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INXS ha vuelto…como serie de televisión

Escrito por Javier Becerra
9 de Diciembre de 2015 a las 20:27h

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Londres, estadio de Wembley, Londres. Año 1991. Setenta mil personas con los brazos en alto. Tres golpes de batería. Riff de guitarra. Explosión. «Vive nena vive / Ahora que el día terminó / Tengo una nueva sensación / En momentos perfectos, imposibles de negar», canta un Michael Hutchence efervescente. El público se convierte en una masa ondulante. Salta como si no hubiera mañana. Setenta mil almas al unísono entregabas a la pregunta: «¿Estás preparada para la nueva sensación?». La banda, encendida, representa el hedonismo mismo. Juventud infinita. Vibración eterna. Plenitud máxima. Barbilla siempre levantada.

El tema se llama New Sensation. Y la banda, INXS. Se encontraba entonces en la cresta de la ola, sosteniendo la gloria con la palma de la mano. Ese momento se emplea como punto de partida en Never Tear Us Apart: The Untold Story of INXS, la serie de cuatro capítulos que recrea la historia del mítico grupo australiano. El año pasado se estrenó en su país, donde gozan de tratamiento de leyenda. Ahora ha llegado a España despertando recuerdos adormecidos sobre una banda formidable que, sin embargo, no suele reivindicarse en las miradas atrás de los fans y críticos. Pero si suena I Need You Tonight —eléctrica, seductora, irresistible— no queda más remedio que admitir que el olvido tiene mucho injusto.

Ese tipo de calambre abunda en una serie con la que, no obstante, conviene poner la venda antes que la herida. Por sí misma no resulta ninguna maravilla. Más bien se trata del típico telefilme biopic ligeramente ampliado en cuatro entregas. Pero sirve fundamentalmente para revivir aquel fenómeno que cristalizó comercialmente con Kick (1987) y que se mantuvo firme durante los primeros noventa. Luego decayó y se topó con un trágico final. El suicidio de Michael Hutchence en 1997 marca el fin. La realidad es que INXS siguieron sin él. Pero, lógicamente, todo resultó diferente.

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Como ocurre tantas veces, la arrebatadora figura pop germinó en un adolescente introvertido, sensible y con problemas. Lo interpreta Luke Arnold. Se ve cómo el cantante que arrebata con su presencia, colecciona amantes e inhala cocaína sin pensar en el mañana, viaja de cuando en cuando a su pasado. Procedía de una familia burguesa de Perth. Sus padres combinaban broncas, infidelidades y cinismo. Él decidió subirse al vagón de la música. Vía de escape. Escribía en una libreta letras para las canciones de su imaginación y acabó siendo objeto de burla entre los matones la escuela de Preparatoria. Corría 1977.

En una ocasión cuando se encontraba a punto de recibir una paliza, otro alumno salió en su defensa. Se trataba de Andrew Farriss, un chico con inquietudes musicales. Hablando tras el rifirrafe, descubrió los versos que Michael reflejaba en aquellos papeles. Le propuso trabajar juntos. Pronto se unieron el guitarrista Tim Farriss (hermano de Andrew) tocaba en distintas bandas y Kirk Pengilly formando The Farriss Brothers. Dos después, cuando el baterista Jon Farriss (también hermano de Andrew y Tim) concluyó el colegio secundario, hicieron su particular todo o nada: marcharse a Sídney a triunfar.

Ahí, viviendo todos juntos en un maltrecho piso, empezaron a rodarse en escena. En la serie se ve cómo Michael se soltó en directo. Contorneándose y mostrando abiertamente sexual, ponía a latir el deseo en las mujeres que lo iban a ver. «Así es como tienes que actuar cada noche, con una mujer del público en mente». Dicho y hecho. Cuando su mánager, se quedó mirando un disco de XTC vio la luz. «¡Os vais a llamar INXS!», dijo. Suena igual que in excess (en exceso). Les iba a ir como anillo al dedo.

ASCENSIÓN A LA FAMA

Aunque INXS llenaban las salas en las que tocaban y, luego, ya se asentaron en las audiencias medias, eran un grupo ambicioso. No aspiraban a la categoría de banda de culto. Ellos se miraban en los Stones («veo a Mick Jagger, pero no a los Rolling Stones», le dice en un momento el director de la compañía a Chris CM Murphy, su segundo mánager). Querían aparecer en la televisión y enardecer a los fans. Aspiraban a llegar a todo el mundo sonando modernos, sofisticados y sencillos al mismo tiempo. Ansiaban provocar sacudidas emocionales a escala mundial

Lo lograron con Kick (1987), un disco que reunía todo lo antedicho. Rabiosamente contemporáneo, mostraba a un grupo en su máximo esplendor. «Te doy un millón de dólares, te olvidas de esto y los mandas al estudio a que graben un disco de verdad», dijo el dueño de la compañía cuando lo oyó. Poco después presumía por los discos de oro logrados. Mientras, el grupo se daba baños de masas. Mirando de tú a tú a U2. Saludando desde arriba a Simple Minds. Y poniendo a Australia en lo más alto.

