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Jóvenes, educación y salud mental: ¿Una buena pareja de baile?

10 de octubre de 2018 a las 0:27

Porque las personas con enfermedad mental siguen queriendo ser felices, es un honor cederle hoy el blog a Enrique Castro, Coordinador de Desarrollo Asociativo de Saúde Mental FEAFES Galicia

Gracias Enrique

Educación y salud mental: ¿Una buena pareja de baile?

La educación inclusiva esel proceso de identificar y responder a la diversidad de las necesidades de todos los estudiantes a través de la mayor participación en el aprendizaje, las culturas y las comunidades, y reduciendo la exclusión en la educación. Involucra cambios y modificaciones en contenidos, aproximaciones, estructuras y estrategias, con una visión común que incluye a todos los niños y niñas del rango de edad apropiado y la convicción de que es la responsabilidad del sistema regular, educar a todos los niños y niñas”. UNESCO

Este año, el Día Mundial de la Salud Mental pone su acento en la educación y la salud mental. Dos ámbitos aparentemente diferentes, pero que a la vez están íntimamente relacionados. Más relacionados de lo que pudiera parecer.

Cuando los chicos y chicas tienen problemas de salud, las escuelas o los institutos se dan cuenta de ello y suele haber una respuesta rápida y, por lo general, eficaz. Las campañas y acciones dirigidas a concienciar sobre la importancia de la buena salud física y la promoción de hábitos saludables son habituales, ya se ponga el acento en la alimentación saludable, la actividad física y deportiva o el autocuidado personal.

Sin embargo, la salud mental tiene muchas menos probabilidades de ser el blanco del interés en los centros educativos y también en la universidad. ¿Por qué ocurre esto y cuáles son las consecuencias de ignorar la importancia de la salud mental en la educación?
La Organización Mundial de la Salud estima que uno de cada cinco niños, niñas y adolescentes tienen problemas emocionales, del desarrollo o de comportamiento, y que uno de cada ocho tiene un trastorno mental.

Los problemas de salud mental se desarrollan temprano, demasiado temprano como para no tomarlos en serio ya. Una reciente investigación de ámbito europeo demuestra que el 50% de los problemas de salud mental en adultos comienzan antes de los 15 años y el 75% antes de los 18.

Un proyecto de 2015 sobre la salud mental en las escuelas en Europa concluyó que alrededor del 10% de los estudiantes de entre 6 y 11 años tenía problemas de salud mental que requerían atención médica.

Si nos fijamos en el estado español, 2 millones de jóvenes de 15 a 29 años (30%) han sufrido síntomas de trastorno mental en el último año. De todos los y las jóvenes que notaron síntomas, solo la mitad solicitó asistencia.

Y todavía hay más: un número elevado de docentes sufre también problemas de salud mental debido a múltiples factores relacionados con su desempeño cotidiano en las aulas.

Las escuelas, los institutos y la Universidad (no nos olvidemos de ésta, pues el número de universitarios y universitarias que tienen problemas de salud mental empieza a ser significativo y apenas existe ningún mecanismo para su atención) ponen al alumnado bajo la presión de “triunfar” en un abanico limitado de asignaturas -ese concepto organizador de los contenidos que va quedando cada vez más obsoleto si no se renueva y actualiza-, mientras implícita o explícitamente se los etiqueta como éxitos o fracasos durante todo ese proceso.

Y en todo ese transcurso de enseñanza-aprendizaje de asignaturas… ¿En qué educamos?, ¿Cómo educamos?, ¿Qué pasa en los centros?

La realidad entra en las aulas y en ocasiones esa realidad no es un libro de texto: violencia en el hogar o en la propia escuela, violencia de género, discriminación por identidad u orientación sexual, acoso escolar, maltrato entre iguales, cyberbulling… Sí, esto también pasa en nuestras escuelas, así como en las familias y en entornos cercanos. No es, ni mucho menos algo generalizado; pero sucede y no podemos obviarlo. (según la Fundación ANAR de Ayuda a Niños y Adolescentes en Riesgo, en 2015 atendieron 23.230 llamadas relacionadas con el acoso escolar, en 2016 fueron 52.966, un 128% más) ¿Educación inclusiva?

Por otro lado, las actividades que pueden favorecer el desarrollo saludable de la personalidad, el control del estrés o la comunicación positiva, como el deporte, la música, la danza y el arte, pierden tiempo de dedicación y están cada vez más relegadas, cuando no totalmente denostadas y olvidadas. “Es que no valen para nada”, “no aportan nada”, “de qué te van a servir en el futuro”, “vaya pérdida de tiempo”… escuchamos una y otra vez.

Tampoco pensamos o reflexionamos mucho acerca del impacto del ambiente escolar sobre los jóvenes potencialmente vulnerables. Existe la idea de que experimentar dificultades o complicaciones puede ser un signo de debilidad, por lo que el alumnado tiende a esconder los problemas y desarrollar un miedo al fracaso y a no ser aceptados. Estas actitudes no solo les impide aprender, sino que además pueden ser muy perjudiciales y negativas para su salud mental.

Ejemplos de esto los podemos leer casi a diario en la prensa, escuchar en los medios de comunicación o simplemente los conocemos porque suceden o han sucedido en los centros de nuestros hijos e hijas. Pero seguimos con la mirada puesta hacia otro lado, como si esto no fuera de vital trascendencia, como si la salud mental de los niños y niñas, de la juventud, de las personas que van a trabajar y vivir en un “mundo de adultos”, no fueran a reproducir lo “aprendido” en tantos años de escolarización.

Hay bastantes posibilidades de que esto pueda suceder… y, en mayor o menor medida, sucede.

Los sistemas educativos pueden convertirse en un factor importante como parte de la solución a estas situaciones. Si queremos afrontar este problema con determinación, seriedad y rigor, debemos reconocer que lo tenemos y que existe de verdad, que no es una ocurrencia de cuatro que estaban aburridos y se sentaron a conversar tomando un café.

La educación es un entorno privilegiado (o debería serlo, al menos) para promover la salud y el bienestar del alumnado durante su experiencia educativa y, posteriormente, en su vida adulta. La escuela puede contribuir a amortiguar y mitigar las desigualdades que muchos niños, niñas y adolescentes sufren en sus entornos, siempre y cuando cuente con los recursos necesarios para ello y el apoyo decidido de las administraciones implicadas. Pero esto casi nunca sucede. Falta decisión, falta perspectiva, falta visión y faltan recursos.

La pareja educación-salud, como decíamos al principio, todavía adquiere más sentido en el área de la salud mental. Las competencias socioemocionales incluidas en el sistema educativo son, para la salud mental, factores protectores que ya señalaba la OMS hace casi 15 años. Y seguimos casi en las mismas.

Parece que la salud mental y la educación están condenadas a entenderse, ya que ambas comparten la misión de contribuir al desarrollo personal y social de los jóvenes, apoyando y reforzando la construcción de un proyecto vital que los acompañará durante su vida adulta. Pero antes deberán conocerse y reconocerse mejor, que sus responsables amplíen el foco de sus visiones, que salgan de sus “cuartos” y se encuentren en el salón de casa para compartir, para coordinarse, para trabajar de forma decidida, constante y permanente en el ámbito de la prevención y la promoción de la salud mental.

Esto ha de hacerse en la escuela, en los institutos, en la Universidad, con los padres y madres, profesores y profesoras, maestros y maestras, con las asociaciones… con los chicos y chicas, niños y niñas. Con decisión, con visión, con rigor, con perspectiva, con ambición, con compromiso, con recursos, con una mirada a largo plazo, no con propuestas “de quita y pon este año y el siguiente ya veremos”.

Lo que nos jugamos es muy importante: contribuir a la salud mental positiva de generaciones futuras. Casi nada. Les estamos esperando… todavía.

Enrique Castro @FEAFESGalicia

Campañas, Derechos humanos, Educación, Exclusión, Inclusión, Organizaciones No Lucrativas, Personas con Discapacidad, Salud, Tercer Sector
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Cuando la medicina desprecia a las mujeres #DosVecesDoloridas

26 de septiembre de 2018 a las 21:10

¿Sabía usted, sobre todo si es mujer, que los síntomas del infarto son diferentes en hombres y mujeres? ¿Qué respondería al tuit de aquí al lado?

La respuesta se la da Milagros Pedreira, cardióloga del hospital de Santiago de Compostela: “A la mujer le perjudica tener síntomas del infarto diferentes a los del varón (…) Si se tienen en cuenta los porcentajes de riesgo y mortalidad, las mujeres mueren más por infarto de miocardio“.

Les tengo que confesar con vergüenza mi profundo desconocimiento de este tema hasta hace pocos meses, cuando Lorena Añón y Natalia Rivas dos referentes en el Trabajo Social y la Terapia Ocupacional lo comentaron, entre otros ejemplos de discriminación en la investigación médica, en el IX Seminario de Participación y Ciudadanía Inclusiva, en donde casi 90 personas, la mayoría en riesgo de pobreza o exclusión, propusieron medidas contra la desigualdad, sobre todo de género.

Reconocer mi ignorancia con el infarto fue un ínfimo primer paso para comprobar hasta qué punto desde hace muy poco la mujer está empezando a dejar de estar discrimininada en la investigación y práctica de la medicina. Empecé a investigar para escribir este post y mi asombro creció:

Las mujeres padecen mucho más de fibromialgia que los hombres. El 85% de las personas afectadas.

El 58% de las personas alérgicas son mujeres (42% hombres). Es clarificador lo que decía la Sociedad Española de Alergología e Inmunología Clínica (SEAIC)  en su informe Alergológica 2015: “Aunque no conocemos la causa, las mujeres se sitúan en cabeza de todas las patologías alérgicas por encima de los varones, excepto en alergia a himenópteros (picaduras de abeja y otros insectos)

Lo mejor, a la hora de tomar una pastilla, es ser varón, blanco, de entre 25 y 40 años y de clase media. Sobre este grupo se hacen las pruebas clínicas y se determina la cantidad y la frecuencia de las dosis” indican Silvia García Dauder y Eulalia Pérez Sedeño en su investigación Las mentiras científicas sobre las mujeres.

Incluso hasta hace poco los procedimientos de detección de ciertas formas de autismo priorizaban a los hombres, y el cambio está suponiendo avances impresionantes.

Optimismo feminista.

En esto estaba yo a finales de agosto cuando encontré la foto y el artículo que abren este artículo. Me saltó el resorte del que les hablaba en ¿Sirve de algo luchar contra la pobreza? y me faltó tiempo para subirlo a las benditas redes sociales.

Para mi alegría este tuit ya se ha difundido miles de veces y muchas personas lo han enriquecido con ideas y propuestas (como esta campaña del Colegio de Medicina de Bizkaia para detectar el infarto de miocardio en mujeres).

Pero el mejor regalo ha sido sin duda el artículo de la periodista y escritora Rosa Montero  Dos veces doloridasLes dejo el enlace. Me emocionó tanto leer lo del “tuit inquietante” y que a miles de personas les puede haber sido útil, que no me resisto a reproducirlo a continuación.

Y sí: esta cuestión, el tuit, este post o el artículo de Rosa Montero hablan de feminismo, de luchar por la igualdad de derechos entre hombres y mujeres.  Lo mismo que decir que no es cierto que se haya reducido la pobreza en España en 2017 cuando la de las mujeres ha aumentado.

Feminismo. Una palabra que produce sarpullidos y agresividad en alguna ruidosa tropa machirula de hombres que se resisten a un cambio imparable. También en este caso. Les recomiendo leer de nuevo ¿Qué hago si están maltratando a mi vecina?

IMPORTANTE:  Me están llegando muchos comentarios por redes sociales de ejemplos de esta discriminación sanitaria. Tanto artículos que la explican como sobre todo casos de mujeres que la padecen o la han padecido. He creado el hashtag #DosVecesDoloridas y os animo a difundirlo para que más mujeres os animéis a contarlo y que no siga estando silenciada esta injusticia.

Gracias por ilusionarme.

