Habrá que peregrinar a Oporto
Finalmente, Sonic Youth no tocará en A Coruña. Más aquí.
Girando en círculos sobre la música pop
Existe una emoción indescriptible que proporcionan algunas canciones pop. Se trata de una especie de nervio en el estómago acompañado de calor en las mejillas. Genera una placentera ansiedad que solo parece poderse calmar abriendo los brazos y girando sobre uno mismo con la cabeza mirando al cielo. Sí, son esas canciones que dibujan una sonrisa, que surgen en el Ipod cuando caminas por la calle y hacen salir el sol. Y, si llueve,… pues te suben por un arco iris multicolor en el que nada malo puede pasar.
Pulsen play, por favor:
Roxette - "June afternoon" / Official Videoclip - MyVideo
Cuando eso sucede de poco vale pedir explicaciones. Es una lástima que no exista un vídeo sin créditos para que todo resultase más sorprendente. Porque sí, son Roxette, un grupo bastante mediocre. Y, en efecto, la canción está llena de trampas en su recorta y pega beateliano. Pero !aysssss! resulta irresistible y contagia irremisiblemente optimismo en su almibarada visión de la era pop. “Vayamos a comprar un helado y una revista con actitud / Pon una casette, podemos simular que eres una estrella / Pues la vida es tan simple como un la, la, la”, dicen en ella. El videoclip, por su parte, con toda su amalgama de referencias (Beatles, Dylan, Twiggy, El Graduado, Andy Warhol, The Who…) lanza irresistibles destellos hacia el corazón del fan que, por un instante, lo daría todo por poder estar dentro de él. La inyección de vitalidad resulta tan arrebatadora, que la sensación que genera apenas se puede asimilar con esa felicidad que se sale del pecho cuando se está perdidamente enamorado.
Sí, sí algo parecido a esto. Vuelvan a pulsar, por favor:
Es la escena más guay de 500 Days Of Summer (traducida en España como 500 Días juntos). En ella su protagonista derrocha la citada felicidad por los cuatro costados la mañana del día después de haber besado a la chica de sus sueños. Se trata de una de las películas más encantadoras de los últimos meses, un rompecabezas sobre el zigzageo de una pareja con innumerables conexiones con la cultura pop. Ambos se conocen en un ascensor a propósito del There Is a Light That Never Goes Out de los Smiths, discuten constantemente sobre cuál es su beatle favorito y cantan el Here comes your man de los Pixies en el karaoke. ¿Qué como acaba todo? Véanla, si es que no la han visto todavía.
Ya puestos, para terminar, decir que Zooey Deschanel, la protagonista femenina del filme, forma parte a su vez del dúo She & Him, el proyecto paralelo de Matt Ward. Son un delicioso camino secundario en la red de carreteras del pop independiente que debutaron en el 2008 con el estupendo Volumen One y que en marzo sacará una esperada continuación. He aquí en el tira y afloja de Why Do You Let Me Stay Here? en otro videoclip maravilloso.
Que tengan todos ustedes un buen día. Estos tres caramelos son un combustible perfecto para ello.
En plena ebullición gracias al éxito del arrollador Single Ladies, Beyoncé saca un doble cedé muy especial. Grabado en directo el Encore Theater de Wynn, Las Vegas, I Am… Yours pretende mostrar el lado más íntimo de la artista, el de las distancias cortas y la complicidad máxima con su público, despojada de la parafernalia de gran concierto a la que nos tiene acostumbrado. De hecho, a lo largo del disco la propia artista ejerce de narradora explicando sus influencias, el origen de algunos de sus temas y sus sentimientos. Ese punto meloso se extiende, de manera especial, en el primer cedé de una manera bastante empalagosa. Abonado al lado baladístico, adolece del mismo exceso de azúcar que sus grabaciones. Solo en el tramo final, con una Deja Vu interpretada al modo de una big band con ramalazos de funk, se levanta algo el vuelo.
Y es que, pese a alguna melodía afortunada, lo grande de Beyoncé queda lejos de la seda y el almíbar. Hay que buscarlo cuando se viste de Tina Turner, saca las uñas, los muslos se mueven con flanes y su música empieza a vibrar. Es ahí cuando arranca el terremoto. Primero, homenajeando a Michael Jackson con una gran versión de I Wanna Be Where You Are, de quien confiesa que se enamoró a los cinco años y le impulsó a ser cantante. Luego, atacando los hits inmortales de Destiny’s Child en un medely que incluye tremendas revisiones de Bug A Boo o Bootylicious. El idilio sigue con Work It Out, explota con la celebérrima Crazy In Love (!oh, sí!) y provoca el delirio total en un Single Ladies (!sí, sí, sí!) que gana y gana con el paso del tiempo. Llegado a ese punto, el oyente puede ir a más y verla en el deuvedé adjunto. Allí descubrirá que, pese al punto de proximidad, la excelencia escénica de la artista arrasa del mismo modo que en esos videoclips que son parte ya de la iconografía pop contemporánea.
La parte audiovisual se complementa además con un documental sobre cómo se preparó el concierto, desde la selección de arreglos, a los ensayos previos, pasando por esos modelitos suyos que tanto han dado que hablar. Todo ello conforma un caramelito de música negra comercial de calidad, que ha sido reforzada el pasado domingo en la entrega de los Grammys en los que Beyoncé conquistó hasta seis gramófonos. Desgraciadamente no la tendremos aquí vía Xacobeo: hace una semana anunció que se retirará durante una temporada.
(Ultimas noticias sobre el posible concierto de Sonic Youth en A Coruña aquí)
El ourensano Emilio José editó en el pasado 2009 uno de los discos más destacados del pop nacional, “Chorando apréndese”. Un doble cedé en el que, en medio de un excitante tobogán estilístico, el componente de Apeiron indaga en sus dos grandes traumas: su relación con las mujeres y el hecho de que vivir en una aldea, Quins en el municipio de Melón (Ourense), le haga sentir que tienen una vida menos completa que en la ciudad. Con motivo de los conciertos que está dando en Galicia a cuentagotas, lo hemos entrevistado en el Fugas hace dos semanas. Allí se reprodujo un pequeño extracto de una extensa entrevista que ahora reproducimos completa. Pese a que esta tuvo lugar en gallego, por deferencia a los lectores de este blog no gallegos la he traducido.
-¿Qué es peor lidiar con la Xunta de Galicia o con las mujeres?
