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Archivo para Diciembre, 2013

Los diez mejores discos nacionales del 2013

Lunes, Diciembre 30th, 2013


Sí, una vez más Triángulo de Amor Bizarro están ahí, en lo más alto del pop nacional. Victoria Mística supone un nuevo paso en su característica aleación de ruido y melodía. Vence y convence. Solo deja la duda de hasta cuándo podrán los de Boiro seguir estirando el chicle sin hacer una revolución de sus planteamientos sonoros. Eso queda para el futuro. Ahora toca disfrutar de un listado en el que de nuevo sobresale Galicia. No existía intención alguna de poner el acento gallego, pero e las cosas son así: hasta cuando se va fuera para ensalzar a León Benavente resulta que su cantante, Abrahan Boba, procede de Vigo. Ya se ha hablado en este blog veces y veces del (excelente) estado de las cosas musicales de nuestra tierra. Las entregas del 2013 de bandas como Das Kapital, A Veces Ciclón, Disco las Palmeras o Antenas Hacia El Cielo (y otras que se quedaron a las puertas de este listado, como One Of These Days, Niño y Pistola, Unicornibot o Caxade, o los nuevos epés de Jane Joyd, Wolrus y Moondogs Blues Party) vuelven a refrendar la impresión.

1. TRIÁNGULO DE AMOR BIZARRO “Victoria mística” (Mushroom Pillow). Problemas con la mezcla final hicieron que el disco saliera a destiempo, en pleno verano, con la gente a otra cosa. Pero los que se metieron en él sintieron, sí, el calambrazo. Afilando el sonido y llenando sus canciones de una mala leche que ahora mira a lo político, Triángulo de Amor Bizarro ofrecieron en el 2013 quizá el mejor trabajo de su excitante carrera. No hay factor sorpresa, pero sí un amplio recorrido por sus múltiples vertientes: la pop (Victoria mística), la obsesiva (Robo tu tiempo), las parábolas shoegazers (Enemigos del espíritu) y las explosiones de ruido (Lo hispano marcha- La banca paga). Continúan siendo los mejores aquí, como ya lo fueron hace tres años. En mayo estuvieron en Los conciertos de Retroalimentación con una actuación para el recuerdo. En el 2014 volverán al ciclo.

2. LEÓN BENAVENTE “León Benavente” (Marxophone). Por una vez el concepto de supergrupo indie ha ido más allá de un divertimento paralelo intrascendente. En León Benavente se dan cita Eduardo Baos (Tachenko), César Verdú (Schwarz) y Luis Rodríguez y Abraham Boba (ambos músicos Nacho Vegas y el segundo con una notable trayectoria en solitario). Tirando de un rock más bien oscurete que invoca al fantasma de The Cure, tejen un ramillete de canciones estupendas, con letras inteligentes y la suave voz de Boba al frente. Y su directo promete muchas cosas. En febrero vendrán a Galicia.

3. DAS KAPITAL “Grecia” (Discos Da Máquina). Antes estuvo Ruido negro, pero es con este segundo álbum cuando los compostelanos han solidificado un discurso tan ambicioso como falto de fisuras. “Esta é a época e esta é a música da época”, proclaman en un álbum que, al estilo de los Programme de L’Enfer Tiede, pretende radiografiar el momento con toda su crudeza. En ese caso su idea está clara. Sobre bases de aire industrial y ausencia de melodías, el spoken word de O Leo -amenazante, contenido, logradísimo- expone su versión y visión de los hechos: Grecia es el reflejo que nos devolverá el espejo más pronto que tarde. Escucha el disco aquí.

4. LA MALA RODRÍGUEZ “Bruja”(Universal). La Mala está muy cabreada. Y la furia se agolpa en su rapeo. Como si las palabras se quedasen cortas, temas como Caja de manera o 33 las acogen en sus rimas para hacerlas explotar de una manera apabullante. Como un auténtico bofetón, María Rodríguez surgió este año con una autoridad tremenda. Desde Lujo ibérico (2000) no se le recordaba tan inspirada. Pero es que además de sacar las uñas, la de Cádiz se mete en la segunda mitad del trabajo en territorios más sensuales e intimistas, siempre girando sobre su gran temática: el miedo y la necesidad imperiosa de vencerlo. Era una grande y este año creció aún más.

5. A VECES CICLÓN “A Veces Ciclón” (Acuarela). Lo de este trío de enamorados de los Jr., Viva las Vegas y Mus que dieron lustre al catálogo de Acuarela a finales de los noventa y principios de los dosmiles es para tomárselo con (mucha) calma. Solo así uno puede disfrutar de un puñado de canciones interpretadas en susurros, armadas en bucles sonoros circulares y engalanadas con percusiones impertérritas. Parece que no ocurre nada. Al poco, sin embargo, tienen al oyente ensimismado. Lo logran con canciones que contemplan esperas hacia la nada, cambios de estaciones o desconexiones en las relaciones humanas. Merece la pena el esfuerzo. Escucha el disco aquí.

