La Voz de Galicia
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Agustina Otero Iglesias

El 15 de abril de 1965 la agencia Efe transmitía un breve despacho desde Niza en el que daba cuenta del entierro de La Bella Otero:

Un pequeño grupo de personas ha asistido el entierro de La Bella Otero, apodo con el que en vida se hizo famosa Agustina Otero Iglesias, que nació en Puente Valga (provincia de Pontevedra) en 1868 y que fue admirada y conocida por los más importantes personajes de principios de siglo, forjándose en torno a ella las más románticas leyendas, ilusiones y frustraciones.

El funeral y entierro han sido muy sencillos. No ha habido ninguna persona de relieve, solamente unos escasos viejos amigos, uno de los cuales ha pronunciado una breve plática en español y después el féretro ha sido depositado en la tumba que se había hecho construir La Bella Otero.

Esta se ha llevado a la sepultura un misterio, ya que … Seguir leyendo

Camba, el eterno anarquista

A Julio Camba, el único columnista genuino de todos los tiempos e idiomas -el que resistió sin pestañear las distorsiones que siempre generan las guerras, las cabeceras, los directores de periódico, los Gobiernos y sus consulados-, hay quien no lo ha leído nunca y lo despacha de un solo soplamocos: era un facha. Curiosa forma de juzgar a un articulista. Es obvio que, desde sus iniciales devaneos con el anarquismo, don Julio derivó a un tibio columnismo derechoso, aunque tampoco demasiado complaciente con la dictadura, porque, en el fondo, todo aquello se la traía al pairo, salvo que lo sacaran de vez en cuando de su habitación 383 del Palace -que pagaba el banquero Juan March– y lo llevaran a comer en un buen restaurante. Así se escribe la historia de la literatura, amigos. Es una cuestión más gastronómica que ideológica. Y Camba ha sido un caso único, … Seguir leyendo

El humo helado de Trump

Cuentan que Donald Trump, antiguo promotor inmobiliario y hoy presidente de los Estados Unidos, quiere comprar Groenlandia a los daneses. Cuando pienso en las pequeñas manos (porque son muy pequeñas) del 45.º comandante en jefe de Washington sobre esa enorme isla helada, se me viene a la cabeza lo que escribió Henry David Thoreau en Un paseo invernal:

«Quienes han vivido en Groenlandia cuentan que, cuando hiela, el mar humea como si se quemasen matojos, y se levanta una bruma, muy perniciosa para la salud, que llaman ‘humo helado‘ y que corta la cara y las manos hasta producir ampollas».

Es la mejor definición que he leído de Donald Trump. Así pasará a la historia. Como puro humo helado.… Seguir leyendo

Placeres culpables

Es la típica pregunta a la que uno nunca sabe cómo responder:

-¿Un placer culpable?

Como no me gustan los Hombres G, ni Dan Brown, ni siquiera Sálvame, estoy jodido. Lo único que puedo admitir es que soy un fan de las películas de Terence Hill y Bud Spencer. Pero a veces me he inventado respuestas disparatadas para salir del paso. Como que leo el Pronto a escondidas en el baño -¿todavía existe el Pronto o ya sólo es un spray para limpiar los muebles?-, ocultando la revista en las obras completas de Kafka. Hasta que llegó un día en que encontré uno de esos placeres que se presuponen culpables, aunque a mí, fan incondicional de la cultura popular, lo cierto es que no me hace sentir en absoluto culpable, sino todo lo contrario, orgulloso de hundir mis raíces en estas películas como lo hago … Seguir leyendo

La gente del común

No empuñaron las armas. Más que nada porque las tenía todas Franco, que previamente había matado o encarcelado a nuestros abuelos por defender el Gobierno legítimo de la Segunda República frente a su alzamiento fascista. Pero también fueron épicos de una manera cotidiana y anónima que algún día habrá que reconocer. Me refiero a la generación de nuestras madres y nuestros padres, unos héroes sobre los que algún día alguien tendrá que escribir la gran novela que se merecen.

Mientras no llega esa gran novela, quiero acordarme brevemente de ellos. Me vino la idea hace unos días cuando Luz Sánchez Mellado recordó a su padre, que no pudo estudiar, «pero que tenía más talento que todo Twitter junto«. Me encantó la frase. Y me vino a la memoria esa generación anónima, de la que casi nadie se acuerda cuando invoca las grandes gestas de nuestra historia reciente, y … Seguir leyendo

Un hombre muy lejano

Julián Marías (1914-2005) es una de las grandes voces olvidadas de nuestra cultura. Quién se acuerda ya de uno de los mayores pensadores españoles del siglo XX. Claro que nadie recuerda tampoco a su maestro, José Ortega y Gasset. Así nos va.

