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El día en el que Belle & Sebastian dejó de ser un grupo especial

Escrito por Javier Becerra
6 de junio de 2008 a las 11:29h

Belle & Sebastián ha sido probablemente el último gran grupo pop. Surgieron de la nada en la segunda mitad de los 90, una época confusa: el brit-pop ya en fase dinosaurio, el debate sobre si la electrónica iba a matar el rock sobre la mesa y sin referentes claros a los que agarrarse para justificar el momento musical que se vivía. Ellos, sin pretenderlo, lo fueron. Fueron ese referente generacional que se plasmaría en camisetas, grupos tributo y cartas de amor. Apocados y mitómanos, eruditos e hipersensibles, lograron aunar en un todo el espíritu de El guardián entre el centeno y Los 400 golpes, con las formas del Bob Dylan electroacústico y la Velvet Undeground más calma, siempre con esa mirada indie universitaria que tanta complicidad y ternura despertó.

Parecía que el mundo necesitase un grupo así. Un disco como If You´re Feeling Sinister (Jeepsteer, 1997), principal punto de enganche para la mayoría, es de los de guardar bajo la almohada, pensando que sí, que la vida con música es un lugar mucho mejor. En pocas ocasiones se retrató la angustia juvenil y ese sensación de estar únicamente medio feliz o medio triste de una manera tan bella y precisa. Pero es que no solo estaba eso: el grueso de su obra editada entre 1996 y 2001 (aparte del citado, tres brillantísimos elepés y un puñado de grandes singles) era como para derretirse y sentir, en su día, que nos encontrábamos ante la mejor banda del planeta. Así ocurrió en tiempo real, hasta que algo falló…

En el Festival de Benicassim del 2001, su primera actuación en España como “grupo grande” (previamente habían tocado solamente el BAM en 1996 cuando aún eran semi desconocidos), los escoceses fueron el imán de una pléyade de jóvenes. Su actuación lejos de la timidez y la pulcritud escénica prevista, mutó en una auténtica fiesta que puso la abarrotada carpa patas arriba. Stuart Murdoh saltó y brincó hasta cansarse y Steve Jackson terminó imitando a Elvis. Jugaron al fútbol sobre el escenario, repartieron sonrisas a granel, subieron a un montón de chicas a bailar Legal Man, improvisaron coreografías… Todo ante una audiencia a la que, por momentos, el corazón se les salía del pecho con canciones como The Wrong Girl, The Boy With the Arab Strap, My Wandering Days Are Over o Woman´s Realm.

Algo no funcionaba, sin embargo. Isobel Campbell, esa chelista obsesionada con Jean Seberg, permanecía ajena a la fiesta. Lucía un vestido estampado con el rostro de Bob Dylan del 66 (sí, el que no cedió ante los deseos del público) y su mirada se perdía en el infinito con esa mueca de estar dentro de una fiesta en la que no se logra conectar. Lógico, aquello no eran los Belle and Sebastián que habían roto tantos corazones, sino su versión verbenera. La primera vez, quizá, pueda impresionar, pero a la tercera… ya no. Y ella llevaba a unas cuantas ejerciendo de protagonista. Paradójicamente desentonaba por mantenerse fiel al espíritu original. Cuando, meses después, se confirmó su marcha del grupo todo cobró sentido.

Desde entonces, Belle & Sebastián ya nunca volvieron a ser lo mismo. Discos como Dear Catastrophe Waitress o The Life Pursuit pueden agradar, pero difícilmente conmover. Isobel era un poco lo que Kim Deal en los Pixies o Brian Jones en los Rolling Stones, el alma, esa especie de carisma intangible que impregna a los grupos para hacerlos especiales, adorables, únicos. Exactamente lo que hace tiempo que perdieron Belle & Sebastián.

Recordémosla con esa preciosidad titulada Is It Wicked Not To Care. Otro día tocará hablar de su deliciosa y mayoritariamente desconocida obra en solitario

Vanidad y periodismo musical

Escrito por Javier Becerra
5 de junio de 2008 a las 14:05h

Se dice que el periodista es un ser vanidoso por naturaleza. También se suele añadir que, como los sueldos son bajos, parte del salario hay que cobrarlo con esa vanidad, que no paga las facturas pero sí alimenta el ego, algo incluso más importante en muchos casos. En el caso del periodista o crítico musical todo ello aumenta. Su labor es de las últimas dentro del periodismo profesional, muchas veces no se le toma en serio o se considera algo menor (aún existen diarios incapaces de considerar la música pop como digna de entrar en las páginas de cultura) y no existen, por lo general, personas especializadas para ello. Luego está la prensa específicamente musical, pero esa es otra triste historia… llena de facturas pendientes de cobro.