Dos veces doloridas

ESTE VERANO, a raíz de un artículo de la revista online Saber Vivir, ha circulado por las redes un tuit inquietante que nos informaba de que las señales de infarto en las mujeres son distintas que en los hombres, y que, según un estudio del doctor Fradejas Sastre, nosotras tardamos de media 237 minutos en llegar a urgencias, mientras que los hombres llegan en 98 minutos. Teniendo en cuenta que casi la mitad de los fallecimientos por infarto agudo de miocardio se producen en las tres o cuatro primeras horas desde el comienzo de los síntomas, este retraso resulta catastrófico: 237 minutos, les ahorro el fácil cálculo, son prácticamente cuatro horas.

Resumiré esas diferencias: dolor agudo en el pecho que se irradia a la espalda, o a los hombros, al cuello o la mandíbula (en el hombre se irradia al brazo); vómitos; a veces el único síntoma es la falta de aire y la dificultad al respirar; sudor frío; ansiedad inexplicable; presión en el pecho y ardores en la parte alta del abdomen. Cuento todo esto porque sin duda es útil, pero de lo que quería hablar en realidad es del sexismo reinante en el mundo de la salud. Y de cómo las mujeres lo tenemos doblemente difícil a la hora de enfermar.

Un investigador en un laboratorio A. TUTTLE / UNIVERSIDAD MCGIL

No sólo el diagnóstico de las dolencias se ha hecho tradicionalmente teniendo como modelo a los varones, sino que la inmensa mayoría de los fármacos se han desarrollado para ellos. Este sesgo machista puede alcanzar cotas asombrosas: en uno de los trabajos sobre la influencia del alcohol en la llamada viagra femenina se experimentó con 25 sujetos, 23 varones y 2 mujeres, aunque se trataba de una píldora que sólo usarían ellas.

Numerosas investigaciones demuestran que en la atención médica primaria, ante los mismos síntomas, a las mujeres se les recetan más ansiolíticos o antidepresivos y a los hombres más pruebas diagnósticas. O lo que es lo mismo: a ellos los creen y a nosotras se nos considera unas neuróticas. Según un informe de la Sociedad Española de Salud Pública y Administración Sanitaria, el tiempo de espera de las mujeres para acceder a una visita diagnóstica con un especialista es un 13,6% más largo que el de los hombres.

Pero lo que más me sobrecoge es la diferencia en el tratamiento del dolor. Empezando porque los analgésicos se han experimentado casi exclusivamente con ratones machos, como dice el investigador canadiense Jeffrey Mogil en un reportaje de Fermín Grodira en Público. Durante años se ha creído que el dolor se transmitía a través de la microglía, células inmunes del sistema nervioso, y los fármacos se han desarrollado partiendo de ahí. Pero Mogil ha demostrado que la microglía sólo funciona en los machos. Los ratones hembras transmiten el dolor a través de otro tipo de células, como los linfocitos T (pobres ratones, dicho sea de paso: no puedo evitar ese pensamiento).

Además de la menor efectividad de las medicinas, a las mujeres nos dan menos calmantes. Según un estudio estadounidense, los pacientes masculinos sometidos a una operación cardiaca recibieron más analgesia que las pacientes femeninas. Otro trabajo realizado sobre 1.300 enfermos con cáncer demostró que las mujeres tenían un 50% más de posibilidades de ser inframedicadas contra el dolor. Un sesgo sexista que también se da en la infancia: una investigación sobre el dolor posoperatorio en menores reveló que los niños recibían más codeína, un potente analgésico opiáceo, mientras que a las niñas se les daba más paracetamol, que no tiene efecto antiinflamatorio y es de una eficacia muy limitada. Resulta espeluznante.

Sin duda habrá doctoras y enfermeras que participen de esa mirada manchada, porque el sexismo es una ideología en la que nos educan a todos. Aun así, parece que hay cierta diferencia. Según una investigación norteamericana, los médicos dan más calmantes a los pacientes masculinos y blancos y las médicas dan mayores dosis a mujeres y negros. Todos sabemos, en fin, que el color de piel y el nivel social discriminan; pero me temo que prejuicios milenarios hacen que no tengamos tan claras unas desigualdades de sexo como éstas que pueden conducir al maltrato sanitario, a un mayor sufrimiento o incluso a la muerte.

@BrunaHusky

Comunicación, Derechos humanos, Desigualdad, Mujeres y hombres, Participación, Pobreza, Salud
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Pobreza rural: Cuando la especie amenazada es la humana

3 de septiembre de 2018 a las 20:48

Invierno o suicidio demográfico, despoblación, abandono, incendios… Parece que muchas de las ideas y noticias que tenemos sobre el campo y el medio rural son negativas, que la única opción que les queda para salir de la pobreza a quienes allí viven es huir mientras puedan.

Y hay problemas graves, si, pero como en cualquier proceso de desarrollo o de intentar salir de la pobreza, el primer requisito es escuchar y trabajar con quienes viven y conocen su realidad y como mejorarla. Y es que los problemas son rurales pero muchas veces se les intentan imponer soluciones urbanitas desde la lejanía de las ciudades.

Desde el terreno y la lucha diaria contra la pobreza y la exclusión, me encanta dejarles hoy con Tamara Balboa, la nueva presidenta de COCEDER, la Confederación de Centros de Desarrollo Rural y coordinadora de actividades del CDR Portas Abertas en la comarca de Verín (Ourense).

Gracias, Tamara

Mozas e mozos en Feilas (Vilardevós / Ourense)

Pobreza rural: Cuando la especie amenazada es la humana

Empecemos a pensar desde lo pequeño. Si pensamos en grande los pueblos nunca van a estar a la altura de los criterios exigidos.

La pobreza rural no es sólo un tema económico. Es el aislamiento, la desconexión, la incomunicación y el fruto de políticas equivocadas centradas en infraestructuras o servicios totalmente inviables e insostenibles, de ahí que las políticas en el medio rural, debido a las variaciones poblacionales, deben ser ante todo versátiles y tratar de aprovechar sinergias, colaboraciones y consensos en cuanto a los ratios a aplicar en servicios educativos, sociales o formativos.

No es lo mismo trabajar en una cabecera de comarca que tener que moverse por los pueblos. No podemos establecer el mismo número de alumnos/as por profesor en un colegio de un ayuntamiento rural que en cualquier otro centro educativo. El criterio poblacional no puede ser el único para determinar la ubicación de los servicios: hay que tener en cuenta la dispersión geográfica, vías de comunicación, posibilidad de transporte público,… e incluso plantear servicios móviles.

Debería ser imposible la existencia de pobreza justo allí donde casi sale espontáneamente mucha de esa riqueza que podría paliar la situación. Deben favorecerse las condiciones propicias para que se empiece a producir riqueza y para que esta llegue al mayor número de población posible evitando la concentración y acaparación de tierras y recursos en manos de unos pocos. Algo que empieza a ser habitual, sobre todo en pequeños pueblos en los que empresas externas están accediendo a grandes extensiones de terreno para diversas explotaciones: mineras, agrícolas, producción energética…

Burocracia contra desarrollo

Tenemos un medio rico, muchas veces versátil, muchas veces con abandono de explotaciones productivas, conviviendo con pobreza y necesidad. La razón de que esto ocurra evidentemente no es natural, sino fruto de la burocracia que arrastra a esta pretendida sociedad del bienestar. Esta realidad, también nos hace patente que no sólo es necesario tener un modo de ganarse la vida en el medio rural, sino también, que necesitamos servicios educativos, sociales o sanitarios y  comunicaciones de calidad.

Los procesos administrativos que en su esencia deben ser garantistas, no lo son tal. La corrupción crece en progresión geométrica al lado que incrementamos estos procesos, convirtiéndose en una traba para poder acceder a la utilización de recursos por aquellos/as que de entrada están en una situación de desventaja.

Hemos fragmentado tanto la estructura administrativa que a veces se hace inoperativa, con departamentos estancos a veces incomunicados e incluso con acciones contrarias. Los ríos a la confederación, los montes a las direcciones generales forestales, la agricultura al departamento correspondiente, medio ambiente por otro lado, patrimonio por otro,… y así toda la estructura ministerial y autonómica y ahora los ciudadanos/as de a pie pongámonos a emprender cualquier proyecto con esto y esperamos a que lleguen todos los permisos y licencias.

Carreteras e infraestructuras para volver, no para huir

A veces pensamos que las infraestructuras son suficientes para el desarrollo. El medio rural es un claro ejemplo de que no es así: las carreteras muchas veces han servido más como rutas de evasión que de retorno y esto ha quedado patente cuando la mejora de las comunicaciones ha propiciado que muchos habitantes del medio rural hayan mantenido su trabajo en este, pero se hayan trasladado a vivir a las ciudades provinciales o a las villas cabecera de comarca.

Por otro lado, encontramos muchas otras infraestructuras que su razón de ser fue su propia construcción y que después protegidas por normas sectoriales de departamentos específicos impiden que sean empleadas por otros departamentos y que estén disponibles para ser utilizadas por los habitantes del medio rural o incluso acoger a nuevos pobladores. Sirvan como ejemplo, las miles de viviendas de maestros, antiguos cuarteles, obras públicas… que están cayéndose al suelo mientras al mismo tiempo hay miles de personas sin una vivienda digna.

Estas estructuras creadas desde lo urbano chocan para proteger el medio rural y consumen enormemente los recursos y energías de los pobladores. Las incompatibilidades y ordenes contra ordenes quedan patentes en demasiadas ocasiones y mientras cada departamento legisla por su lado, el medio rural español se despuebla a pasos agigantados cuando no es tiempo de pensar sino de actuar. Los municipios en los que la media de edad supera los cincuenta años no están para más esperas y esta no es la realidad de uno ni de dos, es la realidad de cientos.

Lodoselo (Sarreaus, Ourense) CDR O Viso

La principal especie amenazada… es la humana

Los habitantes del medio rural sabemos bien las especies animales que han desaparecido o están en riesgo de desaparecer por el abandono del campo o la modificación en las prácticas agrarias.

Si se consigue dignificar el medio rural, revalorizar y facilitar trámites y donde los métodos para hacer no estén encorsetados en formularios y protocolos habremos avanzado mucho. Los costes de garantizar, controlar y proteger no pueden tener como resultado el abandono, ya que la principal especie amenazada en muchas zonas es la humana y cuando esta cae las demás se resienten, ya que los ecosistemas deben estar en equilibrio y en el medio rural es necesario mantener al hombre para preservar otras especies.

Es necesaria una agricultura y una ganadería sostenible y respetuosa con el entorno que además de ayudar a mantener una rica biodiversidad que estamos perdiendo junto a otros muchos saberes, tiene otros muchos beneficios contra la lacra de los incendios forestales. Esta agricultura y ganadería muchas veces bajo los criterios administrativos no es rentable, ni moderna, pero es sostenible y con más facilidades y menos trabas ayudaría a mantener población,. Y es que la ganancia se ha pretendido conseguir con el aumento de la producción y de la dimensión de las explotaciones y no así con el aumento del valor de los productos y la puesta en valor de su calidad.

Debemos pensar para qué y donde queremos producir y facilitar los canales cortos de comercialización. Fomentar las pequeñas explotaciones está en manos de las administraciones, empezando por consumir estos productos en sus propios servicios de restauración.

Sierra de Ronda (Málaga) C.D.R Montaña y Desarrollo

Hablar con quienes pisan la tierra y no desde la lejanía

Hay algo tremendamente importante para luchar contra la pobreza en el medio rural: preservar saberes y fomentar su recuperación. Debemos recordar que  hasta no hace tanto nos hacían autosuficientes. Démosle valor, fomentemos su recuperación, muchas tecnologías eficientes y respetuosas con el entorno que es necesario preservar.

Algo fundamental que se les escapa a todas las administraciones a la hora de legislar sobre el medio rural es poner los pies en la tierra y buscar a los interlocutores válidos y autorizados, que son los propios habitantes, Ellas y ellos son los verdaderos expertos en su territorio. No se puede legislar sobre un territorio desde la lejanía. No se puede gobernar un ayuntamiento rural en el que no se vive y cada vez empieza a ser más frecuente que ni los propios alcaldes vivan en los pueblos.

Somos expertas en vivir mejor con menos.