-Depende. Es difícil todo, vivir es difícil [risas]. Según cómo lo mires. Realmente, es mucho más complejo el trato con las personas que con las instituciones. O, al menos, debería ser así. No hay formularios para decirle a una tía “¿Te gusto?” y en la Xunta sí que los hay [risas]. Pero también depende de cómo quieres que sea la relación. No es lo mismo estar enrollado con una tía en plan una vez a la semana que querer casarse con ella. Lo de la Xunta es un poco así.
-Bueno, con la Xunta es un matrimonio forzoso.
-Depende. Si eres un usuario como el que se enrolla de vez en cuando es muy fácil, no hay problema. Si quieres tener parte y mirarla de tú a tú, ya es más jodido.
-Se habla mucho en los blogs del sustrato político de su álbum. Antes de esta entrevista lo he vuelto a escuchar a fondo y hay una cosa que no me queda clara. No sé si le gusta vivir en Quins, su aldea, o no. ¿Lo puede aclarar?
-Claro que me gusta, pero…
-¿Pero qué?
-A ver, el disco no es una exaltación de Quins, ni de la vida en la aldea. Es una protesta de la inferioridad con la que nos tratan desde los núcleos de poder. Luego, dentro, está mi relación con la aldea. Antes yo decía, “¿qué sitio es este?”. Pero el problema no es del sitio, sino de fuera. Es imposible hacer nada.
-En el disco se muestra rabioso cuando ve que los conciertos importantes que se hacen en Galicia son en A Coruña o en Vigo. ¿Aspira usted a que los Rolling Stones vayan a tocar a una población como la suya, de 250 habitantes?
-Bueno, pues sería bastante interesante. Pero no se trata solo de eso. Se trata de todo el orden que hay, de las comunicaciones y todo. El hecho de que los Rolling Stones toquen en Vigo o en Praga es bastante indiferente. El problema es que tocan los Rolling, los Wave Pictures y Nacho Vegas, aunque, bueno, afortunadamente Nacho Vegas nunca tocó aquí. En Vigo toca desde Paul McCartney hasta el último grupo de Cádiz que no lo conoce nadie. Siempre es allí. No se trata de que venga Scarlett Johansson y diga “Voy a veranear en Quins”, porque entonces vendrían los de Rivadavia y preguntarían “¿Y por qué no aquí?”. No se trata de eso, se trata de que siempre van siempre a los mismos dos o tres sitio en Galicia.
-En Quins usted debe ser “el músico del pueblo”. ¿Es conocido?
-Sí, y ahora más. Como salí en la TVG soy famoso hasta en Melón [risas]. Allí todo el mundo se conoce.
-¿Qué dicen de usted?
-No lo sé [risas]. Siempre es curioso que haya alguien que hace canciones. Allí hay gente que toca, pero en plan gaitas o lira. No hay gente que haga canciones y salga en la tele.
-Se percibe en el disco una tensión de la que nunca se suele hablar: el resentimiento de la gente de la aldea respecto a la de la ciudad. ¿Piensa que todavía existe ese resquemor?
-Sí, pero también se da en el sentido contrario. Es algo mutuo. El problema es que los débiles somos siempre los de la aldea. Es como un Cádiz-Madrid, los dos equipos están en el campo, pero sabes de sobra quién va a ganar. Lo irónico de todo es que, por ejemplo, Vigo es puro Ourense. Si tú coges en Vigo y le sacas toda la gente que viene de Ourense se queda en cuatro chabolas de nativos y nada más. Y toda esa es gente de la aldea, lo que pasa es que luego tienen hijos y nietos, y ellos ya se consideran de allí y ven la aldea como “!Qué aburrimiento! !Qué coñazo!”. Eso ya se ve como algo normal y claro, la aldea es la aldea, ¿por qué va a haber algo más de lo que siempre hubo en una aldea? Para ellos es normal y dicen “Las cosas tienen que hacerse aquí porque en la ciudad hay más habitantes”. Claro que existe el rencor. Pero eso no significa que vayamos con bates de béisbol buscando a urbanitas (risas).
-Es un poco como el resentimiento de clase social. Son cosas que, en teoría, no existen porque “todos somos iguales”, pero solo hay que abrir los ojos para darse cuenta de que están ahí.
-Sí, claro, totalmente.
-Viví varios años en Ourense. Allí había gente que decía que el sábado era mejor no salir porque bajaban los “montunos”, en referencia a la gente de los pueblos de los alrededores.
-Sí, en Santiago ocurre exactamente lo mismo. En el fondo, la diferencia la da ese barniz de hábitos. Yo creo que una persona que viven en la ciudad puede ser igual que una de la aldea y al revés, son cosas de costumbres. Yo como vivo en Quins hago unas cosas y tú como vives en A Coruña haces otras. Lo que pasa es que parece como que mola más lo tuyo, porque es donde se puede hacer de todo, no como en un pueblo donde no se puede hacer nada. ¿Aquí qué haces? Pues nada.
-Me intriga cómo ve usted dos fenómenos recientes: el turismo rural y los urbanitas que, hartos de la vida en ciudades, se asientan en pueblos para hacer una vida más relajada y saludable.
-Eeee…. mal. Lo veo todo mal [risas]. Básicamente, es un poco rollo África, en plan “vamos a ayudarlos”, cuando en realidad es como si se tratase de caridad. El turismo rural es algo horroroso porque convierte lo rural es una especie de parque temático. Es parecido a la gente esta que en Brasil va a hacer tours por las favelas, que hasta le hacen un espectáculo de fogueo. Puede molar, pero a los chorbos de las favelas dicen “¿Qué pasa aquí?”. Pero, bueno, como les dan dinero tragan y con el turismo rural pasa lo mismo. La gente que viene a vivir a la aldea podría ir, yo qué sé, al desierto del Sahara, que es mucho más tranquilo todavía [risas]. Cada cual puede hacer lo que quiera pero, visto desde ese punto de vista de la dualidad entre el campo y la ciudad, la verdad es que resulta algo ofensivo.
-En la canción “Atlantic City” le reprocha a una persona de ciudad que lo intente tratar como una persona “aislada, rural y tonta”. ¿Eso le ha pasado de verdad o solo se está poniendo en situación?
