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(Re)viviendo la era pop

domingo, febrero 14th, 2016

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Alex Cooper
La Riviera, Madrid
13 febrero 2016

Hay canciones que trascienden a un tiempo, a una escena y a una coyuntura. Y hay otras que no. Hay canciones que se convierten en universales, que afectan a una inmensa pluralidad de personas y que encapsulan las emociones de estas en ella. Y hay otras que no. Hay canciones que mantienen intacta su pegada melódica, su agitación interior y su arrebato exterior 20 y 30 años después. Y hay otras que no. Las de Los Flechazos pertenecen al primer grupo. Las de muchos otros grupos al segundo.

Eso ya lo sabíamos. Cada vez que las pinchábamos. Cada vez que colgábamos un viejo vídeo del grupo en el Facebook. Cada vez que una de sus letras plagadas de fotografías sesenteras asaltaban la mente sin avisar y se quedaban a vivir ahí una temporada. Incluso conocíamos el poder “huracánico” de algún rescate de Cooper, como ese electrizante Atrapado en el tiempo con el que a veces aderezaba Alex Díez sus conciertos. No quedaba el menor atisbo de duda. Pero ¿un bolo entero con el cancionero de Los Flechazos más allá de la anécdota? Se desconocía el efecto.

Ocurrió ayer. Y ocurrió en una Riviera con entradas agotadas desde hacía semanas. Atmósfera de acontecimiento. Clima de “Aquel curso del 75”. Sensación de estar ante un momento único. Como no podría ser de otro modo, una canción lo cristalizó. “A toda velocidad”, sonando tersa, joven y emocionante, serviría para contestar la pregunta. Con Elena Iglesias, la teclista original de Los Flechazos, al Hammond y Alex cantándola con el mismo convencimiento que en 1992, invocó la magia. Y la espolvoreó por toda la sala. Puño en alto. Orgullo. Placer. Sí, esto sigue molando. Lo sabíamos. Pero ahora lo certificamos.

Fue el concierto de ayer la materialización de un deseo colectivo. Seguramente, habrá mejores actuaciones si el proyecto sigue adelante -que seguirá- este año. Seguramente, habrá ocasiones en las que estemos más apretujamos, más sudorosos y menos pendientes de inmortalizar el momento con el móvil. Seguramente, podremos liberarnos de la sensación de acontecimiento, mezclando recuerdos pasados de diferentes años como un puzzle. Pero anoche, en la Riviera mientras sonaban aquellas maravillosas canciones veíamos como todo se hacía realidad.

Petrificados algunos, tardamos en soltarnos. Como si de repente ponen ante tus ojos a esa mujer preciosa que has visto en revistas tanto tiempo y no supieras qué decirle, mirabas a un lado y a otro. Buscabas guiños en el escenario. Veías como “La reina del muelle” o “Suzette” pasaban ante ti sin poder explotar. Te sentías como el niño pequeño que lo sueltan en una tienda de juguetes, le dicen “Venga, escoge uno” y se queda paralizado. Piernas agarrotadas. Garganta fría. Corazón que aún no sabía muy bien cómo latir. Parálisis. Sonando “Hyde Park” o “Arizona” de Cooper casi resultaba más cómodo. Resultaban más comunes, más cercanas. Menos extraordinarias, menos míticas.

Quizá el primer zarandeo llegó con “Viviendo en la era pop”. ¡Espabila, tío, que esto son los temas de Los Flechazos otra vez aquí! Reforzada por una competente sección de viento, expandió su sonido por toda la sala como el himno que es. “¡Tu voz en coloooor uououou!”. Luego, “Callejear”, de músculo vibrante, tempo acelerado y efecto de despegue en la suela de los zapatos. Y más tarde “La chica de Mel” con la emotividad de la presencia de Héctor Escobar al bajo (“¡Héctor, Héctor, Héctor!”) y karaoke colectivo como respuesta.

El segundo golpe de gracia lo protagonizó “Chicas, chicas, chicas” y “En El club”. De nuevo, apelando a los muslos, a los pies, a la corriente de vibración que pone los cuerpos a bailar. Todo para llevarlos ahí, a ese “A toda velocidad” de gargantas desgañitándose y la intransferible sensación se vivir lo ya vivido y vivirlo maravillosamente. Entonces, la sensación cambió. Del no asimilar y no reaccionar ante lo que estaba ocurriendo se pasó al tener miedo que todo terminase demasiado pronto. Entre “Luces rojas “y “Lo conseguí” llegó ese final.

En los bises, tras la reafirmación de “Mi universo”, Alex atacó la iniciática “El bidón de gasolina” de aquel “Teloneros”, para al final volver a llamar a Elena y repetir un “A toda velocidad” de pálpito multiplicado y euforia contagiosa. Por mí, podría volver a empezar ahí el concierto. Seguramente lo hubiese disfrutado el doble, liberado ya de las sensaciones incontrolables que a veces te atenazan sin que logres muy bien quitártelas de encima. Al salir, viendo a la gente coreando las canciones del grupo en los pasillos de salida de la sala, terminé de confirmarlo todo.

Fue una gran noche. Pero necesitamos que se vuelva a repetir para terminarla de verdad. Porque esas canciones han de ir más allá de las excepcionalidad de un día y un lugar, dejándose querer durante todo el 2016. Qué así sea. Que así lo veamos. Que así lo disfrutemos. (Re)viviendo en la era pop.

Las caricias melódicas de Cooper

sábado, noviembre 22nd, 2014

Un año y medio después de haber soplado las velas del quinto aniversario de este blog Cooper han vuelto a enamorar. Sin tanta explosividad como entonces y apelando más al relax melódico, la banda de Alex Díez trenzó un concierto de melodías de ensueño y recio armazón rítmico. Entre girasoles, el (maravilloso) tema estrella de UHF seguramente merodea en la cabeza de muchos como la dulzura que queda tras tomar un caremlo. También Ráfagas, no prevista en el set-list pero interpretada por petición popular en un segundo bis que no figuraba en el plan inicial.