Las ciudades están generando grandes bolsas de exclusión. Muchas de estas situaciones parecen irreversibles, con el acceso a la vivienda y a un empleo digno y de calidad como principales problemas. Parece claro que esta sociedad no va a generar muchos más empleos, las nuevas tecnologías están substituyendo la mano de obra humana. Esta realidad nos debe hacer plantear el futuro de un modo diferente y empezar a valorar lo que hasta ahora hemos denostado, empezando por la calidad de vida que un medio rural con unos servicios adecuados puede ofrecer.

La exclusión social en el medio rural no es tan extrema como en las ciudades. Las personas no son anónimas en los pueblos: les miramos a la cara y tienen nombre. En el medio rural es difícil ver a personas sin techo, hemos sido capaces de aprender a vivir a con menos y la solidaridad era uno de los valores por excelencia.

El vivir con menos para vivir mejor es uno de los retos que tenemos como sociedad para mantener simplemente este planeta habitable y ello pasa por un territorio habitado, un consumo responsable y sostenible de recursos y la producción de alimentos desde la proximidad y no por la concentración de millones de personas en grandes urbes que tal y como las conocemos empiezan a asfixiar en todos los sentidos.

Tamara Balboa

Alumnado del C.E.I.P Rodolfo Núñez Rodriguez (Vilardevós, Ourense)

Administración, Adultos mayores, Consumo responsable, Corrupción, Desarrollo rural, Desigualdad, Empleo, Exclusión, Inclusión, Medio ambiente, Organizaciones No Lucrativas, Participación, Pobreza, Servicios sociales, Tercer Sector
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La banalidad del heroísmo. Aquí y ahora

24 de julio de 2018 a las 1:15

Victimas Tren Alvia Comisión Investigación

Heroínas y héroes cotidianos. Mi etiqueta y categoría favorita en este blog y la razón principal por la que lo escribo.

Las principales satisfacciones de trabajar en proyectos contra la pobreza y la exclusión me han llegado no tanto de conocer a grandes lideres, gurús de la solidaridad o prestigiosos expertos sino de emocionarme con la dignidad, profesionalidad y compromiso de muchas personas normales y corrientes que por todo el mundo son conscientes de la obligación de no resignarse a permitir que la injusticia y la maldad triunfen. Con Piluca Sanchéz Cantón como ejemplo impecable, sin reclamar protagonismo, reconocimiento  o a que se les califique de “solidarias“.

Hace años, molestaba a algunos hablando del concepto de “la banalidad del mal“, tras ver la película sobre la filósofa Hannah Arendt. Frente a este término, en un comentario Lorena nos descubría que el psicólogo social Philip Zimbardo proponía la banalidad del heroísmo: “los muchos hombres y mujeres corrientes que responden con heroísmo a la llamada del deber, a defender lo mejor de la naturaleza humana a superar la poderosa fuerza de la Situación y del Sistema, a reafirmar con firmeza la dignidad del ser humano frente a la maldad

El 24 de julio de 2013, vivimos unos días terribles en Santiago de Compostela. Desde hace casi quince años, cada dos o tres semanas viajo en este tren que sigue sin las medidas de seguridad oportunas. Muchos de los artículos de este blog se han escrito o ideado entre personas como las 81  fallecidas o las 150 heridas. Quizá por ello la impotencia que sentí ante el sufrimiento de las personas que les querían y su indignación que comparto al comprobar que los responsables políticos y técnicos de tanto dolor no han recibido aún ni un rasguño judicial.

Entonces y ahora hemos tenido muchos ejemplos de esta banalidad heroica y muchas razones para la esperanza.

La mayoría no esperaban reconocimiento, pero hoy me siento de nuevo en la obligación de hacerlo. Desde la entrega de vecinos y vecinas de Angrois (“Todos se han lavado la cara con nuestras lágrimas“, escribía uno en aquellos días) , para quienes se pidió un merecido Premio Príncipe de Asturias de la Concordia y la entrega de todo tipo de personas voluntarias y profesionales: bomberos, Protección Civil, policías locales, personal de Emergencias (061,112), de cuerpos y fuerzas de seguridad, sanitario o de justicia, psicólogos, periodistas…

Gracias por no rendirse

Hoy que en la Plaza del Obradoiro se van a concentrar por quinto año consecutivo centenares de personas reclamando justicia, es obligado hacer un homenaje a la Plataforma Victimas del tren Alvia de Santiago de Compostela. Su lucha constante a pesar de tanto desprecio, corporativismo político, empresarial, técnico (en RENFE y ADIF), y judicial, supone para mi un monumento a la decencia y a la esperanza. 

Tras cinco años de lucha por fin hay una Comisión de Investigación en el Parlamento para depurar responsabilidades políticas. Pero si no pueden estar en el Obradoiro les recomiendo que no se pierdan Frankenstein 04155, el imprescindible y premiado documental que relata esta historia de corrupción y homicidios. O que vean este vídeo que resume, cinco años después, como va su lucha.

Y me permito hacerles de nuevo una sugerencia. Aquellos días fallecía la periodista Concha Garcia Campoy y un tuit recomendaba homenajearla haciéndose donante de médula osea. Otro detalle de este heroísmo cotidiano con  las victimas del accidente fue el elevado aumento de donaciones de sangre en las primeras 48 horas, ¡417 personas donaron por primera vez sólo en Santiago!.

La mayoría de tragedias humanitarias se agravan cuando dejan de salir en la televisión. Es entonces cuando más falta hacen donativos o ayudas. Este caso no es una excepción, pronto dejó de ser noticia, pero las necesidades de sangre siguieron y siguen. Si quieren hacerse donantes de sangre, en Galicia pueden hacerlo contactando con el Centro de Transfusión, Tienen centros similares (¡públicos, por favor!) cerca de donde viven.

Gracias por su ejemplo.

@xosecuns

Entrada actualizada. Original publicado el 1 de agosto de 2013

Administración, Corrupción, Derechos humanos, Heroes cotidianos, Incidencia
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¿Qué hago si están maltratando a mi vecina?

18 de julio de 2018 a las 21:55

Preste atención SI EN SU COMUNIDAD

PRESENCIA actitudes o acciones violentas, vejaciones o insultos de algún vecino a su pareja.

OBSERVA que alguna de sus vecinas presenta sin justificación, moratones en la cara o en el cuerpo, o roturas, o si observa que son reiteradas.

ESCUCHA gritos, golpes o ruidos reiterados y anómalos.

NO VE a alguna de sus vecinas durante varios días, sin que exista o conozca causa aparente y si esta ausencia llama la atención.

OYE lloros de menores reiterados o descontrolados, acompañado de ruidos o hechos anómalos.

PERCIBE en alguna vecina un cambio grande de actitud cuando su pareja está delante.

¿Qué hacer?

Si tiene sospechas fundadas de que puede existir una situación de violencia de género en su comunidad

LLAME al 016 . Debajo tiene los carteles en otros 8 idiomas.

LLAME al teléfono de asistencia a mujeres víctimas de su comunidad autónoma. En Galicia es el 900 400 273 (imprima este cartel en siete idiomas y póngalo en su portal si acaso)

BUSQUE los recursos de su municipio aquí. 

¿EMERGENCIA? LLAME a la Policía (091), Guardia Civil (062) o Emergencias (112)

ACOMPAÑE a la víctima, si es necesario, a un centro médico-sanitario.

SOLICITE información o ayuda a su administrador de fincas colegiado.

No es verdad que…

La violencia dentro de casa es un asunto familiar que no debe salir de este ámbito.

Los malos tratos a las mujeres son algo raro y aislado.

Los celos son una expresión de amor.

No hay manera de romper con las relaciones abusivas.

Esto solo sucede en familias de bajos ingresos o desestructuradas.

Los hombres con problemas de adicciones, desempleados, con mucha tensión en el trabajo…son violentos como efecto de estas situaciones.

Cuando una mujer dice no quiere decir si.

Una mujer maltratada es responsable de lo que le ocurre por seguir conviviendo con ese hombre.

Las comunidades de vecinos y vecinas NO pueden mirar para otro lado. No es posible cerrar los ojos ante un posible caso que se produzca en la casa de al lado. Con mensajes como estos y recomendaciones como las de arriba, me he encontrado este folleto en mi buzón.

Una interesante campaña de prevención de la violencia de género en el ámbito vecinal impulsada por la Xunta de Galicia junto a dos actores que se suman con coherencia a la guerra contra el machismo: el Colegio de Administradores de Fincas de Galicia y la Asociación Española de Auditores Socio-Laborales. Interesante también por su aparente sencillez (y supongo que afortunadamente escaso presupuesto): repartir 30.000 folletos con los conceptos muy claros y directos que se están distribuyendo en las comunidades de vecinos y formación específica para que los administradores de las comunidades puedan canalizar las consultas o sospechas.

¿Se animan a replicarla?

Nota para machirulos indignados

Fuente: www.eldiario.es

Si has puesto algún comentario o tuit indignado o crítico con este artículo (habitual cuando publico algo  sobre violencia machista), verás que te he derivado leer este apartado.

Lo primero sería entender que al igual que una bacteria no es lo mismo que un antibiótico, machismo es lo contrario de feminismo.

Lo segundo asumir cuando antes que el tiempo de los orcos se acaba. Por mucho que envidies en silencio a quienes gritan “Sé un hombre y cubre a tus mujeres”  Y tras el bendito 8M mucho antes de lo que pensabas.

Es obligatorio adaptarse y reeducarse para un mundo que si o si tiene que ser más decente. Empieza por leer 10 ideas para hombres que quieran erradicar la violencia machista

Si eres uno de los 6 millones de puteros de este país, debes saber que muchos estamos exigiendo que vayas a la cárcel o se quede a cero tu cuenta corriente por cometer un delito de violencia machista extrema. (“Facilitar una atención especializada a las víctimas de prostitución y/o trata, como fenómeno extremo de violencia de géneroEstratexia Inclusión Social de Galicia 2014-2020. Página 78)

No cambiar, resistirse, es ser cómplice de la violencia. La de las manadas y la de quienes las juzgan

@xosecuns

Campañas, Comunicación, Derechos humanos, Mujeres y hombres, NO Violencia, Personas, Servicios sociales, Tolerancia
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Salir de la pobreza no es cosa de mujeres

26 de junio de 2018 a las 23:07

La semana pasada, el Instituto Nacional de Estadística (INE) publicó la Encuesta de Condiciones de Vida (ECV) del año 2017, con los últimos datos sobre bienestar, pobreza o exclusión en España y en cada Comunidad Autónoma, Ceuta y Melilla.

Pueden consultar el detalle y los datos de su Comunidad aquí. Quedan meses de trabajo para analizar tanta información, pero quiero contarles la bofetada que me llevé después de ponerme las gafas violeta y analizar las principales conclusiones en clave de diferencias entre hombres y mujeres. Error garrafal no habérmelas puesto antes, o mejor no tenerlas puestas siempre.

Lo realista, como bien resaltan en EAPN España, es mantener la preocupación por los altos índices de riesgo de pobreza y exclusión social que se mantienen. Indicios sobran:

  • Se sale de la pobreza severa y la carencia material severa (no los confundan, como hace El Pais, perdón por la maldad, como son en los periódicos de provincias)… pero no de la pobreza relativa (ingresar por persona menos de 710€ al mes)
  • La precariedad y la pobreza laboral ni se han movido (el 14,1% de las personas que trabajan siguen en riesgo de pobreza)
  • 4 de cada 10 familias monoparentales (1 adulto con uno o varios menores a cargo) siguen en riesgo de pobreza.
  • Han aumentado las personas que no pueden permitirse una comida de carne, pollo o pescado al menos cada dos días (del 2,9% al 3,7%, en Galicia se ha triplicado). Escoger entre ¿Combatir la pobreza o parasitarla? parece que sigue pendiente.
  • Las personas mayores de 65 años aumentan notablemente su riesgo de pobreza. ¿En donde baja menos? Pues en niñas y niños; lo de que son nuestro futuro sigue siendo una perogrullada.
  • Las tasas de riesgo de pobreza o exclusión más elevadas son en Extremadura (44,3%), Canarias (40,2%) y Andalucía (37,3%). Las más bajas en Navarra (13,5%), País Vasco (14,5%) y La Rioja (14,4%). Los gobiernos autónomos de Baleares, Comunitat Valenciana, Cataluña o especialmente Extremadura (¿Qué ha pasado aquí?) deberían estar dando ya explicaciones por el empeoramiento del bienestar de las personas para las que trabajan.

