La Voz de Galicia
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Doña María del Pilar Sánchez-Cantón Lenard también me enseñó palabras como «calicata». A no quedarse en la superficie sino a profundizar cuando se hablara de la pobreza y sus causas.  Fue lo más sencillo que aprendí con ella, y como yo muchas personas que hemos tenido la suerte de conocerla.

No la busquen mucho en internet. Si algo distinguió a Piluca durante toda su vida fue su discreción, su alergia a cualquier tipo de reconocimiento por hacer algo que entendía como su obligación. Bastante disgusto tuvo cuando en 2002 el Ayuntamiento de Santiago le concedió el Premio Vagalume «por su experiencia de trabajo solidario y de trabajo social«.

Dos años estuvo sin hablarme cuando varias personas la propusimos para un premio a una de las mujeres gallegas decisivas en la lucha por los derechos humanos. Y eso que no sabía que era un primer paso para proponerla para la Medalla de Oro de Galicia. (Se que me caería la bronca por escribir este artículo, Piluca, pero ya te advertí que lo haría, a ser algo terco también me enseñaste tú. Ojalá pudieras reñirme)

Debería ser reconocida también por su labor dignificando el Trabajo Social o como investigadora histórica o sobre sus antepasados, pero me quedo con sus, como mínimo, 60 años luchando contra el hambre desde Manos Unidas junto a un equipo de mujeres admirables que hoy siguen siendo un ejemplo de compromiso por la justicia social.

Piluca fue, y seguía siéndolo, una mujer adelantada a su tiempo. En 1967 ya hablaba de desigualdad, de «comercio no ayuda«, de que era imprescindible hablar de riqueza y denunciar las causas económicas y políticas de la pobreza en vez de pintar sus consecuencias. Siempre fue enemiga del asistencialismo rancio y la limosna vacía de derechos humanos (incluyendo el movimiento del 0,7% al que siempre despreció por inútil contra la desigualdad).

Lo saben bien los centenares de profesoras y profesores a las que durante décadas llamaba cada año por estas fechas para confirmar que habían recibido y como iban a trabajar en sus aulas las propuestas educativas de las sucesivas campañas contra el hambre, los segundos martes del mes de febrero. Lo saben los miles y miles de personas que por todo el mundo han podido luchar contra las causas de su pobreza gracias a los donativos de estas campañas.

No la oí nunca definirse como feminista. Vaya si lo fue, dentro y fuera de la iglesia, y con una elegancia demoledora. Activismo social desde Acción Católica en una dictadura o en democracia, obedeciendo a las autoridades eclesiásticas…en apariencia.

Era conmovedor verla desesperarse y obedecer cuando recibía contestaciones del tipo «que no sepa tu mano derecha lo que hace tu mano izquierda» pero se reponía al día siguiente para seguir luchando por las rendijas que le dejaban. Era divertidísimo cuando se confiaba y dejaba ver con humor sutil como disfrutaba poniendo nerviosa a una jerarquía para la que siempre fue incómoda. Como me acordé de ti leyendo Mujer en la iglesia: ¿Acaso Dios no quiere la igualdad?.

También me acordé al ver la paloma que abre el vídeo que conmemora el 25 aniversario de la creación de la Coordinadora Gallega de ONGD (abajo está) y con un título que te define: Inconformista. O al escuchar al expresidente de Urugay, Pepe Mújica, diciendo que «Nada vale más que una vida, luchen por la felicidad«

Gracias por tu ejemplo, constancia, honestidad y compromiso. Y no hagas caso, no descanses en paz nunca, que queda mucho por hacer.

Gracias por poder presumir de tener un referente moral en mi vida. Por poder decir que no creo en Dios, pero si en Piluca.

@xosecuns