La Voz de Galicia
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La crisis tiene cara

Estoy un poco hasta el moño de que los gurús económicos (sí, los mismos que no vieron venir esta hecatombe) nos den la murga con sus augurios a toro pasado. Lo que más me indigna es la facilidad con la que manejan las cifras del desempleo, deslizándose en un mismo párrafo de los tres a los cuatro millones de parados, como si en lugar de hablar de personas estuvieran hablando de entes abstractos (tal vez por eso los gurús nunca hablan de despidos, sino de «recortes en la masa laboral», que suena más fino pero significa la misma patada en los mismos culos). Bueno, pues precisamente por eso, porque hay mucho macroeconomista que se empeña en despersonalizar este drama y camuflarlo bajo un arsenal de gráficos, es tan importante que los periodistas pongan rostro y nombre a la crisis. Por eso es importante que La Voz publique hoy el testimonio Seguir leyendo

¿G-cuántos?

G20/

Los números naturales (esos que siguen la senda del 1, 2, 3,… hasta el infinito) se llaman así precisamente porque nacieron del acto natural de contar. El troglodita, cuando salía un rato de la caverna, iba enumerando los mamuts a los que iba a clavar al sílex para hacer luego acopio de chicha en el fresquero de la gruta. El niño aprende a contar antes que a leer y a escribir y al mismo cativo le decimos muy seguros que contar ovejitas es un somnífero demoledor (ya descubrirá luego al malvado doctor Estivill y su método, y, de adulto, la contundencia del lorazepam). El pequeño también descubre que algunos de sus ídolos tienen como gran pasatiempo contar y recontar. Por ejemplo, el tío Gilito se lo pasa en grande repasando las monedas de oro de su depósito, y el Conde Draco de Barrio Sésamo se echa unas risas discurriendo del … Seguir leyendo

El Nobel bloguero

Pasó estos días por aquí el premio Nobel de Economía del 2008, el norteamericano Paul Krugman, quien, por cierto, ha sembrado el pánico con sus tenebrosos augurios sobre la crisis. Pero no voy a descubrir yo a Paul Krugman, entre otras cosas porque no tengo ni pajolera idea de economía, salvo que, al menos en el universo doméstico, los ingresos tienen que ser mayores o iguales que los gastos, si no el tema se pone chungo. Pero supongo que la macroeconomía no se reduce a esa sencilla aritmética de toda la vida. En fin, a lo que íbamos. Krugman, un auténtico gurú planetario, es autor de un sesudo blog que se publica bajo el lema The Conscience of a Liberal en la web de The New York Times. Tiene tela que todo un premio Nobel se baje a la arena bloguera, cuando en este país nuestro a menudo … Seguir leyendo

Molinos

Con todo este lío de la energía eólica caemos en una curiosa paradoja: para salvar el medio ambiente estamos destrozando el paisaje, al clavar esos ultramodernos molinos en los que, hasta hace poco, eran algunos de los rincones más hermosos del globo, como esas sierras que se otean desde el impagable cabo Ortegal, ahora infestadas de aspas. Hay pedazos de tierra donde lo único que debería crecer son los tojos, no los megavatios.

Me temo que va a tener razón Ramón Gómez de la Serna (y, por alusiones, Cervantes y don Quijote), cuando escribió aquella fulminante greguería: «Lo bueno sería que al final se descubriese que los molinos no son molinos, sino gigantes». Pues resulta que sí, que son gigantes.… Seguir leyendo

Un poeta en Wall Street

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Durante su célebre estancia en Estados Unidos (de junio de 1929 a marzo de 1930), de la que nacería ese tesoro absoluto titulado Poeta en Nueva York, Federico García Lorca tuvo la oportunidad de vivir en primera línea de fuego el fatídico crack de Wall Street (del que, por cierto, se cumplen este mes 59 años). El escritor nos dejó un espléndido testimonio de aquel batacazo financiero en una de las cartas que regularmente enviaba desde América a su familia, y que recogió en una mimada edición Christopher Maurer para el número 23-24 de la desaparecida revista Poesía (diciembre de 1985).

Por su sorprendente conexión con la actualidad (la poesía tiene esas paradojas), reproduzco aquí parte del texto, fechado en la primera semana de noviembre de 1929, en el que Lorca, con su agudeza habitual, nos cuenta cómo asistió a pie de calle al desplome de la economía mundial:… Seguir leyendo