Quizá sea por ello que la vanidad adquiera aquí su máximo relieve y sea frecuente toparse con actitudes exhibicionistas que, como lector, no dejan de chirriar. Todos hemos pecado lo suyo de ello, consciente o inconscientemente, pero ¿No les irrita a ustedes el ver a un plumilla que si tiene 15 influencias para un grupo no cite diez? ¿Y el que te cuenta que al grupo que entrevista ya lo vio el en una sala con cinco personas hace 15 años en la anterior banda del cantante, sin que ello importe lo más mínimo? ¿Y el que se refiere en las preguntas de una entrevista al single en vinilo de edición limitada que compró en Inglaterra para hablar de una cara b que no le interesa a nadie? ¿Y el que detectó un verso que homenajea a un libro y reproduce la pregunta, aunque el artista solo haya contestado “sí”? ¿Y que me dicen del típico entrevistador que se dedica a “cazar” al artista para decirle “sé mil veces más que tú”?

Todo ello puede que esté muy bien en un pub tomando algo, pero no en la letra impresa donde el protagonista debería ser el músico y su obra, no las experiencias personales que, salvo excepciones, no le interesan a nadie más que a la vanidad y al ego de quien las escribe. Lo dice uno que, insisto, proviene del fanzineo del “yo, mi, me, conmigo” pecando lo suyo…

Un homenaje a El Niño Gusano hecho cortometraje

Escrito por Javier Becerra
3 de junio de 2008 a las 13:01h

(texto escrito originalmente para el periódico)

El cortometraje de animación O fabricante de ás de bolboreta dirigido por Daniel Abalo (O Grove, 1981) ha sido elegido finalista en la novena edición del Festival Internacional de Cortos FIB. Se trata de un certámen que se desarrolla en la localidad de Benicassim (Castellón) paralelo de las actividades musicales del FIB, el gran evento de referencia del panorama indie español, que se celebrará del 19 al 22 del próximo mes de julio.

La pieza con la que participa Abalo, es una pequeña historia de animación digital cuyo origen radica en un tema del grupo zaragozano El Niño Gusano titulada El fabricante de alas de mariposa. «É unha das miñas cancións favoritas — explica el autor— e cada vez que a escoitaba deixábame levar pola música e a letra, e imaxinábame quen sería ese fabricante de ás, onde viviría, se tería familia e que o levou a fabricar ás de bolboretas. Co meu corto dou a miña versión, e fago unha pequena homenaxe a ese gran grupo que foi El Niño Gusano».

En la historia Abalo, además del gusto musical, vuelca su idealismo en el mesaje: «Gústame pensar que se hai algo no que crees, e o intentas con todas as túas forzas sempre o podes conseguir, non hai nada imposible». De todas maneras, ello lo plantea como un punto de partida: «O que realmente me gusta desta curta, é pensar que cada un lle busca un significado a historia, e sorpréndeme ver como moita xente me da a súa opinión sobre a historia, que non ten nada que ver co que eu tiña en mente, pero que podería ser o significado».

Segunda vez
La conexión musical del corto de Dabiel Abalo no es accidental, ni esta es la primera vez que acude al FIB. El autor se ocupa de la batería la banda de indie-pop Nadadora, que formó parte del cartel del festival en la edición de 2005. El guión del corto correspondió a Gonzalo Abalo, su hermano, que también milita en la banda como cantante y guitarrista: «A súa axuda foi fundamnetal para darlle forma a historia que eu quería plasmar».

Esta noticia no hace sino confirmar el buen momento de la animación en Galicia. Abalo hace una radiografía: «Temos a duas empresas pioneiras en europa coma son Bren e Dygra, creaccións individuais coma pode ser De profundis de Miguel Anxo Prado e algúns masters en creaccións audiovisuais que imparten nas universidades galegas». De cualquier modo matiza el optimismo: «No mundo do audiovisual non se pode falar moito do futuro, porque este depende de demasiadas variables, que non sempre estan na túa man».