Ahí empezó la locura. Con I Need You Tonight generando constantes descargas de funk-pop, el grupo se embarcó en una gira continua. Mujeres corriendo desnudas por los pasillos, botellas de champán en habitaciones, drogas de diseño antes y después del concierto. Tras dos años, pidieron uno de descanso. Se estabilizó. Hubo bodas y planes de familia. Doce meses después volvía la locura. A Kick le sucedió X (1990). Multiplicó la fama. Luego, faltos de inspiración, tirarían de inercia, mientras Michael peleaba con sus demonios. Un incidente con un taxista en Milán le dejó tocado. Los paparazis acosándolo pusieron el resto. Deprimido, terminó por apartarse del mundo, dejándolo sin una estrella de las de verdad.

Selvática, Lenny Leonard, Muerte Mortal, Musel y Mano de Obra en Los conciertos de Retroalimentación

Escrito por Javier Becerra
7 de Diciembre de 2015 a las 20:13h

Este fin de semana nos vemos todos en Lady Leño. Pero ya os adelantamos nuevas fechas dentro de Los conciertos de Retroalimentación, con grupos excelentes y sonidos formidables que os encantarán. Trabajamos en más cosas. En breve os decimos. Pero por ahora apuntad en la agenda.

-SELVÁTICA + LENNY LEONARD + MUERTE MORTAL (18 diciembre, Nave 1839, 5 euros). En diciembre Los conciertos de Retroalimentación se multiplican y, además de Lady Leño, disfrutaremos este excitante tripe cartel.

SelvaìticaSelvática tienen un pie en Vigo y otro Río de Janeiro, practican un garage-punk-pop que enerva al oyente y acaban de publicar un disco, Un mundo extraño, que es una de esas joyas condenadas al ostracismo pero que encantará a quien se sumerja a conocerla. Parte del grupo deriva de Indómitos, aquella oscura banda viguesa que editó un álbum homónimo para el sello El Beasto sin que casi nadie se enterase. Los que sí lo hicieron sabrán que ello es un sello de calidad.

L_LPor otro lado, Lenny Leonard, son la banda de punk coruñés subterránea que creó Scavengers, una canción sobre la crisis económica, los comercios cerrados en San Andrés y una ciudad en la, cantan, «que no hay nada que hacer». Dicen que en directo son capaz de «lo malo o de lo peor». También de versionar a Elvis o de explicar La Ilíada. Y de iniciar una trifulca o de quedarse completamente idos en silencio. El próximo 18 se podrá experimentar todo ello

M_M_palaceEl triángulo lo completa el trío Muerte Mortal, que llegan desde Madrid agradeciendo que les hayan endosado la etiqueta de post-punk. «La verdad es que no nos molesta, porque nos han ahorrado el trabajo de buscarnos una etiqueta o explicar lo que hacemos, aunque, en honor a la verdad, tampoco nos hace una ilusión infinita». Muerte Mortal, su primer disco homónimo, sí que genera todo lo contrario: muchas ganas de escucharlos, sentirlos y disfrutarlos.

-MUSEL + MANO DE OBRA (13 febrero, Nave 1839, 5 euros) La actividad seguirá en el 2016. En esos momentos estamos negociando algunas cosas, pero ya hay un doble concierto que podemos confirmar.

muselTeníamos muchas ganas de tener en Los conciertos de Retroalimentación a Musel, el proyecto de Óscar Vilariño (A Veces Ciclón). De hecho presentamos en este blog Rabuña, su epé de cuatro temas para el sello Acuarela. Herederos de la excelsa del sello madrileño, flotan sobre los ecos Galaxie 500, Bedhead, Low o Yo La Tengo y ofrecen un trabajo estupendo. Ahora fliparemos con ellos en directo.

mano de obra +El cartel se completa con unos viejos amigos, Mano de Obra. Ya estuvieron en uno de los aniversario del blog, en la sala Le Club. Entonces nos fascinaron con su retro-pop ochentero inspirado en Aviador Dro y prometimos volverlos a integrar en el ciclo. Fue complicado. Siempre que los llamábamos o tenían otro blog cerrado o estaban desperdigados sin poder tocar en directo. Así que los acogeremos con los brazos abiertos.