-Estas cosas pasan. Cuando fuimos a tocar con Apeiron a Coruña, nos entrevistaron en una radio universitaria. El locutor me preguntó “¿Y tú viviendo ahí como te enteras de que existe este tipo de música siendo de una aldea?” Eso ocurre mucho. Atlantic City en esa canción es Vigo. Vigo, mal que os pese a los coruñeses, es la primera ciudad de Galicia. Por un lado, en Vigo hay una diferencia abismal con lo que hay en Quins. Todo está allí, bueno menos la Fnac [risas]. Por otra parte, está el hecho de que no puedes tener una discusión normal. Me ha pasado muchas veces, eso de “¿Cómo es posible que siendo de la aldea te pueda gustar esta música?” o también con las películas. Que tú dices “Me gusta mucho tal película de tal director” y te preguntan “¿Pero la viste?”. Eso pasa, claro que pasa. Lo que sucede que en el disco, salvo alguna canción que es completamente real, normalmente no es nada autobiográfico en el sentido estricto, sino historias a partir de sensaciones e impresiones.
-¿Puede existir algo de auto-odio? Ese hastío de sábado por la tarde escuchando Radio 3 que refleja su disco yo lo vivía de adolescente exactamente igual en el barrio de los Mallos en A Coruña. Nunca me consideré un desgraciado por ello.
-El auto-odio que pudiera haber no es como si estuvieras en un sitio en el que pudieras tener una vida completa, es decir vivir en el siglo XXI. No solo en cultura, sino en servicios, trabajo, relaciones personales, de viajar, de todo. ¿Odiar? Lo único, odiar haber nacido ahí, pero ese no es el problema sino cómo está montado todo el tinglado, entonces no creo que exista auto-odio.
-¿Complejo de inferioridad, quizás?
-Es que no es una sensación, es que eso es totalmente real. Como civil tú viviendo en una aldea eres totalmente inferior a alguien que viva en una ciudad. Eso es así.
-Pasemos a hablar de sus mitos particulares. En Apeiron ya mostró su devoción por Cybil Shepard. Ahora la vuelve a citar. ¿Es su icono femenino por excelencia?
-En la canción en la que hablo de ella es porque venía del ámbito rural. Cito también a Sharon Stone, porque realmente no sé cuál de las dos venían de una aldea. Creo que las dos. Pero, bueno, aparte de ello, Cybil Shepard desde que la vi en Taxi Driver es todo un símbolo ya no sexual, sino femenino.
-Otra que cita en su Myspace como influencia es Alizee, una estrella del pop comercial francés. Sin embargo, especifica que solo la de los dos primeros discos. ¿Se ha olvidado de que el tercero tiene un temazo como “Fifty Sixty”?
-!Qué va! El último disco es horrible, al menos a mí me lo pareció. Lo escuché hace como año y medio, pero no me gustó.
-Es decir, que usted es de los de “Moi Lolita”.
-No, a mí el que me encanta de ella es el segundo. El anterior no me gustaba demasiado cuando salió.
-Al igual que ocurría en la época de Apeiron, le sigue gustando el pop mainstream tipo Christina Aguilera o Britney Speards.
-A mí me gusta todo, yo no hago diferencias. A mí el metal me encanta, por ejemplo, pero eso no se refleja en Emilio José. Yo hago música comercial y, por eso, esas referencias me interesan mucho.
-¿Cuál ha sido la última canción del mainstream que la ha encantado?
-Buff, es que para mí Animal Collective es puro mainstream. Pero, bueno, Alicia Keys acaba de sacar un disco medio horrible, pero tiene una canción bestial pero no recuerdo como se llama. Creo que es la cuarta. También me gustó mucho la versión de los Dirty Projectors que hizo la hermana de Beyoncé.
-¿A quién le gustaría ver más en directo, a Beyoncé o a Sonic Youth?
-A ninguno de los dos.
-Vaya, hombre.
-Es que yo creo que el directo está… Bueno, es que eso es meterse en aguas pantanosas.
-¿Qué quiere decir, que el directo está sobrevalorado? No es el único que lo piensa.
-Claro. Es que ahora se dice que los discos son un catálogo de lo que puedes hacer en un concierto y esas cosas. Luego, hay un montón de conciertos, pero al final es todo igual. Antes se sacaba un disco y el grupo no venía a tocar. Ahora sales de casa un día y están tocando Sonic Youth en tu portal. Personalmente, hay alguna gente que mataría por verlos porque me gustan mucho, pero en general no me interesa mucho el directo. Por ejemplo, cuando estuvieron Franz Ferdinand en Vigo fue un montón de gente que yo conocía y que no sabía ni quiénes eran Franz Ferdinand. Es decir, ya no es un concierto ni nada, sino la experiencia de ir allí. Luego, está esa idea comunista del trabajo, de valorar lo que se hace. No sé, parece que los discos los hace el aire y al tocar, como estás sudando y dando el callo, se ve ese trabajo. Solo por eso parece que ya vale la pena y puedes pagar 20 o 30 euros. Pero bueno, volviendo a lo que dices tú, es que a mí Beyoncé no me gusta, ni su música, ni ella físicamente. Luego Sonic Youth, yo qué se, el año pasado coincidieron en el Primavera Sound con Ghostface Killah y a una amiga que fue le dije “Tienes que ir a ver a Ghostface Killah”. Pero al final fue a ver a Sonic Youth.
-Puntualiza que no le gusta físicamente Beyoncé. ¿No será de los que sostienen que está gorda?
-No, físicamente, por ejemplo, me gusta Martha Wainwright, la hermana de Rufus, y no es que sea una anoréxica precisamente.
Emilio José interpretando “Febreiro” en la sala Le Club de A Coruña
-Dice muchas veces que el pop ya se ha agotado y que no queda más que rebozarse en los géneros pretéritos. ¿Existe sitio para la creación pura?
-Sí, claro. Pero hay que hacerlo y, claro, eso cuesta en teoría, a no ser que seas un genio. Pero, bueno, tanto da, porque Beethoven, que lo era, estaba 25 horas al día trabajando. No era que se despertaba una mañana y dijera “Bueno, voy a escribir esto que se me ocurrió”. Pero es lo de siempre y, desde que salieron los Strokes, se hizo todo más real. El rock n´roll siempre fue un 50% moda y un 50% música, pero es que ahora es puramente moda. Sale el disco de Phoneix, que en su día no sería ni un disco de maquetas de The Strokes, y vale porque lo que se busca es el momento de darle al “play” y que enganche. Solo se busca la inmediatez. Y la gente dice “Esto es como en los años sesenta que salían cada semana singles alucinantes”, pero, claro, tú comparas musicalmente una cara b de esa época y tiene más trabajo detrás que todo el último disco de Animal Collective. Porque, bueno, el “Merriweather Post Pavilion” tampoco es un disco, sino que es un single con dos canciones: “My Girls” y “Brother Sport”.