Son ya muchos conciertos de Alex en A Coruña y la sensación de que haber crecido en paralelo a su trayectoria flota en ambiente de muchos de sus seguidores que, acariciando o rebasando la cuarentena, siguen poniéndole música a la vida. La de anoche ha sido otra gran experiencia, otra reunión cuasi secreta de melómanos empedernidos y otra oportunidad para reafirmarse en el camino elegido. Muchas gracias a la banda, a la sala Mardi Gras y a todos los asistentes.

Próxima parada: el lunes lo anunciaremos

Cooper: «Lo que se les critica a los hispters ya se les criticó a los mods»

jueves, noviembre 20th, 2014

Cooper vuelve a Los conciertos de Retroalimentación. Tras haber soplado las velas del quinto aniversario de este blog en el 2013, retorna con una actuación (viernes 21, sala Mardi Gras A Coruña) que volverá a ser una gran fiesta de pop. Lo hace con UHF, un minielepé que saldrá a la venta el próximo lunes y que marca un punto de transición hacia un lugar indeterminado en la trayectoria de la banda de Alex Díez. Son seis canciones que se mueven por territorios familiares en ese sonido marca de la casa que deambula entre la placidez y las dentelladas eléctricas y que han vuelto a tocar a fibra de este blog en donde se la adora. Aprovechando la excusa, sometemos al autor a una entrevista que pretende marcar un precedente en Los conciertos de Retroalimentación. En adelante, se va a intentar que los grupos que actúen en en el ciclo pasen previamente a explicarse en esta bitácora, completando así la experiencia.

-¿Es «UHF» un guiño a la antigua segunda cadena de televisión, lugar en el que mucha gente descubrió tanta música?

-La razón definitiva es porque la UFH, la segunda cadena, tenía la mitad de programación aunque el doble de interesante. Esa es la idea: un disco de seis temas en vez de doce, pero a lo mejor molan mucho más que las doce de otros muchos discos.

-¿Hizo muchos descubrimientos en su día en la segunda?

-La verdad es que no tengo una idea muy clara de qué programas eran en la primera y la segunda cadena. Yo veía mucho Musical Express, programas de cine… La verdad es que era una época en la que había muchos programas interesantes. A veces no tengo el recuerdo nítido de lo qué iba en cada lado.

-Elige como tema principal «Entre girasoles». Otra nueva canción en medio tiempo soleada de esas que predominan en su última etapa. ¿Ha encontrado ahí un modelo de tema?

-No la elijo yo, sino Elefant. Una vez que tienen el disco hecho con toda libertad, ven que la canción que mejor conecta con el espíritu del sello es Entre girasoles y me proponen un videoclip. Tal vez yo no hubiese escogido esa como single, pero la verdad es que ha sido un acierto. Es cierto que es un tipo de canción que se da ahora en mí, pero la verdad es que no tengo la perspectiva suficiente como para darme cuenta de eso. Yo creo que es una canción muy Cooper, hecha en un terreno que ya habíamos visitado. Creo que En el sofá iba por los mismos derroteros hace dos discos.

-Incluso canciones que formalmente no se parecen a esta, pero que responden a esa sensación de luminosidad y sosiego. Temas como «Lisboa» o «Cerca del sol», por ejemplo, que ya parecen como un microgénero dentro de Cooper.

-Tengo varios de esos pequeños géneros, está bien explicado [risas]. Entre girasoles es una canción que está muy relacionada con mi idea de ver la vida y la familia. Es un tema para mi hija, en realidad, y quiere tener el espíritu de las canciones del verano. Me parece que las fiestas de verano son uno de los espacios a reconquistar por la música que a mí me gusta. Yo tengo el recuerdo, hace 30 años, de escuchar buena música en las fiestas de los pueblos, de escuchar buena música en los bares de los sitios, en espacios en los que ahora todo eso se ha perdido. Para ese tema pensé en qué música me gustaría que sonase en una verbena de pueblo. Y me salió ese tema, con ese imaginario.

-Parece que hay un cambio generacional al respecto. Al menos en Galicia, cada vez son más frecuentes las sesiones vermú, aparecen festivales que incluyen a los niños como parte del público y, poco a poco, se impone cierta idea familiar del pop. A mi hija, por ejemplo, sus abuelos le regalan camisetas de los Rolling Stones. ¿El pop ya se ha hecho adulto?

-Yo siempre he delimitado el pop y el rock en un tema determinado: la transgresión. Toda la ética del rock n’ roll tenía sentido cuando los padres se echaban a temblar cuando sus hijos escuchaban esa música. Desde el momento en el que son los padres los que quieren llevar a los hijos a los conciertos de rock n’ roll, toda la ética revolucionaria desaparece. Para mí es ahí cuando entra en juego el valor de la música popular, música que no tiene pretensión de cambiar el mundo, sino de acompañarte en el camino y de ser la banda sonora de los momentos de tu vida. El rock n’ roll, al hablarte de la nueva revolución, siempre te va a defraudar porque hoy en día ya no funciona por esos parámetros.

-¿Quizá al pop y al rock no la haya pasado lo que al jazz en los setenta, que se haya convertido en una pieza de museo estancada, con pulcros conciertos a la una de la tarde para toda la familia? ¿Es la tercera edad del pop?