Fiesta de pop total para oídos agradecidos

Escrito por Javier Becerra
6 de Diciembre de 2015 a las 11:17h

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Xoel López
A Coruña, Sala Finisterrae
4-12-2015

Tres cosas quedaron claras el pasado viernes. Una: Xoel es cada vez menos Deluxe y más Xoel López. Apenas rescató un par de temas de la anterior etapa, entregándose totalmente a la defensa de su (brillante) presente. Dos: las canciones de Atlántico (2012) suenan ya a clásico, certificando que se trata quizá del gran disco de pop en castellano de esta década. Cuando un tema como Tierra se corea con ese tono —el de sentirlo— se ha entrado ya en la eternidad. Y tres: Paramales (2015) posee el suficiente dinamismo y sentido de lo lúdico como para que en escena termine divirtiendo y sorprendiendo por igual.

Con las pinceladas antedichas resulta fácil adivinar que la sala Finisterrae acogió una gran fiesta. Pop total. Los que no aprobaron el renacer transoceánico del Xoel que fue a buscar las Américas, esta vez ya se quedaron en casa. Nada de lamentos porque no tocase Que no, ni nostalgias brit-poperas. Al contrario, todos secundaron al artista en un viaje que empezó solemne con Patagonia. Pero que se desmelenó a los pocos minutos con Hombre de ninguna parte.

Sí, a lomos de la bossa-nova imposible de el polvo plateado y el bienestar contagioso, Xoel López emprendió un estimulante camino -pie aquí pie allá- por los dos discos a su nombre
. Un recorrido con desvíos emotivos, como ese Almas del norte en clave synth-pop recordatorio de las noches interminables bailando nothern soul en la adolescencia mod. También con los sobresaltos de electricidad desbordada de Un año más con imprevisible final. O huyendo al Saturno musical, al que apela el autor cuando se refiere a A serea e o mariñeiro: creatividad máxima haciendo equilibrios en la cuerda floja.

Todo para marcarse con la armónica el himno gallego. Hacer las citadas visitas al cancionero de Deluxe (Reconstrucción y El amor no es lo que piensas) con el suspiro colectivo de fondo. Y enfilar la última parte con una serpenteante Asaltante de Estaciones, que obtuvo el contrapunto en La casa hace ruido. Interpretada a escasos milímetros de los labios de su mujer, Lola García, fundió a la sala en un deseo: el de un apasionado beso a lo Nick Cave y Pj Harvey. Quizá ahí se pueda encontrar la clave de por qué ha cambiado tanto Xoel en el último lustro, dejando dos álbumes soberbios y directos tan bonitos como este. ¡Que siga la racha!

Musicar la alegría de vivir

Escrito por Javier Becerra
30 de Noviembre de 2015 a las 22:15h

za! Nunca había visto a Za! en directo. Tenía en casa un par de discos suyos, interesantes, caóticos y rompedores para los que (casi) nunca había tiempo que dedicarles. Es esa una concepción del rock ecléctica y experimental en la que uno se pierde. Un trozito de hardcore por aquí, uno de free-jazz por allá, toques de cumbia en ese lado, synth-pop por el otro. Una locura. Pero en directo todo ese desorden cambia. No porque se ordene, sino que se proyecta sobre ti como una avalancha de juego y felicidad. Sí, Za! son, sobre todo, divertidos. Y eso genera que, aunque sean un grupo extraño, resulte extremadamente fácil conectar con ellos, disfrutar con su música y bailar en sus compases rotos haciendo que tu propia fiesta se una a otras fiestas.

El viernes pasado tocaron en la Nave 1839. Allí sonaron maracas, trompetas, sintetizadores y baterías locas. También musicaron besos, abrazos, camisetas empapadas de sudor y muchas sonrisas. Con la misma emoción de un niño aporreando un tambor de juguete, Edu y Pau echaron por la sala confeti musical, carcajadas sonoras y mucha, muchísima alegría de vivir. Perder el tiempo descomponiéndolas sería un error. Poner gesto obtuso analizándolos con lenguaje críptico otro. Y quedarse al margen del jolgorio más aún. Más que un error, sería una soberana gilipollez.