6. MANEL “Atletes, Baixin de l’escanari” (Warner). Adiós al ukele. Adiós a los arreglos de cuerdas y viento. Manel se impusieron la deserción de dos de las notas más características de su sonido para seguir avanzando en su carrera. Y la jugada les ha salido bien. El nuevo armazón -más recio y simple, pero igualmente distintivo- sirve para revalidar a los catalanes, expertos en lanzar miradas oblicuas de las cosas. Así son capaces de ver la gran historia de amor entre John Lennon y Yoko Ono, en vez de sumarse al odio general, o convertir en el momento en el que una banda de rock decide separarse.

7. RAFAEL BERRIO “Diarios” (Warner). Llega tarde este reconocimiento en este blog. El cantante vasco, autor del imprescindible 1971 (2010), se lo merecía mucho antes. En algún lugar entre Carlos Gardel, Jacques Brel y Leonard Cohen, emerge un universo poético, bohemio y romántico que logra cotas de elegancia inéditos en el panorama nacional. Letras como “Ya no es tu alma cera blanda / donde el mundo marca impronta / sino lacre endurecido y quebradizo” suenan como latigazos crooner de un autor sorprendentes y a reinvidicar totalmente. Nunca es tarde. Escucha el disco aquí.

8. STANDSTILL “Dentro de la luz” (Buena Suerte / Sony). Después de comprimir en Adelante Bonaparte la experiencia de tener un hijo, Enric Montefusco traza en su nuevo disco un tratado sobre cómo el amor llega a una persona y la ilumina completamente. Intercalando momentos de recogimiento con explosiones, los catalanes se muestran ahora totalmente imprevisibles. Además, en todo momento se desprende la sensación de querer atrapar una cierta espiritualidad con coros celestiales y una música que mira hacia el cielo como aquellos The Delgados de Hate (2003). Algunos fans se han echado las manos a la cabeza. Harían bien en volverlos a escuchar una vez más. O dos. O tres. O… hasta que haga click.

9. DISCO LAS PALMERAS! “Ultra” (Matapadre). Segundo trabajo del trío de Sarria y segundo disparo certero. La receta continía invariable: sonido rugoso, magmas de ruido, ocasionales rayos melódicos y estampidas rítmicas. Más politizados aún, hablan de la frustración, la rabia y las ganas de romper con todo en el negro momento en el que nos ha tocado vivir. En ese sentido, destaca Que rueden cabezas. En ese estribillo definitivo que clama “Se ríen de ti” la banda ha alcanzado su cima hasta la fecha. Otros que destacan en directo, tal y como se pudo ver en su pase en Los conciertos de Retroalimentación. Escucha el disco aquí.

10. ANTENAS HACIA EL CIELO “Antenas hacia el cielo”. El proyecto de los hermanos Gonzalo y Dani Abalo explora el lado más electrónico de su ex banda Nadadora. Con The Cure, Disco Inferno, Field Mice, OMD o The Radio Dept como influencias, el dúo deja un primer paso que nace totalmente de espaldas a todo: ni edición física, ni directos de presentación, ni la más mínima promoción. Solo amor a un modo, ese modo, de concebir la música en el que Joy Division se conectan con Slowdive sin problemas. Ojalá tenga continuidad. Escucha el disco aquí.

Así se disfruta un concierto

Domingo, Diciembre 29th, 2013

Lo sabían ellos y lo sabíamos nosotros. La sala Mardi Gras era el escenario perfecto para Moondogs Blues Party. La banda liderada por Javier Prado parece haber nacido para tocar allí. Y ayer lo demostraron en su participación en Los conciertos de Retroalimentación. Hicieron lo que saben hacer: ofrecer un sonido que parte del blues pero llega hacia una región de folk y psicodelia muy especial. Les precedieron unos The Grave Dolls, que se esforzaron para superar la voz rota de su cantante. Invocaron a Zeppelin, Purple y Santana, dejanco claro que no solo aman los setenta, sino que traslucen ese amor a cada nota. Luego, los Mooondogs dosificando sus clímax y gozaron de un público que acudió con la máxima de pasarlo bien. Así, retrolimentándose, firmaron una de esas noches curativas que palian cualquier mal rollo que se pueda traer de casa. El resultado fue una gran y maravillosa fiesta. Abajo tienen una pequeña muestra

Próxima parada del ciclo: Combo Dinamo, 4 de enero.

Astray y sus guitarrazos de rock coruñés

Sábado, Diciembre 28th, 2013

Astray
Casino Blow Up, A Coruña
27-12-2013

Esto es algo muy local y muy de una época. Solo lo entienden los que roqueraron en los noventa en A Coruña. También quizá los que suspiraron por hacerlo. Y juntos son pocos. Al menos, pocos fueron los que hicieron acto de presencia para ver a Astray, el ex guitarrista de Los Eskizos. Para los más jóvenes, el ex High Time. Incluso hay quien lo apellida como Bummer, aunque actualmente lidere de Los Espirituosos. Suyo era el tercer capítulo de la incipiente andadura de Casino Blow Up como local de conciertos, una especie de fiesta de amigos con aroma a otros tiempos. Mejores en la mente nostálgica. No tan buenos, seguramente, en un bis a bis con la realidad. Pero, como siempre pasa, pocos quieren romper sus fantasías.

