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Archivo para junio, 2008

La música en vivo que vive

domingo, junio 29th, 2008

Bob Dylan, Vigo, Ifevi, 27 de junio 2008

¿Qué se le debe exigir a un artista cuando se sube al escenario? ¿Una reproducción del material de estudio bañada de la imperfección del directo? ¿La selección de sus mejores canciones ejecutadas de la manera más fiel posible, como si se tratará del greatest hits a todo volumen para mayor gloria del karaoke colectivo? ¿Quizá una vuelta de tuerca a lo recogido en los discos, al modo de una segunda versión siempre fija que sorprenda la primera vez? ¿Cambiar todo en cada actuación? ¿Contar con un repertorio fijo para toda la gira, en el que se dosifiquen clásicos?

Algunos de estos interrogantes quedaron contestados el pasado viernes en Vigo. A la manera Dylan, claro. Tras una media hora de concierto, sonaba una pieza irreconocible. Un poderoso riff de guitarra bluesero, de esos cuya energía parece convertir las seis cuerdas en un instrumento de viento, se alzaba repetitivo y embriagador. Podía ser Tom Waits, podía ser Jon Spencer, podía ser Nick Cave. Pero no, era Dylan. Cuando este se acercó al micro y empezó a cantar se desveló el misterio: bajo el caparazón se escondía It’s Alright, Ma (I’m Only Bleeding), alambicada pieza originalmente acústica, que daba la vuelta a la tortilla para convertirse en algo totalmente nuevo. Lo único fijo era el riff y la letra. Sobre ello, la banda (excepcional, por cierto) avanzaba y Dylan pintaba con el pincel de su fraseo el cuadro en directo. Todos iban al paso marcado por él. Si decidía cambiar el ritmo, los músicos rectificaban de inmediato. El publico, por su parte, sentía el escalofrío de cada variación. Nadie sabía lo que iba a pasar con ella, porque la canción iba creciendo, viviendo, respirando, mostrando un vigor que en la original se intuye, pero que ahora abría sus puertas de par en par. Durante varios minutos Dylan, vibrante, no solo tuvo a parte del público comiendo de su mano, sino que contestó a su manera muchas de las preguntas arriba planteadas.

Decimos parte del público. Tras ocurrir todo esto, cuando sonaba ese remanso de belleza de The Spirit Of the Water de su último álbum, Modern Times, un chico le exponía su visión a su pareja: “Es que Dylan es así. A mí me gustan más los Rollling o Van Morrison, que vas a verlos y sabes que van a tocar las canciones más clásicas y que las van a tocar todas”. A Dylan… pues a Dylan le da igual. Le da igual el deseo de este muchacho, el que no haya tocado nunca en Vigo con anterioridad, ni que el 50% por ciento de su audiencia no vaya más allá de tener un grandes éxitos suyo; incluso cuando acude a la antología, lo hace, ya ven, de un modo bastante retorcido en el que para muchos es imposible adivinar la silueta original. Si no fuera así, seguramente se aburriría. Y casi mejor, porque la única concesión a los deseos de la masa, ese Like a Rolling Stone que cerró el bis, interpretado a medio gas, suena tan prescindible, plano y falto de sentido como el Satisfation de los Rolling Stones de las dos últimas décadas. Eso sí, a la mayoría de sus fans poco les importó, alzando los brazos y llenando con su griterío la falta de motivación del artista. Ya puestos, incluso se dignó a mirar al respetable, masculló una media sonrisa y, finalmente, saludo con la banda y todo. A falta de titular, cuando menos, ahí regaló un antetítulo.

Dylan concibe sus directos como piezas de un enorme gran puzzle. No dará nunca el concierto definitivo (los veteranos dicen que lo más cercano a eso en Galicia ocurrió en Santiago en 1999), sino que su vida parece un libro que se va escribiendo en vivo. Así que la actuación de Vigo apenas constituirá un pequeño párrafo. En él se debe mencionar, que además del It’s Alright, Ma (I’m Only Bleeding), también brilló con luz propia Highway 61 Revisisted (una composición echada a rodar por una autopista de rock sin freno, que se mete dentro, crece y, ummm, te hace tambalear) y Ain´t Talkin’, extensa pieza final de su último disco interpretada con total fidelidad. Son las dos caras de la moneda: clásicos resucitados (relectura a trompicones de Lay Lady Lay, Stuck Inside of Mobile With the Memphis Blues Again modelada con la dulzura del lap-steal, Leopard-Skin Pill-Box Hat abriendo el recital) y material nuevo (entre otras, Thunder on the Mountain, Summer Days o Sugar Baby tocadas con precisión) acoplándose a la perfección. Y demostrando que, muy lejos, de una momia tirando de grandes éxitos a lo robótico y con el show medido, en Dylan hallamos un artista de verdad, en perpeuto estalllido creativo, con un gran pasado, pero también un enorme presente y, visto lo visto, un futuro que hay que seguir con la misma intensidad de los úlitmos años.

