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Que la ley antitabaco no rompa la liturgia rock

Escrito por Javier Becerra
16 de junio de 2013 a las 1:46h

Las actuaciones en directo tienen mucho de acontecimiento. Existe un placentero nerviosismo previo a la celebración de un concierto que explica mejor que nada lo que es el pop y las reacciones que este genera en quien lo sigue. El fan se viste para la ocasión. Escucha en casa mientras se arregla el grupo que va a ver. Queda con los amigos. Hablan de música y de sus mil y una teorías de camino. Revisa el look en los escaparates mientras camina. Acude al bar cercano a la sala. Tocan cervezas, las copas para luego. Allí, por las pintas, se identifican a otros hermanos espirituales. Se ven camisetas de grupos, estéticas fuera de lo normal, aire excepcional.

El siguiente paso de la liturgia consiste en entrar en el local de la actuación. La oscuridad de club unida a la expectación genera una atmósfera envolvente. La música del disjockey, si este está un poco en la onda, acompaña. La gente se mira. Otros se evitan. Algunos hacen lo imposible por ser vistos. Y todos sienten esa tensión deliciosa, mientras los instrumentos brillan mudos en el escenario esperando escupir ruido celestial.

¡Quieto, parado! La escena descrita, sin embargo, forma cada vez más parte del pasado. ¿La culpa? La Ley Antitabaco y sus efectos secundarios. Sí, la costumbre de esperar fumando en la calle ha desbaratado una buena parte de maravilloso clima previo al inicio del concierto. Cada vez son más los grupos que arrancan el bolo sin nadie en la sala. El público se encuentra fuera. Fumando o acompañando al fumador. «¡Hey, que ya empezó el concierto!», se escucha a veces a los promotores. Y entre calada y calada se pierde un tramo inicial que, de verdad, no se debería perder.

¿Y si volvemos a acercarnos a la música como adolescentes?

Escrito por Javier Becerra
6 de junio de 2013 a las 21:52h

Leo en redes sociales una discusión que captura mi atención. La abre un fan de Savages, obnubilado por la exhibición que el cuarteto londinense hizo en Oporto dentro del Optimus Primavera Sound. Lanza flores a las autoras del debut de la temporada y se muestra entusiasmado con su directo en el festival. Pero lo que recibe no es precisamente feedback positivo. Todo lo contrario, los comentadores hablan de bluff, de copia de Siouxsie and The Bashees, de grupo de temporada… Uno incluso lo compara con el supuesto fraude que para él son Lori Meyers por saquear a Los Planetas y Los Brincos.

Nada nuevo bajo el sol. Un grupo saca la cabeza con (determinadas) influencias pretéritas y salta la chispa. Casos recientes: le pasó a The Strokes, le pasó a Franz Ferdinand, le pasó a Interpol y le pasó a The Libertines. A Wilco no, porque introdujo el salvoconducto que exime de la tacha (darle, por ejemplo, pinceladas kraut-rock, vaya), pero casi. Uno no puede más que tener la sensación de haber vivido esto mil y una vez. Y de empezar a verlo todo cada vez con mayor distancia. Por cansancio, pero también por convicción.

Viajemos al pasado. Les contaré mi experiencia particular. Allá por 1990, cuando empezaba a leer revistas de música, existían dos grandes polos de atracción: Guns n’ Roses y The Stone Roses. Por alguna extraña cuestión, el ambiente incitaba a decantarse por uno u otro. Los defensores de Guns n´Roses echaban en cara a The Stone Roses su sonido blandengue, su arrogancia british y su, al parecer, débil directo. Los de The Stone Roses decían que Guns n´Roses eran retrógrados, que no iban más allá de mezclar a New York Dolls con Aerosmith y que encarnaban todos los males del rock en su versión más rancia. Uno, que tenía 14 años y estaba lejos de lo que se entiende por criterio, los disfrutaba por igual. Pero no de cualquier modo. FLIPABA con ellos. Escuchaba Appetite For Destruction y The Stone Roses con toda la emoción posible. Nada más que eso. No existía un análisis a mayores. Solo calambres, incontinencia adolescente y pasión, mucha pasión. A cambio, obtenía un chorro continuo de placer.

Además de los que integraban un bando u otro, existían otros personajes en la escena. Mucho más mayores, con sabiduría musical y, sí, con ese criterio que a mí se me escurría. Estos desechaban a ambas bandas. ¿Argumentos? Guns n´Roses y The Stone Roses no hacían nada nuevo, todo en ellos era copia de copia de copia y palidecían respecto a sus referentes. Vamos, que Aerosmith se comería con patatas a la troupe de Axl Roses y The Byrds se cepillarían del mismo modo a los chicos de Ian Brown. Los dos, desde ese punto de vista, resultaban simples naderías en el mapa musical del momento, cosas que solo los niños con escasa cultura musical podrían disfrutar. ¡Y vaya si los disfrutábamos!

Hoy en día creo que pocas personas menores de 40 años, de uno u otro bando, se atreven a cuestionar la calidad de Guns n´Roses y The Stone Roses. Los mayores, los que opinaron en su día, siguen en algunos casos quitándole relevancia. Pero no queda la menor duda de que ambos son referentes, que su sonido de supuesta segunda mano resulta en la actualidad perfectamente identificable e imitable y que entran dentro de la categoría de grupazos. Sí, igual que lo que ocurriría luego con Suede, Black Crowes, The Quireboys, Oasis o The Strokes, bandas que padecieron el mismo desaire de ciertos críticos y fans. Frente a ello, dejaron discos tan fantásticos, intensos y emocionantes que, a su lado, toda la palabrería se esfumaba en el aire.

Es momento quizá de volver a tener 14 años y entregarse a la música como entonces. Con la curiosidad, con la excitación y con el corazón, dejando a un lado toda esa “cerebralidad”, ese estar de vuelta de todo y esos dogmas que terminan en un callejón sin salida, a veces tan absurdos como aquel de Rockdelux cargándose en su día alegremente el Kid A de Radiohead en base a que Autechre y otros grupos de la IDM ya había usado antes texturas similares.

