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La helada emoción de “Heroes” 41 años después

Escrito por Javier Becerra
24 de septiembre de 2018 a las 10:56h


Ayer se celebraba el 41º aniversario de la publicación de “Heroes” de David Bowie. Tras verlo varias veces por ahí, sentí las ganas de ver el video de esta particular obra maestra. Recordé cómo conocí la canción, en un reportaje del programa Rockopop de Beatriz Pecker sobre Tin Machine. Aquel era el grupo alternativo que había montado Bowie en respuesta a esos Pixies que lo estaban poniendo todo patas arriba. Hablando de ello, hacían hincapié en el carácter transformador del artista y ponían esta pieza como ejemplo.

Resultó totalmente turbador para mí. Esa estética. Ese sonido. Esa atmósfera que creaba. El espacio lo grabé en una cinta VHS en la que también había clips de U2, playbacks de Loquillo en la TVG y pases de grupos heavys. Lo vi mil veces. Y cada vez que lo veía me enganchaba más a esa canción extraña, rara y totalmente diferente a lo que había escuchado con anterioridad.

No era falta de cultura musical. Aquello suponía una ruptura total, algo tan único como emocionante. Con el tiempo lo llamé soul gótico, por decir algo. Una especie de emoción helada y un grito desesperado en medio de la niebla que supuso uno de los picos más altos que se hayan alcanzado nunca en la historia de la música pop. Luego vendría todo lo demás. El arañazo eléctrico de “Ziggy Stardust” que sentíamos en el viejo ZYX coruñés en plena era garagera; la fascinación de “Hunky Dory” advirtiendo que no, que Suede, en realidad no habían hecho nada nuevo; o el trepidante trayecto de “Low”, cuando en época de crisis se iba atrás a buscar pop vanguardista de verdad.

Pero para mí todo empezó aquella tarde de sábado el Rockopop, viendo “Héroes” y quedándome helado de emoción.

Bruce Springsteen, Madonna y Mariah Carey sacarán disco antes de final de año

Escrito por Javier Becerra
24 de septiembre de 2018 a las 10:50h

Ver reportaje aquí

Iván Ferreiro resucita a Golpes Bajos

Escrito por Javier Becerra
21 de septiembre de 2018 a las 17:27h

Hoy sale a la venta el disco en el que el músico revisa el repertorio del grupo vigués de los años ochenta. Información aquí

Radio Océano: un viaje al lado más desconocido del pospunk gallego

Escrito por Javier Becerra
14 de septiembre de 2018 a las 11:06h

Hoy sale a la venta Memoria do óxido, un disco que revisa la trayectoria de Radio Océano, mítico grupo coruñés de los ochenta muy poco conocido fuera de la ciudad. Se trata de un acto de justicia que, seguramente, hará que muchos puedan acercarse al legado de una banda fascinante.

En Fugas le hemos dedicado una página. Puedes ver el artículo aquí.

“More Than A Feeling”: el criterio musical en seis actos

Escrito por Javier Becerra
10 de septiembre de 2018 a las 10:13h

1. Eres pequeño y canciones como “More Than A Feeling” de Boston no te llaman la atención ni remotamente. A esa edad necesitas algo más inmediato, más arrebatador, más explosivo, más que te dejase sin palabras. Algo como Michael Jackson, vamos.

2. ¡Ays! Pero empiezas a controlar un poquito en la preadolescencia y a manejar el concepto “balada”. Te enganchaba la cancioncita de marras que llega a través de los mayores. La defiendes como “música de calidad” frente a la porquería de radiofórmula que escuchan tus compañeros. Esos arranques revelan una nueva sensibilidad musical que te lleva a regiones de estremecimiento inexploradas.

3. No va a durar mucho el estadio anterior. Ojo, porque se avistan cambios. Bruscos. Llega la adolescencia, la lectura de revistas y el criterio. ¡¡¡¡Auuuuuuu!!! Aparece la segunda vuelta al “controlar un poquito”. La canción ya no vale. Y hay que fingir que nunca ha valido. Es Adult Oriented Rock (dígase con tono se repugnancia). Eso mola menos que la peste. ¿Por qué? Se trata de rock formulario para las FM, hecho solo para ganar dinero, sin uñas ni mordiente. Apunta el nuevo dogma: el AOR es el demonio.

