La Voz de Galicia
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El 17 de octubre es el Día Internacional para la Erradicación de la Pobreza. Ese día y durante toda esta semana se va a intentar hablar de lo que importa. En bastantes casos de forma amable y hasta odiosamente candorosa pero en otros muchos sin intentar endulzar la realidad ni ocultar las causas de la pobreza y la desigualdad. Entre estos últimos creo obligado destacar a la Alianza Española contra la Pobreza, una impresionante red de más de mil entidades de todo tipo y sensibilidades. Les recomiendo leer su Manifiesto contra la #RiquezaqueEmpobrece, sobre todo para entender con algo de sosiego lo que es la globalización y fenómenos como el Ebola. Sosiego, por favor. Lejos de tanta desmesura, alarmismo y prejuicios.

¿Democracia con transparencia o desigualdad o corrupción?, preguntaba hace unos días, con ocasión del Foro organizado por las tres plataformas gallegas de oenegés que intentan luchar contra la pobreza y exclusión en Galicia y en el resto del mundo. Una pregunta que difícilmente se puede responder envuelto en una bandera o escondido detrás de unas fronteras.

Afrontar la lucha contra la pobreza, la corrupción, el desempleo, o emergencias sanitarias como la del Ebola, es imposible mientras no entendamos que vamos en el mismo barco, que vivimos en un mundo globalizado en donde la mayoría de las soluciones o son globales o son mera propaganda.

El aumento salvaje de la desigualdad no es sólo español (en apenas cinco años sólo nos supera Letonia en toda la Unión Europea), sino mundial: siete de cada diez personas viven en países donde la desigualdad ha aumentado desde la década de 1980 y el 1% de las familias más poderosas acapara ya el 46% de la riqueza mundial.

La corrupción tampoco es patrimonio español. En los mismos paraísos fiscales donde Jordi Pujol y otros muchos delincuentes fiscales esconden un dinero que debería estar siendo utilizado para luchar contra la pobreza, lo tienen muchos líderes africanos.

Por desgracia, globalización y derechos humanos no son conceptos que vayan juntos. El dogma de “quien quiera derechos que se los pague”o la mentira del “no hay dinero para vivir por encima de nuestras posibilidades” se puede aplicar en Africa occidental, donde ya han muerto más de 4.000 personas por el Ebola, o en España. En ambos lugares asistimos a un desmantelamiento de las políticas sociales públicas, también en el ámbito sanitario. A la epidemia de la pobreza.

Hoy toca el Ebola, una minucia comparada con otras enfermedades de la pobreza que son un problema de salud pública mundial: neumonía, tuberculosis, malaria, etc. Casi la mitad de la población africana no tiene acceso a medicamentos esenciales. Solamente la malaria afecta anualmente a más de 220 millones de personas.

Sorprendentemente. Allí donde se producen el 90% de muertes por enfermedades transmisibles se invierte el 10% de recursos, y donde las muertes son el 10% se invierte un 90%.  No parece muy juicioso esperar a que estas enfermedades afecten a países ricos como el nuestro para luchar contra ellas, pero así se hizo con el SIDA o la Gripe A y ahora se hará con el Ebola (si, ya es rentable hacerlo).

Recortar los presupuestos de política social o sanitaria tiene efectos negativos inmediatos en la vida de millones de personas en todo el mundo. ¿A quién descartamos?, nos preguntan desde Oxfam Intermon.

La campaña Si me importa nos recuerda que la ayuda al desarrollo funciona, que desde el inicio de esta crisis España ha recortado su presupuesto de cooperación al desarrollo en un 70% y nos invita a escoger a quien dejamos morir, porque esto es lo que ven todos los días en muchos países africanos. Pero la pregunta es perfectamente válida para España. ¿A quien decidimos machacar con los recortes: personas con dependencia, sin hogar, migrantes, paradas de larga duración, niños o niñas …?

Creo que pocas personas que lean este blog se atreverán a escribir un comentario con aquello de «primero hay que ayudar a los de aquí y luego a los de alla«. No hay aquí y allá, hay personas que sufren por las mismas causas. No se las ayuda, se respetan o no sus derechos. Y mientras nos enredamos con este trampantojo ganan los mangantes de las tarjetas de Bankia.

Medicos del Mundo también está luchando contra el ébola y contra la destrucción de los presupuestos sanitarios. En Africa, pero con coherencia tambíen en España con su campaña “Nadie desechado”, denunciando que al menos 873.000 personas han perdido el derecho a la asistencia sanitaria en apenas dos años y pidiendo nuestra colaboración para luchar contra la exclusión sanitaria y en defensa de la sanidad universal.

También lo hacen muchas profesionales de la sanidad: las que organizaron las mareas blancas, o las que están luchando contra el ébola en cualquier lugar del mundo. Ninguna de ellas ha dejado de lado su ética y moral en épocas de crisis financiera.

Es posible luchar localmente contra problemas globales. Esta semana tienen una prueba: el Premio Nobel de la Paz a Kailash Satyarthil y la Marcha contra la Explotación Laboral Infantil. Una marcha a la que en Galicia y en toda España se unieron hace 16 años miles de niños y niñas y que desde entonces ha supuesto que más de 78 millones de menores hayan salido de la explotación. ¡Vaya si se puede!

Hay esperanza. Contra el ébola y contra quienes consienten su triunfo.

@xosecuns