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Archivo para septiembre, 2012

Almas gemelas en busca de la magia

sábado, septiembre 29th, 2012

The Jayhawks
Santiago, Sala Capitol
27-9-2012

Poco tardaron Gary Louris y Mark Olson en poner las cartas boca arriba. Sonó, de tercera, Red’s Song. Y el rostro de la audiencia se arqueó en un gesto de pura felicidad. Las melodías -cristalinas, impolutas, deliciosas- sonaban a gloria celestial. Las cabezas se ladeaban y los ojos se cerraban. Se trataba de la magia a la que se refería Gary Louris en la entrevista que concedió el jueves pasado a La Voz. Un bienestar sin arrebato ni tensión. Sí, la fuerza que en otras ocasiones habían exhibido The Jayhawks en vivo se había esfumado. El acento ahora caía en las voces. Más Byrds que nunca, Olson y Louris se mostraba como orfebres de la canción trenzando con sus gargantas juegos vocales ma-ra-vi-llo-sos. Respaldados por la de la teclista Karen Grotberg, se convertían en algo-aún-más-ma-ra-vi-llo-so. En apenas tres minutos la sala ya tenía el clima perfecto para desarrollar un concierto que pretendía, más que nada, una cosa: reblandecer corazones. Lo de apelar el músculo y el nervio quedaba para otra ocasión.

Lo consiguieron. Cuando finalizó la canción, muchos ya comían de su mano. Otros, sin embargo, echaban en falta una fuerza power-popera que no llegó a plasmarse del todo en ningún momento. Los Jayhawks de la vuelta a la dupla mítica no venían a eso. No había nada que hacer. Lo que acontecía en Capitol mostraba un modo de disfrutar de la banda inédito para muchos. Nunca habían sonado tan delicados desde la marcha del ahora retornado Olson. Se le veía pletórico, piropeando a Santiago y encantado de encantar con la guitarra acústica y su cara de buena persona. Louris complementaba la mueca con la Gibson SG atenuada y esa actitud suya, más chulesca y distante. Cara y cruz de una misma moneda. Al rato, Two Angels continuó el paseo por ese rock balsámico y fuera de tiempo y anticipó la grandísima noche que se iba a vivir.

Todo giró alrededor de las dos obras magnas firmadas por la pareja: Hollywood Town Tall (1992) y Tomorrow The Green Grass (1995). El paseo entre ambas se alternó con picoteos escogidos de Mockingbird Time (2011), el disco con el que Olson regresó a la nave nodriza. Bastante inferior en las escuchas domésticas, ganó sin embargo en escena. Canciones como She Walks In So Many Ways o Closer To Your Side no desentonaron entre los clásicos. Tampoco las visitas al Rainy Day Music (2003), como ese Tampa To Tulsa con la que inauguraron el bis. Ni mucho menos la sorpresa que supuso la lectura del Sin City de los Flying Burrito Brothers, a mitad de concierto.

Pero, como era previsible, la magia se buscó en el catálogo de joyas del periodo 1992-1995. Y se encontró con los mismos pinchazos de placer que Red’s Song y Two Angels. ¿Cómo no sentirlo con ese Blue y su estribillo llegado del paraíso de los grandes estribillos? ¿Qué decir de esos I’d Run Away y Miss Williams Guitar, surgiendo como himnos de un modo de hacer pop con carcasa rock sin fecha de caducidad? ¿Y de qué manera uno se puede resistir a la emoción pura de Waiting For The Sun flotando poco antes de terminar todo? Son apenas unos ejemplos de los muchos que provocaron que la gente, entusiasmada, terminase con un deseo: !Queremos más! Pero ellos, rácanos, no regalaron un segundo bis. El público, instanto a ello “oeoeoeoeoeoeo” con la música de ambiente y el telón corrido, se lo merecía. Y eso que, al parecer, el set list incluía hasta tres temas a mayores.

La ausencia de ese caramelito final, junto al escamoteo de canciones del nunca bien ponderado Sound Of Lies (vale, en él no estaba Olson, pero tampoco en Rainy Day Music) conformaron los únicos peros de aquellos que, al final, llegaron a ese punto en el que, sí, su corazón mutó en cera derretida por el calor de la música. El resto no lograban borrar el recuerdo de conciertos pasados. Se dieron cuenta, tarde, de que la cosa iba por otro camino. Una senda (felizmente) complementaria y que no debería excluir, en mi opinión. No en la de los desencantados que, al final del bolo, seguían sin aprobar lo acontecido.

Foto: Xavier Valiño

Las salas de conciertos gallegas le hacen frente a la crisis

sábado, septiembre 22nd, 2012

La música en vivo en Galicia presenta un futuro incierto. Ocho responsables de salas de conciertos explican cómo harán frente a la situación. En su contra, la crisis económica, la subida del IVA, el descenso de patrocinios y una generación educada más en los festivales que en los garitos. A su favor, el amor por un modo de entender el rock y el pop que ha resistido ya carros y carretas y que siempre se presenta oportuno.

Al final, todo vuelve a su origen. Se acabó la era de los concejales prometiendo un FIB en su pueblo aunque no se pudiera asumir económicamente. También la de las instituciones haciendo obra social contratando en teatros a artistas que, ya puestos, inflaban cachés. Y, por supuesto, los hosteleros ajenos al mundillo estirando el brazo a la música en vivo en busca de su parte del pastel. La realidad obliga a dar marcha atrás. Y salvo excepciones, el público que quiera disfrutar de música en vivo tiene que volver al punto de partida: las salas de conciertos.