Nadie lo hizo y durante hora y pico el disfrute colectivo se hizo música y la música hizo que esa colectividad disfrutase. Al término del concierto un amigo me decía: «Esto es exactamente lo que necesitaba hoy, viernes. Venir a un concierto, desconectar e irme para casa feliz». Su novia lo secundaba: «Es que me están entrando ganas de salir a tomar algo y todo». Yo me retiré. Pero al día siguiente me levanté y puse en casa música a volumen alto. No a Za! (en el hogar sigo sin encontrarles el hueco), sino el primer disco de Os Mutantes. “Don Quixote”. Dos enanos que pululaban en la alfombra empezaron a bailar. Una a botes y el otro, que aún no se consigue levantar del suelo, ladeándose y dando palmas. Resultó casi igual de gozoso que lo de Za!.

Algunos saben que la música tiene que ser juego. Otros disfrutamos desaprendiendo lo (mal)aprendido y gestionándolo con mucho gusto.

Exhibición roquera de The Soul Jacket

Escrito por Javier Becerra
7 de Noviembre de 2015 a las 13:27h

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Inmensos. The Soul Jacket ayer se salieron en Los conciertos de Retroalimentación. Más allá de estilos, de filias y fobias, lo que demostraron los vigueses fue una libérrima solidez en escena capaz de contagiar a cualquiera, acólito o no de su propuesta. Estirando los temas, entremezclando funk, psicodelia y soul a su rock de estirpe sureña ofrecieron una hora y media total, muy por encima de lo que es habitual en la escena patria. Al frente, Toño López, de garganta rasgada y, como ya advertía en la entrevista previa, ojos cerrados. Detrás una banda perfectamente ensamblada donde todo estaba en su sitio hasta que alguien tiraba hacia un lado, siguiéndole el bloque.

Al final, sudado y extasiado, el público se fue con la sensación de haber presenciado un gran concierto de una gran banda de rock, en la sala perfecta para ellos. Muchas gracias a todos por venir y a Mardi Gras por las facilidades. Próxima parada: Lady Leño, el 11 de diciembre (Mardi Gras).

The Soul Jacket: «El soul se canta con los ojos cerrados y el puño apretado»

Escrito por Javier Becerra
6 de Noviembre de 2015 a las 10:28h

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Nueva Orleans en el horizonte, pero con mil y un desvíos en ese mirada. Los vigueses The Soul Jacket profesan amor por ese modo negroide y mestizo de entender el rock. Lo han dejado de manifiesto en <em>Black Cotton Limited una obra elaborada al ralentí, con canciones densas, instrumentos acariciando melodías y una voz rasgada que lleva los temas a un estado de lenta ebullición. Este viernes 6 estarán en Los conciertos de Retroalimentación (Mardi Gras, 22.30 horas, 8 euros anticipada y 10 taquilla) haciendo latir en vivo lo demostrado en ese trabajo. Toño López, el vocalista del grupo, se encarga de contestar esta entrevista

-Todas las referencias que encuentro sobre The Soul Jacket hacen hincapié en que parecen un grupo americano. ¿Eso lo toman como un piropo o una tacha?

-Yo creo que es un piropo. Muchas de las bandas a las que admiramos son americanas y pienso que los americanos tienen otra manera de tocar. Se comunican más por señas, son más libres y no tan académicos como pueden ser los ingleses. Para mí, desde luego, es un halago.

-Pese a algunos temas más vigorosos lo que queda claro es que les gusta tocar lento. El ritmo del disco es bastante ralentizado. ¿Les gusta buscar el éxtasis prolongando en directivo?

-Sí, es la sensación que buscamos. Queremos que haya contrastes entre los temas, que haya momentos más de flote y densidad. Eso en directo lo llevamos a cabo. Hacemos un poco de jam sesion. Nunca hacemos un tema igual dos veces. Nos encanta improvisar en esas partes precisamente. Nos recreamos, las llevamos por la sensación que tengamos en ese momento. Cuando estas en comunión con el público es algo psicoterapia. Otras veces es puro trámite y lo interiorizas.

-Si esto fuera sexo estarían contra el polvo rápido, ¿no?

-[Risas] Claro. Es un “Ya que estamos, vamos a pasarlo bien”.

-La primera imagen que se asocia a ustedes es el rock sureño. Sin embargo, hay constantes toques de psicodelia por ahí que lo hacen muy interesante. ¿Es importante para ustedes?

-Sí, desde luego. Es una puerta para lo que decía antes: la improvisación y la creatividad en vivo. Si siempre tocas los temas de la misma manera todo se convierte en un trabajo, en una repetición mecánica de lo mismo. Sin embargo, eso da la libertad de crear en el momento. Bebemos de la psicodelia, desde algo más clásico como puede ser Grateful Dead a cosas más de fusión como puede ser Funkadelic, que practicaban otro tipo de psicodelia. No tenemos problemas por tirar por esos caminos.

