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Asombro en el Houghton Mill: gordas y gordos, tatuadas y tatuados

Escrito por Cristobal Ramírez
16 de agosto de 2014 a las 4:00h

Hougton Mill. He vuelto a Hougton Mill. Es la tercera vez en estas semivacaciones. La primera para comprobar que a pesar de que el sol calienta tan tímidamente que no acabará pasando de los 20º hay mucha gente. Sin agobios, claro, porque quien va ahí con el molino aún cerrado y el tea room también lo hace porque busca desarrollar algún ejercicio, por lo general caminar con los perros o descubrir mil secretos con los niños. O sea, que todo el mundo se dispersa con absoluto respeto por lo que hace el otro. Y hay varias cosas que me sorprenden, y eso que no soy nuevo en la plaza.

Primero, la libertad de que gozan los niños. Nadie tiene sensación de peligro ni siquiera cuando dos enanos muy enanos navegan en canoa dando vueltas por el río Ouse.

Segundo, los tatuajes. Más y más y más. De 40 para abajo, casi todo el mundo lleva al menos un brazo hecho un cromo. Incluso he visto a dos adolescentes de 13 ó 14 años -él y ella- convertidos en un lastimoso mapa andante.

Tercero, la gordura. No más que el año pasado, pero unida a la in crescendo no elegancia. Es gordura artificial, cuerpos hinchados por la comida basura, por lo general gente muy joven, entre 20 y 40 años. Pero por supuesto que se puede ser gordo y elegante. No es el caso. Son gordos y gordas, y bastos y bastas. La estética les importa un pimiento -cualquier estética-, y el atractivo físico, menos. O sea, una locura, porque paa ligarse a uno o una de estos toneles andantes y groseros hay que tener un gran valor. Juro que yo no lo tengo…

Los “bellringers” de la iglesia de St Mary, en Buckden, un grupo encantador

Escrito por Cristobal Ramírez
14 de agosto de 2014 a las 21:22h

Buckden Towers. Un espectáculo. Subir al primer piso de la iglesia de St Mary, en Buckden, acceder al coro y encontrarse a un heterogéneo grupo de personas tocando las campanas es todo un asombroso espectáculo. Miro, preparado para que me echen, pero me encuentro con sonrisas e invitaciones a pasar como si fuera de la familia. Cálidas preguntas de rigor y Katherine, una niña que se ve cariñosamente obligada a chapurrear español.

Todo eso fue hace una semana. Hoy he vuelto porque me invitaron. “A las 8″, me dijeron. Llegué con casi 10 minutos de antelación y ya estaban practicando. Porque eso es lo que hacen, practicar para el domingo.

Los personajes son de lo más peculiares: el que parece llevar el mando, treinta y tantos. Poco a poco vienen llegando más. Una mujer de la misma edad, más seria. Una chica rubia, regordeta y con la sonrisa en la boca. Un hombre jubilado o casi que toma el mando con soltura y nadie lo cuestiona. Otra mujer rondando los 50. Y por último un hombre pequeño de aspecto serio que se dedica con afán y con mirada algo ausente. Seis campanas. Excelente atmósfera.

As Catedrais: esto es lo que va a pasar

Escrito por Cristobal Ramírez
13 de agosto de 2014 a las 4:18h

Huntingdon. Como todos los días, desde Inglaterra echo un vistazo a la prensa patria y me leo La Voz, claro está. Y me encuentro con que ha habido un simulacro de rescate en As Catedrais, por aquello de que los servicios de emergencias estén preparados por si pasa lo que nadie quiere que pase pero que pasará. Así que hago un inciso y lo digo alto y claro: lo de As Catedrais es una locura que va a terminar en tragedia si no se interviene con rapidez. Porque ver como vi el año pasado a cientos de personas haciendo equilibrios allá arriba, ignorantes de que no pisan sólido granito, da repelús. De manera que hacen bien los bomberos: tendrán que intervenir.