-Yo vuelvo a defender la frontera entre el rock n’ roll y el pop. El rock n’ roll es una música primaria y que apela a sentimientos básicos y primitivos, en los ritmos, la repeticiones y la forma de concebir los mismos 12 compases. Es una música que está condenada a repetirse y volver una y otra vez sobre el mismo camino hasta convertirse en un cliché. La música popular, sin embargo, por las influencias que recibe de otras corrientes o el mismo sentido armónico y melódico, más allá del ritmo y lo primitivo, tiene otra versatilidad más grande. Para mí es mucho más interesante desde el punto de vista creativo. Es mucho más fácil desarrollar caminos que no se han transitado en la música pop que en el rock n’ roll. Luego, como fenómeno musical, ahí sí que conviven. El público es más o menos común y sí que está sucediendo lo que tú dices. Pero para mí eso, lejos de verlo como un ingreso de la música en el sanatorio, me parece una especie de sana revolución dentro de la escena musical. Lo hace razonable y hace cobrar sentido a la música, tomando lugares como las verbenas de los pueblos, la música del mediodía o los espacios para que los chavales puedan ir a los conciertos. Hoy mismo leía que Josema de Los Hermanos Dalton fue a tocar a la sala Sol este fin de semana y quería que su hija tocara con él una canción. No pudo porque la ordenanza municipal prohíbe a los menores de edad estar en el concierto. La madre se tuvo que llevar a la niña y esta no pudo tocar con su padre. Son esas contradicciones que te vienen dadas por este tipo de decisiones que se toman alrededor de una mesa sin que se sepa muy bien por qué. Para mí esta recuperación de la música en los diferentes momentos del día y las diferentes edades me parece más que sana, me parece imprescindible. De hecho, yo he estado abogando por ello desde hace años, diciendo que estaba harto de que la música sirviera solo para ser escuchada a las doce de la noche en un garito y con un cubata en la mano, que yo escucho música a las doce del mediodía, a las cuatro de la tarde, a las ocho… igual que le pasará a mucha otra gente. De repente, hay una corriente que pretende dignificar la música y utilizarla en otros momento que la hace importante otra vez. Y luego, por otra parte, cuando la relacionas con el jazz u otro tipo de músicas yo, que he trabajado en una institución, he de decir que el jazz sigue estando subvencionado y la música pop no. Nunca lo estará. Nunca será una música tan de élite como para sobrevivir gracias a las ayudas porque si no se muere. Por una parte, está el hecho de que la mayoría de la gente no la va a considerar como parte del acervo cultural, sino como algo que viene de fuera. Por otra, la calidad que puede tener el pop como música de consumo nunca va a ser lo suficientemente rica como para que una élite la haga suya. En realidad todo esto el modo de hacer el regate. Como va a tener que sobrevivir gracias las layes asquerosas del mercado, va a tener que reinventarse continuamente.

-Viene de hacer la gira del aperitivo, conciertos para todas las edades a la una de la tarde. ¿La revolución del pop pasa por normalizarlo como una actividad familiar y sacarlo del underground?

-Es que dentro de nuestro ambiente, plantear la gira del aperitivo es revolucionario. Va contracorriente y ha habido mucho escepticismo al respecto. No se sabía muy bien cómo podía funcionar. Ten en cuenta que esto no son conciertos para niños, sino concierto en donde pueden entrar los menores. ¿Cómo no van a tener acceso a la música los chavales de 14 años si son los que más la viven? Normalizar eso ha sido todo un reto.

-De todos modos, pese a lo que dice del jazz, yo sí que noto como esta generación indie ha tomado parte del poder. Le pongo un ejemplo: este año en las fiestas del Apóstol en Santiago actuaron consecutivamente Los Planetas, Belle & Sebastian y Crystal Fighters, tres nombres lejanos al gusto popular masivo en los que se nota el acceso de nuevos programadores. ¿Usted eso no lo percibe?

-Mi experiencia me dice que no, pero podría ser. Yo estuve ocho años como programador en el Ayuntamiento de León y vi que hay muchos factores que hacen que una programación sea buena, pero en ningún caso será buena si responde a los criterios personales del programador. Tus gustos seguramente influirán y podrás meter tus pequeños caprichos en la programación, pero hay que tener muy clara cuál es tu función. Por ejemplo, programando grupos minoritarios en escenarios masivos se puede llegar a la situación en la que se cree un rechazo en la mayoría de la población, que no acaba de entender por qué un grupo que se aparta tanto del gusto general de la gente se programa, en vez de las cosas que le gustan a todo el mundo. Dicho lo cual, se puede programar de todo: no tiene porque ser de las cien cosas que programes 98 mainstream y dos alternativas, se pueden combinar ambas cosas. La gente de nuestra generación que ha entrado en las instituciones y está programando creció escuchando Radio 3 o leyendo Ruta 66 o Rockdelux. Tiene armas para decidir las cosas que son de nuestra onda y que pueden gustar a un público mayoritario. En ese sentido, creo que queda un camino larguísimo para llegar a influir como se ha podido influir en otras épocas.

-Volviendo al disco, creo que al escoger «Entre girasoles» como canción estrella perdió una oportunidad de oro con «Hipsters». Aparte de que la canción pincha con su electricidad y entra muy bien, es de lo más oportuna con toda la polémica generada gracias al libro de Víctor Lenore «Hispters, indies y gafapastas». ¿No se valoró que esta fuera la canción bandera?

-Sí, era mi opción. Hipsters la han programado en 180 grados y supongo que tendrá su momento. Yo la veía como tema más claro, a pesar de tener un tono algo frívolo que se aparta de la temática general de los discos de Cooper. De todos modos, no es algo que me dé miedo. Hay muchos casos en la historia de la música que una canción conocidísima de un grupo no explica cómo es el espíritu de la banda.

-De todos modos, la canción habla de sentirse un poco perdido ante un nuevo movimiento juvenil que te pilla con el pie cambiado y con el que no conectas. La veo bastante Cooper, me siento bastante identificado.

-Puede ser. A mí la canción me gusta mucho y la letra me salió del tirón. Venía en un viaje de León a Madrid en coche, tenía la música desde hacía tiempo y me acordé de un tema de los Dandy Warhols, Never Thought You’d be a Junkie. Me tuve que autocensurar bastante para no meterme en otro marrón más [risas]. Siempre tengo la sensación, cuando hago una canción de estas en las que me doy el gusto de tener una frivolidad, que se crean malentendidos. Recuerdo cuando en Los Flechazos hice Solo en casa, que la gente me venía y me decía: «Eres demasiado pequeño para hacer una canción como esta». Y yo les decía: «Tú eres demasiado pequeño para entender que cuando estás casado y tienes una familiar también te darías cuenta que hay veces en las que te apetece estar solo».

-A mí me ocurrió algo parecido a lo que relata en la canción. Antes iba a muchos festivales musicales grandes hasta terminar saturado. Llevaba como diez años sin ir a uno cuando el año pasado fui al Primavera Sound y flipé: yo había dejado aquel ambiente con flequillos, zapatillas Puma rojas y pantalones de campana y me lo encontré todo lleno de tupés, barbas y flores. Me sentía súper mayor y fuera de lugar.

