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Archivo para octubre, 2010

La galaxia Perec

Sábado, octubre 30th, 2010

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«Abre bien los ojos, mira». La cita, extraída del Miguel Strogoff de Julio Verne, es el primer fogonazo que recibe al lector que se zambulle en las páginas torrenciales de La vida instrucciones de uso, la novela estelar que vertebra la constelación literaria y artística de Georges Perec (París, 1936-Ivry-sur-Seine, 1982). Esa sencilla frase es el único punto de apoyo que se necesita para asomarse a una galaxia que ha convertido a su autor en uno de los escritores fundamentales de la segunda mitad del siglo XX y, más allá del territorio de las letras, en uno de los creadores más influyentes en el arte contemporáneo. A la reivindicación del legado perequiano se suma la Fundación Luis Seoane con Pere(t)c, una exposición de producción propia que traza un recorrido fascinante por los escritos, películas y proyectos artísticos de Perec y por la huella que su obra multiforme ha imprimido en otros autores.

«Más allá de hacer un estudio sobre su complejísimo universo, nos interesaba también analizar a Perec no solo como un escritor en el sentido más clásico del término (si es que podemos hablar de ‘‘clasicismo’’ en Perec), sino como un autor cuya dimensión visual es esencial. En su caso la imagen, en todos los sentidos de la palabra, la fotografía, la película, el cuadro, el sello, el cartel, el dibujo… es como gasolina para la máquina narrativa de Perec», señala Alberto Ruiz de Samaniego, director de la Fundación Luis Seoane y comisario de la exposición.

La muestra culmina más de un año de investigación de los rastros perequianos y recopila importante material inédito en España, que se exhibe ahora en Galicia gracias a la colaboración de la Asociación Georges Perec de la Biblioteca del Arsenal de París y de la viuda del escritor, Paulette Perec. «La exposición coloniza todo el edificio de un modo lúdico», apostilla Samaniego, hasta el punto de que las piezas invaden espacios del museo tan poco convencionales como los cuartos de baño o las escaleras. Todo un guiño perequiano, al igual que el título de la muestra, Pere(t)c, que además de jugar con ese etcétera que siempre deja una puerta abierta a lo imposible, recrea el apellido primigenio del autor: un Peretz sefardí que el escritor tuvo que camuflar como Perec, tras la muerte de su padre en el frente durante la Segunda Guerra Mundial y de su madre en Auschwitz, para borrar cualquier eco de su origen judío polaco y salvarse de la maquinaria del exterminio nazi.

A lo largo de este asombroso itinerario por el laberinto perequiano, el espectador se encuentra con manuscritos y fragmentos de las principales obras literarias de Perec, a los que se suman algunas de sus famosas listas y enumeraciones, una selección de los bocetos preparatorios que, a modo de story board, dibujaba para planificar títulos como El gabinete del aficionado o La vida instrucciones de uso, de la que se puede ver aquí un documento de su puño y letra en el que el escritor describe los movimientos de salto de caballo para pasar de casilla en casilla por los apartamentos del inmueble parisino en el que transcurre esta novela infinita. Los devotos también pueden contemplar el dibujo de Saul Steinberg que sirvió de punto de partida para la invención del famoso edificio perequiano o el cuadro dentro del cuadro en el que se basa el relato de El gabinete de un aficionado.

El efervescente Taller de Literatura Potencial (OuLiPo), grupo fundado por el escritor Raymond Queneau y el matemático François Le Lionnais y en el que participaron autores como Italo Calvino, cuenta con un espacio sobresaliente en la muestra, en el que se presentan algunos de los juegos visuales y lingüísticos fabricados por este colectivo, al que Perec aportó piezas clave como su novela El secuestro, escrita en francés sin utilizar la letra e (la traducción española prescinde de la a).

Uno de los principales hallazgos de la exposición, como subraya Alberto Ruiz de Samaniego, es la reivindicación de Perec como realizador y guionista cinematográfico, del que se recuperan largometrajes, documentales y ensayos visuales como Un hombre que duerme, Relatos de Ellis Island o Los lugares de una fuga.

Pere(t)c incorpora asimismo el tributo que rinden al autor una serie de artistas marcados por su estela, ya sea porque colaboraron directamente con él (como Cuchi White, Jean-Luc Parant o Bernard Plossu) o porque, a su modo, se proclaman herederos del escritor, como los españoles Ignasi Aballi, Amaya González Reyes o Isidoro Valcárcel Medina.Otro de los proyectos que rescata esta muestra es la célebre serie Tentativa de agotar un lugar parisino, que desvela el afán por capturar un espacio, a través de descripciones y fotografías tomadas año tras año en puntos como la Rue Villin, la calle de su infancia, que acabó sepultada bajo un parque. Un afán que, como aclara Samaniego, encierra en realidad «la obsesión por la memoria, por la lucha contra la devastación del tiempo» que atraviesa la insondable obra de Perec.

 

Macroeconomía y microrrealidad

Viernes, octubre 22nd, 2010

La macroeconomía tiene tela. Es cierto que no ha servido para que la tribu de los premios Nobel detectase la llegada de la crisis, pero al menos vale para que se luzcan los listillos, esos abusones que, a la mínima, sacan del bolsillo un informe del FMI y te aplastan con sus dogmas. Enredados en esta telaraña, olvidamos el microcosmos del hogar, esa trinchera en la que se libra la auténtica guerra de la crisis, porque a pie de obra no hay yuan ni diferencial con el bono alemán que valga. La batalla se reduce a que los ingresos sumen un céntimo más que los gastos. Esa es la cruda realidad financiera de ese 20,8% de la población española que sobrevive bajo el umbral de la pobreza. Es la microrrealidad que no ve la mirada miope de la macroeconomía.

Año diez

Martes, octubre 19th, 2010

Me sorprendió oír el otro día a un político hablar del año once (2011, claro). Ya tiene mérito, pensaréis, asombrarse con lo que suelta un político, dada su capacidad para fabricar artefactos verbales inútiles (inútiles en el mejor de los casos, por supuesto). Pero, en fin, aquello del año once me conmovió, me sonó a película de romanos, al emperador Augusto y así. Como si se hubieran esfumado de pronto dos mil años y tuviéramos que empezar de nuevo desde el principio. Luego volví a tropezarme con el año ocho y el año nueve (del siglo XX) leyendo Viejas historias de Castilla La Vieja, esa delicia trazada por Miguel Delibes sobre un puñado de páginas, y comprendí que, en efecto, de vez en cuando conviene poner el contador a cero y ensimismarse con el chopo, los perdigones y el abejaruco como el sabio castellano. Tal vez sea más sensato olvidarnos del dos mil de aquella odisea en el espacio que nunca acabó de llegar y contar los años a pelo, con los dedos, como los parvulitos. Tal vez podamos empezar por ahí esa cura de humildad que estamos pidiendo a gritos.

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