Otra cosa es que un buena parte del público venga con otras intenciones y se sienta decepcionado. Algo totalmente lógico.

Like a Rolling Stone, la pieza con la que cerró el concierto capturada en video, pese a la prohibición expresa de filmar o sacar fotografías (varios de los miembros de seguridad se pasaron buena parte del concierto entre el público requisando cámaras)

Que viene, que viene…

miércoles, junio 25th, 2008

Llega Dylan a Galicia. El viernes en el IFEVI de Vigo. 35 euros, que bien merece la pena pagarlos. Oportunidad inexcusable si existe la más mínima posibilidad de acudir (para interesados, desde A Coruña sale un bus por 12 euros). Esto no es Melendi ni Franz Ferdinand, son palabras mayores. Las referencias que han llegado a este blog de su concierto en Andorra por fuentes fiables son muy, pero que muy buenas. Y ahora ,en vez de soltar el típico texto de que si es el candidato el premio Nóbel, que si es mentira que toca de espaldas, que si no saluda y es huraño o bla, bla, bla…, quedan aquí una sensacional serie de críticas de sus discos imprescindibles publicadas en su momento en feedback-zine. Todas ellas pertenecen a Enrique Martínez y logran ese algo que distingue a las plumas de categoría: generar las ganas de descubrir o redescubir esos discos de inmediato. Cada uno que escoja su opción.

The Freewheelin’ Bob Dylan

Bringing it All Back Home

Highway 61 Revisited

Blonde on Blonde

Live 1966

John Wesley Harding

Blood on the Tracks

Time Out of Mind

Love & Theft

No Direction Home – The Soundtrack – The Bootleg Series

Modern Times

Dos tópicos del rock con desigual salud: el concierto tributo y la feria del disco

lunes, junio 23rd, 2008

Concierto tributo a Dylan con músicos gallegos en A Coruña, Pub Joana’s Place. Sábado. Lleno

“La versión del Blowin’ in the Wind del 75, esa así que mola”. Tipos con sombrero. Gafas de sol dentro del local. Sudor. “Un aplauso para Joana, por tener un local así, que faltan muchos en la ciudad. Necesitamos más blues y menos Melendi”. Dylan es reinterpretado en clave blues ¡con flauta travesera! por Javier Prado, el chico de los Moondogs Blues Party. También a trío acústico, con Zapa, Graham Summer y Luis Moro, que más bien parecían la versión encogida de Crosby, Still, Nash & Young. “¿Nos vemos en Vigo, no?”, era la pregunta. The Ballad of the Thin Man resuena con una interesante versión acústica. !Qué más da! Hacer una crítica de un concierto tributo así es como hacer una crítica de una fiesta de cumpleaños. Eso, fiesta. “!Falta solo una semana para ver a Dios!”. Saludos desde el escenario. Guiños. Desde el público se llama a los músicos por el nombre. Y es que no hay escenario, se toca a ras de suelo. Carlos Childe, camarero del local se une. Tocan She Belongs To Me con maneras de blues clásico. Móviles disparan fotos. Corre la cerveza. Se invoca incluso el Dylan maldito de los 80. Solo los muy metidos reconocen el tema. Suena luego Hurricane. El cantante y el bajista de los Highlights, el grupo tributo que cierra la noche, cantando por el mismo micro. Abajo, en los pies de ambos: zapatos blancos puntiagudos versus botas de rockero. Magín Blanco, más pop con su preciosa rickembacker, se suma a la fiesta para Knockin´on Heaven´s Door . “Espero que no la conozcáis por los Guns n´Roses”. Muchas calvas. Gente de treinta y de cuarenta, pero también chavalada. Una niña de unos 17 años gasta la memoria de su cámara disparando todo tipo de fotos. Es su primer concierto en una sala. “Me encantó” ,dice al terminar. “Y ahora Tello subirá a tocar las maracas”, suelta el bajista de los Highlights. Magín Blanco tras castellanizar a Dylan, termina con Lay Lady Lay. Lo dicho, el pop. A unos tres temas por barba entre actuación y actuación, el debate. Eruditos de Dylan comentan las diferentes veces que los han visto. Como es normal se exagera. Y, claro, se miente un poco.

