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La tele plana

Escrito por Luis Pousa
1 de Agosto de 2010 a las 8:28h

En verano la tele se pone plana. Y no me refiero a que el cacharro de tubo que heredamos del abuelito se transforme de golpe en uno de esos artilugios molones de plasma de cincuenta y pico pulgadas. Qué va. Lo que pasa es que esas cadenas mesetarias, madrileñas y madridistas consideran que el cerebro, al contrario que los demás materiales, no se dilata con el calor, sino que se achica, según la técnica de reducción de cabezas de los jíbaros. Por eso estos programadores centralistas nos asestan una parrilla remendada con largometrajes de Cantinflas, Joselito y Marisol. Y corazón, mucho corazón, salsas rosas, sálvames, norias y demás purines, hasta que el espectador, obturadas las arterias cerebrales por los dimes y diretes de tantos jorgejavieres y belenes, cae en el encefalograma plano y ya solo se oye ese pitido de fondo que no sabemos si es el televisor mal apagado o que al tipo ya no lo salva ni el doctor House, que, por cierto, no vuelve hasta septiembre.

*Artículo publicado hoy en la sección Rostro pálido de La Voz de Galicia

¿Desconectados?

Escrito por Luis Pousa
31 de Julio de 2010 a las 8:31h

Hay que desconectar, espeta, el veranito es para desconectar. La coña —o la paradoja, que suena más finolis— es que el pijolas que nos insiste mucho en eso de que hay que desconectar es el mismo que para irse a la casita rural con encanto, agazapada junto a una fervenza de postal en medio de la nada más absoluta, se asegura primero de que las pallozas del lugar sean enxebres, sí, pero que tengan wifi a diez megas y cobertura 3G. Porque, para desconectar, el urbanita aterriza en medio de las leiras con su todoterreno guiado por GPS, aunque el paraje caiga a un escupitajo de su dúplex de la periferia, y lo primero que hace, antes incluso de bajar a la suegra para que se airee, es comprobar que furula la PDA, que en las aldeas ya se sabe. Y así, para quedar desconectado del todo, se tumba bajo la parra enganchado al portátil, el Facebook, el móvil, el Twitter y el mp3, mientras el cativo, anestesiado, babea sobre la consola y el DVD. Toma desconexión.

*Artículo publicado hoy en la sección Rostro pálido de La Voz de Galicia

 

 

Tauromaquia

Escrito por Luis Pousa
30 de Julio de 2010 a las 11:11h

En Cataluña prohíben el arte de Cúchares, pero no dicen ni mu de otras artes taurinas veraniegas, como el encierro de turistas, a los que se lleva a punta de periódico y vara desde los corrales del autocar climatizado, por las callejuelas del casco histórico, hasta el bareto del primo segundo del guía, siempre al quite, qué industrioso. Recibe a puerta gayola, clavada la rodilla sobre el serrín escupido de la tasca, y pastorea a los viajeros, a los chupitos invita la casa, hasta que ya cabecean, amansados, y, ahí sí, el primo segundo, si la autoridad lo permite, se luce en un toreo de salón al natural. Qué zurda. No hay lance de muerte, claro, porque el turista estoqueado no gasta tarjeta de crédito, pero el cliente cuellicorto pasa por la suerte de banderillas y el castigo de varas hasta que, arrimado a las tablas, el primo culmina la faena con el rejonazo final (600 euros por dos menús del día con tintorro). El turista dobla las manos y, con la espuma en la boca, ya solo pide el descabello.

