La Voz de Galicia lavozdegalicia.es - blogs | Inmobiliaria | Empleo | Mercadillo

El secreto del centro de actividades de Consett, en el noreste de Inglaterra

Escrito por Cristobal Ramírez
24 de septiembre de 2018 a las 17:28h

Consett. Impresionante. Ya desde fuera el Leisure Centre de Consett es un edificio imponente, con un aparcamiento muy british en el que la zona ajardinada tapa o al menos camufla el asfalto. No es que el edificio asombre en sus líneas. Parece uno más, después de todo.

Pero la entrada deja boquiabierto. Una sencilla cafetería a la izquierda, un amplio mostrador de recepción al frente y dos increíbles piscinas cubiertas y climatizadas a la derecha, tras una enorme pared de cristal que separa a las docenas de infantes que chapotean en el agua de los padres y abuelos que los observan cómodamente sentados.

Más salas de deporte en otros dos niveles. Y un detalle nada despreciable: ir dos veces a la semana, una hora y media cada una, cuesta cuatro libras al mes. O sea, algo menos de cinco euros.

 

Los casi tres siglos de la inglesa Broomshaw Hill Farm

Escrito por Cristobal Ramírez
20 de septiembre de 2018 a las 17:11h

El sistema de bed and breakfast sigue siendo uno de los componentes del British way of life, de esa manera de concebir no el mundo sino las relaciones sociales. El imperio cayó aunque no falta quien piense que aún pueda volver, los pubs tradicionales cierran poco a poco, de vez en cuando surge el debate de si la monarquía ya está periclitada, pero los bed and breakfast sigue su expansión.

Nadie sabe el secreto de tal éxito, y aquellos que desde España afirman que después de todo no son más que pensiones a la vieja usanza simplemente no tienen ni idea de qué hablan.

En los bed and breakfast el silencio no suele existir. Desde el momento en que traspasa la puerta, el visitante sabe que está en manos de la patrona y acepta voluntariamente ser sometido a implacable y cordial interrogatorio sobre aspectos tan fundamentales como el tiempo, la estancia de los dueños en Mallorca diez años atrás o temas tan apasionantes como esos. pero solo y en silencio solo estará si se encierra en su habitación.

Yo he tenido una gran suerte hoy. He recalado en Broomshaw Hill Farm, las posesiones de Martín y Ann (nombres de dos de mis hijos, por cierto), que han reconstruido su árbol genealógico desde 1754 y lo han enmarcado. No solo el lugar donde se alza es excepcional, sino que una y otro son dos personas encantadoras, discretas y amistosas, muy amistosas. Hay que sumarle a ello que personifican la discreción en persona y no, no ha habido interrogatorio. No tienen ni idea de quién soy y qué hago. Ha habido disposición y entrega total para que me sienta lo más cómodo posible.

Pero a pesar de todo ello, la incógnita sigue: hay bed and breakfast que son un negocio, sin más. Otros están ahí para mantener una tradición de hospitalidad y para tener a alguien con quien hablar. Sin duda hay que ser británico para entenderlo.

PD/ Por cierto, BHF está muy cerca de la Muralla de Adriano, no lejos de Escocia.

 

De cafés en Durham

Escrito por Cristobal Ramírez
19 de septiembre de 2018 a las 15:55h

Durham. Durham es la ciudad de los pequeños, recónditos y acogedores cafés. Claro está que los hay con personalidad rutinaria como el Starbucks, pero incluso esos están llenos de gente. De dos tipos de gente, para ser más exactos: de jubilados y de estudiantes. Lógico también: el resto del personal está trabajando.

Al igual que los nórdicos, los británicos –al fin y a la postre, descendientes suyos- prefieren los cafés originales cuya decoración y mobiliario huye de lo vulgar pero no por el precio, sino porque de tan habituales y normales que son generan por sí mismos una atmósfera de estar en casa.

