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Archivo para febrero, 2015

Puma Pumku: “La psicodelia es el ser humano actuando ante los estímulos del mundo”

viernes, febrero 27th, 2015

Dan cierta envidia. Puma Pumku son tan jóvenes, tan metidos en su música, tan ligeros en ella pero a la vez tan sólidos que parece que hayan sido dotados de ese brillo especial que acaricia solo a unos pocos grupos. Los compostelanos hacen, sí, psicodelia. Tienen sus fuentes de inspiración a la vista. Y son unos melómanos-alumnos empedernidos. Pero en cuanto empiezan a sonar las canciones de Is It In You?, su álbum de debut, logran contagiar al oyente precisamente de ese amor, de esa sensación de flotar, de esas vibraciones que parece que desprender parte del brillo al que nos referíamos antes. Ahora lo están exponiendo en directo. Y el sábado 28 de febrero harán una parada muy esperada en Los conciertos de Retroalimentación (Mardi Gras, 22.30 horas, 6 euros anticipada y 8 en taquilla) acompañados del dúo Bala. Ahora Álvaro Dosil, guitarrista del grupo nos habla de todo ello

-Miran, sobre todo, a la psicodelia primigenia de finales de los sesenta. ¿Es su destino?

-Es el hilo conductor de nuestra música. Pero dentro de ello, todo se complementa de muchas otras cosas. Hay tintes kraut, influencias de músicas de los ochenta y mil cosas experimentales. Cabe cualquier estilo y todo se une por la psicodelia.

-¿Son los Pink Floyd del primer disco el grupo totémico de Puma Pumku?

-Sí. Hay grupos clásicos que están ahí. Creo que, además de Pink Floyd, se nota mucho la influencia de The Beatles y probablemente se nos empezará a notar más la de Beach Boys. Hay una tendencia a renegar de los clásicos, pero nosotros los tenemos como referentes y fuente fuente de inspiración continua. No dejan nunca de dar de sí.

-Me habla de referencias obvias. ¿No quieren ir de exclusivos ni de cool marcando diferencias y citando a bandas más rebuscadas?

-Bueno, luego está el toque que le quieras dar para que sea algo curioso y personal. También tenemos otras referencias, como la nueva ola psicodélica.

-Pese a esa apariencia psicodélica e incluso ese toque kraut rock ocasional la verdad es que son un grupo de melodías muy poperas. Sus canciones se podría interpretar perfectamente con una guitarra acústica.

-Sí, perfectamente. Lo que pasa es que la dimensión que adquieren así nunca llegarían. Si solo fueran una guitarra acústica y voz seguramente serían piezas folk. En principio, Amadeo trae una melodía, una guitarra y una voz. A partir de eso vamos construyendo, cada uno su parte y aportando lo que se puede. Funciona así.

-Hablaba antes de la nueva psicodelia. ¿Grupos como Tame Impala, Temples o Foxygen son hermanos espirituales?

-Sí, esos grupos son los que probablemente nos animasen a dar el paso a montar una banda y tirar por esa rama. Antes sonaba todo más rudo y con más distorsión. Ahora lo hemos suavizado. Son grupos que nos encantan. Disfrutamos haciendo esa música del mismo modo que disfrutamos escuchándola.

-Debe ser como la quinta oleada neo-psicodelica que vivo. ¿Qué tienen esos sonidos para que gente tan joven como ustedes insistan en recuperarlos?

-Bueno, en mi caso, es como si hubiera una carencia de algo en todo lo que estaba escuchando. Esas música me pilló, no solo por la música en sí, sino por la forma en la que esta grabada y esa naturalidad. Los Beatles, por ejemplo, no tenían una equipación comparable a muchos estudios americanos. Pero con muchos recursos y tirando de un sonido que va directamente a las entrañas lo logran. Yo la psicodelia la veo como la naturalidad, el ser humano llevado a la música, actuando ante los estímulos del mundo.

-Intuyo que ese proceso de construcción de los temas que citaba antes debe ser de lo más placentero.

-[risas] Sí, y muy reconfortante. Es un proceso de cura, purga y sanación. Desde que llega Amadeo con la canción el resto nos dejamos llevar. No tenemos una mecánica de trabajo muy clara. Nos dejamos ir, sin tratar de mediar palabra, que sean los instrumentos los que hablen. Hay algún momento en el que se puede notar una especia de conversación entre los instrumentos. De repente la guitarra hace un riff o un detalle y el bajo contesta como otro. Es algo similar al jazz.

