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Los diez mejores discos nacionales del 2014

Lunes, Diciembre 29th, 2014

Más allá de los nombres obligados que, en ocasiones, provocan grandes eclipses que impiden ver el todo, en buena parte el 2014 ha destacado en parte por los logros de los modestos. Sí, esos que desde su plataformas bandcamp y de sus ediciones limitadas, dejan a veces discos maravillosos. Dos de ellos, Aries y Chicharron, comparten un merecidísimo primer puesto en esta lista que los reivindica como hermosas y singulares flores en el jardín del pop nacional. Sobresalen en la producción de un año convulso en que la política semeja haberse ya instalado en muchos de los textos de los grupos (ahí está el caso de Nacho Vegas o Vetusta Morla) y donde siguen apareciendo plausibles reivindicaciones de las raíces tan logrados como el de María Rodés.

1. ARIES “Mermelada Dorada” (La Castanya) / CHICHARRÓN “Chicharrón” (Prenom). Vigo y Carballo respectivamente acogen las dos grandes joyas del pop nacional del 2014. La psicodelia almibarada de Aries, proyecto unipersonal de Isabel Fernández Reviriego (ex Charades, ex Electrobikinis), continúa la excelencia ya demostrada en Magia Bruta, su disco de debut. Infinito en matices y rico en influencias, lo dirige una monocorde voz de que habla de permanecer inmóvil y de irse, de la luz dorada que ilumina a ciertas personas y de las visiones del deseo. Por momentos, da la sensación de estar escuchando siempre la misma canción en un bucle infinito. Hasta que, después de dar la vuelta un par de veces, el oyente se sumerge bajo la capa uniforme. Ahí encuentra joyas como Moverme de aquí, En el sur o Migrañas, con melodías ondulantes, estribillos mágicos y chiribitas de belleza cayendo sobre ellas. Se trata de un disco y un estado de ánimo totalmente diferente al de Chicharrón, la banda carballesa formada por ex integrantes de Franc3s y Telephones Rouges. Dedicado en cuerpo y alma a la memoria del fallecido Alberto Gende (artista de Carballo, hermano de Diego Gende, guitarrista del grupo y hermano espiritual de Alberto Martínez, compositor y cantante) Chicharrón es un disco sobre los fantasmas de la pérdida y la necesidad de purgar el dolor que esta deja. Siempre con la sensibilidad a flor de piel. En él descansan los versos más conmovedores del año (“Siento que mi alma toca tu alma / Como el aliento helado de las estrellas / Como una mano toca otra mano / Antes de apretarla para siempre”) en un sonido acústico y espacioso, que se muestra frágil en sus formas pero termina llegando con un enorme poder.

2. VETUSTA MORLA “La Deriva” (Pequeño Salto Mortal). Después del monumental Mapas, los madrileños han optado por la confrontación en La deriva. Retrato certero del momento social actual, en él se reparten magníficas percusiones obsesivas, melodías intermitentes que podrían considerarse ya como marca de la casa y versos que hablan de rabia, desesperación, rostros enfurecidos y la necesidad de salir adelante. “Habrá que inventarse una salida / ya no hay timón en la deriva” , “Robaron las antenas, la miel de las colmenas/ no nos dejaron ni banderas que agitar” o “En la sala de espera desde otoño sin respiración / cada rostro es la cruz de un pastor sin rebaño” son algunos de las líneas que se reparten entre 12 piezas que derrochan talento y capacidad de sorpresa sonora permanente.

3. NACHO VEGAS “Resituación” (Marxophone). Seguramente Resituación sonará en la cabeza de muchos cuando, dentro de una década, se recuerde el 2014. En él Vegas se impregnó del espíritu del 15-M y trenzó un puñado de canciones que hablan sin muchos rodeos de víctimas de deshaucios que se tiran por la ventana, abusos policiales en manifestaciones y ciudadanos que se toman la justicia por su mano. Una en concreto, Runrún, se erigió no solo como un himno, sino como un punto y aparte en la carrera del asturiano que, al final, logra sacar algo de luz y esperanza en medio de este caos: «El miedo ha dejado de ser la actitud / suena en cada cabeza un hermoso run rún / nos quieren en soledad nos tendrán en común». Todo ello no debería tapar los valores musicales de un disco con grandes canciones como Luz de agosto en Gijón, Adolfo Suicide o Ciudad vampira que van más allá de su contexto.