Tomemos el Durham (foto superior) como ejemplo. Hay que subir unas nada cómodas escaleras hasta un segundo piso. Y ahí, tras la puerta, la explosión de vida. Sin gritos, sin prisas, la gente tomándose su té por lo general acompañada de su scone. No hay una mesa igual a otras, quizás todas ellas compradas en una tienda de segunda mano. Sencillas flores naturales en todas. Un banco aquí. Cada lámpara con diseño distinto (¿También de segunda mano?). Un radiador en el medio que no debe funcionar bajo una mesita alta y redonda con un pequeño depósito de agua que se sirve cada uno.

Sólo desentonan las tres musulmanas que entran, una de ellas tapada de arriba abajo y a la que sólo se le ven los ojos. ¿Se darán cuenta de que si todos adoptáramos su cultura no existirían cafés como el Durham o como el Riverview (foto inferior), que es otra maravilla? ¿Comprenderán que o se integran o no pueden esperar más que rechazo? Pregúntenle a los suecos si no me creen.

Sobroso, una visita obligada cuando se habla de castillos gallegos

Escrito por Cristobal Ramírez
3 de septiembre de 2018 a las 15:36h

Castillo de Sobroso. Pocos castillos hay en Galicia que se puedan vender turísticamente hablando. Decía el padre Sarmiento que había muchos, pero la mayoría o agonizan en ruinas o ahí están, a la buena de Dios, y si quiere vaya usted por su cuenta y véalos. El de Sobroso, a las afueras de Ponteareas, es una excepción. Y es que la Diputación Provincial desarrolló hasta hace tres años una política agresiva de protección de los bienes patrimoniales que ahora da sus frutos. Luego cambió de manos políticas y todo cambió. Y por supuesto me da igual que piensen que defiendo a esta opción sobre aquella o la viceversa de lo contrario, pero las cosas son como son.

Así, Sobroso es un lugar que todavía puede ser explotado más. Su gran parque botánico requiere una atención que no se le presta. Sus salas expositivas se merecen mucho tiempo, y ya no digamos su tienda de artesanía. La idea del anterior presidente de la Diputación -yo se la escuché en una reunión de trabajo- era diseñar una auténtica ruta de castillos en la provincia, comenzando por este, el de Soutomaior y el de Salvaterra. No tuvo tiempo.

Estoy harto de la humillación a las mujeres musulmanas (y a mí)

Escrito por Cristobal Ramírez
26 de agosto de 2018 a las 15:39h

Aeropuerto de Heathrow. Cada viaje acabo más hasta las narices. No del cansancio, sino de ver más y más velos. En Heatrhow, Terminal 3, es hoy una invasión. Pero no solo de hiyabs y no solo de túnicas -o como se llamen- negras hasta los pies, sino de burkas. Con los maromos tan tranquilos vistiendo a la occidental y llevando su ganado personal como les da la gana, y la embotada aquiescencia de esas mujeres que no solo quieren ser consideradas como un animal doméstico sino que están dispuestas a educar a sus hijas para que también lo sean.

Y mire, si es gente de paso, pues qué quiere que le diga, allá ellos, pero por lo menos que al cruzar por los controles de seguridad las miren como a mí. Ni más ni menos. Pero qué va, nadie les dice nada, como a los sijs -o lo que diablos sean- que llevan su turbante o como se llame tapando pelos y clavas, y tampoco hay lo que hay que tener para pedirles que o se lo quitan o no pasan.

No. Los ciudadanos de segunda, en Europa, somos los europeos como yo, que cometemos el pecado de un con buf al cuello y a cara descubierta, ya que si con ese buf nos la tapamos, no pasamos. Mientras, las mujeres islámicas y los hombres islámicos deben estar partiéndose de risa. Son -y a este paso aún lo serán más- los amos, los puñeteros amos.

(La foto está tomada ahora en Heathrow)

En Inglaterra no protesta el primer indocumentado que aparece por la calle

Escrito por Cristobal Ramírez
24 de agosto de 2018 a las 10:42h

Buckden. Visto desde la distancia, que quizás no sea sólo demográfica (ando por el centro de Inglaterra), es difícil entender por qué en España la gente se dedica a protestar. No solo, sino principalmente.

