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¡Qué siga la música! Chicharrón y Bifannah, en la Nave 1839

Escrito por Javier Becerra
27 de abril de 2016 a las 17:48h

De acuerdo, lo de Triángulo de Amor Bizarro el pasado viernes en el Playa Club fue muy fuerte.Su puñetazo sonoro fue tal que lo normal es que no tuvieras fuerzas para otro concierto en días. Pero tampoco nos vamos a relejar. Los conciertos de Retroalimentación siguen con un doble cartel la mar de interesante: Chicharron + Bifannah (Nave 1836, viernes 6 de mayo, 20.30 horas, 5 euros)

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Chicharron son muy amigos de Retroalimentación. Ya estuvieron el año pasado presentando su primer disco y ahora repiten con un segundo paso, Postal, que nos ha encantado. Más allá de lo que en su día se definió como «la versión acústica de Franc3s» por la presencia de Alberto Vecino en ambas formaciones, ahora Chicharron combinan atmósferas, poesía y una belleza muy particular. Lo puedes escuchar aquí.

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Bifannah también son viejos conocidos de la casa. Sus dos terceras partes proceden de Wild Balbina, que abrieron la tercera temporada del ciclo en el 2014. En esta nueva encarnación han tejido una suerte de garage tropical con arraigo gallego que enamora. Como si los Sonics se mezclasen con Os Mutantes, su primer epé emerge como una deliciosa rareza en el jardín pop galaico. Queremos saborearlo en directo. Y estamos seguros de que encantará y encantarán
Los puedes escuchar aquí.

Y ojo, que para el final de esta temporada tenemos un doble cartel tremendo: Bala + Lady Leño (17 de junio, Playa Club, 6/8 euros). Son dos bandas a las que queremos mucho, con las que hemos encontrado una conexión tremenda y, además, en sus dos conciertos de este año llenaron la Nave 1839 y Mardi Gras respectivamente. Por eso ahora los vamos a colocar en una plaza mayor para que expandan electricidad a más y más personas.

Ruido pop, volumen brutal y feliz cumpleaños

Escrito por Javier Becerra
23 de abril de 2016 a las 9:28h

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Los conciertos de Retroalimentación no nacieron para conseguir llenos, sino para que en ellos actuasen los mejores grupos del momento en Galicia. Pero cuando la sala Playa Club se pone a reventar como ayer, resulta inevitable dibujar una sonrisa. Fue una gran noche. Triángulo de Amor Bizarro brillaron. El público respondió. Y entre todos crearon una ruidosa bola de emoción generada a volumen brutal para soplar las velas del octavo aniversario de este blog.

Seguramente desde el pase de Schwarz en el 2004 no se metió tanta tralla en el escenario del Playa Club. Ayer todos se fueron a casa con los oídos pitando. El pitido aún pervive hoy al despertar. Triángulo sonaron alto, agrestes e indomables. Fundieron ruido y melodía, detonaciones rítmicas y pausas amenazantes. Demostraron que actualmente no hay quien les tosa sobre un escenario. Dejaron una de esas actuaciones para el recuerdo.

¿Qué es lo que tocaron? Pues, todo su último disco entero, con cruce de cables guitarrero y ocasional ramalazo heavy. También algunas de sus antiguas canciones. Todo con la complicidad de un público loco que demostró que aquello que plantaron TAB en la década pasada, haciendo saltar chispas, rayos y centellas, no solo se mantienen vigente, sino que se se ha multiplicado.

Antes de ellos estuvo otro discípulo del ruido: Rubén Domínguez con Pantis, su proyecto de pop electrónico entre Suicide y Derribos Arias que mola una barbaridad. Seguramente lo volvamos a escuchar.

De este modo tan guay celebramos ocho años de este blog. Fue una maravilla veros a todos, tan entregados y tan cómplices, doblando las expectativas. Muchísimas gracias por el respaldo, la presencia y la energía. Y no os olvidéis que Los conciertos de Retroalimentación siguen. Próxima parada: 6 de mayo, Chicharrón + Biffanah en Nave 1839

Pardo contradiciendo a su destino

Escrito por Javier Becerra
3 de abril de 2016 a las 11:08h

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Muy grande lo del viernes en el Playa Club con Pardo. Respaldado con la banda con la que grabó Siento no haber sido lo esperado llegó crecido a Los conciertos de Retroalimentación. Con maneras dylanianas, arrojo interpretativo y solidez instrumental repasó su último disco, hizo pequeñas incursiones en su pasado y tocó las versiones que enamoraron a Laura Pausini en su paso por La Voz.

«¿Por qué está todo el mundo hablando de Quique González y no de este tío?», preguntaba uno de los asistentes al concierto. Pues porque a veces hay grandes artistas ensombrecidos no se sabe muy bien por qué. Pardo, al calor de unas 200 personas, se disculpó por no haber sido lo esperado, pero a cambio expuso lo que deseaba ser, lo que está ya siendo y lo que será, sin duda. Muchísimas gracias a él, a sus músicos, a la sala Playa Club y, por supuesto, a quienes en la sobreoferta de la ciudad siguen haciendo un hueco para este ciclo de conciertos.

Próxima parada: Triángulo de Amor Bizarro, 22 de abril en el Playa Club. Celebramos ese día ocho años de vida de este blog. Y Lo que queda.

