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Derechos humanos e inteligencia artificial: Leyes de la robótica en la UE

viernes, marzo 17th, 2017

La inteligencia artificial ya está aquí.

Desde que Deep Blue ganó al campeón de ajedrez Gary Kasparov en 1997, era cuestión de tiempo que el hardware y el software evolucionaran para ir rivalizando con el ser humano en otras muchas áreas. Lo ha hecho Google con la primera app de reconocimiento de voz en 2008, IBM también ganando con Watson al Jeopardy en 2011 y, finalmente, el bot Eugene Goostman logrando superar el famoso “Test de Turing” en 2014. Hoy se habla ya sin ambajes de conducción autónoma y de fábricas plenamente automatizadas, por no hablar de la inminente destrucción de empleos en dichas áreas y en otras, copadas paulatinamente por los llamados robots inteligentes.

¿Hasta dónde podemos llegar?

La ciencia ficción lleva décadas anticipando esta nueva realidad así como de las posibles consecuencias más funestas de la misma: desde la fría lógica del computador HAL 9000 en “2001: Una Odisea del Espacio”, pasando por el terrorífico Skynet de “Terminator” o el Matrix de 1999, hasta la conmovedora pero inquietante “Her” de 2013.

Y es que, más allá de lo que nos haya podido contar el imaginario del cine o la literatura sobre las consecuencias que puede tener la inteligencia artificial para la humanidad, lo cierto es que se abre una nueva época llena de incógnitas y el Derecho debe intentar regularla, como nueva realidad que es.

Pero, antes de entrar en esta posible regulación, ¿qué derechos tenemos los seres humanos ante el surgimiento de la nueva IA?

Como no podía ser de otro modo, tenemos los derechos clásicos recogidos en nuestra Constitución de 1978. Entre ellos:

  • El derecho a la vida y a la integridad física y moral (artículo 15);
  • La libertad de pensamiento, movilidad y desplazamiento (arts. 16, 17 y 19);
  • El derecho a la intimidad, a la propia imagen y a la privacidad (art. 18);
  • La libertad de expresión e información (art. 20) y
  • El derecho al honor (art. 18.1).

 

Todos ellos son derechos humanos básicos, a los que se pueden sumar otros como el derecho al trabajo, reconocido en el artículo 35 aunque no goza de la condición de derecho fundamental en nuestra Constitución.

Obviamente, todos estos derechos deben ser respetados en un nuevo escenario en que la inteligencia artificial desafíe y, por qué no decirlo, se imponga al ser humano en muchas de las áreas en las que ahora goza de hegemonía.

En esta línea, Isaac Asimov propuso en sus obras de ficción, ya en 1942, las famosas tres leyes de la robótica, de obligatorio cumplimiento para todo robot inteligente:

  1. Un robot no hará daño a un ser humano ni permitirá que, por inacción, éste sufra daño.
  2. Un robot obedecerá las órdenes que reciba de un ser humano, a no ser que las órdenes entren en conflicto con la primera ley.
  3. Un robot protegerá su propia existencia en la medida en que dicha protección no entre en conflicto con las leyes primera y segunda.

 

A las que se le añadió posteriormente la cuarta llamada Ley Cero, que se antepone al resto:

  • Un robot no hará daño a la humanidad ni permitirá que, por inacción, esta sufra daño.

Sin duda, sería deseable partir de una regulación por defecto en la inteligencia artificial que, al menos, respetara estas leyes así como el resto de los derechos humanos expuestos.

¿Se ha avanzado algo en ello?

Pues algo sí. Por lo pronto, tenemos ya dos propuestas regulatorias de ambos lados del charco y ambas muy recientes:

  1. En Estados Unidos: el Plan Nacional Estratégico de Investigación y Desarrollo en Inteligencia Artificial, de octubre de 2016, del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología.
  2. En la Unión Europea: la Resolución del Parlamento Europeo, de 16 de febrero de 2017, con recomendaciones destinadas a la Comisión sobre normas de Derecho civil sobre robótica.

 

Bien es cierto que la primera se aprobó bajo la Administración Obama y, huelga decir, que tiene un futuro incierto bajo la actual presidencia de Trump. Como en tantas otras cosas, habrá que esperar y ver.

Por su parte, la Resolución del Parlamento Europeo goza de plena salud y supone ya una propuesta formal para que la Comisión Europea pueda presentar un borrador de normativa en los próximos meses.

Pero ¿qué dice la propuesta regulatoria europea?

Más allá de que ya se esté hablado de las nuevas leyes de la robótica de la UE, lo cierto es que se plantean interesantes cuestiones que, en mi opinión, llegan en el momento justo en el que la industria se preparara para el gran salto hacia delante.

