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La biografía de Los Eskizos verá la luz el próximo 16 de abril

Escrito por Javier Becerra
26 de marzo de 2015 a las 19:05h

Bueno, esta es la noticia que más ganas tenía de dar este año. Los Eskizos, electricidad a contracorriente, el volumen que repasa la vida, obra y milagros del grupo coruñés de garage-rock, ya está en imprenta. Será presentado al público el próximo 16 de abril a las 20.00 horas en la Fnac A Coruña en un acto público al que estáis todos invitados. Lanzado por Ediciones Díscolas, supone la primera referencia de esta pequeña editorial coruñesa de reciente creación.

El libro de 152 páginas arranca con Skizofrenia Colectiva, el precedente punk de Los Eskizos, y llega hasta el concierto de reunión que la banda ofreció el año pasado en la sala Mardi Gras en el ciclo que promueve este blog. En medio hablan sus protagonistas, pero también muchas otras personas ligadas directa o indirectamente al grupo, recreando los días de Mar Adentro, los discos secretos de los Cynics y los conciertos subterráneos en el viejo Playa Club. Además, se incluyen un montón de fotografías, muchas de ellas inéditas.

Del diseño del libro se ha ocupado David Carballal. El prólogo corre a cargo del periodista de Radio Voz y La Voz de Galicia Fernando Molezún. El epílogo es obra de Pedro Granell, cantante del grupo. Ambos dan respectivamente continente, principio y final a una historia que, lejos de los tópicos del malditismo o el grupo perdedor que nadie entendió, se revela orgullosa tal y como fue. Ninguno, o casi ninguno, la cambiaría. Y es especial y se ve ahora con tanto cariño precisamente por haber sido así: la de unos jóvenes que emitieron gozosa electricidad a contracorriente, desaparecieron a las puertas del éxito y, cuando ya nadie lo esperaba, volvieron a los escenarios. Ahora, además, contarán con su merecida biografía.

Aries irradió luz dorada en la Casa Tomada

Escrito por Javier Becerra
8 de marzo de 2015 a las 12:18h

Ayer hubo luz dorada en la Casa Tomada. El hermoso pop psicodélico de Aires la irradió ante un público encantado de dejarse envolver en las espiradas que este trazaba. Acompañada de proyecciones ad hoc (rosas que se abrían, fuegos artificiales que estallaban, luces que se componían y se descomponían al son de la música), Isabel Fernández expandió durante algo menos de una hora uno de los sonidos más especiales de cuantos han surgido a nivel nacional en los últimos tiempos. Su Mermelada dorada fue, junto al homónimo de Chicharrón, el disco del año para este blog en el 2014. Con el directo de ayer se cierra un círculo que obliga a inspirar y expirar orgullo de sumar a esta lista de cosas pequeñitas otra joyita más.

Antes, estuvieron unos viejos amigos: Elvis Negro. Su primer concierto lo dieron en este ciclo teloneando a Triángulo de Amor Bizarro en el 2014. Ahora, tras la obligada suspensión de su pasen en diciembre, presentaban su disco de debut. Y en directo sonaron como él, pero más fuertes, con más pegada y más ruidosos. Entre The Cure, Disco Inferno y los Jesus & Mary Chain expandieron niebla, oscuridad y algún que otro alarido. Suma y sigue en esa lista que provoca tantas sonrisas, buenas vibraciones y placeres auriculares.

Muchísimas gracias a los grupos, la Casa Tomada y a toda la gente que acude y permita que este ciclo siga adelante con buena salud. Próxima parada: Os Amigos dos Músicos soplando las velas del séptimo aniversario del blog en la Sala Mardi Gras.

Aries: «La música que más me gusta es la hermosa,vibrante y luminosa»

Escrito por Javier Becerra
5 de marzo de 2015 a las 16:25h

Isabel Fernández Reviriego, la persona que se oculta bajo el alias artístico de Aires, pide que la entrevista sea temprano. Sufre migrañas. Y cualquier alternación en su esquema habitual del sueño supone tentar a la suerte. Mal asunto para alguien que quiere llevar su música por todos los rincones de España y el Mundo (en unas semanas estará en Texas). «Tocar tiene todos los ingredientes: ruido, volumen alto, horarios y vida desordenada… Todo perfecto para que las migrañas afloren», explica es amujer que ha llevado esos dolores incluso a una canción. «Sí, Migrañas va de ello y, bueno, no es realmente en el momento de la migraña en sí, sino cómo me siento en esos momento. La canción es en cierto modo un intento de superarlas. Intenté convertir el dolor en canción», dice riendo. Se trata de una de las maravillosas piezas de Mermelada Dorada, un trabajo -sí, repetimos- maravilloso. Tanto que en este blog ha sido considerado junto al homónimo de Chicharrón como el disco del año.

Este sábado 7 de marzo viene a presentarlo dentro Los conciertos de Retroalimentación junto a los coruñeses Elvis Negro. Y aquí estamos tremendamente contentos por ello. Antes le hemos hecho unas preguntas para entender mejor ese pop en espiral tan cautivador.

-¿Podría ser que todas estas circunstancias le hayan llevado a hacer el sonido que hace ahora, más tranquilo, más reposado?

-No, que va. Ha sido una evolución bastante natural. Empecé, como casi todo el mundo, haciendo punk o garage, cosas muy sencillas y primitivas. A medida que fui aprendiendo a tocar pude buscar mi sonido propio, hacer cosas más personales, exprimir mis recursos y explorar con ellos. Creo que si se oye desde el primer disco que grabé hasta hoy mismo mi evolución se entiende súper bien: es muy obvio. Primero lo visceral. Luego, el pop. Más tarde el juego con las estructuras, los arreglos y la producción. Ahora no tengo esas ganas de destruir que tenía de pequeña. Ahora igual tengo más ganas de construir. Supongo que eso se ve en la música.

-Su música transmite vibraciones positivas. Me sugiere luz, calma, me hacen sentir bien. ¿Está proyectando lo más positivo de usted?

-Mi músico favorito es Brian Wilson y la música que más me gusta es la hermosa, exultante, vibrante y bonita. Me gusta mucho más eso que las cosas oscuras. Escucho muy poca música oscura. No quiero vomitar mis neurosis al mundo. Lo que dices me gusta mucho: quiero hacer sentir bien y comunicarme a través de algo bonito, que contenga ideas positivas. Pero, al mismo tiempo, no quiero que se se perciba Aries como una alegría gratuita. Hay aspectos más melancólicos o reflexivos sobre la vida. La vida tiene cosas tristes de por sí y esas también se identifican en mi música. Pero mi manera de ser encaja mucho mejor en el lenguaje luminoso que en la música de looser o de perdedor, con la que no comulgo para nada.

-No identificó a Aries con un grupo extremadamente feliz, sino como una autora que puede hablar desde un punto de vista íntimo de que, por ejemplo, echa de menos a su pareja o que le duele la cabeza, pero generando en el oyente un efecto de bienestar.

-No sé si estoy de acuerdo del todo con lo que dices. Mi música no la veo como algo intimista o costumbrista, de contar mis vicisitudes y mi día a día. Creo que hablo de cosas más universales. Por ejemplo, eso de que echo de menos a mi pareja supongo que te refieres a Visiones. Pues esa canción realmente la hice pensando en una persona que se había muerto y hay gente que me ha dicho que la ha relacionado con eso. Una chica, por ejemplo, me decía que le recordaba a su abuela. No sé si lo consigo, pero yo trato de temas más universales.

-¿Le atrae la idea del escapismo, de que la música le transporte a otros universos evadiéndose de este?