Pardo: «Quise dedicarme a otra cosa para vivir mejor, pero no he sido capaz de dejar la música»

Escrito por Javier Becerra
31 de marzo de 2016 a las 20:14h

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Mañana Pardo llegará a Los conciertos de Retroalimentación (Playa Club, 23 horas, entradas). Ya estuvo en el 2014 en solitario, precediendo a Wolrus. Entonces cantaba en inglés y llevaba una guitarra acústica. Ahora, como artista único del cartel, canta en castellano y actúa con banda. Es el Pardo que se puede escuchar en Siento no haber sido lo esperado, su último disco, una obra de rock con poso clásico y múltiples miras al blues, al jazz y al folk que debería tener un reconocimiento mucho mayor que el que ha tenido.

-Viéndolo, trasmite la idea de que ha nacido para ser músico. ¿Se ve así?

-Sí, más que verme así es que sé que valgo. Hay otras cosas que sé que no se me dan bien. Pero en esta que he trabajado tanto y tanto tiempo que no veo otra manera de vivir que no sea así. Lo he intentado, pero no he podido. Estoy demasiado hecho a la profesión [risas].

-¿Realmente ha intentado dejar de ser músico?

-Sí, varias veces. Quise dedicarme a otra cosa para vivir mejor, pero no he sido capaz de dejar la música. ¡Y mira que lo he hecho con ganas!

-Esto es como cuando uno está enamorado e intenta olvidar a la chica… para terminar merodeando por su casa a ver si se topa accidentalmente con ella.

-Sí, algo sí. Al final siempre vuelves [risas].

-¿Qué recuerdos tiene asociados a la música de pequeño?

-La música apareció de manera espontánea en mi vida. Compré una guitarra en un rastro que había en Cuatro Caminos. Costaría unas 3.000 pesetas. Es un gran recuerdo. Con esa guitarra empecé a tocar en casa. Al principio tocaba fatal y cantaba peor. Pero tenía ganas. Recuerdo que mi hermano quedaba con los amigos y les ponía lo que yo grababa para descojonarse [risas]. Luego, también tengo grandes recuerdos de mis primeros viajes tocando. Cuando fuimos a Amsterdam o Canarias a tocar. Era una época mejor. Pagaban bien: te ponían el billete y luego aún te dejaban estar unos días de vacaciones.

-¿Qué artista le fascinó hasta empujarle a ser músico?

-Varios. Ese tipo de cosas tienen que surgir en un estado determinado, que te pillen con las emociones acordes con su música. Me pasó con Bob Dylan. Fue en un viaje a Barcelona, justo cuando me había dejado mi chica. Yo era un chaval, de 19 años o así. Me compré un bootleg series de Dylan y lo escuché en el tren. Ahí empezó mi historia de amor con Dylan que terminó cuando lo fui a ver a Vigo, en el 2008. No me gustó nada lo que vi. Ahí se relajó mucho la cosa.

-Imagino que antes de Dylan hay otros iconos.

-Sí, claro. Uno de ellos es Big Bill Broonzy. Es un cantante de blues acústico de los años 30, que murió de cáncer de garganta. Grabó un montón de discos. Un tipo de esos que se sobrepuso a las adversidades: un analfabeto del sur de Estados Unidos que se fue a Europa y aprendió a leer y escribir. Luego me interesa mucho Nat King Cole trío. Eso me impactó mucho. Me pilló estudiando música y sus armonías y cambios de ritmo me alucinaron. Además, en esa época se grababa mucho y hay mucho material.

-Lo que me cita son artistas muy enraizados ne el folk y en blues. Eso se traslada a su música. Usted suena a clásico, no a algo moderno.

-Es inevitable. Me ocurre siempre. Tiro a lo de atrás. Ahora escucho mucho son cubano y música latina. Pero mi tendencia es tirar hacia atrás. Me gusta ver de dónde vienen las cosas. Luego, le intento dar un punto de vista actual.

-Seguramente por su estética se le asocie siempre al rockabilly. Luego, no ocupa ni un 10% de sus influencias. ¿No le choca?

-Sí, sin duda. Cuando era más joven tocaba ese estilo. Pero ahora no. La gente me sigue asociando a eso. Me gusta, pero no es mi gran influencia. Ahora mismo está muy poco presencia. Quizá hay alguna pincelada, pero no creo que a nadie que sea un fan del rockabilly le guste lo que hago yo.

-¿Qué le atrajo para ser un rocker de adolescente?

-Buff, no sé. Yo era un chaval. En esa edad, te apetece ser diferente, desmarcarte y no ser parte del gran grupo. Con los años ves, sin embargo, que aferrarse a unas ideas fijas es una tontería.

-¿La ortodoxia le duró poco?

-Claro. El que buscaba ser diferente de joven, cuando se crece quiere seguir siendo diferente no perteneciendo a un grupo que le implanta unos prejuicios y unos gustos. Los gustos tienen que ser particulares y de cada uno.

-Ahora se ha pasado al castellano. Los artistas con unas influencias anglosajonas tan fuertes como usted y que hacen el tránsito ven personalizado su sonido radicalmente. ¿Piensa que le ha pasado?

-Lo noté. Ahora ya me acostumbré. Las canciones las hago de la misma manera, pero el castellano me permite hablar con mucha más riqueza, no ser tan evidente. Canto de otra manera. Es muy diferente. La manera de vocalizar cambia y te obliga a cambiar. Si no sonaría a Bertín Osborne haciendo discos de crooner.

-En varios temas del disco se le nota más agresivo. ¿Es por el idioma?

-Sí, algunas son más viscerales y cañeras. Pero eso creo que que se debe a la electrificación de la banda. Me apetecía mucho, porque llevaba dos discos muy tranquilos y echaba de menos meterle un poco a de candela al asunto. Surgió de manera muy natural todo.