¿Dos buenas noticias?

¿Qué quieren que les diga? Tras años de disgustos viendo estadísticas, no está mal que muchos medios (y yo feliz con ellos) hayan destacado que:

Las personas en riesgo de pobreza y exclusión (AROPE) en España han vuelto a niveles del 2011: 12.388.187 personas, el 26,6%. Una pequeña reducción sobre el 27,9% del 2016, pero son 500.000 personas menos, algo es algo.

Se ha reducido la tasa de riesgo de pobreza en España (ingresar menos de 710,2 €/mes una persona o 1491,3 €/mes una familia de dos adultos y dos menores). Del 22,3% hemos pasado al 21,6% de la población. Lejos de las que había en 2008, pero se reducen.

Es mentira que se haya reducido la pobreza en España. Las mujeres son más pobres

Tú que sabes que tener hijos es cuidarlos, protegerlos y darles lo mejor que se pueda, entenderás que cuando lo máximo que puedes no es suficiente, se siente una enorme frustración…” Dejar de interpretar números y empezar a pensar en personas que sufren cambia la perspectiva. El artículo Tú que tienes hijos, de Gaby Jorquera, y los mensajes de otras compañeras lo hicieron conmigo.

Este gráfico es obsceno, y después del 8M es inconcebible que no haya sido primera página en  la mayoría de medios de comunicación. Mientras en la población masculina se redujo del 22,6% al 21% el riesgo de pobreza… en la femenina AUMENTÓ del 22,1% al 22,2%.

Son mucho más pobres las mujeres mayores de 64 años y las jóvenes entre 16 y 29 años. Y las niñas están en 2017 como estaban en 2016: el 28,6% en riesgo de pobreza.

4 de cada 10 familias monoParentales siguen en riesgo de pobreza, si … en el 81% de estas familias el adulto es una mujer sola. Son familias monoMarentales.

Son menos las personas con carencias materiales severas pero… ¿Quien está peor, hombres o mujeres? La respuesta en los recuadros en amarillo

Les agradezco mucho que me indiquen noticias en prensa, radio, televisión o webs de ONG, en los que hayan salido alguno de estos datos.

La pobreza tiene rostro de mujer

¿Y qué hacemos? Merece la pena difundir el informe de EAPN sobre desigualdades de género y la pobreza de la mujer en Europa presentado el pasado, y bendito 8MEn el apartado de España, Graciela Malgesini explica en dos párrafos varias de las razones de esta desigualdad:

La crisis económica y las políticas de austeridad han afectado más a las mujeres. Durante la crisis económica se ha producido una disminución del gasto social que solamente ahora se ha estabilizado, sin que se hayan recuperado aún los niveles de 2008. Las familias y, dentro de ellas, las mujeres han compensado los recortes en gastos sociales, particularmente en el área del cuidado. Los recortes en los servicios de cuidados han conducido a su privatización y/o a una vuelta a los roles de género tradicionales, al transferir la responsabilidad de la sociedad a los hogares, es decir a las mujeres.

Existen evidencias de que las mujeres se han visto más afectadas por la pobreza y la exclusión social, reflejadas por ejemplo en la tasa AROPE de los hogares compuestos por una mujer con 1 o más niños (familias monoparentales), pero también porque tienen las pensiones más bajas, en particular las de viudedad. La brecha salarial por razón de género, la menor tasa de empleo femenina, la menor participación y movilidad social, la mayor inactividad por responsabilidades familiares son otras realidades detrás del rostro femenino de la pobreza

No nos quitemos nunca las gafas violeta.

@xosecuns

Foto: Euge Neme

Adultos mayores, Desigualdad, Empleo, Exclusión, Menores y jóvenes, Mujeres y hombres, Personas, Pobreza, Riqueza, Servicios sociales, Tercer Sector
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¿Por qué no se puede reducir la pobreza en España? #AporofobiaEconomica

13 de junio de 2018 a las 22:19

Xaquín Marín

Ya tenemos nuevo gobierno y nuevas ilusiones y promesas. Veremos si son palabrería o se hacen realidad, pero al menos el discurso oficial parece haber asumido por fin la emergencia social del aumento de la desigualdad de la renta (a la cabeza de la Unión Europea) o la pobreza (también la infantil).

Hace unos días denunciaba esa concepción de la economía que desprecia y hasta odia o los más débiles. Una “aporofobia económica” que confunde de forma interesada pobreza y miseria, niega que 12.400.000 de personas están en riesgo de pobreza o exclusión en España, no reconoce que tanto la crisis económica como la pretendida recuperación la han pagado y la siguen pagando las personas más pobres, en especial las mujeres. O lo que es peor, que se ha utilizado como excusa ideológica para avanzar en el desmantelamiento del tesoro de nuestro estado de bienestar.

He intentado resumir en ocho factores que creo que motivan el desplome de las rentas más bajas y que España sea un paraíso de la desigualdad. Afrontarlos debería ser la base de cualquier política económica que asegure sin rastro de aporofobia el desarrollo del país.

Tener empleo no es suficiente para reducir la pobreza.

Si ya en España el desempleo es un problema estructural, la reducción de la elevada tasa alcanzada en los años más negativos de la crisis se está realizando a costa de la creciente precarización del mercado laboral y del empeoramiento de los salarios y condiciones laborales.

Desde 2009, el peso de la remuneración salarial en la distribución del PIB ha caído en cuatro puntos. En 2016, mientras los beneficios empresariales crecieron un 200,7% sobre el año anterior, el coste laboral por trabajador se mantiene estancado desde 2012 (Informe “Premiar el trabajo, no la riqueza” Oxfam Intermon)

Una desigualdad que también se acentúa en la estructura salarial: entre 2008 y 2016, los salarios más bajos se han reducido un 15%, mientras que los más altos han crecido un 15,2%.

No debería extrañar que el 13,6% de la población ocupada esté en riesgo de pobreza, o que la última EPA del 2017 alerte del crecimiento del número de hogares con todos sus miembros activos en paro o del número de parados de larga duración.

Las personas desempleadas están en un callejón sin salida y sin entrada, con cada vez menos posibilidades de acceder a unas prestaciones por desempleo cada vez más escasas.

Miren el gráfico: la línea azul que baja son las personas que percibían alguna prestación por desempleo; la roja que sube las que han pasado a estar en riesgo de pobreza. Aporofobia en estado puro.

Tasa cobertura desempleo y % población en riesgo pobreza o exclusión. Fuente: Elias Trabada/Público

Falta de competencia como política social.

España es la economía europea con mayor número de oligopolios y carteles, especialmente en mercados relacionados con la vivienda y los servicios vinculados. Esta falta de competencia, además de suponer una barrera de entrada notable para pequeñas y medianas empresas, provoca que los precios de muchos bienes y servicios sean más elevados, detrayendo renta de los hogares.

Mientras entre 2008 y 2016 los ingresos de los hogares medios descendieron un 1,2%, el precio de la electricidad subió un 46,7%, el gas natural 31,2%, la gasolina un 39,5% y el gasóleo un 22,4%.

Y espántense con este gráfico y el imprescindible artículo de Ana Balseiro que lo explica: entre 2015 y 2018, el precio de algunos alimentos creció hasta cinco veces más que el salario medio.  ¿Se atreven a calcular lo que supone para las personas en pobreza severa que, con suerte, perciben desde hace 8 años los mismos 400€ al mes de una renta mínima autonómica?

Ya ven, defender la libre competencia y el libre mercado para luchar contra la pobreza, justo lo contrario que muchos subvencionados neoliberales de pacotilla hacen. No por casualidad, Joseph Stiglitz inventó el término “capitalismo de amiguetes”, o el primer informe sobre desigualdad de Oxfam Intermon en 2014 se titulaba “Gobernar para las élites. Secuestro democrático y desigualdad económica”.

La corrupción como causa de desempleo

Directamente relacionada con el apartado anterior. La corrupción no es solo una cuestión ética que se pueda perdonar a través de las urnas.

Como advierte repetidamente la Comisión Europea, falsea la competencia, permite que firmas poco competitivas se alcen con contratos millonarios sin ser las mejores para desarrollar los trabajos, por lo que el coste se eleva no solo a la supuesta ‘comisión’, sino también a la ineficiencia del gasto público.

Un informe del Banco de España lo dice de forma más elegante: “el crecimiento económico producido en España entre 1995 y 2007 se focalizó en los sectores con peores productividades, pero con mejor conexión con las administraciones públicas”.

El Estado ha “despilfarrado” más de 45.000 millones de euros en 20 años en infraestructuras innecesarias o infrautilizadas. ¿Hace falta hablar de infraestructuras innecesarias, autopistas rescatadas, el 3%? Quizá si, porque muchos de los nombres de empresas en las que están pensando han encontrado un filón enriqueciéndose, dentro y fuera de España, con la pobreza y la exclusión.

El aumento del precio de la vivienda, sobre todo de alquiler.

Según Eurostat, el 43,3% de los arrendatarios españoles destinan más del 40% de sus ingresos a pagar el alquiler, cuando la media europea es del 27%. España es también uno de los países europeos con menor porcentaje de vivienda social: un 1,1% frente al 32% de Holanda o el 17% de Francia.

Lo que está pasando en el mercado del alquiler de vivienda es una burbuja de manual… y un buen “jugo” para aumentar la desigualdad. Los juzgados emiten más de cien órdenes de desahucio diarias a inquilinos, el 7% más que hace dos años.

El precio de los inmuebles creció un 6,2% en el primer trimestre del año, sobre todo en Madrid, Cataluña y Baleares. Solo en Galicia los alquileres suben hasta cinco veces más que los sueldos.

Fuente: Expansión

El sistema fiscal en España apenas reduce la desigualdad.

Se recauda mal y de manera injusta, ya que son las familias más pobres quienes soportan un peso desproporcionado de los impuestos, sobre todo indirectos, y perciben muchas menos transferencias sociales. En 2014 el 20% de la población más pobre pagó de promedio un 29% de su renta en impuestos, una cifra sólo superada por el 10% más rico.

El 72% del inmenso fraude fiscal español está generado por grandes empresas y grandes fortunas. No debería sorprender que el presidente de la Red Española contra la Pobreza (EAPN España) reclame un batallón de inspectores fiscales y de trabajo para luchar contra la desigualdad. No hay dinero. ¡Mentira!

La pobreza y la desigualdad se heredan.

Aunque creamos que los logros que obtenemos en la vida se deben a nuestro esfuerzo y talento, lo cierto es que en España el techo de cristal, o mejor el suelo pegajoso, que paralizará el ascensor social para los niños y niñas más vulnerables se muestra en múltiples detalles: a los 15 años han repetido curso un 53% frente a un 8% de los de familias acomodadas. Sus padres acuden tres veces más al médico de cabecera, tienen más riesgo de depresión o enfermedades mentales o cardiovasculares.

Nacer pobre implica hipotecarse de por vida y probablemente también la del 80% de sus hijos e hijas y nietos, la llamada transmisión intergeneracional de la pobreza

Y como contraste, el suelo de cristal en el que los hijos de familias de altos ingresos con signos de baja capacidad académica a los 5 años, tienen un 35% más de probabilidades de tener altos ingresos cuando sean adultos que los niños de familias más pobres con signos tempranos de alta capacidad. Los Cifuentes no son precisamente una excepción)

No hay mejor discriminación positiva que el hecho de que la mitad de las fortunas españolas provenga directa o indirectamente de la herencia. Muy lejos quedan las intenciones de millonarios como Zuckerberg, Gates o Buffet de donar la mayor parte de su fortuna a la lucha contra la pobreza a través de la iniciativa “The Giving Pledge” (El placer de dar)

Burocracia

Nuestro trabajo es luchar contra la pobreza, no hacer sudokus burocráticos” es un grito continuo de las organizaciones que deben relacionarse con la administración para llevar a cabo sus actividades (y el de muchas empresas, por cierto).

La multiplicación de requisitos administrativos contraproducentes,creciente inseguridad jurídica y sensación de sospecha y desprecio institucional está perjudicando seriamente a miles de personas en riesgo de pobreza o exclusión social y de paso arruinando entre mostradores y formularios absurdos el prestigio de las políticas sociales públicas o de profesiones imprescindibles en la lucha por la inclusión social.