-¿Cómo?
-A ver, la gente tiene la noción de que “Merriweather Post Pavilion” es un disco, pero eso es falso. Es un single en el que la cara a es “My Girls” y la b es “Brother Sport”. El resto de las canciones… yo no sé que existen. Si alguien las escuchó que me lo diga por favor.
-Tiene una especial manía con Animal Collective. ¿Le parece un grupo sobrevalorado?
-No, lo que pasa es que lo de Animal Collective es el triunfo del agotamiento. Es como decir “algo tiene que molar”. Y les tocó a ellos.
-¿Piensa usted que algún grupo hoy en día podría ocupar ese lugar?
-Musicalmente, me gustan mucho más los Dirty Projectors, pero es lo mismo de siempre.
-Me refiero a algo audaz en el sentido de lo que puso ser en su día el “Loveless” de My Bloody Valentine.
-No. Pero bueno, el “Loveless” me parece que es un disco que es solo sonido. A mí me encanta, pero si le quitas el sonido las canciones creo que son bastantes normales. El sonido resulta abrumador, algo que nunca se había escuchado antes. Si yo tuviera 25 años cuando salió el “Loveless” a lo mejor diría lo mismo de él, pero ahora toca Animal Collective. O Nacho Vegas… pero de este prefiero no hablar.
-¿Pertenece también del club de detractores de Nacho Vegas?
-No, yo soy el presidente. Dios, es que Nacho Vegas es una cosa tan… en fin, dejémoslo.
-Cuando le conocí, uno de sus grandes héroes musicales era Liam Gallagher de Oasis.
-Y lo sigue siendo, lo que sucede que lo es de un modo retroactivo. Oasis en su momento eran bestiales, pero ya no me interesan tanto. Ahora, que escucho muchas cosas antiguas, me doy cuenta de que Oasis la verdad es que no eran para tanto. Nada es para tanto. Si sacas a Bach, Debussy, el “Smile” de los Beach Boys y cuatro más, la verdad es que nada es para tanto. Hoy escuchas una cosa del año 70 y dices “Buah, esto es alucinante”. Pero es que mañana, escuchas otra del 68 y te parece aún mejor. Volviendo a Liam Gallaher, en aquel entonces por un lado tenías a Bono diciendo que había que condonar la deuda de los países probres y el coñazo de siempre. Por otro, tenías a Liam borracho dándole puñetazos a un fotógrafo. !Y eso es rock n´roll! Aparte, me encanta como canta.
-Ahora que rapea, qué rapero le gustaría ser ¿Jay-Z?
-No, no me gusta nada. No le acabo de ver el punto. Es como una inercia, lo mismo que Animal Collective. ¿Cuál es el rapero que tenemos? Pues Jay-Z ¿Por qué? Pues qué sé yo. Y mira que escuché todos los discos y sigo sin encontrar eso que le ven muchos por ahí. Hay raperos mucho mejores. A mí el rap me parece la última gran música que salió, porque lo del drum n´bass era un poco como de broma, pese a que haya discazos. El rap es mucho más potente.
-¿Se ve haciendo un videoclip como un rapero en su coche rodeado de mujeres?
-Bueno, es que yo no veo haciendo un videoclip de nada (risas). A mí, tal y como lo veo hoy en día, desde que apareció el rap, desde el 91 o así, es todo un repetición, variando un poco alguna cosa. Para mí el gran modelo es D‘Angello. No hace rap, pero se acerca bastante. Es lo que más escucho últimamente: hip-hop y rock n’ roll de los cincuenta.
-Volvamos al terreno político. El disco está interpretado íntegramente en gallego y una buena parte de su público, por asociación de ideas, seguramente lo ubique como un músico nacionalista. Sin embargo, suelta un “putos nacionalistas” en una de sus canciones. ¿Pretende dejar claro que tampoco le va el nacionalismo?
-Sí, va por eso. La idea de un estado que nos oprime y vamos a liberar a Galiza, no sé. Si fuera una opresión tan grande… Es como lo que digo yo de la aldea. Yo creo que nadie puede negar que hay un menosprecio por la aldea por parte de las ciudades, que es donde se manda. Pero claro, yo tampoco digo que Quins sea al Congo y que la gente se muera de hambre por culpa de Corina Porro, Feijoo o Zapatero. El nacionalismo es un rollo de “hacen terrorismo de estado”, pero si fuera algo tan grave estarías haciendo campañas de marketing bestiales. Nada de eso pasa. Es como si no existiera prisa. “Galicia es una nación y vamos a hacer un estado”, dicen. Pero yo no sé si eso va a ser mañana o dentro de 50.000 años, que es lo que parece. Lo digo por eso. Pero yo no soy nacionalista gallego, en todo caso soy nacionalista ourensano. Pero eso aún tiene que empezar a andar. Estamos empezando.
-Porque usted promulga un Ourense independiente.
-Sí, claro. Toda la provincia sería un estado.
-Tiene una canción fuera del disco, “Adeus Feijoo”, en la que habla de la muerte de Alberto Núñez Feijoo, el actual presidente de la Xunta.
-Lo relato con pelos y señales.
-¿Cuando colgó en Internet esta canción no tuvo miedo de que le pudiera acarrear algún problema?
-No, porque no soy un tipo conocido. Si mañana Bisbal hiciera la misma canción a lo mejor se montaba un revuelo. Aparte, es que es una canción. Aunque fuera más famoso no tendría reparo en publicarla. Es como si haces una película, no me entra en la cabeza que pase algo por eso. Es una canción que habla del suicidio, que es algo cotidiano: a diario se suicidan miles de personas en al mundo. En la vida real no quiero que le pase nada a Feijoo. Es más, quiero que viva 150 años.
-Pero, a ser posible, fuera de la Xunta, ¿no?
-No, si yo creo que es bueno. Yo prefiero a Feijoo antes que a Touriño y Quintana, aunque no le haya votado. Realmente, viendo tal y como está yendo el rollo, es mejor porque igual espabilan los otros, aunque la verdad es que lo dudo. Pero yo no entiendo que pase nada por una canción. Es una historia de un tío que se suicida y nada más.