4. PUMA PUMKU “Is It in You?” (Matapadre). La sorpresa del año llega desde Santiago. Allí funciona esta célula psicodélica que ha entregado un álbum de melodías maravillosas de aire sesentero vestidas con un traje totalmente perturbador. Desde Pink Floyd a Neu!, pasando por Tame Impala o The Beatles, este quinteto se ha aliado con Rodrigo Caamaño y Roberto Mallo (Triángulo de Amor Bizarro) a la producción logrando todo un caramelo para los oídos. Propone un viaje a lugares quizá ya explorados, pero que encanta volver a visitar de cuando en cuando. Ojalá los podamos ver en un directo que se antoja delicioso.

5. RUSSIAN RED “Agent Cooper” (Sony). Al margen de su decidida mirada a los años ochenta y su renovada imagen, lo bueno de Lourdes Fernandez es que compone canciones que siempre trascienden a su envoltorio. En esta ocasión entre neblina de superproducción, electricidad empastada y colores chillones nos deja una Jonh Michael que si no es el mejor tema del año no le debe andar lejos. También preciosas melodías que dibujan círculos en el agua (Xabier), momentos de pop metálico deslumbrantes (Anthony) o estribillos de esos que dan ganar de comérselos (Alex T).

6. PABLO UND DESTRUCKTION “Sangrín” (Discos Humeantes). Otro de los tapados de la escena nacional. Como ocurría con Rafael Berrio, el asturiano Pablo García logra que su uso del canon crooner espabile al oyente y le haga fijar toda su atención en unas letras y una interpretación sin parangón en España. Este es su segundo disco, una apuesta decidida por un rock oscuro y penetrante que ha recibido (justas) comparaciones con Nick Cave pero que va mucho más allá. Entre el retrato de la decadencia nacional (Pierde los dientes España), la furia de la clase trabajadora a lo El club de la lucha (Por cada rayo que cae) y la fantasía de trenzar un túnel desde Asturias a Moscú (Limonov, desde Asturias al Infierno). Estimulante.

7. JOANA SERRAT “Dear Great Canyon” (El Seguell). Trece segundos es lo que tarda esta catalana en tener al oyente comiendo de su mano. Es la primera vez que abre los labios en Dear Great Canyon, un segundo álbum sin fisuras que se mueve en ese territorio indeterminado llamado americana como pez en el agua y deja doce estampas deliciosas. Se podría citar a Lucinda Williams o a Lisa Hannigan, pero también a Neil Young o Bob Dylan. Sí, porque esta música suena a clasicismo y a búsqueda de la belleza eterna. Nada más y nada menos. Uno de esos discos que los pones en el coche y deseas tardar lo más posible en llegar a su destino.

8. MODELO DE RESPUESTA POLAR “El cariño” (Limbo Starr). No debería pasar desapercibido el segundo trabajo de estos valencianos que trenzan, a corazón abierto, toda una oda al desamor. Con frases como «A mí Madrid ya no me interesa / y tu te sientes tan realizada que me das asco / Te quiero» dejan en diez temas un paseo de pulsiones contradictorias y mareantes que sigue a una ruptura sentimental. Todo con un pop de trazo claro y sin estridencias en el que la voz de Borja Mompó se impone.

9. MARÍA RODÉS “María canta copla” (Chesapik). El interés de María Rodés por la copla se podría tomar por algo anecdótico dentro de la corriente de cierto pop nacional en ahondar en sus raíces. Pero lo cierto es que María canta copla engancha más allá de la rareza. Tomando un género tan apasionado y dramático como este desde su perspectiva desapasionada y serena se produce un sorprendente choque de sensibilidades, que deja un álbum para el que parece que se haya inventado la palabra bonito.

10. CUCHILLO DE FUEGO “Triple España” (Amawisca). Desde Pontevedra, este cuarteto es el último gran disparo surgido de ese undeground gallego crecido alrededor de centros sociales y colectivos culturales. Tirando de la energía de bandas como Melvins o Jesus Lizard hacen su particular retrato de las cosas entre alaridos, explosiones guitarreras y quiebros rítmicos. Por ahí sale la monarquía, los Alfa Romeo Jaime Peñafiel, Gallardón, Shellac y un tipo que dice desesperado «¿qué va a ser de mí?».