Todo finaliza con Like a Rolling Stone, coreado entre todos. Gesto satisfactorio en la audiencia.

Feria del Disco. A Coruña. Hotel Hesperia. Domingo. Poca asistencia

Olor a vinilo viejo. Dani Puntas de Viuda Gómez en la puerta, con su sonrisa de eterno adolescente. Pestañas por estilos: Hard-rorck, Soul, San Francisco, Indie-punk-gótico, etcétera… Los grandes grupos tienen su compartimiento particular. Predomina de los 80 para atrás. El ambiente es desolador para la venta, pero muy cómodo para quien quiera pasarse unas horas rebuscando en las cubetas. Apenas seis puestos y 1,50 euros la entrada. Muy, muy poquita gente y toda de cierta edad. Si lo comparamos con la afluencia que este tipo de ferias allá por los noventa, no hay color. Eso sí, algunas cosas siguen igual: mayoría absoluta masculina entre el público, los Beatles como reyes absolutos del cotarro y las conversaciones míticas de a ver quién controla más hechas en voz alta. Estas, un clásico de las tiendas de discos, se hiperbolizan en este tipo de encuentros. “Mira la copia francesa del Exile, déjame ver a ser si tiene la galleta original”, le comenta un chico a su novia, cuando en realidad desea que los 5 o 6 que andan por allí perciban que controla. Saca el vinilo y lo examina, girándolo. Luego llega el compadreo con los vendedores. “Ya estuve el año pasado, ¿recuerdas?”. Se avista la joyita de rigor, la que no se compras, pero que se coge, se mira, porque nunca la tuviste en la mano en tamaño real. Se trata de la edición española censurada del Who´s Next de The Who con cubierta diferente a 100 euritos de nada. Luego se avistan cosas interesantes. Casi todos los elepés de The Triffids en vinilo por menos de 10 euros cada uno. Idem con los de The Jam. Y luego están esas reediciones tan molonas que salen ahora con grueso vinilo de 180 gramos, redactadas en checho e inglés y que muchos coleccionistas no toleran. Ya se sabe, la autenticidad.

Algunos de los discos que se venden llevan firma. Es una sensación muy triste. Ayer, por ejemplo, había una copia del primer álbum de Los Flechazos Viviendo en la era pop con “Un abrazo a…” su dueño original autografiado por los componentes del grupo. Ahora, pues se vende a 40 euros. Da la sensación de que se vende ahí una página de un diario de alguien, que da pena verla arrancar. Entran ganas de comprarlo y mandárselo en sobre certificado, por sorpresa, a quien se desprendió de él.

!Al fin!

lunes, junio 23rd, 2008

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Gracias Iker

(Disculpen los no futboleros, pero algunos llevamos esperando esto desde 1994)

(Un paréntesis con The Sundays)

viernes, junio 20th, 2008

La enorme cantidad de trabajo que se vive durante estos días en la redacción (es decir, lo de siempre, que conste en acta) impide que Retroalimentación mantenga el ritmo casi diario que tenía fijado. Mientras llega ese respiro de tiempo, dejamos ahí –para recordar, para descubrir, para dejarse llevar- un video clip de los primeros The Sundays. Se trata de una de esas preciosidades de los primeros noventa, que tuvieron una efímera chispa para luego perderse en el olvido general. Pop agridulce, melancólico y tremendamente bello, escrito con letra minúscula y supuestamente intrascendente, que ha dejado, sin embargo, una gran huella en el pop posterior. Bandas como Ivy o Camera Obscura son una prueba evidente de ello.

