La Voz de Galicia
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Foto: Oxfam Intermon

Cuando lean este artículo, seguramente ya habrán pasado más de 3 días desde que el tifón Haiyan comenzó a devastar las costas filipinas.

72 horas decisivas en cualquier emergencia humanitaria para intentar reducir el sufrimiento inmediato y futuro de las víctimas. 72 horas en las que en un escenario de destrucción total se deben realizar dos tipos de tareas:

Movilización inmediata de recursos: refugio, ropa de abrigo, higiene, agua potable, comida, atención médica (incluyendo salud mental, estrés postraumático), equipos de registro y protección (posible problemática de menores desamparados, familias que han perdido a sus seres queridos), etc.

Evaluación inicial de las necesidades para disponer de un panorama de la situación que garantice la eficacia de la respuesta y que esté accesible para todas las instituciones públicas (locales y nacionales), agencias de Naciones Unidas especializadas o de países donantes y ONG y que desde el principio, si o si, deben actuar coordinadas para cubrir el máximo de las necesidades de la totalidad de la población más vulnerable.

Es notable la calidad de muchas de las ONG que intervienen y el aprendizaje en emergencias previas (como en Haití), pero también lo regulada que está su actuación para asegurar el mínimo tiempo de respuesta, con procedimientos como el MIRA (Evaluación Multisectorial Inicial Rápida) o manuales de intervención como el Proyecto Esfera, reconocidos por haber establecido nociones de calidad, rendición de cuentas y principios que deben estar presentes en toda intervención humanitaria:

Evitar exponer a las personas a daños adicionales como resultado de nuestras acciones.

Velar por que las personas tengan acceso a una asistencia imparcial, de acuerdo con sus necesidades y sin discriminación.

Proteger a las personas de los daños físicos y psíquicos causados por la violencia y la coerción.

Ayudar a las personas a reivindicar sus derechos, obtener reparación y recuperarse de los efectos de los abusos sufridos.

Foto: Erik de Castro/ Oxfam

Dentro de dos semanas, empezará otra fase en la respuesta humanitaria: pasar de la emergencia a la rehabilitación para reconstruir las condiciones previamente existentes. Y con un requisito imprescindible para evitar muchos fracasos anteriores: hacerlo con el gobierno de las autoridades e instituciones locales.

En breve empezará a disminuir la presencia de esta tragedia en medios de comunicación… y los donativos. Será en este momento cuando hagan tanta falta como ahora.

Si son de los que no comparten esa absurda división entre “pobres de aquí y pobres de allá”, permítanme hacerles una recomendación: si pueden donen su tiempo o su dinero ahora, pero anoten en su agenda volverlo a hacer dentro de un mes. Multiplicarán su solidaridad.

Hasta aquí lo que se ha publicado en la edición de papel de La Voz de Galicia.  Allí no tengo espacio para agradecer la ayuda recibida para realizar este artículo «de emergencia«. Aquí si, y de paso puedo presentarles a algunas personas que vale la pena conocer: Helena Capera de la Coordinadora Galega de ONGD, Rafael Veiga de Taller de Solidaridad (una ONG promovida por las Siervas de San José con mucha experiencia en Filipinas), Maika Beltrán, de Oxfam Intermón en Galicia y especialmente a Ofelia García, una de las más reconocidas expertas en ayuda humanitaria y cooperación al desarrollo y de cuya profesionalidad y honestidad hemos tenido la suerte de aprender muchas personas.

Gracias

@xosecuns

No me pidan calma (en Facebook)

Foto: EFE