La primera de ellas es lo que se puede convertir en la primera piedra de una futura “personalidad electrónica”, reconocida jurídicamente para la inteligencia artificial. Para ello, la Propuesta UE habla de la necesidad de dar una definición única de “robot inteligente” (RI) a nivel europeo. Aunque no llega a darla, sí podemos hablar de los elementos necesarios para ello. Serían los siguientes que, como mínimo, debería tener este ente artificial:

  1. Capacidad de adquirir autonomía mediante sensores y/o mediante el intercambio de datos con su entorno (interconectividad) y el intercambio y análisis de dichos datos;
  2. Capacidad de autoaprendizaje a partir de la experiencia y la interacción con su entorno (esto se considera opcional y no necesario en todos los casos);
  3. Soporte físico mínimo;
  4. Capacidad de adaptar su comportamiento y acciones al entorno; e
  5. Inexistencia de vida, al menos en el sentido biológico.

 

Una vez definidos, el Parlamento Europeo propone crear un Registro de Robots Inteligentes, a modo de Registro de Tráfico o de Registro Civil de “personas electrónicas”, para tener a los RI inscritos e identificados.

Sentada esta base, la propuesta europea se lanza a regular los que serán los derechos y obligaciones tanto de los usuarios como, muy especialmente, de los ingenieros, investigadores y diseñadores de robots e inteligencias artificiales. Y ello lo hace, ni más ni menos, que a través de una verdadera “Carta sobre Robótica” donde plantea tanto aspectos jurídicos como éticos para esta futura regulación de la inteligencia artificial.

Como principios generales de esta regulación, la antedicha Carta plantea ya los siguientes:

  1. Principio de Beneficencia: por el cual, los robots deben actuar siempre en beneficio del hombre;
  2. Principio de no perjuicio o maleficencia: por el que establece la doctrina de «primero, no hacer daño», en virtud del cual los robots no deberían nunca perjudicar a las personas (se parece a la primera Ley de Asimov, no? ;-);
  3. Principio de Autonomía: la capacidad de tomar una decisión con conocimiento de causa e independiente sobre los términos de interacción con los robots; y
  4. Principio de Justicia: o la distribución justa de los beneficios asociados a la robótica y la asequibilidad de los robots utilizados en el ámbito de la asistencia sanitaria a domicilio y de los cuidados sanitarios en particular.

 

Todo esto está muy bien pero, ¿en qué se traduce en términos prácticos?

Pues, ante estos principios, la Resolución del Parlamento Europeo ya entra en propuestas concretas de las que podemos destacar las siguientes:

  • Reversibilidad y teclas de interrupción de urgencia: La posibilidad de deshacer la última acción o secuencia de acciones de un robot o una IA, que permita al usuario anular las acciones no deseadas o, en caso de emergencia, desconectarlo totalmente. Éste es el famoso “botón rojo” también propuesto por otras entidades y expertos para garantizar que el control último de la inteligencia artificial resida siempre en los humanos;
  • Privacidad: Los individuos no serán personalmente identificables, salvo en caso de consentimiento explícito del afectado, el cual tiene que recabarse antes de cualquier interacción hombre-máquina.
  • Transparencia: Las etapas de toma de decisión del robot inteligente deben ser claras y poder ser objeto de reconstrucción y trazabilidad en todo momento.
  • Seguridad y previsibilidad: La respuesta y ejecución de los robots y de las IA deben realizarse teniendo en cuenta la incertidumbre en la interpretación y en la acción, así como los posibles fallos de los robots o del hombre. La idea es dar un margen de seguridad respecto a la posible falibilidad e imperfecciones de la comunicación humano-máquina.
  • Identificación: El autómata debe ser identificado como tal al relacionarse con humanos. Es decir, en ningún caso, se podrá diseñar un androide o IA que nos engañe al hacerse pasar por un humano. Debemos tener claro siempre que al otro lado hay una máquina, a la hora de interactuar con ella.

 

Finalmente, la Propuesta del Parlamento Europeo se completa con el contenido mínimo de la Licencia de Uso de la Inteligencia Artificial. En dicha licencia se tendrán que contemplar, al menos, los derechos y obligaciones para los usuarios de robots inteligentes que resumimos a continuación:

  1. Derecho a no temer perjuicio físico ni psicológico;
  2. Derecho a esperar que el robot ejecute sus tareas propias, para las que fue diseñado;
  3. Obligación de aceptar las limitaciones de percepción, cognición y acción del robot inteligente;
  4. La inteligencia artificial deberá respetar la fragilidad y emotividad humana, no generando confusión en cuanto a la realidad de los sentimientos simulados por la máquina;
  5. Derecho a la intimidad: el robot deberá respetar la vida privada y, por ejemplo, desactivar sus videomonitores en momentos íntimos;
  6. No tratar datos de personas sin el consentimiento explícito y previo de las mismas;
  7. Obligación de no usar a los robots contra la Ley ni contra la Ética; y
  8. En ningún caso, modificar robots para ser usados como armas.