-Más que escapismo, la música es mi refugio. De los pocos momentos en los que soy realmente feliz y me siento muy plena, sin darme cuenta de que el tiempo pasa, es cuando estoy haciendo canciones. Cuando estoy en el estudio sacando las melodías y grabando las armonías es mi refugio de felicidad absoluta. Por un lado lo veo así. Pero, por otra parte, tiene un lado comunicativo. Es mi modo de relacionarme y mostrarme al mundo, con la gente que viene a mis conciertos y la gente que compra mis discos. Así que supongo que tiene las dos dimensiones.

-Mientras lo dice me la imagino montando las canciones como si fueran puzzles.

-Sí. Partes de blanco. Pienso un concepto, me marco por dónde voy a ir y es un gran trabajo. Pero bueno, sarna con gusto no pica. También es que sería imposible no hacerlo. Lo necesito. Me da la vida.

-¿Concibe el pop como un juguete?

-No, para mí es algo súper serio, pero sí que creo que es importante no perder la parte lúdica ni en la música ni en nada en la vida. En nuestra cultura y en nuestra sociedad nos obligan a abandonar las actitudes de impresionarse y ser curiosos que tienen los niños. Todas esas cosas se dejan a un lado. La sociedad obliga a diluirlo. En ese sentido, sí que me parece muy importante acercarme a la música desde un punto de vista de jugar, explorar y mantener la ilusión y la curiosidad. En el momento en el que eso no exista me dará asco lo que haga.

-¿Es una enamorada de la estética del pop más allá del sonido? Sus discos destacan por ello y ayudan a crear la sensación de un universo cerrado.

-Imagino que te refieres a los collages, portadas y eso, ¿no? Es es una parte de mi vida. Hacer collages me encanta y los utilizo para ilustrar mi música Pero la estética me parece secundaria, eh. ¿Qué me querías preguntar?

-Pues que cuando le escucho tiendo a visualizar la portada del disco. Es decir, asocio una estética determinada a Aries, en cuanto a sonido pero también en cuanto a imagen plástica. Igual que me ocurría con Los Planetas, por ejemplo.¿No forma parte de un todo?

-Supongo que todo forma parte de mí. Las cosas que me gusta hacer las aprovecho. Que me gusta hacer collages. Pues, venga, hago la portada yo misma. Aunque bueno el dibujo en el que salgo yo tocando lo hizo Natalia, que es una artista de Pontevedra que venía antes conmigo haciendo proyecciones. Es una gran inspiración para mí. Pero bueno, para concretar, que si no no te respondo a nada: me gusta hacer collage, es una de mis aficiones y como Aries soy yo supongo que forma parte de ello [risas].

-Los discos suyos crean un clima uniforme. Son como los de los Ramones. Parece que estás escuchando siempre la misma canción con pequeñas variaciones. ¿Es algo premeditado?

-No [risas]. De hecho, intento que sean diferentes. Pero no eres el primero que me lo dice. Kiko Amat me lo dijo también. Lo puso en la nota de prensa del disco y todo. Yo intento que cada canción tenga sus sonidillos y que sean diferentes unas de otras.

-Pues me temo que, como oyente, le tengo que llevar la contraria.

-Ya [risas]. Supongo que no lo he conseguido.

-Además del hecho de que hay que bucear en las canciones, tiene una voz muy peculiar: lineal y sin muchos cambios de registro. A mí me recuerda a las voces de las canciones de los dibujos animados que yo veía en los ochenta.

-Buff, mi trabajo favorito es doblar dibujos animados. Ojalá que en el futuro me contraten para eso. Sería mi sueño.

-La voz pegaría.

-Pues estoy abierta a ello. Yo odio mi voz y, contra eso, no puedo hacer nada. Me encantaría tener voz de negra o algo así. Pero tengo esa voz suave, de blanca total. No la veo de niña, pero sí suavecilla. Tengo 35 años.

-Creo que es una voz perfecta para hacer ese pop con leves ondulaciones de Aries.

-Pues muchas gracias.

-Veo que es fan de Broadcast. Aunque no sea su misma voz si que invita a imaginarse una linea continua con pequeñas ondulaciones igual que usted.

-A mí Broadcast me flipan, sobre todo al final. Me encanta como canta ella. A mí me gustan mucho las voces así. Por ejemplo, Juliana Hatfield me encanta. Kim Deal es de mis cantantes favoritas.

-Cuando la gente habla de Aries piensa en psicodelia y años sesenta. Sin embargo, no es la típica psicodelia de los años sesenta, ¿no cree?

-Bueno, yo no creo que haga psicodelia. Hago pop, puro y duro. E intento que sea pop actual, que suene a ahora. Pero sí que hay un poso sesentas muy grande, porque yo soy muy fan de la música del 64 al 72. Mis discos favoritos son de esa época. Pero también escucho mucha música de ahora. Supongo que por ello hablan de pop sixtie.

-Ya, pero por ejemplo en los aspectos rítmicos no me cuadra mucho con los años sesenta. Quizá haya algo de tropicalismo por ahí, pero luego hay un montón de ritmos que nada tienen que ver con Donovan, Left Banke o Zombies, que es con quien se le relaciona siempre.

-Opino lo mismo. En directo uso ritmos totalmente electrónicos. Pienso que ni los ritmos ni los arreglos son sixties ortodoxos. Las melodías quizá pueden tirar por ahí, pero no sé. La verdad es que tampoco pienso mucho en esos términos. Yo oigo la música que me gusta y luego hago las canciones lo mejor que puedo. Analizarlas les compete a otros, no a mí [risas].

-Con Aries me ocurre algo que me encanta: me suena familiar pero, al mismo tiempo, distinto. Hay como unos asideros a los que me puedo agarrar porque los conozco pero también me lleva a otros sitios que no conozco tanto.

-Ah pues que guay.

-No sé si se lo tomará como un piropo o todo lo contrario. Hoy escuchaba su disco por la mañana y me recordaba a Mecano. ¿Qué le parece?

-Pues a mí me parece que Mecano tienen canciones muy buenas, aunque estén muy denostado por la sociedad. Me lo ha dicho más gente. ¿Es por Moverme de aquí verdad?

-Si, estuve enganchadísimo a esa canción, pero en plan escucharla en bucle sin parar.

-Cuando fui a grabarlo me lo decían: «Eres Ana Torroja». Y yo «No, por favor». Cuando era pequeñita recuerdo que mis primas mayores escuchaban a Mecano y me gustaba. Barco a Venus me sigue pareciendo una canción increíble. O Me colé en una fiesta también es buenísima. Los arreglos que hacían son alucinantes.

-Siempre sale con la Rickembaker en todas las fotos. ¿Es un fetiche particular?

-No, es mi guitarra. La tengo desde que empecé a tocar con Charades. Antes tenía tres y las tuve que vender para poder comprarme esta. Es mi guitarra, con la que compongo todas las canciones y me agarro a ella. Pero tengo que dejar de salir con ella en las fotos, porque ya no toco con la guitarra en directo. En el siguiente disco ya no voy a salir, porque mucha gente viene a verme en directo y se sorprende cuando ve que no la tengo

-Hay quien dice que esa guitarra es muy identificativa pero limita en cuando al sonido.

-Para mí es la mejor, me flipa el sonido y, para tocarla, es comodísima. La amo. Espero no cambiarla nunca. Es un icono del pop y es un poco mi guitarra.

-Sus directos tienen pinta de ser todo un rompecabezas. ¿Cómo lo resuelve?

-No es un handicap ya. Con el anterior fue muy complicado porque La magia bruta lo hice con el método tradicional y luego lo tuve que llevar al directo. Empecé a usar le sampler y el secuenciados de cero. Este disco, sin embargo, ya lo hice sabiendo cómo iba a ser el directo. El directo cambia mucho: hay guitarras sampleadas, toco el sinte y disparo cosas. Pero se respetan las canciones.