-¿Es el jazz una fuente de inspiración importante?

-Sí, es un género que nos encanta y al que siempre volvemos cuando el resto de palos que escuchas no nos llena. Es perfecto para encontrar el camino.

-Transmiten la idea de enamorados de la música.

-Sí, nuestra visión es totalmente romántica

-Aunque no tengan nada que ver, a mí me transmiten las misma vibraciones que Los Eskizos hace más de 20 años: la de unos tíos metidos en su música, que salían a tocar súper concentrados como si tuvieran una misión. ¿Se ven así?

-Sí, es cierto. En los conciertos nos puedes ver a cada uno mirando a su lado como si fuera algo ritual. Tienes que mantener una línea, estar súper concentrados. Sí, estamos enamorados de la música. De hecho, el contacto visual con el público es algo que me horroriza.

-¿Se lo pasan bien ensayando?

-Claro. La mayoría de los temas, exceptuando alguno que tiene muy marcada su estructura y que no da pie a la improvisación, se transforman continuamente. Hoy en día en directo hacemos algo que ya no está en el disco. Las canciones siguen su curso natural y se van modificando. Queremos que evoluciones continuamente.

-Son el último disco de Santiago que ha llamado la atención de la gente. Parece que, dentro de estos años de esplendor de la escena independiente gallega, Santiago es el gran escaparate. ¿Viven un momento especialmente dulce?

-Sí, es relativamente reciente. Llevo ocho años en Santiago y se veían cosas puntuales. Ahora hay muchísimas más gente implicada. Vemos que confluye mucha gente y que cada se anima más. No sé dar una explicación lógica. Son cosas que pasan en un sitio y un momento. Antes estaba Vigo y Pontevedra y nosotros los mirábamos. Decíamos ¿por qué aquí no hay un bolo a la semana que nos convenza? Ahora tenemos cuatro a la semana y no sabes decidir a cuál vas. Tenemos la percepción de que hacemos mucho ruido y nos movemos. Pero este es un sitio dejado de la mano de Dios a nivel de España y no sabes si te estás proyectando a nivel autonómico o si llega al ámbito estatal. Parece que sí, que se publican cosas, aparecen colectivos… es un momento de ebullición y me da cierto miedo que explote todo y termine siendo cenizas. ¿Hasta dónde durará?

-Está el problema de la resistencia de la gente, porque rara vez se sostienen económicamente.

-Sí, claro. Mira Unicornibot que, aparentemente, eran de los que tenían que ganar: haciendo gira europea, moviéndose en medios especializados y llegó un punto en el que lo dejaron. Supongo que también está la magia ahí. No niego que me gustaría vivir de eso, pero creo que también es un aliciente que todo sea tan fugaz, que se deje huella en la gente y que desaparezcas.

Piscodelia y folk en Los conciertos de Retroalimentación

martes, febrero 10th, 2015

La felicidad está tecleando directamente este texto. Sí, porque continúan con Los conciertos de Retroalimentación con tres fechas muy especiales, deseadas todas ellas desde hace mucho tiempo. Algunos de los autores de los mejores discos del 2014 estarán aquí, demostrando el altísimo nivel actual de la escena gallego y deleitando a los oídos que siguen las evoluciones de esta pequeña célula de actividad musical. También tendremos destellos de futuro para celebrar el cumpleaños. Y ojo, que no está todo cerrado. Hay otra fecha más pendiente de confirmarse. Seguro que os encantará. Os esperamos a todos.

-PUMA PUMKU + BALA (Mardi Gras, 28 de febrero, 6/8 euros). La banda compostelana llega al ciclo presentando su disco de debut. Psicodelia de altísimo nivel con pinceladas kraut y una impecable pegada melódica. Fueron una de las revelaciones del año y ahora demostrarán que, sobre un escenario, no hacen sino agrandar el animal. Estarán con ellos Bala, un novísimo dúo coruñés que apuesta por la electricidad, la furia y el minimalismo.

