La Voz de Galicia
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Irlandas

Los antiguos coruñeses, a los que se la traía al pairo la curvatura de la Tierra y demás vainas de la física, contaban que si uno se encaramaba a lo alto de la Torre de Hércules en un día despejado y aguzaba la vista podía contemplar los acantilados de Irlanda. Muchos años después Luis Seoane confirmó la teoría, arguyendo que para observar desde el faro milenario lo que uno desea, en ocasiones ni siquiera es necesario abrir los ojos: basta con cerrarlos.

A mí a veces también me da por trepar a la atalaya única de la Torre para ver lo que no percibo a ras de suelo. Con el Nordés inyectándome en la jeta el salitre y los espumarajos del Atlántico, dilato hasta el límite las pupilas de mi cerebro para divisar todas las Irlandas que se han soñado durante siglos desde la terraza de esta linterna de … Seguir leyendo

Shine on me

 

Suena Shine on me. A la luz de la Torre de Hércules, el flexo posado sobre la mesilla de Monte Alto, esta inmensa canción bien podría ser una especie de himno apócrifo de la ciudad atlántica (de esta o de cualquier otra, por supuesto). «Let the light of the lighthouse shine on me», reza el coro. Ya sabemos que cantan a otro lighthouse, tal vez al faro aquel al que se dirigía Virginia Woolf, no sé. Pero cuando oigo la palabra lighthouse, qué le vamos a hacer, se me va la mirada a la península de la Torre, que cualquier día se desata de A Coruña y se echa a navegar por el océano sobre su islote de tojos y pedruscos.

Como ya saben los lectores de mi cuaderno de bitácora, que son agudos cinéfilos, este espléndido góspel se esconde en el metraje de Ladykillers, enésima … Seguir leyendo

Monte Alto

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Seguimos con la literatura de viajes. De viajes hikikomoris por el barrio, claro. Hace ya algún tiempo (5 de diciembre del 2003) publiqué en La Voz de Galicia esta columna, auténtica apología del barrio: Monte Alto.

La ilustración, de Luis Seoane, pertenece a su álbum Homenaje a la Torre de  Hércules (Ediciós do Castro).… Seguir leyendo

Buenos Aires y Galicia, ida y vuelta

Paco nos ha recordado estos días los senderos de ida y vuelta tendidos sobre el Atlántico entre Galicia y Argentina. Galicia, de hecho, tiene bandera porque un buen día la peña, harta de pasarlas canutas en la aldea, metió cuatro cosas en la maleta y embarcó en un paquebote rumbo a América. Cuenta Xosé Neira Vilas que lo último que veían los emigrantes asomados a la cubierta de tercera del buque era la bandera del puerto de A Coruña, una tela blanca con una diagonal azul celeste, y, con la morriña ya incrustada en las meninges, se quedaron con esos colores como enseña (otro acierto que prueba que el azar hace las cosas mucho mejor que los políticos).

Así, con la bandera portuaria en la solapa del cerebro, los viajeros convirtieron a Buenos Aires, primero, en la capital de la emigración y, tras la infame Guerra Civil, en la gran … Seguir leyendo

Cierro los ojos y veo

seoane1.jpgAhora que está de moda la Torre de Hércules, y que parece que los de la Unesco se disponen a declararla patrimonio de la humanidad, conviene recordar que el faro romano cuenta en su currículum con una larga nómina de escritores y/o viajeros que se encargaron de contarnos las aventuras y desventuras del monumento coruñés. Entre esos textos, tal vez uno de los más hermosos sea el que, muy tangencialmente, le dedicó el escritor (y artista total) Luis Seoane bajo el  significativo título de Cierro los ojos y veo. Y como va a hablar el maestro, uno, que asume sus limitaciones, se calla la boca y escucha. Obviamente respeto la ortografía original del autor:

«Habitan en La Coruña y no saben que los viejos de su infancia decían a los niños que desde la península de La Torre, en la misma ciudad se podía ver en los días … Seguir leyendo