Han pasado más de veinte años de aquello. Pero una pequeña minoría aún siente un calambrazo cada vez que se presenta algo que pueda evocar a Los Eskizos, la banda más mitificada del rock coruñés. Había rumores de que la cosa podía ir a más. Al final, se quedó en un breve recordatorio, pero con su aquel. Cuando Astray estaba ya en la segunda mitad de su actuación, enfiló una pieza que el grupo nunca llegó a tocar en vivo: la atípica Turn Off The Light. “Voy a tocar una de Pedro, que si va una mía a saber qué puede pasar”, dijo antes de empezar. Y, claro, se hizo clic en el surtidor de nostalgia. Quizá sea el deseo de recuperar lo irrecuperable, la confirmación de nuestra decadencia como generación o, simplemente, el anhelo de una juventud totalmente evaporada, pero unos pocos creemos que se podría dar el paso. Sí, que de una vez Astray, Pedro, Luis y un bajista a mayores den un concierto recuperando aquel repertorio. La salida del recopilatorio de Mushroom Pillow hubiera sido la excusa perfecta. No cuajó. Ahora, hay que buscar otra. Desde aquí ponemos Los conciertos de Retroalimentación con alfombra roja a su disposición.

La mención a Los Eskizos tuvo lugar en medio de un repaso al rock coruñés y lugués (sí, cayeron también Los Contentos). Antes hubo menciones a su trabajo con Los Espirituosos, una versión libre del Blue Turk de Alice Cooper y hasta una lectura del celebérrimo Qué hace una chica como tú en un sitio como este. El descenso por el tobogán herculino se hizo lleno de sorpresas. Primero, invocando a Radio Oceano. Luego haciendo una versión imposible del Que No de Deluxe. En medio, metiendo la mención eskiza y, más tarde, apelando al Solución Suicida de Viuda Gómez e Hijos (“Esto es un himno y no lo del Dépor”, decía) con sorpresa inesperada: la irrupción de Dani Puntas, el batería de la banda, de entre el público. A partir de ahí, nueva inmersión en la faceta actual de Astray, bien versionando el Autosuficiencia de Parálisis Permanente, bien el Timba que lidera su disco de debut, y final entre risas y, en efecto, aroma a otros tiempos.

Uno se quejaba al final de la poca asistencia. Decía que era “una vergüenza”, que un bolo gratis de un personaje como Astray hubiera congregado apenas a 20 o 25 personas. “Si esto fuera Nueva York atraería a un montón de gente”, aseguraba. “Este tío es una leyenda”. Sí, pero estamos en A Coruña. Y, salvo excepciones, la fotografía siempre ha sido la misma. No nos engañemos. Disfrutémosla como tal. Ayer así se hizo. El regusto es fantástico.

Los diez mejores discos internacionales del 2013

Viernes, Diciembre 27th, 2013

Seguramente el 2013 no pasará a la historia como un año clave para la música. Nada ha tambaleado el mundo del pop y del rock de manera especial. Ningún disco ha roto esquemas, ni formales ni emocionales. No existe ese algo que agote suspiros y signos de admiración. Falta, en definitiva, ese punto de inflexión que en temporadas anteriores marcaron Pj Harvey, Animal Collective, Swans, Kayne West o Beach House. Y si tenemos en cuenta entregas que podían prometer (Primal Scream, Arcade Fire, The Strokes, MGMT,…) pero que finalmente decepcionaron, queda un regusto un tanto agridulce. De todos modos, existen buenos trabajos. He aquí una lista encabezada por unos Vampire Weekend que han firmado su mejor obra, erigiéndose en uno de los faros del pop contemporáneo. También se encuentran retornos históricos y varios debuts esperanzadores. Eso sí, ¿los recordaremos a todos ellos dentro de un par de décadas como hoy hacemos a las obras gloriosas de Public Enemy, Pixies, Portishead, Radiohead o Tortoise que encabezaron sus respectivos años? Ahí queda la pregunta para quien la quiera contestar.

1. VAMPIRE WEEKEND “Modern Vampires of the City” (XL Recordings). Sin el impacto inmediato de sus predecesores, el tercer disco de Vampire Weekend exige una digestión sin prisas. Se trata, precisamente, apreciar precisamente su lentitud. Quien lo haya hecho, encontrará un puñado de canciones que profundizan en su pop barroco y africanizado hasta modelar temas excepcionales. Lo abre, suave y sedoso, Obvious Bycicle y, al poco, rato, surgen los cuatro minutos más inspirados del año con una Step deliciosa que, además, llegó servida con un video-homenaje a Woody Allen precioso. La travesía continua por Don’t Lie, la maravillosa Hannah Hunt y otras tantas muestras de perfección de un sonido que puede permitirse el lujo de obviar las píldoras pop.