Intentaba yo explicar en Facebook por qué me asombraba, desagradablemente, ante la protesta de ¡dos becarios! de la Televisión de Galicia (TVG). No entraba en el fondo del asunto, sino en el hecho de que el primer indocumentado que llega ya protesta y no le va a pasar nada. Marca de la casa, oiga: llego, protesto, me vanaglorio de ello si así lo deseo y voy de campeón.

No hay vergüenza social en España. Sí la hay en Inglaterra. Porque es mayoritariamente anglicana y por lo tanto uno no hace lo que le da la gana sino que responde ante la sociedad de lo que hace y de la imagen que genera de él, su familia y su empresa/club/ciudad. Es difícil ver aquí una de las habituales discusiones carpetovetónicas de barra de taberna. Porque aquí impera el respeto. La gente no echa la lengua a pacer. Tampoco en la calle las madres gritan a los niños ni los niños se rebelan a gritos. El silencio es (casi) total, las conversaciones se desarrollan en voz baja.

Y por eso los sectores antibrexit están horrorizados. Porque piensan. No polemizan. Quizás con más debate y menos noticias falsas el resultado del famoso referéndum hubiera sido otro, pero ni eso ni lo contrario los han impulsado a la protesta individual, al esto lo arreglo yo si me dejan.

Y en esas estamos. Porque excuso decir que excepto dos o tres de mis contertulios en Facebook, que discrepamos con respeto, me han llamado de todo. España en estado puro.

En Inglaterra también hay gente poco educada: por ejemplo, el dueño de Chequers Shoes, en Huntingdon

Escrito por Cristobal Ramírez
20 de agosto de 2018 a las 7:35h

Huntingdon (GB). Hay varias cosas en las que Galicia supera, sin despeinarse, a Inglaterra. Por ejemplo, el acceso y la calidad de la sanidad. Por ejemplo, la mayor cantidad de autovías (por desgracia). Por ejemplo, la preparación y amabilidad de quienes atienden tras el mostrador de un pequeño comercio.

Cierto es que en esto último hay que tener en cuenta que bastantes de las dependientas-pocos varones se ven- son estudiantes que se sacan su dinero en el verano, aunque principalmente buscan trabajo en la hostelería y aledaños. Pero luego está la mayoría, la gran tropa de féminas, cuyo expediente escolar dista años luz de la brillantez. Por eso están ahí.

A lo anterior hay que sumar la consecuencia casi lógica: los propietarios no son los más avispados del mundo, razón por la cual el pequeño comercio local cada vez tiene menos espacio. ¡Albricias!

Pensaba yo en todo eso cuanto tuve la al parecer funesta idea de tirar de móvil hacer dos fotografías (mi ética gana a mi estómago y no las reproduzco aquí) en el Chequers Shoes de Huntingdon, cerca de Cambridge: unos meros tenis. El sueño, sesentañero decadente, alto y prepotente, me prohibió seguir haciendo ni una más.

Me dirigí hacia él y le pregunté simple y educadamente por qué, dispuesto a explicarle que solo quería mandar la foto de aquellos tenis a mi hijo –a 3.000 kms- y, si le gustaba, comprarlos.

Y aquel ser humano, que parecía un rígido militar decimonónico, se convirtió en lo que en el fondo es, en un energúmeno. Elevando notoriamente la voz afirmó que aquel comercio era suyo –lo cual quizás sea cierto- y que lo prohibía porque le daba la gana y que allí se acababa la discusión.

No había discusión alguna, pero tuvo razón: lo que fuera, se acabó. Enfilé la puerta, di las buenas tardes y punto final. No iba a perder el tiempo explicándole que puedo comprar esos tenis por internet, que existe una empresa que se llama Amazon y que, en fin, tal y como se comportaba su negocio, Chequers Shores, en Huntingdon, va a la ruina inexorablemente. Algo que celebro de todo corazón.

La clave del éxito de Frosts, un centro de jardinería en Cambridgeshire

Escrito por Cristobal Ramírez
18 de agosto de 2018 a las 15:29h

Brampton (GB). El medio es el mensaje, decía McLuhan. Y cada vez está más claro que tenía razón. Se refería, claro, a los medios de comunicación de masas, pero no puede aplicarse a todo. Por ejemplo, a Frosts, el gran centro de jardinería de Brampton, punto de encuentro de una comunidad que ha hecho muy suya la petición de que se circule despacio y con precaución.