El placer auricular que generan es como para pedir plaza en ese otro mundo en el que muchos fans del indie-pop vivimos a tiempo parcial. Lo dicho: descubran, recuerden, déjense llevar…

The Sundays
Here’s Where The Story Ends

El Beasto Recordings, 10 años de crujiente rock n´roll en vinilo

martes, junio 17th, 2008

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Un single compartido entre dos bandas coruñesas, High Time y Las Mandrágoras, solicitando la libertad de Arthur Lee (el líder de Love, que en aquel entonces estaba entre rejas) fue el primer paso de El Beasto, un pequeño sello discográfico coruñés regentado desde hace diez años por Alberto Lodeiros y especializado en garage y punk-rock. Luego llegaron Thee Virus y los Ultracuerpos, junto a incursiones nacionales (Sr. No, Nuevo Catecismo Católico) e internacionales (Flaming Sideburns, The Satelliters), siempre con las mismas premisas: undeground, rock y luciferinas ediciones de 666 copias en vinilo. ¿ La última de ellas? El giro hacia el rock fronterizo y pantanoso de los vigueses Thee Tumbitas.

Hace poco, con motivo de la efeméride, mi compañero Fernando Molezún y un servidor hicimos una pequeña entrevista con Lodeiros para La Voz y el espacio radiofónico La Barra de Radiovoz. He aquí la trascripción completa.

-En un principio, en El Beasto salieron grupos coruñeses, como Thee Virus o Ultracuerpos hasta llegar a grupos como Hells, ediciones de Fliyin Sideburns, The Snobs… ¿Cómo se va formando un catálogo así?

-Comenzamos con The Virus y Ultracuperpos, porque estaba metida gente de los grupos. Luego, más menos lo fui siguiendo yo solo metiendo a otras bandas. La única consigna que tenemos es que realmente nos gusten. No tiene por qué ser de A Coruña, ni de España, tanto da de dónde sea con que nos guste es una razón suficiente para editar un disco. Luego queremos que sea un grupo que esté interesado en promocionarlo y tocar, no el típico grupo que se reúne el domingo y nada más.

-¿Qué fue del fanzine del Beasto?

-Sacamos tres o cuatro números y lo dejamos por falta de tiempo. La gente casi no compra revistas en papel, y en España quedan muy pocos fanzines. Los que sobreviven están a punto de desaparecer.

-Publican ediciones de 666 copias. ¿Cómo logran que se les fabriquen esas tiradas?

-Bueno son 700, pero ponemos 666 porque queda mejor [risas].

-¿Cómo se hace para publicar un vinilo hoy en día?

-Pues nada, solo necesitas tener el master de grabación y llevarlo a fábrica. Nosotros trabajamos con una fábrica en la República Checa, porque es muy barato y muchos menos impedimentos. Aquí, en España, es muy difícil.

-¿Esa decisión de editar solamente en vinilo es romanticismo, cabezonería o es que no conciben el rock en otro soporte?

-Es puro romanticismo. Mucha gente nos dijo para fabricar en cedé, pero no nos interesa. Sabemos muy bien cómo empezamos el sello, cuáles son nuestras limitaciones y adónde queremos llegar. No nos vamos a hacer ricos ni nada vendiendo cedés y, dentro de lo que hacemos, la verdad es que no nos va mal.

-Uno de vuestros últimos lanzamientos, The Phantom Keys, están siendo un éxito dentro del mundo del garage-sixties.

-Sí, vendieron 1000 copias en menos de un mes, algo increíble tratándose de singles de vinilo. De la segunda edición de 500 deben quedar unas 20 copias. Sobre todo funcionan mucho fuera de España. Es un grupo que no sé por qué empezó a tener reconocimiento europeo y tocó en festivales en Italia, Inglaterra. Ahora se van al Primitive, que viene siendo el festival de garage más importante de Europa.

-El primer material que editó fue el single “Turn Off The Light” de Los Eskizos, una banda local mítica de los primeros 90. ¿Cómo recuerda aquellos tiempos?

-Bueno yo no soy coruñés. Llegué aquí con 18 años y me encontré con Los Eskizos y recuerdo aquello como llegar a una ciudad con mucho movimiento. Para mí, Los Eskizos fueron como Sex Museum a nivel nacional, un punto de referencia generacional. Creo que para mucha gente supusieron lo mismo.

-¿Se van a reeditar alguna vez sus discos?

-Se puede hacer, porque los derechos de aquel single son míos y de Antonio Astray, el guitarrista, pero no sé si tiene mucho sentido. Lo que sí que me gustaría hacer es algo como lo de Viuda Gómez e Hijos, porque tengo maquetas del grupo, grabaciones de la tele que se pueden recuperar el sonido… todo es hablarlo.