2. DAVID BOWIE “The Next Day” (Sony). Fue el (inesperado) regreso del año y todo un golpe de autoridad por parte de uno de los más grandes. Aunque, seguramente, no figure en un hipotético top-10 del artista, este trabajo llegó como un caramelo en el 2013. Totalmente autoreferencial desde la propia portada, en él Bowie viaja a su propio pasado para encontrar diferentes caminos por los que canalizar su figura en 2013. Igual por la vía melancólica del Where Are We Now?, que evoca el Berlín perdido, como con el brío guitarrero de The Stars (Are Out Tonight). Salvando un pequeño bajón en su tramo central, el resultado resulta excelso. Lo cierto es que ya quisiera Arcade Fire poder ofrecer un álbum así este año.

3. SIGUR RÓS “Kveikur” (XL Recordings). Valtari (2012) fue un disco apreciable, pero que había dejado a una buena parte de sus fans desencantados. Echaban en cara un exceso de atmósferas ligado a una falta de concreción. Pues como si tomasen nota los islandeses, reducidos a trío tras la marcha de Kjartan Sveinsson, giraron el timón de la nave y ofrecieron un disco mucho más contundente, infinitamente más crudo y con un impacto que hizo desvanecer aquella decepción. Imprescindibles en el pop actual, en esta ocasión optan por un ligero barniz industrial y plantean un fascinante cuerpo a cuerpo en el que, aún así, brotan las melodías oníricas marca de la casa.

4. LOW “The Invisible Way” (Sub Pop). La alianza con Jeff Tweddy (Wilco), que se encargó de la producción del disco, podría haber hecho pensar en un giro radical en su sonido. De eso hay poco. La primera nota es el carácter marcadamente acústico del álbum. La segunda, el agradecido protagonismo de Mimi a lo largo del cancionero. Más allá, todo planea un reencuentro con el universo habitual de Low: canciones crepusculares, rítmica que alterna la sequedad con las escobillas, líneas melódicas que parecen sacadas de un coro góspel y pequeños estallidos metálicos que obligan a apretar el puño. Puro placer.

5. MY BLOODY VALENTINE “m v b” (Autoedición) Al final llegó. 22 años después de cambiar el mundo del pop con Loveless (1991), My Bloody Valentine entregaron un álbum que perfectamente podría haber salido en 1993. Sí, recogiendo el testigo en donde lo dejaron, Kevin Shields y los suyos menearon el canon shoegazer que ellos mismos crearon en un ramillete de composiciones perezosas (Only Tomorrow, Who Sees You, She Found Now…). También se permitieron algún pequeño avance como Nothing Is o Wonder 2, que apuntan maneras de futuro. Evidente no es su predecesor (¿quién puede igualar algo así?), pero sí un gran trabajo.

6. TOY “Join The Dots” (Heavenly). Todos los que miramos a Toy con desconfianza en su debut, tuvimos que cambiar de opinión cuando la evidencia saltó con uno de los mejores directos que se pueden ver actualmente sobre un escenario. Ello obligó a volver la vista hacia su notable primer paso (la versión suave y empastada de aquello) y allanó al camino para este segundo capítulo fascinante. La receta es ya conocida: kraut-rock diluido en ruido shoegazer y psicodelia sesentera. El modo de llevarla a cabo, no tanto. Pocas bandas que se mueven por territorios similares ofrecen un resultado tan rematadamente bueno. Ojalá vuelvan a tocar en Galicia en el 2014.

7. SAVAGES “Silence Yourself” (Matador). Como si Sleater-Kinney se aproximase al mundo de Joy División, Savages ofrecen en su disco de debut una bola oscura pero a la vez inflamable de fuerza y tensión. Comparadas con Siouxie and The Banshees (y desprestigiadas por algunos por su supuesta falta de originalidad), lo cierto es que este cuarteto londinense han entregado un disco redondo. Con el cuchillo entre los dientes, su vocalista Jenny Beth comanda la nave con autoridad en un constante clímax-anticlímax que aturde. Y, al igual que Toy, con un directo demoledor.

8. BILL CALLAHAN “Dream River” (Drag City). Para algunas listas, como por ejemplo la de la revista Mojo, aquí descansa el disco del año. En él Bill Callahan se muestra tranquilo, enamorado y disfrutando de la vida. El tono continua siendo grave. Su voz, impertérrita en primer plano. Y el fondo musical, discreto. Pero en este aparecen ocasionales flautas de felicidad. De los labios del autor surgen frases tan definitorias como “Todo lo quiero es hacerte el amor / sin ninguna preocupación en mi mente”. Y el conjunto del álbum deja una sensación de bienestar y calma maravillosa.

9. VALERIE JUNE “Pushin’ Against A Stone” (Sunday Best). Una de las grandes sorpresas del año es el disco de debuto de esta superdotada cantante de Tennessee apadrinada por Dan Auerbach (The Black Keys). Totalmente clásica en sus fuentes, propone un viaje multidireccional hacia al góspel, el blues, el jazz y el pop del que saca un híbrido fascinante. Con una voz agudísima a lo Billie Holiday, va caminando por todos esos lenguajes con la autoridad de las grandes dejando un trabajo magnífico que obliga a anotar su nombre para el futuro.¿Alguien dijo no se qué de la Amy Winehouse americana?