Es deprimente escuchar a responsables políticas su acuerdo rotundo con este tema pero reconociendo su impotencia casi inexorable para solucionarlo. Y es posible, la Xunta de Galicia se ha comprometido a reducir en dos tercios la información a cubrir y los plazos para valorar las solicitudes de reconocimiento de la discapacidad… ¿y si se extiende esta reducción a todos los procedimientos de inclusión social?

Ausencia y escasa eficacia de políticas públicas que aseguren ingresos mínimos e igualdad de oportunidades.

España es uno de los países más cutres de Europa invirtiendo en políticas sociales. Y es casi obsceno su interés en la lucha cntra la pobreza familiar e infantil.

Les dejo dos gráficos que lo resumen.  Uno de Daniel Fuentes sobre la evolución del gasto público en sanidad, cultura, educación y protección social (excluyendo pensiones) en España y en la media de los 19 países del área euro. Y otro de Unicef España sobre el gasto de prestaciones monetarias para la protección de familias con el que debería empapelar su despacho la nueva Comisaria contra la pobreza infantil.

Evolución gasto público en sanidad, cultura, educación y protección social (excluyendo pensiones) Vía @dfuentescastro

Se gasta muy poco, pero encima sin beneficiar a quien más lo necesita. Lo ha denunciado con inusual claridad la Comisión Europea: España es junto a Italia el país en el que las prestaciones menos ayudan a las rentas bajas. La OCDE lo concreta: el 20,4% de las transferencias públicas va a parar al 10% más rico de la población, mientras que el 10% más pobre sólo percibe el 4%.

Más allá de las pensiones o la decadente prestación por desempleo está la mediocridad. No existe una política estatal ni un sistema estructurado de protección de rentas o garantía de ingresos dirigido a combatir la pobreza, ayudar a las familias o dar acceso a la vivienda.

El último recurso para los hogares en pobreza severa, son las llamadas “Rentas Mínimas de Inserción”, una red de protección fragmentada por comunidades autónomas “que protege poco y a muy pocos” por sus bajas cuantía y unos requisitos burocráticos extremos y basados en la culpabilización y la sospecha sobre las personas perceptoras. ¡Bienvenidas a la Confederación Española de Derechos Sociales Autónomos!

Y el modelo de éxito para reducir la pobreza sin burocracias ni aporofobia está muy claro. Como se indica en el gráfico de la Fundación FOESSA, sin las pensiones de jubilación, ocho de cada diez personas mayores de 64 años estaría en la pobreza, 7 de cada 10 en pobreza severa, con ellas esta cifra se reduce al 11% (al 3% la pobreza severa). Observen la diferencia enorme del impacto en las personas menores de 65 años.

Los españoles toleramos peor la desigualdad que otros pueblos. Un 74% consideramos un problema muy grave la diferencia entre ricos y pobres. Las soluciones para combatir contra la desigualdad están muy claras, sólo hay que tener voluntad política para implantarlas y exigir una economía sin rastro de aporofobia en donde el bienestar de las personas sea la principal prioridad.

Quizá habría que empezar por menos apelaciones a la patria y más al estado social y de derecho, ¿no?.

@xosecuns

Barrio La Rondilla (Valladolid)

 

Administración, Cláusulas sociales, Corrupción, Derechos humanos, Desigualdad, Empleo, Empresa, Exclusión, Impuestos, Inclusión, Inversión social, Pobreza, Rentas Mínimas, Responsabilidad Social Empresarial, Riqueza, Servicios sociales, Transparencia, Unión Europea, Vivienda
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Cuando la economía odia a los pobres #AporofobiaEconomica

27 de mayo de 2018 a las 23:19

Es oficial. La crisis ha quedado atrás y la recuperación económica es un hecho. Se crea empleo por fin, así que la mayoría de las familias más perjudicadas durante la ya superada gran recesión, están mejorando o van a mejorar en breve su situación. AMEN. Es incluso antipatriota no reconocerlo así, mucho más cuando la emergencia obliga a la gente de bien a defender patrias y banderas.

Será oficial, pero no es cierto para los casi 13 millones de personas que en España siguen en riesgo de pobreza o exclusión. Desde que hace un año se lo contaba en ¿Por qué crece la desigualdad en España? sigue estando claro que la recuperación económica es solo para una minoría.

La economía debería ser la ciencia de la pobreza” decía el añorado José Luis Sampedro. El logro del crecimiento económico no es algo importante en sí mismo, solo lo es si nos permite alcanzar objetivos sociales virtuosos” nos recuerda el Nobel Amartya Sen (en el artículo Crecimiento: ¿con desarrollo o con despilfarro? del siempre clarificador Albino Prada).

La única economía que debería importar es la que asegure mejorar la calidad de vida de las personas.

Economía y humanismo no son palabras opuestas, pero la norma parece ser la contraria. En la economía tradicional que hace el ridículo creyéndose una ciencia exacta (tras haber previsto 9 de las últimas 5 recesiones dice un chiste), la aporofobia y el desprecio a las personas en pobreza, es la norma. Y es una de las razones fundamentales para que ésta no se reduzca.

Llegará un día en el que en los cuadros macroeconómicos, al mismo tiempo que datos y objetivos de crecimiento del PIB, inflación, déficit público o balanza de pagos se prioricen y se sigan de forma exhaustiva los de reducción de pobreza y desigualdad, % de gasto en servicios sociales sobre el PIB, reducción fraude y elusión fiscal, etc.

Mientras tanto, se agradecen informes como El Estado de la Pobreza de EAPN España o los de Oxfam Intermon como “Premiar el trabajo, no la riqueza” sobre la desigualdad y la situación de las más pobres a nivel mundial o  “La recuperación económica, en manos de una minoría” sobre la situación en España.

Se agradecen también y merecen apoyarse medios alternativos o webs como Alternativas Económicas, El Salmón Contracorriente, Econoplastas Economía Solidaria o grupos de Facebook de docentes y profesionales preocupados por hacer accesibles Economía y Educación.

Y es aire fresco leer a periodistas y economistas que en medios tradicionales informan con rigor de lo que importa; y en Galicia podemos presumir: Julio Rodríguez, Lara Graza, Santi Riveiro, Rubén Santamarta, Gabriel Lemos, Ana Balseiro, Sofía Vázquez, Marcos Pérez, David Lombao…

Todos debemos apretarnos el cinturón”… pues para nada ha sido así.

Fuente: El Pais

Aporofobia económica es confundir de forma interesada pobreza y miseria, negando que 13.000.000 de personas están en riesgo de pobreza o exclusión en España o no reconocer en cualquier titular objetivo que tanto la crisis económica como la pretendida recuperación la han pagado y la siguen pagando las personas más pobres. Y de una forma nunca vista en los últimos 40 años. O lo que es peor, que se ha utilizado como excusa para avanzar en el desmantelamiento del tesoro de nuestro estado de bienestar.

Y es que España es el país de la Unión Europea donde más ha crecido la brecha entre ricos y pobres desde 2007, sólo por detrás de Rumanía y Bulgaria y empatada con Lituania.  Y se enquista más en España que tras las crisis anteriores.

Cuatro evidencias:

1. Entre 2008 y 2016 mientras los sueldos del diez por ciento más pobre bajaron un 15%, los del 0,03% más alto aumentaron en un 15, 18% 2. Entre 2007 y 2016 mientras que el diez por ciento más pobre vio disminuir su participación en la renta nacional en un 17%, el 10% más rico la incrementó en un 5%, y el uno por ciento más rico, en un 9%.3. Entre 2013 y 2016, con la crisis aparentemente superada, 29 de cada cien euros provenientes del crecimiento económico fueron a parar al 10% con rentas más altas, mientras que tan sólo 8 de cada cien terminaron en manos del 10% más pobre. Cuatro veces más.

4. El dogma de la recuperación económica también está sirviendo para incrementar la desigualdad de riqueza. Entre 2016 y 2017, el 1% más rico capturó el 40% de toda la riqueza creada, mientras que el 50% más pobre apenas consiguió repartirse un 7% de este incremento.

Una desigualdad que se agranda en mujeres y jóvenes.

El 58% de las personas en situación de vulnerabilidad laboral son mujeres. Ocupan la mayor parte de los empleos a tiempo parcial, las que tienen vidas laborales más cortas, las que se concentran en los sectores con menor valor añadido y con menor reconocimiento social y, por tanto, con salarios más bajos. Las que presentan mayores tasas de desempleo y las que más se ven perjudicadas cuando tienen que cuidar solas a sus hijos: el 80% de las familias monoparentales están encabezadas por una mujer, y más de la mitad están en riesgo de pobreza.

El futuro de los y las jóvenes es muy incierto. Además de sufrir las consecuencias de empleos precarios, temporales, parciales y mal pagados, no tienen a la vista un futuro que les permita ser optimistas en lo referido al ámbito laboral y a la igualdad de oportunidades. El salario anual de un joven de 26 años que accede al mercado laboral es hoy un 33% inferior al obtenido en 2008.

Si no se lo creen todavía, el mismo Banco de España, en su reciente informe “La desigualdad de la renta, el consumo y la riqueza en España” reconoce que la desigualdad se está cebando con mujeres y jóvenes. Con datos como que en el 10% que menos cobra por hora el 63% son mujeres, a pesar de que en el total de los asalariados representan el 48%…

¿Por qué la recuperación económica no está sirviendo para reducir la pobreza?

Seis grandes factores creo que motivan el desplome de las rentas más bajas y el aumento de la desigualdad en España. Afrontarlos debería ser la base de cualquier política económica que asegure sin rastro de aporofobia el desarrollo del país. Se las contaré en breve, pero pueden irlas leyendo en este resumen: Sin noticias de la recuperación o aporofobia económica.

@xosecuns

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Explicando en clase por qué abuelas y abuelos están tomando las calles

9 de abril de 2018 a las 21:57

El 21 de marzo, Día Internacional contra el Racismo, con un sencillo pero contundente “Miradnos bien, somos gallegos” la portada de La Voz de Galicia le dio una alegría inmensa a personas como Samba, Amdy, Zinthia, Libass, Alexque o Yosi que se vieron reconocidas como ciudadanas con los mismos derechos y obligaciones que cualquiera de nosotros.

Ese mismo día se publicaba el suplemento semanal La Voz de la Escuela, imprescindible para cualquier persona interesada en la educación. Y este artículo en gallego de Fernando Pariente explicando por qué es vital para niños y niñas entender y apoyar la defensa del sistema del sistema público de pensiones que ha puesto en pie a miles de pensionistas en defensa de sus derechos.

Quizá parezca que son temas diferentes, pero en realidad tienen mucho que ver. De hecho están hablando de lo mismo: el serio peligro de desaparición de nuestro estado del bienestar, forzándonos a pasar de un modelo de sociedad en el que todas las personas que vivimos en España cuidamos unas de otras a otro en el que cada uno se debe buscar la vida y si es un inútil o vago por no hacerlo, aguantarse y pedir limosna si acaso.

Si quieren entender mejor la extrema importancia de esta decisión política y como explicarla si acaso en sus clases, ademas de leer el artículo de Fernando Pariente, les recomiendo ver los vídeos, algunos de los que incluye la unidad didáctica elaborada por la Fundación FOESSA de Cáritas para explicar las conclusiones de su último y monumental informe sobre la pobreza en España. Como bien dicen: “La pobreza no es un problema de la crisis, sino de modelo social

Los abuelos salen a la calle

El pasado 22 de febrero ocurrió algo insólito en España. Los jubilados y pensionistas se manifestaron en más de sesenta ciudades. Numerosas personas mayores mostraron su indignación y su protesta contra elridículo incremento del 0,25 % que se viene aplicando a sus pensiones desde hace cinco años. En muchos casos eso significa un aumento de algunos céntimos nos sus ingresos mensuales. Menos de lo que vale la remisión de la carta con la que el Gobierno se lo comunica cada año. Por eso muchos procedieron simbólicamente a romper esas cartas en público. Parece que en los tiempos que corren se puede producir entre los abuelos un movimiento parecido al de los chicos indignados del 2011.