-En “Tres segundo na memoria”, el libro de Diego Ameixeiras, uno de los protagonistas termina confesando en tiempos del gobierno bipartito PSOE-BNG que “contra Fraga vivíamos mejor”. ¿Se identifica con ello quizás?
-Yo creo es que, hoy en día, no existe ni una persona que no eche de menos a Fraga. Otra cosa es que lo admitan, pero que se echa en falta está claro. Porque Fraga era bastante chungo, pero el tiempo lo hizo bueno. Puede que sea como Rajoy. Desde el 2004 era como “Tío, pasa de todo y déjanos tranquilos”. Pero ahora como le están haciendo tanto la cama desde dentro de su propio partido dan ganas de abrazarlo y decirle “Tranquilo, Mariano, sigue luchando”.
-¿Tipo Gran Hermano en plan “!Jorge aguanta!”?
-Sí, eso. Tú ahora, por ejemplo, ves a Fraga trabajando en Madrid en el Senado. Luego ves a Feijoo con Rueda o a Touriño antes y piensas en Fraga presidiendo la Xunta y dices “!Buff!”. Es como Baltar, que se retira ahora. Se le va a echar de menos en Ourense. Mira a Obama. Era un subidón, pero ahora ves que no es nada radical. Hoy en día no hay nada, todo da igual, ni existe izquierda ni derecha, son todos puros tecnócratas y economistas. Ya no hay política. Supongo que los nacionalistas ya no tienen nada contra lo que ir y les pasa lo mismo.
-¿Le sorprende que fuera de Galicia la gente conecte con usted pese a hacer el disco en gallego y con una temática tan particular?
-Bueno, yo pretendo hacer música mundial, no solo para gallegos, pero comprobar que eso pasa de verdad siempre sorprende. En un blog americano me pusieron como disco del año con un 93 sobre 100. En la crítica decían que el tío del disco hablaba del aburrimiento que sentía en la vida rural. Yo pensé “!Esto es alucinante!”. De Valencia en una radio me llamaron y vi también que lo habían cogido. También de Mallorca. Pero es relativamente normal. A mí me sorprende más que venga un chaval de Texas aquí y que todos lo entendamos perfectamente o que digamos que lo entendemos. Por ejemplo, no deja de llamarme la atención que aquí con Wilco la gente diga “esta es nuestra música”.
-Casos como el suyo o del de Apeiron provocan que se entone el discurso de que “al ser de Galicia no se le presta tanta atención como si fueran de Madrid o Barcelona”. ¿Cómo lo ve usted?
-Eso como una extensión de lo de la aldea versus ciudad. Si A Coruña y Vigo se pueden reír de Quins, Barcelona se ríe de Vigo, de Lugo, Ourense y Ferrol. Y Nueva York se ríe de Barcelona multiplicada por quince. Eso es un hecho. Un hecho entendible, por otra parte. Como es entendible que, por ser yo gallego, tú me entrevistes en La Voz de Galicia, también es entendible que una revista madrileña catalana e inglesa saque a los grupos de allí.
-Bueno, eso es relativo. La Voz se fija en las cosas que hacen gallegos porque su línea editorial es la de mirar al mundo desde Galicia. Las revistas musicales ubicadas en Cataluña se preocupan, en teoría, por todo lo que pasa en España.
-Sí, claro. Pero, por ejemplo, el Rockdelux puede tener colaboradores en otras partes de España, pero la mayoría están en Madrid o Barcelona. Yo creo que si Santi Carrillo tuviera 10 millones de euros para invertir en la revista seguramente tendría controladas más las zonas de España, e incluso Europa. Porque Europa apenas sale en el Rockdelux.
-Le veo muy diplomático en este aspecto. Victimismos al margen, creo con toda sinceridad que si Apeiron fueran de Bilbao y “Todo sigue intacto” lo hubiese editado una discográfica como Metak hubiesen estado entre los cinco mejores discos del año en esas revistas que tienen la mayoría de sus colaboradores en Cataluña y Madrid.
-Bueno, yo me puedo poner en plan “Son unos traidores porque pasan de mí”, pero las cosas son así como funcionan. No es por ser diplomáticos, pero tampoco es cuestión de ponerse en plan “!Santi Carrillo préstame atención!”.
-Usted estuvo en Brasil. He oído que, una vez allí, se convirtió al Islam. ¿Es cierto?
-No, eso fue después. En el Islam no existe la conversión, todos nacemos en el Islam. Lo único que hace falta es tener dos testigos musulmanes. Pero eso fue después de lo de Brasil. En Brasil estuve tres meses porque tengo familia, pero tengo pensado, cuando sea una mega estrella del rock n’ roll, irme a vivir allí. Lo del Islam fue que empecé a leer el Corán y me parece la obra literaria por antonomasia. Es lo más total que se escribió nunca, pero no religiosamente, sino en el sentido artístico. Pero no, yo no soy musulmán,… todavía.
-La inevitable. Estamos esperando ocho años por el segundo disco de Apeiron. ¿Qué pasa?
-Pues que estamos ahí.
-¿Cuántas veces se hizo y se deshizo ese disco?
-Fue solo una vez. En el 2003 teníamos el disco hecho. Pero era la idea con forma, una especie de boceto. El resultado sería lo mismo. Cuando salga va a ser un desastre. Tanto da si hubiera sido en el 2003 o que sea en el 2012. No le va a gustar a nadie. Seguramente será algo así como “¿y estuvisteis todos estos años haciendo esta mierda?” Pero, vamos, nos da bastante igual, porque es algo muy a tope. El disco va a salir, pero lo estamos haciendo. Ahora con mis canciones y al estar Álvaro y Belén trabajando, ya no es tan continuo como antes. Pero a diario sigue avanzando.
-¿Y cuándo saldrá eso?
-Este año no. El año que viene no lo sé. Yo creo que el 2012 es algo bastante realista, pero igual acabamos antes.
La Tamla Motown es una de las grandes instituciones de la música pop. Fundada en Detroit en 1959 por Berry Gordy pronto se ganó el epígrafe de El sonido de la joven América. Ello fue así gracias a un elemento: las canciones. Esas maravillosas piezas surgidas en los Estados Unidos que dominaron económica y culturalmente el mundo tras la Segunda Guerra Mundial lo fueron todo para una juventud que debutaba como clase social. Los adolescentes ya no querían vivir como sus padres. Tampoco vestirse como ellos. Y el ritmo trepidante de The Contours o las melodías esplendorosas de The Supremes servían como combustible para ese cambio trascendental que finalmente fueron los sesenta.