Y mientras en este país no he visto ninguna pintada ni en los observatorios de aves (masacrados en Galicia, y eso que tenemos pocos), en As Catedrais venga a demostrar que figuramos entre los pueblos más incultos de los ricos del planeta. Con Yolanda y Ricard dando ejemplo de lo que es un bárbaro. Y nadie puede negar de que los medios, al menos este, está dando ejemplo.

Grafham Water Wildlife Extravaganza: un gran ejemplo para todos

Escrito por Cristobal Ramírez
12 de agosto de 2014 a las 6:24h

Grafham Water. Y con un nombre explosivo, de repente aparece ante los ojos el Grafham Water Wildlife Extravaganza. O sea, la pomposamente llamada gran muestra de la vida salvaje en el Grafham Water. Siete grandes tiendas llenas de gente entusiasta llegada de un radio amplio con un objetivo común: concienciar a quien se llegue por este aparcamiento de que sólo tenemos una Tierra y hay que cuidarla, comenzando por el entorno inmediato, que es lo que pretenden. El Wildlife Trust, me explica una muy amable Georgina Forbes, tiene 800.000 afiliados en toda Gran Bretaña, y cada uno trabaja en su parcela territorial. Bueno, el listado de trabajos y tareas es enorme y se requiere tiempo para tener una idea aproximada de la labor que desarrollan estos voluntarios.

El caso es que aquí estoy. Buscan cómplices, y nada mejor que los niños, que disfrutan buscando fósiles, pegando alas a un pájaro de papel o mirando por un microscopio. O podría decirse caminando hasta los observatorios de pájaros, o embarcándose para ver pájaros o fotografiando libélulas. O sea, nada del otro mundo, algo que se podría hacer en Galicia. Pero es cuestión de cultura. O de mentalidad. Porque excepto el Día de la Ciencia en la Calle, todos los mayos en A Coruña, y en otra dimensión la la labor desarrollada por la Asociación de Amigos de la Casa de las Ciencias, todo es desierto. Eso sí, los bares siguen llenos, con crisis o sin ella.

¡Menuda tormenta en Inglaterra!

Escrito por Cristobal Ramírez
10 de agosto de 2014 a las 18:28h

Buckden Towers. ¡Menuda tormenta de agua! Y uno piensa que las tormentas de agua estivales son eso: un susto o casi alegría que pasa rápido y evita regar hoy los jardines patrios.

Pero no, qué va, aquí en Huntingdon y cercanías cae con ganas durante casi dos horas y encharca todo, calles, parques y plazas. Las calles se vacían, claro, y salir de la biblioteca es arriesgarse a la ducha gratis y vestido.

Lo más curioso no es todo eso, sino que alguna gente, poca, va llegando en ese tiempo a la biblioteca, todos mojados y algunos empapados. Ni un solo paraguas. Ni un solo impermeable o similar. Casi todos, faltaría más, en sandalias. Así que háganse a la imagen. ¿Se están refugiando? Pues todo apunta a que no. Llegan, se sientan y hacen algo: ordenadores, lectura, encuentros en la cafetería… los trae sin cuidado estar mojados o secos. ¿Anfibios?

 

Regreso al pueblecito de Perry, el lugar del silencio con su estupendo pub

Escrito por Cristobal Ramírez
8 de agosto de 2014 a las 11:53h

 

Perry. Vuelvo a Perry. Sólo las ranas se oyen -vaya que si se oyen- aquí. Y una avioneta que pasa sobre el Grafham Water. Lo demás, silencio. Incluso dos parejas jóvenes que están en otra mesa del jardín de este pub hablan en voz muy baja. Porque si el campo inglés es el reino del silencio excepto los sábado por la noche, los alrededores de Grafham Water son la máxima expresión de esa tranquilidad.

Así que vuelvo a Perry a tomarme unos scampi y un pastel del tofe (en la foto) que no puedo acabar a pesar de que está buenísimo. Hay camareros nuevos, porque esta rotación en los pubs es constante. El jardín, impoluto y las nueve mesas, sobre hierba perfectamente cortada. Un lugar aburrido, plano. Por eso es maravilloso: aquí nunca pasa nada, y la vida de uno es sagrada, respetada en el máximo de los sentidos.