Porque en Frosts hay de todo, no sólo plantas, y colocado con gran elegancia. El café tiene dos partes: la que podríamos denominar restaurante y la que es café en sí, con sus sillones formando unos cubículos abiertos que incitan a reclinarse en ellos o a casi acostarse para charlar. Aquí no hay prisa, hay relaciones humanas. Porque ese es el mensaje: construye un medio donde todo el mundo se sienta cómodo y… tus ventas aumentarán.

(Foto de Google, sin identificar su autor)

Buckden, un enclave histórico inglés, está en peligro de dejar de ser una villa

Escrito por Cristobal Ramírez
10 de agosto de 2018 a las 14:03h

Buckden (GB). Hace 22 años que vengo a Buckden siempre que puedo, un minúsculo pueblo con historia, una farmacia, una peluquería y cuatro tiendas. Me gustan sus dimensiones, su falta de vida exterior, su gente pacífica, sus dos iglesias -la anglicana y la católica; este última en realidad son tres unidas- y su dos hoteles donde sí hay movimiento. Soy miembro, además, de una sociedad local desde hace diez u once años.

Y viniendo de una se esas tiendas me detengo ante un cuidado cartel clavado en un árbol que advierte contra el más de un millar de viviendas que se van a levantar en Buckden. ¿Qué viviendas?

Me paro a leerlo, claro. Quedo horrorizado. ¡Se va a duplicar la población! Pero ¿a qué mente enferma se le ha ocurrido eso? ¿Cómo se puede llegar a tal nivel de especulación? Se preocupan -sin duda con razón- los hacedores del aviso de que el valle del río Ouse será más pobre y que tan salvaje aumento de la edificabilidad traerá consigo dos mil coches más y grandes atascos, y el retroceso o desaparición de las -afirman- 750 especies vivas (se entiende que animales, visto los ejemplos que ponen) que tienen allí su hábitat.

Su lema, el de los defensores del estatus actual, es tan sincero que suena demoledor: Keep Buckden a village.

Me uno a ellos. Sí, por favor, que Buckden siga siendo una tranquila, a veces aburrida y siempre acogedora y maravillosa villa.

Matando el turismo en Galicia

Escrito por Cristobal Ramírez
8 de agosto de 2018 a las 10:50h

Cabo Udra. Una vergüenza. Cada vez que veo residuos de la dictadura en tierras gallegas me pongo de muy mal humor. Parece que los antidemócratas han ganado. Ahí están, riéndose de la memoria histórica, de las leyes y de quienes sufrimos persecución por defender cosas tan elementales como el derecho a hablar, a manifestarse, a escribir, a pensar diferente. Por supuesto que la gran mayoría de los fallecidos que figuran en esa insultante placa -¡los turistas quedan espantados al ver tal monumento al fascismo!- eran pobres gentes a los que llevaron al matadero. Honren los hijos a sus padres y los nietos a sus abuelos en el ámbito privado. Vayan a su sepultura a recordarlos (cosa que no pueden hacer los miles de descendientes quienes, para oprobio de Europa, todavía no han sido sacados de las cunetas donde fueron asesinados). Pero honrar al fascista que encabeza la lista es un insulto a la inteligencia y a la libertad.

¿Dónde está esto? Acabo de encontrármelo bajando de Bueu (Pontevedra) a cabo Udra.

Cuando los de Vimianzo tienen razón

Escrito por Cristobal Ramírez
2 de agosto de 2018 a las 9:53h

Vimianzo. En la casa al lado del castillo, privada. ¡Cuánta razón tienen!

 

Torres de Cereixo (y III): Ante el edificio centenario y con Adriana

Escrito por Cristobal Ramírez
26 de julio de 2018 a las 7:33h

Torres de Cereixo. Turismo de Vimianzo ha diseñado un estupendo plan de actividades, y muy variado, para este verano. Si viviera cerca me habría anotado a casi todo, pero estoy a más de una hora. El sábado pasado intenté cumplir un deseo de mi madre y a las 11.15 me planté en el castillo local, punto de encuentro para la docena de personas que nos íbamos a llegar a las torres de Cereixo, muy cerca de Ponte do Porto.