-Prepara un libro para la colección Mis documentos que lleva Alejando Díez de Cooper. ¿Cómo lo lleva?

-Lo tengo casi terminado. Ha sido difícil para mí porque el formato libro lo tengo sacralizado y no es mi territorio. Me imponía mucho. Pero ahora estoy bastante contenta y creo que va a quedar bonito. Agradezco mucho que me hayan dado la oportunidad. Nunca pensé que iba a sacar un libro.

-¿Sabe que se le nota ya un cierto acento gallego?

-Sí, me lo dicen mucho cuando voy a Bilbao.

-Y cuando habla del sur como en la canción «En el sur», ya lo hace en clave gallega. Se refiere a las Rías Baixas, no a Andalucía como pensarán muchos.

-Claro. Me encanta. Mi parte favorita es El Morrazo. Es el paraíso total. Me encantaría vivir allí. El paisaje es impresionante. Cada vez que vamos a algún sitio nuevo alucino. Está todo lleno de sitios preciosos e increíbles. Me gusta también todo el patrimonio histórico y cultural. Y además se vive muy bien.

-Pues nosotros encantados de tenerla aquí y meterla en las listas de los mejores discos gallegos.

-Buff, eso me hace mucha ilusión. Me encanta que me hayáis acogido.

Carlos Mariño: «Que un grupo te deje de gustar porque llegue a más gente es de gilipollas, no tiene otro nombre»

Escrito por Javier Becerra
2 de marzo de 2015 a las 9:57h

La agencia de contratación Spanish Bombs cumplió el mes pasado 20 años de vida. Tras ella se encuentra al arzuano Carlos Mariño, promotor de conciertos y mánager por el que han pasado algunos de los nombres clave del pop nacional de las tres últimas décadas. Los Enemigos, Kiko Veneno, Los Planetas, Dover o Lori Meyers han sido algunos de ellos. Pero también aquellas giras iniciáticas de los primeros noventa en Galicia con gente como Sex Museum, Los Flechazos, El Inquilino Comunista o mil más. Es decir, estamos ante un pionero de la contratación en Galicia dentro del rock independiente. Con motivo del cumpleaños (que celebró en Madrid y Barcelona presentando a sus tres nuevos fichajes: Anni B. Sweet, Deloran y Delacruz) le hice una entrevista para el suplemento YES de La Voz. Apenas se pudo reproducir en papel un 20% de la charla por motivos de espacio. La recupero ahora íntegra.

-¿Cómo un estudiante de Historia terminó siendo manager musical?

-Bueno, la carrera de Historia la terminé. Pero cuando iba a un examen de oposición a Coruña, me metí una hostia impresionante en Ordes. Terminé debajo de un camión y no me maté de milagro. Aquello fue una señal de que la docencia no era el camino[risas].  

-¿No había hecho ningún pinito antes?

-Sí, mi prima era la concejala de Cultura de Arzúa en el año 1986. Ella organizaba la Festa do Queixo. Hasta ese año siempre se programaba folk, que molaba mucho. Venían Milladoiro, Fuxan os Ventos, todos estos grupos míticos. Pero en los últimos años el festival empezaba a fallar. La gente se aburría porque los grupos eran siempre los mismos. Entonces, le comenté a mi prima que lo que había que hacer era traer a grupos de rock, como Siniestro Total u Os Resentidos. Ella me dijo: «¿Por qué no los llamas tú?». Miré los discos, venían los teléfonos y me puse a ello. Mi primera llamada fue a Siniestro Total. No sé con quien hablé, pero me dijo que cobraban mucho, pero me ofrecieron un grupo paralelo, que se llamaba Aerolíneas Federales, que molaba mucho. Ni siquiera habían sacado su primer disco. Cobraban 200.000 pesetas. Le pareció bien a mi prima y los trajimos.  

-¿Tuvo éxito?

-¡Qué va! No había nadie en la plaza, más que cuatro del pueblo y yo. Al año siguiente trajimos a Os Resentidos, que habían sacado ya el primer disco. De hecho, en la Festa do Queixo se estrenó Fai un sol de carallo. Lo recuerdo perfectamente porque yo ya era fan de Reixa. Me acerque a él en pan admirador y me dijo: «Fala ahí co meu mánager». Me quedé muy cortado. Luego, el manager empezó a decir que estaba todo mal, que era un desastre. Cuando Reixa se puso a cantar y decía ese verso de «moi mal organizado» yo pensaba que me lo estaba diciendo en plan indirecta.  

-En los primeros noventa llegaban ecos a toda Galicia de que en Arzúa había un festival de rock con bandas potentes alrededor de la fiesta gastronómica. Era una cosa totalmente insólita para la época.  

-No era consciente pero sí. Ni siquiera en el resto de la península se hacían cosas así. No era habitual que un pueblo tan pequeño organizase este tipo de conciertos. Después de Os Resentidos, trajimos a La Frontera, Malevaje y Los Coyotes. Y fue un éxito descomunal. Algo que no podías imaginarlo. Empiezan a llegar autobuses de Vigo, un montón de gente, la plaza del pueblo a reventar. Fue algo brutal. Paralelamente hacíamos la Festa dos Botes, ya con mis colegas. Tiraba para mi lado, trayendo a grupos más pequeños como BB Sin Sed, Brighton 64, Los Desperados, Raiser… un montón de cosas.  

-¿No se oponían en el pueblo a una cosa tan rara como esta?

-No, al contrario. Al principio estaban un poco reticentes, pero claro veían el éxito que era aquello, que venía un montón de gente de fuera, que se bebían todo lo que se podía beber y comían todo lo que se podía comer y les encantaba. Los supermercados se vaciaban. Todo el mundo estaba encantado. Una vez hubo problemas. Un año que no lo organicé yo vino La Polla Records. Yo, encantado porque me gustaban mucho. Pero buff, es que se montó un pollo de la hostia. Las amas de casa y la asociación de vecinos se mosquearon. Empezaron a decir que si quemaban un crucifijo en directo. Se lío un rollo felliniano muy potente. Antes y después del concierto se reunió todo el pueblo, con todos los personajes importantes diciendo: «Arzúa perdona, pero no olvida».  

-El rock ya no provoca ese tipo de reacciones. ¿Ya está asumido socialmente?

-Ahora es el rap el más complicado. En mis últimos años de la Festa do Queixo empecé a meter hip-hop. Traje a los Violadores del Verso, a los Ojos de Brujo, La Excepción. Tienen un público muy potente, pero empezaron a aparecer pintadas por el pueblo. Ahora que ya no lo organizo yo, por el enfrentamiento que tuve con un alcalde, pero me dicen que habían sugerido desde el Ayuntamiento no traer grupos de hip-hop por conflictivos.

-¿Qué enfrentamiento tuvo?

-Fue con el anterior alcalde. Yo hice la Festa do Queixo casi todos los años desde 1986 hasta el 2008. De pronto, tuve un enfrentamiento por varios motivos. Lo típico: estás en el pueblo, haces las cosas y muchos piensas que te estás forrando. En mi caso, no era por dinero. Yo ya estaba en Madrid y lo hacía porque me gustaba e intentaba a traer a lo mejor para el pueblo, tirando de mis contactos y adelantando yo el dinero. Y en el Ayuntamiento pagaban muy mal y muy tarde. Encima te decían: «Bah, te estas forrando». Rollos chungos. Un día le dije al alcalde: «Mira, me debes 60.000 pavos y aún me estás exigiendo cosas. Así que ahora quiero el dinero, en vez de adelantarlo yo». Él me dijo: «Pues si no quieres hacer la Festa no la hagas». Y ahí quedó. Lo dejé ahí y a tomar por culo. El alcalde ya no está pero a mí ya no me quedaron ganas de volver. Hubo muy mal rollo, con un enfrentamiento en el pueblo entre defensores y detractores míos… No quiero volver. Aunque tampoco me reclaman [risas].

