La Voz de Galicia
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El álbum de debut de The Stone Roses celebra su 20.º aniversario con tres lujosas reediciones

stoneroses Resulta difícil encontrar en la historia del pop un grupo tan perfecto como los Stone Roses de 1989. Parece como si la palabra cool se hubiera inventado solo para adjetivar al cuartero formado por Ian Brown (voz), John Squire (guitarra), Mani Mountfield (bajo) y Reni (batería). Lo tenían todo: imagen, carisma, sonido, actitud, concepto de grupo y un puñado de canciones de esas que pueden cambiar la vida de cualquiera que esté en el lugar y el momento adecuados.

En su día, la revista Spiral dijo que el primer álbum de los Stone Roses era «el disco de las islas desiertas». Bob Stanley, el guitarrista de Saint Etienne, sentenció en la crítica que hizo reicén salido el álbum en el semanario Melody Maker que era el mejor disco de debut que había escuchado en su vida. Miles de fans sintieron exactamente lo mismo. Inaugurado por la hipnótica I Wanna Be Adored —una de las grandes composiciones sobre el sueño pop—, contiene todos los contradictorios sentimientos por los que fluye el trauma posadolescente. Es decir, toda esa mareante mezcla de euforia, recogimiento, rabia, fragilidad y arrogancia que permanecen en la recámara juvenil cuando ya se avistan los treinta y que puede salir a relucir cuando uno menos se lo espera.

«El pasado es tuyo, el futuro es mío. Todos estáis fuera de tiempo», proclama Ian Brown con el mentón subido en She Bangs The Drums, una de las canciones que más abiertamente apuntan al molde melódico de The Byrds. Las espirales melódicas de Waterfall lo hacen a The Beatles para tirarse luego por los toboganes sonoros de Jimi Hendrix. Don’t Stop, por su parte, invoca a la psicodelia extrema de cintas al revés. Bye Bye Madman acude a los suaves bucles de country-pop.

Pero más allá de la erudición en las referencias y el oportunismo de plantearlas, el disco demuestra que The Stone Roses tenían algo más: una magia que convirtió esas piezas de tres minutos y picos en verdaderos himnos generacionales. No se puede hablar de otro modo de la antimonárquica Elizabeth My Dear, el despecho amoroso con toques de clase trabajadora de Made Of Stone o la celebración de una ruptura de I’m the Resurection, cuyo pirotécnico tramo final es capaz de resucitar a un muerto.

Tres formatos
La reedición que conmemora el aniversario de la salida del álbum está disponible en tres formatos. Primero, la special edition, que incluye el álbum remasterizado y un libreto ampliado. Más amplia es la legacy edition, que además trae un segundo cedé, The Lost Demos, el deuvedé Live in Blackpool y un libreto. Por último, y ya rayando lo enfermizo, está la collectors edition, que a todo ello añade un tercer álbum de caras B, tres vinilos (el álbum original, otro con 13 caras B y otro con canciones no recogidas en sus discos) y un libreto de 48 páginas con textos de Tim Burgess (The Charlatans), Noel Gallagher (Oasis), Bobby Gillespie (Primal Scream) y Mark Ronson. Pero no solo eso: también se incluye en una memoria USB ¡con forma de limón! vídeos, tonos para el móvil y fondos de pantalla.

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