-ARIES + ELVIS NEGRO (7 de marzo, Casa Tomada, 5 euros). Debilidad total de este blog desde aquel delicioso debut titulado la magia bruta, Aries actúan por primera vez en Los conciertos de Retroalimentación tras ser junto a Chicharrón el disco del año. También tiran d ella psicodelia, pero desde una perspectiva más pop y mágica. Actuarán junto a Elvis Negro, que saldan la deuda que tenían con nosotros tras caerse en diciembre. Presentan su brumoso primer trabajo

-OS AMIGOS DOS MÚSICOS (Mardi Gras, 30 de abril, precio por confirmar). Si el año pasado fue Nacho Mora, este año soplamos las velas en el séptimo aniversario del blog con otros nuevo proyecto que debería explorar este año. Se trata de Os Amigos dos Músicos, recién fichados por el sello Gran Derby, y que trenzan un puente entre los sonidos tradicionales gallegos y el americana.

¿La peor gala de los Grammys de la historia?

lunes, febrero 9th, 2015

¿La peor gala de la historia de los Grammy? A falta de haberlas visto todas, cabría decir que, cuando menos, está en el grupo de las más anodinas. Nada funcionó de verdad. Más de las mitad de las actuaciones resultaron olvidables, la gran estrella de la noche (Sam Smith) queda lejos de ser una verdadera estrella y el tono general destilaba, de continuo, una sensación de decepción. Ahí van diez notas escritas a toda velocidad al término de una gala para olvidar. Zzzzz Zzzzzz Zzzzz.

1. EL ADELE MASCULINO TRIUNFÓ. El ganador absoluto de la noche fue con Sam Smith. Tomó la plaza de Adele, con su soul británico de tez blanca y poderío vocal. Ganó cuatro de los seis premios a los que optaba, entre ellos el de la mejor canción por Stay With Me y a la grabación del año. Se marcó una versión orquestada de esta junto a Mary J. Blige. Seguro que la recordará toda la vida. Uno duda bastante que su carrera vaya más allá de este momento de gloria. Pero el tiempo dirá.

2. BEYONCÉ FUE LA GRAN PERDEDORA. Todo estaba preparado a para titulares del tipo “La gran noche de Beyoncé”. Pero no, patinó en todas las grandes categorías a las que optaba. Cuando Beck recogió el premio al mejor disco del año, le filmaron el rostro por si se le dibujaba la decepción. Incluso su interpretación final de Precious Lord, Take My Hand estuvo muy por debajo de lo que una artista como ella suele ofrecer en este tipo de situaciones. Un bluff total.

3. ABURRIMIENTO GENERAL. Salvo algún estallido puntual, la norma de la noche ha sido el aburrimiento. La primera parte en concreto resultó soporífera. Ver a la otrora chispeante Katy Perry en plan baladista de piano, a unos AC/DC sin fondo dándole al Highway To Hell o Adam Levine & Gwen Stefani, interpretando My Heart Is Open del último disco de Maroon 5 sirvió para que más de uno se arrepintiese de forzar el sueño a golpe de café. Lo que vendría luego tampoco iba a ser para echar cohetes.

4. FENÓMENO INEXPLICABLE. ¿Alguien puede explicar lo de Ed Sheeran? Porque la cosa ya lleva unos años. Recibido como una de las grandes personalidades del rock contemporáneo, lo cierto es que cuesta encontrar algo en él que no sea la sosería más absoluta. Cantó Thinking Out Loud, junto con John Mayer. Luego estuvo con Jeff Lynne. Pero nada, no logra despertar ni la más mínima emoción.

5. DOS DÚOS QUE FUERON MÁS ALLÁ DEL BOSTEZO. Dentro de los muchísimos dúos soporíferos que sucedieron en la noche, cabe hacer un par de excepciones. Primero Take Me To Church, el single de Hozier interpretado con poderío al lado de Annie Lennox. Después atacarían el I Put a Spell on You de Screamin’ Jay Hawkins, levantando la alicaída velada. Poco después, serían Tony Bennett y Lady Gaga quienes interpretarían Cheek to Cheek, dando ambiente de fiesta, lujo y diamantes al funeral. La cantante bien podría reconsiderar su carrera, visto lo visto. Suyo fue el mejor momento de la noche.