Lo hace con menos euros en el bolsillo y bastante menos optimismo en la cabeza. Y eso desde el sector que siempre ha estado ahí, a las duras y a las maduras, se observa con cierta preocupación en el arranque de temporada. «La gente no tiene dinero. Y o se trata algo que le interesa mucho o se queda en casa», comenta Pablo Iglesias, responsable de la sala Mondo en Vigo, una de las ciudades que vivió una época tan dorada que casi muere de éxito: «Hubo un exceso de oferta tremendo. El año pasado era ya algo exagerado. En un mismo día podían coincidir cuatro conciertazos y estaba claro que no podía seguir así».

Más selección en los artistas y, sobre todo, bajada de precios. Entre esos dos polos deambulará la apertura del curso en las salas gallegas. «La tendencia ahora es reducir todo, desde el precio de las entradas a los cachés», explica Rubén Coca de la sala Super 8 de Ferrol. «Los grupos son conscientes también de este cambio —continúa—, aunque es complicado porque sus gastos son siempre los mismos. El mismo material, instrumentos, desplazamientos… y la posibilidades de rentabilizar su esfuerzo resultan cada vez menores». En ese sentido, Pablo Iglesias, de Mondo, da un ejemplo: «Antes, a lo mejor te veía un grupo pequeño, que acababa de empezar, y quería cobrar 10 euros. Ahora eso es imposible».

Mantener el tipo
Pese a todo, el sector no piensa recular ante la crisis. Todos los responsables de salas consultados para este reportaje aseguran que van a mantener el mismo volumen de actuaciones. Alguno incluso incrementará fechas. Es el caso de Capitol, en Santiago. «Vamos a aumentar la oferta —asegura Antonio Borrazás, su director de programación—, porque tenemos la intención de abrir todos los fines de semana con actuaciones en vivo. Inauguramos este fin de semana el Capitol Club, un nuevo escenario que servirá para actuaciones de pequeño formato, la mayoría de ellas con carácter gratuito».

Tanto a Borrazás como a sus colega se les presenta además a un enemigo inesperado: el IVA, que se sitúa desde el mes pasado en el 21 % frente al 8 anterior. «Es como si, de repente, te apareciese un nuevo socio», sintetiza Pablo Iglesias. «Se trata un golpe durísimo para el sector cultural, una subida así es inasumible», opina Tomás Legido, de la sala Mardi Gras de A Coruña que lleva el tema más allá: «No solo es el IVA, el precio de la gasolina es muy importante a la hora de venir a tocar a Galicia». En La Iguana de Vigo aún tienen esperanzas de que el gobierno dé marcha atrás: «Esperamos que se den cuenta de que es una decisión injusta y que la cultura es un bien de primera necesidad y no como lo consideran, un entretenimiento», expone Fran Casanovas.

La postura general pasa por no cargar esa subida al cliente. «Vamos a mantener los precios de siempre, solo subiremos algo los de las consumiciones porque las teníamos baratas», comenta David Pedrouzo, del Torgal, en Ourense. «Incrementar cinco euros la entrada supone vender menos localidades y, por consiguiente, hacer inviable un evento. Nosotros lo vamos a asumir como muchas otras empresas privadas en este país», apuntan desde Capitol. La postura más llamativa se encuentra en Pontevedra. Marcos Rivas, de Karma, opina así: «A nosotros nos da un poco igual lo del IVA. Hay cosas peores en el mundo. Si aguantamos las cosas peores y estos quieres subirlo, ya lo bajarán cuando se den cuenta de que la gente se olvida de los problemas con la cultura».

Patrocinios
El dinero público apenas cuenta en las pequeñas salas. Ahora el ciclo Galicia Importa (auspiciado por la Xunta) o el Girando por Salas (por el Ministerio de Cultura) tienen alguna incidencia. «Más que perder, lo que supone es los patrocinios que se va a dejar de crear», precisa Carlos Landeira de Le Club, en A Coruña. Mira, como tantos otros, a lo privado: «Las marcas tienen aquí un buen escaparate. Un concierto se asocia a algo positivo por el que lo va a ver. Muchas se están dando cuenta y se están introduciendo en la música».

Destaca, en ese terreno, la cervecera Estrella de Galicia, que dentro de Son Estrella ha incluido salas como Le Club, Capitol, Mondo o Torgal, dando lustre a su programación con propuestas internacionales. Otras como Heineken lo hacen en Mardi Gras. «Ese es el camino. Esto no deja de ser un negocio que tiene que funcionar. Lo de los patrocinios públicos hizo mucho daño inflando los precios. Todo eso tiene que cambiar no puede ser que pase aquí lo mismo que con las compañías de bajo coste», concluye Pablo Iglesias.

Fotos: Arriba, escenario del Café Pop Torgal (anónima). Abajo, público en la sala Le Club (Sergio Vieites)

El contagioso pop atropellado de Wild Balbina

viernes, septiembre 21st, 2012

Melodías inmediatas, desaliño instrumental y un poco de barullo emborronándolo todo. Los vigueses Wild Balbina tiran por ahí, recogen la parte más happy del sonido c-86 y obligan a levantar la ceja al oyente al que todo ello le coja desprevenido. Son Marta, Antía y Guille. Las dos primeras figuran también detrás del fanzine feminista Typical Girls. Él, por su parte, milita además en Munich. Los tres se han fundido en un proyecto que nace con los vientos favorables de ese miniescena pop internacional en la que nombres como Dum Dum Girls o Veronica Falls tienen algo que decir.

