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En el jurado de la IV Gala Mellor Cociñeiro de Tapas por Galicia

Escrito por Cristobal Ramírez
19 de julio de 2018 a las 14:24h

Santiago de Compostela. El pasado martes formé parte del jurado de la IV Gala Show Cooking Mellor Cociñeiro de Tapas por Galicia. Aunque la gente no me cree, soy una persona muy especial para comer, lo cual por una parte me convierte en un jurado detestable y por otra en un jurado idóneo (debido a mi gran exigencia e intransigencia). Además, nunca me gusta premiar a alguien porque eso implica no premiar a otros, y eso siempre (o casi siempre) adopta la forma de una injusticia, y puede ser incluso cruel: gana el que ha hecho eso sin esfuerzo alguno y pierde el que se echó horas y horas.

La gala estaba perfectamente organizada en el hotel compostelano de cinco estrellas AC Palacio del Carmen, con algo menos de dos centenares de personas invitadas. Había nivel cultural, gente que ve en la pequeña gastronomía una muestra de cultura, una atmósfera muy relajada, dos minidiscursos de responsables políticos (Nava Castro, directora de Turismo de Galicia, Rosa Quintana, conselleira de Mar) que escaparon de las rimbombancias y dijeron alto y claro lo que había que decir, y unos compañeros de jurado con los que me entendí desde el primer momento, entre otras cosas porque a dos de ellos ya los conocía, y para bien.

Lo difícil en estos casos es fallar. Con cámaras de tele y de fotos que graban sonido, móviles de vaya usted a saber quién, en el jurado decidimos, todos a una, romper el protocolo y largarnos en busca de un lugar más íntimo y solitario. Coincidencia: el premio fue unánime para el representante de Pontevedra (había un participante por cada una de las siete ciudades gallegas), pero siempre queda ese regusto de no poder dar un segundo, un tercero, un… Y eso sí, nos llamó poderosamente la atención la tapa -monstruosamente grande- llamada Oinkk!!! Como cualquiera puede imaginar, se trataba de algo de cerdo. La presentó la Arrozaría Os Cachivaches, de Lugo. 

El emblemático emplazamiento de Duio, en Fisterra, sigue tan olvidado como hace cuatro años

Escrito por Cristobal Ramírez
11 de julio de 2018 a las 17:35h

Duio. En Duio, al lado de Fisterra, se extendió una ciudad entre real y mítica: Dugium, que acabó -y ahí está esperando una excavación en regla- bajo la arena. Y Dugium fue cristianizada, faltaría más, y ahí se alza ahora una iglesia ante la que pasa un tramo tan maravilloso como falso del Camino de Santiago: la prolongación de la ruta jacobea entre Fisterra y Muxía. El 10 de septiembre del 2014 publicaba esto, que denunciaba el lamentable estado estético de un punto tan emblemático. No se puede decir que no haya sido paciente ni que tenga ojeriza a nadie y lo persiga. Casi cuatro años y, como se ve en las fotos, todo sigue igual. ¿Para cuándo una conciencia estética gallega? Porque lo más avanzado que tenemos es sin duda el enorme esfuerzo que está haciendo la Xunta para poner coto al feísmo, con el impagable esfuerzo contrario de numerosos alcaldes y cientos de miles de vecinos. Parece ser que no tenemos remedio.

El faro de cabo Cee, cerca de Corcubión, está hecho un basurero

Escrito por Cristobal Ramírez
9 de julio de 2018 a las 19:01h

Cabo Cee. Me he vuelto a llegar a cabo Cee, a muy escasa distancia de Corcubión, para admirar el paisaje, el castillo del Príncipe al otro lado de la ría, los islotes Carrumeiros, la isla de Lobeira grande, los arrecifes que juntos conforman la Lobeira Chica, el impresionante monte Pindo. Todo es una maravilla. Todo menos la educación de la gente y, secundariamente, el servicio de limpieza municipal de Corcubión: el faro sigue con un grafiti (ni a eso llega) con una palabra insultante, los alrededores están hechos un cisco, la basura se acumula por el suelo… Dos turistas madrileños con los que coincidí echaron un vistazo a la panorámica y se dieron media vuelta inmediatamente. ¿Ese es el nivel turístico que queremos?

