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Archivo para agosto, 2009

“The Stone Roses”, el disco de las islas desiertas

lunes, agosto 24th, 2009

El álbum de debut de The Stone Roses celebra su 20.º aniversario con tres lujosas reediciones

stoneroses Resulta difícil encontrar en la historia del pop un grupo tan perfecto como los Stone Roses de 1989. Parece como si la palabra cool se hubiera inventado solo para adjetivar al cuartero formado por Ian Brown (voz), John Squire (guitarra), Mani Mountfield (bajo) y Reni (batería). Lo tenían todo: imagen, carisma, sonido, actitud, concepto de grupo y un puñado de canciones de esas que pueden cambiar la vida de cualquiera que esté en el lugar y el momento adecuados.

En su día, la revista Spiral dijo que el primer álbum de los Stone Roses era «el disco de las islas desiertas». Bob Stanley, el guitarrista de Saint Etienne, sentenció en la crítica que hizo reicén salido el álbum en el semanario Melody Maker que era el mejor disco de debut que había escuchado en su vida. Miles de fans sintieron exactamente lo mismo. Inaugurado por la hipnótica I Wanna Be Adored —una de las grandes composiciones sobre el sueño pop—, contiene todos los contradictorios sentimientos por los que fluye el trauma posadolescente. Es decir, toda esa mareante mezcla de euforia, recogimiento, rabia, fragilidad y arrogancia que permanecen en la recámara juvenil cuando ya se avistan los treinta y que puede salir a relucir cuando uno menos se lo espera.

«El pasado es tuyo, el futuro es mío. Todos estáis fuera de tiempo», proclama Ian Brown con el mentón subido en She Bangs The Drums, una de las canciones que más abiertamente apuntan al molde melódico de The Byrds. Las espirales melódicas de Waterfall lo hacen a The Beatles para tirarse luego por los toboganes sonoros de Jimi Hendrix. Don’t Stop, por su parte, invoca a la psicodelia extrema de cintas al revés. Bye Bye Madman acude a los suaves bucles de country-pop.

Pero más allá de la erudición en las referencias y el oportunismo de plantearlas, el disco demuestra que The Stone Roses tenían algo más: una magia que convirtió esas piezas de tres minutos y picos en verdaderos himnos generacionales. No se puede hablar de otro modo de la antimonárquica Elizabeth My Dear, el despecho amoroso con toques de clase trabajadora de Made Of Stone o la celebración de una ruptura de I’m the Resurection, cuyo pirotécnico tramo final es capaz de resucitar a un muerto.

Tres formatos
La reedición que conmemora el aniversario de la salida del álbum está disponible en tres formatos. Primero, la special edition, que incluye el álbum remasterizado y un libreto ampliado. Más amplia es la legacy edition, que además trae un segundo cedé, The Lost Demos, el deuvedé Live in Blackpool y un libreto. Por último, y ya rayando lo enfermizo, está la collectors edition, que a todo ello añade un tercer álbum de caras B, tres vinilos (el álbum original, otro con 13 caras B y otro con canciones no recogidas en sus discos) y un libreto de 48 páginas con textos de Tim Burgess (The Charlatans), Noel Gallagher (Oasis), Bobby Gillespie (Primal Scream) y Mark Ronson. Pero no solo eso: también se incluye en una memoria USB ¡con forma de limón! vídeos, tonos para el móvil y fondos de pantalla.

Más de los Stone Roses aquí

Gossip “Music For Men” (Sony, 2009)

jueves, agosto 20th, 2009

gossip-music-for-menNunca sabe uno donde se puede terminar. Seguro que Beth Ditto, la carismática voz de Gossip, ha pensado en ello alguna vez mirándose al espejo y reflexionando sobre cómo se puede pasar de la estricta independencia de la escena rrriot y queercore —movimientos punk ligados al feminismo y la homosexualidad, respectivamente— a grabar un álbum en una multinacional como Sony y convertirse en un auténtico icono de la moda que trasciende completamente el lugar natural de una cantante.

Su última aportación en ese sentido ha sido la colección de Evans, presentada en Londres en la que Ditto modelo luce sin complejos leggins y vestidos plateados dentro de una colección de tallas grandes. En lo musical, la noticia la encontramos en Music For Men, un trabajo recibido con disparidad de reacciones entre sus seguidores.