10. YOUTH LAGOON “Wondrous Bughouse” (Fat Possum). El segundo trabajo del proyecto de Trevor Powers podría tomarse como el de unos Beach House subidos a un carrousel de psicodelia multicolor. Con los Animal Collective de Merriweather Post Pavilion como la principal influencia, en este caleidoscopio sonoro en el que también se dan cita los Mercury Rev de Boces o MGMT. Todo al servicio de un clima alucinado que se mantiene durante sus diez temas. Sí, la escucha no decae. Todo lo contrario, engulle como si de un agujero se tratase.

Germán Coppini: la voz que nos inquietó en los ochenta

Miércoles, Diciembre 25th, 2013

Los que fuimos niños en los primeros ochenta miramos la Movida (y las otras movidas periféricas) con cierta extrañeza. Aunque muchos pretendan ahora moldear el pasado a su antojo, lo cierto es que entonces lo que nos fascinaba a la mayoría era Mecano y Olé Olé y no precisamente Décima Víctima o Derribos Arias. Sin embargo, existían una serie de bandas que estaban ahí, sonando anómalas, fuera de la imagen perfecta y emitiendo mensajes incomprensibles pero que quedaban. Una era Golpes Bajos. Aquel glorioso verso de “No mires a los ojos de la gente / me dan miedo, siempre mienten” sonaba, en medio de recopilatorios tipo Monstruo, como algo inquietante. No entendíamos nada. Pero sabíamos que se trataba de algo muy diferente. No, aquí no había la fiesta y el buen rollo comunal de Miguel Ríos. Escuchábamos un bajo haciendo tapping de manera compulsiva, unos teclados aumentando la tensión y una voz grandilocuente hablando de miedo, de esconderse, de perderse… de cosas chungas.

Los que somos adultos-pero-con-poso-adolescente en el 2013 tenemos una cierta parte sentimental anclada ahí. Golpes Bajos procedían de Vigo. Los que llevaban guardapolvos y pendiente en el colegio decían que eran buenos, muy buenos. Y sí, lo eran. Nos dimos cuenta mucho más tarde, claro. Su cantante, German Copini cantó temas sobre frustración y aislamiento, sobre impotencia emocional y claustrofobia como nadie en España. Fue nuestro particular Ian Curtis, pero sin el cutrerío de creerse guiri. Hace poco hablaba en una entrevista con Teo Cardalda, su compañero de entonces, de la grandeza de Cena recalentada, una canción definitiva, cuyo videoclip la hizo definitivamente más grande. “Imposible no identificarse con ella”, decía el hoy vocalista de Cómplices. Leía, me temo, el pensamiento de miles de personas.

En el 2008, recién aterrizado en La Voz y con parte de la insolencia juvenil aún en mí, quise llevarlo a la sección de Cultura del periódico. El festival Contempopránea lo homenajeaba. Insistí. Y volví a insistir para poder publicar una entrevista con él. “Lo tenemos en exclusiva”, “la competencia nos lo va a pisar”, “este es un tío clave en la música en Galicia”… Al final, cayó. Me sentí orgulloso. Recuerdo tratarlo con cierta reverencia, hablándole de usted. Él, agradecido, trasmitía un cierto resquemor por el olvido del que fue víctima en Galicia. Sí, después de su efímero paso por Siniestro Total y su trayectoria en Golpes Bajos, terminó en el compartimento de las rarezas: uno de esos mitos del pop español de los ochenta con eclécticos proyectos en solitario que no lograron cuajar para el gran público y sobre los que el interés de la mayoría de sus fans decayó. Cuando resucitó a Golpes con Vivo (1998) tampoco logró reflotar el pasado. Se habían adelantado totalmente a la oleada de nostalgia que nos atrapaba en estos momentos. Curioso porque este año, cuando le hubiera tocado volver, editó America herida, un álbum con el que homenajeaba a Sudamérica y sus autores. De nuevo, a contracorriente.

Hoy, día de nochebuena, su antiguo compañero en Siniestro Total Miguel Costas difundió la noticia de la muerte de Germán. El Facebook hizo el resto Y como si de adolescentes taciturnos se tratase, muchos han recuperado aquellas canciones que figuran entre lo más brillante de la historia del pop español. Algunos incluso han sentido la necesidad de apartarse de la fiesta y escribir unas líneas para honrarlo por última vez.

Información en La Voz de Galicia aquí

Feliz Navidad

Martes, Diciembre 24th, 2013

Como todos los años en estas fechas, Retroalimentación quiere desear unas felices fiestas a todos sus lectores. Esta vez, después de un año tan gris en el ambiente general, más que nunca. Disfruten y hagan que este clima sirva para empezar el 2014 con nuevas energías. Por cierto, aún están a tiempo de pedirle a Papa Noel entradas para las actuaciones de Moondogs Blues Party + The Grave Dolls (28 dic) o Combo Dinamo (4 ene) dentro de Los conciertos de Retroalimentación en la sala Mardi Gras de A Coruña.
Por ahora, Enya se encarga de difuminarlo todo.

