La Voz de Galicia lavozdegalicia.es - blogs | Inmobiliaria | Empleo | Mercadillo

Donde dije dije… digo Diego

Escrito por Javier Becerra
16 de mayo de 2008 a las 10:01h

Héctor G. Barnes lo clava en su crítica del Accelerate de REM en el Ruta 66 de este mes. Habla de un mecanismo que suele darse en las promociones discográficas y que, visto desde el otro lado, no resulta sino chocante:

“Las paradojas de la promoción: ahora resulta que, según la versión oficial de Michael Stipe y compañía, su último álbum Around the Sun era un trabajo mediocre y sobreproducido que no satisfizo ni a los fans ni a la propia banda. No seré yo quien niegue que aquella fue su sima (…), pero uno se pregunta si han tenido que pasar cuatro años para darse cuenta de que Around The Sun era, efectivamente, malo”

A escala más próxima este puede ser el esquema:

-Grupo dice que el disco que presenta es el mejor de la su carrera o que es muy bueno (en el caso de ser el primero)

-Periodista sostiene que el disco es malo, que es poco original o que carece de personalidad

-Grupo se enfada: o vacila al periodista ocultando el enfado… o se enfada de verdad.

-Periodista se incomoda con la reacción y finge que le da igual porque es su trabajo y ello va en el sueldo

(pasan dos años y el grupo edita nuevo disco)

-grupo dice que el disco anterior no era bueno, y detalla las cosas en las que fallaron (curiosamente las mismas que decía el periodista)

-periodista sonríe y salta la duda ¿De verdad que hace dos años no eran conscientes de los defecto?

(Borrón y cuenta nueva: periodista y grupo se terminan llevando bien… o en el peor de los casos, es decir que el grupo vuelva a sacar otro disco malo y el periodista lo diga, el rencor pervive… a veces, simplemente, pervive sin ninguna explicación lógica)

Fotografías fragmentadas de un momento

Escrito por Javier Becerra
14 de mayo de 2008 a las 8:28h

rausch.jpg

Hay quien piensa que en el pop se puede encontrar el más certero y mejor retrato de la sociedad occidental del siglo XX. Ahora, por ejemplo, que estamos en pleno aniversario de Mayo del 68 solo hace falta evocar canciones como Revolution de The Beatles o Street Fighting Man de los Rolling Stones para dar o quitar razones a aquellos que lo sostienen. Pero también hay otras facetas del pop que documentan eras y momentos con precisión, pero una precisión al alcance de cualquiera. De ahí la magia, eso que convirtió al pop en la forma de arte más democrática de todas. La que todo el mundo entiende.

Miren arriba. Se trata de un collage de Robert Ruschenberg, uno de los pioneros del pop-art, fallecido ayer a los 83 años. Su contemplación da (o puede dar) pleno sentido a lo antedicho. Ahí están los años sesenta de EE.UU. convertidos en pequeños iconos reunidos, sucediéndose, un poco entre el héroe del cómic o el retrato de una estrella de cine. Es solo una muestra de una obra amplia y muy influyente (hay cosas suyas que pasaría por diseño grafico actual), pero cuya visión en profundidad se le escapa a este blog, que solo pretende alimentar la curiosidad de los demás,… con la propia.

Eso sí, como siempre, quedan invitados a explayarse en los comentarios.

Sin palabras…

Escrito por Javier Becerra
13 de mayo de 2008 a las 9:06h

(Extraído de aquel programa de debate que tenía Jesús Hermida en los primeros noventa)

P.D.: Siempre se tira de los ochenta, pero el día que se revise el bizarrismo la primera mitad de los noventa con la irrupción de las privadas en España más de uno se va a caer de la silla

Madonna “Hard Candy” (Warner, 2008)

Escrito por Javier Becerra
12 de mayo de 2008 a las 11:40h

madonna.jpg

Resulta curiosa la condescendencia con la que se suele tratar a Madonna. Como ocurre, por ejemplo, en España con Alaska, semeja que con la ambición rubia hubiera que andar con pinzas y el aplauso preparado, no vaya a ser que se quede como un reaccionario poniendo en duda su supuesta modernidad. Que no haya sacado un buen disco (álbum completo, se entiende) desde el histórico Like a Virgin de 1984 (o, bueno, bajando un poco el listón, desde Like a Prayer) debe ser una anécdota sin importancia. Y que su mérito vaya más por las canciones sueltas, el oportunismo y un rizar el rizo de la provocación (que si la religión, que si el sado, que si Evita Perón, que si la Guerra Irak… aquí todo vale) que por una solidez como artista, parece que no importe a nadie. O que nadie quiere que le importe. O que, importándole, incluso se haga de ello una virtud.