Los diez mejores discos internacionales del 2014

Lunes, Diciembre 22nd, 2014

No deja de reconfortar comprobar que, pese a que el pop no esté viviendo precisamente su mejor época (sí, seguimos en la línea pesimista-realista del año anterior), salen discos capaces de generar particulares obsesiones. En este 2014 dos álbumes han jugado ese papel en esta bitácora. Uno amable, el de The War On drugs. Otro arisco, el The Swans. Ambos raptan al oyente, lo llevan a su mundo y lo hacen sentir dichoso. Son las dos caras de la moneda de lo mejor del año según Retroalimentación. Cualquiera de ellos podría ocupar perfectamente el número uno. Si al final lo ha alcanzado Lost In The Dream ha sido por una regla de desempate sencilla: simplemente ha sonado más veces en el corazón este blog que el otro, conmoviendo un poco más.

1. WAR ON DRUGS “Lost In The Dream” (Secretly Canadian). Más allá de una humeante producción ochentera. Más allá de su sorprendente mezcla de géneros contrapuestos. Más allá del bajonazo purificador sobre el que flotan las letras. En definitiva, más allá de todos esos fríos parámetros de análisis. Si por algo ha sobresalido el disco de Adam Granduciel ha sido por algo muy concreto: una capacidad de emocionar que solo poseen los grandes discos. Encadenando placer, cada tema de este álbum es una pequeña maravilla unido por una anilla a otra maravilla. Se mete por ritmos kraut-rock, invoca atmósferas que parecen sacadas del disco nunca realizado por Alan Parsons y Cocteau Twins, traza melodías hurtadas a Bruce Springsteen o Tom Petty y hasta se atreve con unos saxos ocasionales que ni Dire Straits. Sí, la definición sobre el papel espanta a quien no lo haya escuchado todavía. Pero en la práctica, solo genera bienestar general e intermitentes estallidos de placer agudo que desarman. Si Eyes To The Wind -con ese fraseo tan dylaniano que, de verdad, derrite con su sentido de la velocidad y las pausas- no es una de las canciones más bonitas de la década que, por favor, alguien muestre quién o qué la supera. Y si la homónima Lost In The Dream no es capaz de encogerte, cabría preguntarse si no te habrás equivocado de disco. Son dos diamantes de un disco lleno de piedras preciosas que pone al oyente a sus pies. Es bastante probable que el aficionado lo tenga machacado a estas alturas. Si así no fuera, se pierde algo muy grande.

2. SWANS “To Be Kind” (Young God /Mute). Una salvajada. El sucesor del aclamado The Seer (2012) estira el momento de gloria de la ¿mejor? banda del rock actual. Combinando poder, mística y ambición, la banda de Michael Gira deja una obra inabarcable de más de dos horas de duración a la que se puede entrar por cualquiera de sus ventanas. Tanto da arrancar la experiencia por la malsana repetición con extra de intensidad en cada minuto de Screen Shoot, colarse por ese blues con ocasionales aspavientos de la escuela Spiritualized de Just A Little Boy (Fore Chester Burnett) o por el rock agujereado por espadas psicodélicas de A little God In My Hands, en el momento en el que el oyente se halle en el interior se encontrará primero aturdido, luego superado y finalmente entregado a su orgía sensorial. En este disco hay gritos, canciones rotas y silencios que parecen infinitos. También atmósferas viciadas, ritmos brutales y espacios liberadores. Y, por supuesto, ocasionales melodías juguetonas, amagos de rock convencional y un constante transitar de un lado al otro. To Be Kind es excesivo en minutaje, pero también emociones y de sensaciones. En algún momento la voz de Gira parece estar ofreciendo las claves de la gran verdad universal amplificada por los altavoces. Se recupera ahí el poder turbador del rock. Sí, como hace años cuando aún eras un joven impresionable. Un efecto tan maravilloso como este disco imprescindible.

3. LEONARD COHEN “Popular Problems” (Sony). Lo ha vuelto a hacer. Apenas tarda unos segundos Leonard Cohen en encantar con el primer tema de su nuevo trabajo. Slow, la canción, autohomenajea con poso blues a su particular manera de concebir la música: al ralentí, contrastando voces y manteniendo siempre el misterio. En esta ocasión se arrima ya desde el arranque ligeramente al blues, sorprende con una un estribillo pop delicioso sobre colchón country (Did I Ever Love You), dibuja magnificas canciones de carreta (My Oh My) y recupera la electrónica de los ochenta (Nevermind). Al final cierra con una preciosa cantinela folk, You Got Me Singing, perfecta para demostrar que el canadiense sabe tratar las voces femeninas mejor que nadie.