Revisando la obra maestra de Camarón

Lunes, Diciembre 16th, 2013

Ricardo Pachón, productor original de “La leyenda del tiempo”, y Juan de Dios Martín, remezclador

El pasado verano Juan de Dios Martín no paraba de morderse la lengua. El músico y productor coruñés giraba con el grupo La Pandilla Voladora con un secreto ardiéndole en el pecho. Ellos, devotos de Camarón, solían poner La leyenda del tiempo en la furgoneta entre bolo y bolo. Como es habitual entre músicos, se comentaban los detalles del disco: cómo se habían ensamblado los instrumentos, qué tipo de fusiones se hacían, el modo de reinterpretar a Lorca del músico… «Imagínate mi situación, ahí sin poder decir nada», recuerda Martín con una mueca de despropósito. Semanas antes, la discográfica Universal se había puesto en contacto con él para hacerle uno de esos encargos que surgen solo una vez en la vida: poner al día el disco que cambió la historia del flamenco. «Me pidieron confidencialidad total. No podía decir ni pío hasta que me dieran el ok», señala.

Y así fue. El permiso para soltar la gran bomba llegó el mes pasado con el anuncio de la edición que conmemora el 35º aniversario del álbum, revisado en una lujosa revisión con tres formatos diferentes que salió la semana pasada a la venta. Para ella Martín remezcló las cintas originales de la clásica grabación efectuada en su día por Ricardo Pachón. «Básicamente, mi trabajo consistió en actualizar el sonido de uno de los discos más importantes de la música grabada en España pero que, por las limitaciones técnicas de la época, no sonaba todo lo bien que debería», explica. Pone un ejemplo para los profanos: «Es algo similar a la restauración digital que se hace de las películas. Gracias a ello lucen más». Y disipa temores de los posibles puristas de un disco que de purista tiene más bien poco: «Se intentó, en todo momento, que la gente que conozca el disco se sienta como en casa. Todo esto se ha hecho para darle aún más esplendor a una obra que ya lo tenía. No se ha intentado hacer nada nuevo, ni nada».

Martín habla con devoción de un álbum definido por los críticos como el Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band del flamenco. Totalmente revolucionario, ensanchó los límites del género introduciendo sitares, bajos eléctricos, sintetizadores y todo tipo elementos. «Es el momento en el que Camarón empieza a experimentar de la mano de Pachón, que ya había hecho fusión entre flamenco y rock con Smash o Lole y Manuel. No fue el primero que lo hizo, pero al ser una institución como era el fue importantísimo En su momento fue incomprendido. De hecho, vendió muy poco», puntualiza Martín. No solo eso. Muchos de los gitanos que idolatraban al músico volvían a la tienda indignados. Aseguraban que aquello no era Camarón.

Sin embargo, con el tiempo, su aura fue creciendo hasta trascender completamente al flamenco. Hoy figura en prácticamente todas las listas de mejores discos del rock nacional de la historia. Incluso el grupo granadino Los Planetas lanzó La leyenda del espacio en el 2007 a modo de homenaje. El productor coruñés opina sobre el porqué: «La grabación destila el aroma de las producciones españolas de finales de los setenta, pero tiene toda una serie de arreglos maravillosos. Puesto en su contexto, sorprende que alguien llegase allí. Pero aunque en su día fuese tan moderno, tiene un poso de atemporalidad que hace que haya llegado hasta aquí tan bien».

Buena parte de la culpa de todo aquello pertenece a Ricardo Pachón, el productor original. «Vino los dos últimos días del proceso a supervisar mi trabajo y fue increíble —dice—. Ese hombre tuvo un valor increíble en su momento, fue todo un visionario. Me contó cómo hicieron todo y resultó muy emocionante. Cuando estuve con Eddie Kramer grabando el disco de Barón Rojo él me hablaba de su trabajo con Jimi Hendrix. Pachón lo hacía de Camarón. Para mí los dos están al mismo nivel». Y ahora que La leyenda del tiempo seguro que ya figura en muchas listas de Navidad, Juan de Dios no suelta prenda sobre su futuro. Pasó lo mismo con lo de Barón Rojo y Eddie Kramer. ¿Quién será el siguiente mito en caer? Tiempo al tiempo.

El fin de una deliciosa aventura musical llamada Franc3s

Martes, Diciembre 10th, 2013

Franc3s en la prueba de sonido de su actuación dentro de Los conciertos de Retroalimentación en febrero del 2012

Cuando allá por 2010 este blog celebraba su segundo año de existencia lo celebramos con un concierto. No hubo dudas: una de las bandas tenía que ser Franc3s. Entonces eran una excitante célula maquetera proveniente de Carballo que muchos comparaban -unos para bien, lo más para mal- con Triángulo de Amor Bizarro. El ruido no les dejaba ver el bosque a los que incidían en su supuesta falta de originalidad. El trío formado por Alberto, María y Patuki, que ya habían sido la portada del suplemento Fugas en el 2009 dentro de un repaso a la nueva hornada de grupos del indie gallegos, estaba diseñando su propio hogar sonoro en aquellas prometedoras maquetas. Destilaban obsesión, primitivismo y un punto tétrico. El humor lo oxigenaba todo.