-Aparte del tema Arzúa, usted empezó una actividad paralela con la productora Spanish Bombs. ¿Cómo arranca eso?

-Con Los Enemigos. En el año 88 o así. Entonces tenían como mánager a Lalo Cortés, que falleció años después en accidente de tráfico. Él en Arzúa me decía: «Tú vales para esto, yo tengo unos grupos que podemos hacer cosas juntos en invierno». Me apunté. Montamos una gira de cinco fechas de Los Enemigos en Galicia. Hicimos A Coruña en el Playa Club, Santiago en el Hipódromo, otro en Moaña, otro en Melide y otro en Lourenzá. Después de cinco días de carretera con estos, flipé. Al acabar la gira me dieron unas 100.000 pesetas. Y dije: «¡Joder, y me pagan!». Ya no hubo vuelta atrás. A partir de ahí empecé a hacer giras de Los Enemigos, Deltonos, Sex Museum, Los Flechazos, Cool Jerks, Australian Blonde, El Inquilino Comunista, de todo dios. En 1995 le puse nombre al invento y salió Spanish Bombs porque el London Calling de The Clash me encantaba.

-Estamos en los primeros noventa: el indie era nuevo y excitante, no había infraestructura y tampoco precedentes. ¿Había alguna guía a seguir?

-Bueno, eso fue antes, en Arzúa. En los noventa ya había en España diez o quince como yo. Unos estaban en Castellón, otros en Andalucía. En Galicia había más gente que yo. Estaba Xaime de Vigo, con el que estuve asociado un tiempo, también Bosco que llevaba a Los Deltonos. Antes del bum del indie, los grupos que funcionaban eran Sex Museum, Enemigos, Deltonos, Flechazos…

-¿Hacía la carretera con los grupos o era de los que solo gestionaba por teléfono?

-No, yo llegaba el fin de semana y me iba con los grupos por ahí. Un día en Vigo, otro en Santiago , otro en Lugo y al final en Ourense

-¿Y ese modo de vida engancha o quema?

-Eso molaba mucho. Era muy joven y para mí todo era nuevo. Cada vez que venía un grupo, me contaban su vida y me empapaba de su historia. Yo les enseñaba Galicia. Ese era mi gancho. Todos flipaban. Tenía una ruta hecha de restaurantes y hoteles negociados para que la visita fuese lo más agradable, placentera y rentable. La gente se iba muy contenta. Recuerdo una vez con Alex de Los Flechazos, que al terminar una gira, me dijo: «Si te fueras a Madrid, dejaríamos León y nos iríamos todos contigo». Y yo le dije: «¡Ni de coña me voy a Madrid, estoy de lujo aquí!». Y mira.

-Habla de Los Flechazos. Sus conciertos en el Playa Club eran legendarios.  

-Sí. Hubo uno en concreto en el que no dábamos crédito. Fue en el puente de diciembre del 94 o así. Se habían venido todas las entradas, 900. Ellos vendían sobre 400, que estaba muy bien. Pero aquel día se vendió todo. Se petó de una manera total. Fue muy especial. Recuerdo a Nonito Pereira padre, el jefe del Playa Club, haciendo las cuentas que nos decía con su voz en plan El Padrino: «Dile a Notario que tome nota». Notario era el manager de Los Flechazos. Entre Juancho, el road manager de Los Flechazos, y yo fue una frase que siempre quedó ahí. Aquello fue un éxito que no te esperabas.  

-Recuerdo llenazos con El Inquilino Comunista.

-Sí, que perdimos a uno de Sexy Sadie en Ourense [risas]. Miqui se quedó dormido. Venían de teloneros, sin un miembro y tocaron igual.

-Los de Los Enemigos era tremend. Aquello era una montaña rusa: capaces de lo mejor y lo peor. ¿Cómo era gestionar un grupo como ese?

-Buff, Los Enemigos eran muy grandes. Recuerdo un bolo en el que Chema se había fastidiado una pierna. Teníamos una gira montada. Me llamó el mánager que tenía un batería suplente. Al terminar el concierto, Josele lo vio tan mal que decidimos suspender toda la gira. Eso es de lo más normal, porque los conciertos de entonces no terminaban cuando acaba el concierto. Mi trabajo seguía toda la noche, hasta las siete u ocho de la mañana e íbamos al hotel de milagro. En A Coruña acabábamos siempre en la discoteca Punto 3, que me encantaba.

-Llega un momento en el que Dover aparece en su vida y esta cambia. ¿Cómo fue ese encuentro?

-En abril del 97 empecé a oír en Radio 3 a Dover. Mi intención era traerlos a Galicia y hacerles una gira. Llamé a Carlos Subterfuge y le dije: «Quiero hacer una gira con estos chicos, ¿con quién tengo que hablar?». Y va él y me dice que no tenían manager. Me quedé flipado. Me dieron el teléfono de Jesús, el batería. Lo llamé. Yo entonces ya era manager de Doctor Explosión y Sexy Sadie. Además de sus bolos en Galicia, vendía bolos para toda España de estos grupos. Pero no tenía ni puta idea. Ni conocía infraestructuras, ni conocía Madrid, ni nada. Pero hablé con Jesús, diciéndoles que estaría encantado. Esa misma tarde ya les cerré un bolo en un festival Jaén. En mayo tocaban en el Festimad. Quedamos de vernos allí. Cuando fui, me quedé impresionado. Era por la tarde, a eso de las seis. Pero aquello era una cosa espectacular. Recuerdo verlo y pensar: «Esto es imposible que me lo quede yo». Ver ahí 5.000 personas por la tarde botando como yo no he visto botar en mi vida… Ellos no eran conscientes de lo que estaba pasando, pero los que teníamos un poco de idea y veíamos eso, estábamos flipando.

-Y era solo el principio.

-Claro. Eso era nada. No había ni salido el disco.

-Cuando hicieron la gira del aniversario de «Devil Came To Me», Cristina dio una entrevista a La Voz. Nos decía que aquello fueron siete u ocho meses de vértigo en los que nadie daba crédito a lo que estaba pasando. ¿Fue así?

-Sí, claro. Yo te puedo decir que llegó un momento en el que yo estaba deseando que parase. Ahora, con la perspectiva del tiempo, me da mucha ternura, pero entonces lo pasaba fatal. Todo empezó con eso del Festimad. Luego me atreví a ir a saludarles, cuando estaban ya todos los periodistas detrás y todo el mundo agobiándolos. No era aquel día el mejor para hablar y quedamos en vernos otro día. Los daba por perdidos. Como yo los había visto más gente. Sabía que se los iban a quedar los grandes. Yo no era nadie. Pero, bueno, a la semana siguiente cogí un avión y quedé en un VIPS a comer. Ahí les enamoré. Yo ya estaba enamorado. Les dije que iba a matar por ellos, que iba a hacer todo lo que pudiese, que me daba igual el dinero y la liamos. Sabía que era algo muy gordo, pero la verdad es que jamás pensé en lo que iba a venir luego. Para mí muy gordo eran Los Planetas. Pensaba en un grupo de 10.000 copias.

-De hecho, en Subterfuge pensaban que se iban a mover en esas cifras en cuanto escucharon la grabación.

