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En Inglaterra también hay gente poco educada: por ejemplo, el dueño de Chequers Shoes, en Huntingdon

Escrito por Cristobal Ramírez
20 de agosto de 2018 a las 7:35h

Huntingdon (GB). Hay varias cosas en las que Galicia supera, sin despeinarse, a Inglaterra. Por ejemplo, el acceso y la calidad de la sanidad. Por ejemplo, la mayor cantidad de autovías (por desgracia). Por ejemplo, la preparación y amabilidad de quienes atienden tras el mostrador de un pequeño comercio.

Cierto es que en esto último hay que tener en cuenta que bastantes de las dependientas-pocos varones se ven- son estudiantes que se sacan su dinero en el verano, aunque principalmente buscan trabajo en la hostelería y aledaños. Pero luego está la mayoría, la gran tropa de féminas, cuyo expediente escolar dista años luz de la brillantez. Por eso están ahí.

A lo anterior hay que sumar la consecuencia casi lógica: los propietarios no son los más avispados del mundo, razón por la cual el pequeño comercio local cada vez tiene menos espacio. ¡Albricias!

Pensaba yo en todo eso cuanto tuve la al parecer funesta idea de tirar de móvil hacer dos fotografías (mi ética gana a mi estómago y no las reproduzco aquí) en el Chequers Shoes de Huntingdon, cerca de Cambridge: unos meros tenis. El sueño, sesentañero decadente, alto y prepotente, me prohibió seguir haciendo ni una más.

Me dirigí hacia él y le pregunté simple y educadamente por qué, dispuesto a explicarle que solo quería mandar la foto de aquellos tenis a mi hijo –a 3.000 kms- y, si le gustaba, comprarlos.

Y aquel ser humano, que parecía un rígido militar decimonónico, se convirtió en lo que en el fondo es, en un energúmeno. Elevando notoriamente la voz afirmó que aquel comercio era suyo –lo cual quizás sea cierto- y que lo prohibía porque le daba la gana y que allí se acababa la discusión.

No había discusión alguna, pero tuvo razón: lo que fuera, se acabó. Enfilé la puerta, di las buenas tardes y punto final. No iba a perder el tiempo explicándole que puedo comprar esos tenis por internet, que existe una empresa que se llama Amazon y que, en fin, tal y como se comportaba su negocio, Chequers Shores, en Huntingdon, va a la ruina inexorablemente. Algo que celebro de todo corazón.

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