Nadadora “La química que nos une” (Jabalina, 2008)

Escrito por Javier Becerra
2 de junio de 2008 a las 10:17h

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Tras el vaciado sentimental que supuso el dramático Hablaremos del miedo, Nadadora llegan con un curioso minicedé de transición y las miras puestas ya en un tercer álbum. En él presentan un tema nuevo, Septiembre no está tan lejos, que marca la dirección que posiblemente tomará el grupo en un futuro. Haciéndose un hueco entre el la rama más electrónica de Field Mice, el poso de belleza oscura de The Cure y esa inexplicable sensibilidad de ciertas bandas shoegazers como Slowdive, surge una pieza preciosa, para pulsar el repeat del reproductor y escuchar y escuchar (prueben aquí). Como un diamante girando en un torno, la voz de Sara Atán, emite destellos que parecen acariciar la fibra sensible del oyente. Bien los podría colocar cerca de lo que actualmente realizan bandas como The Radio Dept.

Pero el grueso del disco lo suponen las remezclas, de ahí ese título que apela a la química de la amistad, pero también a la del baile. Cuatro amigos de la banda (Souvenir, Standard, el DJ Homeboy y Dorian) revisan en clave bailable parte del repertorio de Hablaremos del miedo, logrando resultados sorprendentes. Destaca, de manera especial, la vuelta de tuerca que Jaime de Souvenir otorga a Después de todo, que no sería de extrañar que pasase a formas parte de la maleta los discjokeys indies para este próximo verano.

El disco se completa con el video-clip de El Bosque, que bueno… ahí va.

Amaral “Gato negro dragón rojo” (Emi, 2008)

Escrito por Javier Becerra
30 de mayo de 2008 a las 10:11h

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Uno de los efectos secundarios de Operación Triunfo fue la instauración de ese concepto indeterminado llamado “música de calidad”. Se supone que, a diferencia de Bisbal y compañía, existía en el panorama patrio un elenco de artistas de garantías ante la pachanga de los triunfitos. Esta miope (y mucho me temo que interesada) visión de la jugada jamás miro más allá del mundo de la radiofórmula, relegando al ostracismo al mejor pop del momento (recordemos, por ejemplo, el brillo de Chucho, Nacho Vegas o Nosoträsh allá por el 2001/2002, fecha de irrupción del concurso) en favor de bandas muy menores y, en comparación, totalmente prescindibles. Era el “efecto autenticidad”: con tal de emplear guitarras, componer tú los temas y no sonar latino pues parecía que ya se había ganado la credencial de gran grupo.

A la cabeza de aquel barco figuraban los zaragozanos Amaral. Entonces nos explicaban en sus canciones que, sí, escuchaban el Marquee Moon de Televisión. Luego, a efectos prácticos, no llegaban ni a ser una triste versión de Natalie Imbruglia y esa filosofía mujer-perdida-en-el-mundo-suplicado-ser-querida-pero-mira-cómo-te-echo-de-menos. Ahora, con su quinto álbum, Gato Negro Dragon Rojo, el dúo mira al mundo cómodo desde lo más alto de la lista de ventas, pero esa situación no les ha motivado ni a mover ficha en el sonido ni, por supuesto acudir a niveles superiores. Lamentablemente, siguen navegando en la mediocridad más absoluta.

Tiran con bastante poca gracia de las guitarras de The Byrds por aquí (Gato negro), apuntan al cruce entre U2 y Coldplay por allá (Kamikaze) y se enredan con frecuencia en la complacencia del medio tiempo AOR (Rock and Roll). Pero más allá de esa asepsia formal, lo duro de verdad llega con los vuelos poéticos de Eva Amaral y su portentoso chorro de voz. Escuchar, así tan alto, cosas como “Ya no tengo solución, sé que no tengo remedio, rock and roll para ser libres como el viento” es como para sonrojarse. Que te pretendan convencer que ahí está el equivalente a lo que un día supusieron Radio Futura o Nacha Pop (es decir, la ecuación perfecta de ventas y calidad) ya es como para preguntarse si no será todo una broma. ¿De verdad alguien piensa que esto es lo mejor que puede dar el pop nacional? En caso afirmativo llega la segunda pregunta: ¿Ese alguien ha escuchado, por ejemplo, a Sybil Vane, Nadadora o los Lori Meyers? La tercera casi mejor nos la callamos.