 

Remontando el río Ulla

Escrito por Cristobal Ramírez
2 de julio de 2018 a las 16:43h

Ayer, domingo, remonté de nuevo el río Ulla tal y como hizo el Apóstol Santiago hace casi dos milenios. Entre los buenos amigos que me encontré a bordo, Rafael Sánchez, bibliotecario de Tui.

 

Alex evita que San Miguel engrose la lista de aldeas ourensanas abandonadas

Escrito por Cristobal Ramírez
19 de junio de 2018 a las 16:18h

San Miguel. San Miguel estuvo a punto de integrar la cada día más larga lista de aldeas abandonadas gallegas. Y hubiera sido una pena porque las casas fueron levantadas literalmente pegadas a la muralla de un enorme castro o quizás encima de un posible antecastro.

Hace 15 años ahí residían cuatro personas en dos viviendas. La vida fue marcando sus límites y hace unos pocos meses la última de aquellas se marchó a Ourense con unos familiares, algo similar a lo que antes había hecho otra.

Y se produjo el milagro, porque en la Galicia rural ourensana, concello de Rairiz de Veiga, no de otra manera se puede calificar el que un hombre joven, responsable de la preciosa taberna de la cercana Congostro y de nombre Alex, se haya ido a vivir allí.

San Miguel ha tenido una rara suerte y no ha muerto. Por ahora.

 

 

Engel, un café con fuerte personalidad en el centro de Helsinki

Escrito por Cristobal Ramírez
9 de junio de 2018 a las 18:58h

Helsinki. De nuevo en el café más bonito de Helsinki, que no es otro que el Engel. Su entrada ya avisa de que se accede a un local con muy acusada e irrepetible personalidad, no a un sitio cualquiera. Las impresionantes tartas –carísimas- que reciben al visitante animan a dar el paso siguiente para encontrase en el doble espacio rectangular y luminoso (a ello ayudan los tres grandes espejos) con multitud de mesas para dos personas.

Este es un punto de encuentro y de larga, muy larga, charla de amigos, aunque a tenor del paisaje humano mejor sería decir de amigas. Fuera, el enorme edificio del Senado y los tranvías pasando y haciendo retumbar suavemente suelo y paredes.

No hay gritos, ni jolgorio, pero sí conversaciones animadas y algunas risas. Da la impresión de que los finlandeses, recatados en otras situaciones, aquí se sueltan relajadamente. Eso sí, como en todas partes apenas se ven móviles, el par de personas que los usan lo hacen con cierto disimulo y, por supuesto, a nadie se le ocurriría usarlo para llamar o recibir llamadas, descortesía supina latina desconocida por estos parajes.

Un folleto para conocer Galicia

Escrito por Cristobal Ramírez
30 de mayo de 2018 a las 13:34h

Red Natura del río Tambre. Mi amigo Santiago Bacariza me manda un nuevo folleto que casi es un libro. Tan gordo que lo he aparcado (así se dice ahora) y en estos días algo raros (este mes es una locura de festivos y viajes) le he echado un vistazo. Engancha, así que tras hojearlo me he metido con él a fondo. Es un compendio desde lo que Turismo de Galicia entienden por 25 rutas insólitas. Escenarios al volante y 50 miradoiros imprescindibles. Por supuesto que las rutas entran en el terreno de lo discutible, pero hay que reconocer que abarcan Galicia entera y que el mapa que las recoge es claro y, en resumen, magnífico. Recorrerlas es conocer el país.

Pero a mí me interesaron más los miradores, esos hasta ahora hermanos pobres de Galicia. Son muchos, así que las ausencias son mínimas y siempre subjetivas. Incluye las coordenadas para no extraviarse y fotos de todos ellos.

En resumen, un buen producto.

A Pobra de Trives mejora

Escrito por Cristobal Ramírez
28 de mayo de 2018 a las 13:10h

A Pobra de Trives. Hacía años que no venía por A Pobra de Trives. He vuelto a pasear por su casco viejo, y recuerdo que la última vez ya se había iniciado un lento pero a lo que se ve imparable proceso de mejora de sus edificios, excelentes por otro lado. Porque si de algo puede presumir esa localidad ourensana es de edificios, quizás una rara avis en una Galicia que ha sido pasto de especuladores urbanos y no urbanos hasta dejar enclaves bonitos totalmente irreconocibles. Alcaldes incultos apoyados por una población más inculta aún han provocado auténticos destrozos. Un amigo me comentaba hace unos días que cuando se estaba construyendo el único espacio verde que tiene Sigüeiro un vecino se lamentaba diciendo que lo mejor era echar asfalto y hacer un aparcamiento (gratuito, claro, faltaría más en este país donde parece que todo cae del cielo y resulta que no hay dinero ni para pagar las pensiones).