Pasan unos ciclistas, de esos que recorren todo el perímetro del Grafham Water como también volveré a hacer yo. Se oyen las cadenas de las bicis. Luego, el silencio. Perry.

 

Mis cercanos cementerios ingleses

Escrito por Cristobal Ramírez
7 de agosto de 2014 a las 5:29h

Spaldwick. Me refería ayer de pasada a los cementerios ingleses. Nada que ver con los españoles, pero me pregunto cómo es posible que sean tan pequeños. Porque el número de tumbas parece reducido, por mucho que vivan aquí. Pero los tienen como algo cercano, en tierra, integrados en la villa, se pasea entre ellos, no hay sensación de encontrarse en un lugar siniestro. Los muertos están presentes y, desde luego, yo si estuviera muerto -que todavía no lo estoy- estaría encantado de que de vez en cuando algún amigo pasara por allí, en vez en ocupar uno de esos terroríficos nichos. Uno se siente cercano a esa persona cuyo nombre consta allí y a la que, por supuesto ni conoció ni, claro está, conocerá. Y yo me emociono cuando veo las frases que sus deudos han querido dejar para la posteridad, o la tortuga sobre la tumba de esa niña -ahí se me forma un nudo en la garganta-, o el libro (desde luego, no de papel) con algún mensaje para el finado y también para los que nos llegamos allí. Ya no digamos los árboles plantados sobre los ataúdes de tal y cual, y la referencias a que, con 20 ó 30 años de diferencia, fulano y mengana han vuelto a reunirse para la eternidad. Esto último me hace tener que reprimir las lágrimas, y no soy de lloro fácil, no.

Sólo encontré un cementerio descuidado, y no logro entender por qué ni Maud ni Darrell me supieron explicar el porqué: el de Spaldwick. Las fotografías lo dicen todo:

 

Number Twelve, una tienda original con dueños optimistas en Spaldwick

Escrito por Cristobal Ramírez
6 de agosto de 2014 a las 13:21h

Spaldwick. Conocí Spaldwick este invierno pasado por internet. Tienen una web muy dinámica y centrada en lo que a mí me interesa, las pequeñas comunidades anglosajonas. Cierto es que presentan siempre una cara idílica, y uno ya va preparado para las rebajas. A través de esa web -y en facebook- di con una tienda con un cierto encanto llamada Number Twelve porque… está en el número 12 de la calle principal. De modo que conecté con Darrell y Maud (francesa ella) y avisé de mi llegada. También intenté conectar en un par de ocasiones con el activo promotor de su web, pero éste pasó por completo de mí.

Darrell (chef profesional) y Maud fueron muy cordiales conmigo, visité su tienda y me sorprendí de que pudiese sobrevivir en una aldea que está rodeada por granjeros y que tiene pub y gasolinera. El cátering les va bien, me dijeron, y son vitales, alegres y optimistas: en la escuela primaria local hay nada menos que centenar y medio de alumnos, lo cual es garantía de futuro.

Spaldwick, en efecto, no es tan idílico como muestra su web. Otro día hablaré de su cementerio -en Gran Bretaña la visita a los cementerios es obligada-, pero no hay casas que llamen la atención ni edificios atractivos excepto su iglesia dedicada a Santiago el Mayor y su pub, bonito pero caro. No está todo tan cuidado como otros lugares, aunque, por supuesto, el feísmo ni está ni se le espera. Y a otra cosa…

Mi adaptador se pasó la noche solo en la biblioteca de Huntingdon

Escrito por Cristobal Ramírez
5 de agosto de 2014 a las 14:36h

Huntingdon. Miré el reloj, vi que iba un poco justo de tiempo, apagué el ordenador, recogí las cosas un poco a la buena de Dios y me largué. Al llegar al apartamento donde duermo me di cuenta de que me había dejado el adaptador. Sí, ese cacharrito imprescindible en Gran Bretaña, porque aquí los enchufes son bien diferentes de los nuestros (bueno, en honor a la verdad, hay cientos de cosas diferentes a las nuestras). De manera que hoy, a las dos de la tarde, regresé a la misma mesa que ayer. Abrí la tapa del enchufe y… ahí estaba el adaptador. Casi 24 horas más tarde nadie lo había cogido. Y hasta me apuesto a que nadie lo ha tocado. Cosas de este país.