La primera sorpresa surgió antes de subir al autobús, porque en el grupo estaba Macu, una ex alumna de la Universidad Senior donde di clases más de media docena de años y donde, con Macu y mucha gente más, creé el blog Miradasenior, que tenía más de cien mil visitas únicas cuando lo dejé y que espero que haya duplicado esa cifra. Así que ya tuve compañía.

La segunda sorpresa fue Adriana Ramos. No la conocía ni de referencias y además me espanta ir con guía. Por muchas razones, entre otras porque suelen tener un conocimiento pillado por alfileres. Y además llevo muchos cientos de miles de kilómetros por Galicia adelante, y eso da un saber que no suele tener una persona de treinta años.

Bueno, Adriana es justo lo contrario. Una muy sólida formación –es licenciada en Historia del Arte- se suma a una manera de estar alegre y animosa, de forma que todos acabamos sumergidos en su narrativa: estábamos sí, viendo el antiguo puerto del que queda el recuerdo, nos sentimos albañiles en la reconstrucción de la capilla románica, recorrimos con espíritu turístico el paseo de madera –necesitado de alguna reforma- y, en fin, traspasamos el portón que da acceso al jardín que rodea las torres de Cereixo. Sólo pude cumplir a medias el deseo de mi madre: no fue posible entrar en el edificio, privado y en venta, pero la emoción de estar allí no hay quien me la quite.

Al regreso quedé hablando unos minutos con Adriana. Un encanto y un placer. Una persona con una cabeza muy bien amueblada y con todo el ánimo del mundo. La invité a comer y me dio calabazas. No la culpo, claro. Pero lo lamento. Yo hubiera aprendido mucho de ella, así que habrá que insistir.

 

Torres de Cereixo (II): Parrochas en Ponte do Porto

Escrito por Cristobal Ramírez
25 de julio de 2018 a las 8:21h

Ponte do Porto. Corría el año 1966. Quizás uno menos, quizás no más. A mi madre, que falleció tranquilamente a los 92 años, le encantaba la Costa da Morte. Habíamos parado a comer en Ponte do Porto (entonces Puente del Puerto), y había parrochas. El dueño del bar intentó explicarle a mi padre que eran peces pequeños, sin duda porque encontrar turistas era muy raro entonces y pensaría que éramos extranjeros o como mínimo de la otra punta de España. ¡Aunque parrocha es palabra española!

Comidas las parrochas continuamos carretera y un kilómetro más allá paró nuestro 600. Los seis quedamos asombrados ante las torres de Cereixo, un gran pazo cuya grandeza queda resaltada porque se encuentra en una elevación, controlando la desembocadura del rio Grande (aquí llamado río Porto), aunque en realidad esto ya es Altántico. Mi madre siempre guardó aquella impresión, y nonagenaria recordaba Cereixo, donde había lamentado, y mucho, no haber podido entrar.

Hace 15 ó 20 años recibí una invitación del entonces dueño para visitar el pazo y publicar una página, igual que había hecho con el castillo de Vimianzo. Pero en aquel momento se puso fin a la serie y me quedé con las ganas.

Ahora, el sábado pasado y respondiendo a una convocatoria de la oficina de turismo de Vimianzo, estaba decidido a revivir las sensaciones de mi madre. Porque como dejó escrito el escritor inglés Terry Prachett, nadie muere hasta que las ondas que ha originado en su vida llegan a la orilla del estanque. O sea, mientras no cae en el olvido. Y yo no olvido a mi madre, claro está.

Y ahí entró en escena Adriana.

Torres de Cereixo (I): Regreso a Vimianzo años después

Escrito por Cristobal Ramírez
24 de julio de 2018 a las 15:13h

Vimianzo. Hace unos pocos años publiqué una página sobre el castillo de Vimianzo dentro de una serie sobre fortalezas de Galicia. Salió en el suplemento Fugas. Y llevaba un recuadrito donde se decía que en esa localidad coruñesa no había ningún restaurante emblemático, de tirón, bonito. Que Vimianzo nunca había sido referencia gastronómica. Ojo: no que no se comiera bien, sino que carecía de ese reclamo. Un Mar de Ardora, un As Eiras.