Pero estoy en el casco viejo de A Pobra de Trives. No es grande, aunque tampoco minúsculo. Faltan indicaciones sobre qué son esos edificios, si es que tienen relevancia -que alguno y alguna tendrán-, y desde luego el Ayuntamiento debe buscar una solución a un problema que no parece difícil de resolver, como muestra la foto de abajo: la maldita manía de llenar Galicia de contenedores.

En cualquier caso, un desplazamiento a esta localidad merece la pena. Y si sobra tiempo, que sobrará, los alrededores tienen parajes magníficos, como el cercano bosque del Návea con magnífico puente (carretera a Castro Caldelas). Por cierto, a media hora escasa está Cabeza de Manzaneda.

Una entrevista sobre el Camino Inglés

Escrito por Cristobal Ramírez
23 de mayo de 2018 a las 11:37h

Durham. Hoy publico una entrevista con la profesora de la universidad de Durham (Gran Bretaña) Lara Escudero-Baztán, que ha ganado el Certamen Internacional de Traballos de Investigación do Camiño Inglés convocado por el concello de Oroso. La entrevista, entera, pinchando aquí.

St. John’s, un colegio ejemplar en el Camino Inglés británico

Escrito por Cristobal Ramírez
21 de mayo de 2018 a las 19:35h

Por tercera vez me encuentro en el colegio St. John’s, un centro católico con 1.500 estudiantes situado en el Camino Inglés, muy cerca de Escocia. Me sigue produciendo la misma impresión que cuando entré por primera vez aquí en el 2016: todo está organizado, todo funciona como un reloj suizo. La disciplina se aprende ya en los hogares (esto es Inglaterra, no el caos latino), pero desde luego se practica de manera radical cuando se pone un pie dentro del St. John’s. Pero no con caras largas y tensión: todo el mundo sabe lo que tiene que hacer, cómo tiene que comportarse, qué se espera de él. Las clases son muy activas, con estudiantes dinámicos y, por supuesto, uniformados.

Uno podría pensar que la ciudad donde se halla, Bishop Auckland, es la capital de la zona pija. Nada más lejos de la realidad: es una zona deprimida, de minas cerradas, de muchas tiendas con la persiana bajada para siempre. Pero tiene una suerte: se ha creado un ente de financiación privada –realmente, de un solo benefactor y filántropo- que apuesta por la cultura, y lo hace con varios millones de euros para reconstruir, consolidar y poner en marcha edificios primero, y el contenido después. Un proyecto insólito que repercutirá en una parte de Inglaterra donde la educación es excelente en edificios –no es el caso del St. John´s- de mucha peor calidad que en Galicia y con 30 alumnos por aula. Porque el dinero es importante; el saber educar, como el St. John’s ejemplifica, mucho más.

Un desplegable muy útil (pero solo de la provincia de A Coruña)

Escrito por Cristobal Ramírez
29 de abril de 2018 a las 16:13h

Red Natura del río Tambre. La Diputación de Pontevedra se bate en retirada en todo lo que se refiera al Camino de Santiago excepto a potenciar el falso Camino Portugués por la Costa, una inventio sin base histórica alguna. Por suerte, la Diputación de A Coruña (ambas en manos socialistas) no sigue su ejemplo y no repara en promocionar las dos rutas jacobeas que pasan íntegramente por su territorio: el Camino Inglés y la Prolongación a Fisterra-Muxía. Con ellas como bandera se está esforzando en atraer a un turismo de calidad. O sea, a aquel que es respetuoso con el medio ambiente y que busca alejarse de la masa. En esa línea acaba de sacar un desplegable de difusión gratuita centrado en sus parajes singulares bajo el título Provincia de A Coruña. Seis destinos mágicos de tierra y mar. Está en gallego, español/castellano e inglés. No se puede pedir más.