 *Artículo publicado hoy en la serie Rostro pálido de La Voz de Galicia

Tufillos

Escrito por Luis Pousa
29 de Julio de 2010 a las 8:49h

Hay peña de oído finísimo, casi ultrasónico, y peña con pabellón de piedra, que no distingue el Ave María de Schubert del de Bisbal. Con las narices sucede lo mismo. Hay napias obtusas, cegatas, y pituitarias con rayos X, capaces de definir el último matiz de la madera en un copazo de reserva. La nacha sensible, en verano, es una condena, una maldición sin tregua. Porque el narigudo de olfato superheroico entra en un bus urbano, pongamos que al mediodía, y cae en coma irreversible, aniquilado por el retablo de cheirumes macerados por el sol, la falta de ventilación y la orquesta desafinada de las glándulas sudoríparas. El estío, más que la sonata de Valle-Inclán, es una opereta en la que canta el pinrel, sí, pero sobre todo el alerón o axila, que a ciertas horas sube el tono más que una de esas sopranos orondas y de carnes barrocas. ¿Qué fue de aquellos veranos que olían a limones del Caribe, cuando la chavala de Fa alzaba su sobaco inmaculado sobre las olas?

*Columna publicada hoy en la sección Rostro pálido de La Voz de Galicia

El pádel

Escrito por Luis Pousa
28 de Julio de 2010 a las 11:15h

Admitámoslo: todos tenemos un cuñado que juega al pádel y nos amarga la sobremesa del domingo dándonos la barrila con su torneo interprovincial y su raqueta de fibra de carbono diseñada por la NASA. Sí, hombre, el pádel es ese deporte que parece un tenis encogido o un pimpón algo estirado, una cosa a medias, que yo creo que tiene la gracia de que el cuñado que jamás devolvería un revés en el tenis de toda la vida, en el pádel, entre que la cancha está encogida y que la pelota va, viene, vuelve y rebota entre cuatro paredes, pues malo será que el chorbo no acabe pegándole un raquetazo, aunque sea de canto, y ya se queda flipado pensando que es Federer. El pádel, mucho más que otros paraísos artificiales, es la droga del verano. Al pelma de los passing shot, cuando lleva un par de horas sin jugar, le entran temblores, sudores fríos y la mirada se le pone como perdida. Es el mono del pádel, que engancha más que la morfina. Y luego aún dirán que el deporte es sano.

*Columna publicada hoy en la sección Rostro pálido de La Voz de Galicia

Torturas

Escrito por Luis Pousa
27 de Julio de 2010 a las 8:49h

Me libré de la mili por inútil, porque me dijeron los del Ejército lo mismo que a Woody Allen en no sé qué peli, que en caso de guerra solo valdría para prisionero. Yo creo que ni eso, porque lo de las torturas lo llevo chungamente. Podría resistir lo típico: las cerillas ardiendo entre las uñas, unas descargas de miles de voltios en los cataplines o incluso que me enterrasen de cabeza en un hormiguero tipo La marabunta. Tal vez. Pero cuando me vendría abajo sin remedio, antes de que los malos tuviesen que recurrir al hierro de marcar, al maletín del dentista o al pozo y el péndulo de Poe, lo que me haría morder la famosa cápsula de cianuro de los espías, sería que los enemigos, siempre despiadados y escuálidos, qué pavos, me obligasen a tumbarme en una toalla a las tres de la tarde en una playa bien llenita de bañistas, sin gorro, ni camiseta, ni mandangas. Ahí sí que me desmorono y canto La Traviata. Esas sí que son torturas y no las chinas.

*Columna publicada hoy en la sección Rostro pálido de La Voz de Galicia

Acondicionados

Escrito por Luis Pousa
26 de Julio de 2010 a las 7:39h

El aire acondicionado es la invención más diabólica de la historia. El día que a un visionario se le ocurrió que no quedaba moderno hacer edificios con esas ventanas de abrir y cerrar de toda la vida la humanidad dio un paso sin retorno hacia el abismo. Desde entonces las casas ya no son máquinas de habitar, que decía el otro, sino de respirar. De respirar el mismo aire moqueado, tosido y babado por otros. Y recalentado o congelado, según. Según la estación contraria, claro. Porque el tipo que regula el aire acondicionado (uno de los personajes más apreciados de la empresa) se rige por el hemisferio austral, así que en julio (invierno en Argentina) el controlador de la rueda satánica te calca en la nuca un chorro frígido a 15 grados y en enero (verano en Río) te sopla en los morros un aliento tostado, de 25 Celsius en vena, que ya quisiera alguno en Galicia en agosto. De tanto acondicionarnos, más que tomar el aire nos vamos a ir todos a tomar viento.