Talulah Gosh podría ser la referencia más clara para situarlo. También se citan a The Shop Assitants, Mambo Taxi, Bikini Kill o Helen Love. Sea como sea, entre sus ramalazos surf, sus melodías rescatadas de los grupos de chicas de los sesenta y su atropellada interpretación a lo indie-pop 80’s se logra transmitir las dosis de alegría y vitalidad necesarias como para iluminar el día. Encienda usted, mi querido lector, ahora esa bombilla. Aquí se puede escuchar los tres temas de su single. Abajo, su divertidísimo videoclip de temática fronterizo-enxebre grabado por Javi Camino.

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Lección de sudor y rock n´roll

jueves, septiembre 20th, 2012

The Cynics
A Coruña, Mardi Gras
18-9-2012

Ni butaca, ni “brisa del mar”, ni “paraje idílico”. No, The Cynics demostraron en el Mardi Gras de A Coruña cómo es, o cómo debería ser, el rock n’ roll. Lo hicieron frente a un público apretujado y sudoroso, convertido en una masa de calor. Así, en un club, con los espejos de los baños empañados, la cerveza circulando en la barra y los alaridos de Michael Kastelic surgiendo como descargas. Toda esa chavalada a la que le han hecho creer que un concierto de rock consiste en 45 minutos dentro de un festival con 30.000 personas alrededor o una pulcra y confortable sesión en un auditorio debería haber ido a verlos. Unos cuantos lo hicieron. Y con los oídos pitando y la sonrisa petrificada en el rostro pensaron que sí, que esto era otra cosa. Más intensa, más directa, más catártica… ¿más auténtica? Bueno, eso casi mejor lo dejamos para otro día.

Fue una gran noche la que se vivió el pasado martes. Con todo el papel vendido con antelación, The Cynics revalidaron su mito ante el fervor de su público. Tanto da que sus dos miembros fundadores, Michael Kastelic y Gregg Kostelich, se columpien en la cincuentena. Ambos cumplieron con nota en todo momento. El primero mostrándose como el carismático front-man que siempre fue. Al modo de un Mick Jagger garagero contagió buen rollo y dirigió el directo a su antojo. Gregg, por su parte, ofreciendo una nueva lección sobre cómo exprimir de una guitarra Grestch todo el abanico de sonidos del genero. Secundados por el explosivo batería Pablo González Pibli y el solvente bajista Ángel Kaplan, el resultado devino en triunfo.

Arrancaron muy melódicos, casi como un grupo del NRA, pero pronto sacaron las uñas. Trallazo tras trallazo, casi sin esperar entre tema y tema. Cayó todo lo que se esperaba. Y más. Desde el r&b cortante de Blue Train Station al himno eterno de Yeah!, pasando por la caricia pop de Abba. También realizaron puntuales paradas por el último álbum, como I Need More o la espléndida Rock Club. Y, cómo no, un amplio repaso a su cima, Rock n’ Roll, el disco por el que serán eternamente recordados. Ahí, ante el latigazo de You Got The Love, la lija de Baby What’s Wrong With Me o la ambrosia sixites de Close To Me no quedó más remedio que unirse a la fiesta, empapar la camiseta, levantar las manos y celebrar que sigan existiendo cosas así.

El dolor en el cuello del día siguiente no hacía si no certificar que todo había discurrido como debería. Un comentario recogido en la puerta (“Yo porque estoy casado, si no me iba mañana a Santiago a verlos otra vez”), lo mismo. Que vuelvan ya.  

Fotos: Pablo Mella

The Cynics: “Odiábamos el techno-pop y cualquier cosa sin guitarras”

martes, septiembre 18th, 2012

Con motivo de los conciertos gallegos que The Cynics ofrecen estos días en Galicia los hemos requerido para una entrevista en La Voz. En principio esta se iba a publicar en el Fugas del pasado viernes, pero resultó imposible contactar antes con la banda antes del cierre del suplemento. Ahora recuperamos en Retroalimentación las palabras de Gregg Kostelich como aperitivo de los dos bolos que les quedan.

«Nosotros odiábamos el techno pop y cualquier cosa sin guitarras». Habla Gregg Kostelich. En 1983 fundó en Pittsburgh The Cynics con su compinche Michael Kastelic. Ambos manejaban un sencillo plan:«Ibamos a hacer la música que nos gustase, si a alguien le importaba bien, y si no también», recuerda. Sin saberlo, estaban prendiendo otra mecha más de un fenómeno, el revival garagero, cuya onda expansiva alcanzaría a cientos de clubes y garitos de medio mundo. «Se trataba de luchar contra lo establecido, no como ahora que, la verdad no veo rebelión ante nada», añade el músico que es una leyenda vida del rock underground. Sí, la cosa nunca fue más allá de la oscuridad y los delibelios en la cara. Estos días lo están demostrando en Galicia, dentro de una pequeña gira. Ayer estuvieron en Ourense. Hoy toca parada en A Coruña. Mañana, Santiago. ¿El motivo? La presentación de su último trabajo, el notable “Spinnin Wheel Motel”. Y algo más: demostrar que sus alaridos todavía son capaces de perturbar y emocionar como antes.