Las pensiones garantizan a los ciudadanos el bienestar mínimo indispensable. El sistema público mantenido por la Seguridad Social certifica que el Estado cubrirá tanto el cuidado de su salud como la satisfacción de sus necesidades cuando dejen de trabajar por jubilación o no encuentren trabajo. Que el Estado asuma esta responsabilidad es una conquista social tras muchos años de lucha desde mediados del siglo XIX, con la revolución industrial.

Manifestacion en Ferrol por unas pensiones dignas. Foto: José Pardo

En el sistema que funciona en España, el Estado recibe obligatoriamente alrededor de una tercera parte de la retribución de cada trabajador durante toda su vida laboral y financia con esos fondos las prestaciones de jubilación y de paro, cuando estas sean necesarias. Los trabajadores españoles estamos pagando durante toda nuestra vida laboral al Estado para que este cubra nuestras necesidades cuando dejemos de trabajar o cuando quedemos en el paro.

Estas prestaciones están destinadas a toda la población y son, por tanto, un efecto de la solidaridad de unos ciudadanos hacia los otros. Es importante comprender y reflexionar sobre esta idea. Durante toda nuestra vida laboral estamos cooperando para conseguir el bienestar de todos.

Este modelo está siendo objeto de debate porque hay quien piensa que no es económicamente sostenible. Los jubilados entraron en estado de alarma y las pensiones son noticia todos los días, mientras en el horizonte acechan amenazas de recortes en las prestaciones.

Los indignados pensionistas tratan de conseguir que su poder adquisitivo no se vea cercenado por un crecimiento ridículo de sus pensiones frente al alza de los precios de los bienes de consumo. Calentar la casa y pagar la luz cuesta hoy mucho más que hace cinco años, mientras que el incremento acumulado durante estos mismos cinco años en su pensión no pasa de los diez euros en muchos casos. Así que exigen que se aplique a las pensiones el mismo incremento, como mínimo, que se produjo en el año anterior en el IPC (índice de precios al consumo).

Para resolver esta difícil papeleta el Gobierno y los partidos políticos tienen que reunirse de nuevo en el Pacto de Toledo que firmaron hace años. Las personas mayores están en pie de guerra y al acecho del que ocurra.

Nos hace mejores

Desde que existe la Seguridad Social pública nuestra sociedad es mejor porque es más solidaria y tiene más conciencia de cuerpo social. Dejamos de ser una colección de individuos que coinciden viviendo sobre un territorio, para convertirnos en una organización solidaria que se compromete con el bienestar de todos sus miembros. Si sólo nos consideráramos individuos aislados, cada uno se dedicaría a solucionar su vida y, en el mejor de los casos, podríamos ayudar a otros por mera condescendencia, como un acto de caridad. Es lo que se hacía hasta el siglo XIX. Pero gracias a una nueva concepción de la sociedad, esta se convirtió en un conjunto solidario de ciudadanos en el que todos tienen derecho a un nivel básico de bienestar.

Ya no es una cuestión de caridad voluntaria, todos los ciudadanos tienen derecho a vivir dignamente y el Estado, centro de cohesión de todo el cuerpo social, tiene la obligación de garantizarlo. Por eso somos una sociedad mejor y este es un logro irrenunciable.

Un sistema que nació hace 135 años

Esta conquista social, que caracteriza especialmente a las democracias europeas, tiene su origen en las leyes que promovió en el Parlamento alemán el canciller de hierro, Otto von Bismarck, hace 135 años, para imponer un seguro obligatorio contra enfermedades y accidentes a favor de todos los trabajadores de la industria y de la Administración del país.

Bismarck no era precisamente socialista, pero fue el mejor medio que encontró para atemperar el creciente malestar de los obreros alemanes. La nueva ley, que entró en vigor el 15 de julio de 1883, estableció que el coste de estos seguros obligatorios debía ser abonado en dos terceras partes por los trabajadores y en una tercera parte por los empresarios, pero la ley fue impugnada ante la consideración de que no se debía exigir su financiación a los trabajadores. La impugnación prosperó y en 1884 se aprobó que la financiación corriera por completo a cargo de los patrones. Durante los años siguientes a ley se extendió al resto de los trabajadores asalariados y en 1889 se estableció de la misma forma un seguro de jubilación e invalidez.

No hay dinero. ¡Mentira!. Manifestacion en Santiago de Compostela

Con todo, el sistema creado por Bismarck no fue, aun, un verdadero sistema público de seguridad social, porque la prestación de los seguros la realizaban las empresas privadas con las que se contrataba y cubría sólo a los trabajadores por cuenta ajena, fundamentalmente el proletariado industrial y el personal de la Administración. Quedaban fuera muchas mujeres que trabajaban nos sus hogares y los artesanos, los pequeños comerciantes y emprendedores autónomos.

El auténtico concepto de Seguridad Social pública tiene que incluir dos características necesarias. La primera es el carácter público del servicio prestado y la segunda es la cobertura total de la población. Por eso la Seguridad Social tiene que estar organizada por el Estado y amparar a todos los ciudadanos de la nación. Para llegar a la concepción de un sistema de carácter público en el que el Estado se hiciera responsable de forma integral de la Seguridad Social hubo que esperar al año 1938, con la Ley de Seguridad Social de Nueva Zelanda, que sirvió de modelo para muchos países.

Actividades para trabajar en clase…

1) La Constitución española determina en su artículo primero que «España se constituye en un Estado social y democrático de derecho». Esta definición básica de la nación española deja constancia de que nos constituimos como un conjunto solidario de ciudadanos y la organización estatal responde de satisfacer nuestros derechos en pie de igualdad. Eso tiene que ver con la supervivencia necesaria de la Seguridad Social y su carácter público. Buscad en la Constitución española y en el Estatuto de Autonomía de la comunidad los artículos que hagan referencia al derecho de los españoles a disfrutar de una Seguridad Social y a la forma de organizar sus prestaciones.

2) Probablemente no haya nadie en vuestra clase que no haya recibido alguna vez o que no esté recibiendo en su familia alguna de las prestaciones de la Seguridad Social. Muchos tendrán abuelos jubilados que perciben una pensión, alguien puede o pudo tener a su padre o su madre en paro o padeciendo una enfermedad de larga duración y percibiendo la prestación por desempleo, etcétera.

Haced un estudio de la relación de vuestra entorno familiar con la Seguridad Social. Comprobad cuántos miembros de vuestra familia están trabajando, reciben un salario y contribuyen con casi una tercera parte a sufragar los gastos de la Seguridad Social (ellos son miembros activos). Comprobad también cuántos son perceptores de prestaciones porque son jubilados, sufren incapacidad laboral o están en paro.

Comparad una lista con la otra y tomad conciencia de si el resultado en vuestro caso es favorable a la Seguridad Social o lo es a vuestra familia. Reflexionad sobre eso.

3) Para comentar el tema de hoy es muy recomendable que leas los artículos 22 y 25 de la Declaración Universal de Derechos Humanos.

Administración, Adultos mayores, Corrupción, Derechos humanos, Desigualdad, Impuestos, Incidencia, Inclusión, Inversión social, Participación, Servicios sociales
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¿Combatir la pobreza o parasitarla?

22 de marzo de 2018 a las 0:33

Lo sentimos. Pero pretender luchar con una mínima garantía de éxito contra la pobreza y sus causas implica responder previamente a la pregunta del título.

Asistencialismo o derechos y transformación social. ¿Por qué modelo opta usted?  ¿Y la organización a la que dedica su tiempo o su dinero? ¿Y su parroquia o los servicios sociales de su ayuntamiento?

Una de las principales razones que están detrás del fracaso rotundo de muchas políticas y programas de inclusión social es no ser conscientes o pretender esconder esta toma de decisiones (ideológica y política) que se realiza de facto detrás de palabras quizá moribundas como ayudar (a los necesitados o desfavorecidos), solidaridad, caridad, compasión, apolíticismo…

Una aclaración. No vean ni un asomo de crítica a las personas que ante el desprecio del gobierno de turno, buscan dinero como sea para pagar costosos tratamientos a personas queridas, ni a las que dedican su tiempo o su dinero a ayudar a sus semejantes. Tampoco a las organizaciones para quienes estas actuaciones son, y así lo manifiestan, un medio, medidas de emergencia puntuales mientras siguen luchando por la dignidad y los derechos de las personas.

Pero es muy distinto, y en muchos casos obsceno, ver como organizaciones, políticas o profesionales de los servicios públicos lo convierten en un fin en sí mismo, abusando de la buena voluntad de donantes y voluntarias.

Quizás la RAE nos ayude a entender la pregunta del título y la trascendencia de esta decisión con uno de los significados del verbo parasitar: Utilizar como alimento a otro ser vivo sin llegar a matarlo”

¿Parasitar a las personas en pobreza o combatir con ellas las causas de la desigualdad?.

Culpables de ser pobres

En España, donde según la Comisión EuropeaLa desigualdad entre lo 20% más rico y el 20% más pobre es una de las más elevadas de la Unión y sigue creciendo”, un 27,9% de la población se encontraba en el 2016 en riesgo de pobreza (12.964.600 personas). Un riesgo que se dispara hasta el 54% cuando hablamos de alguna de las 1.754.000 familias monoparentales en las que un adulto (en un 82% de los casos una mujer) es el único responsable de los hijos.

Si la pasividad continúa, el 80% de la infancia que se encuentra hoy en la pobreza está condenada a sufrirla el resto de su vida. Y también sus descendientes. Se llama transmisión intergeneracional de la pobreza.

Si es pobre, por algo será. Si le va mal, será que no se ha esforzado lo suficiente. En paralelo a las cifras y como la llovizna, el pensamiento político que culpabiliza al pobre por ser pobre y al parado por no encontrar trabajo, va calando en el discurso político.

La clave está en “responsabilizar al individuo de su situación en una sociedad en la que las estructuras generadoras de desigualdad y exclusión quedan absueltas de responsabilidad”. En concebir un estado del bienestar limitado a los logros y la capacidad de los propios individuos. Es decir, o nos buscamos la vida o asumimos las consecuencias de nuestra incompetencia.

Este discurso triunfa. El rechazo y desprecio al diferente y el fomento del enfrentamiento entre personas y colectivos en exclusión gana terreno: “La culpa de la pobreza infantil es de sus padres”, “Los gitanos son vagos, ladrones o traficantes“, “Las personas sin hogar quieren vivir así y son peligrosas“, “Las personas con discapacidad son una carga para la sociedad“, “Los inmigrantes nos quitan el trabajo o la sanidad“,”Los jóvenes no tienen valores ni aspiraciones“, “Los parados  quieren vivir de las ayudas“…

Estas son algunas de las mentiras y prejuicios que la mayoría de las personas en riesgo de pobreza o exclusión tienen que soportar cada vez más. En muchos casos de personas profesionales o voluntarias en organizaciones o administraciones a las que están obligadas a acudir.

Lo definió de forma admirable la filósofa Adela Cortina al inventar la palabra “aporofobia” (odio al pobre): “El núcleo de la vida social no lo forman individuos aislados, sino personas en relación, en vínculo de reconocimiento mutuo. Personas que cobran su autoestima desde el respeto que los demás les demuestran. Y, desde esta perspectiva, los discursos intolerantes están causando un daño irreparable

Todo para los pobres pero sin los pobres.

Lo peor de estos prejuicios es cuando tu mismo los crees”,“Comencé a salir de la calle cuando dejaron de tratarme como un zombi y sí como una persona”, le escuché decir a Agustín y a Carlos, dos antiguas personas sin hogar…

Este discurso político culpabilizador e individualista requiere zombis para su funcionamiento. Si una persona es culpable de su desgracia, solo puede estar agradecida cuando otras personas de buen corazón, solidarias y caritativas, se apiaden y le dan una ayuda puntual…pero que no acabará nunca.

Este asistencialismo 2.0. triunfa por cuatro razones:

1) Inmediatez: El aquí y ahora. Sin filosofías de fondo ni diseño de proyectos. Es una economía de guerra en una crisis continua (y casi eterna) a la que vencer. Enviemos tropas al frente, demos fusiles y a las trincheras, o lo que es lo mismo, repartamos ropa y comida y abandonemos los proyectos de desarrollo comunitario. No se ayuda a vencer la crisis o la pobreza, simplemente se acompaña.