Y saltaron los de siempre, los que se creen con derecho de pernada, y hasta propusieron que me declarasen persona non grata. La cosa no pasó de ahí, desde luego alguien puso sentido común y no llegó ni a pleno ni nada.

De manera que el sábado pasado volví a Vimianzo algo desilusionado. Porque siempre fue una localidad que defendí a pesar de su urbanismo, no tan desastroso como otros pero que sin duda no llega al aprobado ni de lejos. Pero además de su castillo tiene dos pazos (uno en el casco urbano), un castro que está siendo excavado, unos penedos que si no llega a ser por un grupo de vecinos, con el escritor Manolo Rivas echando una mano muy en primera línea, hubieran desaparecido. Y encima vive ahí gente muy interesada por la historia y la arqueología. Lo dicho: siempre le tuve gran cariño.

¿Por qué volví? Porque vi en Facebook que su oficina de turismo organizaba, entre los muchos actos de este verano –ejemplar: copien otros concellos, muchos, de la zona y de Galicia- estaba una visita a las torres de Cereixo. Y la imagen de mi madre –fallecida- me vino a la cabeza. Pero eso lo dejo para mañana.

 

En el jurado de la IV Gala Mellor Cociñeiro de Tapas por Galicia

Escrito por Cristobal Ramírez
19 de julio de 2018 a las 14:24h

Santiago de Compostela. El pasado martes formé parte del jurado de la IV Gala Show Cooking Mellor Cociñeiro de Tapas por Galicia. Aunque la gente no me cree, soy una persona muy especial para comer, lo cual por una parte me convierte en un jurado detestable y por otra en un jurado idóneo (debido a mi gran exigencia e intransigencia). Además, nunca me gusta premiar a alguien porque eso implica no premiar a otros, y eso siempre (o casi siempre) adopta la forma de una injusticia, y puede ser incluso cruel: gana el que ha hecho eso sin esfuerzo alguno y pierde el que se echó horas y horas.

La gala estaba perfectamente organizada en el hotel compostelano de cinco estrellas AC Palacio del Carmen, con algo menos de dos centenares de personas invitadas. Había nivel cultural, gente que ve en la pequeña gastronomía una muestra de cultura, una atmósfera muy relajada, dos minidiscursos de responsables políticos (Nava Castro, directora de Turismo de Galicia, Rosa Quintana, conselleira de Mar) que escaparon de las rimbombancias y dijeron alto y claro lo que había que decir, y unos compañeros de jurado con los que me entendí desde el primer momento, entre otras cosas porque a dos de ellos ya los conocía, y para bien.

Lo difícil en estos casos es fallar. Con cámaras de tele y de fotos que graban sonido, móviles de vaya usted a saber quién, en el jurado decidimos, todos a una, romper el protocolo y largarnos en busca de un lugar más íntimo y solitario. Coincidencia: el premio fue unánime para el representante de Pontevedra (había un participante por cada una de las siete ciudades gallegas), pero siempre queda ese regusto de no poder dar un segundo, un tercero, un… Y eso sí, nos llamó poderosamente la atención la tapa -monstruosamente grande- llamada Oinkk!!! Como cualquiera puede imaginar, se trataba de algo de cerdo. La presentó la Arrozaría Os Cachivaches, de Lugo. 

El emblemático emplazamiento de Duio, en Fisterra, sigue tan olvidado como hace cuatro años

Escrito por Cristobal Ramírez
11 de julio de 2018 a las 17:35h

Duio. En Duio, al lado de Fisterra, se extendió una ciudad entre real y mítica: Dugium, que acabó -y ahí está esperando una excavación en regla- bajo la arena. Y Dugium fue cristianizada, faltaría más, y ahí se alza ahora una iglesia ante la que pasa un tramo tan maravilloso como falso del Camino de Santiago: la prolongación de la ruta jacobea entre Fisterra y Muxía. El 10 de septiembre del 2014 publicaba esto, que denunciaba el lamentable estado estético de un punto tan emblemático. No se puede decir que no haya sido paciente ni que tenga ojeriza a nadie y lo persiga. Casi cuatro años y, como se ve en las fotos, todo sigue igual. ¿Para cuándo una conciencia estética gallega? Porque lo más avanzado que tenemos es sin duda el enorme esfuerzo que está haciendo la Xunta para poner coto al feísmo, con el impagable esfuerzo contrario de numerosos alcaldes y cientos de miles de vecinos. Parece ser que no tenemos remedio.