No vale quedarse en casa y escucharlos en el Spotify. Esto es otra cosa. Hay que sudar, vibrar y sentir la electricidad en el cuerpo. «Ahora los chicos ven vídeos en Youtube antes de ir a los conciertos y puede que haya quien piense que con eso llega», reflexiona Kastelic un tanto descolocado en el nuevo mundo digital. «Yo lo que le puedo prometer a la gente que vaya a venir a vernos es van a ver a una de las mejores bandas de rock n´roll en vivo, un grupo que trabaja duro para al día siguiente sonar aún mejor», continúa ufano. No lo pudieron hacer anoche en el clausurado Rock Club, el garito ourensano al que le dedicaron la canción homónima en su últimos disco. «Michael se inspiró en sus vivencias allí para hacer ese tema. Es triste que no sigan y que ahora tenga otra orientación musical, pero bueno, por lo menos no es una oficina del estado, una inmobiliaria o una cadena de supermercados». Quizá, en sus visitas a la ciudad de las Burgas fue donde degustaron eso que denominan fish-pie y que debe ser empanada. Les gustó. Tanto que no se olvidan de citarlo en la entrevista.

Pero no nos engañemos. Pese a que vengan con nuevo disco bajo el brazo, la mayoría de los seguidores de The Cynics miran a un glorioso pasado. Especialmente a un álbum: Rock n’ Roll (1989). Para muchos se trata del mejor trabajo del revival garage 80’s. Y no solo sigue irradiando magia a sus fans. También al grupo. «Llevaba tiempo sin escucharlo, pero cuando hicimos la gira de verano lo revisamos -señala Gregg-. Escogimos varias canciones para sentirlas otra vez en vivo. Ese trabajo es más fuerte y creo que está por encima de todos nuestros otros discos». ¿Por qué? ¿Cómo se logró en su día esa mezcla de garra, melodía y fuerza tan abrasadora? Greg confiesa que les pudo el amor propio y la aspiración de ser los mejores de la clase: «Lo tengo que admitir, estábamos muy cabreados entonces. Queríamos formar una gran banda, pero éramos claramente inferiores a los Lyres o los Chesterfield Kings. Ese disco fue algo así como decirles en la cara: “Joderos. Somos los mejores”. Realmente, aquella era una buena competición, no había nada malo contra las otras bandas, solo la aspiración de progresar. Yo no veo que ese clima continúe ahora. La música es solo bla bla bla, ruido de fondo, sin mensajes en las letras».

¿Y cómo se llevan con todos aquellos grupos después de tantos años? «Actualmente tengo incluso más contacto con Greg de los Chesterfield Kings que antes. Y también con The Fleshtones, que siempre han sido unos tipos fantásticos. Los Lyres y los Fuzztones andan juntos desde hace un año, pero no tenemos tanta conexión como en los ochenta». Las palabras de Gregg Kostelich suenan, definitivamente, a otra era, a la de una generación que quiso rescatar la esencia del rock crudo para encontrar ahí su propia salvación. ¿Ve quizá algún paralelismo entre aquello y lo que hoy en día son The Hives o fueron, hace poco, White Stripes para los chicos de hoy en día?« Buff, no lo sé.The Hives están bien. Escuché el primer disco de los White Stripes, pero luego no continué con los siguientes. Lo mismo me ocurre con los Black Keys. Me gusta el sonido, entiendo por dónde van, pero no me llenan totalmente. Gene Clark, The Byrds, The Ducth Outsiders, Q65, Blues Magoos sí que me llenan. Discos como el Who Sell Out de The Who o el Something Else de The Kinks, algunos de los Stones, de los Beatles, los Beach Boys o Bob Dylan esos son los que me llenan. Por cierto, escuché un tema del nuevo de Dylan antes de salir de EE.UU. Me sentí muy feliz por él, porque suena muy bien».

El músico admite que siempre se vio a sí mismo como «el hermano mayor o el padre de The Cynics». Últimamente, con las nuevas incorporaciones en la banda (el batería Pablo González Pibli y el bajista Angel Kaplan, ambos de Doctor Explosión), empieza a sentirse «el abuelo del grupo». En esa tesitura el futuro de la banda resulta incierto. Pero tan incierto como las últimas tres décadas. «Hoy me preguntaba si este será este nuestro último tour. Llevo llevo diciendo esto, desde que sacamos 12 Flights Up -admite-. Nosotros simplemente somos tan buenos como lo será nuestro siguiente disco. Sin las canciones no tenemos futuro. Hasta ese momento no me preocupo, como un auténtico cínico. Solo deseo sentirme creativo otra vez. A lo mejor todo depende de los políticos. Puede que Michael y yo nos cabreemos y hagamos un nuevo elepé de garage-punk sobre eso».

Imagen de previsualización de YouTubeFragmento de una actuación del grupo el verano pasado en Valencia

Ulrica se ven obligados a suspender su concierto dentro del ciclo de este blog

lunes, septiembre 17th, 2012

Ulrica no podrán tocar el próximo sábado en la sala Le Club, tal y como estaba previsto. El que iba a ser el concierto inaugural del ciclo Los conciertos de Retroalimentación se suspende debido a un problema de salud de uno de sus componentes. El cantante y guitarrista del trío, Pedro Granell, se ha lesionado un brazo el pasado fin de semana. Aunque en todo momento la banda se ha ofrecido a tocar igualmente, con el guitarrista de apoyo que los acompaña en vivo asumiendo el papel principal, reconocen que eso no sería mostrar el proyecto al 100% de sus posibilidades. Por ese motivo, tanto ellos, como Argonauta Producciones y yo hemos decidido suspender el recital, a la espera de que se pueda realizar en los próximos meses. Consideramos que el grupo merece poderse mostrar en toda su plenitud y el público asistente verlo en perfectas condiciones.