Pero, por encima de los nombres, prevalecía la etiqueta: la Motown, contracción de las palabras motory town, o lo que es lo mismo: ‘ciudad del motor’. Se suele decir que mientras Stax apelaba a los bajos instintos y Atlantic ponía a los cuerpos a bailar, la Tamla Motown era la música con la que uno se enamoraba. El flechazo ante las 18 actuaciones que incluye Motown: The DVD es inmediato en cuando toman la pantalla. Pero, además, viene acompañado un indescriptible efecto secundario: la nostalgia de lo no vivido. En efecto, resulta imposible no trasladarse a ese mundo ideal en el que muchos melómanos sueñan: las radios y las televisiones acogiendo a los príncipes y las princesas del pop, los que convierten los contradictorios sentimientos de la juventud en radiantes piezas de dos minutos y medio.
¿Se imaginan encender la tele y que en una gala veraniega apareciesen The Marvelettes interpretando Please Mr. Postman y luego The Contours con Do Yo Love Me? Pues algo así es la fantasía que late en esta espléndida antología audiovisual. Tomadas de diferentes actuaciones televisivas entre 1965 y 1972, Motown The DVD cierra temporalmente el expolio de los archivos de la discográfica en su quincuagésimo aniversario. En él podemos encontrar una de las mejores metáforas de la filosofía del sello. Nos referimos a Martha & The Vandellas interpretando el Nowhere Run dentro de una cadena de montaje de automóviles.
Y es que ellas, su voz y su presencia, en realidad, no eran sino engranajes de una industria con una misión: fabricar hits. Lo mismo se puede decir de The Tempations haciendo estallar corazones con My Girl, The Supremes emitiendo corazones desde sus ojos al espectador enBack In My Arms Again o el jovencísimo Stevie Wonder convirtiendo los rayos de sol en música en Uptight.
Apenas suponen unos ejemplos traídos de un mundo en el que el pop de calidad todavía se movía excitante y cómodo en los números uno, ajeno a la vulgaridad contra la que habría que luchar luego. Porque, si apagado el deuvedé, aparece por casualidad un Bisbal de la vida por ahí, el corte de digestión puede ser demoledor.
Stevie Wonder convirtiendo los rayos de sol en una canción
Se cumplen veinte años de la muerte del músico que instaló el pop cantado en gallego en el número uno de ventas nacional. Un hito no superado.
Hace veinte años murió Andrés Do Barro Lapique (Ferrol, 1947). Le sucedió siendo aún joven, con 42 años, víctima de un cáncer hepático. Antes, había paseado por la cuerda floja durante más de una década. A mediados de los setenta, tras grabar su tercer álbum, el homónimo Andrés Do Barro, el mismo éxito que lo acarició los años anteriores empezó a escurrírsele de las manos. Frente al declive, optó por irse a México en 1976. Allí tampoco fueron las cosas bien. Ocho años después retornó con el mismo mal fario, y llegó a tener serios problemas para subsistir. Tras varias peripecias, incluyendo una frustrada venta de la maqueta de un cuarto álbum del que nadie conoce su existencia o su breve periplo como locutor de radio, llegó el fin.
Nonito Pereira, amigo personal del músico, describe en su libro Historias, histerias y anécdotas musicales de La Coruña la impresión que le causó una intervención de Do Barro en la TVG en noviembre de 1989: «Fue patético. Tuve la triste corazonada de que Andrés, fuera de control y arremetiendo contra el mundo, se estaba suicidando en público. Ya no le importaba nada ni nadie y sentí ganas de llamar al programa para que alguien terminase con aquel macabro espectáculo». Un mes después, el músico que había llevado el pop cantado en gallego al número uno de ventas en España había fallecido.
Andrés Do Barro marcando el camino a los Rolling Stones con “Pois Eu”
Atrás quedaba una carrera vampirizada para el gran público por el éxito de una canción, O tren. Esa pieza soberbia de folk-pop descarado y coros audaces aún arrolla hoy en día. Resulta prácticamente imposible que el oyente no se contagie de su desbordante felicidad. Un joven al que se le sale el corazón del pecho viaja en tren con un destino, Galicia. Allí dice que «todo o que sexa amor e paz o atoparei e o terei coa miña moza no meu lar». Con ella Andrés Do Barro dio un codazo en las listas a los Simon & Gartfunkel, Mundo Jerry y Cecilia del momento. Su hábil puenteo entre la música popular gallega y el pop del momento de O tren sonó en toda España.
La canción se integró en el primer álbum del ferrolano, Me llamo Andrés Lapique Do Barro (1970). Desde el pop soulero derivativo de Los Bravos de San Antón al sonido panorámico en la onda de Henry Mancini de Teño saudade (que acoge la preciosa poética de su colaborador Xavier Alcalá), las doces canciones de este trabajo muestran a un autor dueño de un talento y un encanto muy particular. Lo primero lo demostraba con un variado abanico de canciones enormes, que acogen momentos inclasificables como Vou a Bueu que filtreaba con algo parecido al rap años antes de que este exitiera. Lo segundo se encuentra en su voz, dulce pero vulnerable, incluso en los momentos más radiantes. Ello generaba una indescriptible sensación de ternura al escucharla.
“Teño saudade” en una versión diferente a la del disco. ¿Su mejor canción?
Tras su intervención como actor en el filme En la red de mi canción junto a Concha Velasco, pronto llegó el segundo trabajo, Pum! (1971). El papel estrella lo ocupó aquí Pandeirada, un tema de corte popular. La excentricidad la puso Un pouquiño mambo, ou así haciendo honor al título. A unos ojos verdes tiró hacia la lírica folk y Meu amor por la senda de la épica crooner.
Con Pump! Do Barro agotó las reservas de la inspiración. El tercer elepé lo demostraría. Sobreproducido, lo cierto es que, salvo algún momento aislado, como la caleidoscópica A rapaciña chora, resulta un álbum prescindible.