-Da la sensación de que el disco gravita en ocasiones sobre el piano, cuando antes era la guitarra acústica.

-Sí, le quería dar más protagonismo. No quería que el peso armónico de los temas lo llevase solo la guitarra. El piano la da más cuerpo. Estoy muy contento con el resultado.

-Volviendo al Dylan con el que «cortó» hace tiempo, lo cierto es que a veces esos pianos remiten a él.

-[risas] Sí, el también cambió de lo acústico a lo eléctrico. Pero bueno, aquí hacemos lo que podemos. Al tener la banda hay más recursos y más libertad.

-¿El título del disco, «Siento no haber sido lo esperado», es una declaración de principios o un mensaje dirigido a alguien?

-Es una declaración de principios. Siempre me ha pasado. La gente, aunque sea de manera optimista y para ayudarte, intenta marcarte un camino que ellos consideran que es el correcto y el que tienes que hacer para tener una vida estable y feliz. Yo creo que cada uno tienen que ver por sí mismo cuál es ese camino. Está bien la ayuda, pero tampoco hay que dejarse llevar.

-¿Es más feliz con los altibajos de la música que trabajando en una gestoría?

-Sí, no me veo ahí, haciendo declaraciones de la renta [risas]. Con todo mi respeto. Cada uno vale para lo que vale y es feliz donde sea. Yo no podría decirle a mi gestor: «Oye, vente de roadie conmigo en la furgoneta». Seguro que él tampoco sería feliz.

-¿Ha decepcionado a mucha gente no siendo lo esperado?

-No creo. Supongo que alguna vez sí. Si eres fiel a ti mismo y con cariño a los demás no creo que hagas daño.

-Ahora que le entendemos, encontramos cosas curiosas en las letras. Una es eso del «torero vegano». ¿De dónde viene?

-[Risas] Se me ocurrió, sin más. Es una letra con humor, criticando la sociedad actual. Está tan presente lo de los toros y los veganos, que seguro que hay alguno que se haya vuelto vegano diciendo: «El toro es mi amigo, no lo voy a matar». Es una crítica constructiva, pero una crítica.

-Estamos en un momento en la música alternativa en la que se han derribado muchos perjuicios. En los noventa la gente se definía en negativo, diciendo lo que no iba a hacer. Ahora parece que la gente se ha relajado. Eso me lleva a su participación en un talent-show como La Voz. ¿Cómo se mete ahí?

-Esto es un trabajo y quieres llegar a la mayor gente posible. Así debería ser. Ocurre lo mismo con un pintor o un escritor. Quiere público. Lo que ocurría antes son prejuicios debidos a la ignorancia o a esa idea de estar metido en un colectivo con reglas. Yo creo que es bueno abrir todas las puertas que puedas. A mí me llamaron, me insistieron para que fuera a los castings y dije: «Bueno, ¿por qué no? Al fin y al cabo es un día por la noche con cinco millones de personas viéndote». Eso es no sé cuántas veces el Santiago Bernabeu.

-La experiencia, sin embargo, no fue positiva. En una entrevista en El Giradiscos raja de lo lindo del programa.

-[risas] No, la experiencia fue positiva, pero mi opinión personal de la gente que está detrás en la productora y cómo vi yo que hacen las cosas fue un poco triste. Se aprovechaban de chavales, que yo veía que tenían talento pero que estaban perdidos y se fiaban demasiado de la productora. Aparte del sensacionalismo, le prometían a gente muy joven que iban a lograr muchas cosas. Todo para conseguir lo mejor de ellos y, luego, en el momento en el que se tenían que desahuciar de ellos, le cerraban la puerta en la cara sin ningún tipo de compasión.

-¿No surgió la oportunidad de hacer un disco con Laura Pausini?

-[Risas] La verdad es que no la vi mucho. En la tele parece que ensayas con ellos, pero la verdad es que debí estar cuatro minutos con ella. No más. Al final ensayábamos con alguien que no conoce nadie. Es televisión.

-Resumiendo, ¿tiene usted vocación minoritaria?

-No, soy un artista que intenta llegar a todos los oídos posibles. No quiero cerrarme. Me encantaría gustarle a la señora que vende las cigalas en el mercado y al chaval que está jugando al fútbol en Argentina. Cuanto más gente, yo más feliz.

-Quizá se pueda ver algo ya en el disco, pero todo hace pensar que aumentará en el futuro. Me refiero al tema latino. ¿Camina Pardo en dirección de latinizarse?

-No sé si latinizarme, pero sí que camino con ideas nuevas. El próximo trabajo seguramente será muy diferente. Quiero probar cosas actuales. Me apetece jugar con la electrónica, por ejemplo. Pardo camina hacia adelante. Ya veremos hacia dónde.

-¿Me está hablando de electrónica?

-Sí, y de más cosas. Tengo muchas ideas en la cabeza. No quiero ponerme límites

-¿Pardo goes to techno?

-Ya molaría. Pero para eso seguramente aún haya que esperar unos años.