4. Ummm…, ya con veintitantos largos, aparece el tema un día en M80 y te sorprendes a ti mismo tarareándolo. Vaya, te coge con las defensas bajas. Igual que te pilló el “Take On Me” de A-Ha la semana pasada. La empiezas a apreciar en plan “irónico” o “boutade” de tío-sin-prejuicios-pero-que-mantiene-las-distancias. Ejem, la peor (y más cínica) de todas las posturas imaginables.

5. Todo hasta que, bastante años después, ya columpiándote en los 40, te la clavan en el Rock FM que quedó puesto del viaje anterior (cuando ya solo aspiras a escuchar temas molones en el coche mientras vuelves de hacer la compra el hipermercado) y, vaya, te derrites totalmente con ella. Pero de verdad. Te pones incluso a hacer air guitar. Y no sacas el mechero porque no fumas, que si no…

6. Llegado a ese momento, se produce la regresión al punto 2, del que nunca deberías haber escapado. Sí, el de sentir las canciones a flor de piel cuando las melodías se deslizan por ella como algo poderoso. En efecto, es un señor tema. Canten conmigo: “It’s more than a feeling / When I hear that old song they used to play”

Yo quiero llevar a mi hijo a ver conciertos en salas

Escrito por Javier Becerra
7 de septiembre de 2018 a las 8:51h

Ayer se hacía público a través de un comunicado de la Asociación Galega de salas privadas de música ao vivo (Clubtura). Todas las salas asociadas a esta red permitirán a partir de esta temporada que los menores de edad puedan acceder a los conciertos, siempre y cuando vayan acompañados de su padre, madre, tutor legal o persona mayor de edad. Ante de la indeterminación de la Xunta, que en su ley de espectáculos deja la cuestión en una zona confusa donde no se sabe si los menores pueden o no entrar en los locales, el colectivo da este paso adelante. Apelando a un montón de motivos. Desde la Declaración Mundial de los Derechos Humanos hasta el hecho de que la Xunta apoya a varios festivales en los que sí pueden entrar los pequeños.

Todo eso debería sobrar, imperando el sentido común por encima de tener que demostrar que algo tan sencillo como ir a ver un concierto a una sala gallega con menores de 18 años en el DNI no es una actividad delictiva o susceptible de sanción administrativa. Sin embargo, en este momento, muchas salas se ven en un dilema a la hora de autorizar este acceso. En varios reportajes al respecto que realicé el pasado mes de junio, responsables de salas me contaban cómo estaba la situación, pero me pedían no salir por miedo a una sanción administrativa.

“Es que en realidad si aparezco ahí me estoy autodenunciando”, me comentaba uno. Porque sí, sin tener unas reglas muy claras, los menores estaba entrando en algunas salas de conciertos, pero sin la más mínima seguridad jurídica por parte de los responsables.

Ahora se da este paso. Un “juntos podemos” que podría abrir el camino para una reforma de la ley en donde claramente se especifique cómo y cuándo puede entrar los menores a un concierto. Sería lo sensato, lo justo y, vista la situación, lo necesario. Una nueva generación de padres desea ver conciertos en familia. Y no le vale la excusa del alcohol, cuando este se dispensa a adultos en festivales, restaurantes, bares y hasta parques de bolas con total normalidad.

Yo quiero llevar a mis hijos a ver conciertos a las salas. Y quiero que el empresario que me deje entrar con él esté tranquilo de que no le va a ocurrir nada por permitirlo. Para eso, la solución pasa porque exista una ley clara al respecto. Ya está tardando.

El giro maestro de Luis Miguel

Escrito por Javier Becerra
6 de septiembre de 2018 a las 10:32h

Terminé ayer de ver “Luis Miguel, la serie”, que me gustó un montón. Desconocía la totalmente la historia del astro latino (¡vaya océano de ignorancia que a veces tenemos los que hablamos de música pop!). Por eso, cosas que son de dominio público como la figura del tirano de su padre, la falsedad de su lugar de nacimiento o el misterio que envuelve a la desaparición de su madre eran inéditos para mí. También los avatares de su estratosférica carrera.

En ese sentido, hay un momento que me gustó especialmente. Ocurrió a principios de los 90 cuando la falta de producción de Juan Carlos Calderón, su compositor, obligó a dar un imprevisto giro en su trayectoria. De pronto, Luis Miguel se vio sin canciones a pocas semanas de verse obligado a entregar el disco que tenía que grabar por contrato. Se barajaron diferentes opciones, hasta que de repente surgió la chispa: un álbum revisando boleros.

