques y plazas. Las calles se vacían, claro, y salir de la biblioteca es arriesgarse a la ducha gratis y vestido.

Lo más curioso no es todo eso, sino que alguna gente, poca, va llegando en ese tiempo a la biblioteca, todos mojados y algunos empapados. Ni un solo paraguas. Ni un solo impermeable o similar. Casi todos, faltaría más, en sandalias. Así que háganse a la imagen. ¿Se están refugiando? Pues todo apunta a que no. Llegan, se sientan y hacen algo: ordenadores, lectura, encuentros en la cafetería… los trae sin cuidado estar mojados o secos. ¿Anfibios?

 

Regreso al pueblecito de Perry, el lugar del silencio con su estupendo pub

Escrito por Cristobal Ramírez
8 de agosto de 2014 a las 11:53h

 

Perry. Vuelvo a Perry. Sólo las ranas se oyen -vaya que si se oyen- aquí. Y una avioneta que pasa sobre el Grafham Water. Lo demás, silencio. Incluso dos parejas jóvenes que están en otra mesa del jardín de este pub hablan en voz muy baja. Porque si el campo inglés es el reino del silencio excepto los sábado por la noche, los alrededores de Grafham Water son la máxima expresión de esa tranquilidad.

Así que vuelvo a Perry a tomarme unos scampi y un pastel del tofe (en la foto) que no puedo acabar a pesar de que está buenísimo. Hay camareros nuevos, porque esta rotación en los pubs es constante. El jardín, impoluto y las nueve mesas, sobre hierba perfectamente cortada. Un lugar aburrido, plano. Por eso es maravilloso: aquí nunca pasa nada, y la vida de uno es sagrada, respetada en el máximo de los sentidos.

Pasan unos ciclistas, de esos que recorren todo el perímetro del Grafham Water como también volveré a hacer yo. Se oyen las cadenas de las bicis. Luego, el silencio. Perry.

 

Mis cercanos cementerios ingleses

Escrito por Cristobal Ramírez
7 de agosto de 2014 a las 5:29h

Spaldwick. Me refería ayer de pasada a los cementerios ingleses. Nada que ver con los españoles, pero me pregunto cómo es posible que sean tan pequeños. Porque el número de tumbas parece reducido, por mucho que vivan aquí. Pero los tienen como algo cercano, en tierra, integrados en la villa, se pasea entre ellos, no hay sensación de encontrarse en un lugar siniestro. Los muertos están presentes y, desde luego, yo si estuviera muerto -que todavía no lo estoy- estaría encantado de que de vez en cuando algún amigo pasara por allí, en vez en ocupar uno de esos terroríficos nichos. Uno se siente cercano a esa persona cuyo nombre consta allí y a la que, por supuesto ni conoció ni, claro está, conocerá. Y yo me emociono cuando veo las frases que sus deudos han querido dejar para la posteridad, o la tortuga sobre la tumba de esa niña -ahí se me forma un nudo en la garganta-, o el libro (desde luego, no de papel) con algún mensaje para el finado y también para los que nos llegamos allí. Ya no digamos los árboles plantados sobre los ataúdes de tal y cual, y la referencias a que, con 20 ó 30 años de diferencia, fulano y mengana han vuelto a reunirse para la eternidad. Esto último me hace tener que reprimir las lágrimas, y no soy de lloro fácil, no.

Sólo encontré un cementerio descuidado, y no logro entender por qué ni Maud ni Darrell me supieron explicar el porqué: el de Spaldwick. Las fotografías lo dicen todo:

 

Number Twelve, una tienda original con dueños optimistas en Spaldwick

Escrito por Cristobal Ramírez
6 de agosto de 2014 a las 13:21h

Spaldwick. Conocí Spaldwick este invierno pasado por internet. Tienen una web muy dinámica y centrada en lo que a mí me interesa, las pequeñas comunidades anglosajonas. Cierto es que presentan siempre una cara idílica, y uno ya va preparado para las rebajas. A través de esa web -y en facebook- di con una tienda con un cierto encanto llamada Number Twelve porque… está en el número 12 de la calle principal. De modo que conecté con Darrell y Maud (francesa ella) y avisé de mi llegada. También intenté conectar en un par de ocasiones con el activo promotor de su web, pero éste pasó por completo de mí.

Darrell (chef profesional) y Maud fueron muy cordiales conmigo, visité su tienda y me sorprendí de que pudiese sobrevivir en una aldea que está rodeada por granjeros y que tiene pub y gasolinera. El cátering les va bien, me dijeron, y son vitales, alegres y optimistas: en la escuela primaria local hay nada menos que centenar y medio de alumnos, lo cual es garantía de futuro.

