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Entradas etiquetadas como ‘Muse’

Jónsi, un intruso en la fiesta de Muse

Domingo, agosto 29th, 2010

jonsiFestival Xacobeo 10
Santiago, Monte do Gozo, 27-2010

Hay momentos que justifican un festival y hasta un Xacobeo entero. El de los diez minutos finales del recital de Jónsi en el Monte do Gozo fue de esa clase. Después de una excelente actuación, el islandés afiló su falsete irreal, agarró Grow Till Tall y la elevó al edén lírico. Plantándole cara a un público que estaba a otra cosa -básicamente, coger sitio para Muse- luchó contra la indiferencia a golpe de belleza y convirtió la pieza en una catarata de escalofríos. Todo hasta lograr la abstracción total. Sí, el punto exacto en el que la comunión entre el fan y el artista es plena y nada puede derruirla. En ese instante no importaba la pésima educación de un entorno en el que se escuchaban berridos de todo tipo, el amigo que estaba fuera sin entrada o los 10 euros que costaba un litro de cerveza. No, el poder de la música lo neutralizaba todo sin que el oyente, previo suspiro y mueca de impotencia al no hallar la palabra adecuada, pudiera decir otra cosa que… ¡Gracias!

Jónsi estuvo magnífico y esa cosa bonita que ofreció en Santiago aspira a convertirse en uno de los conciertos del año en Galicia. Escorándose hacia el pop, hizo esfumar cualquier sospecha de que su discurso flaquearía en directo. Respaldado por una banda excelente, sonó delicado y contundente a partes iguales y demostró, entre cintas de fieltro, colorines y un contagioso buen rollo, que canciones como Go Do o Animal Arithmetic son regalos llegados de ese mundo irreal al que parece aludir en su escenografía.

Sin embargo, las verdadera estrella de la noche era otra: Muse. Ofrecieron lo esperado: guitarras, pirotecnia, sonido rocoso y exhibiciones vocales a tutiplén. Con una factura impecable, se sucedieron New Born, Uprising, Supermassive Black Hole, Hysteria, Starlight y todos esos himnos que enloquecieron a sus seguidores y aburrieron a quienes son incapaces de encontrar en ellos más que vacío y artificio con, eso sí, envoltorio de lujo. Si resulta cierto que son los Nirvana del siglo XXI -y echando un vistazo al impacto que causan en los jóvenes parece que así sea-, queda clara una cosa: vamos a peor.

Tras Muse, los Pet Shop Boys dieron una lección de clase, adaptación a los nuevos tiempos y modernidad eterna. Sus canciones de los ochenta -Allways On My Mind, Suburbia, It’s a Sin- suenan totalmente vigentes y su espectáculo tan arty como lúdico bien mereció la larga espera. Una buena parte de los fans de Muse les dieron la espalda, permitieron que el acceso al foso de todo aquel que lo quisiera y convirtieron el Monte do Gozo en una fantasía pop perfecta para cerrar un festival que, por momentos, pareció el cumpleaños de Muse a la que se habían colado Jónsi, Pet Shop Boys y unos 2.000 o 3.000 fans ajenos a la religión de los autores de Showbiz. Cuando Neil Tennant cantó Se a Vida É daba la sensación de que la gente bailaba sobre el confeti dejado en una fiesta que no era la suya. Una gran sensación igualmente.
Imagen de previsualización de YouTube Uno de los momentos mágicos del recital Jónsi con la escenografía de Muse al fondo

Cuando se podía ir a un concierto con 17 años sin mayor problema

Viernes, julio 23rd, 2010

En julio de 1993 yo tenía 17 años. Era el primer año Xacobeo y en A Coruña tenía lugar el Concierto de los Mil Años. Tocaban Bob Dylan, Neil Young, Robert Plant, The Kinks, Bo Didley, Chuck Berry y toda una constelación completa de estrellas de la historia del rock. Había ido a muchos conciertos, pero nunca a nada tan grande como aquello. La excitación me recorría el cuerpo 24 horas al día en las semanas previas. Lógico, se llegó a hablar incluso de que iba a venir la Velvet Undeground que se reunía ese año.

Vi todas las actuaciones en primera fila. A la una salía de las clases de verano del colegio e iba directamente a Riazor con un bocata a hacer cola. No hacía falta quedar con nadie. Esos eran tiempos en los que los amigos brotaban solos. Allí, en la cola de la antigua puerta de especial niños del estadio, hablaba de música con vascos, argentinos, madrileños… Incluso un día me entrevistó Mon Santiso de la TVG. Salí en la tele. Le dije, que era un fan de los Kinks, que estaba allí por ellos. Se rió. “¿No eres demasiado joven para que te gusten los Kinks?”, me preguntó. Y sí, supongo que lo era.

