La Voz de Galicia
Seleccionar página

Hollywood enmudece

En tiempos de 3D, efectos megaespeciales, alardes virtuales, pitufos tamaño King Size (perdón por la redundancia) y otros avatares, Michel Hazanivicius viene a recordarnos con The Artist que el celuloide, para emocionar, ni siquiera necesita tomar la palabra. Basta una cámara y un puñado de actores para hacer arte. Así nació el cine, mudo y en blanco y negro. Y así fue hasta que Al Jolson le puso voz a El cantante de jazz (el sonoro, y no los disparos de los borrachines, fue finalmente quien largó al pianista de los salones). Pero incluso en este atribulado 2012 los actores se pueden salir de la pantalla (y del mapa) solo con su interpretación. No hacen falta las malditas gafas de plástico ni otras triquiñuelas tecnológicas. Para tres dimensiones, ya tenemos la cruda realidad. Y, para pitufos, ya están los sobreexcitados coristas del Padre Abraham.… Seguir leyendo

Algo más que caspa

El márketing, disciplina que por su capacidad de fabulación lleva camino de convertirse en una de las bellas artes, nos ha bombardeado durante las últimas semanas con el lanzamiento de Torrente IV al hiperespacio comercial. Si uno se queda en la letanía publicitaria puede llegar a tragarse que el cine español no empieza con José Sellier, sino con Santiago Segura y su carpetovetónico sabueso. Pero un simple vistazo a los registros del Ministerio de Cultura zanja la sospecha: entre las diez producciones nacionales más vistas de la historia solo se cuela un Torrente (Misión en Marbella) en el tercer puesto. El resto es un retrato bastante certero del ruedo ibérico: tendido de sol y de sombra. Hay caspa por arrobas, claro, pero en lo alto del ránking no está Paco Martínez Soria, sino el exquisito Amenábar con Los otros.… Seguir leyendo

Aquel cine hecho de carne y palabras


Hubo un cine que se hacía de carne y palabras, con guionistas enjaulados en su caravana tecleando hasta que les sangraban adjetivos por las yemas de los dedos y llegaba el regidor resoplando a buscar los diálogos porque había que rodar la siguiente escena en cinco minutos. Un cine construido con actrices insaciables, omnívoras y mimadas, de ojos delincuentes y letales, que siempre llevaban el salivazo de un insulto guardado en el liguero para escupirlo sin piedad al primer idiota que se les arrimase en la alfombra roja con la frase o la jeta equivocada.
A esa estirpe pertenecía la indómita Elizabeth Taylor, tal vez la última gran estrella de aquel firmamento irrepetible de cuando Hollywood era Hollywood y no esa triste sucursal de Wall Street que ha cambiado a los antiguos peliculeros por gélidos contables con manguitos. Aquel cine era la vida misma. Quizás porque en los camerinos … Seguir leyendo

El primer grito

Siempre me ha hecho gracia esa polémica ontológica de si fue primero el huevo o la gallina, porque para mí, incauto filósofo de andar por casa, está claro que primero fue el huevo, otra cosa es de dónde demonios salió el huevo si no había ninguna gallina merodeando por el corral. Eso queda para el CSI. Y hablando de huevos, gallinas y de quién se sube antes al tren de la historia, tenemos la gran paradoja del grito de Wilhelm. Porque en el caso del grito de Wilhelm, primero fue el grito y luego, cuando ya nadie esperaba a Wilhelm, ni al huevo, ni a la gallina, llegó Wilhelm y puso el grito en el cielo.

Este del vídeo es el primer grito de Wilhelm, el auténtico, el primigenio. El chillido suena por primera vez en esta espeluznante escena de Tambores lejanos (1951), aunque no fue bautizado oficialmente hasta que … Seguir leyendo