 *Columna publicada hoy en la serie Rostro pálido de La Voz de Galicia

 

 

Atasco rachado

Escrito por Luis Pousa
25 de Julio de 2010 a las 10:32h

Hoy, 25 de julio, no quedará carballeira ni atrio asfaltado sin su exaltación patriótica, sin su pulpito, su muiñeira y su aguardiente de hierbas, de ese que non fai dano, que non ten grados, nin química, nin nada, pero que te fulmina el cerebelo al primer disparo. Hasta ahí, perfecto, fiestuqui y a correr. Pero hoy, más que el Día de Galicia, de Santiago, del patrón de España o da Patria Galega, es el día del atasco total. Porque, igual que los vaqueros siempre ataban las riendas del caballo a la puerta del salón, el conductor autóctono tiene la extraña costumbre de llevar el coche no ya hasta el campo da festa, sino hasta el altar mismo de la ermita, como si fuera a contraer matrimonio con el 16 válvulas tuneado en el garaje de su primo. Por culpa de ese hábito, que los científicos sitúan en un gen mutante de los tiempos de Breogán, el atasco rachado inflará hoy de coches las venas de Galicia y la cola, tipo Muralla China, llegará de la Quintana al Padornelo. Será por gasolina.

*Artículo publicado hoy en La Voz de Galicia

La máquina del tiempo

Escrito por Luis Pousa
23 de Julio de 2010 a las 23:38h

El verano es, a su manera, una máquina del tiempo, pero sin el encanto literario de H. G. Wells. A España, sin ir más lejos, la devuelve a las películas de suecas de Esteso y Pajares, o incluso a las de Paco Martínez Soria, que siempre llegaba del pueblo en plena canícula, sudando la gota gorda y flipando con las minifaldas salerosas que se gastaban las madrileñas para no pasar calor. Porque eso, un largometraje rancio, casposo y trasnochado es el verano cañí y sus famosos apartamentos a pie de playa. Lo de «a pie de playa» es de coña, claro, porque con los rascacielos que se han calzado sobre la duna misma el pisito cae en la planta 40 o 50, y el ascensor tarda tanto en bajar que, cuando llegas al portal, ya es de noche y tienes que subir otra vez para bañar y acostar a los niños. Este verano ibérico, que suena al Fari y su torito bravo, torito lindo, es como aquel tipo calvo, bajito y de pecho peludo que perseguía a las nórdicas en calzoncillos. Atapuerca en estado puro.

*Columna publicada hoy en la serie Rostro pálido de La Voz de Galicia

Hoy cocino yo

Escrito por Luis Pousa
23 de Julio de 2010 a las 11:54h

Uno de los marrones que todavía no ha arreglado Aído es la igualdad ante los fogones, porque en este país nuestro tan coñón los tíos en general y los puriles en particular no pisan la cocina ni para tirar una colilla al polvo. El ser humano de sexo masculino, eso que vulgarmente llamamos tío, solo se acerca a la vitrocerámica si hay mucha guita por medio y va de chef del lugar. Pero, con el solsticio de verano, el varón sufre un cambio metabólico irrecuperable y escupe esa frase legendaria: «Hoy cocino yo». Tenemos así al macho carpetovetónico, siempre con una birra adherida a la zurda, plantado delante de la paella, explicando a los asombrados colegas que solo él consigue darle al arroz el punto justito de cocción. Lo malo es que, cuando el cocinillas lleva ya una docena de garimbas en el tubo gástrico, la paellita de chuparse los dedos se pasa de frenada y queda reducida a una estéril imitación del secarral de Almería. Arroz disecado, otra delicia veraniega.

*Columna publicada hoy en la serie Rostro pálido de La Voz de Galicia

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