 

De los derechos de los robots, mejor hablamos otro día 😉

 

 

Este artículo deriva de la ponencia “Los nuevos Derechos Humanos ante el Avance de la Inteligencia Artificial” impartida en el evento #LegalThinking : Derecho 2.0: reflexiones de abogad@s TIC sobre tecnología, robótica e inteligencia artificial, el 17 de marzo de 2017 en la Facultad de Derecho de la Universidad de A Coruña.

Publicado originalmente en: http://pintos-salgado.com/2017/03/17/derechos-humanos-e-inteligencia-artificial-leyes-de-la-robotica-en-la-ue/

 

Hay Derecho en las Redes Sociales

lunes, septiembre 21st, 2015

Nuestro país siempre se ha caracterizado por ser pionero o postrero en las distintas revoluciones que han ido surgiendo a lo largo de las Historia. Desde luego, las nuevas tecnologías no iban a ser una excepción.

Sin embargo, en este caso, España fue uno de los primeros países del mundo en legislar en la materia. Es sorprendente comprobar que, ni más ni menos, que nuestra Constitución de 1978 ya consigno la palabra “informática” en un artículo fundamental, el 18 que regula derechos tan importantes como el honor, la intimidad personal y familiar y la propia imagen. En concreto, su apartado 4 dispone expresamente que “La ley limitará el uso de la informática para garantizar el honor y la intimidad personal y familiar de los ciudadanos y el pleno ejercicio de sus derechos”.

En un momento en que criticamos, cada vez más, la labor del legislador en los últimos tiempos, es importante poner en valor la gran calidad del texto de nuestra Carta Magna que llegó a ser verdaderamente profético. ¿Cuántos ordenadores había en España en 1978? Casi podríamos contarlos y, sin embargo, nuestro legislador constituyente ya previó, años antes incluso que organismos internacionales como la OCDE, la potencial amenaza que podían constituir las incipientes nuevas tecnologías para los derechos fundamentales de las personas.

Bien es cierto que tardamos 14 años en cumplir el mandato constitucional y aprobar la ya derogada Ley Orgánica 5/1992 de Tratamiento Automatizado de Datos de carácter Personal (LORTAD), sustituida ahora por la LOPD de 1999 y su desarrollo reglamentario de 2007, pero hoy ya podemos hablar de un verdadero derecho fundamental a la privacidad y a la protección de nuestros datos en España gracias a dos sentencias claves del Tribunal Constitucional, la 291 y 292 del 30 de noviembre de 2000, que marcaron el inicio de una verdadera revolución de defensa de nuestros derechos civiles en Internet.

Sin duda, España ha sido pionera en un sistema normativo revolucionario que ahora disfrutamos en toda Europa y que miran con envidia otros países como Estados Unidos, cuyos modelos de negocio “gratuitos” se sostienen gracias a una explotación masiva de los datos personales de los usuarios por parte de empresas multimillonarias gracias a una legislación mucho menos protectora de la privacidad de los ciudadanos.

El último hito ha sido la importantísima sentencia del Tribunal de Justicia de la Unión Europea, de 13 de mayo de 2014, donde se reconoce por vez primera tanto el llamado “derecho al olvido” en la Red como, aún más importante, la aplicación de nuestra normativa a los gigantes norteamericanos de Internet como Google o Facebook, cuando traten los datos de europeos. Dicha sentencia también fue causada, también, gracias a una acción judicial impulsada desde nuestro país.

El hecho de que seamos pioneros a nivel mundial en la protección de nuestros derechos en la Red es algo de lo que sentirnos muy orgullosos 😉

 

Publicado originalmente en: http://www.lavozdegalicia.es/noticia/internet/2015/05/04/derecho-redes-sociales/0003_201505G4P3993.htm

La mayor mentira de Internet

jueves, noviembre 20th, 2014

La polémica saltaba hace unos días con la noticia de que WhatsApp podía expulsar a cualquier usuario derivado de su comportamiento en este popular servicio de mensajería. En concreto, si la empresa interpreta que dicho comportamiento es nocivo o abusivo. Pero ¿esto es legal? A continuación analizaremos ésta y otras cuestiones que, sin saberlo, aceptamos sin más cuando accedemos a los servicios más populares de Internet.