-La canción habla de eso. A mí me gusta que la gente de cada generación tenga sus marcas de identidad y, aunque yo me encuentre fuera, me gusta observar las subculturas. Además, yo no tengo ningún problema con la gente culta y que le presta atención a los detalles. Pero sí que te encuentras fuera de lugar, incluso cuando ellos te quieren hacer sentir bien. La canción tiene mucha ironía, tampoco me siento tan fuera de lugar, solo es una broma. La verdad es que estaba algo preocupado en plan ¿a ver qué le parece a Xoel que me meta con los cantautores? ¿A ver qué piensa Fran Nixon? La verdad es que los libros que he editado con Chelsea han tenido mucha influencia. Gente como Pat, Xoel o Fran Nixon me han hecho pensar mucho.

-¿Los hipsters actuales no son realmente lo que fueron los mods en los años sesenta?

-Claro. Lo pensé desde el principio, en cuando surgió este movimiento. Pero todo es cuestión de porcentajes. Por eso en su día dije que hay cosas en las que pienso todo lo contrario de lo que pensaban los mods en los sesenta. En los sesenta se estaban rompiendo unas barreras, que estaba muy bien romperlas, pero las consecuencias de esa ruptura han llegado a veces a la exageración. Un mod de los sesenta era un tío que estaba a la última porque tenía cuatro trajes en el ropero, seis camisas y dos pantalones. ¿Qué chaval no tiene hoy en día seis camisas y tres pantalones? La sociedad de consumo lo ha llevado al límite. Esas cosas que me gusta cómo empezaron han generado tal bola de nieve que ahora me crea rechazo. A lo mejor algunas de las cosas que me puede generar rechazo de la cultura hipster hoy en día vienen motivadas por eso, pero también por la situación en la que se enmarca esa subcultura. Los sesenta no son lo mismo que ahora. Al margen de eso, ¿qué problema hay con que la gente quiera ver películas que merezcan la pena en vez la basura que les echan en la tele? ¿qué problema hay en seleccionar los grupos que se escuchan? El problema es cuando eso deriva en borreguismo, la dictadura del grupo o el mola/no mola. Pero a mí no me gusta la gente que porque se encuentra fuera de la escena la rechaza. A mí eso nunca me ha pasado. Y creo que la canción lo evoca de manera bastante clara. De hecho, en las notas de la contraportada lo intento explicar: no busques crítica o acidez, porque esto es otra cosa. Y sí, tiene mucho que ver con los mods de los sesenta. De hecho, mucho de lo que se les critica a los hipsters ya se les criticó a los mods. En toda esta polémica hay una cosa que me desconcierta, porque yo no soy capaz de identificar indie con hipster, creo que son dos cosas diferentes.

-Sí, yo también. Con lo primero me puedo identificar en muchas cosas. Con lo segundo, nada.

-Las etiquetas sirven para lo que sirven: identificar cosas de un modo superficial. La pobre Virginia Díaz de Radio 3 estaba asustaba, quería cerciorarse de que no me burlaba en la canción. ¿Qué pasa que 180 grados es un programa hipster? Y no es eso. Pero sí que creo que los hipsters escuchan ese programa.

-Dice que siente la necesidad de sorprenderse a si mismo, pese a practicar un género tan claro. ¿Qué sorpresas se ha encontrado en «UHF»?

-En nada. Estaba muy despistado. De hecho, hace un año y medio tuve un bloqueo porque todo el trabajo y esfuerzo que había volcado en Mi universo, el disco anterior, yo sentía que no había dado los frutos que debería haber dado. Sentía que era un disco que había pasado desapercibido, pese a toda la gira virtual, los conciertos, el dvd y el documental. Sigo sintiendo que es el gran disco de Cooper y pensaba que tras algo así no iba a ser capaz de hacer otra cosa. No me sentía con fuerzas de enfrentarme a la labor de hacer un álbum completo y darle sentido. Hasta que, de repente, me di cuenta que haber hecho el mejor disco de tu trayectoria es una liberación, porque ya puedes hacer toda la mierda que quieras [risas]. Les pregunté a Elefant si les planteaba mucho problema sacar un minielepé y me dijeron que no. He recurrido a ello, porque ya no es la primera vez que me saca de un atolladero. En Los Flechazos recurrí a ello en una época de confusión, en la que no sabía a dónde se iban a dirigir las cosas, y ahora me ha pasado lo mismo. Recopilé las canciones que tenía hechas, les di forma y cree un proyecto con eso. La verdad es que ha salido muy bien. A mí me encanta cómo ha quedado, con una cara a más introspectiva y poética, con letras para sentirte más orgulloso que hablan de sentimientos más puros. Y una cara b más intrascendente, hasta que llega la versión de Javier Sun que es como el colofón. Tanto Hipsters como Brick Lane me podía morir sin haberlas escrito, no pasaría nada. Pero a la vez son canciones que me divierte mucho tocar y necesito explotar la parte lúdica. En una entrevista me preguntaban si hacía este disco porque tenía ganas de salir a tocar y la verdad es que no dije ni sí ni no, porque no tengo ni idea. El mundo no necesita un nuevo disco de Cooper, lo he dicho mil veces. Pero a mí no hay nada que me guste más. Yo iba escuchando Ideal de camino al estudio de Carlos Hernández para hacer la última mezcla y se me saltaban las lágrimas, preguntándome: ¿por qué no le gusta esto a todo el mundo? ¿qué es lo que falla?

-Quizá el momento. Este disco quizá sea el que más ecos del brit-pop tenga de toda su trayectoria. Hace 10 o 15 años eso encajaría. Hoy se está a otra cosa.