-Sus compañeros parece por momentos que acarician los instrumentos. ¿Hay mucha sutileza buscada?

-En la última etapa, especialmente. Está Guillermo Gagliardi a la guitarra y Xavi Vietez. Saben mucho de composición porque son músicos académicos. Siempre saben qué nota tocar en cada momento y saben hacerlo más dulce, no tan guitarreros en ese sentido que pensamos todos. Eso se nota mucho, tanto en el disco como en el directo.

-Me llama mucho la atención un cierto toque latino que aparece a veces en las percusiones. ¿De dónde viene?

-La influencia latina viene de bandas como Santana o el círculo musical de Nueva Orleans, que aceptaba muchos ritmos caribeños. Al sumergirse en esa música aparece ese ritmo latino y de los carnavales. Son fuentes de las que bebemos.

-Habla de influencias como Santana o Grateful Dead. No son precisamente las que están en boca de los críticos, ni las más “cool” actualmente. ¿Eso es un hándicap para ustedes a la hora de llegar al público?

-Esos grupos no están tanto en boca de la gente, pero en cierto modo es normal, ya que son grupos de hace 50 años. Pero marcaron un hito en la historia. En su época eran las grandes bandas, aunque ahora estén algo olvidadas. Todo es cíclico. E igual que se volvió al punk o que se vuelve ahora a otros estilos un poco olvidados, yo creo que pasa lo mismo con el rock n’ roll y las influencias. Todo vuelve. A lo mejor mucha gente no lo relaciona con Grateful Dead, pero la psicodelia está ahí y sigue gustando. Ellos son los precursores de todo esto y siempre se va a volver a ellos, como ese libro del que siempre se acaban tomando notas.

-La parte central del disco tiene un tríptico formado por “Brothers I”, “Brothers II” y “Brothers III”, que reflejan un zigzag de estados de ánimo. ¿Si tuviéramos que mostrarle a alguien qué es The Soul Jacket de un modo apresurado valdría ese trío?

-Umm… sí, podría ser. Desde luego es una parte muy grande de los palos que tocamos. Sí, tiene una historia, pasa por la música americana llegando hasta el bluegrass. Pero, bueno, queremos que se escuche la primera y la última también [risas].

-Uno de los temas del disco, “The Boxer”, habla del boxeador vigués Pedro Ferradás con ritmo de funk. Parece como si quisieran adaptar la mitología americana a su propia realidad. ¿Es así?

-La canción relaciona un deporte como el boxeo y la vida misma: recibir golpes, levantarte, encajarlos y seguir recibiéndolos haciéndote el menor daño posible. Yo creo que es una imagen muy de cine.

-Cuando la gente invoca a Nueva Orleans se habla del “sonido pantanoso”. Ustedes dan esa sensación de ir un poco más lentos de lo que en, en principio, pide la música.

-Eso es el fundamento del groove y la música negra, que es el tirar hacia atrás. Parte de la diferencia de los músicos americanos y los no americanos es que ellos saben darle un poco hacia atrás. Esa es la piedra filosofal. Si me dices que lo conseguimos que haces muy feliz [risas].

-Una virtud del disco es que, pese a tener metales y coros, está todo muy medido. No hay exhibicionismo en ese sentido. ¿Han sido cautelosos?

-Muchas veces menos es más. Porque tengas gente que pueda tocar un violín o un banjo no significa que lo tengas que meter en todas las canciones o que lo uses demasiado. En el disco hemos intentado ser fieles a lo que somos: dos guitarras, un bajo, teclados y voz. Si fuéramos más allá, en directo tendríamos muchos problemas para fidelizarlo. Nuestra banda es así, el disco está grabado en directo todos juntos. Esa es nuestra esencial. Hiperproducirlo más sería un problema porque luego, en directo, sería imposible.

-Usted canta y “rasca” mucho. ¿Llega a doler?

-[Se ríe] A veces sí que se llega a un estado de catarsis. Mi manera de cantar es muy emocional y no soy capaz de dejarme nada dentro. Llegas un momento en el que siempre quieres dar más de ti. Duele cuando llevas tres días seguido cantando. El cuarto ya no puedes ni hablar. Eso poco a poco y con técnica se va superando.

-Su voz es eminentemente soulera. ¿Hay que cantarlo con ojos cerrados?

-Sí, el soul se canta con los ojos cerrados y el puño apretado. Es algo que sale de dentro. Te estás expresando y mostrando lo más profundo que tienes. A veces, cuando el público responde, se produce una retroalimentación y se produce la catarsis, que es un poco la droga que tenemos los músicos, alcanzar ese momento de flipe.