-Claro, es que era lo máximo y lo razonable. Pero luego llegó la campaña del Radical Fruit. Hay quien dice que fue por eso. Pero yo quiero creer que fue el boca a boca de lo que pasó en el Festimad y los conciertos siguientes. Empecé a trabajar con ellos. Nos fuimos a Canarias y se petó de locura en Las Palmas. La gente estaba loca. Todos flipábamos. Ellos no tanto. Porque no tenían un punto de comparación. Pero yo sabía que era algo diferente, no lo de siempre. Y era continuo. A la semana empezó la bola de nieve. Me llamaban de Subterfuge y me decían: «Hemos vendido hoy 3.000 discos». Luego eran 20.000. Luego eran 30.000. Más tarde hicimos 50.000. Cuando en verano celebramos el Disco del Oro flipamos. Pero, al llegar la Navidad, estábamos ya en 200.000. O 250.000. Porque había un caos total, ya que la distribuidora no conseguía asimilar aquello. Nadie estaba preparado para ese éxito.

-Y ahí pasó lo de siempre: un grupo de una compañía indie la lía y acaba vendiendo como Alejandro Sanz. El público inicial los empieza a cuestionar y se convierten en unos venidos. ¿Como se gestiona eso?  
                               
-Lo que pasó ahí no se ha vuelto a repetir. Ni siquiera hoy Vetusta Morla se puede aproximar a eso. Tú ahora hablas de Vetusta Morla, Lori Meyers, Love of Lesbian y tal y sí, llenan los festivales, ¿pero y sus discos? Mira Vetusta Morla, que son los primeros, y han vendido 40.000 discos. Lo que pasó con Dover no se repetirá más.

-Tampoco Vetusta Morla se han colado en la radiofórmula como ellos en su día.

-Claro. Cuando llevábamos 80.000 discos con Dover sin radiofórmula, llamaron a la puerta los de Los 40 Principales. Lo valoramos, porque sabíamos que no era lo nuestro. Pero nos planteamos que, si lo querían poner sin pedir nada a cambio, ¿por qué no? Así fue. Hicieron Serenade número uno en noviembre. Nos pidieron un concierto en Bilbao, que nos lo pagaron. No le dejamos poner la lona con su logotipo ni nada. En cuanto empezaron a ponernos en la radio, las ventas se multiplicaron instantáneamente. Pasó lo mismo con Estopa, por ejemplo. Habían vendido 200.00 disco sin sonar en Los 40 Principales, pero empezaron a sonar y despacharon un millón. Nosotros en Navidad ya teníamos 200.000. Pero luego hubo una ruptura con Subterfuge, las relaciones empezaron a ir mal y dejaron de invertir en el proyecto. Ya no hubo más vídeos. Si las relaciones hubieran seguido bien, a lo mejor en vez de los 500.000 que se vendieron se hubiera vendido un millón. ¿Qué pasó con todo eso? Que cuando empiezas a vender tanto y traspasas el circuito de los auténticos pues empiezan las críticas. Y muchos periodistas que alababan a Dover en junio, en enero los ponían a parir con el mismo disco.

-¿Y eso cómo se vive?

-Pues muy mal, claro. Dices: «Joder, este hijo de puta que me la chupaba en junio mira ahora lo que escribe, que si somos unos vendidos y tal». ¡Y con el mismo disco! Porque una cosa es que te critiquen en el siguiente, pero con el mismo te deja mosqueado. Ellos lo pasaban muy mal, pero yo pensaba: «Pues vaya, a mí me pasó lo mismo con Nirvana». A mí me flipaban cuando sacaron Nevermind, pero cuando vi que le empezaban a gustar a todo el mundo les di la espalda. Yo, Judas [risas]. Cuando vi que pasaba lo mismo con Dover me decía: «Joder, ahora entiendo por qué la gente es tan injusta y tan tonta». Que un grupo te deje de gustar porque llegue a más gente es de gilipollas, no tiene otro nombre.

-Cuando uno es joven y la música forma parte de tu identidad el hecho de que tu grupo le guste a los tíos que te caen mal de la clase te revienta.

-Sí, es así de gilipollas y de absurdo. No soportas que le guste tu grupo a tu hermana pequeña, por ejemplo. Eso pasa y seguirá pasando. Es muy difícil que des en el clavo: vender disco y que encima la crítica te respete. Tú ves las listas de lo mejor del año de las revisas más guays y, entre los 20 primeros, no han venido ni 10.000 discos.

-¿Se ha encontrado alguna vez con la situación de querer llevar al grupo más allá y que este lo rechace por esos prejuicios?

-No, no te creas. Forzar al grupo a hacer algo que no quiere no conduce a bien sitio.

-¿No le ha pasado con Los Planetas?

-Bueno, con ellos sí. Los he intentado en su día llevar a otros sitios. Básicamente es J. Los demás son más fáciles. J es complicado, se come muchísimo la cabeza. Alguna vez he guerreado con él por esas cosas. No eran cosas de radio, ni nada. Él, a veces no quería tocar en un determinado festival, porque decía que no era auténtico. Pero es que, según su teoría, solo podía tocar en el Primavera Sound. Ni siquiera Benicassim cumplía los requisitios que él quería. Yo le decía: «¿Qué hacemos entonces dos conciertos al año?». Los cogí sobre el 2002 y estuve hasta el 2009.

-¿Fue el grupo más difícil con el que ha trabajado?

-No, el más difícil fue Dover. Entonces yo no tenía mucha experiencia y el éxito fue mucho mayor. El problema con Los Planetas era J, con quien me une un gran respeto y una mayor amistad. Me llevó mucho mejor con él ahora que antes. Hubo un momento en el que le dije: «Hasta aquí, no aguanto más, no puedo amargarme todo el tiempo por esto».

-¿Saltan muchas chispas en esa relación?

-No, lo normal. Te enfadas a veces. En concreto con J fue en México, en una noche de jarana. Me dio la puta noche. Estábamos en casa de Julieta Venegas. Por la mañana me levanté, le puse el desayuno y le dije: «Mejor, cada uno por su lado. Ya hemos tocado techo. Has sacado lo mejor que yo tenía y mejor que busques por otro lado». Y ahí están, sacando discos cojonudos. Para mí es uno de los mejores grupos de la historia de la música en España.

-Le queda la experiencia de estar tras uno de los mejores discos de la historia del rock español: «La leyenda del espacio».

-Sí, totalmente. He tenido mucha suerte en ese sentido, de trabajar de gente como J en ese disco, o Dover con Devil Came To Me o cuando dieron el doble salto mortal con Follow The City Lights.

-Eso tuvo que ser tremendo.

-¡Eso fue la hostia!

-¿Cómo reaccionó el grupo con la nueva desbandada de seguidores?

-Ahí ya les importaba menos, porque había tanta gente a la que le gustaba la canción de Let Me Out que era distinto. Además yo ya estaba curtido. Luego está lo de trabajar con Kiko Veneno. A veces lo miro y pienso que estoy trabajando con Lorca o alguien así. Para mí está a ese nivel. Es súper especial. Es un artista de arriba a abajo y, además, un intelectual. Estás con él y te quedas con la boca abierta escuchándole. Aprendes un montón de cosas. Sabes que dentro de 50 años sabes que se va a seguir hablando de él.

-¿Actualmente su bandera es Lori Meyers?

-Son mis niños. Los cogí al principio. Me los puso J, los conocí, congeniamos y nos pusimos a trabajar juntos. Estaban grabando el Hostal Pimodan. Las cosas iban mal, nos fuimos de Houston Party, fichamos por Universal e hicimos un trabajo muy bueno. Miras atrás y te sientes orgulloso de a dónde has llegado. Ha sido muy fácil, porque ellos se dejan. Enseguida hubo entendimiento, pese a nuestra diferencia de edad. Hubo siempre química con ellos y una gran amistad.