-El doble single “La Viuda está de vuelta” ha sido otro rescate del rock coruñés

-Es la primera grabación que existe de ellos. A mí el elepé que sacaron me gusta, pero no creo que sean los Viuda del principio. Yo quería sacar algo que mostrase lo que en realidad eran al principio.

-Ese trabajo forma parte del club del single. ¿Hay que salvar al vinilo como si fueran las orcas en peligro de extinción?

-Bueno, ya no creo que necesite la salvación que, a lo mejor, le hacía falta hace 5 años. Se está sacando mucho vinilo, incluso los grandes sellos están reeditando su catálogo en vinilo. Nunca desapareció, pero ahora parece que vuelve a tener importancia.

-Decía antes que The Phantom Keys vendían sobre todo fuera. ¿Ocurre lo mismo con los otros grupos del ello?

-El de Viuda Gómez no, pero la mayoría de lo que publicamos sobre un 70% es de fuera de España, incluso en los grupos locales como los Ultracuerpos.

-El punk-rock y el garage parecen la guía del sello. ¿Es así?

-Eso es porque no surgió la oportunidad de sacar otras cosas, no estamos cerrados a nada. Mis gustos abarcan muchas cosas, no solo garage, punk o rock. No queremos llevar una línea cerrada, para nada.

-Cuando nacieron, en los noventa, muchos decían que se había muerto el rock. Luego, al parecer, resucitó. ¿Cómo vieron ese proceso?

-Al rock lo llevan intentando matar desde los cincuenta y eso va todo por ciclos. En cuanto aparece una moda nueva, sea la electrónica o sea la fusión, pues el rock se acabó, pero en realidad el rock continua, sobre todo en el underground. Ahí nunca se oye decir que el rock ha muerto. Eso es lo que continúa siempre, y es lo que hace que rock no haya muerto nunca

-¿La popularidad de bandas como The White Stripes o The Strokes, puede repercutir en los sello pequeñitos como el suyo?

-Debería, pero no estoy muy seguro. Que los White Stripes vendan muchos discos está bien, pero para un sello como el nuestro no sé si se nota. Siempre es mejor que vendan ellos que cualquier grupo de estos de fusión flamenca que tenemos por aquí…respetando mucho la fusión flamenca [risas]

-También realizan promoción de conciertos en A Coruña y Galicia en general. ¿Cómo está funcionando el público?

-Hace 6 o 7 años, sí que funcionaban. Cualquier cosa que traías a la ciudad había muchísimo público. Los grupos se quedaban flipados, había tanta gente aquí que en Madrid. Luego bajó un poco, pero también se ve como va llegando una generación nueva. De nuestra edad ya quedan pocos [risas].

-¿Se atrevería a decir un disco clave en la historia de El Beasto?

-Ummm… el disco que fue la primera sorpresa el de Jon Iturbe and the Radio Gansters, que se vendió muy rápido, sobre tres meses, Como hacemos ediciones iguales, tardan más o menos pero se venden todas.

-Se habla que existe un sonido de garage propio de A Coruña. ¿Lo ve usted así?

-Siempre hubo, en cuanto a sonido en el ambiente en el que muevo yo, una especie de actitud de los grupos de Coruña respecto al garage, que no eran no tan cerrados en un estilo. Hacían garage, combinándolo con otras otras influencias y ello creo que les da un sello especial.

-¿Cuáles han sido las bandas coruñesas que le han llamado la atención recientemente?

-Triángulo de Amor Bizarro cuando empezaron me llamaron mucho la atención. También son muy interesantes Black Panda, en la onda hardcore, pero son grupos que nos salen en ningún lado, porque fuera de su círculo nadie se entera. Acaban de ir a tocar a Finlandia.

En sala mejor, por favor

lunes, junio 16th, 2008

Grabar en analógico, usar instrumentos de época, editar en vinilo… La liturgia rock está llena de lugares comunes en los que se acude en la búsqueda de la pureza y la autenticidad. Todo para alejarse de ese devenir de los tiempos que, en ocasiones, desvirtúa la esencia y el sentido de todo ello. Si se fijan, hasta los grupos más modernos, en cuanto tienen algo de dinero y medios, se refugian en lo supuestamente “verdadero”.

No ocurre así, sin embargo, con las salas de conciertos, el lugar natural del rock, donde muchos aprendimos a disfrutar de la música en vivo golpeándote en la cara, como debe ser. Estas cada vez están más devaluadas en favor del formato “rock en el teatro” o el inevitable festival, creando algo inaudito: una generación de aficionados a la música que, pese a contar con varios fibes y summercases en la mochila, apenas pisan las salas de su ciudad.