-¿Eso se persigue en todos los conciertos como el yonki que busca repetir su primer colocón?

-Sí, es cierto. Los músicos tenemos mucho de eso. Pocas veces pasa. A veces te quedas a medio camino, como un mal polvo [risas]. Otras es alucinante. Hay que, por lo menos, hacerlo lo mejor posible para intentar alcanzar ese momento. Somos bastante yonkis.

-La virtud que tiene es que, al cantar de esa manera tan soulera , resulta fácil conectar con gente que no esté familiarizada con su música. ¿Lo han experimentado?

-Ha pasado. Yo creo que el soul y la música negra tienen un mensaje universal: es como la verdad o algo así. Es una música hecha desde el alma y no hay trampa ni cartón. Es directa, con un mensaje conciso y que lo puede entender todo el mundo. Así hemos tenido público de lo más variopinto: desde roqueros que llevan 50 años en la carretera a amas de casa que no habían escuchado una guitarra eléctrica en su vida. Sin embargo, les llega.

¿Es necesario un programa como Luar?

Escrito por Javier Becerra
19 de Octubre de 2015 a las 9:47h

gayoso G22N5305Por lo general, los ambientes culturales suelen elegir un objetivo fácil y popular para reafirmar el mundo propio y minoritario. En Galicia y en lo musical una de esas dianas siempre ha sido Luar. Chascarrillos sobre su longevidad «casposa» que ha llegado la semana pasada al programa número 1000. Mofas sobre «artistas que solo salen ahí» como Albano o Bonnie Tyler. Comentarios acerca del humor de brocha gorda que suele acoger su escenario. Y si, al final, va y se monta un concurso de gaiteiros, ¿qué decir?

En esa resbaladiza superioridad moral late un profundo desprecio por una parte muy amplia de la Galicia más popular. También por el papel de servicio público de la TVG. Si Luar ha cumplido un millar de ediciones es precisamente porque para muchísimos gallegos el viernes es el día de encender el fin de semana con el mando de la televisión. Sus audiencias superan al 20%, un público que se siente cómplice de una propuesta sincera, sin pretensiones y enraizada en la tierra. E, importante, que coloca el deseo del espectador por encima de todo.

Es por eso que Luar merece seguir ahí, mil programas más. Yo no lo veo, lo confieso. No me interesa. Pero pedir que se respete al otro no deja de ser un saludable ejercicio de democracia. Imponer lo mío, el totalitarismo camuflado de cultura. Si acaso, demandar otros contenidos a mayores. Pero no a costa de Luar, sino junto a él.

Apoteósico arranque de Los conciertos de Retroalimentación

Escrito por Javier Becerra
18 de Octubre de 2015 a las 22:45h

bala reducidaLo dijimos: es el momento de Bala. No nos equivocamos. Se confirmó en el escenario de una abarrotada Nave 1839, heredera de la Casa Tomada. Debutaba como proyecto acogiendo la cuarta temporada de Los conciertos de Retroalimentación. Todo el mundo quería estar allí. Y temblar. Y sudar. Y sentir calambres. Los ofrecieron Anxela y Violeta apretando la mandíbula, gritando y metiéndose en ese bucle del sonido del que nos hablaban en la entrevista. Nosotros nos asomamos a él. Nos encantó. Da placer verlas. Da placer sentirlas. Da placer notar como toda esa electricidad se proyecta sobre uno.

Desde la irrupción de Srasrsra no se veía en A Coruña un grupo tan físico y tan químico, tan contagioso y tan apabullante. Pura chispa y e infinidad de chispazos que derivan en una descarga eléctrica Bala te obligan a morder los labios. Cerrar los ojos. Y darle al air guitar como un heavy adolescente desbocado en su habitación escuchando música a todo volumen. Son un flechazo de acordes graves-pero-lijosos y una batería que entre platos y baquetas que semeja un puercoespín. Fue un honor tenerlas ayer abriendo un nuevo año del ciclo. Será otro recordar cuando pasaron por aquí.

Y antes Thee Blind Crows. Rock n’ roll sucio, veloz y engrasado. Con la camisa mojada y el rostro chorreando, los pontevedreses zarandearon a la audiencia, afilaron el sonido y trenzaron una hora deliciosa que haría sentir orgulloso a Jon Spencer.

Lamentablemente no todo el mundo que quiso ir al concierto no pudo hacerlo. Las previsiones se desbordaron y mucha gente se quedó en la puerta al estar completo el aforo. Desde aquí, perdir las más sinceras disculpas. Siempre se intenta ajustar las actuaciones en las salas adecuadas, pero a veces ocurren fallos como este. Quizá sea la excusa perfecta para retomar un cartel similar más adelante en otra sala. ¿Se apuntan?