 

Si va a la ciudad sueca de Göteborg pare en el hotel Poseidon

Escrito por Cristobal Ramírez
10 de abril de 2018 a las 17:30h

 

Göteborg. El hotel Poseidón, en Goteborg, ha sido todo un descubrimiento gracias a Lena, que me lo propuso. Es un tres estrellas, así que no se puede esperar lujo, pero ofrece más que eso. Y a ello contribuye, y mucho, Nina en recepción, una muchacha encantadora, de esas que a golpe de sonrisa, sencillez y profesionalidad ya le hacen sentir a uno que entra en un sitio peculiar, con personalidad, distinto a cualquier otro.

El hotel tiene sus años, y la incorporación de elementos propios de los tiempos -ascensor o tarjeta llave- no ha cambiado esa atmósfera de establecimiento familiar alejado de los influjos por lo general negativos de la masificación. Habitaciones grandes y luminosas ayudan, claro que ayudan, y todo el conjunto hace olvidar el armario ciertamente pequeño.

Unas palabras para la sala de desayuno, a nivel de suelo: parece la cocina de casa, pero en grande y sin duda mejor surtida (excepto cucharillas, que no encuentro por ningún lado).

Pero todo eso sería contenido sin alma. El alma la pone ese encanto llamado Nina.

Un servicio religioso en la iglesia británica y jacobea del puerto de Poole

Escrito por Cristobal Ramírez
2 de abril de 2018 a las 17:41h

Poole. Nada que ver. Un servicio religioso anglicano y una misa católica son como el día y la noche. Y lo digo con conocimiento de causa. Hoy he asistido por primera vez a uno anglicano entero, en la iglesia de St. James de Poole, donde el único que nos recibió bien fue un ayudante, quien nos entregó unos folios con las oraciones y cánticos del día.

Pero fue hasta divertido, porque no de otra manera puede calificarse la carrera de pancakes protagonizada por media docena de niños que recorrieron al galope, sartén en mano, toda la iglesia. Algunos cánticos sonaron muy bien, otros no tanto, y la voz tronante de la corpulenta reverenda inundó este templo del XIX que sustituyó al que durante muchos siglos recibió y despidió a miles de peregrinos rumbo a Compostela.

Hay una cosa en la que los servicios anglicanos ganan por goleada a las misas católicas: los primeros crean pueblo, las segundas son un mero rito cuya influencia social remata justo cuando el último asistente cruza la puerta de salida.

¿Quién ha dicho que los finlandeses son tristes?

Escrito por Cristobal Ramírez
29 de marzo de 2018 a las 12:20h

Helsinki. ¡Esto es un hervidero! Las 7.30 de la mañana y hay un centenar de personas desayunando en el Original Sokos Hotel de Helsinki. Gente que no se conoce comparte mesa porque no hay sitio en los comedores, la cola es respetada rigurosamente  para ir cogiendo lo que a uno le apetezca, no se han descubierto restos del supuesto carácter introvertido finlandés y abundan las risas y las conversaciones relajadas no a gritos, pero sin los habituales silencios y la cantidad de cosas a elegir –desde albóndigas a caramelos- que eso, elegir, es algo difícil.

Luego están las camareras. Todas jóvenes y de rasgos faciales muy nórdicos. Estudiantes quizás en este país donde trabaja todo el mundo porque desde pequeños se les enseña la cultura del esfuerzo. Rubias y con cara de respeto (el respeto al otro es la gran máxima finlandesa), cuesta trabajo imaginar cómo serán dentro de 20 o 30 años. Porque muchas mujeres en la cuarentena o más son, sobre todo, descuidadamente voluminosas, o al menos con una clara tendencia a ello. Algo que comparten con el resto de los habitantes de los otros países del área. Por cierto, exactamente igual pasa con los hombres.

Los conceptos estéticos finlandeses y españoles no coinciden, desde luego. Da la impresión de que ellas aquí se cuidan menos que en España, como si les diera igual su aspecto llegada una cierta edad, como si hubiera déficit de coquetería. Cierto que eso pasa también en medios no urbanos de Galicia (y quizás de toda España), pero aquí parece ser general.

Pero concepciones estéticas aparte, viendo el jolgorio en el Original Sokos Hotel nadie pensaría que el finlandés es un pueblo triste.

Finlandia, congelada: yo no me atreví a caminar sobre el hielo

Escrito por Cristobal Ramírez
28 de marzo de 2018 a las 18:41h

 

Desde el Vikingeskibsmuseet de Roskilde: ¡Feliz cumpleaños, futuro!

