La Voz de Galicia lavozdegalicia.es - blogs | Inmobiliaria | Empleo | Mercadillo

Entradas etiquetadas como ‘Sobrado dos Monxes’

Sobrado dos Monxes, Toques y varios de sus personajes

Domingo, enero 25th, 2009

Red Natura del río Tambre. Publico hoy tres páginas en La Voz de Galicia sobre la sierra de O Bocelo y Sobrado dos Monxes. Se trata de un reportaje “muy currado” por el fotógrafo, Marras, que realmente lo ha bordado. Pero por encima de eso quería decir que se trata de un guiño cariñoso a mi amiga Soledad Pereira, que estos días anda de paciente posthospitalaria y eso no es grato, no. Sole conoce el monasterio de Sobrado como muy pocas personas, y es una muy asidua visitante que goza del aprecio general de la comunidad religiosa.

Confieso que cuando publico algo lo releo con miedo. Un miedo que no se me ha quitado en estos 39 años de ejercicio de la profesión. Y si además el periódico pasa de los 600.000 lectores, como es el caso, el miedo atisba el pánico. Así que no me releí. Y siempre que cito a personas de carne y hueso me quedo preocupado. ¿Les parecerá bien? ¿Les parecerá mal? ¿Habré recogido bien lo que me han dicho? ¿O me equivoqué y les causo algún problema en su entorno?

Por ejemplo, si alguien va a San Antolín de Toques, que ahora está impresionante tras la limpieza, quizás tenga la suerte de encontrar a don Cleto, el cura, amable pozo de saber. Y de don Cleto ponemos una foto. No es el caso de Quique, culto y amable miembro de la orden religiosa que reconstruyó el monasterio, porque sólo lo cité.

En fin, siempre queda la duda. Porque esa es la gran ventaja de los seres humanos: dudamos.

Comilona en la Casa do Queixo

Miércoles, septiembre 10th, 2008

Sobrado dos Monxes. Tenía pendiente una visita -la enésima- a Sobrado dos Monxes. Simbólicamente se la debía a Francisco Dotras, quien muy amablemente había hecho un comentario a un post mío anterior (se equivocó en una cosa: el “religioso joven” a que me refería no era Salvador Toro, sino esa gran persona con hábitos o sin ellos que es Quique).

En este caso fui a comer con Ángel y su mujer, los propietarios de la Casa do Queixo. Soy muy reacio a aceptar invitaciones porque temo que puedan coartar, y ya se sabe que a los periodistas nos invitan mucho y de todas partes… para que digamos que todo es maravilloso. Luego tienes que dar un mandoble y el que ayer te invitó te telefonea indignado porque has sido amigo traidor e infiel, y yo estoy harto de decir que mis amigos los elijo yo. En fin, así es esta profesión.

Pero Ángel llevaba insistiendo meses y meses, con constancia digna de mejor causa, de manera que llegó un momento en que me pareció hasta descortés darle un portazo. Además, en el fondo era comida de trabajo puesto que quería presentarme a varios amigos con negocios en el mundo rural. De forma que 12 personas nos pusimos ciegas de excelentes entremeses, pollo de la casa, cordero (¡sensacional!), jarrete, raxo con queso de la propia casa… en fin, que hasta me dejé llevar y tomé una taza de café, con el previsible resultado de que cerca de la una tenía los ojos como platos.

Y como el yantar fue relajado, no tomé notas, así que con mi proverbial despiste no sé cómo se llamaba nadie. A mi derecha estaba el propietario de Avifauna, una iniciativa lucense que me sonó bien y quedé en ir por allí (en La Voz de Galicia ya hemos publicado algunas cosas). A mi izquierda estaba el hijo de Maruja y Antonio, los dueños del sobresaliente Muíño de Pena, de turismo rural y en el municipio coruñés de O Pino, gente muy trabajadora y amabilísima. Enfrente tenía a muy grata moza que se ha metido en una aventura digna de aplauso: rescatar Casa Anduriña, también de turismo rural, centrándose principal pero no exclusivamente en grupos. Y más gente, claro, pero lo dicho: la memoria nunca fue mi fuerte. Durante horas ni siquiera fui capaz de recordar el nombre de la mujer que lleva adelante la gran cantidad de actividades que desarrollan en la Casa do Queixo durante todo el año pensando en los niños, a quien conocí ayer y con quien había hablado en varias ocasiones (perdona, Belén).

Eso sí, a la vuelta me detuve un momento en el monasterio. A comprar una mermelada, claro, de la fábrica esa que Francisco Dotras colaboró a montar. Porque el monasterio de Sobrado dos Monxes y la permanencia de su activa comunidad requiere el esfuerzo de todos. En lo que sea: no hay ayuda pequeña.

Mi admiración por Sobrado dos Monxes

Viernes, agosto 1st, 2008


Ver mapa más grande
Sobrado dos Monxes. Publico hoy en La Voz de Galicia, dentro de la sección Al Sol, un pequeño artículo sobre Sobrado dos Monxes, municipio coruñés que, curiosamente, recibe un turismo selecto y tranquilo a pesar de que su alcalde carece de interés alguno en el tema (no tiene este blog como misión aprobar o suspender alcaldes, pero lo de Sobrado clama al cielo).

Por esas tierras voy mucho desde que hace cinco décadas el padre Cid llevó adelante con tesón y cabezonería la reconstrucción del monasterio, entonces meras ruinas. Mi propio padre, hombre solidario, colaboró en su humilde medida con él. Luego conocí a un religioso joven y hoy no tanto, claro, con el que mantengo una muy cordial relación. Los de la Asociación de Periodistas del Camino de Santiago celebramos unas jornadas entre sus paredes. El colegio local colaboró después en una iniciativa con esa asociación, que presido. En mi vida se cruzó después -en el mejor de los sentidos, porque fue una gran suerte- Soledad Pereira, gran conocedora del cenobio y sus gentes. Qué se yo… Muchas razones para volver reiteradamente al lugar.

A todo eso hay que sumar mi más o menos reciente descubrimiento de la Casa do Queixo, no lejos de la comunidad religiosa. No voy a repetir lo que digo en el periódico, pero sí quería dejar claro no mi afecto por Ángel y su mujer, los dueños de ese establecimiento original y de calidad a quienes he tratado muy poco, pero sí mi admiración por ellos: trabajando sin descanso han fundado tres sociedades en el corazón de Galicia, y en ellas se dejan el tiempo y el alma. Son de esas personas que llevan al país en el corazón y le dedican todo su esfuerzo. ¡Eso sí que es ser gallego!

ojd