Homenaje del «indie»
La vigencia del legado de Andrés Do Barro y su valor como icono de la música pop en Galicia quedó de manifiesto en el 2007 con la edición de Manifesto dobarrista. Publicado por la discográfica Falcatruada, en él 30 grupos gallegos revisaron el catálogo de composiciones del músico de Ferrol, elevándolo a la categoría de mito fundacional. Entre los participantes figuran muchos de los nombres del último pop gallego de corte indie como Projecto Mourente, Safari Orquestra, Quant, The Homens, Los Iribarnes, 6pm, Niño y Pistola, Narf, Ectoplasma, Samesugas, Elodio y los Seres Queridos o Noveulle Cuisine. Además de ellos, en el álbum se incluye la intervención de Andrea Lapique, hija del homenajeado, que le recita versos a su padre en la canción Meu amor, que interpretan los compostelanos Fanny + Alexander.
Un año después se estrenó el documental O tren que me leva, producido y dirigido por Anxo Fernández y que contó con guión de Xavier Alcalá. Ambos sostienen que Do Barro es el neotrovador del siglo XX. «Trátase dun tipo xenial que reinventou a literatura medieval escribindo poesía para cantar», recuerda Alcalá.
Los coruñeses Nouvelle Cuisine versionando “Pandeirada” en una gala homenaje de la TVG
De nuevo la mente viaja al Santirock 2000. Si la confirmación de la actuación de Yo La tengo en la sala Capitol de Santiago hace unos días trasladó a muchos aficionados a su excepcional concierto en ese festival, la noticia de la posible visita de Sonic Youth este verano al Coliseum coruñés obliga a hacer idéntico recorrido sentimental. Las dos fueron de esas actuaciones que se quedaron instaladas de por vida en la memoria colectiva, formando ya parte de la particular mitología de los directos de rock en Galicia. Se impone un pequeño clic en la nostalgia
Todo ocurrió la tercera jornada del festival que se celebró en el Monte do Gozo de Santiago el 13, 14 y 15 de julio del 2000. Tras los pases de Iggy Pop, Skun Annasie o Asian Dub Foundation en los días previos, el último del evento albergaba un cartel de auténtico ensueño con Yo La tengo, Manta Ray, Teenage Fanclub, Ocean Colour Scene y Sonic Youth. En una especie de dialéctica entre los hijos de los Beatles (Teenage Fanclub, Ocean Colour Scene) y los de la Velvet Undeground (Sonic Youth, Manta Ray y Yo La tengo) ganaron de largo los segundos, pese al sinsentido de situar a Ocean Colour Scene como supuesto grupo estrella. Venían como grandes iconos del brit-pop, vale, y eran entonces un grupo muy popular que arrastraba al público. Pero, de ahí a colocarlos en una ubicación más privilegiada en el cartel que Sonic Youth, había un trecho que, por respeto y coherencia, nunca se debería haber recorrido. Lo cierto es que la escena recordaba a cuando U2 pretendían llevar de teloneros a The Velvet Undergound.
Lo del éxito de Yo La Tengo se preveía. Llegaban entonces con plenitud de facultades con un gran disco, And Then Nothing Turned Itself Inside-Out. Y tomaron una senda bastante arriesgada para una actuación de festival: tirar por el lado más reposado y plácido de su repertorio bajo un cielo amenazante de tormenta. No importó, a los pocos minutos ya tenían a los corazones de los asistentes en sintonía con su maravillosa música. Para la historia quedará siempre aquel maravilloso You Can’ t Have It All en el que Ira, Georgia y James homenajearon a las Supremes con una coreografía tan hilarante como encantadora. Muchos brit-poppers los conocieron (y se enamoraron de ellos) ese día.
Sonic Youth lo tenían mucho más difícil. El disco que les precedía, NYC Ghost & Flowers, había sido un paso en falso de su inmaculada trayectoria. Como ejemplo, sirva decir que el codirector del Ruta 66 Ignacio Juliá, fan encendido de la banda, finalizó en su día la crítica de este con un “Ni de Sonic Youth te puedes fiar hoy en día” que hablaba a las claras. Y, en efecto, muchos no se fiaban. El disco no era el mejor material posible y lo ocurrido su anterior visita a España con la presentación del disco A Thousand Leaves no invitaba al optimismo: los neoyorquinos lo habían repasado casi íntegro en el Fib con una sola concesión a su pasado, Death Valley 69.
Pero no, en su pase compostelano, Sonic Youth ofrecieron una lección maestra. Acompañados de Jim O’ Rourke, que debutaba entonces como miembro fijo, el set fue un ziz-zag entre pasado y presente. Cuando, a la cuarta o quinta canción, sonó Schizophrenia todo el escepticismo se vino abajo y el público asistió a uno de los mejores conciertos que se hayan visto jamás en Galicia. A las incendiarias lecturas de Teenage Riot o Kool Thing solo les faltó un poco de volumen para que el Monte do Gozo se viniera abajo. Exactamente, el que tuvieron luego unos Ocean Colour Scene que, pese a sus virtudes, no pudieron competir con aquella Kim Gordon desmelenada bramando eso de “I don’t wanna, I don’t think so”.
Recordarlo, pone la piel de gallina. Ahora solo queda esperar que lo podamos revivir.
Así de vibrantes sonaban Sonic Youth en Los Ángeles tocando “Death Valley 69″ hace 14 días
(una agradabilísima noticia al margen: Triángulo de Amor Bizarro harán un inesperado concierto en A Coruña en febrero)
La aparición de los carballeses Franc3s ha sido una las mejores noticias que ha deparado el panorama del rock subterráneo en Galicia. Dos minicedés autoeditados hasta la fecha y un puñado de vibrantes conciertos dan fe de ello. También obligan a pensar su salto al formato grande debería estar al caer.
Su última aportación la podemos ver en el video clip Nuestra fe en el veneno, otra nueva ración de su devoción por el ruido y los ambientes apocalípticos a lo Joy Division. Dirigido por Javi Camino, a buen seguro no dejará a nadie indiferente.
Más sobre Franc3s aquí
Facebook se ha convertido en el gran parlamento universal. La red social de Internet además de mostrar fotos, vídeos, opiniones, permite también crear grupos de apoyo. Entre ellos, destacan los musicales, un buen baremo para que los políticos y programadores sepan qué es lo demanda la calle de manera espontánea. Por ejemplo, un fan de U2 llamado Aitor González Copa deseaba que los irlandeses vinieran a tocar a Galicia. Al leer en La Voz que la Xunta renunciaba a traer al grupo a Vigo por la crisis económica, colgó la noticia en la Red y montó en Facebook el grupo U2 en Balaídos el 26 de septiembre del 2010. De pronto, una masa de admiradores lo secundaron con sus clics.