Spaldwick, en efecto, no es tan idílico como muestra su web. Otro día hablaré de su cementerio -en Gran Bretaña la visita a los cementerios es obligada-, pero no hay casas que llamen la atención ni edificios atractivos excepto su iglesia dedicada a Santiago el Mayor y su pub, bonito pero caro. No está todo tan cuidado como otros lugares, aunque, por supuesto, el feísmo ni está ni se le espera. Y a otra cosa…

Mi adaptador se pasó la noche solo en la biblioteca de Huntingdon

Escrito por Cristobal Ramírez
5 de agosto de 2014 a las 14:36h

Huntingdon. Miré el reloj, vi que iba un poco justo de tiempo, apagué el ordenador, recogí las cosas un poco a la buena de Dios y me largué. Al llegar al apartamento donde duermo me di cuenta de que me había dejado el adaptador. Sí, ese cacharrito imprescindible en Gran Bretaña, porque aquí los enchufes son bien diferentes de los nuestros (bueno, en honor a la verdad, hay cientos de cosas diferentes a las nuestras). De manera que hoy, a las dos de la tarde, regresé a la misma mesa que ayer. Abrí la tapa del enchufe y… ahí estaba el adaptador. Casi 24 horas más tarde nadie lo había cogido. Y hasta me apuesto a que nadie lo ha tocado. Cosas de este país.

Homenaje en Huntingdon a los caídos en la Primera Guerra Mundial: el corazón en un puño y un nudo en la garganta

Escrito por Cristobal Ramírez
4 de agosto de 2014 a las 15:19h

Huntingdon. Estoy, una vez más, en Inglaterra. Trabajando, claro. Hoy he acudido a un homenaje a los caídos en la Primera Guerra Mundial, y fue realmente de una emotividad que metía en corazón en un puño. Gentes de todas las edades y con representación de todas las entidades locales de esta pequeña villa de Huntingdon. Unas 200 personas que tras un par de flojos discursos (ni se oían porque falló la megafonía) depositaron flores ante la estatua al soldado que se levanta frente al Ayuntamiento. El sentido colectivo es lo que deja sin respiración, el sentimiento de ser un pueblo (incluyendo militares de raza negra y otro indio o similar), el aquí estamos todos (los descendientes) que no olvidamos jamás. Ni una voz discordante, ni una apelación a territorio, lengua, religión o ideología. Una exquisitez. Y uno, viendo esta minúscula muestra, comprende por qué Gran Bretaña no fue derrotada ni en esa guerra ni en la siguiente. Porque el enemigo tendría que no dejar ni una sola vida para vencer.

La agonía de la iglesia de Palio, en Lalín

Escrito por Cristobal Ramírez
3 de agosto de 2014 a las 4:54h

Palio (Lalín). Depresión. Esa es la palabra para describir lo que siento cuando estoy ante la iglesita de Palio, en Lalín, sobre la cual publico hoy dos páginas. Protorrománica, dicen todas las informaciones, prefiriendo el prefijo griego al latin. Lo cierto es que no se nota. Podría ser del XVIII, vaya usted a saber, porque todo se viene abajo y no resulta fácil distinguir elementos arquitectónicos. Y estamos en la de siempre: el obispado de Lugo no tiene euros ni rascando todos los bolsillos de las sotanas, de manera que debe de mantener una actitud flexible y buscar maneras que ceder el uso del inmueble. El Ayuntamiento -que por lo menos le puso un tejado un metro por encima del propio para evitar que lloviera dentro- está dispuesto a remangarse. Y la Xunta… La opinión de la Xunta no figura en mi reportaje, pero, por supuesto, he cumplido la regla de preguntar a todas las partes implicadas. La respuesta de la Dirección Xeral de Patrimonio es silencio administrativo. Lo de administrativo es una licencia literaria mía. En realidad les pasaron a ellos la patata caliente desde el gabinete del Conselleiro de Educación y Cultura, y la secretaria de la directora xeral de Patrimonio me contestó por teléfono que ya vería y decidiría su jefa. Les dejé mi número de móvil, les dije lo que había y hasta hoy.

Senda dos Faros

Escrito por Cristobal Ramírez
29 de julio de 2014 a las 16:26h

Red Natura del río Tambre. El miércoles 30 se repartió con La Voz de Galicia una revista de gran formato y cierto lujo… y gratis. Se llama Senda dos Faros, y recoge ese gran proyecto del tramo gallego perteneciente al gran recorrido que unirá algún día San Petersburgo con Lisboa. Los trabajos se están llevando a cabo con seriedad, y esperemos que los ciclos políticos no lo interfieran. Para mí fue una oportunidad de dar otro repaso a la costa gallega. ¿Queda algo por descubrir? Pues no, pero yo no soy descubridor de nada. Mi trabajo es divulgar, recordar al lector que existe esto o aquello para que él vea y juzgue. Por ejemplo, la playita de la foto. Está en Fisterra, pero sólo se llega a ella por mar. El acantilado impide cualquier aventura.