Homenaje en Huntingdon a los caídos en la Primera Guerra Mundial: el corazón en un puño y un nudo en la garganta

Escrito por Cristobal Ramírez
4 de agosto de 2014 a las 15:19h

Huntingdon. Estoy, una vez más, en Inglaterra. Trabajando, claro. Hoy he acudido a un homenaje a los caídos en la Primera Guerra Mundial, y fue realmente de una emotividad que metía en corazón en un puño. Gentes de todas las edades y con representación de todas las entidades locales de esta pequeña villa de Huntingdon. Unas 200 personas que tras un par de flojos discursos (ni se oían porque falló la megafonía) depositaron flores ante la estatua al soldado que se levanta frente al Ayuntamiento. El sentido colectivo es lo que deja sin respiración, el sentimiento de ser un pueblo (incluyendo militares de raza negra y otro indio o similar), el aquí estamos todos (los descendientes) que no olvidamos jamás. Ni una voz discordante, ni una apelación a territorio, lengua, religión o ideología. Una exquisitez. Y uno, viendo esta minúscula muestra, comprende por qué Gran Bretaña no fue derrotada ni en esa guerra ni en la siguiente. Porque el enemigo tendría que no dejar ni una sola vida para vencer.

La agonía de la iglesia de Palio, en Lalín

Escrito por Cristobal Ramírez
3 de agosto de 2014 a las 4:54h

Palio (Lalín). Depresión. Esa es la palabra para describir lo que siento cuando estoy ante la iglesita de Palio, en Lalín, sobre la cual publico hoy dos páginas. Protorrománica, dicen todas las informaciones, prefiriendo el prefijo griego al latin. Lo cierto es que no se nota. Podría ser del XVIII, vaya usted a saber, porque todo se viene abajo y no resulta fácil distinguir elementos arquitectónicos. Y estamos en la de siempre: el obispado de Lugo no tiene euros ni rascando todos los bolsillos de las sotanas, de manera que debe de mantener una actitud flexible y buscar maneras que ceder el uso del inmueble. El Ayuntamiento -que por lo menos le puso un tejado un metro por encima del propio para evitar que lloviera dentro- está dispuesto a remangarse. Y la Xunta… La opinión de la Xunta no figura en mi reportaje, pero, por supuesto, he cumplido la regla de preguntar a todas las partes implicadas. La respuesta de la Dirección Xeral de Patrimonio es silencio administrativo. Lo de administrativo es una licencia literaria mía. En realidad les pasaron a ellos la patata caliente desde el gabinete del Conselleiro de Educación y Cultura, y la secretaria de la directora xeral de Patrimonio me contestó por teléfono que ya vería y decidiría su jefa. Les dejé mi número de móvil, les dije lo que había y hasta hoy.

Senda dos Faros

Escrito por Cristobal Ramírez
29 de julio de 2014 a las 16:26h

Red Natura del río Tambre. El miércoles 30 se repartió con La Voz de Galicia una revista de gran formato y cierto lujo… y gratis. Se llama Senda dos Faros, y recoge ese gran proyecto del tramo gallego perteneciente al gran recorrido que unirá algún día San Petersburgo con Lisboa. Los trabajos se están llevando a cabo con seriedad, y esperemos que los ciclos políticos no lo interfieran. Para mí fue una oportunidad de dar otro repaso a la costa gallega. ¿Queda algo por descubrir? Pues no, pero yo no soy descubridor de nada. Mi trabajo es divulgar, recordar al lector que existe esto o aquello para que él vea y juzgue. Por ejemplo, la playita de la foto. Está en Fisterra, pero sólo se llega a ella por mar. El acantilado impide cualquier aventura.