6. ¿LA REINA DEL AÑO QUE VIENE? Rihanna apareció en la gala con un vestido inenarrable que agotó comentarios en las redes sociales. Pero luego, lideró ese trío de excepción que se ha marcado con Paul McCartney y Kanye West. Jugando con el negro sobre blanco, el single Four Five Seconds parecía advertir que ella va a ser la estrella de la próxima gala. Aventura nuevos tiempos en una de las estrellas pop del momento.

7. UN GESTO QUE LO DICE TODO. La cara de Beck cuando lo nombraron como autor del disco del año vale por mil palabras. Superando a Ed Sheeran, Beyoncé o Pharrell Williams, su Morning Phase se coló en una de las categorías estrella de los Grammys. El premio se lo dio un Prince recibido como una suerte de semi Dios por el público. También ganó al mejor album de rock. Y sí, el suyo, es un gran disco. Se marcó junto a Chris Martin de Coldplay el Heart Is A Drum, que no estuvo mal.

8. QUE TODO EL MUNDO SEPA QUE ESTOY AHÍ: Como es norma en ella, Madonna quiso hacerse ver desde el minuto uno. Apareció vestida de torera con las cachas al aire (tómese en el sentido literal). Dentro, se marcó una de las actuaciones más espectaculares de la noche con Living For Love, una suerte de góspel taurino difícilmente descriptible con salida por los aires de la cantante. Habrá a quien le guste, seguro. Pero también quien piense que esta mujer hace ya tiempo que perdió su momento, su oportunidad y su inspiración.

9. Y ES QUE NI EL “HAPPY” FUNCIONÓ: Ya hay que tener ganas de estropear una pieza dan redonda como Happy, pero Pharrell Williams optó lo estrafalario, metiéndole unos arreglos “majestuosos” que no le pegaban ni con cola. Metiéndose en camisas de once varas reventó un temazo de manera totalmente absurda.

10. TOQUE SOCIAL. Si el año pasado fue una apelación al ama como quieras, esta vez tocó concienciar sobre la violencia sobre las mujeres dentro de la pareja. El presidente Obama salió a mitad de la gala por vídeo y una mujer víctima de esos abusos contó su experiencia.

Ismael Serrano: “Si admirabas a Aute eras un anacrónico, pero si te gustaba Cohen te convertías en alguien cool”

miércoles, febrero 4th, 2015

La semana pasada estuvo Ismael Serrano en A Coruña para presentar su nuevo disco, La llamada. En la entrevista previa a la actuación, surgieron muchas de las cosas que andan flotando en el pop nacional en los últimos meses sobre la política, la anglofilia, el desprecio a la canción social desde la crítica y demás aspectos que ha agitado el libro de Víctor Lenore Indies, hipsters y gafapastas. La charla se estiró hasta los 40 minutos y, lógicamente, no se pudo reproducir íntegra en el suplemento Fugas. Aquí la recupero en su totalidad.

-¿Pretendía darle un giro a su carrera con un disco tan lleno de ritmos latinos y alegría?

-Bueno, me gusta la música tradicional latinoamericana. Son canciones que he compuesto de manera diferente, en tanto en cuanto he partido del ritmo para establecer los cimientos de la canción. Muy a menudo las canciones se construyen desde la armonía, para alguien que toca la guitarra. A mí me apetecía cambiar la mirada. Acudí a la tradición musical que yo siento más cercana y que me parece que tiene más potencia desde el punto de vista rítmico, que es Latinoamérica. Allí confluye la cultura que viene de España con la africana, que da un acerbo muy diferente. También está ese carácter de celebración, espontáneo y popular que tiene el folclore, que es un género vivo en Latinoamérica. En España el folclorista es un arqueólogo. Allí no. Allí está presente en el día a día, en la vida, en lo contidiano.

-¿Sugiere que en el pasado la cultura pop española dio carpetazo a la tradición dejándose embaucar por lo anglosajón?

-En cierto modo hemos renunciado a ciertas señas de identidad en algún punto, pero eso ocurre en muchos otros ámbitos de la cultura. La música anglosajona impuso su dominio en las radiofórmulas. En Latinoamérica se ha resistido y sigue esa presencia de lo tradicional. Allí no se ha homogeneizdo todo de este modo tan rotundo. A lo mejor es que no ha permeado y han resistido porque no han sido objeto de mercado. No han sido tenidos tanto en cuenta como consumidores, para imponer una visión hegemónica de la cultura, igual que ha ocurrido con los discursos políticos y otras cosas.