Deseamos desde aquí una pronta recuperación a Pedro y pedimos disculpas a quienes ya habían reservado la noche del sábado y ahora se le pueden trastocar los planes. Sabemos que ya se había creado expectación respecto a este primer capítulo de Los conciertos de Retroalimentación y esperamos que, pese a este inconveniente, esta no decaiga. La inauguración del ciclo será por tanto el próximo 19 de octubre con Unicornibot. Os esperamos. Gracias por estar ahí.

El mito de Parálisis Permanente frente a doscientos devotos

lunes, septiembre 17th, 2012

Ana Curra “El Acto”
Santiago de Compostela, Sala Capitol
15-9-2012

Será la crisis económica, la desmemoria histórica o que, tal y como decía Ana Curra el pasado viernes en el Fugas, «Parálisis Permanente siguen siendo un grupo de culto», pero lo cierto es que el pase santiagués de la gira de El Acto presentó una grave carencia: la falta de público. Con la banda sonando como una apisonadora, un repertorio infalible y una Ana Curra espléndida en su papel de maestra de ceremonias, el hecho que la sala apenas juntase a unas doscientas personas generó el vacío necesario para que la magia no se conjurase como debería.

Sí, porque aquello iba de revivir la fuerza de la juventud, de sentir el rock a cuchillo en la piel y terminar, todos juntos, sudando la misma pasión que goteaba por el corsé de cuero negro de la cantante. Y no, no sucedió eso. Los huecos de la Capitol fueron hielo aplacando el calor, impidiendo el contagio y dejando claro, para fastidiar, que no es lo mismo ser joven que recordar haberlo sido. Cuando un concierto concluye con Unidos y no se produce una clamorosa petición de bis algo falla.
 
Ello frustra, porque las reseñas previas de esta resurrección del mito de Parálisis Permanente hablaban de apoteosis. No de un simple buen concierto como el del sábado que, tras aclimatar la sala con fotografías de Alberto García-Alix, arrancó con El acto. Luego, dio su primer gran golpe con la mítica versión del Heroes de David Bowie. Siguió a golpe de bombo y guitarreo devorador con Tengo un pasajero. Y creó su clímax con Quiero ser santa, revitalizando su condición de himno. Todo ello, apoyado con la iconografía clásica de Parálisis Permanente y visuales creados para la ocasión, que ofrecieron un envoltorio perfecto.

Especialmente emotiva fue la pieza de Chopin que Curra interpretó con la imagen del fallecido Eduardo Benavente (líder del grupo y pareja suya entonces) a sus espaldas, sugiriendo que lo veía todo desde el más allá. Se iniciaba así de un bis completado con la mejor tripleta posible: Adictos a la lujuria, Autosuficiencia y Un día en Texas. Tremendas las tres. Seguramente, ni los propios Parálisis Permanente las harían sonar tan bien en su día. Pero abajo había mucho más cemento que calor para recibirlas. Una verdadera pena. 

Ana Curra: “Parálisis Permanente sigue siendo un grupo de culto”

viernes, septiembre 14th, 2012

Se trata de una de las giras del año: la vuelta del repertorio mítico de Parálisis Permanente, uno de los grandes grupos de los ochenta cuya oscuridad se tiñó de tragedia con la muerte de su líder Eduardo Benavente en accidente de tráfico en 1983. Apenas quedaron un elepé, varios singles, algunos directos mitificados y el deseo de que alguien invocase su espíritu. La que entonces era su novia y compañera en la banda, Ana Curra, ha dado un decidido paso al frente llevando a los escenarios El acto. Madrid, Barcelona, Zarratón (La Rioja) y Bilbao han sido los lugares que han podido disfrutar del espectáculo. Hoy sábado 15 de septiembre se suma Santiago a la lista. Hemos entrevistado a Ana para el suplemento Fugas. Esta es la versión completa de esa charla.

-Emocionalmente tuvo ser muy fuerte para usted volver a llevar al escenario esas canciones. ¿Tuvo muchas dudas a la hora de ponerlo en marcha?

-Realmente no. Sabía que tenía que hacer algo. llevaba muchos años con esa carga en la mochila. La idea de que yo tenía era la reivindicar mi propio pasado, mi historia y la figura de Eduardo Bevavente dentro de Parálisis Permanente, que su fue grupo más personal. Era una deuda que yo tenía para conmigo para con Eduardo, el grupo y todos los fans que me lo han pedido siempre. A mí me costaba mucho. Por eso no utilicé el nombre de Parálisis Permanente nunca después de que se fuese Eduardo. No me parecía honesto. De hecho, cambiamos a Seres Vacíos cuando murió, luego como Ana Curra y, posteriormente, me aparté. Más tarde ha habido cantidad de grupos que lo han versioneado. Mucha gente que me había pedido que hicera algo así. Era una deuda. Ahora ha llegado el momento de reivindicar esas canciones, que también eran mías.

-Cuando anunció que iba a salir esta gira hubo muchos fans que se lo tomaron muy mal. Sin embargo, las críticas por ahora han sido excelentes.¿Qué balance hace de todo ello?