Visita (con llanto incluido) al abandonado monasterio de Monfero

Escrito por Cristobal Ramírez
27 de julio de 2014 a las 6:16h

Red Natura del río Tambre. Comienzo hoy una nueva serie sobre monumentos gallegos abandonados. Fundamentalmente, los que están en la Lista Roja de Hispania Nostra, un capítulo de vergüenzas que se ha ido abriendo paso en el imaginario colectivo y que tiene su peso. Sobre todo porque es la rama española de Europa Nostra. O sea, para tomárselo en serio. Y elegí para arrancar un monasterio que conozco desde hace muchos años, desde que yo era adolescente: Monfero, cerca de Betanzos. Cuando fui las primeras veces en aquel 600 era toda una aventura llegarse hasta el cenobio por unas carreteras sin asfaltar. El edificio, uno de los más impresionantes de Galicia, estaba desolado. Como hoy. Las fotos del reportaje están hechas por un profesional. Las mías que incluyo aquí, pues eso, por mí, en mi magnífica Canon que salió mala de rayos. Que el lector juzgue por sí mismo.

 

Los jabalíes de la isla de Cortegada

Escrito por Cristobal Ramírez
25 de julio de 2014 a las 20:05h

Isla de Cortegada. Visita a la isla de Cortegada, del Parque Nacional das Illas Atlánticas. Desde que la descubrí minuciosamente hace tres o cuatro años vuelvo de vez en cuando a verla. Sólo tiene un recorrido, bordeando la costa y con un atajo -señalizado- que no es nada recomendable coger porque se pierde uno el crucero que se alza en la punta norte, Corveira, y que es el segundo del único vía crucis fluvial del mundo.

Cortegada tiene jabalíes y un grupo de cabras bien cornudas que se encuentra en el principio de un fin que se aventura no muy lejano. Lo de los jabalíes es fantástico, porque tienen que cruzar Carril y la carretera, buscar cómo descender al nivel del mar, esperar la marea baja y salvar esos pocos cientos de metros. Hace unos meses en Facebook alguien colgaba un vídeo en el que se veía cómo hacían todo eso de noche. Pero por la isla adelante jamás los he divisado, aunque sí alguna de sus fozadas, interesadamente exageradas por un grupo micológico de Vilagarcía.

En toda la costa isleña se cuentan por millones de blancas conchas y ni un solo plástico. Curioso lo primero porque no son de las afamadas almejas de Carril, sino de berberechos. Explicable lo segundo gracias a la labor de pequeños grupos de voluntarios, que en una acción ejemplar están sembrando espíritu solidario.

Y así va pasando el día hasta que V me llama: su embarcación me espera en el pantalán. Sacudo las arenas (por supuesto ni me puse en bañador ni me quité las botas de montaña) y perezosamente me dispongo a decirle hasta luego a Cortegada.

 

Notable alto para el hotel rural San Jaime, al lado de Ourense

Escrito por Cristobal Ramírez
18 de julio de 2014 a las 18:34h

O Pereiro de Aguiar. Hasta aquí me ha traído este trabajo, hasta un municipio que en absoluto conocía. Lo había pasado rumbo a A Pobra de Trives un montón de veces, pero nunca había parado. De manera que me he pillado un tren, luego un taxi y a caminar y a ver cosas.

Desde luego, los paisajes sumiurbanos que crucé no se merecen el aprobado en estética, como se puede ver en las fotos inferiores. Mejor ni hablar de ellos. Pero quiero centrarme en el hotel San Jaime, donde, desde luego, no sabían quien era. Empezaré por decir que la comida -previamente encargada- fue estupenda. No sólo en la preparación en una cocina a la vista, separada del grato comedor por unas puertas acristaladas que permitían ver el buen hacer del personal. Ni un grito, ni un movimiento brusco, muy alto nivel de higiene. Y eso da tranquilidad. El servicio, excepcional, sin familiaridades ramplonas propias de cierto turismo rural.