La exhalación pop de The Vaccines

Escrito por Javier Becerra
15 de marzo de 2016 a las 9:26h

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THE VACCINES
Sala Finisterrae, A Coruña
14-3-2016

Ver al grupo en el momento. Esa secuencia impoluta en el que todo -el sonido, las canciones, el espíritu- encaja. Los fans perfeccionistas adoran coleccionar esas instantáneas en las que se sabe, al contemplarla, que nada volverá a ser igual. Los Sonic Youth del 87, los Stone Roses del 89, los Jesus and Mary Chain del 92, la Pj Harvey del 95, los Radiohead del 2001. Todos sabemos lo que es eso: ¡uauuuuuuuuuuuu!, ¡aaaaaaaaaagh¡, ¡me mueroooooooo! A un grupo como The Vaccines la fotografía perfecta se la tomaron allá por 2011, 2012 como mucho. Con esas canciones redondas como soles, con ese sonido encrespado, con ese espíritu exultantemente juvenil. Algo así no se iba a repetir, lo sabíamos. Como no se repite la adolescencia o la locura de los primeros meses de un noviazgo. Nunca más. Jamás.

Por eso algunos pasos discurrían entre escépticos y pragmáticos rumbo al Hotel Finisterre. «Cosas así no son frecuentes en nuestra ciudad». «Tienen temazos, así que con que las toquen no hay fallo».«¿De verdad que tienes algo mejor que hacer un lunes de marzo como este?». Reencuentros. Caras conocidas. Gente que sigue hablando (y añorándolo) de Brit-Pop veinte años más tarde. También los vecinos estudiantes con sus tupés que dibujan la brecha generacional. Y, por supuesto, eso que ha venido en llamarse hipsterismo. Cerveza. Besos. «¡Hey, tío!». Fleetwood Mac de sonido. Fader. Fuera música. Telón rojo. Aplausos. Bases programadas. Y el jovencísimo Justin Hayward-Young en medio, armado con una guitarra acústica. Mal rollo. Mala señal. ¿Se esfumó el nervio con un instrumento decorativo?

Pero arranca la canción. Es Handsome, de su último disco. Golpea. Emite ondas sísmicas. Sacuden la sala. Detonaciones de afro-pop. Invitación al baile. Y una fuerza melódica ante la que te puedes resistir, sí. Pero sería una soberana estupidez hacerlo. Eso para los que piensan que “entender de música” equivale a estar rígidos en un concierto,frotando la barbilla. Le sigue Teenage Icon, coreada en spanglish por el público. Fuera abrigo. Fuera jersey. Camisa remangada. Otra cerveza ¿No habíamos quedado en que este no era ya el momento de The Vaccines y que su visita había que tomársela como un saldo de provincias? «No moleste, señor. Si no quiere unirse a la fiesta, vaya atrás, con los rígidos».

Dos temas. El cuarteto londinense necesitó apenas esos dos disparos para disipar dudas. No, para nada respondían al tópico del grupo guiri desganado de turisteo por España y racaneando emoción. Tampoco evidenciaban en el escenario el paulatino descenso de calidad de su producción discográfica, desde el sensacional What Did You Expect From The Vaccines? (2011) al flojete English Grafitti (2015), que venían a presentar. Además sonaban bien y desprendían sensación de encontrarse ahí y ahora, dejando huella. Incluso material inferior como el electro-rock Dream Lover o la fragilidad tecno de Minimal Affection funcionaba. ¡Voilá! Fuera prejuicios e ideas preconcebidas. ¡Vamos a disfrutar!

Se disfrutó. Solo un pequeño periplo entre aburrido y épico de la parte central instó a recordar las vibraciones previas. El resto resultó una fiesta. Pero una fiesta de las de dar saltos, dar palmas y dejar un poquito de la garganta. Como debe ser. Igual iba la cosa con 20/20 que con Radio Bikini, queriéndole meter el codo a Vampire Weekend. También, se dejaron llevar vacias veces por la épica a lo The Killers, por ejemplo con Give Me a Sing. Pero donde realmente engancharon fue tirando de esas efervescentes piezas con las que emergieron allá por 2010. Hablamos de Norgaad, de If You Wanna o Wreckin’ Bar que pusieron la sala patas arriba sonando como exaltaciones pop.

Porque esas y el resto de sus compañeras en aquel sensacional disco de debut son las grandes canciones de The Vaccines. Te dicen claramente que si un día el pop británico de guitarras fue maravilloso y no el tedio general actual fue gracias a delicias como esas. Suenan ahora, seis años después, en un momento que puede que no corresponda con “el momento”. Pero, desde luego, sobre el escenario se le parece. Ayer al menos ocurrió así. Sacudiéndonos el cuerpo, incitándonos a levantar el puño y haciéndonos creer por un instante que formábamos parte de una exhalación pop. Una manera perfecta de derribar lo preconcebido y dejarse llevar por la realidad.

El ángel de María Rodés

Escrito por Javier Becerra
13 de marzo de 2016 a las 12:53h

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MARÍA RODÉS
MAC, A Coruña
12 – 3- 2016

María Rodés tiene ángel. Incluso en un concierto como el de ayer, en el que tras la actuación lamentaba los problemas de sonido en el tramo inicial y un inoportuno ataque de tos que sufrió justo al final, dejó a la gente embobada. Sí, totalmente em-bo-ba-da. Su música -frágil y casi susurrante muy al modo indie, pero llena de luz y vibraciones positivas que rara vez se ven en los territorios de la languidez intimista- posee el poder de ablandar al espectador, conquistarlo al instante y tenerlo en la palma de la mano. En la mayoría de los casos algo así -bolo acústico, popurrí regado de versiones, bromas entre tema y tema- derivaría en tedio y dispersión. Pero en el suyo resultó una delicia que nadie quiso que se terminase nunca. Porque, en efecto, ella tiene ángel. Y conquista con él.