El motivo no es otro que la mayor mentira de Internet, es decir, la que todos cometemos cuando marcamos la famosa casilla del “He leído atentamente y acepto las condiciones de uso”.

Yo me pregunto, ¿si verdaderamente nos leyéramos todas esas condiciones, las aceptaríamos igualmente o, aunque las aceptáramos, usaríamos del mismo modo estos servicios de Internet? Vamos a verlo.

 

WhatsApp puede echarnos pero ¿por qué?

Dentro de las condiciones de uso de WhatsApp que, por cierto, están solamente en inglés aquí: http://www.whatsapp.com/legal/ (incluso en la versión española de su web), nos encontramos el siguiente párrafo (traducción libre):

WhatsApp también puede cancelar el acceso de un usuario al Servicio, si es un infractor reincidente, o por cualquier otra razón o sin ninguna en absoluto, incluyendo la de ser molesto. (…). Una persona molesta es cualquiera que haya sido calificada como tal (caprichosamente o no) por parte de empleados, agentes, subagentes, superagentes o superhéroes autorizados por WhatsApp.”

Esto es lo que literalmente contiene ese texto que no nos leemos pero que aceptamos cuando abrimos una cuenta como usuarios de WhatsApp.

Como vemos, esta empresa puede echarnos libremente de su servicio, en cualquier momento y con total discrecionalidad, por cualquier motivo “o sin ninguno en absoluto”. Ello, como digo, lo aceptamos así cuando nos damos de alta.

Con esto, entendemos mucho mejor cuando la empresa, de un modo sorpresivo y unilateral, ha incluido esta misma semana la posibilidad de que el emisor de un mensaje sepa, exactamente, cuando leemos el mismo con el ya famoso “doble check” de color azul. Sin embargo, WhatsApp no lo ha incluido previa y expresamente en sus Condiciones de Uso y ello podría traerle problemas.

 

A Facebook se lo damos todo

Cuando nos damos de alta en la red social por excelencia, aceptamos unas condiciones de uso bastante sorprendentes. Podemos consultarlas a texto completo aquí: https://www.facebook.com/legal/terms

Lo primero que destacamos en el texto legal de Facebook, éste ya sí en castellano aunque la versión que nos vincula es la original en inglés, es lo siguiente:

Para el contenido protegido por derechos de propiedad intelectual, como fotografías y vídeos (en adelante, “contenido de PI”) (…) nos concedes una licencia no exclusiva, transferible, con derechos de sublicencia, libre de derechos de autor, aplicable globalmente, para utilizar cualquier contenido de PI que publiques en Facebook o en conexión con Facebook (en adelante, “licencia de PI”)”

Es decir, todo lo que publicamos en Facebook, incluyendo textos, fotografías o vídeos, se lo cedemos a dicha empresa para que puedan hacen una explotación prácticamente ilimitada de nuestros contenidos, sin derecho a royalties, por sí o por terceros y de alcance mundial.

Si un día estamos paseando por Nueva York y nos encontramos una foto de 10 metros por cinco con la foto de nuestro hijo y con la leyenda “Facebook está contigo”, que no nos sorprenda pues les hemos autorizado para ello.

Pero ahí no queda todo. Otra perla la encontramos en la “Política de Privacidad” de Facebook (que, por cierto, tiene ya más palabras que la propia Constitución de los Estados Unidos de América), dice así:

Algunas categorías de información, como tu nombre, la foto de tu perfil, tu lista de amigos, las páginas de las que eres fan, tu sexo y las redes a las que perteneces se consideran públicas y, en consecuencia, no tienen configuración de privacidad.”

Menos mal que nos dicen “algunas categorías”, ¿eh? En definitiva, todos estos datos son “totalmente públicos y disponibles para todos” sin que, en ningún caso, podamos configurar su privacidad, total o parcial. Sí, ya sé que la publicidad de Facebook nos hace creer lo contrario pero, en realidad, no tenemos el control sobre la privacidad o no de estos datos una vez abrimos cuenta en esta red social.

 

Google, el Gran Hermano con nuestro consentimiento

Llegados a este punto, es obligado referirnos también a las condiciones de uso del gigante buscador multicolor que, por supuesto, no se queda a la zaga en lo que a condiciones sorpresivas se refiere.

Los textos de Google también están en castellano y se pueden consultar a texto completo aquí: https://www.google.com/intl/es/policies/terms/

Veamos lo que señalan al referirse a los contenidos que publicamos en cualquiera de los servicios de Google:

“Al subir, almacenar o recibir contenido o al enviarlo a nuestros Servicios o a través de ellos, concedes a Google (y a sus colaboradores) una licencia mundial para usar, alojar, almacenar, reproducir, modificar, crear obras derivadas (…), comunicar, publicar, ejecutar o mostrar públicamente y distribuir dicho contenido. (…) Esta licencia seguirá vigente incluso cuando dejes de usar nuestros Servicios.”