-A mí me trasmiten una cosa muy fuerte: que si fuera otro momento en el pop español serían como Nacha Pop o algo así.

-Sí, es lo que ha ocurrido en los últimos años con el fenómeno del indie-mainstream. Empezó con Vetusta Morla, sigue con Love Of Lesbian y, luego, vamos nosotros. Esto va paralelo a una serie de festivales a los que la gente va a en masa. Un poco con eso, otro poco con Internet se produce esa explosión. En los ochenta fue de otra manera. Se produjo una explosión de contratación en los pueblos, Radio 3 y un montón de programas en televisión. Ahora ha ocurrido de otra manera, pero ha ocurrido.
 
-Menciona el indie-mainstream. Para una parte de la crítica y público eso es lo peor y ponerlo a parir el modo de reafirmarse en otras valoraciones. ¿Qué piensa?

-Estamos en lo mismo de antes: una parte de la crítica no perdona el éxito. Y, entonces, hay una serie de blogueros y de revistas que se quejan de que siempre son los mismos en los festivales, que siempre tocan los mismos y tal. Pues claro, es que es lo normal. España es mucho más pequeña ahora que hace años. A medida que las comunicaciones han mejorado, que hay trenes de alta velocidad y buenas autovías ya no puedes hacer las giras que se hacían en los ochenta de 90 bolos. Ahora no, como mucho puedes hacer 20 o 30 bolos. Y ya te ha visto toda España. Con que toques en el Low-Cost, en el S.O.S., el Sonorama, el Contemporanea, el Ebrovisión y unos pocos más ya te va visto todo el mundo.  

-¿No cree que son comprensibles las quejas de que siempre están los mismos?

-Ya pero es que son los grupos que venden los tiques. Y al final la gente reclama esos grupos. Los siguientes molan, pero la gente quiere a los gordos. Somos muy conscientes de eso y procuramos no repetirnos. Yo no voy dos años seguidos al mismo festival. A mí me llaman para Lori Meyers de todos los festivales y les estoy diciendo que no, porque ya llevamos dos años con el mismo disco y no queremos repetir. Quiero que el grupo descanse, que prepare nuevo disco y, bueno, me jode porque son conciertos muy golosos. Pero hay que saber decir que no.

-Maneja nombres muy exitosos, pero el medio está Emilio José que es un artista que se quedó por ahí perdido. ¿Qué pasó con él?

-Sigue ahí. Es de mis niños bonito, sin duda. Si hubo un disco que he escuchado mil veces en los últimos años es el de Chorando apréndese. Lo pongo y lo sigo poniendo, descubriendo siempre mil cosas. Lo que pasa es que Emilio es un personaje. Si no hay llegado más lejos es porque no ha querido. Este sí que es auténtico, aún más que J. J dice que no pero sí, pero este dice que no y es no. Ha desaparecido porque quiere desaparecer. Lo ha dejado todo. Yo hablo de vez en cuando con él y me dice: «A punto, estamos ahí». Lleva así dos años.

-Bueno, el segundo disco se Apeiron, su exbanda, se espera desde 2002.

-A mí ya me lo había advertido Marc, de Foehn, su sello. Yo no renuncio a convencerlo a que dé el paso. Estoy seguro que por fin lo acabe va a ser muy fácil. Hay mucha gente que no se ha olvidado de él. Es un genio, un tío muy especial. Su disco es para aquí y para el mundo. Flipan con él. Hace poco en Buenos Aires me preguntaban por él. Y en México igual. No hay nadie como él. De hecho, él no quiere escuchar música actual para no contaminarse. Me lo imagino metido en su casa, en Quins, grabando toda la noche.

Fotos: Benito Ordóñez

Arañazos de rock y mística psicodélica

Escrito por Javier Becerra
1 de marzo de 2015 a las 10:42h

Bala exhumaron rock, nervio y uñas. Habían ecos por ahí de Motorhëad, el stoner rock y hasta de los Nirvana a los que versionaron en el tramo final. Llegaron a Los conciertos de Retroalimentación a la carrera (su batería tenía un bolo previo en la Casa Tomada con otro grupo), se subieron al escenario y arañaron. Ya tienen un disco de ocho temas que verá la luz en un par de meses. Y A Coruña, un nuevo grupo molante al que seguir. Ayer, sin duda, dejaron una muy buena impresión.

Tras ellas Puma Pumku cambiaron las formas. Expandieron la música, emitiendo psicodelia desde sus guitarras y creando un clima engullidor con su música. Las canciones de Is It In You? toman otra forma en directo: más robusta, más potente, más definitiva. Buscando el trance colectivo, dialogando entre sí con sus instrumentos y moldeando el sonido, lograron capturar al público desde el primer tema…hasta que sucedió un pequeño accidente. El bajista rompió una cuerda sin tener instrumento de recambio. Ahí la banda se descentró, la tensión bajó y parte de todas esas bondades antedichas menguaron. Al final, el mítico Diego Veiga (One Of These Days, Wolrus y mil más) logró un bajo en 10 minutos para que el grupo pudiera seguir. Y lo hicieron, concluyendo una buena actuación que seguramente sería mucho mejor de no haber sufrido ese percance.

Como siempre gracias a la sala Mardi Gras, a los grupos y a todos los que (tarde, pero a tiempo) asistieron al concierto de ayer y permiten que Los conciertos de Retroalimentación se mantengan. Próxima parada: 7 de marzo, Aries y Elvis Negro, Casa Tomada.

Puma Pumku: “La psicodelia es el ser humano actuando ante los estímulos del mundo”

Escrito por Javier Becerra
27 de febrero de 2015 a las 10:45h

Dan cierta envidia. Puma Pumku son tan jóvenes, tan metidos en su música, tan ligeros en ella pero a la vez tan sólidos que parece que hayan sido dotados de ese brillo especial que acaricia solo a unos pocos grupos. Los compostelanos hacen, sí, psicodelia. Tienen sus fuentes de inspiración a la vista. Y son unos melómanos-alumnos empedernidos. Pero en cuanto empiezan a sonar las canciones de Is It In You?, su álbum de debut, logran contagiar al oyente precisamente de ese amor, de esa sensación de flotar, de esas vibraciones que parece que desprender parte del brillo al que nos referíamos antes. Ahora lo están exponiendo en directo. Y el sábado 28 de febrero harán una parada muy esperada en Los conciertos de Retroalimentación (Mardi Gras, 22.30 horas, 6 euros anticipada y 8 en taquilla) acompañados del dúo Bala. Ahora Álvaro Dosil, guitarrista del grupo nos habla de todo ello

-Miran, sobre todo, a la psicodelia primigenia de finales de los sesenta. ¿Es su destino?

-Es el hilo conductor de nuestra música. Pero dentro de ello, todo se complementa de muchas otras cosas. Hay tintes kraut, influencias de músicas de los ochenta y mil cosas experimentales. Cabe cualquier estilo y todo se une por la psicodelia.

-¿Son los Pink Floyd del primer disco el grupo totémico de Puma Pumku?

-Sí. Hay grupos clásicos que están ahí. Creo que, además de Pink Floyd, se nota mucho la influencia de The Beatles y probablemente se nos empezará a notar más la de Beach Boys. Hay una tendencia a renegar de los clásicos, pero nosotros los tenemos como referentes y fuente fuente de inspiración continua. No dejan nunca de dar de sí.

-Me habla de referencias obvias. ¿No quieren ir de exclusivos ni de cool marcando diferencias y citando a bandas más rebuscadas?

-Bueno, luego está el toque que le quieras dar para que sea algo curioso y personal. También tenemos otras referencias, como la nueva ola psicodélica.