El hotel está decorado con mucho gusto y sin estridencias. Todo el conjunto tiene esa sensación de tranquilidad, de las cosas bien colocadas sin histerismos por el orden. Muy buen gusto para la ornamentación. La piscina, pequeña pero protegida de visiones feístas.

En el capítulo de cosas a mejorar -porque el estar pegado a un edificio que mejor olvidar-, los pequeños detalles. ¿Chorradas? Pues sí, pero que desmerecen. ¿Cuáles? Por ejemplo, a la entrada a la izquierda hay alguna cacharrada que sobra. O la manguera por el medio. O las habitaciones estaban sin hacer (no pasa nada)… con las puertas abiertas (sí pasa).

¿El conjunto? Yo le pondría un notable bien alto.

 

 

 

Francia: un ataque a la libertad de expresión por criticar a un restaurante

Escrito por Cristobal Ramírez
16 de julio de 2014 a las 11:15h

Red Natura del río Tambre. Pues aviados estamos. No sólo los periodistas, sino todos los ciudadanos. Porque la libertad de expresión rige para todos. Resulta que una bloguera -que a priori en absoluto es periodista- ha criticado a un restaurante. No consta que haya insultado, calumniado, injuriado o difamado. Sólo que ha criticado. Y un tribunal francés la ha condenado a pagar 500 francos. Pues ya puedo ir ahorrando yo como cunda el ejemplo, o pido que me inviten a comer de gorra total y escribo lo que el dueño quiera. La noticia completa, pinchando aquí. Si alguien quiere leerla en francés, aquí la tiene. Y si quiere leer el blog (que tiene miles de suscriptores), que pinche aquí.

Una experiencia muy grata: conocer la Ribeira Sacra desde el tren turístico

Escrito por Cristobal Ramírez
13 de julio de 2014 a las 5:34h

Red Natura del río Tambre. Publico hoy en nuestro suplemento dominical (el Extra) dos páginas sobre la Ribeira Sacra, que intenta ser declarada Patrimonio de la Humanidad. La he visitado hace una semana y lo he hecho animado por esa máquina de promocionar el turismo con nuevas ideas que se llama Santiago Bacariza. Tengo que reconocer que ir por tercera vez a la Ribeira Sacra en pocos meses no era la ilusión de mi vida, por mucho que me interese la zona, pero reconozco con la misma sinceridad que terminé muy sorprendido. No es que haya visto muchas cosas nuevas, pero sí con otros ojos. Y es que resulta que esa visita la hice en el tren turístico -en el argot de Renfe le llaman el tamagotchi- que parte a primera hora de Ourense y regresa cuando el día está agonizando. O sea, perspectivas nuevas, lugares a los que descubro una nueva visión, personas que de otra manera no habría conocido, risas que jamás hubiera soltado como cuando el dueño del tren chuchú dejó oír por los altavoces alabanzas sin fin a dos políticas que iban, como cualquiera, disfrutando del paisaje. Jamás hubiera ido a una queimada teatralizada, cosas que suelen horrorizarme, pero he salido encantado de lo bien teatralizada que estaba esta que, por desgracia, no he podido probar (iba trabajando, y uno ya tiene edad como para cuidarse).

¿Puntos negros? Los hay. Sobre todo uno. Lo mal que los gallegos cuidan (no me incluyo, no) su entorno inmediato. O sea, el feísmo. Cosas que con un par de horas de trabajo se dejan planchadas y que tal y como están horrorizan. Cuestión de cultura y cuestión de que las administraciones (Xunta y concellos) aprieten a los irresponsables, que para eso están aquellas si menester fuera. Tanto Raquel Arias -delegada de la Xunta en Lugo- como Nava Castro, directora de Turismo de Galicia y que parece persona enérgica, están en el asunto, de manera que hay que darles un plazo… corto, porque el verano avanza.