Al menos, Facebook limitaba su amplia licencia hasta que los dábamos de baja. Google, por el contrario, se reserva dichos derechos incluso aunque dejemos de ser usuarios.

Y ¿qué decir de nuestra privacidad o, incluso, de nuestra intimidad? Sin duda, nos sorprenderá haber aceptado esto:

“Nuestros sistemas automatizados analizan tu contenido (incluidos los correos electrónicos) para ofrecerte funciones de productos que sean relevantes para ti, como resultados de búsqueda y anuncios personalizados, y detección de software malicioso y spam. Este análisis se realiza cuando el contenido se envía, se recibe y cuando se almacena.”

Después de esto, cualquier expectativa de nuestro derecho fundamental al secreto de nuestras comunicaciones en el servicio de Gmail debe ser seriamente revisada. Todo el contenido de nuestros mensajes de correo no solo se lee, sino incluso se utiliza para generar patrones de hábitos, gustos, aficiones y, en general, mucha información personal sobre nosotros que será explotada ampliamente y a nivel comercial y publicitario por el gigante Google. De hecho, éste es su modelo de negocio.

Ello, además de otros muchos datos como, por ejemplo, todo nuestro historial de búsquedas (pensemos un momento en esto) o, incluso, nuestra localización física si usamos un dispositivo móvil con su software, tengamos o no GPS. Esto es lo que nos dice su Política de Privacidad al respecto:

“Al utilizar un servicio de Google que pueda registrar tu ubicación, podremos recopilar y procesar información sobre tu ubicación real como, por ejemplo, las señales de GPS enviadas por un dispositivo móvil. También podremos utilizar diferentes tecnologías para determinar la ubicación, como los datos de los sensores del dispositivo que proporcionen, por ejemplo, información sobre los puntos de acceso Wi-Fi y las antenas de telefonía móvil más cercanos.”

De hecho,  unos de los servicios más recientes y avanzados de la empresa es el que se denomina “Google Now” y se presenta como un “asistente personal inteligente”. Entre otras cosas, nos dice, cuando termina nuestra jornada laboral y según esté el tráfico, cuanto tiempo concreto nos llevará llegar a nuestra casa ese día.

“Este servicio está muy bien” me decía un viejo amigo informático cuando me habló de ello por primera vez, “pero estaría aún mejor si yo le hubiera dicho a Google dónde está mi casa, pero no lo he hecho en ningún momento”.

¿Y como sabe Google dónde está nuestra casa? Muy sencillo: todos los días nuestro teléfono móvil pasa unas horas quieto, de noche, en un lugar concreto del mapa. Ese sitio lo etiqueta Google automáticamente como “Mi casa”. Lo mismo que hace con nuestro lugar de trabajo, al estar allí quieto nuestro móvil durante la jornada laboral. Todo un gran hermano, ¿eh?

En definitiva, todos estos servicios no sólo hacen esto porque su legislación de origen es mucho más permisiva que la nuestra a la hora de proteger nuestros derechos como usuarios y ciudadanos sino también porque nosotros, y nadie más, les hemos autorizado a ello al aceptar esas condiciones de uso que nunca leemos.

Supongo que la próxima vez les echaremos al menos un vistazo, ¿no?

 

Artículo publicado originalmente en el EXTRA de La Voz de Galicia, el domingo 9 de noviembre de 2014.

Enlace edición digital:

http://www.lavozdegalicia.es/noticia/vidadigital/2014/11/09/doble-check-whatsapp-pone-alerta/0003_201411SX9P69913.htm

¿Nativos digitales o huérfanos digitales?

viernes, septiembre 19th, 2014

Puede que seamos o no conscientes de ello, pero los humanos que habitamos el planeta en estos momentos estamos asistiendo a una de las mayores revoluciones de toda la Historia. Es cierto que el origen son las llamadas “nuevas” tecnologías de la información y de la comunicación (aunque algunas de estas tecnologías han cumplido ya más de 30 años). Sin embargo, se ven afectados casi todos los órdenes de nuestra sociedad: la economía, la educación, la política, el Derecho, etc.

La Voz de Galicia, sección de Opinión, de 7-9-2014.