No gustaban a muchos, pero quienes habían cedido a sus encantos los defendían con devoción. Daba la casualidad que una parte de esos fans se dedicaban a la crítica musical, tenían blogs o montaban conciertos, multiplicando ese amor. Mucho me temo que ese era el verdadero problema, lo que escocía de verdad entre sus detractores. Aquí, en Retroalimentación, mentarlos era sinónimo de polémica asegurada (la última, hace apenas dos semanas). Una fuerza irrefrenable surgía de decenas de anónimos ansiosos de curar la ceguera de sus seguidores arremetiendo contra la banda. Algunos incluso cambiaban el nick para poder rajar doblemente desde el mismo ordenador. A Franc3s les daba igual. A las tres decenas de fans que tenían en cada ciudad, también. Las cosas que se salen de la norma suelen despertar ese tipo de reacciones.

Haciéndose paso en medio de ese ambiente viciado sacaron su primer álbum, Franc3s. Actualizaba muchos de los temas de sus demos, llenos de versos sobre cloacas, fosas comunes y mujeres desangradas. Alberto decía en una entrevista que era como entrar en una habitación en la que daba mucho miedo entrar. Permitiría al trío sacar su cabeza a nivel nacional. Sin embargo, el álbum que realmente les permitió brillar fue Campanas de Fuego Rosa. Editado el año pasado y producido por su amigo Rodrigo Caamaño (Triángulo de Amor Bizarro), perfecciona el discurso con un álbum tan alucinado como alucinante. Enamoraba sobre el plato pero, más aún, en el escenario. Lejos de los titubeos del pasado, el directo del grupo que convirtió en una especie de viaje ruidista hacia otra dimensión. Lo demostraron en su pase por Los conciertos de Retroalimentación el año pasado. Fue la actuación que menos gente reunió de todo el ciclo, apenas 50 personas. Sin embargo, el recuerdo la redondeó como la más sorprendente de todas. Compactos, concentrados y entregados a una misión, convirtieron la sala Le Club en un paraíso para muchos de los que crecieron en los noventa deseando algo parecido en Galicia. De pronto, lo ofrecían décadas después como queriendo decir que había valido la pena esperar.

A mediados de octubre los chicos presentaban su última canción, El sentido de la lucha, dedicada a su amigo, el fallecido artista Alberto Gende. Semanas antes coincidí con ellos en un concierto de Triángulo de Amor Bizarro. Hablaban de nuevos conciertos, de su nuevo integrante, de un tercer disco que nunca verá la luz. Majetes donde los haya (ojalá fuese tan fácil trabajar con todos los músicos como con ellos), Alberto, María y Patuki estuvieron ligados a este blog desde su nacimiento. Junto a Telephones Rouges fueron la única banda que ha repetido dentro del ciclo de conciertos y no era raro verlos en los bolos de los demás como público. Siempre transmitían ese punto incorruptible de apasionados de la música que siempre han estado abajo hasta que, de pronto, un día se atrevieron a subir al escenario. Ese día se empezó a escribir una maravillosa página de la música en Galicia y España que se terminó ayer, sorprendentemente, con el anuncio en Facebook de su disolución.

No quisieron dar ninguna explicación. Tampoco se la vamos a pedir. Solo volver a pulsar el play de su música deseando que, en breve, sus integrantes refloten con nuevos proyectos musicales. Que así sea.

El mejor disco posible de The Killers

Lunes, Diciembre 9th, 2013

Su condición de banda mainstream con toque alternativo ha echado a muchos para atrás. Pero si algo no se le puede negar a The Killers en su primera década de existencia es su facilidad para crear hits instantáneos. Otra cosa es la carencia de álbumes sólidos en su discografía, más allá de los dos o tres singles de cada uno. O el naufragio AOR de sus últimos movimientos, totalmente sumidos en el bostezo. Pero cuando la banda de Brandon Flowers se centra y mira a su audiencia con autoridad, logra un efecto similar al que en el pasado conseguían U2, Coldplay o Radiohead. Sí, su música, al hacer diana, genera en el oyente esa sacudida interna que llamamos emoción, la que anula todo tipo de prejuicios.

Por ello, un recopilatorio como Direct Hits 2003- 2013 termina siendo lo más parecido al disco ideal de The Killers. Pocas diferencias hay entre ellos y, por ejemplo, Kylie Minogue o Beyoncé: deslumbran con los sencillos, aburren con los discos completos. De todos modos, esta compilación se queda lejos de la perfección porque los inevitables temas inéditos que justificarían su compra —Shot At The Night y Just Another Girl— constatan la descendente curva creativa del cuarteto de Las Vegas desde que tocaran techo con los picos de Day & Age (2008). También afean la situación los singles extraídos de Battle Born (2012), con ese horripilante toque a rock de banda sonora cutre ochentera. Y, bueno, la versión demo de Mr. Brightside y la remezcla a cargo de Calvin Harris de When You Were Young no logran ir más allá de la curiosidad.