Se plantó la cantautora catalana en el ciclo Vello, raro, novo de la productora Sinsal en formato de dúo acústico. La acompañaba la fenomenal guitarrista Isabel Laudenbach. Siempre oportuna, le otorgó unas veces caricias de flamenco y carácter a su sonido. Otras, pinceladas de tensión experimental que multiplicaban el espectro de unas canciones que fueron (mucho) más allá del habitual formato acústico que solo resta sin sumar. Luego estaba ella, claro, jugando con la voz a doble micro. Uno, limpio, narrativo y puro. Otro, de efecto ensoñador y onírico. El tránsito del uno al otro se saldó con palpitaciones, ojos cerrados y muecas de placer. Ummmm!!!

Con ese planteamiento y sin disco reciente, María jugó al grandes éxitos. Pero no tanto de su discografía como de su carrera. Picoteo el delicioso Sueño triángular o María canta copla, otorgando una nueva vida a los temas allí depositados que nada tiene que ver con el habitual extra de vigor o “fuerza”, sino “otra cosa” difícil de explicar. Pero también rescató varias de las piezas del homenaje a Cecilia con el que se presentó en el festival Voces Femeninas. Con Equilibrista, por ejemplo, rompió cualquier idea preconncebida sobre la cantautoria indie. También rindió tributo a Joan Palomares y a Franco Battiato y presentó canciones nuevas de un proyecto muy particular.

Lo contó. En las próximas semanas la artista ofrecerá un concierto en Madrid homenaje a un tío abuelo suyo astrónomo, dentro de un ciclo que relaciona la astronomía y la música, así como la idea de espiritualidad de los artistas. Al parecer, el antepasado de la cantante descubrió en su momento un cráter en la luna. También se encerró en su observatorio en plena Guerra Civil para proteger su material. De ambas peripecias, Rodés canto canciones que rezuman ya un claro deje de la canción española tradicional. Semeja que sus paseos por el cuplé, los tangos o la copa penetrasen bajo su piel creadora.

Igual que ocurre con Los Planetas actuales, la suya resulta una asimilación perfecta y estimulante. Cuando en el tramo final de su actuación, interpretó Miedo, Tres puñales o Pena, penita, pena -requeteconocidas, requetemanoseadas, requeteemblemáticas- alguno vio un círculo cerrado. El presente del pop nacional abrazándose a la tradición, en plena armonía y más allá del experimento de laboratorio. Respaldado con la sonrisa boba que dejan las personas especiales a las que les han tocado con una varita, para que todo lo que hagan irradie magia. María lo logra. Lo logró ayer. Y seguro que lo logrará en el nuevo disco previsto para este año (septiembre, seguramente). Porque ella tiene ángel.

Foto: María Meseguer

Los Grammy 2016 en diez fogonazos

Escrito por Javier Becerra
16 de febrero de 2016 a las 6:57h

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Afortunadamente la 58ª edición de los premios Grammys superó el tedio de la edición del año pasado. Sin un triunfador único (podría serlo Kendrik Lamar, pero le faltó imponerse en las categorías generales y podría serlo Taylor Swift pero solo conquistó tres gramófonos, así que lo dejamos en empate) y con mucha emotividad en el ambiente honrando a ilustres fallecidos, la noche arrancó aburrida. Pero fue mejorando poco a poco. Estos son algunos flashes.

1. EL ARTISTA EN ESTADO DE GRACIA. Está en racha y todo le sale a Kendrick Lamar. Más allá de los premios (cinco en categorías ligadas al rap), su actuación en la gala de anoche será de las que se recuerde en tiempo. Desfiante, espectacular y dejando pegada, se presentó en una escenario carcelario y entre rejas, fuego y energía interpretó The Blacker the Berry, Alright y un nuevo tema que augura una brillante continuación a To Pimp a Butterfly. Tras esto, ya hay quien le dice a Kayne West que se espabile. Y con razón

2. UNA ESTRELLA QUE SE MANTIENE. Siempre simpática, Taylor Swift parace haberse convertido en la gran estrella blanca del pop contemporáneo. La elección de 1989 como disco del año no parecía ser la favorita de la crítica, teniendo en cuenta que competía con Kendrick Lamar. El pueblo, sin embargo, no pensaba igual. Las encuestas que circulaban por Internet ya advertían que el público sí creían en ella. Al final, logró el premio al mejor disco del año por segunda vez en su trayectoria. En su discurso se dirigió a las personas que se está iniciando en la música. En lo que parecía un recado a Kayne West, les recordó que siempre iba quien intentaría meterles zancadillas, pero que no se dejasen avasallar.

3. ESA CONTAGIOSA CANCIÓN. Sí, Can’t Feel My Face de The Weeknd es un temazo. Y Blank Space de Taylor Swift, otro. Pero lo de Uptown Funk de Bruno Mars y Marc Ronson es para morirse. Su efecto resulta instantáneo: te atrapa, te empuja y te incita a bailar. Merecidísima grabación del año, debería haber sido también la canción del año. Esta correspondió al sobrevaloradísimo Ed Sheeran. Hay quien habla de Van Morrison al referirse a él y todo.

4. EL GRUPO ROCK. Sin lugar a dudas, Alabama Shakes concluyeron la gala como la banda de rock del año. A los premios de mejor disco de rock y mejor canción de rock, sumaron una esplendida actuación con Don’t Wanna Fight. Soul, funk y rock grasiento. Guitarras tensas, falsetes prodigiosos y ritmo contenido. Flechazos lanzados a una audiencia masiva que, seguramente, los acogerá con los brazos abiertos.