El cuarto disco de estudio de Gossip explota la veta del predecesor Standing In The Way Of Control. Es decir, de nuevo nos encontramos con ese híbrido de soul, funk y post-punk que pretende golpear y hacer bailar a partes iguales. Como unos Blondie pasados por el filtro del Nueva York pos 11-S, Gossip suenan sexys, desafiantes y con mucha actitud. Pero en esta ocasión no alcanza las cotas de excelencia a la que nos tenían acostumbrados, diluyéndose su poder por el camino.

Con una portada que transmite abiertamente el lesbianismo militante de la banda, Music For Men tiene su mayor baza en el single Heavy Cross, una ración de guitarras nerviosas con filiación directa con el hit Standing In The Way Of Control. Con una pizca de electrónica mayor de lo habitual también destaca Pop Goes The World o esa decidida apuesta por la electricidad guitarrera inserta en 8th Wonder. Pero, en general, lo que transmite este álbum es la sensación de que no se llegó a accionar el detonador de la bomba con la que Gossip exhortaban al baile.

Apostando por el caballo ganador de una fórmula que los hizo grandes, este trabajo tiene mucho de formas pero poco de fondo. Cuando todo el mundo esperaba una contundente respuesta a esa Kate Perry que asaltó las listas con el provocativo I Kiss A Girl, lo que nos encontramos es una obra a medio gas que, por cierto, no tiene ni un solo tema a la altura del Hot n´Cold de la Perry.
Imagen de previsualización de YouTubeVídeo de “Heavy Cross”

Escocia disfrutará del mejor rock nacional del momento

martes, agosto 18th, 2009

Los vigueses Indómitos hacen las escocias

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La grandeza volvió a asomarse a Galicia por segunda vez este verano

lunes, agosto 17th, 2009

Leonard Cohen
13 agosto 2009, Parque de Castrelos, Vigo

Leonard Cohen no es Bob Dylan. El canadiense se deja de reinvenciones y de hacer vivir las canciones en sus giras para luego dejar a una buena parte del público en el desconcierto.Todo lo contrario, Cohen le ofrece a la gente lo que exactamente desea la mayoría: un grandes éxitos en el que, pese a alguna variación en la carcasa, los clásicos se reconocen con facilidad. Tampoco es Bruce Springsteen. Mientras este se reserva un tercio de su repertorio para variar de ciudad en ciudad, Cohen no acepta cambios. Su show es exactamente el mismo que se puede ver en cualquier otra cita de la gira. Es más, hasta sus constantes agradecimientos, sus genuflexiones y su modo de presentar los temas seguramente responden a un guión donde todo está totalmente prefijado.

Descartada la sorpresa, solo queda lugar para la emoción. Y de esa hubo mucha flotando en el Auditorio de Castrelos en Vigo el pasado jueves. En cuanto empezó a sonar Dance Me To The End Of Love el idilio fue total. Tocando bajo y suave, cantando ronco y grave, Cohen calló a 20.000 personas y las puso a comer de su mano. Primero, dejando claro que el suyo no era un concierto de palmas y karaoke, por mucho que se intentará en los primeros compases de la canción. Segundo, dejando caer un puñado de canciones que se deshicieron en la noche cálida de Castrelos como polvos de magia.

Imagen de previsualización de YouTube Cohen interpretando “Who By Fire” en Castrelos

En el primer tramo del concierto destacó de un modo especial la tensión de Everybody Knows, la fragilidad de In my Secret Life y, sobre todo, Athem en uno de esos momentos que justifican por sí solos el pago de una entrada. Habría muchos más y, aún por encima, para la mayoría con entrada de balde. Tras un descanso de 20 minutos, la banda retornó al escenario y trazó una secuencia memorable. Ahí es nada: Tower Of Song, Suzzanne, Sisters Of Mercy y The Partisan seguidas. Luego, poco después, Hallelujah puso a todo el auditorio en pie y Take This Waltz provocó el delirio. El embriagador mano a mano entre el cantante y una de sus coristas agotó la reserva de suspiros y escalofríos.

A partir de ahí ya no había marcha atrás. Cohen sacó todo el partido posible a su peculiar puesta en escena. De rodillas al público, quitándose el sombrero, haciendo el payaso cuando abandonaba el escenario, presentando a los músicos mil y una vez. Todo funcionaba hasta el punto en el que, en un momento dado, quieto y mirando al vacío sin más, logró que todo Castrelos se deshiciera en aplausos. Con un ambiente así, enlazar So Long Marianne y First We Take Manhatan en el primer bis solo puede conllevar el éxito. Y lo logró. En el segundo brilló la angelical revisión del If It Be Your Will con arpa y todo a cargo de dos de sus coristas, recogiendo el guante de Antony, que la revisó previamente. Y para el tercero, I Tried To Leave You funcionó a las mil maravillas.