Así uno puede abrazarse a un grupo como Savages y disfrutar, sin cargo de conciencia, de sus latigazos de electricidad, de sus canciones afiladas y de su empuje avasallador. Yo lo hice tanto con su notabilísimo debut (que sí, que tira de Siouxsie, pero también de Joy Division, Clinic o Sleater-Kinney, por ejemplo) como de un directo realmente tremendo. A los que siguen mirando desde la barrera les invito a que salten al foso. Aquí hay banda, hay sonido y hay canciones. Que en el segundo disco se echen a perder o no, lo desconozco. También si dentro de un lustro alguien se acordará de ellas o serán como Elastica, Art Brut o The Pipettes, un efímero (pero maravilloso) estallido de temporada. Sí puedo asegurar que, hoy por hoy, Savages son una de esas bandas con las que dan ganas se enfundarse una camiseta con su nombre para vivir la música como entonces, cuando el Apocalipsis pop según Simon Reynolds aún estaba por llegar.

Foto de Savages en en el Optimus Primavera Sound de Oporto obra Xavier Valiño

Por favor, el Ipad para casa no para los conciertos

Escrito por Javier Becerra
4 de junio de 2013 a las 10:50h

Fin de semana pasado. Oporto, Optimus Primavera Sound, actuación de Blur. Primeras filas. Desfase de euforia. Chillidos de placer. Pequeñas avalanchas. Fans cantándote There’s No Other Way a gritos en la oreja. Un vaso de cerveza volando y salpicando. Sorprendentes estallidos de pogo. Una pareja fotografiándose con Damon Albarn de fondo. El fan que supera el 1,80 plantado como una roca inamovible. Histeria colectiva. Una chica de unos 16 años escoltada por unos padres maravillosos. Y tú en el medio. Sin problemas. Se ha venido a eso, a hacer el fan. A sentir el sudor, arquear una sonrisa y botar hasta que las piernas aguanten al son de esa música maravillosa. Esto no es un teatro. Es un festival. Son sus reglas. O las tomas o las dejas. Y tomarlas resulta muy placentero. Definitivamente, la experiencia compensa. Pop en estado puro. La pasión supera a todos los comentarios hechos desde la superioridad moral de los supuestos entendidos. Que se queden atrás frotando la barbilla y sentando doctrina.

Sin embargo, en medio de la escena surge un obstáculo irritante. Un tipo saca un Ipad, lo levanta con las manos por encima de su cabeza y se dedica a grabar el concierto con él. Si, sí, ahí plantándolo en medio de todo el mundo. El artilugio va mucho más allá del móvil que, aunque a veces pueda molestar, se sobrelleva. Supone cuatro veces su tamaño. Como si alguien situase una carpeta justo delante de tu campo de visión. Te encuentras detrás, empiezas a ver al concierto tras esa pequeña pantalla. Luego a esquivarla. Más tarde, enfadado, a intentar soportarla como si no existiera. Que no te impida estar a lo que hay que estar: al concierto. Imposible, el cacharro ese del demonio posee una especie de imán hacia tus pupilas y tu atención. Hasta que optas por moverte unos metros. Pero allí te encuentras a otro tipo con el mismo procedimiento. O peor: este graba con su tablet a las pantallas de vídeo, no al escenario. Estoico, resiste las embestidas como si se tratase de una misión, un tanto absurda pero una misión. Y logra que el estado de irritación permanezca. Te entran ganas de decirle algo, como cuando el vecino de arriba poner la tele tan alta que retumba su Home Cinema en el techo de tu casa. Pero no lo haces.

El tema resulta conflictivo. Y se empieza a imponer una cierta opinión contraria y generalizada a esas grabaciones en los conciertos. Igual que se machaca al cedé o se discute sobre la acústica de ciertas salas por inercia, también se echan pestes de los móviles y sus usuarios. Curiosamente, ayer Diego A. Manrique hablaba de ello y de cómo muchos artistas empiezan a ponerle coto al tema. Rompo una lanza al respecto. Gracias a esos “registradores del pop” podemos disfrutar en Youtube de instantes maravillosos inmortalizados para siempre. Todos tiramos de ellos. Sin salir del bolo de Blur en Oporto, vean esto por ejemplo. Yo mismo, sin ir más lejos, a veces grabo alguna canción con el teléfono de los conciertos de Retroalimentación para luego colgar en el blog. De ese modo, algunos han podido conocer el maridaje entre TAB o Jorge Ilegal, algo que de otro modo se perdería para siempre. También suelo fotografiar al grupo que estoy viendo y lanzo la imagen por las redes sociales con un pequeño texto. En el último Festival do Norte, fui más allá y lo comenté, actuación a actuación, por mi cuenta de Twitter a modo de experimento periodístico. Habrá a quien le guste y a quien no. Los últimos lo tienen fácil: dejar de seguirme. No pretendo causar molestias.

Ahora bien, lo de espetarle al de atrás un Ipad resulta ya excesivo. Sinceramente, me importa bien poco los motivos que llevan a alguien a ello: si es por quedar de guay con sus amigos en el Facebook o si lo hace para elaborar un sesudo un documental sobre la sociología de los festivales. Con el tiempo uno ha desarrollado, especialmente en este tipo de eventos, un alto grado de tolerancia. A mí con tal de que no me molesten, el resto me da igual. Si la gente va a dejarse ver, a descubrir nuevas bandas para incorporar a su vida, a presenciar solo un concierto o a reafirmarse en su condición de personaje cool es cuestión suya, no mía. Sin embargo, reconozco el florecimiento de instintos destructivos en mí en la situación descrita en el segundo párrafo, solo comparables a las del público hablando en voz alta durante los conciertos o el tipejo sin camiseta que te restriega su sudor en medio del tumulto. La experimenté el pasado fin de semana por primera vez. Ni se me pasaba por la cabeza que algo así se llevase a la práctica, pero veo que ya se ha convertido en una auténtica epidemia. Ojalá decaiga poco a poco. Y el sentido común autorregule un comportamiento realmente odioso.