Escrito por Cristobal Ramírez
12 de marzo de 2018 a las 11:55h


Roskilde.
 En Roskilde hay nieve por todas partes. También hay gente por todas partes. Y unas docenas de niños tirándose en trineo por un gran desnivel de uno de sus parques. Las aceras y viales empedrados están impolutos, y la gente pasea como si el calendario indicara que estamos en primavera. Todo el mundo sale, a comprar o a comer fuera, pero sale y cumple el viejo axioma de que no hay mal tiempo sino mala ropa.

Así que tras vagar un rato y ver un par de lugares interesantes, pasado el mediodía recalo en el café del complejo del museo vikingo, un edificio de madera con esa sencillez elegante que es marca de este país. Me siento al lado de un grupo de una docena de personas. Celebran -no en silencio, pero sin subir el volumen ni siquiera cuando ríen- el 21 cumpleaños de una de las chicas. Hay cuatro adultos, quizás padres o tíos, y el resto es eso, juventud que arranca la veintena. Alegres. Se dan pequeños regalos, un par de botellas igualmente pequeñas, un libro y cosas así, todo muy personal y nada espectacular. La bandera danesa en el medio de la mesa de madera.

Y entonces me doy cuenta: uno de ellos soy yo. O podría ser yo. Tenía esos 21 años cuando llegué por primera vez a Dinamarca, un par de ellos más cuando recalé en Roskilde.

Y es ahora el momento en que ante los ojos aparece el futuro. Que es no mío, sino de esa chica danesa que hoy cumple 21 años. Nunca lo sabrá, pero… ¡Felicidades!

Percipecia a bordo de un autobús sueco

Escrito por Cristobal Ramírez
8 de marzo de 2018 a las 12:16h

Göteborg. ¿Esto es Suecia? Sí, esto es Suecia. Donde también los trenes tienen accidentes, así que el mío, que viene de Copenhague, se ve obligado a parar tres cuartos de hora antes de arribar a Göteborg, su destino.

De manera que unas sesenta personas o quizás algo más bajamos sin que nadie dirija ni oriente nada. La megafonía del tren había advertido del cambio y había comunicado que el viaje continuaría en autobús.

Así que, ateridos, nos metimos en el bar de la estación -que también es de autobuses- de Kungsbacka, mirando las próximas salidas. Y de repente se desata la carrera porque alguien ha visto un único bus a 200 ó 300 metros. Y ha visto bien: uno, solo uno, de manera que quien puede se sienta y el resto vamos o sentados en los escalones o de pie como sardinas en lata, que ese es mi destino.

Para más inri se trata de un autobús urbano, así que olvídese uno de colocar maletas o mochilas en el altillo: hay que llevarlas encima o bien debajo de los pies, con el trastorno y follón que resulta fácil de imaginar. Cabe la duda, disipada minutos después, de que nos lleve a dos o tres autobuses como Dios manda, porque este tendrá mucha potencia, pero velocidad, ninguna.

Y como nunca vienen solas, el conductor no únicamente es un mal encarado indignado (¿qué le habré hecho yo?) sino que tiene prisa y conduce a tirones, dando mil y una vueltas para ir a cuanta estación intermedia aparezca, aunque no se baje ni suba nadie.

Cuando ya hemos perdido cualquier recato educado, respetuoso y amoroso y vamos apretados sin consideración alguna entramos en la autopista. Llevamos media hora con el complejo de ser refugiados que escapamos a todo correr de una zona de guerra mientras los tiros y las bombas no cesan. Allí uno de los dos bebés advierte que no aguanta más y rompe a llorar y a gritar, ignorante él sin duda de que por la autopista sólo vamos a circular -rugen los motores, vamos a 80 por hora- no mas de cinco minutos.

En el extrarradio de Göteborg empieza a bajarse el personal y logro sentarme tras recomponer el cuerpo. Al fin llegamos.

Eso sí, nadie ha dicho nada. Ni la mínima protesta o simple comentario. Ni la menor muestra de desagrado, enfado o disconformidad. Esto es Suecia y ellos son suecos.