Aquel festival y aquellos conciertos me impactaron totalmente. Tanto en lo musical (las actuaciones de Robert Plant, Neil Young con Booker T & Mg’s o Wilson Picket fueron de lo mejor que se haya visto en Galicia nunca) como en lo emocional (los escalofríos, la sensación de libertad, el ver que hay en el mundo 30.000 tipos como como tú). Tal es así que lo recuerdo como una de las cumbres de mi adolescencia. ¿Qué hubiera pasado si entonces existiese la ola de puritanismo irracional que existe hoy en día respecto a los menores y que lo confunde todo? Sí, esa corriente que ve pernicioso que un chaval de 16 años pueda ver un concierto de rock. Pues se hubiese esfumado uno de los momentos más intensos de mi vida. Así de claro.

Eso fue lo primero que pensé en cuanto supe que se había prohibido la entrada a los menores de 18 años al festival Xacobeo 10 que se celebrará en Santiago, con las actuaciones de Muse y Jónsi. Siguiendo esa tendencia que en Madrid, por ejemplo, es tristemente habitual, pretendían limitar su acceso en aras de la protección del menor. Todo con un grupo como Muse, cuyo público potencial se queda, en un porcentaje elevado, por debajo de los 18 (recordemos que han intervenido en la b.s.o. de la saga Crepúsculo, el gran fenómeno juvenil de los últimos años). La reacción fue inmediata y la chavalada dio muestras de una capacidad de convocatoria impresionante a través de Internet. Ayer, por ejemplo, ya estaban consultando en el Ministerio del Interior qué requisitios tenían que cumplir para hacer una manifestación.

La organización del Xacobeo vio lo que sucedía en la calle y en la Red. Y, acertadamente, cambió en 24 horas su postura. La solución no es perfecta (aún queda fuera la posibilidad de que un chico de 15 pueda ir con su padre, por ejemplo, un aspecto que se debería contemplar), pero al menos podrán entrar los mayores de 16 años. A buen seguro que el próximo 27 de agosto será redondeado en muchos diarios sentimentales con el mismo rotulador rojo con el que yo marqué aquel Concierto de los Mil Años. Y esas cosas, lo puedo asegurar, son muy importantes en la vida de una persona. Tanto, tanto, que los apóstoles de la protección de la adolescencia y la infancia quizá deberían pensar que la podredumbre está, desde luego, en otros lugares mucho más cerca de casa y más cotidianos que en un concierto de Muse. Y hasta aquí puedo leer…

Yo fui mod antes de que tú fueras mod

Domingo, julio 4th, 2010

Pregunta un enfadado lector de este blog en los comentarios de la entrada precedente por tres datos. Al parecer, son trascendentales: 1º) ¿Qué edad tenía yo cuando salió The Bends de Radiohead? 2º) ¿Compré el disco cuando salió? y 3º) ¿Los ví en directo en esa gira o, por contra, lo hice 15 años después en Youtube? Por la agresividad con la que se plantean los interrogantes (“contesta si tienes lo que hay que tener”), deduzco que tres “noes” seguidos anulan de raíz todo mi criterio a la hora de atreverme con la descabellada locura de decir que Muse son, bajo mi punto de vista, un grupo normalito. También, el hecho de emparejarlos, en cuanto a sonido, con los Radiohead de 1995. Pero, además, todo ello lleva a un clásico de las peleas de gallos musicales: “Yo conocía a estos tipos cuando aún no eran nadie y tú no”. El silogismo se completa con una consecuencia curiosa: como no conoces a la banda desde el minuto cero de su carrera tu opinión no vale una (piiiiiiiiii).

A estas alturas, la cosa suena a ya oída y vivida unas cuantas veces. Da pie para recordar una anécdota curiosa, ocurrida hace más de tres años. En el año 2007 debuté en el suplemento Fugas de La Voz con un artículo titulado “Hay vida más allá de Deluxe e Iván Ferreiro”. En él pretendía reivindicar diez álbumes de grupos gallegos como Apeiron, Dar Ful Ful, Nadadora, O Fillo Pausado, Humanoid, Triángulo de Amor Bizarro, Niño y Pistola, etcétera… que apenas habían trascendido a los medios de información general. Entonces, parecían solo tener ojos para Ferreiro y Xoel, a los que califiqué como “prescindibles”. Hubo alguna gente que no le gustó el artículo, otra que lo aplaudió y mucha otra a la que, lógicamente, le dio igual (una opinión es una opinión, todos tenemos una y, bueno, no se estaba acusando a los músicos de traficar con armas ni nada por el estilo). Pero una reacción, por lo rocambolesca, me llamó poderosamente la atención.