 

Es cierto que esta revolución no nos afecta a todos por igual. Más allá de los condicionantes geosociales, se ha hablado mucho de que los llamados “nativos digitales”. Esa rara especie de personas que han tenido contacto con el mundo digital desde muy temprana edad y que, por ello, parecen mejor preparadas para desenvolverse sin problemas en este nuevo entorno. ¿Quién no ha oído hablar de esos niños prodigio que desde los dos años ya manejan el mando de la tele o que, en su más tierna infancia, ya usan con soltura el ordenador o el móvil?

Sin embargo, esta aparente habilidad en el uso de las tecnologías oculta una realidad que debemos tener presente: siguen siendo menores que, lejos de no necesitarnos, nos necesitan más que nunca para enseñarles y guiarles en este nuevo entorno.

Más que nativos digitales, lo que tenemos hoy en día, desgraciadamente, es una verdadera generación de “huérfanos digitales”. Niños y adolescentes a los que les abrimos la puerta de un nuevo y atractivo mundo tecnológico, que se lanzan a explorar con su curiosidad innata,  del cual no sólo no les contamos nada (pues nada sabemos, decimos) sino que además nos negamos a acompañarles por sentirnos erróneamente más torpes e incompetentes. No confundamos habilidad con conocimiento.

Estamos haciendo una negligente dejación de funciones. Nuestra primera responsabilidad como padres, educadores y profesionales es conocer esta nueva realidad tecnológica. Usarla. Movernos por ella. Sólo así y con nuestra mentalidad más experimentada y adulta, podremos detectar sus grandes oportunidades y también sus riesgos a fin de poder guiar a nuestros menores en un uso provechoso y responsable del mundo digital.

Internet no es el enemigo, sino solamente una herramienta. Lo mismo que un cuchillo que lo mismo sirve para untar el pan que para herir a una persona. Y es una realidad que ha venido para quedarse.

Lo mismo que no dejamos a un niño salir sólo de casa sin haberle acompañado antes e insistirle muchas veces en que preste atención a los semáforos y tenga cuidado al cruzar la calle, etc., no podemos hacer lo mismo con Internet. Demos salir con ellos, conocer los nuevos semáforos digitales (que los hay y muchos), enseñarles y vigilarles hasta que aprendan por sí mismos.

Es nuestra responsabilidad. Ni son nativos digitales ni deben ser tampoco huérfanos digitales. Son nuestros hijos, y como en el resto de órdenes de la vida, nos necesitan.

 

Artículo publicado originalmente en la sección de opinión de La Voz de Galicia, el domingo 7 de septiembre de 2014.

Enlace edición digital:

http://www.lavozdegalicia.es/noticia/opinion/2014/09/07/nativos-digitales-huerfanos-digitales/0003_201409G7P18993.htm

Cómo cumplir la ley en Internet y no morir en el intento ;-)

jueves, abril 3rd, 2014

La semana pasada, tuve el gran placer de intervenir en los desayunos de WeKCo, sin duda uno de los centros de coworking de referencia en Galicia para empresas startups tecnológicas.

El título de mi intervención fue “¿Hay Derecho 2.0?” o “Cómo cumplir la ley en una startup TIC y no morir en el intento ;-)”.

Lanzar una startup ya es, en sí mismo, un deporte de riesgo. Si además lo hacemos en el cambiante y desafiante entorno TIC, es ya una auténtica heroicidad, no digamos si le sumamos el hecho de tener que lidiar con un entorno legal ambiguo y vagamente adaptado a esta nueva realidad. Para ayudar a no ahogarse en el intento, en el #WeKCoDesayuno intenté dar algunas claves para evitar los #fails más peligrosos en este entorno.

Un pequeño salvavidas legal para nuestros aguerridos y tan necesarios emprendedores de Internet…

Gracias al gran trabajo de GMO Comunicación, os dejo su magnífico resumen de mi intervención publicado en el blog de WekCo:

http://wekco.net/asi-fue-el-wekcodesayuno-con-victor-salgado/

Muchas gracias y hasta la próxima!

Videoblog: ¿Qué ley se aplica en Internet?

jueves, marzo 21st, 2013

En el videoblog de hoy ascendemos un poco para tener una “vista de pájaro” sobre la legislación aplicable a Internet:

¿Qué ley debemos cumplir en el mundo online? ¿Cómo se empezó a regular la Red? ¿Qué es la netetiqueta? ¿Qué significa que “el código es la ley” en palabras del Profesor Lawrence Lessig? ¿Cómo se debe regular Internet? Es necesario conocer la realidad y las “leyes físicas” de la Red antes de intentar regularla. ¿Se aplica la legislación nacional o internacional? ¿Se puede aplicar nuestra ley a los operadores extranjeros? Éstas y otras cuestiones son las que intentamos aclarar en el siguiente video:

Imagen de previsualización de YouTube

Un honor: los 10 abogados españoles más influyentes en redes sociales

viernes, febrero 8th, 2013

Es para mí un verdadero honor haber sido mencionado por el prestigioso Diario Expansión como uno de los 10 abogados españoles más influyentes en redes sociales. Simplemente el hecho de compartir cartel con tan enormes profesionales y comunicadores, a los que admiro y respeto profundamente, es un gran privilegio.