4. DAMIEN JURADO “Brothers and Sisters Of Eternal Son” (Secretly Canadian). Salió tan temprano este año que corre el riesgo de perderse en el olvido de la velocidad de las cosas. Sería un craso error porque, continuando lo expuesto en el excelso Maraqopa, el canadiense vuelve a entregar otro gran disco de un pop que igual se muestra exhuberante y psicodélico como recogido y lírico. Pero siempre termina tocando la fibra con esas melodías heredadas de Neil Young que tanto reconfortan. Un tipo que ha encontrado la paz y se encarga de expandirla con canciones preciosas.

5. BEYONCÉ “Beyoncé” (Columbia-Sony). Si con 4 (2011) ya dio síntomas de saltar al estatus de “artista más allá del single de temporada”, con este disco (lanzado en digital a una semana de terminar el 2013 pero editado físicamente con un dvd este año, de ahí su incursión) materializa la grandeza de una cantante llamada a perdurar en el voluble mundo pop. Variado, ambicioso y sincero (ojo a las letras) Beyoncé es un estupendo compendio de música negra contemporánea con temazos como Slow, Partition o el baladón Blue dedicada a su hija. Sí, pero sobre todo, destaca por mostrarse como el primer gran álbum de una artista eternamente vilipendiada. Quizá por ello lo ha bautizado a su nombre, indicando quizá que aquí nace una nueva Beyoncé. Bienvenida.

6. FKA TWINGS “Lp1” (Young Turks). No es un disco perfecto, pero sí un trabajo que obliga a arquear la ceja y apuntar el nombre de su artista para seguirla en el futuro. El debut del proyecto de Tahliah Barnett juega a poner al día las luces y sombras del trip-hop en el contexto del r&b. Y a todo lo envuelve con un velo de etérea fragilidad y sensación de “deconstrucción” que bien podría recordar a Cocorosire. Más allá de eso (y, sobre todo, si es el pasado, el presente o el futuro del pop, algo que parece obsesionar a parte de la crítica), importa que araña la fibra en maravillas como Two Weeks o Video Girls, dos de las mejores canciones del año.

7. MARIANNE FAITHFULL “Give My Love to London” (Naïve). Igual que ocurre con Leonard Cohen, a Marianne Faithfull se la puede seguir a ciegas. Este, su mejor trabajo desde Before The Poison (2005), prosigue su notable línea: aglutinar en su maravillosa voz de miel con tropezones de amargura un puñado de grandes temas (firman Leonard Cohen o Nick Cave, entre otros), colaboraciones de relumbrón (Anna Calvi, Steve Earle, Roger Waters) y un producción excelente (obra de Rob Ellis & Dimitri Tikonov con mezcla de Flood). Los resultados de temas como Sparrows Will Sing, Falling Back o True Lies que la reafirman como una figura imprescindible. Si aún por encima siguen reeditando su discografía anterior el paquete es perfecto

8. GROUPER “Ruins” (Kranky). Hay una belleza abatida en este trabajo tal que hace que el oyente salga corriendo o que se entregue a él como quien desea empaparse de la niebla hasta perderse. Quien opte por lo segundo, será cómplice de las reflexiones sobre el (des)amor de una Liz Harris, abrazada al piano tristísimo, al vaho ambiental y unos pequeños ruidos de fondo (croar de ranas, lluvia…) que terminan por darle un envoltorio de absoluta irrealidad. Con la misma fragilidad que envuelve al cuerpo tras el lloro, este disco es un susurro quebradizo que pide una oreja amiga. Se impone auriculares, volumen y complicidad máxima.

9. REAL STATE “Atlas” (Domino). Seguramente haya quien piense que un disco como este -tan simple, tan armónico, tan académicamente indie- sobre en una lista de los mejores del año. Pero quien sienta devoción por -citemos de memoria según vienen- Galaxie 500, East River Pipe, The Byrds, Go-Betweens, la Velvet suave o The Clientele tiene aquí un álbum de esos que en la adolescencia se metían bajo la almohada y ahora hacen -¡mmmm!- suspirar cuando se escuchan del coche de camino al trabajo. Canciones que trazan círculos de melancolía prácticamente perfectos y que invitan, a quien no los conozcan, a viajar a su pasado y rescatar Days (2011), su disco anterior.