2) Espectacularidad: Con un inteligente uso de lo lúdico: cenas, conciertos, mercadillos o actos solidarios visualiza sus acciones, recauda fondos, fideliza personajes populares. Todo por los pobres pero sin los pobres en un despotismo ilustrado de lo social que celebra con los incluidos pero nunca con los excluidos. Quizá por esto, en las filas para entregar alimentos solo sonríe quien los entrega. En palabras de Bob Geldof a raíz del éxito de los conciertos Live Aid: ”mi único mérito es hacer del hambre un espectáculo”.

3º) Simpatía: El asistencialismo ha encumbrado a las personas voluntarias acríticas como la quintaesencia de la solidaridad. Sus acciones no requieren de técnica ni de graduados. La enseñanza de ciclos superiores de integración social, animación sociocultural, trabajo social o educación social parecen inútiles. Es suficiente con voluntarias que recojan, apilen y distribuyan.

Son organizaciones queridas. Querer a nuestro fontanero, compañía telefónica o administración pública parece ridículo cuando lo que esperamos es su eficacia. Pero este no es el caso.

4º) Lo cuantitativo: “¡Atendimos a 25.936 personas en el 2017!”. El asistencialismo es imbatible en lo numérico. Su idea de “atender” puede reducirse a dar un kilo de arroz o una pieza de ropa o referirse a atenciones continuadas pero sus números siempre apabullan. Muchas cifras pero casi nunca resultados. Su filosofía parece ser la de “cuantas más personas atendemos mejores somos” cuando debería ser la medición de resultados: ¿Confiaríamos en un hospital que presumiera de que sus pacientes son los que pasan más tiempos encamados pero donde apenas hay altas?.

Despacho de cartillas en Sevilla, 1940 Foto: Cecilio Sánchez del Pando

La desgracia no es un espectáculo

Frente a este modelo exitoso que representa a las personas en pobreza como culpables de su situación, dignas de lástima y permanentemente pasivas, resiste un modelo basado en la defensa de los derechos, en la participación e inclusión activa de las personas.

Conviene destacar el Código de Conducta de la Comunicación contra la Pobreza, que bajo el lema “La desgracia no es un espectáculo” se comprometieron a cumplir las organizaciones de acción social integradas en EAPN Galicia. Para éstas el fin último de la comunicación es el cambio social y promover la implicación y la participación de la ciudadanía.

Hay múltiples iniciativas para luchar contra el discurso del odio, la aporofobia o el desprecio en redes sociales, defendiendo los derechos de las personas e intentando presentarlas de manera realista y desde su dignidad. Campañas como la de Ciberespect, impulsada por Ecos del Sur, No nos juzgues  para luchar contra los estigmas que padece la juventud tutelada desde IGAXES o la campaña Iglesia por el Trabajo Decente impulsada por diversas ONGS católicas, son buenos ejemplos.

El pasado 17 de octubre (Día internacional para la erradicación de la pobreza), el Parlamento de Galicia, con el lema “Las personas no son culpables de su sufrimiento” aprobó por unanimidad una declaración institucional contra el odio y la aporofobia. Durante el 2018 decenas de entidades están impulsando una campaña bajo la etiqueta #MentirasPobreza.

La pobreza y la exclusión como discapacidad social

En la lucha contra la pobreza desde un enfoque de defensa de derechos y respeto a la dignidad también tenemos referentes exitosos de actuación. En multitud de procesos de cooperación al desarrollo pero especialmente en el campo de la ayuda humanitaria, donde la profesionalización y procedimentación son extremas para reducir al máximo el número de víctimas.

Emergencia, rehabilitación y desarrollo. Aplicar las tres fases del continuum humanitario (o contiguum para ser más exactos, dado que no son estrictamente secuenciales) ayuda a visualizar lo nefasto del modelo asistencialista.

En los primeros seis meses de una catástrofe humanitaria la ayuda de emergencia es prioritaria para salvar el máximo de vidas posibles. Desde los seis meses y hasta los dos años de la tragedia la fase de rehabilitación busca reconstruir las condiciones previamente existentes (infraestructuras, economía, servicios, etc.) Y lo antes posible comienza la fase de desarrollo, con intervenciones para mejorar de forma estable la vida de las personas. Siempre con análisis de la realidad, participación comunitaria, creación de capacidades locales, enfoque de género, etc.

En 2008 ya se hablaba en España de emergencia… ¿En 2018 es posible mantener este discurso sin reconocer su rotundo fracaso?.

Desde el punto de vista más técnico es imprescindible citar el desarrollo del modelo Inclúe y su apuesta por una atención de calidad contra la exclusión social severa. Impulsado desde la Fundación Emaus con la colaboración de numerosas expertas de organizaciones sociales y de la administración pública gallega.

En este modelo, al igual que en el ámbito de la discapacidad se pasó de un modelo médico o rehabilitador a una concepción social de la misma, haciendo hincapié en el carácter excluyente de las estructuras sociales y en la necesidad de adaptarse y valorar la diversidad de todas las personas. En el ámbito de la inclusión es necesario desarrollar un modelo de “discapacidad social” que sin dejar de lado los factores individuales promueva la modificación de las estructuras sociales que generan desigualdad.

No estamos ante una crisis temporal, sino ante un cambio de época donde debemos decidir si consentimos seguir avanzando hacia un modelo de privatización e individualización de los riesgos sociales, donde cada ciudadano debe buscarse la vida para asegurarse su bienestar, o defender un modelo de socialización de riesgos donde sigamos cuidándonos y haciéndonos cargo unas de otras.

El discurso asistencialista es cómplice de esta privatización, fomenta la culpabilización, la angustia y paradógicamente, la insolidaridad.

¿Por qué modelo opta usted?

Versión del artículo: Asistencialismo ou cambio de estruturas? escrito junto a Luis Barreiro para la revista Encrucillada

@xosecuns

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12 principios para luchar contra la exclusión social severa

28 de febrero de 2018 a las 23:23

Del profundo abismo de los dogmas políticos, de vez en cuando resurge un clásico: “las ONG son la cara bonita de la privatización de unos servicios sociales que deberían ser prestados por el estado“. Amén.

De esta generalización absurda (y cómplice por cierto de la verdadera y masiva privatización… pero a grandes empresas) que niega el trabajo diario y la filosofía de la mayoría de las organizaciones de la sociedad civil que exigen a las administraciones públicas que cumplan su obligación de liderazgo y supervisión, escribíamos hace un par de años en el vigente ¿Desprecia la izquierda a las ONG que luchan contra la pobreza? 

Hace unos días planteaba en redes sociales una pregunta a profesorado y alumnado de Trabajo Social, Educación Social, Integración Social… ¿Es ético ningunear o generalizar ideológicamente en las clases a ONG de acción social (o de cooperación), negando su papel imprescindible en el sistema público de servicios sociales o de defensa de derechos… aún sabiendo que al hacerlo se está perjudicando gravemente la futura inserción laboral del alumnado?

Mientras hacía esta pregunta, no dejaba de pensar en el esfuerzo y ejemplo que la delegación gallega de Emaus Fundación Social ha hecho en los últimos años para desarrollar el Modelo INCLUE. Su concepto de “discapacidad social” y su apuesta por una atención de calidad en la atención a las personas en situación de exclusión social severa. Implicando desde el principio tanto a nivel político como técnico a la administración pública autonómica y municipal y a organizaciones con la misma filosofía.

Pueden descargar el informe de este proceso aquí, pero me gustaría resumirles los doce principios a los que llegan (página 66) para asegurar una intervención de calidad.

La pobreza no se esconde. Foto: Oscar Vázquez (La voz de Galicia)

1. Apostar por la activación, desde una concepción multidimensional de la inclusión.

Del mismo modo que en el ámbito de la discapacidad se pasó de un modelo médico o rehabilitador a una concepción social que hace hincapié en el carácter excluyente de las estructuras sociales y en la necesidad de adaptar esas estructuras a las características de todas las personas, reconociendo y valorando su diversidad, en el ámbito de la inclusión es también necesario desarrollar un modelo de “discapacidad social que, sin dejar de lado los factores individuales relacionados con los procesos de exclusión e inclusión, promueva la modificación de las estructuras sociales que generan desigualdad.

El entorno laboral, el educacional, el social y la vivienda, las políticas generales y las actitudes de toda la ciudadanía son co-responsables de los procesos de exclusión y, por tanto, parte activa de su solución. Esto afecta a todos los ámbitos públicos y privados, a todas las administraciones y a las instancias privadas, como la patronal, los sindicatos, medios de comunicación, etc.

Aun reconociendo la centralidad del empleo remunerado como elemento básico para la inclusión, es preciso reconocer la necesidad de trabajar otros elementos distintos de la empleabilidad (salud, vivienda, relaciones personales, etc.). Esto implica que el acceso al empleo remunerado no debe siempre considerarse como el objetivo básico de toda intervención y que cabe apostar por una concepción amplia de la empleabilidad, que reconozca el valor inclusivo del voluntariado, el cuidado a otros miembros de la unidad familiar, las actividades artísticas o, incluso, el ocio.

2. Derecho a una intervención de calidad.

Al margen de la regulación legal que en un momento dado pueda existir en una Comunidad Autónoma determinada, un modelo inclusivo de atención a las personas en situación de exclusión social debe tender a asumir que la percepción de apoyos para la inclusión constituye un derecho de las personas en situación de exclusión social. De ello se deriva que la provisión de esos apoyos –bien directamente, bien mediante entidades concertadas− constituye una responsabilidad de las administraciones públicas, no sujeta a discrecionalidad. Desde el punto de vista de la prestación del servicio, esto implica además la necesidad de garantizar la calidad del mismo, y de establecer los sistemas adecuados de inspección, acreditación y determinación de estándares.

3. Reconocimiento y respeto de los derechos.

El diseño de los programas y las intervenciones debe estar enmarcado en el reconocimiento de los derechos que asisten a las personas usuarias de los servicios sociales. Además de sus derechos básicos y fundamentales (a la igualdad, a la no discriminación, etc.) o de los derechos que el sistema de protección social les reconoce (a una prestación de garantía de ingresos o a unos servicios de apoyo para la inclusión social y laboral), las personas, en tanto que tales, deben poder también ejercer en la práctica el derecho a la dignidad, la privacidad y la intimidad, la autodeterminación y la autonomía, la capacidad de elección, o la satisfacción y la realización personal.

4. Individualización, autodeterminación y control.

Uno de los retos fundamentales de un modelo innovador y de calidad en el ámbito de la inclusión social radica en cómo promover la autodeterminación de las personas y su control en relación a los servicios que se les prestan, en la línea de modelos como la atención centrada en la persona o la vida independiente. Ello hace necesario promover un modelo de intervención que tenga en cuenta los condicionantes estructurales de la exclusión, y no se centre exclusivamente en los aspectos individuales de la misma, desde una concepción meramente rehabilitadora de la intervención social.

Más difícil resulta modificar las estructuras e inercias organizativas para garantizar que las personas atendidas tengan un mayor control a la hora de decidir el contenido de las intervenciones, establecer los objetivos de las mismas y evaluar sus resultados.

El acompañamiento individualizado se configura en ese sentido como una herramienta esencial para el desarrollo de este enfoque, en la medida en que puede combinar el derecho a la autonomía y el control de las personas que participan en los programas con la supervisión técnica de los procesos de inclusión por parte de los profesionales referentes de cada caso.

5. Perspectiva de género.

El principio de individualización hace inevitable la adopción de una perspectiva de género que tenga en cuenta en todas las fases de la intervención –diseño de los programas, articulación de los recursos, atención directa a las personas, evaluación de las intervenciones, etc.− las diferentes circunstancias que pueden rodear a mujeres y hombres en situación de exclusión.

La búsqueda de una igualdad real entre mujeres y hombres exige que las medidas y actuaciones diseñadas para la inclusión social se realicen a partir de una perspectiva transversal, que haga hincapié en los diferentes contextos vitales que hombres y mujeres tienen por el simple hecho de serlo. Ello obliga a adaptar los servicios a elementos tales como la posible presencia de responsabilidades familiares, el mayor impacto de los aspectos relacionales en los procesos de exclusión de las mujeres o la relación entre género, exclusión social y salud mental.