-Sí, hoy no encaja en absoluto. La sensibilidad musical actual en España tira hacia grupos como Izal, Vestusta Morla, Supersubmarina, el viraje de La Habitación Roja y Lori Meyers hacia esos terrenos. Esta todo en las antípodas, pero siempre ha habido antípodas en la música. La gente que estaba con los Kinks y con los Who no creo que estuviera con The Velvet Undeground. Esos dos polos siempre han estado ahí. A pesar de que se lleva una cosa, siempre hay un público que quiere la otra. A mí no me importa ser de minorías, mientras haga lo que a mí me gusta muchísimo. ¿Que no va a tener repercusión? No me queda la menor duda. Si no la tuvo el disco anterior, con todo el esfuerzo que se hizo, mucho menos lo va a tener esto. Pero es que aquí se está trabajando en una carrera y esto es una carrera de fondo: que dentro de 10 o 15 años se pueda escuchar el disco descontextualizado y que se sostenga. Eso es lo que me interesa.

-¿No cree que el problema de «Mi universo» a ese nivel fue que carecía de hits claros? No tenía «Rabia» ni el «Hipsters» de este disco.

-Lo que pasa es que cuando hago discos que tienen hits tampoco [risas]. Pero claro, si dejo de hacer singles para hacer un álbum es para hacer algo como eso, sino sigo haciendo singles. No entiendo los discos que se sostienen en torno a una o dos canciones y todo lo demás es de relleno. Para eso no se hace un álbum. De todos modos, yo creo que cualquier canción del disco anterior en el repertorio de otro grupo sería un hit. Sabría decirte qué canción iría mejor a cada grupo [risas]. Lo que pasa es que ninguna sobresalía. Hace tiempo lo expliqué en una entrevista. Si a ti te ponen delante a 25 chicas guapísimas no sabrías a cuál elegirías a primera vista porque son todas guapas, incluso puede que hasta te canses de tanta belleza. En cambio si te ponen varias chicas feas y dos guapísimas, sabes perfectamente cuáles son las dos que más te gustan. Eso es un poco injusto, porque cuando las 25 son guapas son guapas, aunque no le puedes prestar atención a todas.

-Versionea en este disco a Javier Sun. ¿Una deuda pendiente quizá?

-Yo no la siento como una versión. Cuando se la escuché a Javier me pareció una nueva gran canción suya que iba a pasar desapercibida lamentablemente y eso me dio pena. Me pareció muy emotiva, intensa y profunda. Se lo comenté y él me dijo si no se parecía demasiado a Cooper. Yo, sin embargo, la sentí como una canción de Cooper compuesta por otra persona. Así la he sentido siempre. Igual que el For You Love es una canción de los Yardbirds, aunque no la haya compuesto nadie del grupo. Para mí no es una versión, ni siquiera la llegó a grabar. No le hemos dado una vuelta de tuerca ni nada, la interpretamos igual que la hacía Javi. Me identificaba totalmente con ella y creo que estamos en toda esta historia para testificar, para dejar constancia de cosas que pasan. Hay un montón de canciones que no trascienden y se pierden, y eso es algo que me da mucha pena. De hecho, esta pendiente un disco de versiones de canciones maravillosas de grupos pequeños nacionales que solo han visto la luz en maquetas.

-¿Lo va a hacer usted?

-Lo he pensado y me encantaría. Son grupos a los que le gusta Cooper, como Happening de Valladolid, esos grupos que te dan la maqueta en un concierto, la metes en la funda de la guitarra y, después, un día la pones en el coche y te sorprendes. Son temas que han pasado desapercibidos y este de Javier es uno de ellos. No sé si lo haré, porque es uno de los mil proyectos que tengo en la cabeza.

-Si ya es difícil prosperar con un disco al uso, uno como este es mil veces más arriesgado.

-Yo no funciono con esos parámetros. No estoy preocupado por la cancha que me van a dar los medios de comunicación o qué repercusión va a tener. Cooper es el proyecto de mi vida. Hay una identificación entre el artista y la vida que va más allá de si va a dar dinero, si voy a poder vivir de esto o si voy a tener éxito o no. Me planteo otras cosas. Por ejemplo, reivindicar a grupos como Octubre, que ha pasado desapercibido, es algo muy chulo. Yo hago proyectos que me ilusionen.

La tercera temporada de Los conciertos de Retroalimentación ya está aqui

miércoles, agosto 20th, 2014

Por tercer año consecutivo vuelven Los conciertos de Retroalimentación, con el objetivo de poner sobre un escenario algunas de las mejores cosas que están ocurriendo en Galicia en este momento. Esta vez con una novedad muy importante. En lugar de tener una sede fija, como en años anteriores (primero fue Le Club Directo, después Mardi Gras), se va a ampliar el número de locales para buscar el más idóneo para cada actuación. En ocasiones la sala elegida se quedaba grande para actuaciones que apenas podían reunir a 30 personas y que nos interesa mucho hacer. Otras, pequeña. De este modo podremos atender a formaciones a las que antes no podíamos llegar por estas limitaciones. Por ahora, A Coruña es el campo de actuación pero no descartamos hacer alguna escapada ocasional a otras ciudades en el 2015. Como viene siendo habitual, la producción corre a cargo de Argonauta Producciones. El elenco de grupo elegidos creemos una verdadera delicia. Las tres primeras fechas del ciclo son:

-SRASRSRA + WILD BALBINA + LADY LEÑO (26 de septiembre, sala Playa Club, entrada 6/8 euros). No pudo ser en el 2013 y nos prometimos hacer todo lo posible para que Srasrsra actuasen en el ciclo. Fueron el grupo maquetero que deslumbró en el tercer aniversario del blog en el 2011. Ahora, la banda que arrasa con su punk-pop comprimido en cápsulas de apenas un minuto. Les acompañarán en la fecha inaugural, los vigueses Wild Balbina con un sonido delicioso que recuerda a Vivian Girls o The Vaselines y nuevo trabajo bajo el brazo: Sisters Before Misters. El cartel lo completa una de las bandas pujantes del momento en A Coruña Lady Leño.

-CAXADE + GRAMPODER (24 de octubre, sala Mardi Gras, entrada 6/8 euros). Otro doblete que se nos escurrió el año pasado y que estamos contentísimos de recuperar. Caxade con A dança das moscas nos dejó boquiabiertos. Y su traslado al directo en el festival Sinsal San Simón continuó el idilio con esta formación liderada por Alonso Caxade que enlaza el pop con el folk, acoge letras reinvidicativas y que ha sido definida como los Beirut gallegos. Por su parte, Grampoder deriva de los finiquitados The Hommens y apuestan por un pop acústico con desvíos psicodélicos y conciencia política, que ya cuentan con un notable album de debut.