-En España, dentro del pop y el rock, semeja que hay un cierto esfuerzo desde hace unos años de volver a las raíces y hacer más propio el discurso. ¿Cómo lo ve usted?

-Yo creo que hay un cambio de posición en muchos aspectos y también llegan a lo musical. Se trata de dejar de lado ciertos prejuicios elitistas que pretendían excluir otras opciones musicales. Si tú admirabas a Luis Eduardo Aute te convertían en un anacrónico y, sin embargo, si decías que tus referencias eran Bob Dylan, Joni Mitchel o Leonard Cohen, te convertías en alguien cool, que molaba. Se daba un perjuicio elitista que, en el fondo, estaba totalmente marcado por el consumismo y el mainstream hegemónico que impone esa estética musical. Pasa lo mismo con un cierto esteticismo que hasta ahora, no solamente renunciaba a ser explícitamente político en la música, sino que despreciaba y excluía a quienes sí lo hacían y los modos de expresión que conllevaban una postura política. Esa división se está quebrando. Hay una mirada cada vez más desprejuiciada. Ciertas poses estéticas responden a elitismos que no tienen ningún sentido y no nos permiten disfrutar de la música con la plenitud que se merece.

-Este punto de vista coincide mucho en el libro de Víctor Lenore. Da la sensación de que para muchos existe una especie de salida del armario política, que ha dejado de ser algo vergonzante plasmar eso en las letras. ¿Lo ve usted así?

-A mi modo de ver, el escapismo permanente como único discurso sustenta el sistema y el modelo económico que nos ha traído a este lugar, a esta crisis terrible. Nos hemos dado cuenta cuando nos encontramos acorralados. ¿Dónde estábamos durante estos años? ¿Los músicos hemos estado a la altura? ¿Cómo no nos dimos cuenta de todo esto? Aún así, no sé si estamos a la altura de las circunstancias. Yo no digo que todas las canciones tengan que estar comprometidas políticamente. De hecho, la mayor parte de mis canciones no lo son. La mayoría de mis canciones son de amor, pero yo le canto a lo que me emociona. A veces me emociona una situación política y surge una canción con esa emoción y mi postura ideológica. No digo que todo tenga que ser así, pero si hay temas con este corte, bienvenidos sean. Yo creo que todo ese rechazo a lo político tiene que ver mucho con esa postura de posmodernismo mal entendido que tiene mucho de pose. Son rupturas que, lejos de plantear nuevos modelos, favorecen el actual. Son rupturas amables con el sistema, que solo llegan a lo estético y que nos desarman, porque atomizan de alguna manera la sociedad. Por eso yo quería darle a este disco un carácter de celebración y de lugar de encuentro, más allá de los prejuicios. El folclore tiene eso. Por ejemplo, desde el baile. He tratado de hacer una bachata a mi manera.

-Generalmente cuando se habla de música política se tiene a pensar con algo serio o solemne. ¿Lo ha pretendido evitar ahora?

-Bueno, es cierto que a veces cuando uno se ve a sí mismo ve eso, algo muy serio y con una gran solemnidad. Aunque veces creo que hay que serlo. De hecho, este disco lo tiene en algún momento. Pero sí que es cierto que, en general, he intentado alejarme de esa solemnidad que te aleja un poco del prójimo. Quería darle un carácter de celebración, en el sentido de establecer los vínculos necesarios. La pérdida de solemnidad te lleva a eso: levantar la mirada y reivindicar el derecho a la alegría, que no nos arrebaten eso. Yo creo que he pecado de eso, de ese gesto circunspecto. Cierto sectores de la izquierda han anquilosado el lenguaje. Yo quería huir de ese anquilosamiento porque no me sentía cómodo.

-Muchas veces el pop es un caramelo que uno se toma al salir del trabajo. Pones la radio, suena Rihanna, te olvidas de todo y te dedicas a disfrutar de la música sin más. Con todas estas nuevas lecturas políticas sobre la música parece que esto se ha convertido en algo negativo o despreciable. ¿Tiene que serlo?