6. Desinstitucionalización, vivienda con apoyo y atención en la comunidad.

En el ámbito de la atención a los menores, las personas mayores o las personas con discapacidad, se ha aceptado la necesidad de que los servicios de alojamiento no se presten en centros residenciales de carácter institucional y de gran tamaño, sino en unidades de convivencia, viviendas tuteladas o con apoyo, y otros recursos residenciales ubicados en entornos comunitarios.

En el ámbito de la exclusión es todavía frecuente sin embargo el recurso a equipamientos aislados, institucionales y/o de gran tamaño, en los que el abordaje individualizado de la intervención, así como la autodeterminación y el control por parte de las personas usuarias resulta sumamente difícil, frente a la preponderancia de las necesidades organizativas. Un modelo de calidad debe por tanto basarse en la provisión de servicios de alojamiento en viviendas ordinarias, integradas en la comunidad, desde las que se puede prestar a las personas atendidas los apoyos necesarios.

La apuesta por un modelo comunitario de atención exige también basar las intervenciones en el aprovechamiento de los recursos comunitarios –comerciales, culturales, de ocio, etc.− de la zona en la que esas viviendas están ubicadas. Este enfoque exige también apostar por la búsqueda de alternativas de integración laboral en el mercado ordinario de empleo –con los apoyos necesarios y de forma más o menos gradual−, en detrimento de las fórmulas de empleo especial o protegido.

7. Reducción de daños y servicios de baja exigencia.

En el ámbito de la salud pública se ha aceptado el paradigma de la reducción de daños, renunciando a una concepción lineal de los procesos de inclusión. Asumir este paradigma  en el ámbito de las políticas de inclusión tiene dos consecuencias: desarrollar programas y equipamientos orientados fundamentalmente a evitar un mayor deterioro de las personas en situación de exclusión, aplicando criterios de baja exigencia en el acceso y en la utilización de los mismos; y renunciar a la idea de que toda intervención ha de ser necesariamente escalonada y lineal, y que el acceso a soluciones residenciales independientes sólo tiene sentido como culminación de un proceso previo de inclusión.

8. Apoyos para la calidad de vida.

La mayor parte de los elementos que se han señalado hasta ahora están presentes en el modelo de apoyos, autodeterminación y calidad de vida desarrollado en el ámbito de la discapacidad. La traslación de este modelo al ámbito de los servicios para la inclusión tiene, al menos, dos implicaciones:

La calidad de vida –tal y como la experimentan y definen las personas atendidas− se constituye como regla de oro de la intervención, en paralelo al objetivo de inclusión social. Si bien es cierto que no siempre pueden aplicarse a los servicios para la inclusión social las mismas bases conceptuales que se aplican en el ámbito de la discapacidad, el objetivo de la calidad de vida requiere un protagonismo mayor del que hasta ahora se le ha dado.

Por otra parte, el modelo de apoyos –estrechamente vinculado a la individualización de la atención− implica un cambio en la forma de concebir la intervención de los profesionales, cuya labor ha de centrarse preferentemente en la provisión de apoyos para la mejora de la calidad de vida y para la inclusión social de las personas atendidas.

9. Coordinación interinstitucional y continuidad de la atención.

Un modelo innovador y de calidad en el ámbito de la inclusión social debe articularse de forma que se garantice la continuidad de la atención y la coordinación de todos los agentes que intervienen, desde distintos ámbitos, con un mismo caso, a partir de un modelo de coordinación centrada en la persona.

10. Participación, ciudadanía activa y coproducción.

Cualquier modelo eficaz de trabajo en el ámbito de la inclusión social debe basarse en la participación de las personas, tanto en la definición de su proceso de inclusión, como en la gestión de los centros y recursos en los que participan. En ese sentido, no cabe duda de que implicación personal y participación social son mecanismos interrelacionados cuyo efecto mejora las posibilidades de autonomía personal e integración relacional.

El reto se centra en la búsqueda de herramientas que permitan empoderar a las personas en situación de exclusión social, capacitarlas, para generar y utilizar conocimientos de manera activa y eficaz de forma que puedan superar la barrera que les impide participar activamente en la sociedad, tomar el control de sus propias vidas y, en definitiva, convertirse en ciudadanos y ciudadanas autónomas.

11. Implicación de las entidades en la comunidad.

El trabajo de las entidades que prestan servicios para la inclusión social sólo puede resultar plenamente efectivo si estas entidades están presentes en el tejido social de los territorios en los que operan; si son capaces de participar activamente en las redes comunitarias y de influir en el debate público sobre la exclusión y la desigualdad, haciendo visibles las necesidades de estas personas y su derecho a recibir los apoyos que precisan para la inclusión.

12. Práctica basada en la evidencia y evaluación continua.

Cualquier modelo eficaz de intervención en el ámbito de la exclusión social debe estar basado en la evidencia científica y debe recurrir a intervenciones, prácticas, programas o enfoques cuya efectividad haya sido demostrada. Para ello cabe recurrir a las herramientas que tradicionalmente se han asociado al paradigma de la práctica basada en la evidencia –como los diseños experimentales o las revisiones sistemáticas de la literatura científica− sin olvidar, en cualquier caso, la necesidad de integrar en estas investigaciones y evaluaciones la voz de todos los agentes (incluyendo profesionales y usuarios).

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Mandarinas, una fábrica de ascensores y cinco reflexiones sobre Quórum Global

13 de febrero de 2018 a las 0:53

Si algo saben muchas profesionales de la cooperación al desarrollo es luchar contra la pobreza con muchos menos recursos y en situaciones políticas mucho más difíciles que aquí. Con una formación teórica y sobre todo práctica notable, acostumbradas a trabajar en entornos complejos y a menudo hostiles, creando redes junto a organizaciones locales (contrapartes en lenguaje técnico) desarrollando proyectos con garantía de éxito.

Una de las obscenidades de la ¿pasada? crisis fue el intento de enfrentar a los “pobres del Norte con los pobres del Sur“, cuando las razones de la pobreza y la desigualdad son las mismas y cuando las soluciones o son globales o no serán. Mojarse y aceptar el desafío de politizar, de trabajar en red por la defensa de los derechos sociales ha sido una constante de muchas ONG de Desarrollo y sus coordinadoras  

Hoy les dejo con Jorge Castañeda, uno de los mejores expertos en participación y movilización social que conozco, para que les cuente de que va Quorum Global, una experiencia innovadora e ilusionante en la que están implicadas decenas de organizaciones de todo tipo.

Gracias Jorge

Mandarinas, una fábrica de ascensores y cinco reflexiones sobre Quórum Global

¿Qué tiene que ver una mandarina con el activismo? ¿Y una fábrica de ascensores? Hasta el 23 de enero de este año seguramente nada. A partir del 24, fecha del lanzamiento de Quórum Global, algo más, al menos para mí. De hecho voy a utilizarlos para hacer algunas reflexiones sobre este evento que quién sabe si dentro de unos años recordaremos como el momento con mayúsculas. Como el trampolín para el salto cualitativo hacia un mundo y una sociedad diferentes.

Pero antes de comenzar, para quién no lo conozca, unas cuantas líneas sobre Quórum Global. Se trata de un proceso que tiene como objetivo conectar a personas, colectivos, movimientos y entidades que quieren dar una respuesta democrática y ciudadana a la actual situación de crisis social, ecológica, económica,… para fortalecer su acción política, experimentar y ensayar nuevas formas de trabajar y comunicar conjuntamente y, especialmente, entretejer narrativas hacia un nuevo relato y una agenda compartida.

Una vez realizada la introducción, es el momento de empezar con las mandarinas. Las comimos en la sesión de lanzamiento de Quórum Global que os decía. Y tengo que decir es que fueron un acierto. Fruta de temporada para refrescar y recargar energía. Una imprescindible declaración de intenciones. No puede ser que nuestros eventos acaben con las papeleras a rebosar de botellas de agua de plástico.

La coherencia no es sencilla pero no llegaremos a ningún lado si somos, como escribe Colin Beavan en No impact man:esos típicos progres que se escudan detrás de unos cuantos gestos políticos irrelevantes y pequeñas privaciones en su estilo de vida, y que después se permiten el lujo de emplear el resto de su energía en sentirse superiores a todos los que supuestamente no hacen lo suficiente”. Es decir, el cambio también es para nosotros y nosotras.

Más sobre las mandarinas. Son una magnífica imagen de cómo tiene que ser la comunicación que necesitamos, uno de los grandes temas que salieron en los debates de Quórum Global. Como esta fruta, lo que contamos debería ser lo suficientemente dulce para atraer a los que todavía no nos acompañan en el camino y lo suficientemente ácido como para denunciar sin complejos las estructuras de poder y mecanismos varios que nos han llevado a dónde estamos.

Quizá, si combinamos esa dulzura y acidez con la idea de una comunicación como el sexo -cálida, profunda, con pasión y que lleve a la acción– a la que llegamos hace ya unos cuantos años en Ciudadanía Global al Poder, vayamos por el buen camino. Es probable que sea esa la comunicación que nos permita, como decía Itziar Ruiz-Giménez, nombrar a los que tienen enorme poder, que dividen y destruyen sueños, y que nos venden la idea de que no hay alternativas y de que somos pocos. Ganar la narrativa convirtiéndonos en agentes comunicadores que decían desde Wiriko.

Lo que es evidente que no necesitamos es el lenguaje enrevesado de casi siempre. Como ya hice en Futuro en Común salí de Quórum Global con una lista de “palabros” importante. No los voy a reproducir, ya tenéis un ejemplo en otro lugar, pero lo resumiré con las acertadas palabras de mi amiga Verónica: mucho más “nos vamos al carajo” que “colapso civilizatorio”.

Vamos ahora al otro elemento, el espacio, La N@ve, una antigua fábrica de ascensores en Villaverde. Un lugar no habitual, en el que la mayoría probablemente no habíamos estado. De nuevo lo simbólico. Me sirve para destacar la innovación, la necesidad de estar en permanente alerta para poner en marcha cambios a todos los niveles que nos hagan avanzar a mayor velocidad (ya sabemos a dónde llegaremos si seguimos haciendo lo mismo de siempre).

Me sirve también para recordar que si esto es una cuestión de los de abajo frente a los de arriba -en Quórum Global salieron en varias ocasiones las élites y su responsabilidad- parece que nuestro lugar es mucho más las periferias -los “Villaverdes”- que los centros y los “Salamancas”. Y no sólo en sentido físico, que también, si no de pensamiento y mirada.

Más allá de las mandarinas y el espacio, si este caldo de activismo llamado Quórum Global quiere formar parte de un plato rico, rico, con fundamento, y alimento del cambio social, creo que tiene algunos retos adicionales por delante. Nada de lo que escribiré a continuación es una certeza (tampoco nada de lo anterior), así que os animo a debatir en este mismo post o en redes sociales (podéis encontrarme, por ejemplo, aquí y aquí). Vamos con esos retos:

  1. Menos diagnósticos y más qué vamos a hacer. El problema lo tenemos más o menos claro. Ahora toca actuar, a nivel micro y macro.
  2. Éramos muchos, pero faltaban unos cuantos. En el trabajo en grupos hablamos de bastantes organizaciones, plataformas y movimientos que sería interesante que participaran en el proceso. Para la próxima no podemos olvidar las invitaciones.
  3. Faltan jefes y jefas. Vi a algunas, pero no hubiera estado ver a unas cuantas más. Siendo los que parten el bacalao, también en las organizaciones sociales, hay que conseguir convencerles.
  4. Demasiado “Pertenezco a”. Aunque me soplan desde la organización que el 20% de los asistentes eran “independientes”, me parece que se nos vio poco. Creo que hacen falta más voces que hablen a título individual y no en nombre de una entidad o colectivo.
  5. Reconectamos y repensamos bastante. Quizá, como nos pasa muchas veces, le faltó fuerza a la pata de Repolitizar. ¡Cuánto nos cuesta la política!

Como bola extra, y para terminar, una preocupación a modo de llamada de atención. Fueron varios a los que oí decir que estaban ilusionados con Quórum Global, pero que no podían dejar de pensar que podría ser un evento más que no llevara a ningún sitio. Sin ilusión estamos perdidos. Aunque es fuerte, no podemos pensar que es inmune a la decepción. Toca cuidarla y alimentarla. Quizá con unas buenas mandarinas ecológicas.

@jcponline

@QuorumGlobal

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