10. PARQUET COURTS “Sunbathing Animal” (What’s Your Rupture?). Aquí se puede aplicar la misma receta que con Real State. El segundo trabajo de estos neoyorkinos, que para algunos críticos estaban llamados a relevar a The Strokes, es un notable tratado de algo muy conocido -indie a la Pavement mezclado con todo tipo de retazos del rock neoyorkino- y que, si se ejecuta bien, siempre apetece volver a escuchar. Ellos, con sus melodías oblicuas, su interpretación arrastrada y sus intermitentes estampidas guitarreras, logran que termines subiendo el volumen, sacando morritos y haciendo air guitar. Y esa sensación es maravillosa.

Los diez mejores discos nacionales del 2013

Lunes, Diciembre 30th, 2013


Sí, una vez más Triángulo de Amor Bizarro están ahí, en lo más alto del pop nacional. Victoria Mística supone un nuevo paso en su característica aleación de ruido y melodía. Vence y convence. Solo deja la duda de hasta cuándo podrán los de Boiro seguir estirando el chicle sin hacer una revolución de sus planteamientos sonoros. Eso queda para el futuro. Ahora toca disfrutar de un listado en el que de nuevo sobresale Galicia. No existía intención alguna de poner el acento gallego, pero e las cosas son así: hasta cuando se va fuera para ensalzar a León Benavente resulta que su cantante, Abrahan Boba, procede de Vigo. Ya se ha hablado en este blog veces y veces del (excelente) estado de las cosas musicales de nuestra tierra. Las entregas del 2013 de bandas como Das Kapital, A Veces Ciclón, Disco las Palmeras o Antenas Hacia El Cielo (y otras que se quedaron a las puertas de este listado, como One Of These Days, Niño y Pistola, Unicornibot o Caxade, o los nuevos epés de Jane Joyd, Wolrus y Moondogs Blues Party) vuelven a refrendar la impresión.

1. TRIÁNGULO DE AMOR BIZARRO “Victoria mística” (Mushroom Pillow). Problemas con la mezcla final hicieron que el disco saliera a destiempo, en pleno verano, con la gente a otra cosa. Pero los que se metieron en él sintieron, sí, el calambrazo. Afilando el sonido y llenando sus canciones de una mala leche que ahora mira a lo político, Triángulo de Amor Bizarro ofrecieron en el 2013 quizá el mejor trabajo de su excitante carrera. No hay factor sorpresa, pero sí un amplio recorrido por sus múltiples vertientes: la pop (Victoria mística), la obsesiva (Robo tu tiempo), las parábolas shoegazers (Enemigos del espíritu) y las explosiones de ruido (Lo hispano marcha- La banca paga). Continúan siendo los mejores aquí, como ya lo fueron hace tres años. En mayo estuvieron en Los conciertos de Retroalimentación con una actuación para el recuerdo. En el 2014 volverán al ciclo.

2. LEÓN BENAVENTE “León Benavente” (Marxophone). Por una vez el concepto de supergrupo indie ha ido más allá de un divertimento paralelo intrascendente. En León Benavente se dan cita Eduardo Baos (Tachenko), César Verdú (Schwarz) y Luis Rodríguez y Abraham Boba (ambos músicos Nacho Vegas y el segundo con una notable trayectoria en solitario). Tirando de un rock más bien oscurete que invoca al fantasma de The Cure, tejen un ramillete de canciones estupendas, con letras inteligentes y la suave voz de Boba al frente. Y su directo promete muchas cosas. En febrero vendrán a Galicia.

3. DAS KAPITAL “Grecia” (Discos Da Máquina). Antes estuvo Ruido negro, pero es con este segundo álbum cuando los compostelanos han solidificado un discurso tan ambicioso como falto de fisuras. “Esta é a época e esta é a música da época”, proclaman en un álbum que, al estilo de los Programme de L’Enfer Tiede, pretende radiografiar el momento con toda su crudeza. En ese caso su idea está clara. Sobre bases de aire industrial y ausencia de melodías, el spoken word de O Leo -amenazante, contenido, logradísimo- expone su versión y visión de los hechos: Grecia es el reflejo que nos devolverá el espejo más pronto que tarde. Escucha el disco aquí.