-Yo creo que no, tampoco nos tenemos que pasar de frenada. La música también es evasión, igual que la literatura es evasión. Todos lo necesitamos de vez en cuando. Lo que denuncio es que se convierta en un discurso hegemónico. Defiendo en la pluralidad y pido que desaparezcan ciertos perjuicios y exclusiones absurdas. Pero en todas las direcciones. Si no, volveríamos al mismo discurso. Me parece legítimo que haya una música para la evasión, para olvidarte y para divertirte. Pero también hay un momento para la reflexión, para sentarse y analizar. Me parece terrible, que se imponga como un discurso hegemónico y excluyente en plan, si no eres de una determinada manera, eres una mierda, eres aburrido, eres un anacronismo y no perteneces al tiempo que vives. Ese escapismo iba a compañado de un discurso totalmente reaccionario.

-Pienso que esa hegemonía de la que habla Lenore y usted es exagerada. Cuando yo estaba en la Universidad en los noventa me costaba encontrar a fans de Family o Migala. Sí conocía a mucha gente que, huyendo de lo “comercial”, escuchaba a Extremoduro, a Negu Gorriak, Albert Plá o a usted. Todos con toque politico, por cierto.

-Sí, yo no hablo de lo que oye la gente, sino lo que promueve la crítica musical en muchos aspectos.

-Una de las cosas que suele hacer la crítica musical y, a veces, también el público es pedir un extra de compromiso y coherencia a quienes se atreven a dar un paso al frente. ¿Qué le parece?

-Yo le exijo coherencia a todo el mundo, aunque nuestra vida está llena de contradicciones. Lo de las vidas ejemplares de santos supongo que no existen.Yo trato de ser coherente. Es el modo que tengo de corresponder a la fidelidad de mi público. Uno lo es en la medida en la que puede. Hay que ser coherente, pero a veces eso llevado al extremo nos llevaría a vivir una vida al margen del sistema. El purismo, por así decirlo, me parece un poco fundamentalista e innecesario. Yo caeré en contradicciones como todo el mundo que vive estos tiempos. Pero hay que ver cómo te enfrentas a ellas, cómo las combates, cómo las intentas compensar. Tampoco hay que erigir al músico a la categoría de adalid ejemplar, sino como un trabajador de la música que trata de sobrevivir como puede en un contexto dificil. Vivir al margen del sistema, te convertiría en un inadaptado.

En los ambientes de izquierdas siempre hay quien quiere ir un poco más allá, reprochando al que no lo hace. Usted, que graba en multinacionales y ha sido promocionado en radiofórmulas, seguro que ha tenido esos reproches.

-En la izquierda hay una tradición en la que para reafirmar en público las convicciones delante de la gente hay quien entiende que hay que poner en duda las convicciones y el compromiso ajeno. Es como si eso te reafirmara en tu pureza. Esa vocación de vigilante, de ser una especie de compromisario político viene a ser típico de gente que tiene dudas y quiere reafirmarse. Hay que asumir con naturalidad las relaciones. Yo valoro mucho la naturalidad, también en política. Me gusta la gente que habla más allá de la pose, del discurso fingido y de esa solemnidad de la que hablábamos antes. Hay que evitar juzgar a la gente con un rigor que no empleamos con nosotros mismos. Señalar está muy feo. Es la vieja tradición de la izquierda de un piolet, de tener uno preparado porque eso te te reafirma. Es un vicio estalinista y un gusto por la purga. No es solo de la izquierda. Si te fijas Twitter tiene ese elemento de alimentar la pulsión linchadora.

-En los noventa cuando fue el bum de los cantautores se les llegó a criticar en el sentido que se había instaurado una especie de fórmula comercial. Un tipo, con su guitarra acústica haciendo canciones casi como un cliché: una del ecologismo, una antimilitarista, otra contra los políticos, etc… Ahora la política vuelve a estar en el imaginario pop y ya hay sospechas de que se puede caer en lo mismo. ¿Hay riesgo?