El faro de cabo Cee, cerca de Corcubión, está hecho un basurero

Escrito por Cristobal Ramírez
9 de julio de 2018 a las 19:01h

Cabo Cee. Me he vuelto a llegar a cabo Cee, a muy escasa distancia de Corcubión, para admirar el paisaje, el castillo del Príncipe al otro lado de la ría, los islotes Carrumeiros, la isla de Lobeira grande, los arrecifes que juntos conforman la Lobeira Chica, el impresionante monte Pindo. Todo es una maravilla. Todo menos la educación de la gente y, secundariamente, el servicio de limpieza municipal de Corcubión: el faro sigue con un grafiti (ni a eso llega) con una palabra insultante, los alrededores están hechos un cisco, la basura se acumula por el suelo… Dos turistas madrileños con los que coincidí echaron un vistazo a la panorámica y se dieron media vuelta inmediatamente. ¿Ese es el nivel turístico que queremos?

 

Remontando el río Ulla

Escrito por Cristobal Ramírez
2 de julio de 2018 a las 16:43h

Ayer, domingo, remonté de nuevo el río Ulla tal y como hizo el Apóstol Santiago hace casi dos milenios. Entre los buenos amigos que me encontré a bordo, Rafael Sánchez, bibliotecario de Tui.

 

Alex evita que San Miguel engrose la lista de aldeas ourensanas abandonadas

Escrito por Cristobal Ramírez
19 de junio de 2018 a las 16:18h

San Miguel. San Miguel estuvo a punto de integrar la cada día más larga lista de aldeas abandonadas gallegas. Y hubiera sido una pena porque las casas fueron levantadas literalmente pegadas a la muralla de un enorme castro o quizás encima de un posible antecastro.

Hace 15 años ahí residían cuatro personas en dos viviendas. La vida fue marcando sus límites y hace unos pocos meses la última de aquellas se marchó a Ourense con unos familiares, algo similar a lo que antes había hecho otra.

Y se produjo el milagro, porque en la Galicia rural ourensana, concello de Rairiz de Veiga, no de otra manera se puede calificar el que un hombre joven, responsable de la preciosa taberna de la cercana Congostro y de nombre Alex, se haya ido a vivir allí.

San Miguel ha tenido una rara suerte y no ha muerto. Por ahora.

 

 

Engel, un café con fuerte personalidad en el centro de Helsinki

Escrito por Cristobal Ramírez
9 de junio de 2018 a las 18:58h

Helsinki. De nuevo en el café más bonito de Helsinki, que no es otro que el Engel. Su entrada ya avisa de que se accede a un local con muy acusada e irrepetible personalidad, no a un sitio cualquiera. Las impresionantes tartas –carísimas- que reciben al visitante animan a dar el paso siguiente para encontrase en el doble espacio rectangular y luminoso (a ello ayudan los tres grandes espejos) con multitud de mesas para dos personas.

Este es un punto de encuentro y de larga, muy larga, charla de amigos, aunque a tenor del paisaje humano mejor sería decir de amigas. Fuera, el enorme edificio del Senado y los tranvías pasando y haciendo retumbar suavemente suelo y paredes.

No hay gritos, ni jolgorio, pero sí conversaciones animadas y algunas risas. Da la impresión de que los finlandeses, recatados en otras situaciones, aquí se sueltan relajadamente. Eso sí, como en todas partes apenas se ven móviles, el par de personas que los usan lo hacen con cierto disimulo y, por supuesto, a nadie se le ocurriría usarlo para llamar o recibir llamadas, descortesía supina latina desconocida por estos parajes.