5. DAVID BOWIE QUE ESTÁS EN LOS CIELOS. Lady Gaga fue una de las protagonistas de la gala, rindiendo tributo a David Bowie. Ya se dejó ver en la alfombra roja a lo Ziggy Stardust y, en el tramo central del espectáculo, hizo una una suerte de greatest hits del Duque Blanco comprimido en poco más de cinco minutos. Muy logrado en los estético, en lo musical resultó un tanto agobiante. Demasiado fragmentado, demasiado cambio, demasiado axfisiante.

6. TAMBIÉN LEMMY. En un emotivo discurso, Dave Grohl se dirigió al público para valorar la figura d Lemmy Kilsmister como una de esas figuras clave en su vida y que le enseñó el camino a seguir. A posteriori Hollywood Vampire (el supergrupo formado por Alice Cooper, Johnny Deep y Joe Perry) interpretó el celebérrimo Ace of Spades, llevando el concepto de banda tributo mucho más allá de lo imaginable.

7. MÁS HOMENAJES A ESTRELLAS FALLECIDAS. Lamentablemente, el cupo de artistas muertos recientemente hizo que los tributos póstumos de los Grammys no se quedasen solo en David Bowie. Jackson Browne comandando a The Eagles interpretó un emotivo Take It Easy dedicado al malogrado Glenn Frey. Steve Wonder, por su parte, dirigiuió el homenaje a Maurice White de Earth, Wind & Fire. Y Bonnie Raitt se sumó a Chris Stapleton y Gary Clark Jr para recordar a BB King.

8. EL NIÑO QUE QUIERE SER ADULTO. Justin Bieber se plantó en escena con una guitarra acústica, su “Love Yourself” y toneladas de candidez. Pero, en nada, cambió de escenario, pulsó el botón de los fuegos de artificio y se alió con Skrillex y Diplo para interpretar Where Are Ü Now, con bailes imposibles y un Bieber pasado de vueltas. El chico se emocionó tanto que terminó aplaudiendo con el micro entre manos (y generando el ruido consecuente). Extravagante y divertido

9 ELLA ES LA REINA DEL POP. Sí, unos la tildarán de vacía, otros de ñoña y otros de poseer “tan solo” una portentosa voz. De acuerdo. Pero la gran artista global de este momento se llama Adele. Y ayer lo ha vuelto a demostrar con uan soberbia interpretación de All I Ask con voz, piano y elegancia. Como si todos los pasos de su carrera fueran encaminados a terminar ahí, bajo el foco, la cantante británica se reivindicó como una estrella rutilante.

10. PODER LATINO. Pitbull protagonizó el sorprendente telón final de la gala de los Grammys. Con la versión británica de “El Taxi” asaltó el escario, llenándolo de una inusitada alegría y vitalidad. Dentro de uno de esos taxis había sorpresa. Su pasajera era nada más y nada menos que Sofía Vergara, que exhibió su dotes de baile, dejando a la audiencia boquiabie

Fotografía: Kendrick Lamar (AFP PHOTO/ROBYN BECK)

Sí, Triángulo de Amor Bizarro vuelven a arrear en Retroalimentación

Escrito por Javier Becerra
15 de febrero de 2016 a las 21:16h

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En abril este blog cumple ocho años en activo y lo vamos a celebrar con una de sus bandas fetiche: Triángulo de Amor Bizarro. Sí, como viene siendo habitual en los últimos años, el grupo presentará su trabajo con nosotros (Playa Club, 22 de abril, 23 horas). Es algo que me hace sentir tremendamente orgulloso porque, además de disfrutarlos en tiempo real, sé que en el futuro serán uno de los grupos de referencia cuando se mire a este momento.

Triángulo de Amor Bizarro
participaron en el festival Retroalimentacion 06, cuando era una extensión del feedback-zine y este blog ni siquiera existía. Desde ahí se estableció una conexión que se ha mantenido constante en el tiempo. Son una de las mis bandas favoritas y tenerlos en el ciclo un placer. Aquí tocaron por primera vez en directo con Jorge Ilegal en un concierto memorable. También presentaron el flamante Victoria Mística. Y ahora llega este maravilloso Salve discordia, que suena a cuarto y mitad de gloria.

Atentos, porque el concierto parte con una OFERTA inicial de entradas a 8 euros. Luego constarán 10 en venta anticipada y 14 en taquilla. Como telonero estará Pantis, el proyecto de Rubén Dómiguez (Chicharrón, ex Telephones Rouges). Será una fiesta macanuda.

(Re)viviendo la era pop

Escrito por Javier Becerra
14 de febrero de 2016 a las 19:12h

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Alex Cooper
La Riviera, Madrid
13 febrero 2016

Hay canciones que trascienden a un tiempo, a una escena y a una coyuntura. Y hay otras que no. Hay canciones que se convierten en universales, que afectan a una inmensa pluralidad de personas y que encapsulan las emociones de estas en ella. Y hay otras que no. Hay canciones que mantienen intacta su pegada melódica, su agitación interior y su arrebato exterior 20 y 30 años después. Y hay otras que no. Las de Los Flechazos pertenecen al primer grupo. Las de muchos otros grupos al segundo.

Eso ya lo sabíamos. Cada vez que las pinchábamos. Cada vez que colgábamos un viejo vídeo del grupo en el Facebook. Cada vez que una de sus letras plagadas de fotografías sesenteras asaltaban la mente sin avisar y se quedaban a vivir ahí una temporada. Incluso conocíamos el poder “huracánico” de algún rescate de Cooper, como ese electrizante Atrapado en el tiempo con el que a veces aderezaba Alex Díez sus conciertos. No quedaba el menor atisbo de duda. Pero ¿un bolo entero con el cancionero de Los Flechazos más allá de la anécdota? Se desconocía el efecto.