El Optimus Primavera Sound claudicó a la nostalgia pop y ruidosa

Escrito por Javier Becerra
3 de junio de 2013 a las 13:39h

OPTIMUS PRIMAVERA SOUND
Oporto 31 de mayo y 1 de junio 2013

Ya no calzan Adidas Gazelle, no visten aquellos vaqueros acampanados de entonces y a duras penas logran defender el flequillo. Pero están ahí, festejando que un día fueron jóvenes y fans de BLUR. Con New Balance, pantalones pitillos y bastante menos pelo se sintieron por una noche como en los noventa. Entonces su mundo cumplía veinte años, no existía miedo al futuro y Girls & Boys sonaba de fondo. Ahora un pie pisa los cuarenta, el presente se tambalea en una cuerda floja y, al parecer, Two Door Cinema Club son el grupo británico del momento. Sí, esta vez sí: cualquier tiempo pasado fue mejor. Miles de gargantas gritando al unísono “¡¡¡¡Parklife!!!!” cada vez que Damon Albarn los apuntaba con el micro parecían confirmarlo. 

Imagen de previsualización de YouTubeBLUR interpretando “Parklife” ante el delirio colectivo

Corren tiempos de nostalgia. El público la demanda. Y el Optimus Primavera Sound se rindió ante ella. Ya en la primera jornada del festival (en la que este escriba no estuvo presente) tuvo que venir un veterano, Nick Cave, a dar una lección magistral. También The Breeders, a celebrar el 20 aniversario de su mítico Last Splash en otro de esos complacientes ejercicios revisionistas típicos de estos tiempos. Al día siguiente eran BLUR los que acudían a la llamada para ondear la bandera brit que portaron hace dos décadas. Su concierto lo eclipsó todo en la segunda fecha del festival y respondió a las expectativas regresivas. ¡Shhhh!, ni hablar de decadencia. Al contrario de aquella desastrosa visita al FIB de 1999 con actitud de ingleses-de-vacaciones-en-el-Mediterráneo, esta vez BLUR lo bordaron. Sonaron potentes, derrocharon energía y contagiaron una inusitada vitalidad. Todo, con el handicap de lidiar con un repertorio y una imagen tan ligada a lo juvenil como la suya. Sin problemas. La inicial Girls & Boys puso al grupo y al público a disfrutar. Lifting colectivo, hedonismo pop, vibraciones maravillosas. Ya no hubo vuelta atrás.

Damon Albarn brincó como lo hacía en los días de vino y rosas del Brit-Pop y resultó igual de payaso que entonces. Jugó con el público, lo guió y lo manejó a su antojo. Tras él, la banda ampliada con cuatro coristas y una sección de viento, repasó con solidez un repertorio inmarchitable. Desde los botes de euforia con los que fue recibida primeriza There’s No Other Way al pogo desmadrado que se generó con Song nº2 al final, lo que se vivió en Parque da Cidade resultó algo así como la gloriosa celebración colectiva de un pasado ideal e idealizado . Como quien escribe una vez más (y van…) el epílogo de esa idealizada juventud en la que nada parecía imposible. 

Todas, o más bien casi todas (¿por qué dejarse To The End?), acudieron a la cita. En orden y convenientemente dosificadas. Auténticos clicks en el corazón. La perezosa melodía Bettlebum, ladeando cabezas con ese estribillo que se deshace en el aire; la carismática Tender, con el público ejerciendo de multitudinario coro góspel; la zozobra piscodélica de This Is A Low, creando un telón de ensoñación; Country House, servida como un delicioso caramelo pop de fiesta, sonrisas y lligereza. Así hasta el infinito. Al final, tras arriesgar gafas y tobillos con Song nº2 el veredicto resultó unánime: BLUR se salieron. Tan grandes como en los noventa. O incluso mejores. Y totalmente vigentes. He ahí sus (buenísimos) temas nuevos.

Antes de ellos, cabe destacar una nueva exhibición de SWANS, confirmando que son uno de los mejores directos del rock actual. Con Michael Gira totalmente poseído, trenzaron su música catártica, terrorífica y demoledora. Bendecidos por el gran sonido del escenario Super Bock (el mejor de todos) firmaron probablemente el pase del día. Cabe señalar también la agradable actuación de NEKO CASE cayendo la tarde, quien homenajeó a The Sangri-las en clave country, y la de DANIEL JOHNSTON que con su pop errático marca de la casa encandiló a sus entregados fans y repudió a los que no lo son. “Esto parece como cuando un padre se envalentona en la boda de la hija y canta”, comentaba un espectador. También mentar los elogios que despertaron los pases de METZ y FUCK BUTTONS. De estos, lo siento, yo nada os puedo contar. Se escaparon totalmente a mis horarios. Uno, novato, no supo muy bien cómo gestionar el tiempo y las esperas entre actuación y actuación.  

EL TURBADOR PLACER DEL RUIDO 

La nostalgia se vistió de ruido en el tercer día del Optimus Primavera Sound. Los maestros en su administración, uso y disfrute desde los ochenta, MY BLOODY VALENTINE, convirtieron en real la fantasía auricular de toda una generación. Su música ha sido tan mitificada en disco como deseada en directo y su plasmación genera una sensación ambigua: la de hacer de carne y hueso temas que siempre flotaron en un mundo irreal pero, al tiempo, obligar al pellizco precisamente por ello. Y todo desde el mismo arranque en el que, a por todas, se invocó la dupla mágica de la parte central de Loveless , con las maravillosas I Only Said y When You Sleep. De este modo la formación de Kevin Shields dejaba claro que desechaba la idea de que su último álbum, m v b, ejerciera de guía de su actuación, algo que en principio podría casar con una reivindicación del papel del grupo en el 2013. No ocurrió así. Hubo parada en la melodía a cámara lenta de Only Tomorrow con esas viscosas guitarras que en directo parecían masajear al espectador. También en la luz bailable de New You, que surgió al poco de arrancar como un revelador beso pop. Pero, en todo momento, presidió la fórmula del grandes éxitos con suplemento de agresividad.

Imagen de previsualización de YouTubeMY BLOODY VALENTINE abriendo su actuación con “I Only Said”

Sí, MY BLOODY VALENTINE sonaron duros, muy duros ¿Qué queda hoy de aquello de que la banda había extraído toda la violencia al rock con Loveless? La actitud macarra de Debbie Googe aporreando su bajo en los mismos trastes con fruición indicaba más bien todo lo contrario. Y You Made Me Realise, tras varios minutos de contención, resultó toda una detonación noisepopera cuya onda expansiva alzancó a todo el Parque da Cidade. En la otra cara de la moneda surgió ma-ra-vi-llo-sa To Here Knows When. O lo que es lo mismo: Bilinda Butcher poniéndole rostro a la gran nana narcótica del shoegazer. Al término, nadie pidió bises. El público se había quedado exhausto. Algunos, como los chicos de Franc3s que se les pudo ver en las pantallas de video durante la actuación, hablaban del concierto de su vida.