-COOPER (21 de noviembre, sala Mardi Gras, entrada 10/12 euros). De acuerdo, no son gallegos. Pero si hay que hacer una excepción en Los conciertos de Retroalimentación Cooper es el grupo para llevarla a cabo. La banda del ex Los Flechazzos Alex Garín sopló las velas del quinto aniversario de este blog con un concierto excepcional en el 2013. Aquel día vibramos, pero también nos comprometimos a acoger su próxima visita. Posiblemente los vayamos a ver con nuevo trabajo bajo el brazo y ese ramillete de canciones espléndidas que todos conocemos. Será otra gran fiesta de pop protagonizada por uno de los más grandes autores del genero que existe en España.

Y ahora mismo trabajamos ya en la fecha de diciembre…

Apoteosis pop en Le Club…y Cooper tuvo la culpa

domingo, abril 14th, 2013


Fue en la segunda mitad del concierto. Estábamos todos subidos en la ola que Cooper habían formado en Le Club en la fiesta de aniversario de este blog. Pero un tema nos hizo ascender aún más. Era Quiero Regresar de Los Flechazos. La llevan tocando en directo desde Retrovisor. Pero algunos nos habíamos olvidado. Llegó de improviso y nos hizo volar. Brazos en alto, gargantas forzando su resistencia, rostros desencajados y un cúmulo de emoción flotando en Le Club. Pescuezos de avestruz, pies descontrolados, ojos cerrados de placer. Cristina Andina, excelente fotógrafa, capturó el momento. Y a mí me vale para resumir en una imagen una noche mágica.

Gracias a Dani Punta por aclimatar tan bien la sala a los platos. Gracias a Le Club por dar todo tipo de facilidades para el concierto. Gracias a Cooper por acudir a la llamada de Retroalimentación. Y, sobre todo, gracias de todo corazón a todos los que ayer acudisteis al concierto y vibrasteis, tal y como la ocasión merecía.

Próxima parada en Los conciertos de Retroalimentación: Triángulo de Amor Bizarro día 4 de mayo.

Los conciertos de Retroalimentación continúan en el 2013

miércoles, enero 2nd, 2013

El método del ensayo-error, por ahora, va dando saldo positivo. Los tres primeros recitales del ciclo Los conciertos de Retroalimentación (Unicornibot, Lendrone + Telephones Rouges y Nadadora) han salido lo suficientemente bien como para que este blog y Argonauta Producciones se animen a continuar con la aventura en el 2013. Las claves continúan siendo las mismas: darle un altavoz a los grupos más interesantes del panorama independiente gallego con recitales que sean rentables para las bandas y la sala, sin apelar a nada más que lo que los grupos sean capaces de generar. Es decir, la cantidad de público dispuesto a pagar una entrada por verlos. Por ahora la intuición ha llegado a buen puerto. Esperamos que el nuevo listado os guste tanto o más que el año pasado. Como siempre las actuaciones serán en A Coruña y la Sala Le Club. Estos son los grupos que conforman la remesa para esta primera mitad del año.

ULRICA (sábado 12 de enero, 5 euros). Tenían una deuda pendiente. En principio, iban a ser la banda encargada de inaugurar el ciclo en septiembre hasta que una lesión de su vocalista Pedro Granell obligó a suspenderlo. Desde entonces solo han actuado una vez a medio gas (sin que Pedro pudiera tocar la guitarra), por lo que esta será la oportunidad de ver a los coruñeses al 100%. La historia a estas alturas ya es conocida: un ex Eskizos se une a dos ex Diluyana, Iago Alvite y Samuel Pérez, y juntos crean una amalgama sonora que va desde el pop acústico y aterciopelado a los desarrollos progresivos. A lo largo de este año sacarán su primer álbum.

FRANC3S + JIJIJI! (viernes 22 de febrero, 5 euros). Viejos amigos de Retroalimentación, Franc3s regresan a Le Club con su nuevo trabajo Campanas de fuego rosa. Editado por Limbo Starr supone un paso adelante en el que se conjugan muchas de las claves de la banda (la hipnosis, el primitivismo, el ruido y ese punto alucinógeno que ya es marca de la casa) con algunos nuevos caminos. Por ejemplo, el toque a lo Yo La Tengo de Cables o el punto rollizo de Orden en la sala de profesoras. Les acompañará Jijiji como teloneros, el proyecto paralelo de Rubena Domínguez de Telephones Rouges, que llega con nuevas canciones y muchas ganas de impactar.

COOPER (sábado 13 de abril, 10 euros anticipada y 12 en taquilla). Saliéndose de la línea del ciclo por lo excepcional, Cooper serán los encargados de soplar las velas del quinto aniversario de este blog que arrancó su andadura en abril del 2008. ¿Qué decir de Alex Díez a esas alturas? Pues que es uno de los grandes compositores del pop de este país, que continúa estado totalmente infravalorado y que, además de un glorioso pasado con Los Flechazos, posee un no menos glorioso presente que impulsar con Cooper. Su último disco Mi Universo aún suena fresco, intenso y adictivo, y lleva mucho tiempo sin tocar en A Coruña. El suficiente como para que ni un solo fan se plantee quedarse en casa ese día.

TRIÁNGULO DE AMOR BIZARRO (sábado 4 de mayo). Un privilegio y un orgullo. La misma banda que en el 2006 participó en el festival Retroalimentación 06 haciendo de telonera de Sr. Chinarro llega ahora a este ciclo convertida en la mejor bandera del noise-rock del país. Aquí presentarán el disco que se está grabando en estos momentos a la órdenes de Sonic Boom (Spacemen 3), cuyo adelanto ya se ha encargado de ponernos a todos con la ansiedad por las nubes. Seguro que en escena todo estalla totalmente, dejando un concierto tan intenso y demoledor como el último que dieron en la misma sala.