La mejor empresaria que ha dado el pop de las últimas tres décadas (eso sí que nadie lo puede negar) entrega nuevo disco, Hard candy. Llega con el trabajo hecho respecto a su puesta al día, ya que hace un par de años se puso celosa cuando se dio cuenta que Kylie Minogue le había apeado completamente el trono de pop-star de la década, mientras ella se dedicaba a besarse con Britney Spears y Christina Aguilera para reclamar atención. Miró a su alrededor vio como estaba el panorama y, previo hurto a Abba para adecuarse a la moda del sampleo descarado, salió un Confessions on a Dance Floor: puro revival ochenteno con algo de retraso, que la rehabilitación para el público más cultivado.

Este Hard Candy, vuelve a ser otro estudio de mercado y una nueva adaptación tardía a los tiempos. Como le ocurría David Bowie en los noventa, Madonna quiere ser moderna a toda costa, pero ya hay quien la supera de largo. No tanto por el hecho de hacerlo después, sino por no hacerlo tan bien. Y es que, por mucho que se ponga, no puede competir con los tórridos meneos de Nelly Furtado, la exposición de r&b de Rihanna ni el aroma callejero de Missy Elliott, pero lo intenta tirando de las mismas armas. Para ello se ha arrimado a dos de los actuales cracks de la producción mainstream, Timbaland y Pharrel Williams de The Nepturnes. Pero el resultado, lejos de ser un buen álbum, se queda en tres o cuatro temas para el compartimiento menos exigente del Ipod. Y poco más

El primer single 4 minutes, alimón con un Justin Timberlake metido en el papel de Michael Jackson, recuerda a la última tanda de sencillos de Nelly Furtado. Pero eso sí, con mucha menor efectividad y gancho. Lo mismo ocurre con Heartbeat. Más resultón es Give it 2 me, una eficaz pieza destinada para las discotecas dance de extrarradio equipadas de buen equipo de luces. Son la pequeña cara de una enorme cruz en la que se encuentran desde la horrible Spanish Lessons (un guiño a su público español que se debería haber ahorrado), la irritante Incredible o el innecesario cameo de Beat goes on con Kayne West.

Un disco totalmente hueco. O casi

Teenage Fanclub “Grand Prix” (Sony, 1995)

Escrito por Javier Becerra
9 de mayo de 2008 a las 13:57h

f77112pph7b.jpg

Existen discos que parece que están ahí para ser adorados, sin más consideración. Elepés completamente fuera de tiempo que no necesitan impresionar a nadie, que solo es cuestión de dejarlos sonar para que el flechazo sea instantáneo. Son álbumes que solo se pueden rechazar con la razón y la represión dogmática (ya se sabe: que si son retro, que si no innovan, que si los Byrds lo hicieron antes mejor…), pero desde luego no con el corazón.

Grand Prix, el cuarto álbum de los escoceses Teenage Fanclub, es de esa clase de discos. La sensación que produce su escucha es similar a la de estar desbordadamente enamorado y no saber muy bien qué hacer: si besarla, si achucharla, si cogerla de la mano, si…!buff! En efecto, nos referimos a ese estallido de emoción interna con el que no se puede parar de emitir suspiros, hacer gestos de “pero ¿cómo puedo decir lo que siento?”, de dibujar una sonrisa y no dejar de pensar que eres una persona extremadamente afortunada.

¿Cómo lograron todo eso? Con maestría, oficio y ese algo inexplicable que hace que surja inmediatamente el amor. La manida expresión “artesanía pop” se creó para discos como éste, con tal grado de perfección, donde todo está en su sitio y donde no sobra ni un solo segundo. Como si de una clase magistral de pop clásico se tratara, desde About You a Hardcore Ballad el festival de estribillos y melodías es de órdago. Norman Blake, Raymond McGinley y Gerard Love se introducen aquí en las esencias de The Byrds, Beatles y Big Star y extraen una magia que trasciende a cualquier ejercicio de estilo en el que se les quiera incluir. Como ocurría con Suede y el glam o los Black Crowes y el rock sureño, en la era mágica del pop ellos también hubieran destacado.