-¿Qué caemos en lo mismo como si fuera una obligación? Buff, eso es muy delicado porque entramos en los juicios de intenciones y quiénes somos para ello. Supongo que sí, que habrá quien lo haga por pose, otros mirarán al mercado…pero es que eso ocurre en todo. Yo creo que la gente percibe la honestidad, sobre todo en las carreras largas. Yo es lo que más valoro, que la música surja del diálogo que tiene el artista consigo mismo. Otra cosa son las poses, que son pura pretensión, hechas en lo que se debe decir y no lo que se quiere decir. A largo plazo se percibe. Este modelo de consumo voraz tiene la capacidad de convertir en objeto de consumo cualquier actitud revolucionaria: lo fagocita y lo incorpora al mercado. Desarticula cualquier opción de cambio, lo incorpora al mercado y lo convierte en un objeto de usar y tirar. Eso lo vivimos los músicos. Te preguntas hasta qué punto tu música trasciende y hasta qué punto se convierte en un engranaje más del usar y tirar. Esa pregunta me la hago yo, aún partiendo de unas buenas intenciones. ¿Sirve la música para algo? ¿Logra sortear las trampas que pone el sistema?

-Hace poco entrevisté a Nacho Vegas y me decía que tenía un conflicto respecto a cobrar más de 20 euros en un concierto, ya que dejaba fuera a mucha gente que no lo podía pagar. ¿Usted tiene también estos conflictos?

-Claro. Permanentemente y más ahora, como está la música. Fíjate que nosotros pagamos el 21%, que muchas veces es el margen de beneficio que te queda. Hay que pagar músicos, técnicos, teatro… En esos debates estás constantemente. Hasta qué punto puedes controlar eso. Todo es muy complicado. A esas preguntas se enfrenta diariamente cualquiera que tenga unas convicciones ideológicas, pero en el día a día: comprar una cosa u otra, participar o no del sistema, qué hacer o no. Tampoco hay que dramatizar. A veces se sobrevalora la sensibilidad del músico, porque los problemas a los que se enfrenta son los mismos a los que se enfrentan miles de trabajadores y autónomos.

-A veces me planteao cuando veo a músicos opinando de política, obviamente porque le preguntan, por qué se le ha dado un valor extra. ¿Por qué vale más la opinión de un músico que la de un carpintero? Lo digo a modo de autocrítica, que conste.

-Estoy totalmente de acuerdo. Yo respondo a lo que me preguntan y cómo puedo. A veces te dices a ti mismo:«Estoy hablando de cosas sobre las que no tengo un nivel de conocimientos para sentar cátedra». Pero, por otro lado, a mí me jode cortarme en ese sentido y tenemos que callar una opinión que doy con honestidad y respeto. Por eso digo que se le presupone una sensibilidad y una capacidad de análisis al músico que a lo mejor no tiene. De todos modos, yo tengo que reconocer que como oyente, cuando leo una entrevista de artistas a los que admiro, como por ejemplo Silvio Rodríguez, quiero saber qué opina de Cuba. Pero es la verdad que muy a menudo está sobrevalorado.

-¿Ahora con esta nueva oleada de música explicitamente política no le entran las ganas de decir «¡Hey, yo ya estaba antes!»?

-No, para nada. A mí me parece muy bien que la gente haga canciones con contenido político. Hace poco yo escribí sobre La ratonera de Amaral. Más allá de las consideraciones que uno pueda hacer respecto a la canción, si te gusta o no te gusta, decir que es oportunismo no me parece bien. Para mí el oportunismo es estar callado. A mí los sectarimos en todos los aspectos de la vida me parecen absurdos. Yo, si le reprocho algo a la izquierda tradicional, es que no haya tenido vocación ganadora, de saber sumar sin poner a prueba permanentemente las convicciones de otros. Parece que haya un examen de militancia permanenete. Si de repente eres capaz de emocionarte con lo que ocurre a tu alrededor y lo que lees en el periódico es que has ganado en sensibilidad. Eso me parece muy positivo.

-¿Cómo se sentía hace años cuando hacía la música que hacía y, alrededor, esto era una fiesta permanente en la que la gente no quería escuchar un discurso como el suyo?