Un comentarista musical de un programa de radio arremetió públicamente contra lo escrito con una rabia y un planteamiento tremendamente parecido al que abre la entrada, de ahí el recuerdo. Del laberinto metafórico con el que exponía su argumentación se podía deducir algo así como que, para él, Deluxe era un grupo para grandes audiencias y TAB para minorías y que dos cosas se deberían de conciliar… pues no se sabe muy bien por qué. Todo ello lo apoyaba con un dato tremendamente importante para refrendar el planteamiento: conocía a Triángulo de Amor Bizarro desde el principio de su existencia, cuando ni siquiera se llamaban así. Se regodeó en ello e indicó, claro está, que “otros” que no habían tenido un contacto tan tempranero con la banda se habían subido al carro posteriormente, aprovechando su éxito para cargar contra otros grupos. Tal era el enfado que me llamó “abuelo cebolleta” y terminó su discurso poniendo un tema de TAB, El fantasma de la transición, dedicándosela si mal no recuerdo “a algún fantasmón que anda por ahí”.

Aquel día me pilló el tema con la radio encendida. No aludía expresamente al reportaje, pero era obvio que hablaba de él. Primero, flipé. Luego, sonreí ante tamaño despropósito. ¿Tendría que comprar una máquina del tiempo para poder glosar las excelencias del demoledor disco de debut de TAB y, al tiempo, poder sostener que un disco como Los jóvenes mueren antes de tiempo era totalmente olvidable? De verdad, me entraron ganas de ponerme en contacto con Triángulo de Amor Bizarro y decirles que incluyeran al opinador en los créditos del siguiente disco, en plan “Gracias por estar ahí desde el principio, sin tu apoyo desde el principio nunca hubiéramos llegado a ningún lado”. Porque, claro, todos necesitamos que nos quieran un poco. Acto seguido, recordé el clásico I Was Mod Before You Was Mod de los Tv Personalities, un título que ejemplifica bastante bien el absurdo total de este tipo de lucimientos.

Mucho temo que, ahora, ponerme en contacto con Thom Yorke, el líder de Radiohead, será bastante más complicado. Lo otro, lo de conocer en tiempo real The Bends desgraciadamente ya lo sufrí. Y con 20 añitos, si es que el dato tiene algún tipo de relevancia. Pero, ojo, carece del mérito de la mayoría, porque fue algo totalmente involuntario. Le gustaba a mis compañeros de piso de la universidad. Yo, sinceramente, aborrecía el disco. Salvo Fake Plastic Trees, el resto me parecía AOR del chungo y era incapaz de conectar con su épica. No lo valoré hasta 1998 o así cuando el flechazo de Ok Computer me obligó a revisarlo. Porque, cuidado, para lucir pedrigí de descubretesoros también hay grados. No es lo mismo conocer al grupo por accidente que hacerlo con intención manifiesta de quererlo descubrir, con esa pátina de tío guay al que no se le escapa ni una.

Ays…los irracionales caminos del mundo pop son inescrutables.

El Xacobeo pop ya tiene la foto

Viernes, julio 2nd, 2010

La política y el buen pop suelen llevarse mal. Agua y aceite. Un promotor ya puede ofrecer la reunión de los Smiths por cuatro duros que se encontrará con un portazo del conselleiro o el concejal de turno si este desconfía que no logrará la foto. Sí, esa imagen de rostros sin fin totalmente extasiados ante sus héroes de la canción. El Xacobeo tenía la plaza vacante hasta ahora. Esa era la principal espina que arrastraba su gerencia, formada por algo que debería ser norma, pero que lamentablemente es una excepción: técnicos procedentes del ámbito musical, que tienen discos y los conocen, capaces no solo de pronunciar los nombres de los grupos correctamente, sino también de atraer a algunos de los mejores del mundo. Faltaba, sin embargo, esa muchedumbre que hace sacar pecho a quien tienen que dar el visto bueno final. Faltaba, porque la plaza ya está cubierta: tal y como M. Cheda informa hoy en La Voz Muse tocarán el 27 de agosto en el gran festival del Xacobeo