-Sí, la verdad es que, por ahora, no he leído ni una sola mala crítica y sí que escuché algunas voces contrarias al proyecto. Por un lado es normal. Yo lo entiendo. Entiendo perfectamente que haya gente que lo vea así. Parálisis Permanente es un grupo muy especial. Las del disco y los singles son canciones que todo el mundo tiene en su memoria. Y las tiene escuchadas con una formación mítica, que con el fallecimiento de Eduardo se hizo aún más mítica. Comprendo el enfado de esos fans pero, al mismo tiempo, creo que no hay nadie más indicada que yo para esto. Lo conozco todo perfectamente. Él era mi pareja musical, sentimental y vital. Soy la persona que está más legitimada para hacerlo. En ese sentido, siempre van a haber críticas. Pero es cierto que, después de ver el concierto, la verdad es que el público sale con buen sabor de boca. Estamos tratando todo con el máximo respeto y sin perder la esencia.

-¿En ese primer concierto en Madrid hubo muchos escalofríos en el escenario?

-Muchos, muchísimos. Y sigue habiéndolos. Cada vez que subo al escenario me transformo. Me lo paso muy bien. Lo vivo intensamente y vuelvo a afrontar las letras como si tuviese 20 años. Creo que no ha pasado el tiempo por ellas, que son canciones totalmente atemporales. Está siendo una fiesta cada concierto. Resulta todo muy intenso. Hay muchas emociones flotando en el ambiente.

-Escuchando ahora Parálisis Permanente y, teniendo en cuenta lo jovencísimos que eran entonces, llama la atención que el concepto de grupo fuese tan perfecto y elaborado. ¿Era muy pensado?

-No creas que era algo tan premeditado y pensado. No había marketing en nuestras cabezas. Aunque hubiésemos querido no sabríamos hacerlo. La verdad es que yo también me sorprendo un poco de que siendo tan jóvenes pudiéramos hacer algo así. De todos modos, la juventud puede con todo. Nosotros teníamos muchísimas ganas. Siempre hemos buscando una coherencia en todo: la imagen, la música, todo lo que se proyecta a la gente. Es básico para hacerte entender como quieres. Cuando miro las fotos y las portadas ahora me doy cuenta de que la verdad es que estaba todo muy bien acabado para la época.

-En mi opinión, Parálisis Permanente era el mejor grupo de la Movida en esa suma de estética, actitud, imagen, sonido y letras. Si se quisiera hacer en un laboratorio no hubiese salido tan bien.

-Sí, se hizo así y eso le daba mucha credibilidad. Se conjugaban todas esas cosas con la frescura y la visceralidad. Eso ha permitido que el tiempo lo haya soportado tan bien. Yo creo que cuando transmites algo, tan importante es la forma como el fondo. Creo que lo emocional y lo estético es igual de importante, si no todo se quiebra.

-Llama la atención por oposición que, mientras se estaba apostando por la España en colorines, vitalista e incluso un poco frívola, ustedes tiraron hacia la oscuridad. ¿Qué les hizo ir por ahí?

-Eso es una tendencia mía, que creo que es común a mucha gente de esa edad en la aún no has conocido el lado oscuro de la vida pero te atrae: quieres informarte, quieres entenderlo todo y quieres. Te hace muchas preguntas. Primero es el sexo, que está muy presente: cómo lo vives, cómo lo sientes. Libros como La historia de O o El Marques de Sade me atraían muchísimo. Luego, está la muerte, que es la vida. Son los dos lados de la misma moneda. En Parálisis Permanente hicimos reflexiones, no muy razonadas porque éramos demasiado jóvenes como para racionalizarlas mucho, pero sí que dimos mucha rienda suelta a preocupaciones que eran motivos de inspiración.

-Habla del sexo. Esa imagen fetichista con elementos del sado dio mucho que hablar. ¿Había un ánimo de escandalizar o era algo más profundo?

-No había ningún ánimo de escandalizar. Absolutamente ninguno. Era lo que sentíamos y lo que nos movilizaba, de hecho es lo que sigue movilizando a todo el mundo [risas]. Es una parte fundamental de nuestras vidas y, en esas edades, lo vives muy intensamente. El sexo es una preocupación que se hace cotidiana en tu vida, un descubrimiento total que te atrae. Para nada queríamos epatar ni teníamos pensamientos tipo “Voy a hacer esto para llamar la atención”. Eso no existió nunca en nosotros.

-Leí recientemente una crítica que decía que la suya era una estética infantil y forzada, producto de la juventud. Después de lo que me ha dicho, imagino que usted haría lo mismo si pudiera volver atrás.

-Pues supongo que sí. El tema es que eso ya lo hice, pero me doy cuenta de que sigue siendo algo de actualidad, porque es algo que nos mueve a todos. Creo que si a los 17 o 20 años no te preocupa eso pues apaga y vamos [risas].

-El sonido de Parálisis Permanente era y sigue siendo apoteósico. En su momento tuvo que ser algo rompedor. ¿Qué discos tenían ustedes en casas que usaban como modelos?

-Por un lado teníamos todas las influencias de los años setenta y anteriores. Elvis, el principio del rock n’ roll, pero sobre todo el glam y lo que se estaba gestando casi contemporáneamente en el Reino Unido, Nueva York y Detroit. Hablo de los Stogoes, New York Dolls, Ramones, Television, Patti Smith, Sex Pistols, Generacion X, Siuoxie, Bauhaus, Joy Division… Fuimos contemporáneos de todos estos grupos. Nos retroalimentábamos.