Cooper actuará en el quinto aniversario de Retroalimentación

martes, diciembre 4th, 2012

En abril del próximo año este blog cumple un lustro de vida. Como es habitual lo vamos a celebrar con un concierto. Pero para ese año recurriremos a un nombre muy especial: Cooper. El proyecto del que fuera miembro de Los Flechazos, Alex Díez, actuará el 13 de abril en la sala le Club de A Coruña. Enmarcado dentro de la gira de presentación del doble dvd A propósito de mi universo, en el que tuve el honor de escribir el texto del librero interior, supondrá su único concierto en Galicia en 2013. Por estos lares, una especie de sueño hecho realidad.

Sí, Alex es uno de mis héroes pop particulares. Solo hay que leer a la derecha para ver lo que ha significado este músico para mí. Con Los Flechazos sentí el impulso de hacer mi primer fanzine, fui un fan total de su trayectoria y participé, en plena adolescencia, en un puñado de emocionantes conciertos que han tenido una influencia total en mi vida. Todo ello lo continuó -en otro momento, con otra edad y unas sensaciones que se presentan diferentes pero que, en esencia, resultan muy parecidas- con Cooper, encantándome con su música, pero también con muchos de sus planteamientos vitales. Y algo muy importante: esa especie de extraordinaria normalidad que transmite y con la que te puedes identificar mil veces más que con los roqueros torturados y excesivos o la ciencia ficción de algunas pop-stars.

Su último paso, Mi universo (2011), se presentaba como una especie de libro abierto sobre el mundo particular de Alejandro. Sobresaliendo como un excelso compositor, volvió a demostrar también su habilidad para captar estados de ánimo entre sencillas y coloristas metáforas. Ahora, tras varios años de silencio en una ciudad que lo adora (aquí Los Flechazos dejaban a decenas personas sin poder entrar en la sala cuando en otros lugares apenas lograban reunir a un centenar de seguidores), regresa. Que llegue de la mano de Retroalimentación obliga a sacar pecho. Ya lo decían Los Flechazos en los primeros noventa: “Del orgullo y del recuerdo todo lo que puede salir es bueno, creeme”. Hagan acto de fe. Aquí lo llevamos haciendo desde hace muchos años.
Imagen de previsualización de YouTubeVídeo promocional del dvd “A propósito de mi secreto”

Los 10 mejores discos nacionales del 2009

martes, diciembre 29th, 2009

(Notición al margen: Richard Hawley tocará en A Coruña el 14 de febrero)

Este 2009 que está a punto de terminar no ha dejado ningún disco definitivo, clave o rompedor en el panorama nacional. Lo más parecido a ello ha sido La Bien Querida y mucho nos tememos que no ha llegado a merecer calificativos tan gruesos. Sin embargo, a lo largo de estos doce meses han surgido varios títulos notables en diferentes modalidades, desde el pop más clásico a los experimentos posmodernos inclasificables. Ello deja patente la existencia de un burbujeante caldero patrio en el que se siguen cociendo a fuego lento trabajos tan disfrutables como perdurables. Y, además, este año con una agradable noticia para los gallegos: los tres nombres de la tierra que salen en esta lista de diez lo hacen con todas las de la ley, al margen de cuotas o barrer para casa. ¿Lo verán (u oirán) allá en Barcelona, sede de las redacciones de las principales publicaciones especializadas? Teniendo en cuenta, por ejemplo, que el Todo sigue intacto de Apeiron no ha aparecido entre los 60 mejores de la década según Rockdelux, mucho nos tememos que los ojos seguirán ciegos y los oídos sordos. Ellos se lo pierden.

palLos toledanos Pal en una fotografía de promoción

1. PAL “Error de fábrica” (Limbo Starr). Los males endémicos de la escena indie patria para muchos son el mimetismo, la falta de personalidad, las grabaciones deficientes y la escasa prestancia en directo de los artistas. En las antípodas de todo ello se sitúan los toledanos Pal. Pero, ya ven, ni caso. El oído inquieto que busque una adictiva mezcla de electricidad, nervio y uñas la encontrará en este tercer elepé de una de las bandas más infravaloradas del pop nacional. ¿Se les reconocerá en la década siguiente? Bueno, a El Desván del Mächo no los reivindica nadie todavía. O sea que… Más sobre Pal y este disco aquí.

2. INDÓMITOS “Indómitos” (El Beasto) Otra joya oculta. De este álbum apenas se editaron 500 copias en vinilo a unos días de cerrar el 2008 y su repercusión, más allá de alguna elogiosa crítica de los medios especializados, ha sido prácticamente nula. Y eso que los vigueses solo necesitan unos segundos para capturarte con su rock oscuro y minimalista que entremezcla a Parálisis Permanente, The Fall, los Pixies y The Cramps. Canciones que no llegan a los dos minutos y un directo tan vibrante como el que se pudo vivir en la sala Le Club de A Coruña el pasado mes noviembre. Tremendo, tremendo, tremendo. Más sobre Indómitos aquí

3. ABRAHAM BOBA “La educación” (Limbo Starr). Las prisas y los Ipods no sirven para un disco como el segundo del proyecto del también vigués David Cobas. No, porque se trata de un álbum de pop orquestado en la onda de Leonard Cohen o Scott Walker, que mece al oyente en una sensación de calma musical y lo lleva a canciones tan maravillosas como Frío, un bellísimo retrato del deterioro de una pareja (“Todo un invierno esperando a que el verano se despierte y nos vuelva a calentar / pero ya no hay estaciones como no hay instrucciones para amar”).

4. COOPER “Aeropuerto” (Elefant). Alejandro Díez continúa siendo el gran artesano del pop nacional de ascendencia sesentera. Sus epés se suceden con la misma regularidad con la que llegan las estaciones del año, pero, ojo, siempre se reciben con la misma alegría que la primavera. Cada cierto tiempo se reúnen en un álbum. Aeropuerto supone el último volumen recopilatorio y la colección de estribillos y melodías es de los de parar un tren. Sumen a la cesta de grandes canciones del pop español Canción de es viernes, Tic-tac o Ruido. Más sobre este disco aquí.