Owly Images - http://ow.ly/i/1tKor

Imagen vía Francesc Pumarola en Twitter

Sólo unas líneas para agradecer su amable artículo a Carlos García-León y para dar mi más sincera enhorabuena a mis compañeros David Bravo, Javier de la Cueva, Josep Jover, Carlos Guerrero, José Muelas, Paco Pérez Bes, Jorge Campanillas, Jesús Alfaro y Aina Díaz por su merecidísima inclusión en la lista.

Muchas gracias a Francesc Pumarola por difundirlo en Twitter y por animarme a crear este blog. Sin sus sabios consejos de estrategia digital, no hubiera sido posible.

Enlace al artículo original:

http://www.expansion.com/2013/02/06/juridico/1360169676.html

Actualización:

Vídeo realizado por Web Empresa 2.0. Muchas gracias a Alberto Falcón (@afalcon) por la referencia:

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Inaugurando “videoblog”

jueves, noviembre 24th, 2011

Hoy damos el primer paso de un nuevo experimento: el “videoblog”. Espero que os guste:

Imagen de previsualización de YouTube

¿De quién es mi perfil en las redes sociales?

jueves, agosto 4th, 2011

Hace unos días, Enrique Dans (@edans) publicaba un interesante artículo en su blog titulado “¿De quién es una cuenta en Twitter?”. Cuándo me hacía eco del mismo, un buen amigo y seguidor de Twitter (gracias @regueiro) me pidió mi opinión al respecto. Como buen gallego (y además abogado) no pude por más que responder con un “depende”. Obviamente, 140 caracteres no dan para mucho más por lo que me comprometí a desarrollar el tema en el blog y ¡aquí estamos!

Foto: Ben Schumin - Licencia Creative Commons

Dado que lo que voy a comentar a continuación es también aplicable a otras redes sociales, y a fin de que el bueno de Enrique no me acuse de plagio en el título, he decidido ampliarlo a: “¿De quién es mi perfil en la redes sociales?”

Como ya os he adelantado mi respuesta corta:”depende”, permitidme empezar por ella: ¿De qué depende? Pues, en realidad, de lo que entendamos por el “de quién” o, en definitiva, del concepto que manejemos de “propiedad” o “pertenencia”.

En su día ya tuve oportunidad de reflexionar sobre ello y, por tanto, me remito al artículo que escribí al respecto: “La propiedad ha muerto, ¡vivan los derechos de uso!” (uno de mis preferidos, por cierto) y continúo mi reflexión aplicándolo al presente caso:

Dado que el concepto de propiedad actual es relativo, ya solo cabe hablar de “derechos de uso” y de sus respectivos titulares. Un perfil de una red social se compone de varios elementos con distintos derechos aplicables que vamos a intentar sintetizar aquí a ver si nos aclaramos y encontramos a sus verdaderos titulares o “propietarios”. Dichos elementos serían cuatro: el sistema informático que da soporte a la red social, los contenidos que publicamos, nuestros datos personales y el nombre o denominación del perfil.

Por tanto y como dijo Jack el Destripador, vayamos por partes:

1- Propiedad Material del sistema informático:

Si vamos a la propiedad material, es decir a la de los elementos físicos y de software que integran el sistema que le sirve de soporte. Diríamos que nuestro perfil es propiedad de la empresa titular de la red social donde se ubica. Así, mi cuenta de Twitter pertenecería a Twitter, Inc., la de Facebook a Facebook, Inc., la de Google+ a Google Inc., etc.

Esto es porque nuestro perfil no es otra cosa que una parte de un sistema informático cuya titularidad pertenece a estas empresas como proveedores del servicio.

De este modo, todo el esfuerzo que una persona o entidad ha dedicado a desarrollar su presencia en dicha red y acumular cientos, miles o millones de amigos, fans o seguidores puede no significar nada si, de la noche a la mañana, ya sea por normativa interna o por una decisión empresarial, el proveedor del servicio decide eliminar o transferir dicho perfil a otro.

“¿Y esto es legal?” Me preguntaréis: Pues sí, siempre que no se afecten el resto de “propiedades” o derechos que vamos a describir a continuación:

2- Propiedad Intelectual de los contenidos publicados.