Antes de ellos, LOS PLANETAS dieron la gran sorpresa de la noche, apelando también a hojas del calendario arrancadas hace años. Tocaba soplar las velas de 15º aniversario de Una semana en el motor del autobús, el disco emblema del indie patrio. Todo pintaba mal. Desde la idea misma del concierto al estado actual del grupo, cuyos problemas internos trascienden incluso a las redes sociales. Quienes los habían visto en Barcelona avisaban: desastre a la vista. La posibilidad de darle la vuelta al pronóstico en Portugal semejaba más bien una quimera. Pues, ¡voilá!, sucedió. De menos a más, a mitad de concierto los granadinos se encontraban ya en otra dimensión. Temas como Toxicosmos o, muy especialmente, La Copa de Europa resultaron sencillamente espectaculares, la banda se mostró compacta y sin fisuras y, más allá de las lecturas planas, se palpó la emoción y se pudieron ver detalles sorprendentes (y deliciosos). Por ejemplo, esas guitarras fronterizas con las que Florent bañó Cumpleaños Total, el ímpetu de Erik a la batería convirtiendo Montañas de Basura en algo totalmente nuevo o Linea 11, totalmente renovada sin perder un ápice de emotividad.

Las proyecciones, recreando las letras de los temas y jugando la iconografía creada en su día por Javier Aramburu, hicieron el resto. Y cuando La Copa de Europa ya había alcanzado su clímax y todos dábamos satisfechos la actuación por finiquitada, llegó el regalo. En sintonía con el público, LOS PLANETAS dejaron dos pinceladas de su presente. Primero, y acto seguido, Alegrías del incendio. Segundo, y tras un solicitado bis, Cuando me asomo a la reja, casi queriendo decir que ahí está su Toxicosmos actual. Ambas tendieron un puente de coherencia entre aquellos y estos LOS PLANETAS. El rumor de que Erik Giménez, su batería, podría estar firmando así su última actuación fue de lo más comentado antes y después del concierto. De verdad, no podía dejar el listón más alto. Estuvo tan pletórico que J debería pensárselo. 

Y, entremedias, emergió el grupo del año. Con el cuchillo en la boca, SAVAGES se hicieron hueco entre la nostalgia reinante en el festival. Les tocó lidiar con el sonido metálico de la carpa Pitchfork, pero no importó. Incluso puede que les sentase bien. Como unos Joy Division con suplemento de alaridos, como unas Sleater-Kinney bañadas en post-punk, como Siouxie con 20 años en el siglo XXI…. Las comparaciones llegan en masa para intentan aprehender el espíritu de una banda llamada hacer grandes cosas. Multiplicando el poderío de su sensación debut y envolviendo en una niebla de acoples agudos y afilados, SAVAGES se confirmaron como la revelación del año. Quien sabe si en unos años serán otro muñeco roto de las tendencias, pero hoy por hoy no se me ocurre principiantes mejores a ellas. 
Imagen de previsualización de YouTube SAVAGES tocando “Fuckers” en la recta final de su actuación

Su actuación coincidió con la de unos LIARS que encantaron. Apenas pude ver sus dos temas finales: un trasvase de su locura guitarrera de antaño a la electrónica. También paladeé algo de WHITE FENCE, un voluntarioso ejercicio garagero sin más trascendencia, y a unos EXPLOSIONS IN THE SKY que semejan seguir con el piñón fijo de antaño, el de ser un sucedáneo de Mogwai que no va más allá de la estética sin escalofrío. Tampoco hay que olvidarse de DINOSAUR JR, cumpliendo con creces en la recreación de su repertorio clásico, versión de The Cure incluida. Otro pinchazo nostálgico para un festival que superó con nota el segundo año de su corta vida.

El festival indie fantasma que iba a acoger el Ágora en A Coruña

Escrito por Javier Becerra
24 de mayo de 2013 a las 20:40h

«Abrí una cuenta de Twitter y así se montó todo». Ana Pedreira, una estudiante de 24 años que cursa un máster de dirección de arte en publicidad, dio el martes pasado una tramposa alegría a los fans del pop independiente. Por la mañana lanzó en las redes sociales la primera edición del Twee Pop Festival, un evento de este estilo que se hizo célebre en el indie de los ochenta. En él actuarían los clásicos del género, como The Pastels, Heavenly o The Field Mice. Pero también otros como Los Bonsáis, Tiger Trap o Pipas.

El evento se iba a desarrollar el 21 y el 22 de junio en el Ágora de A Coruña, recuperando así la actividad musical que tiene prácticamente aparcada desde el año pasado. Todo se completaría con una exposición fotográfica de la historia de The Pastels y la proyección de un documental sobre Sarah Records, el sello emblema de este estilo musical. Es decir, un caramelo para los seguidores del twee-pop, algo idílico y único en su especie. Un evento de minorías, pero que precisamente por su especificidad podría llegar a triunfar. Todo encajaba.

El problema empezó en los supuestos puntos de venta. La página de Facebook del evento fantasma indicaba que se podían adquirir las entradas en locales como el Café Pop Torgal de Ourense o el Segundo Premio de A Coruña. Sus responsables no sabían nada. Tampoco en el IMCE, que no daban crédito. Y todo con un evento tan bien diseñado, con su página web propia y todo, que ya había hecho salivar a más de un melómano que marcaba los días en su agenda.

«Retiré todo de Internet, pensé que me metía en un lío», reconoce la autora. Sí, el Twee Pop Festival solo existió en su cabeza: era su trabajo de fin de máster. Tan perfecto y bien estructurado que, pese a la extrañeza, coló durante todo un fía. Luego llegó la desilusión de unos pocos que se lo creyeron. Aunque, bueno, siempre se puede tomar como un ejemplo a seguir. Quizá estas ilusiones, sirvan como pista. Ojalá así fuera.