-Pese a esa apariencia psicodélica e incluso ese toque kraut rock ocasional la verdad es que son un grupo de melodías muy poperas. Sus canciones se podría interpretar perfectamente con una guitarra acústica.

-Sí, perfectamente. Lo que pasa es que la dimensión que adquieren así nunca llegarían. Si solo fueran una guitarra acústica y voz seguramente serían piezas folk. En principio, Amadeo trae una melodía, una guitarra y una voz. A partir de eso vamos construyendo, cada uno su parte y aportando lo que se puede. Funciona así.

-Hablaba antes de la nueva psicodelia. ¿Grupos como Tame Impala, Temples o Foxygen son hermanos espirituales?

-Sí, esos grupos son los que probablemente nos animasen a dar el paso a montar una banda y tirar por esa rama. Antes sonaba todo más rudo y con más distorsión. Ahora lo hemos suavizado. Son grupos que nos encantan. Disfrutamos haciendo esa música del mismo modo que disfrutamos escuchándola.

-Debe ser como la quinta oleada neo-psicodelica que vivo. ¿Qué tienen esos sonidos para que gente tan joven como ustedes insistan en recuperarlos?

-Bueno, en mi caso, es como si hubiera una carencia de algo en todo lo que estaba escuchando. Esas música me pilló, no solo por la música en sí, sino por la forma en la que esta grabada y esa naturalidad. Los Beatles, por ejemplo, no tenían una equipación comparable a muchos estudios americanos. Pero con muchos recursos y tirando de un sonido que va directamente a las entrañas lo logran. Yo la psicodelia la veo como la naturalidad, el ser humano llevado a la música, actuando ante los estímulos del mundo.

-Intuyo que ese proceso de construcción de los temas que citaba antes debe ser de lo más placentero.

-[risas] Sí, y muy reconfortante. Es un proceso de cura, purga y sanación. Desde que llega Amadeo con la canción el resto nos dejamos llevar. No tenemos una mecánica de trabajo muy clara. Nos dejamos ir, sin tratar de mediar palabra, que sean los instrumentos los que hablen. Hay algún momento en el que se puede notar una especia de conversación entre los instrumentos. De repente la guitarra hace un riff o un detalle y el bajo contesta como otro. Es algo similar al jazz.

-¿Es el jazz una fuente de inspiración importante?

-Sí, es un género que nos encanta y al que siempre volvemos cuando el resto de palos que escuchas no nos llena. Es perfecto para encontrar el camino.

-Transmiten la idea de enamorados de la música.

-Sí, nuestra visión es totalmente romántica

-Aunque no tengan nada que ver, a mí me transmiten las misma vibraciones que Los Eskizos hace más de 20 años: la de unos tíos metidos en su música, que salían a tocar súper concentrados como si tuvieran una misión. ¿Se ven así?

-Sí, es cierto. En los conciertos nos puedes ver a cada uno mirando a su lado como si fuera algo ritual. Tienes que mantener una línea, estar súper concentrados. Sí, estamos enamorados de la música. De hecho, el contacto visual con el público es algo que me horroriza.

-¿Se lo pasan bien ensayando?

-Claro. La mayoría de los temas, exceptuando alguno que tiene muy marcada su estructura y que no da pie a la improvisación, se transforman continuamente. Hoy en día en directo hacemos algo que ya no está en el disco. Las canciones siguen su curso natural y se van modificando. Queremos que evoluciones continuamente.

-Son el último disco de Santiago que ha llamado la atención de la gente. Parece que, dentro de estos años de esplendor de la escena independiente gallega, Santiago es el gran escaparate. ¿Viven un momento especialmente dulce?

-Sí, es relativamente reciente. Llevo ocho años en Santiago y se veían cosas puntuales. Ahora hay muchísimas más gente implicada. Vemos que confluye mucha gente y que cada se anima más. No sé dar una explicación lógica. Son cosas que pasan en un sitio y un momento. Antes estaba Vigo y Pontevedra y nosotros los mirábamos. Decíamos ¿por qué aquí no hay un bolo a la semana que nos convenza? Ahora tenemos cuatro a la semana y no sabes decidir a cuál vas. Tenemos la percepción de que hacemos mucho ruido y nos movemos. Pero este es un sitio dejado de la mano de Dios a nivel de España y no sabes si te estás proyectando a nivel autonómico o si llega al ámbito estatal. Parece que sí, que se publican cosas, aparecen colectivos… es un momento de ebullición y me da cierto miedo que explote todo y termine siendo cenizas. ¿Hasta dónde durará?

-Está el problema de la resistencia de la gente, porque rara vez se sostienen económicamente.

-Sí, claro. Mira Unicornibot que, aparentemente, eran de los que tenían que ganar: haciendo gira europea, moviéndose en medios especializados y llegó un punto en el que lo dejaron. Supongo que también está la magia ahí. No niego que me gustaría vivir de eso, pero creo que también es un aliciente que todo sea tan fugaz, que se deje huella en la gente y que desaparezcas.

Piscodelia y folk en Los conciertos de Retroalimentación

Escrito por Javier Becerra
10 de febrero de 2015 a las 14:26h

La felicidad está tecleando directamente este texto. Sí, porque continúan con Los conciertos de Retroalimentación con tres fechas muy especiales, deseadas todas ellas desde hace mucho tiempo. Algunos de los autores de los mejores discos del 2014 estarán aquí, demostrando el altísimo nivel actual de la escena gallego y deleitando a los oídos que siguen las evoluciones de esta pequeña célula de actividad musical. También tendremos destellos de futuro para celebrar el cumpleaños. Y ojo, que no está todo cerrado. Hay otra fecha más pendiente de confirmarse. Seguro que os encantará. Os esperamos a todos.

-PUMA PUMKU + BALA (Mardi Gras, 28 de febrero, 6/8 euros). La banda compostelana llega al ciclo presentando su disco de debut. Psicodelia de altísimo nivel con pinceladas kraut y una impecable pegada melódica. Fueron una de las revelaciones del año y ahora demostrarán que, sobre un escenario, no hacen sino agrandar el animal. Estarán con ellos Bala, un novísimo dúo coruñés que apuesta por la electricidad, la furia y el minimalismo.

-ARIES + ELVIS NEGRO (7 de marzo, Casa Tomada, 5 euros). Debilidad total de este blog desde aquel delicioso debut titulado la magia bruta, Aries actúan por primera vez en Los conciertos de Retroalimentación tras ser junto a Chicharrón el disco del año. También tiran d ella psicodelia, pero desde una perspectiva más pop y mágica. Actuarán junto a Elvis Negro, que saldan la deuda que tenían con nosotros tras caerse en diciembre. Presentan su brumoso primer trabajo

-OS AMIGOS DOS MÚSICOS (Mardi Gras, 30 de abril, precio por confirmar). Si el año pasado fue Nacho Mora, este año soplamos las velas en el séptimo aniversario del blog con otros nuevo proyecto que debería explorar este año. Se trata de Os Amigos dos Músicos, recién fichados por el sello Gran Derby, y que trenzan un puente entre los sonidos tradicionales gallegos y el americana.

¿La peor gala de los Grammys de la historia?

Escrito por Javier Becerra
9 de febrero de 2015 a las 7:15h

¿La peor gala de la historia de los Grammy? A falta de haberlas visto todas, cabría decir que, cuando menos, está en el grupo de las más anodinas. Nada funcionó de verdad. Más de las mitad de las actuaciones resultaron olvidables, la gran estrella de la noche (Sam Smith) queda lejos de ser una verdadera estrella y el tono general destilaba, de continuo, una sensación de decepción. Ahí van diez notas escritas a toda velocidad al término de una gala para olvidar. Zzzzz Zzzzzz Zzzzz.