5. EMILIO JOSÉ “Chorando apréndese”(Fohen Records). Además de un asiduo a este blog, Emilio José fue una de las cabezas pensantes de los ourensanos Apeiron. Este año debutó en solitario con todo un puzzle en el que autor juega con una infinidad de moldes pop. Canciones, canciones hay pocas (eso sí, buenísimas), pero el tobogán estilístico por el que uno se desliza cuando lo escucha siempre sorprende y siempre entusiasma. Especialmente cuando en plan tropical muestra el patetismo del hombre celoso o cuando saca a relucir, camuflado de ironía, su mezcla de orgullo y rencor de chaval de aldea rabioso ante la evolución de los tiempos. Más sobre Emilio José aquí

6. ELLE BELGA “1971” (Acuarela). Tras finiquitar Manta Ray y Viva Las Vegas, Jose Luis Aguado prolongó la vena susurrante de los segundos en su nuevo proyecto, Elle Belga. Junto a la gélida voz de Fany Álvarez reunió en este debut diez piezas de poso folk y un aroma ¿religioso? armadas sobre esqueletos sonoros. Grises como todo el art-work del álbum, logran inquietar con esos versos que hablan de ajustar cuentas con la conciencia o enfrentarse a los claroscuros del amor.

7. ZA! “Macumba o muerte” (Acuarela). El segundo álbum de los catalanes Za! lleva más allá la locura piscodelia de Coconut y el Guincho. Partiendo desde el free-jazz y dando vueltas por el tropicalismo, el post-rock, la electrónica y el noise embarcan al oyente en un carrousel musical imprevisible. Toda una experiencia difícilmente trasladable al papel.

8. LA BIEN QUERIDA “Romancero” (Elefant). El disco indie del que más se ha hablado en estos meses. Desde los que sostienen que está a la altura de Un soplo en el corazón de Family a quienes piensan que es una de esas modernidades que no aguantan ni dos escuchas. Aquí, ni lo uno ni lo otro. Esta hipotética mezcla entre el Popemas de Nosoträsh y el Performance de Astrud se ha quedado lejos de ser un disco perfecto o definitivo como el de Family (comparación injusta donde las haya, por otra parte). Pero ello no quita que guarde un puñado de canciones para el recuerdo (Corpus Christi o De momento abril) y otro de soluciones sonoras que aún obligan a levantar la ceja para bien (esa invocación del gipsy-rock de El zoo absoluto ) o para mal (el vestido bakala de 96 sigue sin cuajar).

9. DORIAN “La ciudad subterránea” (Pias) . No han logrado ofrecer una diana como A cualquier otra parte (¿la mejor canción del pop español de esta década?), pero a cambio han entregado un disco nocturno y oscuro, exorcizante de demonios, pero con una innegable pegada pop. Siguen sin lograr un trabajo de la consistencia como elepé de su álbum de debut, el excelente 10.000 Metrópolis, pero temas como Veleros o Tormenta de arena se sitúan entre lo mejor de uno de los grupos más valiosos del último pop nacional

10. BOAT BEAM “Puzzle Shapes” (Origami). El disco bonito del año. Una pequeña joya creada por un trío femenino y multinacional (una americana, una australiana y una madrileña) que apuestan por un pop de impecables armonías vocales, los arreglos siempre en su punto y el regusto clásico. Cosas como The Rain Pauly o Falling Over parecen haber nacido para ser envueltas en papel de regalo. Más aquí .

Cooper “Aeropuerto” (Elefant, 2009)

jueves, abril 2nd, 2009

cooper1Existen personas que tienen una parte de su vida dedicada al pop y otras para las que el pop es la vida misma. Alejandro Díez, el ex líder de los míticos Los Flechazos y actualmente responsable de Cooper, podría ejemplificar a la perfección la segunda opción. Erudito y militante de la causa en su vertiente mod desde los ochenta, en su trayectoria no solo descansan un puñado de grandes canciones, sino la sensación de que su diario personal se va abriendo de continuo entre melodías y estribillos.

«Me he pasado media vida desnudando mi corazón, confesando mis secretos en cada canción», dice en Ruido, una de las canciones incluidas en este, el tercer largo de Cooper. Lo clama entre guitarras afiladas que recuerdan a los The Jam electrizantes de la primera época para reivindicarse como artista en medio del sinsentido que generalmente reina la industria del pop nacional. Esa que siempre le dio de lado y por la que Alejandro pide complicidad a su público: «Ojalá tú quieras estar del lado del perdedor», dice unos versos más adelante en el mismo tema.

Lo cierto es que resulta fácil ponerse a su vera. La cuestión es sortear la vulgaridad imperante y llegar al oído adecuado. Si este adora el power-pop de ascendencia sesentera y raigambre británica erigirá, si es que no lo ha hecho ya, a Cooper como un icono que reverenciar. En sus canciones hay belleza, pasión y clase a raudales. También constantes guiños a clásicos inalterables. Y unas dosis de sentimentalismo, muy a lo Nacha Pop, que acarician la fibra sensible de un modo que pocos, muy pocos, han logrado en España. Véase, por ejemplo, Canción de viernes, un sentido y bellísimo medio tiempo que recoge el espíritu preciosista de los Teenage Fanclub del Grand Prix y que el autor dedica a su padre recientemente fallecido.

Como ocurrió en Retrovisor, su álbum precedente, este trabajo recopila toda la producción de Cooper en singles y epés durante los últimos dos años, junto a cuatro temas aún no publicados. En este apartado figura Hyde Park, que lleva el cuño de hit de Cooper tatuado en la piel, El fin de la inocencia que posee un delatador aroma a lo Tamla Motown, la versión de El sueño de Nacha Pop y Lisboa, una conmovedora muestra de psicodelia mareante que se perfila como el mayor hallazgo sonoro de un disco donde todo suena familiar.

Alejandro confiesa carecer del don de la sorpresa en la música. Tanto da, sus canciones suenan a ya oídas del mismo modo que la primavera se repite año a año sin que, por ello, deje de enamorar. Y eso, que puede parecer lo más cursi del mundo, recobra el significado en cuanto el play se pulsa y el grupo empieza a girar. Entonces, no queda más remedio que alzar la voz para decir alto y claro: sí, estamos del lado del perdedor.