Al modelo teatro/auditorio se le otorga el plus de la calidad sonora y la comodidad. Al de festival el factor pack, es decir poder ver 20 grupos por el precio de uno (aunque… al final termines viendo 15 minutos de 5 grupos) y, como no, el buen rollito de pasar un fin de semana fuera de casa. Entre ambas modalidades, que hace un década eran la excepción y ahora empiezan a ser la norma, se está arrinconando a las salas a ser meros receptores de bandas pequeñas o medianas, en el caso de ser nacionales. Ello es debido a que el formato teatrero y festivalero cuenta, por lo general, con dinero público y/o de fundaciones, y con su proliferación se ha generado una guerra de promotores para lograr artistas, que no ha hecho sino disparar cachés de bandas a un precio que ninguna sala, que no cuente con una subvención pública (es decir, ninguna), puede pagar.

Una vez consumado el fenómeno, cada vez en mayor aumento, se puede encontrar con casos que hablan por sí solos. Pongamos un ejemplo. En el verano de 2003, Pj Harvey ofreció un único concierto en España. El lugar elegido fue el auditorio de Salamanca, con asientos numerados, azafatas y pulcritud máxima. Llegada la hora salió la artista y arrancó con los acordes arrastrados de To Bring You My Love. El orden, el silencio y la numeración duraron exactamente un minuto.Todo el mundo se levantó y el concierto termino siendo “de pie”, con gritos, sudor y ardor. Y es que, afortunadamente, el rock punzante y carnal, no se puede domesticar en un teatro.

El club, la sala, la oscuridad… una guitarra eléctrica nunca va a respirar mejor que ahí.

Coldplay “Viva La Vida or Death and All His Friends” (Emi, 2008)

jueves, junio 12th, 2008

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De todos los aspirantes al título de “nuevos U2” surgidos en la última década Coldplay eran, sin duda, los más válidos. La progresión entre Parachutes (2000), su sombrío e intimista primer álbum, y A Rush of Blood to the Head (2002), el segundo que ya miraba abiertamente a la épica de estadio, así parecía confirmarlo. En ambos casos existían buenas canciones, solidez sonora y ese algo de magia que hizo que joyitas como Yellow o In My Place pasasen a formar parte de la intimidad de miles de personas en todo el mundo. Sin embargo, llevados por la inercia, editaron X&Y(2005), un insulso ejercicio de estilo deslavazado y totalmente hueco que puso al grupo pronto en tela de juicio. Las actitudes paranoicas y persecutorias de su vocalista, Chris Martin, tampoco ayudaron y, por aquel entonces, todo apuntaba a que una de las esperanzas de la música comercial con calidad (esta sí, de verdad, no lo que se vende en España como tal) se venía abajo.

Con propósito de enmienda semeja que llega Viva La Vida or Death And All His Friends que renueva considerablemente el sonido de la banda, sin por ello renunciar a sus raíces. Producido por Brian Eno (la mano que moldeó The Unforgettable Fire de U2, de cuya pócima sonora tiran ahora lo suyo ¿quién dijo que la referencia era Rattle and Hum?) en él se constata que el grupo ha buscado nuevos horizontes, dejándose cubrir por el barniz ambiental. En efecto, desde el instrumental de Life in Technicolor que lo abre no es difícil apreciar el pincel de My Bloody Valentine, Cocteau Twins, Sigur Rós e incluso Seefeel otorgando una distintiva capa de niebla, hipnosis y repetición a ese sonido tan suyo de guitarras limpias, falsete eterno y pianos que llevan el New Years Day de U2 incrustado para siempre en el ADN. Ello provoca que la escucha del disco sea como pelar una cebolla en la que, a cada escucha, van surgiendo nuevos matices y hallazgos.

Solo hay que ponerse ante el primer single, Violet Hill, donde en una de esas progresiones de piano trotón con parada lírica y batería a piñón fijo, ya típicas en Coldplay, se agrega un fondo de marañas guitarreras que parece extraído del noise-pop de los primeros noventa. Esa es la tónica dominante y, con alguna agradable sorpresa de por medio (palmas latinas surgiendo en Cementeries of London, dudosos aires arábigos en una Yes que, no obstante, muta en un impresionante tramo final totalmente shoegazer o la emoción contenida de Viva La Vida, erigida sobre vigorosos sintetizadores y ondas de cuerdas), lo cierto es que este trabajo se deja querer tanto por lo que tiene de esencia, como de presencia.