Ojo, estamos hablando de 1991, un momento en el que la fiebre “retro” actual no existía y donde resultaba más complicado articular viajes al pasado y a las “esencias” de la música. Para ello recurrió a Armando Manzanero, un cantautor mexicano, para la producción. ¿El título? Romace. ¿El repertorio? No me platiques más, Te extraño, Contigo en la distancia y muchas otras piezas clásicas registradas originalmente en los años cuarenta, cincuenta y sesenta.

Pero en la compañía no lo veían nada claro. Es más, en la serie se ve cómo hicieron una suerte de estudio de mercado con encuesta a sus fans. Los resultados predecían una auténtica catástrofe: la mayoría de los fans de Luis Miguel le darían la espalda. Sin embargo, el equipo de la estrella pop siguió adelante con el plan.

Y, contra todo pronóstico, aquello que convirtió en el mayor éxito de su carrera hasta la fecha. Se despacharon miles de copias. Los conciertos de la gira de presentación agotaron entradas en todos los países de Latinoamérica. Y una nueva generación se enganchó a los boleros. Hubo más discos tras él. Y hubo muchos otros artistas pop que se interesaron por el género para tirar del hilo.

A veces hay que ser un poco obstinado y desafiar a las predicciones para romperlas totalmente.

Échame a mí la culpa de lo que pase

Escrito por Javier Becerra
5 de septiembre de 2018 a las 10:00h

La culpa la tiene el Ayuntamiento, que no nos apoya. La culpa la tienen los periodistas, que no nos sacan nunca y, además, no tienen ni idea de música. La culpa la tiene el trap, el indie y los hipsters… pues no sé, porque existen.

La culpa la tiene Internet, que al dar todo gratis hace que la gente no valore la música y no escuche los elepés completos. La culpa la tienen los festivales, que siempre programan a los mismos grupos y son clónicos. La culpa la tienen las bandas de versiones, que nos quitan el público y “no aportan nada”. La culpa la tienen las salas, que nos cobran alquiler por tocar.

La culpa la tiene la gente, que no tiene “ni puta idea” (menos aún que los periodistas) y solo está a las modas. La culpa la tienen los chavales jóvenes, que escuchan la música en los móviles y no saben apreciar una buena grabación. La culpa la tiene el público, que se ha acostumbrado al todo gratis y no quiere pagar por los conciertos pero, sin embargo, se gasta ocho euros en un gin tonic de diseño. La culpa la tiene el gobierno, que no fomenta la cultura.

La culpa la tiene Vetusta Morla porque han triunfado. También la tiene el “Despacito” y Enrique Iglesias. La culpa la tiene el reguetón, que es machista. Pero también la tienen los eventos que quieren dar protagonismo a la mujer porque las “cuotas no son justas”. La culpa la tienen los medios, que están en Madrid y no hacen caso a los grupos de provincias. La culpa la tienen la agencias de comunicación, que ahora o pagas o no te hace caso nadie.

La culpa la tiene…

‪…esta mañana estuve con unos chicos que tienen un gran proyecto entre manos y no me pusieron ni una sola de estas pegas. Os hablaré de ellos en breve. ‬

Drama: chicos que llevan camisetas de los Ramones sin saber qué grupo es

Escrito por Javier Becerra
3 de septiembre de 2018 a las 9:14h

Andan algunos roqueros veteranos preocupados desde hace años por el sentimiento con el que se defienden en público las camisetas de los Ramones. Las visten algunos chicos y chicas adolescentes. Dicen que las ponen solo “por moda” sin saber quién es el grupo que llevan estampado en el pecho. O, lo peor, llega un momento en el que cuando suena el grupo lo identifican con el de las camisetas.

Entre la franja de musiqueiros de 40 ese tipo de reproches son habituales. A veces incluso se usa la palabra “cultura” en ellos. En la zona de los 15 o 20 mucho me temo que suenan a diatribas de viejo chocho. Que subrayen tanto lo de la “cultura” amplifica esa sensación. Sí, “Now I want to sniff some glue”, 40 y tantos tacos, canas, niños inconscientes, CULTURA. Sí, ¡todo junto!