Lo que resulta difícil es destacar alguna canción, solo quizá diferenciar entre las que proporcionan suaves dosis de placer (About you, Sparkys Dream, Discolite…) y las que directamente te ponen a sus pies con toda esa emoción descrita antes en el pecho. En ese compartimientio descansan Don´t Look Back, haciendo equilibrios malabares en el legado de los Byrds y dosificando los tempos hasta llegar a un final apoteósico, Neil Jung tirando de la sombra Zuma de Young y esa deliciosa maravilla de ternura pop que es Going Places.

El pop debería ser (casi) siempre así

Escrito por Javier Becerra
8 de mayo de 2008 a las 14:07h

Para destensarse… meterse dentro de él


Videos tu.tv

….y alegrar completamente el día.

Eso de que una canción tiene que atraparte y, durante 3 minutos, evadirte de tu día a día, adquiere su sublimación en artistas como Kylie Minogue. Es, sin ningún género de dudas y pese el irregular X, la gran reina del pop de esta década. Aquí sale presentando a lo grande In My Arms, su nuevo y estupendo single.

Nota para mis jefes: se ofrece cronista para su próximo concierto en Madrid, el 3 de junio.

¿Es el pop de izquierdas?

Escrito por Javier Becerra
7 de mayo de 2008 a las 10:09h

En el máster de periodismo que realicé hace un año me dio clase un profesor, con el que ahora comparto espacio bloguero, al que le gustaba echar anzuelos a los alumnos más abiertamente de izquierdas y seguidores del ideario Prisa, que eran mayoría. Me imagino que serían cosas de la experiencia y las tablas, porque con dos líneas era capaz de revolucionar el ambiente. Siempre se montaba una explosión y, claro, siempre ganaba él. Aunque nunca participé en esas trifulcas, lo cierto disfrutaba de lo lindo con el espectáculo dialéctico.

En el pop sucede un poco lo mismo. Existe una ley no escrita en la que parece que per se haya que ser de izquierdas o, cuando menos, anti-PP declarado. Y si no, se monta la polémica.

No citaré nombres, porque no sé si los implicados tienen ganas de convertirse, de nuevo, en objeto de debate. Pero lo cierto es que conozco a algunos músicos del ámbito del pop que, bien por relación familiar o por ideología, mantienen una postura política próxima o metida de lleno en la derecha liberal. Muchísimas veces he escuchado comentarios negativos sobre ellos, hechos a la ligera y queriéndolos desprestigiar, única y exclusivamente por eso: ser de derechas, sin profundizar más allá, como si de un estigma se tratara. A mí que, lo admito, me va la marcha y sacar de las casillas a los enamorados de la palabra cultura con visos de progresía, en esos casos, adopto el papel del mentado profesor y hago unas preguntas.

¿Es incompatible hacer una canción de desamor basada en un estribillo y una melodía con el deseo de que las competencias de educación vuelvan a transferirse al estado? ¿Y el intentar emular el sonido de los Small Faces con la negativa a que exista diálogo político con ETA? ¿Y hacerse una sesión de fotos con los flequillos cuidadamente despeinados con no subvencionar alquileres a jóvenes con la fórmula de los 25O euros? ¿Considerar ello incompatible no será un dogma?

¿No será que hay bastante intolerancia en esta inercia de descalificar por descalificar?

Galaxi faivjandred

Escrito por Javier Becerra
6 de mayo de 2008 a las 10:32h

(Conversación real en una tienda de discos allá por el 2000)

Cliente: -¿Tenéis el recopilatorio de Galaxie 500 [pronúnciese “galaxi quinientos”] que acaba de salir?

-Dueño de tienda de discos: No, ese disco no existe.

-C: Sí, Galaxie 500, tienen tres discos editados y ahora acaban de sacar uno que recopilan todo. No es la caja, sino un disco sencillo.

-D:
Ese disco no salió.

-C: Sí, hombre, sí que salió, ¿no lo puedes mirar en la base de datos?

(el dueño de la tienda va al ordenador mientras el cliente le deletrea para que la búsqueda se efectiva)

-C: es acabado en “ie” ga-la-xie, no en y

(el dependiente teclea en su ordenador y sale un listado de discos entre los cuales se incluye la citada recopilación y también el resto de su discografía)

-C: Es ese Portable Galaxie 500.

(el dueño de la tienda se queda en silencio mirando fíjamente la lista del ordenador)

-D: !Ah! Te referías a Galaxie 500 [dígase galaxi faivjandred], claro, hombre claro. No ese no lo tengo, pero te lo puedo pedir, si quieres.

-C: No, lo necesito hoy que es para un cumpleaños.