-Bueno, siempre ha habido gente que ha demandado este tipo de música. Eso para empezar. Luego, soy consciente de que no le tengo que gustar a todo el mundo. A mí me apetece sumar público, pero de ahí a gustarle a todo el mundo, no. La gente que pretende eso es que no tiene identidad ninguna. Entonces lo entendía, pero sí me parecía hiriente ese desprecio injustificado que había. Era una corriente que despreciaba no a mí, sino a toda una tradición musical en la que pagaron justos por pecadores. Hay músicos que fueron retirados de malas maneras, gente que se ha jugado el tipo y que, de repente, “bah, esos son los cantautores”. Ahora, cuando Podemos recupera la estaca, ya hay gente que lo está diciendo:« Ya están los cantautores, esos ya están amortizados, son cultura de la transición». No es así. Mucha gente de esa se jugó la vida, se tuvo que ir al exilio y pasaron por la cárcel. Me parece terriblemente injusto, provinciano y cateto ese desprecio absurdo. A mí me parece envidiable ver como Bruce Springsteen hace con toda naturalidad un disco con canciones de Pete Seeger, que militó en el Partido Comunista y fue perseguido por la Caza de Brujas. O reivindicar a Woody Guthrie que es, para mí, el paradigma del cantautor moderno. A los estadounidenses se les podrá reprochar lo que se quiera, pero no tienen entre los músicos tantos prejuicios y son capaces de ello.

-A medianos de los noventa Los Planetas sacaron una canción, “Vuelve la canción protesta”, que ironizaba con su generación. ¿La conoce?

-Sí, claro que la conozco.

-¿Qué le parece?

-Pues está claro, es a lo que me refería antes: un desprecio injustificado por así decirlo. Para mí es algo inentendible. Entiendo que no le tengo que gustar a todo el mundo y entiendo que a ellos no les gustará lo que yo hago. ¿Qué se le va a hacer?

-Noto en el tono del disco y también en el de la entrevista una influencia muy grande del 15-M. ¿La admite?

-Sí, el 15-M fue el resultado de muchas cosas. Es cierto que fue algo inesperado con toda aquella efervescencia y la magnitud de lo que ocurrió y su capacidad de sensibilizar a mucha gente diferente. Tenía esa vocación de sumar de la que hablábamos antes. Tenía algo que también tienen todos estos nuevos partidos políticos que surgen. Mucha de la gente que esta ahí llevaba militando en el activismo mucho tiempo. Gente que estaba en las huelgas generales, que se había manifestado contra la Guerra o que venía del sindicalismo más radical, en el buen sentido de la palabra. Digamos que, cuando uno, ve el 15-M se siente parte de el de manera instantánea.

-Habrá quien diga que malos tiempos sociales mejores tiempos para los cantautores. ¿Lo nota?

-No lo sé. Podríamos entender también que mis disco es cojonudo [risas], que no solo se debe al momento social y político. Puede que sea que mi disco no esté tan mal. Yo creo que es lo mejor que he hecho hasta ahora. Disculpa la vanidad.

-No lo digo por su calidad, sino por la oportunidad. A lo mejor hay más ganas de escuchar un disco como este ahora que hace diez años.

-Seguramente. Hay una búsqueda, sobre todo de gente muy joven. Una cosa muy buena que tenía el 15-M es que se acercaba gente muy joven, que antes no solo había pasado de eso, sino que sentía verdadero rechazo. A lo mejor alguna de esa gente se siente interpelado

-Cosas como «Que el miedo cambie de bando» son muy de este tiempo.

-Sí, tienes razón.

A Veces Ciclón y Apenino salieron del escondite

domingo, febrero 1st, 2015

Dos ejemplos del pop escondido nacional (y gallego) se dieron cita en Los conciertos de Retroalimentación. Primero, A Veces Ciclón, con sus susurros, sus círculos y sus canciones que crean ambientes que atrapan. Después, Apenino, tirando del hilo electrónico y convirtiéndolo en algo con latido, respiración y temblor. Ambos cruzaron una equis en en una casilla que llevaba ya tiempo queriéndose tachar. Lástima que a unos pocos se les fuese la incontinencia verbal en la segunda parte del recital de Apenino frustrando la experiencia. Al final, tras varios “Shhhhhhhhhhh”, Marco recuperó El Mapa y logró restablecer la conexión pura y sin interferencias.

Una vez más, dar las gracias a quienes respaldan con su entrada estos conciertos, a la Casa Tomada por acogerlos y a los grupos por decir sí a nuestra propuesta. En estos momentos estamos cerrando los últimos detalles de la programación de aquí a junio. Seguramente os va a encantar a muchos. Os esperamos. Pero, por favor, en silencio.