Ocurrió ayer. Y ocurrió en una Riviera con entradas agotadas desde hacía semanas. Atmósfera de acontecimiento. Clima de “Aquel curso del 75”. Sensación de estar ante un momento único. Como no podría ser de otro modo, una canción lo cristalizó. “A toda velocidad”, sonando tersa, joven y emocionante, serviría para contestar la pregunta. Con Elena Iglesias, la teclista original de Los Flechazos, al Hammond y Alex cantándola con el mismo convencimiento que en 1992, invocó la magia. Y la espolvoreó por toda la sala. Puño en alto. Orgullo. Placer. Sí, esto sigue molando. Lo sabíamos. Pero ahora lo certificamos.

Fue el concierto de ayer la materialización de un deseo colectivo. Seguramente, habrá mejores actuaciones si el proyecto sigue adelante -que seguirá- este año. Seguramente, habrá ocasiones en las que estemos más apretujamos, más sudorosos y menos pendientes de inmortalizar el momento con el móvil. Seguramente, podremos liberarnos de la sensación de acontecimiento, mezclando recuerdos pasados de diferentes años como un puzzle. Pero anoche, en la Riviera mientras sonaban aquellas maravillosas canciones veíamos como todo se hacía realidad.

Petrificados algunos, tardamos en soltarnos. Como si de repente ponen ante tus ojos a esa mujer preciosa que has visto en revistas tanto tiempo y no supieras qué decirle, mirabas a un lado y a otro. Buscabas guiños en el escenario. Veías como “La reina del muelle” o “Suzette” pasaban ante ti sin poder explotar. Te sentías como el niño pequeño que lo sueltan en una tienda de juguetes, le dicen “Venga, escoge uno” y se queda paralizado. Piernas agarrotadas. Garganta fría. Corazón que aún no sabía muy bien cómo latir. Parálisis. Sonando “Hyde Park” o “Arizona” de Cooper casi resultaba más cómodo. Resultaban más comunes, más cercanas. Menos extraordinarias, menos míticas.

Quizá el primer zarandeo llegó con “Viviendo en la era pop”. ¡Espabila, tío, que esto son los temas de Los Flechazos otra vez aquí! Reforzada por una competente sección de viento, expandió su sonido por toda la sala como el himno que es. “¡Tu voz en coloooor uououou!”. Luego, “Callejear”, de músculo vibrante, tempo acelerado y efecto de despegue en la suela de los zapatos. Y más tarde “La chica de Mel” con la emotividad de la presencia de Héctor Escobar al bajo (“¡Héctor, Héctor, Héctor!”) y karaoke colectivo como respuesta.

El segundo golpe de gracia lo protagonizó “Chicas, chicas, chicas” y “En El club”. De nuevo, apelando a los muslos, a los pies, a la corriente de vibración que pone los cuerpos a bailar. Todo para llevarlos ahí, a ese “A toda velocidad” de gargantas desgañitándose y la intransferible sensación se vivir lo ya vivido y vivirlo maravillosamente. Entonces, la sensación cambió. Del no asimilar y no reaccionar ante lo que estaba ocurriendo se pasó al tener miedo que todo terminase demasiado pronto. Entre “Luces rojas “y “Lo conseguí” llegó ese final.

En los bises, tras la reafirmación de “Mi universo”, Alex atacó la iniciática “El bidón de gasolina” de aquel “Teloneros”, para al final volver a llamar a Elena y repetir un “A toda velocidad” de pálpito multiplicado y euforia contagiosa. Por mí, podría volver a empezar ahí el concierto. Seguramente lo hubiese disfrutado el doble, liberado ya de las sensaciones incontrolables que a veces te atenazan sin que logres muy bien quitártelas de encima. Al salir, viendo a la gente coreando las canciones del grupo en los pasillos de salida de la sala, terminé de confirmarlo todo.

Fue una gran noche. Pero necesitamos que se vuelva a repetir para terminarla de verdad. Porque esas canciones han de ir más allá de las excepcionalidad de un día y un lugar, dejándose querer durante todo el 2016. Qué así sea. Que así lo veamos. Que así lo disfrutemos. (Re)viviendo en la era pop.

Musel: «Para mí Galaxie 500 es una de las cosas más pop que existen»

Escrito por Javier Becerra
11 de febrero de 2016 a las 23:27h

musel 3

Después de tener en el 2015 a A Veces Ciclón, este fin de semana disfrutaremos en Los conciertos de Retroalimentación del otro proyecto actual de Óscar Vilariño: Musel. Con Rabuña, un epé editado para Acuarela que se presentó en Retroalimentación, se muestran con una eléctrica propuesta entre el slowcore y el indie-rock de los noventa por el que pululan ecos de Galaaxie 500. Wedding Present, Yo La Tengo o Low. Todo ello interpretado en gallego e hilado a la perfección.

El recital será el próximo sábado 13 (A Coruña, Nave 1839, 20.30 horas, 5 euros) y estarán acompañarado de los coruñeses Mano de Obra, que ya actuaron hace años en una de las fiestas de aniversario de este blog. Es, por tanto, música pequeña hecha en la ciudad que se vuelve grande una vez que llega a tus oídos.

-Cambios de formación, un primer disco tras varios años de funcionamiento. ¿Está condenado a que sos proyectos funciones a trompicones?

