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No me pidan calma

¿Escuelas del siglo XIX contra desigualdades del siglo XXI?

11 de Mayo de 2017 a las 21:11

Porcentaje población en riesgo de pobreza o exclusión social por tramos de edad

Pues si, por desgracia, en España los jóvenes siguen condenados a cadena perpetua.

La parte de arriba de este gráfico marca el seguro declive de este país. En 2015 el 38,2% de los jóvenes entre 16 y 29 años estaba en riesgo de pobreza y exclusión. El 33,4% si hablamos de los menores de 16 años.  La última Encuesta de Condiciones de Vida insiste en que niños, niñas y jóvenes son quien menos tienen un presente digno y sobre todo que no tendrán futuro.

Y cualquier solución pasa por la educación, o mejor por la educación social. Por eso estoy feliz de dejarles con Simo Deibe, uno de los profesionales más reconocidos en esta materia.

Simo, junto a otros muchos profesionales, están reclamando una Ley de regularización de la profesión de Educación Social. Si siguen #porunaleydeeducacionsocial tienen toda la información necesaria. y si quieren saber por qué es vital para el presente y el futuro de este país, vean este vídeo.

!Gracias Simo!

Cuando la escuela no lucha contra la desigualdad

La literatura especializada en la cuestión educativa es unánime al destacar la importancia de que la escuela camine hacia un enfoque socioeducativo, destacando la importancia del contexto en el hacer pedagógico. A todas luces, no parece razonable apostar por un modelo de sistema educativo que permanezca ajeno a las transformaciones sociales.

Foto: Oscar Cela. La Voz de Galicia

El presente artículo pretende potenciar una reflexión conjunta en este sentido, una apuesta por el cuestionamiento de la permanencia de un enfoque decimonónico.

Como profesional de la acción socioeducativa, observo con preocupación cómo el sistema educativo no contribuye a la superación de las desigualdades sociales.

No lo digo yo, lo dicen una y otra vez investigaciones varias. Si España es el país con mayor tasa de abandono escolar de la Unión Europea, la infancia y la adolescencia en dificultad social tiene unos resultados académicos alarmantemente inferiores a los del resto de pares. Según la OCDE, la pobreza triplica el riesgo de que un alumno en España saque peores notas.

Según Save the Children, el abandono escolar en alumnos de familias pobres se disparó con la crisis en España. Diversos estudios traducen el fracaso escolar de este colectivo en un rango que oscila entre del 71%, en los trabajos más favorables, y en el 83% con los jóvenes con expediente en el sistema de atención a la infancia y a la adolescencia.

¿Con echarlos de la escuela problema resuelto?

Una invisibilidad que se perpetúa. Y ya sabemos: lo no visible a ojos de la sociedad parece que no existe. Pero sí, están aquí.

A modo de anécdota, me decía un orientador de un centro educativo “que tal joven sería baja, que abandonaría sus estudios“, frase enmarcada en una argumentación centrada en que los problemas de esta persona no eran cuestiones propias del hacer del sistema educativo.

La literatura científica es unánime sobre la diversidad de factores del fracaso escolar, y los de naturaleza social siempre están presentes.

Sorprendentemente, la escuela tiene desarrollado prácticas que tratan de dar respuesta a todas las necesidades, excepto las sociales.

La legislación educativa hace propósito de enmienda. Incluso la cuestionada LOMCE, en su artículo 80, refiriéndose al principio de igualdad, establece que las políticas de educación actuarán para evitar las desigualdades derivadas de factores sociales. El Real Decreto 299/1996  de Ordenación de las Acciones Dirigidas a la Compensación de las Desigualdades en Educación, fija como objetivo potencial la colaboración entre diferentes administraciones, así como con el tercer sector, para concertar programas de acción integral con el alumnado en dificultad social.

Las expuestas medidas legislativas quedan en intenciones, que con el paso del tiempo siguen sin concretarse.

En Galicia por ejemplo, y si hablamos de escuela social, encontramos iniciativas resultado de la perseverancia de organizaciones del Tercer Sector y profesionales del ámbito socioeducativo. Para muestra de buena praxis es obligado citar el programa ALEIDA, iniciativa de lucha contra el fracaso escolar liderado por IGAXES3 en varios ayuntamientos gallegos, una apuesta por el trabajo de calidad.

Conscientes de las demandas reales del alumnado, cada vez son más los centros educativos y los equipos docentes que reclaman una apuesta por actuaciones que permitan una escuela para todos y todas.

En el territorio Español, son conocidas experiencias como las llamadas prácticas restaurativas. Estos ejemplos constituyen, junto con otros que se están ejecutando, una muestra práctica que verifica la importancia de apostar por un nuevo paradigma para el sistema educativo.

Las administraciones tienen pendiente dar respuesta a las demandas sociales del alumnado escolarizado. Mientras la atención a la cuestión social no se articule dentro del sistema educativo, la igualdad de oportunidades en la escuela no será posible. La frase es contundente, pero a mi juicio la situación es tal que la contundencia se hace necesaria.

En mi hacer profesional, acompaño día a día a jóvenes como Leonor en situación de dificultad social, a la que la escuela solo contribuyó a incrementar la ya presente auto sensación de vulnerabilidad.

Formación y competencias sociales para poder tener empleo

El sistema educativo, centrado en la cuestión instructiva, no calibró las consecuencias de la exclusión formativa para un alumnado con elevadas dificultades en la superación de las metas personales. Retomando el ejemplo del orientador que hablaba en pasado del alumno que iba a egresar de su centro, recuerdo mis palabras en las que le decía a modo irónico que el joven sigue su vida, que tiene realidad fuera de la escuela, y dificultades incrementadas por la experiencia en el sistema educativo.

Es fácil aproximarse al futuro vital de un joven sin cualificación ni apoyo contextual, frecuentemente sin referentes familiares ni sociales. Formación y competencias sociales configuran el binomio necesario para poder acceder a un mercado laboral cada vez más exigente.

Foto: Gabriel Tizón

La construcción de un proyecto de transición a la vida adulta exige a la juventud contar con los medios económicos que posibiliten la independencia personal. Sin empleo es evidente que es imposible emanciparse. Incluso con trabajo, la reinante precariedad del mercado laboral frecuentemente no garantiza los recursos para una vida autónoma. Numerosos son los estudios que una y otra vez apuntalan esta realidad. Tenemos un problema social de primera magnitud al que la escuela no puede referirse como si fuese un elemento ajeno.

Recordemos una vez más que la literatura científica sobre la cuestión es unánime, el hecho educativo tiene que ser integral. La diagnosis de necesidades en la escuela está pendiente de una aproximación hacia el paradigma socioeducativo. Y tenemos excelentes prácticas de unión entre escuela y familia para prevenir dinámicas de conflicto.

Las demandas del alumnado transitan por un hacer coordinado en el que la escuela tiene que trabajar en conjunto con los actores sociales presentes en la comunidad. Temas sociales transversales, acoso escolar, la expuesta situación de la juventud en dificultad social, son solo algunos de los aspectos que nos aproximan a la evidencia de que la educación social debe estar presente en el hacer pedagógico de los centros escolares.

La realidad es innegable, la administración no puede retrasar más la asunción de esta cuestión. En los próximos años es imprescindible la construcción de una escuela socialmente inclusiva.

Vivir en un contexto de dificultad social no puede ser una condena al fracaso escolar.

@DEIBESIMO

Desigualdad, Educación, Inversión social, Menores y jóvenes, Organizaciones No Lucrativas, Tercer Sector
Escrito por xosecuns 2 Comentarios
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