La Voz de Galicia
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https://www.youtube.com/watch?v=FS12nNMQEZ8&feature=related

El Smithsonian de Washington, que no es precisamente un museo de chiste, le dedica estos días una exposición a Jim Henson, el creador de los teleñecos de Barrio Sésamo. Las míticas marionetas saltaron a los papeles el año pasado porque en Estados Unidos su edición en DVD había caído en las zarpas de la censura debido a que la pandilla de Sésamo no encaja ya, treinta años después, en los cánones de lo políticamente correcto (o sea, correctísamente ñoño, peñazo y demás palabras con eñe que no me atrevo a escribir). Un delirio, vaya.

Menos mal que el gran museo de la capital yanqui restaña un poco las heridas con esta exposición en la que, pasando mucho de los censores y de sus tijeras de mente estrecha, resucitan la rana Gustavo, intrépido reportero que generó más vocaciones periodísticas que el orondo Lou Grant; la acosadora cerdita Peggy; Coco y sus mundos imaginarios y volátiles; el conde Draco y sus matemáticas dementes; Triki, el entrañable monstruo de las galletas, al que algún espabilado quiere recetar la dieta del pomelo; y, claro, Epi y Blas, que inventaron la pareja de hecho antes de que ZP siquiera soñase con llegar a la Moncloa, y que, según los analistas, forman el dúo que mejor ha representado en la pantalla el desgaste que genera la convivencia, llámese matrimonio o colegas con beneficios. Esas escenas de las camas gemelas, con Epi quemando a Blas a golpe de réplicas y contrarréplicas, son el gran retrato del roce conyugal, que, ya se sabe, a veces hace el cariño y otras, en cambio, acaba en el juzgado. Toma revival.