 

Recuerdos de Lund desde el tren

Escrito por Cristobal Ramírez
7 de marzo de 2018 a las 9:05h

Lund, en el tren de Copenhague a Göteborg. Y de repente el tren sale del enorme puente y entra en la Suecia nevada, mientras pienso que de buena me he librado al no alquilar un coche para ir a Göteborg porque en las carreteras hay hielo. Al tren sube un policía joven equipado como para la guerra de las galaxias: control de pasaportes, aunque cierto es que sería un poco raro que en este tren se hayan subido inmigrantes ilegales. Fuera debe hacer un frío de rayos porque la revisora, que ha salido a fumar, regresa tiritando a pesar de su chaquetón.

Es difícil no sentir emoción al entrar en Suecia. Este fue mi destino primigenio cuando el 5 de julio de 1973 decidí salir al mundo. Luego he vuelto una decena de veces o quizás algo más. Y siempre aflora mi agradecimiento al país aunque mas, mucho más, en casa cuando piso suelo danés. Aquí hice mis primeras amistades abiertas: Birthe, Agne, Björn y otros cuyos nombres se han perdido en mi no-memoria.

Así que le tengo un respeto a este país de gente cerrada en sí misma, que con trabajo y esfuerzo han pasado de ser los más obres de Europa al puesto de honor de la riqueza. Respetar es aquí el verbo de uso nacional. Se respeta al otro, ero también a la naturaleza. Aunque la excesiva inmigración aceptada con más voluntad que control haya causado no sólo problemas sino una brecha en el sentimiento nacional.

Y volví a Lund, aunque no me bajara del tren. Y vi las inequívocas torres de la catedral mientras atisbaba la entrada a Stora Fiskaregatan, en cuyo número 10 pasé del 12 de julio al 17 de agosto de 1973 en la casta compañía de Birthe. Y todos los recuerdos vienen de golpe a la mente.

Copenhague, con frío y en el hotel Wake Up con malas recepcionistas

Escrito por Cristobal Ramírez
5 de marzo de 2018 a las 18:14h

Copenhague. Hace un frío terrible en Copenhague. Con un poco de suerte parece ser que llegaremos a los 6 grados bajo cero. De temperatura máxima, por supuesto. Todo el mundo lleva la cabeza tapada, casi todo el mundo lleva guantes y la mitad de la población sale a desafiar el viento congelador sin abrigo y solo con una ajustada chaqueta.

Así que el personal busca los cafés, acogedores, con velas. No muy caros. Yo me he refugiado en el Mo Joe, en un chaflán que me permite ver al fondo Nyhavn, donde los restaurantes tienen mesas fuera como si estuviéramos en primavera.

En realidad iba a ir al hotel, al Wake Up (el de Borgergade, no el otro), con su diseño moderno y rompedor, su habitación funcional tan minimalista que carece de armario o estante alguno. Es, en suma, un hotel para estar uno o dos días, no más.

Eso sí, rece el cliente para que no están en recepción las dos mujeres jóvenes escasamente agradables e ignorantes del concepto de profesionalidad que me tocaron a mí ayer. Y que para mi desgracia también estaban al pie del cañón esta mañana.

En Helsinki no veo servicios públicos

Escrito por Cristobal Ramírez
22 de enero de 2018 a las 19:14h

Helsinki. Hay reencuentros formales y hay reencuentros afectivos. De estos últimos ha sido el que tuve hoy con una amiga afincada aquí en Finlandia que no ha pedido su buen humor.

La conocí hace 8 o 9 años con motivo de mi primera visita, y desde entonces no he perdido el contacto con ella. Es guía turística, algo en lo que parece que no le va nada mal.

Así que de su mano di una vuelta por el centro de Helsinki, tres horas en las cuales aprendí algo más no sólo de la ciudad sino –lo que es más importante para mí- de sus habitantes, de su carácter. Y tras despedirnos me surgen las preguntas que lamento no haberle hecho.

Por ejemplo, ¿por qué no instalan unos servicios públicos para los turistas? Puede parecer hasta una broma con toque escatológico, pero ¿qué hacer con un grupo de 30 personas cuando, como todo el mundo, tienen más o menos al alimón sus necesidades fisiológicas? ¿Meterlos a todos en una biblioteca y que guarden cola? ¿En un café? Porque, en efecto, en nuestro largo paseo no vemos ninguna posibilidad… excepto que a 7 grados bajo cero que marca el termómetro nos animemos tras los arbustos o setos de algún parque.