Como siempre, muchísimas gracias a todos los que acudisteis a la llamada, a la mgente de Nave 1839 y a unas bandas que nos hacen sentir muy orgullosos de tener alago que ver con su despegue. Próxima parada The Soul Jacket, 6 de noviembre en Mardi Gras

Escucha ya el (fantástico) debut de Musel

Escrito por Javier Becerra
16 de Octubre de 2015 a las 9:20h

Primero pincha la lista de reproducción de arriba (va un tema tras otro de manera automática). Luego, puedes leer.

Musel es el nuevo proyecto del coruñés Óscar Vilariño (A Veces Ciclón y ex Triángulo de Amor Bizarro). Rabuña, su primer disco, un bonito 10” de cuatro temas. Los deberías estar escuchando si hiciste caso a la primera línea. Si no es así, hazlo. Sale en Acuarela. No podía ser de otra manera. Hay piezas moldeadas ex profeso para huecos concretos. Y aquí encaja todo. Sello y artista. También oyente, si este disfrutó en su post-adolescencia de sesiones musicales en las germinó el amor por Galaxie 500, Bedhead, Low o Yo La Tengo. La música de Musel tiene mucho de eso. De narcótico, de ralentizado, de cortante, de extrañamente melódico. Sí, Musel es de “esa” clase de grupos que parecen especialmente diseñados para ese “ese” fan.

musel 12164800_991070154276351_2077842100_oComo ya dejó caer en algunas piezas de A Veces Ciclón, Óscar se abraza aquí al gallego. Y con la misma voz susurrante que se pierde entre la masa sonora, dice cosas que se van descifrando capa a capa, como una cebolla que no se termina de pelar del todo. En directo, el músico se acompañará de Eva M e Iván Juniper (Linda Guilala) y Carlos Méndez (Los Duques de Monterrey). Los tendremos en Los conciertos de Retroalimentación en cuanto sea posible. Tenemos muchas ganas porque por aquí hay un puñado de “esos” fans.

Bala: «Cuando te metes en el bucle del sonido no quieres salir más»

Escrito por Javier Becerra
15 de Octubre de 2015 a las 16:28h

BALA1 by Rodri Porcelli

Es el momento de Bala. Totalmente. Anxela Baltar (rubia, guitarra y voz) y Violeta Mosquera (morena, batería y voz) son las responsables de la banda más excitante del último rock gallego. Acaban de sacar Human Flesh, su mini elepé de debut. Una pequeña joya con cuerpo hard-roquero, alma punk y pegada para todos los públicos. Pero donde impactan realmente es en directo: una experiencia de placentero sudor. En el escenario saltan chispas. En el público, suspiros de placer. Anxela asegura que acceden a otra dimensión. Creánla. Lo comprobaremos el próximo sábado 17 en la actuación inaugural de la cuarta temporada de Los conciertos de Retroalimentación (20.30 horas, A Coruña, Nave 1819 -antigua Casa Tomada-, 5 euros)

-¿Le encanta regodearse en la electricidad?

-Sí, me gustan mucho los pedales, el fuzz y la distorsión. Siempre me parece poco, la verdad. Cuanta más volumen, distorsión y electricidad haya mejor. Nunca me llega, por mucha que meta.

-Y eso siempre con un tempo lento que, de pronto, estalla.

-Sí, me gustan mucho los cambios de este tipo. Me va el stoner que es pesadote y también el punk, que es más afilado. Lo que plasmamos en una mezcla de todo eso que tenemos en la cabeza.

-La gente habla de sus referencias desde los noventa hasta esta parte. Sin embargo, ahí está Led Zeppelin y Black Sabbath, ¿no?

-Led Zeppelin es el grupo favorito de Vio y Black Sabbath, uno de los míos. Me halaga que alguien pueda intuir eso. En cuanto a técnica, no me veo cerca de Led Zeppelin, claro, sino muy lejos [se ríe]. Pero en cuanto a sonido y el timo de ritmos, sí. Y, bueno, a Black Sabbath los escucho mucho. Eso acaba reflejándose en los temas más pesadotes.

poster-¿Cuál fue el grupo que le empujó a tener el suyo?

-Bueno, el grupo de mi vida es Nirvana. Al 100%.

-Se intuía.

-[Risas] No lo oculto, la verdad. Desde que tuve cierto criterio musical me enganché a ellos. Empecé con Nevermind, pero luego me metí en el Bleach. Es mi disco favorito. No me canso de escucharlo una y otra vez. Creo que Bala es muy Bleach.