-Esa música en la España de los primeros ochenta era totalmente underground. Había que estar muy “metido” para conocerla. ¿Cómo llegaban a ella?

-Sí, en eso creo que también ha sido importante Parálisis Permanente, porque ha quedado como un grupo mítico que abrió una puerta a una serie de grupos que eran desconocidos en Madrid. Yo recuerdo el primer viaje que hicimos Eduardo, Nacho, Olvido y yo a Londres. Vimos a Bauhaus y a Killing Joke en directo. Vinimos de allí con los singles y fuimos a Radio 3 para que los pusieran. Nosotros los descubríamos en la propia emisora. Los poníamos y los dábamos a conocer. Era algo totalmente diferente a lo que sonaba en España. Aquí no podías conseguir esa música. Nosotros ahorrábamos todo el dinero para poder ir a Londres a comprar discos porque aquí no tenías nada. Nos íbamos una semana y estábamos de concierto en concierto descubriendo grupos y recogiendo influencias. Tal cual.

-El mito agrandó los años ochenta y abrió la puerta al “Yo estuve ahí”. Alaska siempre dice que en los concierto estaban cuatro gatos, que todo se magnificó. ¿Cuanta gente iba a ver a Parálisis Permanente?

-En los conciertos de Rockcola más o menos podría haber 250 personas. Eso es así, Olvido tiene razón: no éramos tantos como se dice ahora. Gente que vio a Parálisis Permanente en directo yo te digo que es escasísima. Lo que pasa es que luego cuando llega el año 85-86, surgió el bum de la Movida, su politización, el lema aquel de “De Madrid al cielo”, el uso de este por los políticos para dar a conocer Madrid, etc… Los inicios, cuando estábamos en el Marquee y en Rockola no había tanta gente. Luego sí, muchos grupos saltaron a nivel ayuntamientos a las fiestas de los pueblos y todo cobró una nueva dimensión. Pero en el nacimiento no, éramos unos pocos.

-¿Esa otra dimensión mató la pureza de todo?

-Sí, en cierto modo sí. Pero es algo lógico en cualquier movimiento. Todo nace, tiene su apogeo y muere. En este caso fue utilizado, muy mal utilizado. Pero también sirvió para que hoy en día queden unos grupos de ahí. Yo creo que la gente sabe perfectamente decir quién realmente innovó, quién transgredió, quién se dejó la carne en el asador y quiénes fueron fruto de ese bum. El tiempo permite discernirlo todo perfectamente.

-Cuando se apela a la época en televisión o se hacen recopilatorios, Parálisis Permanente no suelen estar entre los fijos.¿Por qué?

-Bueno, sigue siendo un grupo de culto. Además, por las circunstancias, al morir Eduardo tampoco ha ido más allá de aquello. Pero bueno, tampoco veo yo a Eduardo como Alaska. Su trayectoria era otra, mucho más de parroquia, de culto. Nunca podemos saber lo que habría ocurrido, pero no creo que hubiera estado nunca en un reallity show. Dudo mucho que le hubiera interesado. Todos esos personajes que han traspasado fronteras, como Olvido o Almodóvar, son los que ahora quedan. Pero es un tema tan largo, para desglosar, que no me veo capacitada para explicarme.

-¿Cuando la muerte de Eduardo truncó todo había ya material para un segundo disco?

-Había algunas canciones, pero date cuenta que acabábamos de sacar el primero. Había un par de canciones más en el tintero, pero poco más.

-¿Y puede quedar algún material inédito que se pueda publicar algún día?

-No, nada.

-Para “El Acto” ha reclutado a músicos de la época. ¿Es algo intencionado?

-Totalmente. Para mí lo más importante a nivel personal es que esté satisfecha, que yo sienta que estoy haciendo algo con muchísimo respeto. Para ello era importante rodearme de gente que, o bien conoció a Eduardo, o bien vivió aquel momento o que me conocían a mí y sabían lo importante que para mí era hacer esto. Son excelentes músicos y están escogidos de manera muy meditada.

-¿Puede tener continuidad o es algo con principio y final?

-Va a tener principio y final evidentemente porque la vida sigue y esto es algo que yo me he planteado ahora, porque me encontraba muy fuerte. Vi que era el momento adecuado. Estamos en crisis y eso es algo que me motiva. Así la gente no puede decir que he montado esto para hacer dinero, porque es imposible [risas]. Esto tendrá un cierre, pero como todas las cosas en la vida. Ese cierre llegará cuando toda la gente que lo tiene que ver ya lo haya visto. A partir de ahí, todo el repertorio quedará normalizado en mis actuaciones como parte de mi historia.

Telephones Rouges se suma a Los conciertos de Retroalimentación

miércoles, septiembre 5th, 2012

Mmmmmmmmmmmmm…Buena noticia. El tercer recital del ciclo Los conciertos de Retroalimentación será doble. Sí, además del nombre ya anunciado en su día, Lendrone, se suma ahora Telephones Rouges. Muchos los conoceréis. De hecho, el cuarteto de O Grove actuó en la primera fiesta de aniversario de este blog con notable éxito. Los que asistieron sabrán de sobra cómo se las gasta esta célula roquero-ruidosa, que igual tira de Link Wray como de Sonic Youth y logra sobre el escenario una energía absolutamente contagiosa.