Este fin de semana, el contador de seguidores de la iniciativa de Aitor González marcaba 3.830 miembros. No sirven ya para nada. El propio administrador anunciaba hace poco que la fecha propuesta para Vigo ya había sido cerrada para tocar San Sebastian. Pero ello no ha impedido que se siguieran adhirieron personas manifestando su anhelo frustrado. Si se suman a los seguidores de otro grupo similar, U2 para el Xacobeo 2010, juntan 4.277. Es decir, el mayor número de apoyos existente en este momento en el ciberespacio para una banda toque en el Xacobeo recaen en U2.
Poco más de la mitad posee el siguiente en la lista: AC/DC. Los australianos cuentan con el respaldo de 2.228 fans en un grupo, AC/DC en el Xacobeo 2010!!! que, como carta de presentación, reza lo siguiente: «Para que todos los que no los hemos visto en vivo y en directo podamos hacerlo de una vez!!!». Muy cerca de la formación de Angus Young se sitúan los británicos Radiohead. Reunidos los miembros de Queremos a Radiohead en el Xacobeo!!! y los de Radiohead al Xacobeo 2010 se obtienen 2.069 internautas secundando a un nombre que el propio conselleiro de Cultura, Roberto Varela, mencionó como objetivo. Tanto él como los fans lo tendrán difícil: la banda no está de gira en el 2010.
La cuarta plaza del ránking pertenece a otros clásicos de este tipo de demandas: Metallica. Los creadores de Queremos a Metallica no Xacobeo 2010 añoran el excepcional concierto que los de Los Ángeles dieron hace 11 años en Vigo y han reunido, por ahora, a 907 miembros. La electrónica también puja alto, ya que, por debajo de Metallica, está la disyóquey alemana Cora Novoa a la que 418 personas le piden plaza dentro del festival Sonar que se celebrará en A Coruña en junio de este año y se enmarca dentro de la programación del Xacobeo.
A partir de ahí, los nombres se agolpan en la red en un variopinto elenco de artistas y estilos musicales. El nu-metal de Incubus cuentan con el empuje de 283 personas. El tecno-pop de Lady Gaga con 200, el clasicismo de Paul McCartney 179 y el heavy-metal de Iron Maiden con 171. Coldplay, por su parte, tienen 171, Muse 110 y, por debajo de la centena, se sitúan The Cure, Rammstein, The Killers, Danko Jones y la posibilidad de la dupla entre Franz Ferdinand y Mando Diao.
Apoyo a Pérez Varela
Todos los casos mencionados son deseos musicales. También existe algún otro más inclasificable, como las 70 personas inscritas en Pérez Varela en el Xacobeo 2010. Los fans del ex conselleiro de Cultura, capitaneados por Luis Pardo, lo tienen claro: «Queremos que Pérez Valera vuelva para el próximo Año Santo. O, por lo menos, que le dejen anunciar las actuaciones!!!».
LOS MÁS DEMANDADOS (entre paréntesis el número de seguidores en Facebook que tenían el pasado fin de semana): 1. U2 (4.277); 2. AC/DC(2.180); 3. Radiohead (2.069); 4. Metallica (907); 5. Cora Novoa (418); 6. Incubus (283); 7. Lady Gaga (200); 8. Paul McCartney (179); 9. Iron Maiden (171); 10. Coldplay (141); 11. Muse (110); 12. The Cure (85); 13. Rammstein (6o6); 14. The Killers (33); 15. Danko Jones (28); 16. Franz Ferdinand y Mando Diao(7)
Dominique A
16 de enero 2010
Teatro Colón, A Coruña
Pese a los distintos ropajes, el 90% de las canciones de Dominique A responden a un mismo patrón. Se trata de piezas de estructura circular que giran y giran, aumentando la intensidad en cada vuelta. Cuando alcanzan el punto exacto, el francés las mantiene varios segundos en el aire, suspendiendo la emoción. En ese instante el espectador que conecte con sus claves puede experimentar cómo la respiración se hace más y más fuerte, cómo la mandíbula se aprieta y un escalofrío recorre totalmente su piel. Cuando finaliza el tema, la respuesta es inmediata. Aplausos, suspiros, gritos, pataleos… lo que sea. Todo para corresponder a un músico excepcional.
Abría Dominique A el cuarto ciclo Vangardas sonoras de la Fundación Caixa Galicia con La Musique, su octavo álbum, bajo el brazo. Este dibujó la columna vertebral de una gran actuación en la que el francés invocó, más que nunca, al rock oscuro de Joy Division. Las baterías maquinales, los sintetizadores de época y las guitarras cortantes se pusieron al servicio del señor Ané y su interpretación engañosamente delicada. Efectivamente, la contención inicial de sus cuerdas vocales se iba enfureciendo progresivamente y, al final, golpeaba con la misma fiereza de un oleaje desbocado.
Sirva como ejemplo Hasta que el cuerpo aguante, una de las piezas más dulces de su último disco, llamada a convertirse en imprescindible en sus visitas a España. En el Colón arañó los oídos. Le precedió una joya de ambientes opresivos y cables cruzados, Qui Es Tu?, y le siguió Le Commerce de L’eau, con su enredadora agresividad al ralentí. En ese momento quienes habían sacado conclusiones precipitadas con la minitatura tecno-pop de Le Sens con el que abrió la noche, se dieron cuenta que no, que aquello no iba a ser lo que esperaban.
Un final para enmarcar
Gustó, y mucho, su martilleante lectura de Je Suis Parti Avec Toi que parecía llevarnos a la PJ Harvey humeante y trip-hopera de Is This Desire? Apasionó con un Immortels mucho más rugoso y menos preciosista que en el disco. Y puso el corazón en el pecho de más de uno con la taquicardia after-punk de Nanortalik. Pero lo mejor vendría al final, con dos bises para enmarcar. En el primero atacó a los clásicos Antonia y el Le 22 Bar con el que se hizo popular en España allá por el 96. En el segundo, Por la Peau se revalidó una vez más como una de las cimas de su carrera y el post-punk bailable de Le Courage Des Osieaux hizo que sobrasen las butacas para un público que lo despidió en pie con una sonora y entregada ovación. Lógico, acaban de presenciar un concierto soberbio.
Fotografía: César Quian
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