¿Recomiendo conocer Galicia con los trenes turísticos? Pues sólo conozco este. Si todos son como el de la Ribeira Sacra, sin duda sí. Y para estar seguros, comience usted por viajar en el tagamotchi. Le pasará como a mí: descubrirá con otros ojos ese paraíso natural que se reparten Lugo y Ourense.

 

¡Mi libro de playas funciona!

Escrito por Cristobal Ramírez
12 de julio de 2014 a las 10:49h

Red Natura del río Tambre. Voy a hacerme publicidad a mí mismo: mi último libro, la guía de playas de Galicia que hemos comenzado a vender por un precio simbólico hace justo una semana, funciona. O sea, que ya hay varios miles de ejemplares en manos de los lectores. Las cifras son muy provisionales, pero todo apunta a que va al mismo ritmo que el del año pasado, qeu se centraba en las rutas de senderismo. Entonces tuvimos que hacer dos reimpresiones, y siempre digo, con un tono de chulería, que en Galicia vendí bastante más que Belén Esteban, que por entonces había sacado un libro contando sus pedorradas, con perdón. La crítica de los más cercanos en estos días ha sido “no está mi playa”, “falta aquella otra”. Bueno, es lógico. No se trata de un catálogo que abarque las 863 playas reconocidas de Galicia (a las que procede sumar las minúsculas que no figuran), sino poco más de un centenar. Eso sí, con criterios territoriales (todo el país costero tiene que estar ahí representado), morfológicos (grandes y pequeñas, accesibles y casi inaccesibles) y de uso (solitarias y muy concurridas). Ese es el mérito. Ahora los lectores tienen la palabra, y a ellos nos debemos quienes escribimos en medios de comunicación.

(La playa que acompaña en foto estas líneas está en la guía. Es Cabío, en A Pobra do Caramiñal).

 

No volveré a comer en El Polar, en Monforte de Lemos

Escrito por Cristobal Ramírez
10 de julio de 2014 a las 16:36h

Monforte de Lemos. He comido en El Polar. Telmo me lo había recomendado, y yo siempre le hago caso a Telmo porque de comida sabe un montón.

Calle peatonal de Monforte de Lemos, muy buen ambiente, lugar grande con gran terraza. Comedor alargado al fondo, clásico y con ciertas pretensiones estéticas.

El trato es educado pero nada cercano: “Aquella mesa”, “¿Qué desean?”, “¿Y para beber?”. La comida llega en un tiempo prudencial. La descripción podría ser callos vulgares, cóctel tropical curioso y repetible, el filete más fino del mundo (grande) a la pimienta con patatas fritas muy mejorables (lo habíamos pedido con arroz…) y una ternera asada en lonchas bien preparadas, abundante y con más patatas ramplonas.

A la hora de pagar aparecen las discrepancias. Se muestran inflexibles, sin palabras altisonantes pero justo en el nivel de educación mínimo exigido. Pagamos, en cualquier caso, poco. Pero el helado nos lo fuimos a tomar enfrente, a la terraza del restaurante Cardenal, donde al menos la camarera nos recibió con una sonrisa.

¡Por una vez en la vida, Telmo no acertó!

La Diputación de Lugo se entera -¡al fin!- de que las vetustas pallozas de Piornedo se están cayendo

Escrito por Cristobal Ramírez
3 de julio de 2014 a las 9:17h

Red Natura del río Tambre. ¡Aleluya! ¡La Diputación de Lugo se ha enterado de que en Piornedo agoniza el mejor conjunto de pallozas de toda Galicia! Debe de ser la aldea peor tratada de Galicia, porque la desidia ha hecho que esas construcciones singulares se estén viniendo abajo. Cierto: con la complicidad de los vecinos, pero eso no resta responsabilidad a la Administración. Y si en vez de tanta charangada barata la Diputación se hubiera ocupado de generar ahí un polo turístico de gran calidad -y mira tú que no habrá recursos y recursos en esa zona de Os Ancares-, otro gallo cantaría. Pero estamos en manos de quien estamos… A buenas horas iba a pasar eso en la Diputación de Pontevedra.