Al final, como sucedió hace unos días con Bruce Springsteen, se cumplieron las tres horas de actuación. Cambiando músculo por poesía y sudor por contención, Cohen también recordó el contenido de una palabra: grandeza. En medio del entusiasmo general, más de uno se acordó de la responsable indirecta del recital, Kelley Lynch la ex manager y amante que lo arruinó y lo devolvió a los escenarios. “Es una benefactora de la humanidad”, se podía escuchar a un chico a la salida. Mucho nos tememos que, consciente o inconscientemente, esa frase representaba la opinión general.

La voz imperturbable llega a Vigo

martes, agosto 11th, 2009

(Artículo publicado en el suplemento Fugas el 7-8-09)

Tras la visita de Bruce Springsteen a Santiago, Galicia tiene una nueva cita con uno de los grandes de la historia del rock: el canadiense Leonard Cohen. Será en Vigo, en el auditorio de Castrelos el próximo día 13 de agosto

Suele ocurrir. A los mujeriegos casi siempre les destroza la vida una mujer. Parece como si, en realidad, la meta de esos hombres que viven entre champán, medias en el suelo y manchas de carmín en la camisa fuera la de encontrar una fémina que les mostrase el lado oscuro de la seducción. Y que lo haga justo en el momento en el que no hay vuelta atrás.

A Leonard Cohen le ocurrió. Recibió una puñalada por la espalda. El canadiense se saltó esa norma no escrita que prohíbe entremezclar amor y negocios. Kelley Lynch, la que fuera amante y mánager, lo desplumó, dejándolo sin cinco millones de dólares. En el 2005 la denunció y la justicia falló a su favor. Pero no importó: Lynch se dio a la fuga y el pobre Cohen se quedó solo, arruinado y dándose cabezazos contra la pared. Hacía falta recaudar dinero y, tras la edición de un libro, la participación del documental I´m your Man y la reedición de toda su discografía, llegó el milagro: Cohen volvía a los escenarios con sus 73 años a cuestas.

Vibró e hizo vibrar. En una época confusa como la actual, donde resulta imposible encontrar un mito musical de reciente alumbramiento con la envergadura de un Bowie o un Dylan, un retorno como el de Leonard Cohen llega con aura de bendición. Como botón de muestra, sirva la referencia a su actuación del 2008 en el Festival Internacional de Benicasim, cuna de lo indie y lo novedoso. En un cartel por el que danzaban nombres como Gnarls Barkley, Mika, Hot Chip, Justice o The Kills el canadiense brilló hasta cegarlos a todos.

Uno de los encargados de la contratación de artistas del FIB, Aldo Linares, asegura que ese concierto «está entre las cinco mejores actuaciones de todas las ediciones del festival». Gonzalo Abalo, guitarrista de los gallegos Nadadora, que pudo ver el directo entre bambalinas, lo refrenda. Sí, sí, hablamos del nivel de las exhibiciones de Björk en 1998, PJ Harvey en el 2001 o Brian Wilson en el 2004. Auténticas palabras mayores.

Imagen de previsualización de YouTubeFragmento de “Hallelujah” en la actuación de Leonard Cohen en el Festival de Benicassim del 2008

El jueves que viene será el turno de Vigo, en una noche que, a priori, lo tiene todo para que la magia flote en Castrelos. Para hacerse un idea de lo que se podrá ver, se puede acudir al espléndido Live In London, un doble cedé editado la primavera pasada que recoge la actuación de Cohen en el O2 Arena. Desfilaron todos sus clásicos. Nos referimos a un impresionante listado de piezas maestras entre las que figuran Dance Me to the End of Love, Everybody Knows, Tower of Song, Suzanne, Hallelujah, I’m Your Man o Take This Waltz.

A todas les ha sentado bien el paso del tiempo y la experiencia de un Cohen que explota como nadie la mejor de sus armas: la voz. Siempre contenida, grave y narrativa se sitúa en las antípodas de lo que en rock se entiende por feeling. Pero precisamente es ese punto desapasionado lo que lo que la hace realmente apasionante. Con los años, además, ha ganado de un ronroneo muy particular. Sugiere que cada una de esas sílabas interpretadas con perfecta dicción descansa un rato en la garganta antes de que el oyente la pueda degustar plenamente. El efecto llega a un punto tal, que incluso escucharlo hablar entre canción y canción termina siendo un placer.