4. LA MALA RODRÍGUEZ “Bruja”(Universal). La Mala está muy cabreada. Y la furia se agolpa en su rapeo. Como si las palabras se quedasen cortas, temas como Caja de manera o 33 las acogen en sus rimas para hacerlas explotar de una manera apabullante. Como un auténtico bofetón, María Rodríguez surgió este año con una autoridad tremenda. Desde Lujo ibérico (2000) no se le recordaba tan inspirada. Pero es que además de sacar las uñas, la de Cádiz se mete en la segunda mitad del trabajo en territorios más sensuales e intimistas, siempre girando sobre su gran temática: el miedo y la necesidad imperiosa de vencerlo. Era una grande y este año creció aún más.

5. A VECES CICLÓN “A Veces Ciclón” (Acuarela). Lo de este trío de enamorados de los Jr., Viva las Vegas y Mus que dieron lustre al catálogo de Acuarela a finales de los noventa y principios de los dosmiles es para tomárselo con (mucha) calma. Solo así uno puede disfrutar de un puñado de canciones interpretadas en susurros, armadas en bucles sonoros circulares y engalanadas con percusiones impertérritas. Parece que no ocurre nada. Al poco, sin embargo, tienen al oyente ensimismado. Lo logran con canciones que contemplan esperas hacia la nada, cambios de estaciones o desconexiones en las relaciones humanas. Merece la pena el esfuerzo. Escucha el disco aquí.

6. MANEL “Atletes, Baixin de l’escanari” (Warner). Adiós al ukele. Adiós a los arreglos de cuerdas y viento. Manel se impusieron la deserción de dos de las notas más características de su sonido para seguir avanzando en su carrera. Y la jugada les ha salido bien. El nuevo armazón -más recio y simple, pero igualmente distintivo- sirve para revalidar a los catalanes, expertos en lanzar miradas oblicuas de las cosas. Así son capaces de ver la gran historia de amor entre John Lennon y Yoko Ono, en vez de sumarse al odio general, o convertir en el momento en el que una banda de rock decide separarse.

7. RAFAEL BERRIO “Diarios” (Warner). Llega tarde este reconocimiento en este blog. El cantante vasco, autor del imprescindible 1971 (2010), se lo merecía mucho antes. En algún lugar entre Carlos Gardel, Jacques Brel y Leonard Cohen, emerge un universo poético, bohemio y romántico que logra cotas de elegancia inéditos en el panorama nacional. Letras como “Ya no es tu alma cera blanda / donde el mundo marca impronta / sino lacre endurecido y quebradizo” suenan como latigazos crooner de un autor sorprendentes y a reinvidicar totalmente. Nunca es tarde. Escucha el disco aquí.

8. STANDSTILL “Dentro de la luz” (Buena Suerte / Sony). Después de comprimir en Adelante Bonaparte la experiencia de tener un hijo, Enric Montefusco traza en su nuevo disco un tratado sobre cómo el amor llega a una persona y la ilumina completamente. Intercalando momentos de recogimiento con explosiones, los catalanes se muestran ahora totalmente imprevisibles. Además, en todo momento se desprende la sensación de querer atrapar una cierta espiritualidad con coros celestiales y una música que mira hacia el cielo como aquellos The Delgados de Hate (2003). Algunos fans se han echado las manos a la cabeza. Harían bien en volverlos a escuchar una vez más. O dos. O tres. O… hasta que haga click.

9. DISCO LAS PALMERAS! “Ultra” (Matapadre). Segundo trabajo del trío de Sarria y segundo disparo certero. La receta continía invariable: sonido rugoso, magmas de ruido, ocasionales rayos melódicos y estampidas rítmicas. Más politizados aún, hablan de la frustración, la rabia y las ganas de romper con todo en el negro momento en el que nos ha tocado vivir. En ese sentido, destaca Que rueden cabezas. En ese estribillo definitivo que clama “Se ríen de ti” la banda ha alcanzado su cima hasta la fecha. Otros que destacan en directo, tal y como se pudo ver en su pase en Los conciertos de Retroalimentación. Escucha el disco aquí.

10. ANTENAS HACIA EL CIELO “Antenas hacia el cielo”. El proyecto de los hermanos Gonzalo y Dani Abalo explora el lado más electrónico de su ex banda Nadadora. Con The Cure, Disco Inferno, Field Mice, OMD o The Radio Dept como influencias, el dúo deja un primer paso que nace totalmente de espaldas a todo: ni edición física, ni directos de presentación, ni la más mínima promoción. Solo amor a un modo, ese modo, de concebir la música en el que Joy Division se conectan con Slowdive sin problemas. Ojalá tenga continuidad. Escucha el disco aquí.