Puede ser más impactante aún. Ayer estaba con mis hijos buscando temas para agregar a la lista de Spotity familiar que tenemos para los viajes en coche. Les puse “You Really Got Me” de The Kinks a ver si les gustaba. Intuí que esos riffs tan marcados y esa estructura tan básica que crece y crece, inyectando euforia les podía encantar. ¡Y vaya si les encantó! De hecho, ya la conocían. En cuanto sonó el primer guitarrazo exclamaron. “¡¡¡Sí, esa es la de Alvin y las Ardillas!!!”.

¿¿¿Ein??? ¿Qué es eso de las ardillas y los Kinks? ¡Ah, sí! Es la película aquella de un grupo de ardillas que tienen un grupo. Pues sí, estos niños (y supongo que muchos otros) conocen a los Kinks por esa película. Bueno (atención: aquí llega el drama “cultural”), no conocen a los Kinks, sino a la canción autotuneada a lo bestia por los animalillos animado. Un sacrilegio para muchos de esos que no asumen que el espíritu del rock que ellos vivieron de jóvenes se ha diluido.

¿O no? A lo mejor no viste tanto para fardar en público y se opta por pérdidas de virginidad más cool. Pero si alguno si echa la vista atrás, a lo mejor se encuentra con que sus primeros rocanroles fueron cosas como esta:

Ah no, ¡que aquí la gente escuchaba a Joy Division con tres años!

Y quién sabe si a lo mejor la atracción por grupos como Iron Maiden llegó por su impactante logotipo y el muñeco de Eddie que por la música en sí. Ahí, intentando emular las angulosos letras del grupo y dibujando el esqueleto de “The Trooper” sin conocer ni una sola nota del grupo. En mi caso, al menos, fue así.

¿Qué decimos del acid house? Uno de los movimientos más importante de la música popular de los ochenta y noventa, de esos a los que ls revistas modernas dedicaron concienzudos análisis socio-musicales… y nosotros, aquí con el smiley en el pecho serigrafiado sin tener ni la más remota idea de su significado. ¡Drama cultural! ¡Drama cultural!

(lo de Jive Bunny & The Mastermixers no lo citamos, lo dejamos para otra ocasión)

Méntanle unas multinacionales de por medio, a los que fueron críos en los ochenta trabajando en ellas y la facilidad de acceso al producto de hoy en día. A lo mejor no es que las cosa hayan cambiado tanto. A lo mejor es que han seguido su curso natural. A mí la verdad es que nada de ello me molesta. Básicamente, porque yo me acerqué a la música como pude. Y estos niños y chicos lo hacen igual. Unos de manera circunstancia, otros por moda y otros por un interés más allá. Vamos, como siempre.

La “Insurreción” me conquistó 30 años después

Escrito por Javier Becerra
2 de septiembre de 2018 a las 10:02h

Cuando yo tenía 12 o 13 años había grupos que sonaban continuamente por ahí que detestaba. Uno de ellos era El Último de la Fila. No sabía explicarlo muy bien entonces, pero creo que me reventaba su sonido afilado. También su estética y su actitud de normalidad haciendo playbacks. Todo ello con un éxito desmedido. Además, la gente que supuestamente entendía de música los apreciaba. Nunca los entendí…

“Insurección” sonaba constantemente. Los mayores a mí se estremecían cantándola. Era algo parecido a lo que ocurría con Radio Futura o Golpes Bajos, una especie de rareza para todos los públicos que a mí se me escurría entre los dedos sin posibilidad alguna de atraparla.

Todo hasta que la pasada primavera vino Iván Ferreiro al Playa Club Coruña a dar uno de los concierto de presentación del Atlantic Fest. Interpretó esta canción. Y le gente se fundió con él, cantándola. Yo estaba fuera de la sala, charlando con unos colegas y, de pronto, sonó. Clic. Conecté por arte de magia. Me metí por sus particulares curvas melódicas, por esa euforia que desprende y por la fuerza que comanda la pieza en cada cada compás.

https://twitter.com/playaclubcoruna/status/1035836516512227329

De pronto, 30 años después, conecté por arte de magia. Me metí por sus particulares curvas melódicas. Me contagié por esa particular euforia que desprende. Y sentí por dentro la fuerza que comanda el tema a cada compás. Nunca es tarde para reconciliarse con ciertos grupos y ciertas canciones. Sobre todo cuando son tan grandes como esta maravillosa “Insurrección”