Camela “Laberinto de Amor” ( Emi, 2008)

Escrito por Javier Becerra
29 de mayo de 2008 a las 10:04h

camela.jpg Como los Ramones, vaya: Camela son un grupo con fórmula, predestinados a sonar siempre igual. Lo hacían en 1993 cuando se autofinanciaron la grabación de su primera cassette (¿existe algo más indie y de espaldas a la industria que eso?) y lo hacen ahora que los discos de oro se agolpan en el hogar de Ángeles, Dioni y Miguel Ángel. Laberinto de amor, su nuevo trabajo, supone una nueva ración de ese sonido con un pie en Mecano, otro en Los Chunguitos y el ritmo bakala dibujando el paisaje de fondo. Un tejido que sumergen a conciencia en un barreño de amor y desamor, con el sentimentalismo echado a correr sin freno y al margen cualquier tipo de floritura lingüística.

Ya lo decía Carlos Berlanga, fan declarado del trío. Si en una canción Camela tienen que decir quedamos a las ocho y media, pues se dice eso y punto. Solo hay que echar un vistazo a letras como “Ha sido un golpe bajo y me ha dolido tanto que estoy sin autoestima”, “Has destrozado mi corazón, ya no te creo, se terminó” o “Basta ya de tonterías, ¿estás conmigo si o no?”. Quizá por eso, por su mezcla entre llaneza y personalidad calen tanto en tantos, suenen tan auténticos y se hayan gando a pulso la galardón de El pop del pueblo.

El single Yo por ti probablemente carezca del punch melódico de Cuando zarpa el amor (habrá que ver ahora cómo sale su video-clip), pero seguramente que eso de “Por ti sería capaz de destrozar mi voz gritando a todo el mundo que eres mi vida” insertado entre acelerados ribetes de guitarra flamenca y telones de teclados subidos de tono, sonará y sonará este verano en todos las sedes del mundo: desde la pista de coches de choque a las galas de verano, pasando por las discotecas de extrarradio. Es el principio de un nuevo peldaño de una de las trayectorias más singulares del pop español.

Festival Sinsal: Young Marble Giants

Escrito por Javier Becerra
27 de mayo de 2008 a las 11:50h

(Con motivo del inminente concierto que ofrecerán Young Marble Giants en Vigo, recordamos fugazmente esta fantástica banda que vuelve a los escenarios. La actuación se enmarca dentro del festival Sinsal y será el jueves 29 de mayo. Más info aquí)

Como ocurre con Suicide o Beat Happening, los galeses Young Marble Giants pertenecen a ese elenco de bandas donde se da una gran paradoja: el gran público conoce mucho más a quienes han influenciado, que a ellos mismos. Sí, mucho nos tememos que, al margen de las loas de la prensa especializada, siguen ahí en el estante de las bandas de culto sumando fans de modo paulatino, y sin que tampoco entren dentro de los objetivos de ningún revival. Su efímera trayectoria original (apenas dos añitos, años entre 1978 y 1980) quedó comprimida en el fundacional Colosal Youth, un disco mítico donde los haya y del que han bebido toda clase de grupos, de Nirvana a Yo La Tengo, pasando por Galaxie 500.

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Provincianos y apocados, se forman en Cardiff en torno a una pareja de hermanos, Philip y Stuart Moxham, y la vocalista Alison Statton. Viven completamente ajenos el ajetreo de las grandes urbes del pop y se nota. Su música suena apática, gris y sin neones, como si fuera elaborada para el consumo doméstico, al margen de todo, sin ninguna pretensión. Pero precisamente es eso lo que hace tan excitante y singular: descubrirla es reencontrarse con la originalidad en estado puro. Nada hay de artificio en ella, todo queda reducido a lo mínimo. En Young Marble Giants corre el aire entre una caja de ritmos, unos teclados en los que se invocaba a Booker T & MG´s con el alma de un infante, una guitarra de acordes tímidos y esqueléticos y la imperturbable voz de Alison. El discurso es extraño pero cautivador, algo totalmente revolucionario en una época en la que los cambios se pedían entre gritos y desgarro. Lo suyo, era obvio, iba por otro camino. ¿Podríamos hablar de la otra cara de la moneda de Joy División? Ummm…

