La Voz de Galicia
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Enrique Vila-Matas (Barcelona, 1948) ha cambiado de editorial, de agente y hasta de casa. Ha dejado su legendaria atalaya de la Travesía del Mal -como apodaba a su antigua calle: la Travessera de Dalt-, desde la que veía Barcelona derramarse hasta el mar, por un piso en el bullicioso Ensanche. Pero lo que no ha mutado es su literatura, felizmente heterodoxa, al margen de capillas y academias. Es la voz más radicalmente innovadora de su generación y, cuando todavía late el «salto inglés» que trazó en marzo con la edición de Dublinesca, Vila-Matas vuelve a tensar las neuronas de sus devotos con la publicación del ensayo Perder Teorías (Seix Barral) y la obra colectiva El juego del otro (Errata Naturae), en la que comparte espacio y travesuras con Paul Auster, Jean Echenoz, Barry Gifford y los artistas Paul Klee y Sophie Calle.

-En El juego del otro mantiene una curiosa charla con Jean Echenoz sobre las imposturas literarias.

-En la conversación hablamos de un bar de Barcelona, llamado El Aviador, que existió muy poco tiempo y que a Echenoz le entusiasmó la noche que nos llevó allí Sergi Pàmies, porque era como una escena de sus novelas, todo lleno de hélices, de fotos de aviones, de aviadores… Como hablamos de la impostura, parecía que yo me había inventado lo de El Aviador, pero no me lo invento.

-Siempre hay esa sospecha de que en sus libros todo es inventado, o medio inventado.

-Sí, siempre la hay. Pero normalmente no hay nada inventado. Lo parece, pero no lo es.

-Y con Echenoz charla además sobre el mundo de las presentaciones literarias.

-Porque somos muy amigos, pero solo nos hemos visto cuatro veces y siempre en presentaciones de libros. Entonces ahora hemos decidido organizar la presentación de un libro que no existe y así seguimos conociéndonos a través de presentaciones de libros.

-En el volumen también comparte páginas con Paul Auster, con el que tuvo un encuentro en Nueva York.

-Lo conocí a través de Eduardo Lago, que lleva más de 25 años en Nueva York. Se cansó de este país y fue a Nueva York a iniciar una nueva vida, a ser otro. Él se fue a vivir a Brooklyn y se convirtió en un escritor del barrio. Entonces fui a casa de Paul Auster por esto, simplemente porque yo era un amigo de un escritor del barrio, Eduardo Lago, así de sencillo. Si a ello añadimos que Auster es muy cordial y un tipo muy sencillo, pues fue todo muy fácil.

-Acaba de publicar Perder teorías, un anexo de Dublinesca que propicia una curiosa relectura de la novela.

-Sí, pero lo que ocurre es que el texto de Perder teorías procede de una conferencia que di en el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona, titulada El sentido de la espera, y que en realidad fue el origen de Dublinesca. O sea que se ha entendido mal, porque en Francia se publicaron al mismo tiempo Dublinesca y Perder teorías; en cambio en España se publicó en septiembre, mientras que Dublinesca salió en marzo. Incluso en alguna reseña se ha dicho que es un oportunismo mío el colocar ahora un anexo de Dublinesca. Nada más lejos de la realidad, cuando Perder teorías es el origen de Dublinesca, y no al revés.

-Y por eso, porque es un punto de partida, los cinco rasgos esenciales de la novela del futuro que describe en Perder teorías se aplican ya en Dublinesca.

-No los apliqué deliberadamente, porque no estaba pensando en aplicarlos, pero luego me di cuenta de que en realidad es lo que he hecho.

-«Se hace teoría al andar», como apunta en otro pasaje.

-Sí. El truco sería publicar la novela y al lado el librito de teoría, como en Francia. Dados los tiempos que corren…

-¿A qué se refiere?

-Ahora las editoriales dicen que tienen dos secciones, la de best seller y la de novela literaria…

-Eso de «novela literaria» es una expresión por lo menos peculiar, ¿no?