Está claro quién es el propietario del sistema, pero ¿quién lo es de los contenidos publicados en nuestro perfil?: Comentarios, fotos, enlaces, videos, etc.

En este caso, debemos atenernos exclusivamente a la normativa en materia de propiedad intelectual. Dicha normativa nos dice que el titular de una obra es, en primer lugar, su autor “por el mero hecho de su creación”. Por tanto, aquellos textos o imágenes creados o captadas por nosotros nos pertenecen, mientras que aquellos otros contenidos ajenos que referenciemos o reproduzcamos en nuestro perfil pertenecen a sus respectivos autores o titulares que los hayan adquirido mediante licencia.

Si bien, conviene tener en cuenta que algunas redes sociales, como es el caso de Facebook que comentamos en su día, recogen en sus condiciones generales de uso que adquieren la titularidad intelectual de todos los contenidos que publiquemos en nuestro perfil, ya sean propios o ajenos.

3- Propiedad de los datos personales introducidos.

Otro elemento esencial de nuestro perfil son los datos personales. ¿A quién pertenecen los datos?

Aquí hay que diferenciar claramente dos modelos normativos: el americano y el europeo, tal y como también comentamos en su día.

A consecuencia de ello, podemos decir que en los Estados Unidos los datos personales pertenecen a las entidades que los tratan y se convierten en una mercancía más: es decir, son propiedad de la empresa lo mismo que sus locales o sus ordenadores. Sin embargo, en Europa dichos datos nunca dejan de ser propiedad de las personas a las que se refieren.

Esto, sin duda, plantea un conflicto: para Facebook, Twitter o Google, todas con sede en California, mis datos son suyos pero para mí, que resido en España, mis datos son míos, por el mero hecho de referirse a mi.

Lo mismo cabe decir de los datos de nuestros amigos, seguidores o contactos, así como los que publiquemos de otras personas (nombres, fotos, etc.): con arreglo a nuestro derecho, no nos pertenecen sino que les pertenecen a ellas. Es importante tenerlo en cuenta cuando publicamos dichos datos en nuestro perfil, tal y como advertimos también en su día.

4- Propiedad del nombre o denominación utilizada en el perfil:

Finalmente, nos referimos al último elemento de nuestro perfil: su nombre o denominación.

Aquí pueden surgir muchos problemas, como también tuve ocasión de comentar en otro artículo del blog.

Baste decir aquí que sólo deberíamos utilizar una denominación que se identifique bien con nuestro nombre propio o el de nuestra entidad o bien con una marca o nombre comercial del que seamos titulares. En otro caso, corremos el riesgo de que dicho perfil sea reclamado por el titular de dicha denominación y, en función de la legislación aplicable y/o de la normativa interna del proveedor del servicio, nuestro perfil puede ser dado de baja o transferido a dicho titular.

El titular de una marca o nombre comercial es el único que puede reclamar su derecho exclusivo a usar dicha denominación en un perfil y, por tanto, es su propietario a estos efectos. Cuidado con utilizar denominaciones de este tipo sin autorización.

Como hemos visto y resumiendo, no hay un único “propietario” de nuestro perfil sino que pueden ser muchos y nosotros, en muchas ocasiones, estamos al final de la cola.

Los 10 artículos más leídos de Abonauta en 2010

miércoles, diciembre 29th, 2010

reloj-puerta-sol

Se acerca fin de año y, como ya es tradicional, en estas fechas toca echar la vista atrás y hacer balance del 2010.

Quiero aprovechar la ocasión para agradeceros sinceramente todo vuestro apoyo, lectura, comentarios, referencias y enlaces al blog. Habéis hecho posible que Abonauta haya superado ya la increíble frontera de 50.000 visitas únicas durante este año (todo un récord para un humilde blog de leyes ;-).

Sé que suena a tópico, pero sin vosotros nada de esto tendría sentido. ¡Muchas gracias a todos!

Estos son los 10 artículos a los que habéis decidido dedicar más atención, con una sorprendente fidelidad, durante este año que ya se nos va:

1º- ¿Cómo borro mis datos de Internet?

2º- Firma Electrónica: tu identidad digital en la Red

3º- ¿Cuántos amigos tienes en tu Red Social? ¡Cuidado1 Si tienes demasiados, se te aplica la LOPD.

4º- ¡Horror, mi nombre sale en Google!

5º- ¿El jefe puede leer mi correo?

6º- El riesgo de contar tu vida en la Red

7º- Mi hijo “sale” en la Red

8º- Descargar o no descargar, ésa es la cuestión

9º- Los verdaderos “piratas” en Internet

10º- Las 10 reglas básicas para tener un “blog legal”

Gracias de nuevo a todos por estar ahí.

¡Feliz 2011!