Llegarán, por tanto, junto a Lendrone el sábado 24 de noviembre a la sala Le Club de A Coruña, presentando disco y enriquecerán un cartel que pretende poner a disposición del público una buena parte de esos diamantes soterrados en la escena musical gallega. El resto de los nombres son Ulrica (22 septiembre), Unicornibot (19 octubre) y Nadadora (28 diciembre). Más información sobre el ciclo aquí .

Además, tal y como se puede ver a la izquierda de estas líneas, aprovechamos para presentar el cartel genérico del ciclo. Pincha sobre él para verlo más grande.

Imagen de previsualización de YouTubeVideoclip de “Helio” de Telephones Rouges

¿Dónde quedó aquel nerviosismo?

lunes, septiembre 3rd, 2012

Era una escena típica de finales de los ochenta. El día que daban las vacaciones de Navidad quedaban, por la tarde, varios compañeros de clase. Iban a comprar su adelanto de regalos. En aquel grupo de 8º de EGB había calado música hasta tal punto en que todo se podía dividir en pijos, normales y los de la música. Se había cocido en el aula un ambiente un tanto especial. Había un heavy que flipaba con Helloween y otro al que le encantaba Bon Jovi. También un fan de Dire Straits enamorado del sonido digital, que ya atesoraba piratas del grupo y todo. Otro que tiraba hacia lo rocker por Loquillo, al tiempo que le gustaban los Smiths. Y, por último, uno al que estaba empezando a encantar U2 tras haber flipado previamente con Iron Maiden. Iban los cinco engalanados, nerviosos y excitantes, a la tienda de discos del centro. Entraban. Revolvían. Hacían comentarios en voz alta. Ridiculizaban los elepés de los grupos que considerábamos horteras. Sí, de Glen Medeiros a Tennesse pasando por, cómo no, los Hombres G. Volvían loco al dependiente con mil y una preguntas sobre las novedades. Y, al final, se iban con las adquisiciones en la bolsa.

Los discos ardían dentro. Nada de esperar a llegar a casa. Se sacaba la portada. Se abría la carpeta interior. Se miraba todo. ¡La importancia que tenía aquello! Mmmmm…el olor a vinilo. Las cubiertas en mate. Las fundas transparentes. O de papel blanco. La electricidad estática. El dibujo de la galleta. La aparición de inscripciones en el surco final. Incluso había algún “experto” que examinaba el el disco al detalle. Se supone que si fijaba con cuidado podía percibir si el plástico estaba rayado. Todo ello, caminando a casa. Con prisa. “Que lo paséis bien”. “Ya nos veremos”. Era una despedida hasta la vuelta a clase. Claro. No había chat, ni What’s Up, ni Facebook. Y lo de estar colgado del teléfono entonces era algo de tías. No importaba. Había algo que había que hacer. Algo simple: dejar caer la aguja en el disco. Cerrar la puerta de la habitación. Y disfrutar. La ansiedad lo podía todo. Pero, generalmente, había recompensa. Un acto íntimo, intransferible y mágico, que a algunos les guiaría para siempre en la vida.

Esa sensación se mantuvo años y años. Se acrecentó a medida que la gente se hacía fan y más fan de determinados grupos. Entonces, no llegaba con simplemente comprar el disco. Había que hacerlo el mismo día en el que salía a la venta. Así, comiéndose las uñas y perdiendo la concentración, se esperaron en álbumes como Acthung Baby! o Second Coming. También el Alta Fidelidad de Los Flechazos o el Pop de Los Planetas, ya en la Universidad arañándole dinero a las salidas nocturnas y al menú del día. Había que escuchar esos discos antes que nadie, tras haber comprado los singles previos. Eran así de importantes. El camino a casa resultaba igual de inquietante. El Pop ya venía en cedé. Otro olor, otro tacto, otra sensación. Y no se escuchaba solo. Los pisos de estudiantes reflejaban una amalgama sonora tan o más particular que la de aquella clase de EGB. Extremoduro en una habitación. Música dance a granel en la otra. Y pop, maravilloso pop, completando el cuadro.

Con la popularización del disc-man se dio una nueva vuelta de tuerca a esa sensación de placentero nerviosismo. !Se podía escuchar el disco nada más salir de la tienda! Se quitaba el plástico del cedé. Y en cuestión de segundos, los oídos ya recibían el impacto. Unidad de desplazamiento de Los Planetas, por ejemplo, sonó así. Y otros más, que sin saberlo serían los últimos. Sí, había llegado Internet. El Vespertine de Björk ruló en cedé Verbatim grabado en el verano del 2011. Y no salía hasta después de septiembre. El Kid A de Radiohead, lo mismo. Napster explotó como quien deja una pastelería abierta para que el público se surtiera sin fin. Y luego Audiogalaxy. Y más tarde Soulseek. Y Emule. Y las descargas de Rapidshare. Y el Spotify. Y las mil y una maneras acercarse a la música que nos propone el momento actual.

El nerviosismo terminó. En su lugar se instaló la inmediatez y la barra libre. La intranquilidad se trasladó al ordenador, al “¿cuánta música me puedo descargar en 24 horas?”. Pocos discos se ven ahora por la calle. Y cuando alguien los lleva, carece de ese inquieto temblor. No se percibe la mirada viva, ese “lo siento tío, me tengo que ir”. Son simplemente recuerdos de otra era, sensaciones difícilmente explicables a una generación que ha conocido la música a golpe de click, la que nunca ha pasando el dedo índice por su colección en busca de medicina para el corazón.

Me da que se han perdido algo.