Young Marble Giants ejemplificaron sin saberlo su papel de banda maldita perfecta y, como una efímera chispa, desaparecieron de inmediato como una anomalía incomprendida. De hecho, el propio Stuart declaraba sobre sus directos en el NME en su día: “La gente se levantaba y se iban porque nuestra música no era precisamente el sonido de moda. La verdad es que nadie sabía muy bien qué hacer con nosotros”. De sus cenizas surgieron otras bandas (Weekend fue las que más renombre logró) y Stuart Moxham se convirtió en un habitual colaborador de muchos grupos. Ahora, sin embargo, dejándose llevar por la oleada de retornos vuelven a los escenarios (el indie, nos tememos, ya se ha hecho mayor y burgués), en una oportunidad histórica.

Tres debilidades en formato blog

Escrito por Javier Becerra
26 de mayo de 2008 a las 11:53h

Coincidencias de la vida, en los últimos días tres interesantes células creativas han estrenado blog.

Acuarela: El sello más guay de España, el que ha editado discos como El Naval (Mus), Arde (Migala) o La primera opera envasada al vacío (Sr. Chinarro). Ello ha sido posible al acierto de su responsable, Jesús Llorente, que aparte de ser un gran “olfateador” musical es una de las plumas más precisas, apasionadas y eruditas del indie patrio, de esas que siempre es un placer leerlas, aunque sea en una hoja promocional. Por ello el lanzamiento de un blog, en que promete ir contando las interioridades del sello, es motivo de doble alegría: un fondo interesante con la mejor de las formas posibles.

Triángulo de Amor Bizarro: Me encantan los músicos apasionados, los que son fans y con los que terminas de copas en un afterhours a las siete de la mañana hablando de discos. Rodrigo de TAB es así: calmado, reflexivo, siempre dispuesto a contar cómo era la cinta de Pavement que escuchaba en la universidad. Isa, su pareja, hace de contrapunto: nerviosa, ocurrente, mordaz,.. divertida. Ambos adorables y, junto a Julián, el batería, los responsables de uno de los grupos imprescindibles del momento. Ahora abren su mundo en una bitácora recién estrenada.

Warsaw: El coruñés Guillermo Arias (Hangtheguille) es, con toda probabilidad, el mejor diseñador gráfico relacionado con la cultura pop que existe actualmente en Galicia (miren, por ejemplo, parte de su trabajo aquí) y ahora entrega otra rama digital de su inabarcable abanico de ocupaciones. Locutor de radio, Dj, fotógrafo, cartelista, comentarista de cine… y ahora también blogger. En este Warsaw demuestra que el pop no es solo música, sino un amplio espectro de sonidos, lecturas e imágenes interconectados. De Justice a Stephane Manel pasando por Muchachada Nui, merece la pena sumergirse por en él.

Nota: y de propina la web de otra debilidad, Nadadora, obra de Arias.

Previo a Eurovisión

Escrito por Javier Becerra
23 de mayo de 2008 a las 14:45h

Mañana es Eurovisión. Así están las cosas en Vigo (una vez más disculpas a los no gallegos, que no entenderán este impagable e intraducible documento)

El pop que llega vía politono

Escrito por Javier Becerra
22 de mayo de 2008 a las 10:45h

(Dejamos aparcado a Dylan en el blog de manera radical, mientras la polémica sigue coleando en La Voz)

¿Existe algo más pop que el hecho de que la melodía canción te llegue vía politono, te coja sin defensas ni prejuicios y te sorprenda a ti mismo sin poder dejar de tararear mentalmente su estribillo hiperpegadizo? Sucedió en su día con el reggatoneano Papichulo, luego con el Obsesión de Aventura, y ahora con Baila mi corazón de los mexicanos Belanova, una irresistible cápsula de tecno-pop que aterrizó en el corazon de muchos mediante esos pesados anuncios de tonos para el móvil que irrumpen constantemente en la televisión.

Un poco entre los primeros Mecano y la Kylie Minogue del Fever, la canción es verdaderamente un temazo y el video clip la mar de chulo, con una visión del pop muy pura, directa, colorista y tremendamente contagiosa. Además la letra tiene chispazos tan logrados como “Tu que eres fluorescente brilla en mi oscuridad”. Lástima que luego, mirando otros temas, no se mantenga este nivel.