Toy dijeron en Vilagarcía que son mucho más que un simple hype

Escrito por Javier Becerra
19 de mayo de 2013 a las 12:11h

FESTIVAL DO NORTE, segunda jornada
Vilagarcía de Arousa, 18 de mayo 2013

Los británicos TOY llegaban al Festival do Norte con la aureola de ser el hype del momento y todas las dudas que ello conlleva. Y no solo las evaporaron en un abrir y cerrar de ojos, sino que elevaron la excelencia del evento a un nivel máximo. Su concierto resultó sencillamente excepcional y, sobre las tablas, demostraron ser algo más, mucho más, que una nueva banda de émulos del kraut-rock con ínfulas falsamente experimentales. Provocando emisiones de ruido ensoñador y manejando los tempos a su antojo, crearon momentos de esos en los que el público -parte del público, mejor dicho que aquí pasó como con TAB en el viernes- levita. Dejando su discreto álbum de debut en pura anécdota, el trasvase en vivo resultó un huracán de guitarras noise, ritmos a piñón fijo y chiribitas de psicodelia. Sí, hay grupo, hay sonido y hay excelencia. Tras ellos, el resto carecía de sentido. Lo suyo fue un K.O. total, un “donde dije digo, digo Diego” y una rectificación en toda regla de aquellos que no lo veíamos del todo claro. Encantados de hacerlo, por cierto.

Ocupaban la franja estrella, pasada la medianoche. Después venían WE ARE STANDARD con la misión de llevar al público bailongo al clima perfecto para desplazarse a la carpa. Apenas les vi cinco temas, aún obnubilado por la exhibición de Toy. Por ello, cualquier apreciación sobre ellos sería injusta. También hacia DOVER, de los que presencié el arranque del directo en el que invocan la era grunge de Devil Come To Me. Recientemente había tocado en Le Club en A Coruña, defendiendo muy dignamente un repertorio respetable. Y, por lo que me cuentan, ayer ocurrió igual pero sin conectar tan bien con la audiencia como entonces. Lo siento. Uno tenía que cenar: no podía pasar otro día más sin alimento nocturno, que ya no estamos en edad.

Mónica IragoAerolíneas Federales en su actuación

Por la tarde la fiesta la protagonizaron AEROLÍNEAS FEDERALES. Como una señora ya madura que sobresale por su poderío entre un grupo de jovencitas que palidecen a su lado, los de Vigo llegaron, encantaron y triunfaron. La sucesión de himnos, el buen rollo que transmitían en el escenario, el cachondeo continuo de Miguel Costas que se presento como el Señor Chingarro y esa especie de nostalgia cuarentona de “Ey tíos, esto sí que eran temas despampanantes y sin pretensiones” provocó que la tarde resultase un poco más feliz de lo que ya lo era de por sí. No me beses en los labios, Soy una punk, En pelotas y muchas otras más dejaron un sabor tan dulce que lo justo sería repetir la jugada en una sala todos más juntitos, más apretujados.

Quedan en el tintero ESTEREOTYPO!! y DELORENTOS. Los primeros pusieron el escenario grande a dar botes con su electro-rock como si fuesen ya las dos de la mañana. Incluso se atrevieron con una versión del Love Me Do. De tener más nombre tocarían algo más tarde, seguro. Los segundos, resultaron una sorpresa. Iniciaron un poco a traspiés, suavecitos y cortando un poco el rollo, pero al rato mostraron una vena bailable y disfrutable que arqueó más de una ceja. Todo perfecto por tanto para DELAFÉ Y LAS FLORES AZULES que en la nueva vuelta de tuerca a su propuesta (ahora con banda sin vientos y con Óscar D’aniello de ocasional percusionista) repartieron sonrisas, hicieron botar y tuvieron a la gente comiendo de su mano. Helena es seguramente la mejor voz del pop nacional y su show, aunque esté ya muy visto y carezca del factor sorpresa, continúa resultando efectivo. Y estimulante. Otros que ojalá que retornen a Galicia en formato sala.
Público durante el concierto de Delafé y las Flores Azules

La noche la continuó Amable, Gato y Nano Vinilo a los platos. Y otra vez el pub Sama Sama cerrando, con llave la jornada y el evento. Un Festival do Norte que, pese a contar con menos público que al año anterior, demostró tener carisma suficiente como para obligar a todos a reservar fecha para el año que viene. Sí, allí estaremos. Seguro.

Foto Areolíneas Federales: Mónica Irago // Foto TOY: Xavier Valiño

El día del (delicioso) odio a Triángulo de Amor Bizarro

Escrito por Javier Becerra
18 de mayo de 2013 a las 14:30h

FESTIVAL DO NORTE, primera jornada
Vilagarcía de Arousa 17 mayo 2013

Pasada ya la medianoche. TRIÁNGULO DE AMOR BIZARRO se enfrentan a unas 5.000 personas. Y lo hacen a su estilo: abriendo el chorro de ruido, girando la manilla de la intensidad y provocando esa especie de caos controlando que, cuando cuaja, resulta fantástico. Cuajó. Lo suficiente como para que, abajo, algunos perdieran la cabeza y la notasen flotando en la maraña de feedback. Otros, sin embargo, no daban crédito. Más de la mitad del público suspiraba porque aquello se terminase cuando antes, algunos incluso optaron por abandonar. “Sin odio no hay rock and roll”, escribían los de Boiro en su Twitter poco después, rescatando una líneas de su amigo Jorge Ilegal. Lo hubo. Hubo odio, Pero también amor, bizarro y apasionado. Ellos firmaron el mejor concierto de la noche de largo. Su Victoria mística (que esperemos que salga cuento antes) está llamado a ser uno de los discos del año. Nos mordemos las uñas.

Antes también destacaron GUADALUPE PLATA. Con su blues aceitoso y obsesivo lograron llenar la inmensidad del escenario grande, dejando claro que no solo son una gran banda de club, sino que funcionan perfectamente en el formato festivalero. Su toque ibérico los hace perfectamente exportables. Además, sorprendieron THE PRIMITIVES que rescataron su repertorio clásicos de los ochenta con dignidad y efectividad. Con The Supremes siempre en el corazón, el toque eléctrico en el bolsillo y Tracy Tracy en versión madura-pizpireta-enrollada contagiaron buen rollo a raudales. Por cierto, se decía en las primeras filas que la cantante trabaja de peluquera en Torrevieja, de ahí su apañado español. ¿Alguien lo puede confirmar?