Apartado eso, el resto viene a constatar, paso a paso, lo proclamado en el primer párrafo. Canciones como Somebody Told Me, When You Were Young o, por supuesto, esa siempre maravillosa Human no solo suenan a clásicos contemporáneos. También logran anidar en el oyente una euforia muy particular. Esta va in crescendo hasta explotar en estribillos que suenan con la misma fuerza y maleabilidad de una bandera de juventud ondeando al viento. Ahí, pese haber sido puestos en duda mil y una vez, The Killers difícilmente encuentran rival. Sus canciones para todos los públicos -sumemos a las anteriores Mr. Brightside, Read My Mind o Spacemen– se suceden en ese disco como himnos de una generación que aún un ápice de su pegada.

Pero, eso sí, a la vista de la situación dejan una sensación agridulce: la sospecha de representar un pasado que jamás volverá a ser presente si no enderezan el rumbo. Y todo pinta a que no. Ojalá haya que rectificar estas palabras.

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Vídeo de “Shot At The Night”, uno de los temas inéditos de la compilación

Un curioso en medio del pantojismo

Domingo, Diciembre 8th, 2013

Isabel Pantoja
Palacio de la Ópera, A Coruña
8-12-2013

Impresionante. A la quinta canción Isabel Pantoja ya había recogido dos ramos de flores, escuchado un «¡Vivan tus ovarios!» dicho a voz en grito y tenía al público literalmente comiendo de su mano. Levantando el mentón y mirando al infinito con la sonrisa petrificada, la artista se daba un baño de aplausos y adoración. Acababa de interpretar, rabiosa, Pero vas a extrañarme. Lo hizo como si estuviese pisoteando a un insecto, exagerando la lija de su voz y la vena hinchada de la garganta. Y el público, buscando un destinatario del desaire en sus pensamientos, se lo agradeció elevando al infinito la adoración.

Uno, que cubría la información para La Voz, se encontraba entonces boquiabierto. De verdad, no sabía a dónde mirar. El espectáculo, en principio, se encontraba en el escenario. Pero lo de las butacas resultaba algo tan imprevisible que no se sabía por dónde iba a salir. Tipos que espontáneamente se arrancaban a bailar sevillanas con brazos sinuosos, señoras con peinado esculpido en laca desgañitándose para decir “¡Fuerza Isabel, fuerza!” y hasta una niña capaz de dar su empujoncito de ánimo a la artista. «Digan lo que digan te queremos», le espetó una vocecita preadolescente. «Uy, eso es una niña», respondió ella desde el escenario. «Yo no veo la tele, así que no me importa. Y tú tampoco la deberías ver y dedicarte a cosas más educativas como la música», añadió. De nuevo, se produjo una explosión de aplausos.

La Pantoja vende marca. Así el recital empezó con toda una exhibición de iconografía: un video de introducción con las diferentes etapas de su vida que remató con su nombre estampado en el fondo del escenario. Luego, entró una orquesta de 12 músicos que, en plan concurso Gente Joven, trenzó un instrumental de aroma setentero propulsado por vientos y unos coros sedosos que decían: «I-sa-bel, I-sa-bel». Y apareció ella. Ahí de negro, amplificada por la pantalla gigante y, por supuesto, dejándose querer. Con una mano en el corazón y otra saludando de forma circular como un torero en la plaza. En nada, ya estaba (sobre)interpretando sus canciones con esos característicos tirabuzones vocales. De la primera, Embrujada por tu querer, salieron versos como «en carne viva por tu culpa el corazón». Ahí es nada.

Sí, hubo pasión a chorro. También tres cambios de vestuario, mucho «aquí estoy yo y a mí no me tumba nadie», invocaciones al Cristo de la Redención y un diálogo constante con el público, que iba moldeando la actuación sobre la marcha. Como si de una rapera dándose un chute de ego se tratase, la Pantoja empezó a improvisar sobre una sevillana. Decía que echaba de menos al «que se fue hace 30 años», pero que podía ver sus ojos en su nieto. «Me lo has mandado tú», aseguraba mirando al techo, como si quien establece comunicación directa con el más allá, mientras sus fieles vibraban. Terminada esta, anunció que le iba a decir «cuatro cosas» a otro. Y más adelante quiso dejar clara una cosa: «No me vas a hundir». Al rato puntualizó con un «No me van a hundir» Si algún neófito en el pantojismo (raro con entradas iban de 80 a 35 euros) no pillaba algo, ahí estaban sus fans para hacer las anotaciones. «Paquirri murió hace 30 años», explicaba una señora de más de 60 años a su hija, encantada de la vida.

Toda esta reafirmación deambuló entre un inicial tono orquestal y el acompañamiento sobrio de piano posterior. Y, en su último tramo enfiló, el cierre con un conjunto flamenco a golpe de mix de villancicos y la esperada Salve Rociera,con todo el Palacio de la Ópera en pie. Tras ella y después de más de dos horas y media, abandonó el escenario. No volvió a salir. Algunos protestaron por la ausencia de bises. Otros por escamotear piezas como Se me enamora el alma.«No le costaba nada y hubiera quedado genial», se lamentaba a la salida una asistente. Y uno, confirmó que existen otras burbujas musicales más allá de las que eligió para vivir. En esta la gente se vacía y se entrega como pocas veces se puede ver en un concierto de rock. Lástima que sea imposible establecer un puente emocional más allá que el de un curioso (y asombrado) observador.

Foto: Paco Rodríguez