De aquí a unos meses se sabrá si estamos ante un espejismo o una realidad, pero así, a primeras, lo cierto es que Viva La Vida or Death And All His Friends vence y convence.

Los jóvenes, el pop y la alta cultura

jueves, junio 12th, 2008

En la interesante entrevista con Nicholas Penny, director de la National Gallery de Londres, publicada ayer en El Pais, dos perlas relucen poderosamente en estos tiempos de posmodernidad, culto a la juventud, hibridación y todo vale. Bien valen una reflexión:

“No tengo ningún interés en hacer de la National Gallery un lugar popular entre los jóvenes. Si les gusta a ellos sólo habrá gente joven. El sector social más elitista de hoy son los jóvenes. Excluyen todo lo que no sea como ellos. No quiero que la National Gallery se convierta en uno de sus clubes. Los que entren deben desear formarse. Los museos son fuente de conocimiento. No de espectáculo”.

“Es fácil hacer que otro tipo de visitante venga a los museos. Sólo tienes que organizar un concierto pop en medio del museo. La gente vendría. ¿Pero se quedarían después?”

Pulp-Rock: lecciones maestras de periodismo musical

miércoles, junio 11th, 2008

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Ruta 66 ha sido la mejor publicación de rock editada en España. Entre sus páginas muchos hemos descubierto a MC5, Galaxie 500 o Nick Drake y hemos leído los mejores textos en castellano de Led Zeppelin, The Supremes o Wilco. Pero, sobre todo, hemos aprendido a disfrutar de un algo muy especial que solo allí se daba y que ha sido (o debería ser) un modelo a seguir por los que hoy se dedican a escribir sobre música. Nos referimos a los análisis en profundidad de los artistas, elaborados con un tono literario, detallista y erudito, en los que el escriba se sumergía en la obra a tratar aprehendiendo sus entrañas, como si fuera el último estudio que se hiciera de él (es decir todo lo contrario a la mayoría de la prensa musical actual: superficial, de tendencia, olvidable). Esos textos siempre terminaban por ser la referencia “intelectual” a la que acudir sobre seguro, en esos tiempos en los que no existía Internet y la competencia (Rockdelux, Popular 1) no estaba a la altura y era de todo, menos fiable.

Gran parte de esta reverencia se debe a Ignacio Juliá, el co-director de la revista junto a Jaime Gonzalo, que en el verano de 2005 decidió publicar Pulp-Rock (Editorial Milenio), una imprescindible antología de algunos de los mejores artículos de la revista con su firma, junto alguna pieza de la fenecida Star. El recorrido es apabullante, toda una lección maestra de literatura rock en los que caben ensayos sobre todo tipo de artistas de Roy Orbison a Hank Williams, pasando por Giant Sand. Especialmente brillante resulta la disección del Dry de Pj Harvey (uno de esos textos que los lees y necesitas ir inmediatamente a la tienda de discos a hacerte con el disco), el trepidante relato de la obra de Lou Reed en la década de los setenta o la breve pero intensísima semblanza de Joy Division.

Aunque el grueso de los textos son rescates de artículos ya publicados con anterioridad, el volumen incluye hasta cuatro piezas inéditas sobre Fred Neil, Elvis Costello, Patti Smith y Phil Sector. Solo por la última, un excelente retrato psicológico y artístico del pequeño gran genio de la era pop que produjo Be My Baby, ya merece la adquisición. Por poner un ejemplo, así describe una producción de Spector: “Meteoros incandescentes cruzando el firmamento con fogosa urgencia, óperas pop de escasos minutos propulsadas por ciclópeas orquestaciones y arreglos masivos, música abusiva y rebosante de pasión que cambió el curso de la historia”.

El libro se completa con reflexiones del autor y una coda final de J de Los Planetas donde cuenta su idilio con el Ruta 66. Un broche final para una obra por la que no estaría mal que se pasasen todo aquellos escribas, que lamentablemente son cada vez más frecuentes, cuyas herramientas de trabajo son el google, la wikipedia, las escuchas apuradas en Myspace y el recorta y pega de textos ajenos, que a su vez copiaron previamente hojas promocionales.