Cabe señalar dentro del apartado positivo también a JANE JOYD. Con formación de gala atacó el escenario pequeño con sus armas: lirismo, épica y poderío vocal. No era su sitio. La gente, que aún se estaba acomodando hablaba, hablaba y volvía a hablar, y Elba defendía como podía un repertorio llamado a grandes metas. Después de ella, pisó las tablas SR.CHINARRO con una actuación en la que se agradeció la electricidad pero también se evidenció que no es precisamente un proyecto que brille por su directo. Y menos cuando se apela al repertorio de sus últimos (flojos) discos. “Tengo más ganas de hablar que de tocar”, decía Luque bromeando. Lo mejor, rescatar Cero en gimnasia y ver a la gente coreando Del montón. Aún hay fe en el gusto popular.

Queda citar a LA HABITACIÓN ROJA, DORIAN y XOEL LÓPEZ en la zona regular. Los primeros defendieron con una elogiable solidez un repertorio tirando a normalito que, eso sí, encantó en las primeras filas. Los autores de A cualquier otra parte, por su parte, no funcionaron como otras veces. Había muchas ganas de verlos y compartir la fiesta con ellos, pero en esta ocasión, al menos desde mi punto de vista, la cosa no funcionó como en otras maravillosas ocasiones. Algunas interpretaciones sonaron rutinarias y, por momentos, parecía que el grupo llevaba el piloto automático. Ya, por último, Xoel empezó estupendo. Atlántico es un disco delicioso pero que, glups, no gusta a la mayoría de sus seguidores de siempre, que andan un poco mosqueados. Estos aplauden a rabiar nimiedades como Los jóvenes mueren antes de tiempo. El mundo al revés, vamos. Hombre de ninguna parte irradió felicidad. Y Tierra demostró, una vez más, ser la mejor canción del pop en español del año pasado. Pero el concierto transcurrió un poco a tropezones. Una lástima, porque Atlántico se merece en escena la misma fluidez que irradia en el disco que, a buen seguro, se valore más de aquí a unos años que ahora.

La noche se prolongó luego con Miqui Puig y Faber Cores a los platos. Y luego en el Sama Sama com ambientazo de gala. Hoy más. Nos vemos!!!

La foto de TAB: Mónica Irago

Un extraño polígono de amor bizarro

Escrito por Javier Becerra
5 de mayo de 2013 a las 22:17h

El bolo de Triángulo de Amor Bizarro puso fin a la primera temporada de Los conciertos de Retroalimentación. Y lo hicieron a su manera: montando un barullo de mil demonios. Sí, sonaron ruidosos, agresivos y afilados, como debe ser. Pero esta vez, además, contaron con un aliado insólito. Tras repartir ruido, acoples y canciones de esas que suenan como una punta de compás rayando el cristal, invitaron a subir a Jorge Martínez de Los Ilegales al escenario de Le Club. “Triángulo de Amor Bizarro me gustan. Suenan a una mezcla entre lo que era el final de un concierto de Los Ilegales cuando íbamos puestos de anfetaminas y el sonido de mi afeitadora eléctrica”, dijo el asturiano antes de poner su guitarra al servicio de La Malicia de las Especies protegidas de TAB.

Imagen de previsualización de YouTube“Chicos pálidos para la máquina”

Luego tocó hacer parada en el repertorio de Los Ilegales. Y surgió, como una bomba, Chicos pálidos para la máquina. Ahí se vio mejor que nada el porqué de la fusión, lo tremendamente potente que sonaba la pieza con el respaldo instrumental de TAB. Eso de “Si no hay odio no hay rock n’ roll” que reza el tema les venía al pelo. ¿Un disco conjunto el futuro? Quien sabe, no estaría mal. Le siguió una lectura de ¿Quiénes son los curanderos? y el final, como no podría ser de otro modo, le correspondió a Soy un macarra encantando a un público que lleva ya tiempo encantado. Sin bises. Al estilo bizarro de siempre. Con los oídos pitando y la sonrisa en la cara. Entre otras, en la de Nacho Vegas, que se dejó caer por el concierto en el que se formó “un extraño polígono de amor bizarro” (Jorge dixit)
Imagen de previsualización de YouTube“Soy un macarra”

Los conciertos de Retroalimentación se despiden hasta después del verano. Ya tenemos en mente algunas cosas que se irán perfilando en los próximos meses. Os esperados a todos. Y ojalá que en la temporada 2013-2014 logremos que los asistentes de Triángulo de Amor Bizarro o Nadadora, también vayan a los recitales más minoritarios. Existen demasiadas cosas buenas en este momento pululando en Galicia como para quedarse en casa el día que alguna de ellas se acerca a la puerta. . Nos vemos en octubre. O quizás ya en septiembre.

Foto: Pablo Mella. Más fotos del concierto aquí y aquí

Toundra: “Hacemos punk rock, con efectos pero punk-rock”

Escrito por Javier Becerra
3 de mayo de 2013 a las 14:35h

Son uno de los grupos del momento. También una de esas historias independientes con final feliz que otorgan aura de autenticidad. Toundra han hecho del boca a boca entre fans su correa de transmisión. Sus poderosos directos han entusiasmado tanto que ese entusiasmo se ha multiplicado en redes sociales y conversaciones de colegas. Ese fue su marketing. El resto, el sonido. Con un pie en el post-rock y otro en el post-metal poseen uno realmente estremecedor. Hoy lo subirán al escenario de la sala Capitol de Santiago. Forman parte del TriCiclo, tercer capítulo de la singular iniciativa de la promotora Work On Sunday. Poco a poco, están trayendo a Galicia algunas de las mejores bandas del planeta. A Toundra le acompañarán esta noche Pony Bravo y Guerrera. Mientras tanto hablamos con Esteban Girón, guitarrista de un grupo en estado de gracia. Entre otras coas, nos explica cómo llegaron ahí.

-Si uno escucha “III” se les puede relacionar con tanto con grupos post-rock como Mogwai como con bandas de post-metal como Isis. ¿Cuáles son sus orígenes para llegar ahí?
-El factor común que tenemos los cuatro es el punk-rock. Todos crecimos escuchando bandas de punk-rock, sobre todo americanas. Lo natural, cuando te tira eso, es evolucionar hacia el hardcore. Tocábamos en bandas de las diferentes ramas del hardcore y, bueno, nos conocimos compartiendo local, yendo a conciertos, esas cosas… En un momento decidimos hacer un grupo, pero sin cantante. De la gente que íbamos a tocar juntos ninguno sabía cantar y todo fluyó de manera natural. No pretendíamos ni hacer post-rock ni post-metal. Nos gusta mucho experimentar, pero también grupos metal como Mastodon o Neurosis. Pero, en el fondo, todo conduce al mismo lugar Si nos ves tocar la guitarra te darás cuenta que hacemos punk-rock, con efectos pero punk-rock [risas].