30.000 personas vibraron en el Monte do Gozo con Muse. Si el tiempo no lo impide, el titular está asegurado. Muse no son la mejor banda de rock del mundo. Es más, se podrían calificar como una formación normalita convertida en rutilante estrella por obra y gracia de la exageración. Ellos convirtieron a los Radiohead de The Bends en una hipérbole. Más volumen, más metal, más falsetes, más épica, más parafernalia y, atención, más público. Echen un vistazo al video de abajo o cualquiera de los que pululan por Internet. En efecto, de las bandas de rock surgidas en la década pasada, los de Mathew Bellamy pertenecen a ese escogido elenco de nombres capaces de llenar un estadio y plantarle cara a U2 o Springsteen gracias a su sonido para todos los públicos. Desde los indies benicassianos a la chavalada devota de la saga Crepúsculo, pasando por nu-metaleros, emos y demás tribus de nuevo cuño. Todos tienen cita en Santiago. Para vibrar. Y hacerse una foto valiosísima para que el buen pop y el buen rock siga sonando en Galicia. Aunque, lo dicho, Muse sean la concesión populista para callar bocas escépticas y obligar a guardar más de un cuchillo afilado que sigue sin encontrar en donde pinchar. Y lo demás, que siga funcionando igual de bien que hasta ahora, en el mejor año musical que se recuerda por estos lares.

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La política pop y lo que nos espera

Martes, octubre 28th, 2008

Hace poco, en la rueda de presentación de un festival al ver allí a un conocido político del BNG coruñés, le comenté a una compañera de otro medio: “Mira que me da mal rollo cuando los políticos se meten en estas historias”. Me temo que, o bien no modulé la voz o hubo una interacción astral, porque en cuanto el susodicho tomó la palabra lo primero que dijo es que iba a ser breve, ya que era consciente de que un político en un acto así siempre despertaba sospechas.

La compañera sonrió y yo, la verdad, me quedé un poco cortado, ahí en la primera fila de la rueda de prensa. Aunque sea cierto que la imagen de un político y un músico de la mano, de buen rollo y con buena sintonía, es algo que me sigue echando para atrás (tanto da que sea Miguel Bosé, Bruce Springsteen, Noel Gallaguer o Normal Duval) tampoco es plan de aguarle la fiesta ahí, en pleno acto de presentación, otro más dentro de su agenda.

A los que dudo que se les pueda aguar la fiesta es a los ideólogos del PP vasco que, al menos aparentemente, lo llevan todo bien atado y a conciencia en su recién estrenado concepto de “política pop”. A golpe de Muse, el artífice de todo ello, el director de campaña Iñaki Oyarzabal, comenta para la televisión que esta vía es la que tienen para “acercarnos a los jóvenes a través de la música y trasmitir nuestro mensaje”. Para ello han decidido inaugurarlo con un playback del grupo Pignoise en el teatro Victoria Eugenia de San Sabastian. En la canción que interpretan dicen algo así como “vivir contracorriente / es fácil se puede / juntos podemos”. Bien podría convertirse en el grito de guerra de todos aquellos que, alrededor de la banda, muestran el buen rollo a base de palmas y meneitos inenarrables que indican, una vez más, que este país cada vez se parece más a EE.UU.


Argumentación de la estrategia por Iñaki Oyarzabal


Actuación de Pignoise

Durante estos dos días se han hartado a recibir críticas en todo tipo de foros, pero lo cierto es que ese acto (recuerden: !un grupo de supuesto punk-pop tocando en medio de un mitin del PP en el País Vasco!) es una de las apariciones más transgresoras que ha dado la música española comercial en los últimos años. Acostumbrados a que todos los músicos con conciencia basculen siempre hacia el mismo lado, una aparición así cuando menos supone una sorpresa dentro de la previsibilidad de este tipo de pasos adelante. Habrá que ver quién es el siguiente. Habrá que ver también si hay réplica en el PSOE, que cuando los políticos se ponen a conectar con la juventud no tienen límites

Una anécdota al hilo. El alocado grupo barcelonés Sidonie, una de esas bandas a las que aparentemente todo le importa un pito y no se toman en serio nada, se vio involucrada hace unos años en una polémica con el PP. Resulta que su discográfica les coló una canción dentro de un anuncio institucional del Gobierno cuando todavía el PP estaba en el poder. Cuando se emitió el anuncio más de uno se quedó perplejo: ¡La van a montar! Al día siguiente, el grupo mandó un comunicado de prensa aclarando el asunto y diciendo que no tenían nada que ver con la historia. Un colega fiable que vivía en Barcelona entonces me decía: “Sí, una cosa es ir de provocador enseñando el culo en los conciertos y otra es admitir públicamente que votas al PP en el ambiente indie de Barcelona. Eso no se lo puede permitir, que no son los Sex Pistols”.

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