No obstante, de vez en cuando sale a la luz algún título perdido de Marías y sus devotos -que entre todos algo sumamos- acudimos al anochecer a abrevar en las aguas limpias de sus textos, que no sólo están llenos de sabiduría, sino que están tallados en una prosa prodigiosa, plena de matices y de eso que Umbral llamaba calidad de página: si agarras un párrafo al azar de una página elegida aleatoriamente y está bien escrito, entonces el libro pasa la prueba del algodón: tiene calidad de página.

Julián Marías no es que tenga calidad de página. Es la calidad de página hecha carne para … Seguir leyendo

El libro de los muertos

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Hace cinco años, el pintor Pablo Gallo (A Coruña, 1975) decidió crear un libro en el que 131 escritores vivos invocasen a sus escritores muertos de cabecera. Cada autor vivo elegiría una cita de su autor muerto y Gallo confrontaría sus miradas con una ilustración sobre el texto evocado. La primera persona a la que invitó a colaborar fue Enrique Vila-Matas. La última, Victoria Cirlot, la hija del poeta Juan Eduardo Cirlot, cuyo Diccionario de símbolos está en la raíz misma de esta obra. Así nació el Libro de las invocaciones (Reino de Cordelia):
—Durante los cinco años que he tardado en concluirlo, he imaginado este libro de muy diferentes maneras. Según el entusiasmo o la desesperación que sentía al avanzar o retroceder en su construcción lo he imaginado como un bosque, como un laberinto, como un infierno. Pero, una vez terminado, he vuelto a … Seguir leyendo

Nuestro alienígena

Recordamos El hombre que cayó en la Tierra en primer lugar por la película que protagonizó en 1976 David Bowie, enfundándose en la piel de un extraterrestre llegado del espacio exterior para salvar su planeta y, de paso, salvar a la humanidad de sí misma. Pero El hombre que cayó en la Tierra es, sobre todo, la inmensa novela publicada por Walter Tevis en 1963, que ahora reedita en español Contra. Fallecido en 1984, Tevis no pudo comprobar cuánto de anticipación había en el año 1988 que dibujaba en esta extraordinaria narración. Pero lo que sin duda logró con su novela fue destrozar los tópicos y prejuicios que pesaban sobre un género que, a fin de cuentas, es lo de menos en un texto que habla de lo que hablan los grandes clásicos: la irremediable soledad del ser humano, aunque sea a través de los ojos de un … Seguir leyendo

Literatura para caníbales

A Rafael Reig hay que leerlo porque para escribir sobre el ascenso de Francesco Petrarca, el 26 de abril de 1336, al Mont Ventoux primero se da un rodeo —un maravilloso rodeo: qué sería de la vida sin rodeos— por el capítulo 31 de Huckleberry Finn, cuando Huck asume su propio destino y que está dispuesto a ir al infierno con su amigo Tom Sawyer, y por la etapa del Tour de Francia que en julio de 1967 terminó en ese Mont Ventoux. Aquel día murió sobre la bicicleta el gregario Tom Simpson, después de meterse media botella de coñac Rémy Martin y dos tubos de anfetaminas como combustible para subir al puerto. ¿Por qué Huck Finn? ¿Por qué el Tour? Porque ese día de 1336, sostiene Rafael Reig en Señales de humo, murió de forma anticipada la Edad Media y surgió el Renacimiento con la creación de la figura … Seguir leyendo

Louis Aragon en el pasaje de la Ópera

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El flâneur es ese turista de su propia ciudad que vaga sin rumbo, sin destino ni objetivo concretos, por las calles. Todo empezó en París, donde Baudelaire descubrió esta nueva vocación urbana de callejear por el puro placer de mirar detenidamente la gran capital. Walter Benjamin elevó luego este ejercicio a género literario y Robert Walser escribió su obra cumbre: El paseo. Pero la literatura flâneur es inagotable —como la misma ciudad— y después de Walser hay otras cimas, como El aldeano de París, de Louis Aragon, libro que el poeta dadaísta (y luego surrealista) publicó originalmente por entregas en La Revue Européenne y que ahora rescata Errata Naturae.
Aragon vuelve al epicentro del flâneur, París, donde explora cada palmo del pasaje de la Ópera (antes de que el bulevar Haussmann y las Galerías Lafayette acabasen con su encanto de pasadizos y tugurios) y del … Seguir leyendo