-Sí, en una ocasión le preguntaron a Eduardo Lago si no creía que su novela era «demasiado literaria» y él se quedó pasmado… Como está en Nueva York y no está enterado de lo que pasa aquí…

-Una novela demasiado literaria…

-A mí una vez por la radio me preguntaron: «Oiga, ¿pero qué le pasa con la literatura que le interesa tanto?» [Risas]. Es como si a un torero le preguntan: «¿Qué le ocurre a usted con los toros?».

-La blogosfera también le interesa especialmente.

-Sí, en los blogs obtengo mucha información y me entretengo mucho, sí.

-En la literatura española usted es de los pocos que hace uso sin remilgos de Internet. ¿Por qué tantas cautelas?

-¿Sabes qué pasa? Me atrevo a decirte que eso es por la falta de curiosidad española, que todo esto no les interesa. Hablo muy en general, claro.

-Pero sin curiosidad acabamos metidos en un mundo muy cerrado, ¿no?

-Sí, muy cerrado, sí. España ya lo era y sigue siéndolo hacia lo extranjero.

-Es paradójico que siga sucediendo ahora, cuando la Red abre muchas puertas.

-Pero España es un país muy cerrado, que además se cree que es el centro de la literatura en castellano, cuando ya no lo es, cuando el centro se ha desplazado por completo. Buenos Aires es mucho más potente literariamente que Madrid o Barcelona.

-Están haciendo cosas interesantísimas en Argentina. Piglia, Aira, el añorado Fogwill…

-Muy innovadores y muy diferentes. Yo lo de aquí lo veo muy pequeño. Además es así: América Latina es muy grande y España es un país muy pequeño. Yo lo veo con el Cervantes, que sea un año para un español y otro año para un americano…

-La proporción es algo desproporcionada.

-Sí. Y la proporción también está mal porque entre los latinoamericanos premian a los más académicos, a los que tienen más influencia, pero que no son precisamente los mejores escritores.

Vila-Matas ya está sumergido en la creación de su próxima novela, «una investigación sobre el fracaso y el mundo de las citas literarias» que se publicará en el 2012. Pero un año antes verán la luz seis títulos, entre ediciones de bolsillo y recuperaciones, como En un lugar solitario, volumen que reunirá sus cinco primeros libros.

-¿Les añade algo nuevo?

-Lleva un prólogo larguísimo mío, que es mejor que el resto del libro y explica por qué los hice, al estilo de París no se acaba nunca. Me ha servido a mí también, porque he descubierto que era solo lector de poesía y como no había leído narraciones, no tenía ni idea de narraciones, y no sabía hacer narraciones. No es que me justifique, es que yo mismo descubro por qué esos comienzos tan vacilantes, a parte también de que trabajaba poquísimo, llevaba otra vida, en fin…

-Y ahora que el género parece resucitar, en el 2011 volverán a las librerías los cuentos de Vila-Matas. ¿Qué relatos reedita?

Chet Baker piensa en su arte es una antología de los cuentos desde Una casa para siempre hasta uno inédito de 80 folios, El Doctor Finnegans y Mr. Gide, que es un poco como La noche de Génova de Paul Valéry. Mi personaje va a Turín y se encierra una noche, para intentar crear un artefacto como el Finnegans Wake, pero que la gente lo pudiera leer como si fuera un Simenon. El problema de Chet Baker… es que es un texto duro, muy duro. Por eso lo publico dentro de este libro, porque sería difícil publicarlo como un texto independiente.

-Hay que regatear al mercado.

-El otro día oía a una ministra que citaba la frase de Darwin: «No sobreviven los más fuertes, ni los más inteligentes, sino los que mejor se adaptan al medio». Es cierto. Esto es lo que ocurre con el mercado. Miguel Ángel con la Capilla Sixtina también se adaptó al medio, porque lo que había era un Papa y un encargo, y a lo mejor él lo hubiera querido hacer en otro lugar, pero del encargo de un Papa sacó la Capilla Sixtina. Se adaptó. Así sobrevives.

 

Ilustración: Edgardo Carosía

Entrevista publicada hoy en La Voz de Galicia