Una gran banda
Pero, además de sus valiosas cuerdas vocales, lo acompaña una banda excepcional que mece su música entre bandurrias, laúdes e instrumentos de cuerdas logrando momentos de una belleza nada terrenal. En algunos casos —como es el del material extraído del elepé I´m Your Man— la revisión dota a los temas de un novedoso ropaje Por otra parte, como es habitual en Cohen, la elegancia y lo femenino lo preside todo y a su sobriedad de traje negro lo acompañan tres cantantes que iluminan con sus impagables coros maravillas como Athem o Ain´t No Cure For Love.

Todo ello se reparte por una actuación que, en función de la respuesta del público, puede llegar a superar las tres horas de duración. Es decir, un minutaje similar al recital que Bruce Springsteen ofreció en Santiago el pasado domingo. Así ocurrió en León, donde Cohen llegó a hacer hasta cuatro bises. En otros conciertos de la gira se quedó en tres, pero sea lo que sea, la audiencia dsifritará de más de una veintena de grandes temas interpretados con una maestría difícil de encontrar en estos tiempos en los que el trono del pop y el rock lo regentan, ahí ven, grupos como The Killers, Muse o Franz Ferdinand.

CUATRO DISCOS IMPRESCINDIBLES

leonard-cohen-songs-of-leonard-cohen1967 El disco de debut
«SONGS OF LEONARD COHEN»
Con 33 años y un pasado literario completamente ajeno a la escena pop, Cohen salta al ruedo en un año mágico para la música. Sobresalió. De cuerpo acústico y alma folk, es el álbum de Suzanne, Hey, That´s No Way To Say Goodbye y So, Long Marianne, joyas a las que reverenciar eternamente.

leonard-cohen-songs-of-love-and-haet11971 El disco oscuro
«SONGS OF LOVE AND HATE»
Inmersión en las dobleces del amor con un puñado de canciones retiradas de todo. Turbias, minimalistas e hipnóticas, desprenden una belleza muy particular. Sirva decir que Nick Cave se fijo en ellas y versionó Avalanche.

leonard-cohen-death-od-a-ladies-man1977 El disco barroco
«DEATH OF A LADIES’ MAN»
El disco menos Cohen de toda su discografía merece una revisión. Producido por Phil Spector, la crítica lo consideró un paso en falso y lo tachó de efectista y empalagoso. El artista también renegó de él en su día. Sin embargo, su pop barroco, romántico y orquestado suena en 2009 a cuarto y mitad de gloria.

leonard-coehn-ic2b4m-your-man1988 El disco sintético
«I´M YOUR MAN»
Mirando a Kraftwerk y a los Pet Shop Boys, el discurso gana en expresividad conservando la personalidad. Su voz, cada vez más gutural, se inserta e el dramatismo de First We Take Manhattan o Everybody Knows y logra embriagar. Lo de Take This Waltz es uno de los momentos más bellos de su carrera.

Una de las canciones de la temporada

jueves, agosto 6th, 2009

Dicen que Kate Perry estaba obsesionada de pequeña por captar la atención de su padre. Este le hacía más caso a su hermana y ello generaba una competitividad que la llevó a dedicarse a la música. Puede que esas ganas de llamar la atención se proyecten ahora en su carrera musical con canciones como I Kiss A Girl, que tienen más de provocación a la sociedad americana con versos del tipo “Besé a una chica y me gustó” que con algo defendible musicalmente más allá del chiste de temporada.

Por ello, la llegada de un single como Hot n’ Cold ha sido una agradabilísima sorpresa para quienes tienen la oreja sintonizando mainstream a la caza de una canción de esas que alegran una mañana. Esta lo es. Si como decía Pablo Gil en la Guía de la Música Independiente en Españaque al escuchar rock se mueve la cabeza de atrás hacia delante, mientras que con el pop se hace de lado a lado, estamos ante una canción 100% roquera; es sonar y ponérsele a uno el cuello de avestruz. Directa, irresistible y con uno de esos estribillos que se quedan instalados en la memoria para luego manifestarse en canturreos domésticos, lo tiene todo para sonar y sonar hasta el hartazgo, pero sin llegar a hartar. Además, tiene un vídeo la mar de divertido.