El gran momento de El Canto del Loco

Escrito por Javier Becerra
5 de mayo de 2008 a las 10:19h

(Concierto de El Canto del Loco, Coliseo A Coruña 3 de mayo. Grada superior).

Alba. Debe columpiarse entre los 15 y 16 años. Tiene el pelo liso, castaño y brillante, atado en coleta con una goma roja. El mismo rojo que sus pendientes, su estrecho cinturón y sus bailarinas. Lleva un pantalón vaquero pitillo y una blusa blanca. Va impecable, se sabe la más guapa del grupo. No le hace ni el más mínimo caso a los dos chicos que las acompañan. Se pasa todo el concierto grabando en el móvil las canciones, para tener un recuerdo. Le llama la atención que detrás esté un chico de treinta y pico de años con una libreta, que no se entera de nada y pregunta constantemente el nombre de las canciones.

Gemma está a su lado. También mira extrañada. Como son las dos únicas que van sin novio, hacen como un pequeño subgrupo dentro del grupo principal. Gemma no denota la misma seguridad que Alba. Parece que la necesita de como apoyo, que la ve como su mejor amiga, que va un poco a remolque de lo que ella haga.

María y Nuria están abrazadas a sus novios, ambos con una pequeña cresta, con una imagen algo parecida a la que tenía Fernando Torres hace un año. El de María la coge por la cintura y deja caer los dedos poco a poco. Nuría lo ve, y le levanta la mano. El hace como que no se entera y vuelve a la carga. El novio de María juega a la indiferencia.

El concierto transcurre y, desde atrás, parece que a las parejas no les interesa mucho el concierto. Siguen su particular conquista de centímetros corporales a golpe de dedos que se caen accidentalmente. Alba y Gemma sí. Celebran las canciones, saltan y aplauden.

Llega EL MOMENTO

El Canto del Loco tocan la canción que pone fin al recital, Una foto en blanco y negro. Alba y Gemma dan un brinco automático, se miran y se dan un abrazo enfervorizadas. “!Sí!, ¡sí!, !sí!”, gritan. Son un resorte, como si tuvieran un muelle en las piernas. Y, juntando las mejillas, cantan como si no existiera otra canción más en el mundo que ella. El salto en cuestión (me) conmueve.

Si fuera Milan Kundera, empezaría a escribir un libro a partir de ahí como hizo, en su día, con el gesto de Agnes en la piscina en La inmortalidad. Como no lo soy, dejo una simple entrada en el blog.

El Canto del Loco “Personas” (Sony, 2008)

Escrito por Javier Becerra
2 de mayo de 2008 a las 9:55h

images.jpg

No señor, el buen pop de guitarras no se encuentra en las deliciosas canciones de Lori Meyers. Tampoco en la vuelta de tuerca que a su pasado hardcore hecha por Standstill. Ni en el vigoroso sonido nuevaolero de los coruñeses Combo Dinamo. No, al parecer, quien desee escuchar melodías y estribillos bañadas de electricidad ha acudir a la obra de El Canto de Loco, el grupo que más atención despierta en los medios, el que asegura holgadas cifras de cedés despachados en tiempos de crisis, el que registra llenos allá a donde van.

Es el mundo al revés: el pop patrio esplendoroso y la lista de ventas convertida en toda una pasarela de cadáveres creativos. A la cabeza figura esta semana El Canto del Loco, los hermanos pequeños de los Hombres G. La fotografía de ambos estaría, sin duda, en esa diana imaginaria en la que los críticos musicales desahogan su supuesta frustración tirando dardos llenos de veneno. Personas, su quinto trabajo, no cambiará para nada esa percepción: como los anteriores no es sino una insulsa y plana ración de pop-rock, vulgar y llena de lugares requetesobados e interpretada por esa irritante dicción de Dani Martín (“Esta historia que te cuento es como un gritouuuu”) capaz de hunir hasta la mejor de las partituras.

La novedad la pone el tono, supuestamente maduro y rozando el libro de autoayuda. Eres tonto, que saquea el sonido de Los Rodríguez con vistas a Pereza, es el single de adelanto y una colleja al espíritu para los bajos de autoestima. Peter Pan, en medio tiempo acústico, ya se pueden imaginar por dónde va. La vida, habla de, bueno, perder el tiempo y darte cuenta que hay un mundo maravilloso esperando fuera (“La vida es esto a pesar de mis complejos / quererme a muerte, poder querer al resto”). Y ya está, con tres joyitas como estas ya llegan para dar carpetazo a un disco ciertamente horripilante.