-En vivo sorprende su actitud. Parece como si la música penetrase dentro de ustedes como una descarga de electricidad. ¿Hay momentos en los que se enajenan?
-Bueno, es algo que nos comentan mucho. Creo que somos un grupo que se ve que lo estamos pasando bien en el escenario, que se mueve y sonríe. Muchas veces cuando íbamos por Europa llamábamos la atención porque las bandas con las que tocábamos solían ser muy estáticas. A nosotros lo que más nos gusta del mundo es tocar en directo, así que ¿por qué no vamos a ir al escenario a pasarlo bien y a dejar toda nuestra energía? En cuanto subimos a las tablas nos concentramos en una cosa: dar el 100% de nosotros y transmitir al público toda esa energía. La música nos lleva totalmente. A mí, por ejemplo, me dejaban flipado los directos de bandas como At The Drive In y, bueno, creo que eso es lo que un grupo tiene que hacer. Darlo todo y dejarse hasta la última gota de sudor.

-Creo que eran Lisabö los que decían que se sentían como si hubiesen tenido una pelea. ¿Cómo se quedan ustedes tras un concierto?
-A mí la verdad es que al termina un concierto me duele todo. Incluso, si damos concierto el viernes y el sábado el domingo te levantas con agujetas. Es como si acabásemos de jugar un partido de fútbol. Yo hice karate muchos años y esto me recuerda a cómo me sentía después de un entrenamiento de kárate [risas].

-Tienen fama de tocar muy alto. Incluso han tenido problemas en el extranjero por ello. ¿Qué ocurrió?
-Bueno, en la primera gira europea no tuvimos nunca ningún problema. Sin embargo, cuando volvimos por segunda vez en Bélgica, nos encontramos con que existía en el lugar que tocábamos una ley municipal al respecto. En la mesa había un medidor de decibelios y, al terminar el concierto, se hacía una media. De ahí, se se redactaba un informe. Los promotores del festival lo tenían que llevar al Ayuntamiento. Si se pasaban de x decibelios, creo recordar que eran 104, los multaban. El motivo era la salud de la audiencia, no los vecinos. Y, claro, nosotros al probar veíamos que solo la batería iba a 101 decibelios [risas]. Tuvimos que hacer cosas como poner los amplis de espaldas al público para poder sacar nuestro sonido. En el caso de Toundra el volumen es importante. Una de nuestras características es precisamente ese volumen. Más bajo no tiene sentido.

-¿Me recomienda entonces que lleve tapones al concierto de Santiago?
-Sí, te recomiendo que lleves tapones y que te los quites dentro del concierto para poder sentir toda la fuerza [risas]. Nuestro batería, por ejemplo, tiene que tocar ahora con cascos de obra porque se estaba quedando sordo. Yo voy a tener que tomar medidas al respecto. Noto que después de tocar durante un día tengo un pitido constante en el oído. Si tu vienes a un concierto no pasa nada pero nosotros, entre ensayos y conciertos, estamos sometidos a un volumen muy fuerte varios días a la semana. Y eso pasa factura. Pero tampoco no es nada que no se haya hecho antes.

-Dicen que “III” es un disco oscuro y refleja el estado actual de las cosas a nivel social. Cuesta verlo en un disco instrumental sin el apoyo de las letras. ¿Cómo le dan la “temática” a lo instrumental?
-En cuando empezamos a componer para este disco vimos que podíamos generar la sensación de nausea y de asfixia, por el tipo de armonías que utilizábamos y la presión de frecuencias. Pretendíamos un disco más oscuro porque es lo que la gente nos decía de nuestro directo en relación a “II”. Aquel era más luminoso, pero en directo se transformaba en todo un puñetazo en la cara. Queríamos reflejar ese sonido. Además de ello, hay una gran influencia en nosotros que es Led Zeppelin. Ellos jugaban mucho con el oscurantismo y las ciencias ocultas y era un pequeño homenaje que les queríamos volver a rendir. De hecho, los discos se llaman I, II y III como un pequeño guiño a esa gran influencia que ha sido Led Zeppelin para nosotros. Luego, cuando ya lo pusimos en descarga, la gente nos decía que había mucha rabia en las canciones. A posterori, lo piensas y te das cuenta de que estuvimos yendo al local puteados por la situación global que estamos viviendo. Muchos hemos perdido nuestro trabajo y nuestras familias han sido víctimas de todo ello. Por ejemplo, mi hermana ha tenido que emigrar fuera del país y a mis padres les han privatizado el hospital en el que trabajan. Es por ello que estamos más cabreados y eso se terminó plasmando en la música. Esa reflexión la hice y la solté en una entrevista. Cuando se este totalmente feliz la creación artística es más difícil de llevar a cabo. Es mejor centrarse en el descontento. Y yo, particularmente, estoy muy en descontento con el sinsentido que tenemos ahora mismo en nuestro país.

-Me llama poderosamente la atención en Toundra su batería. Es mucho más que el 25% del grupo. ¿Piensa lo mismo?
-Es el motor. De hecho, en el primer disco Alex no estaba. Entró para hacer unos conciertos y se quedó. Muchas veces nos preguntan por cuál ha sido nuestro punto de inflexión y decimos que ha sido la entrada de Alex, un batería como yo nunca he visto. Nunca he tocado con alguien tan bueno, con tan buenas ideas y, sobre todo, con una mente tan abierta a comentarios y proposiciones. Eso es algo fundamental para componer. Nosotros llegamos con la idea de la canción en plan “esto va así y esto asá”. Luego llega Alex y le da la vuelta a todo. Somos conscientes de que es el mejor instrumentista de todos nosotros.

-Comparten cartel con Pony Bravo. ¿Son fans?
-Los he visto ya cinco veces en directo y, sí, soy muy fan de ellos, de su música y de su modo de ir adelante. Tal y como he visto cómo han canalizado su música, su manera de llevarla casi do it yourself, es un grupo que no solo admiro sino que respeto. Creo que son muy necesarios en la escena actual. Aparte, los he conocido personalmente y he visto que son gente super maja.