-Claro. Cada uno se implica lo que puede y lo que le dejan, más en estos tiempos en los que la gente está sin trabajo o lo hace de manera temporal, con cambios de sitio. En un año puedes estar en varias situaciones que te permiten tocar o no.. Estar en un grupo es mucho compromiso y no siempre se puede.

-¿Es por eso que todo el mundo se hace cantautor a partir de los 30?

-Lo ven claro:«Así voy a a mi bola y no me faltan ocasiones para tocar, ya que solo respondo de mí». Está guay, pero a mí me gusta tocar con gente. Yo en el 2008 y 2009 tocaba solo por ahí. Pero no me compensaba, porque me agobiaba mucho y yo quiero tocar con más gente.

-¿Por qué empieza Musel?

-Empezó a hace muchos años, como en el 2011 o una cosa así, y lo hizo con la idea de escapar de lo que hice siempre, que era un poco más experimental. Yo aquí tenia ganas de a ver si era capaz de hacer canciones sencillas de pop, con estribillos y esas cosas. Me junté con unos amigos en Lugo, empecé a tocar y, bueno, luego llegó eso de los trabajos, las sustituciones de miembros y el no poder concretar. Eso hace que todo vaya lento. Esto es como la Seguridad Social [risas]. Pequeños retrasos que, al final, se hacen inmensos.

poster-15-¿Quería reaccionar a lo que hacía antes?

-Sí, cosas clásicas, con tres acordes. Yo tiraba hacia un rollo más ruidista y progresivo. Valetudo, pro ejemplo, eramos folk progresivo. Ahora no quería rayarme la cabeza

-Low o Galaxie 500 son algunas de sus referencias. No parecen muy pop, ¿no?

-Hombre, para mí Galaxie 500 es una de las cosas más pop que existen. No dejan de ser canciones muy sencillas, con coros y estribillos.

-Ya, pero cuando pienso en pop pienso en Teenage Fanclub no en Galaxie 500.

-También me gustan mucho ellos. La verdad es que Musel tiene varios tipos de canciones. Intentamos reflejarlo un poco en el disco, que cada una es de un rollo diferente. Pero tenemos más clases [risas]. Los últimos temas que hacemos son más en la onda de Yo La Tengo de los noventa.

-¿Su disco podría haber salido en los noventa en cuanto estilo?

-Sí, totalmente. La verdad es que es lo que más me influye. Sobre todo los grupos españoles, como Manta Ray. Ellos fueron mi referencia. Yo veía a Manta Ray y decia:«Quiero ser como ellos».

-Mucho Manta Ray no le veo, pero sí Sr. Chinarro o Paperhouse.

-Paperhouse no sabía ni que existían, hasta que salió el primer disco de Nacho Umbert y los escuché. Me gustaron. Pero Sr. Chinarro es otra cosa. Los discos de Acuarela son para mí una influencia vital, más que musical. Son muy grandes.

-De hecho, la portada de «Rabuña» es bastante «chinarra». ¿Es deliberado?

-No, la verdad es que no. Fue cosa de Iván y Eva, que lo hicieron todo. Teníamos una idea abstracta de hacer algo muy atlántico y gallego, pero sin caer en el tópico del cruceiro o el hórreo. Se nos ocurrió de los toxos con mar de fondo. Eva lo pasó todo por unos filtros y la verdad es que creo que quedó muy guay. Fue todo muy casual.

-Había un cuño gallego mayor: el idioma. ¿Una regla?

-Sí, es la única norma de Musel: todos los temas serán en gallego. Nació así y así seguirá, porque si no habría que hacer otro grupo. Ellos están encantados. De hecho me dicen que en A Veces Ciclón se les hace raro escucharme cantando en gallego.

-Canta sobre estados de ánimo, del amor que flota…

-Sí, amor, amistad, las relaciones humanas…

-También lo hace en A Veces Ciclón. Habla muy en abstracto, como si no quisiera concretizar. ¿Es así?

-Ummm… Yo canto de una sensación que tuve con una persona y los sentimientos están claros. Solo faltaría darle nombre, pero es algo que no voy a hacer. Son cosas que te pasan.

-Yo se lo decía porque ese ensimismamientos que ahora se critica del indie, de hablar mucho de uno mismo y no de lo que pasa fuera.

-Para lo bueno y lo malo paso totalmente de todo, de las corrientes de las modas y de lo que le pueda parecer a la gente las cosas. En mi día a día soy una persona muy comprometida, con mis ideas, pero en la música no lo demuestro de manera muy evidente. Una canción como Trebón habla de política, pero habla de ella a mi modo. Hago guiños, por ejemplo en la frase de hablo del sol, pero si lo explico pierde la gracia. Yo soy más de ambientes que de decir cosas, como hace Nacho Vegas. Me gusta más sugerir que explicar.

-¿No se ver haciendo algo como Nacho Vegas?

-No, ahora mismo no, desde luego. No es la manera en la que estoy acostumbrado a trabajar. Nacho supongo que escribirá mucho y luego hará música. Yo escribo primero la música y luego hago la letra, a veces con todo cerrado. Es como una ingeniería de encajar sílabas

-¿Cómo discrimina qué va para un proyecto musical y qué para para el otro?

-Ahora solo tengo dos grupos. En A Veces Ciclón el 90% de las canciones con con arpegios de guitarra y finger pinking. Musel es púa, tres acordes y melodía en la voz. Cuando estoy haciendo una canción ya tengo clarísimo si va para Musel o para A Veces Ciclón. La púa es la que marca la diferencia.

-¿Sabe en cuantos grupos ha estado?

-Creo que en 11. Y los que quedarán. Música siempre voy a hacer.