-Hay grupos que plantean los conciertos con introducción, nudo y desenlace. Lo suyo parece que va todo comprimido. ¿Es su filosofía?

-Sí, esa es la idea. Que vaya todo del tirón. No me gustan las pausas entre canciones. A veces, por cansancio, por sudor o porque a Vio se le desabrocha un zapato, hay que parar [risas]. Pero a nosotras nos gusta transmitir fuerza. Y la mejor manera de conseguirlo es esa.

-¿Entran en trance al tocar?

-Totalmente. Es como si te vieras en un sueño. Cierras los ojos, los abres y te parece todo surrealista. Libera muchísimo. Entras en otro mundo. Es una sensación complicada de describir, pero se trata del mayor placer que tenemos a día de hoy: la música y, especialmente, tocarla en directo. Cuando te metes en el bucle del sonido no quieres salir más.

-Al margen del sonido, contagian con su imagen y actitud en el escenario.

-[se ríe] Eso es por lo que sentimos y por tocar, tocar y tocar. En mis primeros conciertos yo estaba rígida. Ahora pienso en disfrutar. Y Vio también. Eso se transmite.

-¿Son de las que están esperando toda la semana a que llegue el viernes para ir a tocar por ahí adelante?

-Sí, es así. Nosotras siempre decimos que somos un grupo que empezamos al revés: normalmente grabas algún tema, tocas y luego sacas un disco. Nosotras estuvimos tocando más de un año por ahí hasta que apareció el disco. Teníamos muy claro desde el principio que íbamos a tocar, tocar y tocar. En cuanto tienes un vídeo un poco cutre que enseñar a las salas, empiezan a moverte y te pones a tocar con amigos. Pronto tendremos que pensar en otras fronteras.

-Encajan en esta filosofía de salas de conciertos que no son salas de conciertos, como era La Casa Tomada o el Liceo Mutante.

-Sí, son sitios súper necesario. Yo estoy en La Nave y estaba en la Tomada. La gente del Liceo Mutante son muy amigos. Para nosotros son lugares clave. Queremos ir por nuestro camino y a nuestro aire. Ahí estamos cómodas. No le hacemos ascos a nadie, hemos tocado en todo tipo de salas. Pero la verdad es que estamos genial.

-Todo esto ha explotado en Galicia en el último lustro. ¿Cómo entra usted ahí?

-Yo estaba en el circuito de las okupas como La Ruinas, la Cúpula del Trueno o la Casa das Atochas. Yo iba mucho ahí. Estuve viviendo fuera de A Coruña un tiempo. Cuando volví a tenía muchas ganas de hacer algo tipo El Liceo Mutante. Lo veía muy necesario. Un lugar en el que poder hacer conciertos con amigos, ayudar a hacerlos, lo que fuese… Mientras yo y mis amigos pensábamos en eso y buscaba sitios para hacerlo, apareció La Casa Tomada. Los conocía pero no eran mis amigos. Contacté con ellos y ya dejé de buscar [risas]. Echaba de menos un sitio así, fuese okupado o no okupado, pero sí autogestionado.

-¿Hay sitio para la delicadeza en Bala?

-Mmmm… casi te diría que no. Nos han propuesto hacer acústicos, pero los hemos rechazado. No nos representaría. Yo escucho a grupos como Low, pero el cuerpo no nos pide eso para nosotras. Tú ves a Vio tocar y dices: «No, tiene que tocar caña y rápido» [risas].

-¿Descartamos entonces verla con escobillas?

-Totalmente. Para nada. Estaríamos reprimiéndonos.

-Sin llegar al tema acústico, ¿unas melodías poperas en plan Nirvana no podrían ser?

-Melodías tenemos, pero no sé muy bien dónde va a acabar esto. Los temas nuevos son más cañeros aún. Yo grito más que nunca, así que no sé.

-Melvins, Ty Segal, Kyuss,… hay 20.000 parentescos les asignan. ¿Cuál es el más extraño, el que dicen “Esto ni de coña”?

-Más que parecidos, lo que sí me sorprendió fue una crítica que leí hace poco en la que leí algo así como “pop sucio”. Y algo con pop sí que me dejó un poco pensativa. Puede haber alguna melodía que tire algo más hacia el pop, pero de entrada no lo asocio a lo que nos sale. Los nombres que nos dicen, sí que hay referencias. De esos y de otros como L7, Babes in Toyland o Nirvana. Creo que tenemos algo de todos.

Foto: Rodri Porcelli