-Un cartel como este, con Pony Bravo y Toundra, ha logrado mucha atención. Parece el triunfo de una nueva generación de bandas en España que usan unos canales diferentes a los habituales. Y no me refiero solo a “regalar” la música en Internet, sino sacar la cabeza al margen de la prensa oficial, a través de las correas de transmisión entre fans.
-A lo mejor me gano algún enemigo con esto. Yo trabajo en la industria de la música, si se le puede llamar así a lo que existe en este país. Quizá sería mejor decir artesanía de la música. Tengo 25 años, empecé con 19 tanto a trabajar en esto como a tocar en mi grupo. Siempre fue ignorado, un grupo que todo el mundo de tomaba como “el grupo de hardcoretas que tiene Esteban el que trabaja en X sitio”. Poco a poco, con trabajo y con sacrificio de todos los miembros del grupo y de la gente que nos apoya como nuestro sello, vemos que estamos llegando incluso más lejos que otros grupos que usan otro tipo de herramientas para conseguir ese éxito entre comillas mediático, que nosotros o Pony Bravo no alcanzamos. Y lo siento mucho, pero a mí se me dibuja una sonrisa en la boca cuando grupos así crecen constantemente y la gente, al final, tiene que darse la vuelta al cuello sorprendida de que estemos creciendo. A veces lo pienso: la generación que estábamos tocando toda la puta vida en salas sin licencia con aforo de 100 personas al final nos estamos llevamos el gato al agua. Me hace muy feliz, porque es la constatación del triunfo de la honradez, de la honestidad y del trabajo.

-¿Y como se sienten cuando esos medios que les ignoraban ahora muestran interés en ustedes?
-Bueno, lo veo lógico. Yo soy periodista y entiendo a la prensa. Con toda la saturación que hay de bandas, de festivales y de conciertos sea difícil focalizar la atención y atender a todos. Ahí está la gracia: no todo vale. Lo que pasa es que nosotros, al ser propuestas que, en principio, podrían ser más minoritarias, costaba más conseguir esa atención. Al final, se ha demostrado que el oído del público español es súper abierto. En Santiago se podrá ver la mayor manifestación de ello: ir a ver a Pony Bravo y a Toundra a la vez y que te gusten los dos grupos, tampoco es fácil. Creo que el hecho de que la prensa nos haga caso ahora es bueno, en el sentido de que se produzca una comunicación a dos bandas: desde la prensa al público y desde el público a la prensa. Eso está genial. Yo no tengo rabia hacia nadie, no tengo tiempo que perder.

-Usted es más joven. Yo vengo de una época en la que había Ruta 66 o Rockdelux. A nivel independiente o salías ahí o no te comías nada. De repende, esas revistas y las que vinieron luego continúan con su inercia de señalar los grupos que valen o no, pero se producen unos movimientos subterráneos que desmotan totalmente esa dinámica. Desde ustedes o Pony Bravo a Los Punsetes o Vetusta Morla, parece que la prensa ha perdido ese monopolio. Creo que ello resulta saludable.
-Si estudias lo que ha pasado en los últimos años parece que la prensa ha perdido prescripción respecto a los gustos de la audiencia. Pero eso resulta demasiado superficial, porque a lo mejor lo que X redactor opina en X revista no va a misa, pero luego lo que dice en su Twitter sí. Es peligroso que se tome a la prensa como algo que ya no vale. Debe haber un filtro para todo. Igual que yo no hablo de medicina porque no tengo ni idea y no me puedo atrever, la opinión que pueda tener mi padre sobre la actualidad musical de este país no puede tener la misma legitimidad que un periodista que lleva años trabajando, que se ha documentado durante todo este tiempo y que sabe escribir. Creo que la figura del público y de la prensa han de convivir y han de ser tomadas de forma diferente. Quizá debería pasar como lo que sería necesario en el Congreso, que el pueblo llano controlase a los diputados siendo estos los periodistas, siempre vigilados por su audiencia. Pienso que esto es un triunfo de los gustos musicales frente a las marcas. Muchas veces ocurría que marcas como Sony, Warner y esas a veces provenían de grupos empresariales que nada tenían que ver con la música pero metían mucha publicidad porque tenían dinero y lograban que salieran sus contenidos. El que ahora la audiencia tenga tanta prescripción puede servir como un sistema de control a la prensa, pero la prense sigue siendo muy necesaria.

Jorge Ilegal actuará con TAB en Los conciertos de Retroalimentación

Escrito por Javier Becerra
29 de abril de 2013 a las 17:03h

La actuación de Triángulo de Amor Bizarro dentro de Los conciertos de Retroalimentación el próximo sábado 4 de mayo en A Coruña será más especial de lo habitual. Jorge Martínez, el cabecilla de Los Ilegales, se subirá con ellos al escenario de le Club. Sí, el autor de Tiempos nuevos, tiempos salvajes sumará su guitarra a la del cuarteto de Boiro en un tramo del concierto. En principio afrontarán juntos cuatro temas, aún por decidir, pero sea como sea seguramente saltarán chispas de este vibrante choque generacional y musical. Solo ocurrirá en A Coruña y, luego, el 18 de mayo en Gijón. Así que apunten.

Triángulo de Amor Bizarro llegan a este concierto como los grandes deseados de la temporada. Victoria mística, el tercer álbum del grupo, está a puntito de salir. De hecho, ya debería poblar las cubetas de las tiendas de discos, pero aún falta un poco. En estos momentos se encuentra en fase de posproducción y en los próximos días debería anunciarse su alumbramiento definitivo. Por temas como la machacona Robo tu tiempo o la noisepopera Estrellas místicas, los adelantos conocidos, todo apunta a otro gran trabajo. La expectación es máxima. El hecho de que Rockdelux les haya dado la portada (la primera a un grupo gallego desde mayo del 1992 con Siniestro Total) cuando el disco aún no está en la calle habla a las claras.

Por todo ello el bolo de este sábado se presenta imprescindible. Tendremos ante nosotros al mejor grupo del indie-rock nacional escupiendo ruido y susurros envenenados. Toda una experiencia que no deberías perderte.

ojd