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Sin duda, una de las mejores canciones de la temporada

Springsteen desafía a la lógica de la edad

martes, agosto 4th, 2009

Bruce Springsteen
Santiago, Auditorio del Monte do Gozo, 2-8-2009

Las imágenes que se pudieron ver hace unas semanas en TV2 del concierto de Bruce Springsteen en Glastonbury activaron la señal de alerta. Parecían dar la razón a aquellos que sostienen que el Boss enfila su cuesta abajo. La voz flojeaba por momentos, el cansancio se mostraba sin disfraz y las canciones, en ocasiones, se levantaban más con carisma que con esa energía que, de siempre, caracterizó los directos de Springsteen. Mientras la televisión escupía aquel The River a medio gas se podía pensar que la normalidad había llegado al mundo del Boss con varios años de retraso. Y es que no se pueden acariciar los 60, con la vena hinchada y la ética de dar siempre los conciertos como si fuera el último y que todo salga como cuando se tenían treinta. La época de atleta roquero desafiando la lógica de la edad parecía haber tocado fin.

Pues no. Quién sabe si una gripe pasajera puso aquel día en siete el baremo de un nivel que, normalmente, es diez, pero aquello definitivamente fue un día aislado. En su comparecencia en Santiago, cuando, tras un arranque entre las melodías más pop de Badlands, Out In The Street y Hungry Heart, apeló al rock apabullante y metálico de la dupla formada por Adam Raised To Cain y Murder Incorporated evaporó en un instante todas las dudas que pudieran flotar en el ambiente: el músculo Springsteen expandía su poder ante un Monte Do Gozo totalmente entregado a su discurso.

En ese momento no importaban las penurias sufridas en los accesos gracias a una (des)organización que no merece más calificativo que el de lamentable (vean al respecto, los comentarios recogidos en La Voz). No, el Boss y sus colegas de la E Street Band estaban ahí, con toda su iconografía en funcionamiento, multiplicada hasta el infinito por unas
pantallas de vídeo que mezclaban la sensación de un directo con la de estar viendo un dvd. Pero lo mejor es que el sonido, impecable en todo momento, transmitía a una banda apoteósica y en plenitud de facultades repasando un repertorio irreprochable.

bruce-santiago1Sobresalió, de un modo especial, el lado épico. El primer aviso lo dio Outlaw Pete, la polémica pieza de su último trabajo a la que se acusó de parecerse demasiado a un tema de Kiss. Engalanada de los paisajes desérticos propuestos por el gran telón de video dispuesto a las espaldas de la banda, se hizo enorme en directo. El segundo gran disparo lo dio la mentada Murder Incorporated, desafiante, tensa, probablemente el mejor momento de una noche rebosante en grandes momentos. Y, ya en la recta final, The Rising, que se revalidó como un himno incontestable.

Ahí, Springsteen instaba a la respiración contenida, al puño cerrado y al «la, la, la, la, la, la, la» coral, emocionante y a voz en grito. Pero hubo más, mucho más. La Invocación al rock n´roll de Johnny 99, al espíritu plácido de Waiting for a Sunny Day y al folk de American Land. También, un puñado de versiones solicitadas por su camarilla de fans de las primeras filas (que a su manera, se podría decir que formaron parte del propio espectáculo) como Born To Be Wild de Steppenwolf o el Rockin’ All Over The World de John Fogerty.

Pero, especialmente, sonaron esas canciones que ya forman parte de la cultura popular occidental del último cuarto de siglo. Sí, Born To Run, que cerró la primera tanda del concierto; Glory Days, que surgió inesperada; y Dancing in The Dark que puso el Monte do Gozo patas arriba. De cualquier modo, la gran sorpresa llegó tras un populista medley entre Twist and Shout y La Bamba. Ahí, cuando todo indicaba que la cosa se terminaba, surgió como un fantasma Born in the USA, su canción más emblemática. Nadie contaba con ella: no se había tocado ni una sola vez en toda la gira.
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Quizá por ello, veteranos de la causa opinaban que Bruce dio el domingo uno de sus mejores conciertos en España en años. Tres horas y pico que, sea como sea, tienen ya plaza obligada entre los grandes conciertos celebrados en Galicia. Lo triste es que para muchos ese recuerdo será sustituido por otro: el de la frustración de haber pagado una entrada de más de 70 euros y no poder acceder al recinto. Una imagen totalmente impresentable que, además de la lógica reparación a los perjudicados, no deberia repetirse nunca más.

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Fotografía: Álvaro Ballesteros