1. EL ADELE MASCULINO TRIUNFÓ. El ganador absoluto de la noche fue con Sam Smith. Tomó la plaza de Adele, con su soul británico de tez blanca y poderío vocal. Ganó cuatro de los seis premios a los que optaba, entre ellos el de la mejor canción por Stay With Me y a la grabación del año. Se marcó una versión orquestada de esta junto a Mary J. Blige. Seguro que la recordará toda la vida. Uno duda bastante que su carrera vaya más allá de este momento de gloria. Pero el tiempo dirá.

2. BEYONCÉ FUE LA GRAN PERDEDORA. Todo estaba preparado a para titulares del tipo “La gran noche de Beyoncé”. Pero no, patinó en todas las grandes categorías a las que optaba. Cuando Beck recogió el premio al mejor disco del año, le filmaron el rostro por si se le dibujaba la decepción. Incluso su interpretación final de Precious Lord, Take My Hand estuvo muy por debajo de lo que una artista como ella suele ofrecer en este tipo de situaciones. Un bluff total.

3. ABURRIMIENTO GENERAL. Salvo algún estallido puntual, la norma de la noche ha sido el aburrimiento. La primera parte en concreto resultó soporífera. Ver a la otrora chispeante Katy Perry en plan baladista de piano, a unos AC/DC sin fondo dándole al Highway To Hell o Adam Levine & Gwen Stefani, interpretando My Heart Is Open del último disco de Maroon 5 sirvió para que más de uno se arrepintiese de forzar el sueño a golpe de café. Lo que vendría luego tampoco iba a ser para echar cohetes.

4. FENÓMENO INEXPLICABLE. ¿Alguien puede explicar lo de Ed Sheeran? Porque la cosa ya lleva unos años. Recibido como una de las grandes personalidades del rock contemporáneo, lo cierto es que cuesta encontrar algo en él que no sea la sosería más absoluta. Cantó Thinking Out Loud, junto con John Mayer. Luego estuvo con Jeff Lynne. Pero nada, no logra despertar ni la más mínima emoción.

5. DOS DÚOS QUE FUERON MÁS ALLÁ DEL BOSTEZO. Dentro de los muchísimos dúos soporíferos que sucedieron en la noche, cabe hacer un par de excepciones. Primero Take Me To Church, el single de Hozier interpretado con poderío al lado de Annie Lennox. Después atacarían el I Put a Spell on You de Screamin’ Jay Hawkins, levantando la alicaída velada. Poco después, serían Tony Bennett y Lady Gaga quienes interpretarían Cheek to Cheek, dando ambiente de fiesta, lujo y diamantes al funeral. La cantante bien podría reconsiderar su carrera, visto lo visto. Suyo fue el mejor momento de la noche.

6. ¿LA REINA DEL AÑO QUE VIENE? Rihanna apareció en la gala con un vestido inenarrable que agotó comentarios en las redes sociales. Pero luego, lideró ese trío de excepción que se ha marcado con Paul McCartney y Kanye West. Jugando con el negro sobre blanco, el single Four Five Seconds parecía advertir que ella va a ser la estrella de la próxima gala. Aventura nuevos tiempos en una de las estrellas pop del momento.

7. UN GESTO QUE LO DICE TODO. La cara de Beck cuando lo nombraron como autor del disco del año vale por mil palabras. Superando a Ed Sheeran, Beyoncé o Pharrell Williams, su Morning Phase se coló en una de las categorías estrella de los Grammys. El premio se lo dio un Prince recibido como una suerte de semi Dios por el público. También ganó al mejor album de rock. Y sí, el suyo, es un gran disco. Se marcó junto a Chris Martin de Coldplay el Heart Is A Drum, que no estuvo mal.

8. QUE TODO EL MUNDO SEPA QUE ESTOY AHÍ: Como es norma en ella, Madonna quiso hacerse ver desde el minuto uno. Apareció vestida de torera con las cachas al aire (tómese en el sentido literal). Dentro, se marcó una de las actuaciones más espectaculares de la noche con Living For Love, una suerte de góspel taurino difícilmente descriptible con salida por los aires de la cantante. Habrá a quien le guste, seguro. Pero también quien piense que esta mujer hace ya tiempo que perdió su momento, su oportunidad y su inspiración.

9. Y ES QUE NI EL “HAPPY” FUNCIONÓ: Ya hay que tener ganas de estropear una pieza dan redonda como Happy, pero Pharrell Williams optó lo estrafalario, metiéndole unos arreglos “majestuosos” que no le pegaban ni con cola. Metiéndose en camisas de once varas reventó un temazo de manera totalmente absurda.

10. TOQUE SOCIAL. Si el año pasado fue una apelación al ama como quieras, esta vez tocó concienciar sobre la violencia sobre las mujeres dentro de la pareja. El presidente Obama salió a mitad de la gala por vídeo y una mujer víctima de esos abusos contó su experiencia.

Ismael Serrano: “Si admirabas a Aute eras un anacrónico, pero si te gustaba Cohen te convertías en alguien cool”

Escrito por Javier Becerra
4 de febrero de 2015 a las 13:14h

La semana pasada estuvo Ismael Serrano en A Coruña para presentar su nuevo disco, La llamada. En la entrevista previa a la actuación, surgieron muchas de las cosas que andan flotando en el pop nacional en los últimos meses sobre la política, la anglofilia, el desprecio a la canción social desde la crítica y demás aspectos que ha agitado el libro de Víctor Lenore Indies, hipsters y gafapastas. La charla se estiró hasta los 40 minutos y, lógicamente, no se pudo reproducir íntegra en el suplemento Fugas. Aquí la recupero en su totalidad.

-¿Pretendía darle un giro a su carrera con un disco tan lleno de ritmos latinos y alegría?

-Bueno, me gusta la música tradicional latinoamericana. Son canciones que he compuesto de manera diferente, en tanto en cuanto he partido del ritmo para establecer los cimientos de la canción. Muy a menudo las canciones se construyen desde la armonía, para alguien que toca la guitarra. A mí me apetecía cambiar la mirada. Acudí a la tradición musical que yo siento más cercana y que me parece que tiene más potencia desde el punto de vista rítmico, que es Latinoamérica. Allí confluye la cultura que viene de España con la africana, que da un acerbo muy diferente. También está ese carácter de celebración, espontáneo y popular que tiene el folclore, que es un género vivo en Latinoamérica. En España el folclorista es un arqueólogo. Allí no. Allí está presente en el día a día, en la vida, en lo contidiano.

-¿Sugiere que en el pasado la cultura pop española dio carpetazo a la tradición dejándose embaucar por lo anglosajón?

-En cierto modo hemos renunciado a ciertas señas de identidad en algún punto, pero eso ocurre en muchos otros ámbitos de la cultura. La música anglosajona impuso su dominio en las radiofórmulas. En Latinoamérica se ha resistido y sigue esa presencia de lo tradicional. Allí no se ha homogeneizdo todo de este modo tan rotundo. A lo mejor es que no ha permeado y han resistido porque no han sido objeto de mercado. No han sido tenidos tanto en cuenta como consumidores, para imponer una visión hegemónica de la cultura, igual que ha ocurrido con los discursos políticos y otras cosas.

-En España, dentro del pop y el rock, semeja que hay un cierto esfuerzo desde hace unos años de volver a las raíces y hacer más propio el discurso. ¿Cómo lo ve usted?

-Yo creo que hay un cambio de posición en muchos aspectos y también llegan a lo musical. Se trata de dejar de lado ciertos prejuicios elitistas que pretendían excluir otras opciones musicales. Si tú admirabas a Luis Eduardo Aute te convertían en un anacrónico y, sin embargo, si decías que tus referencias eran Bob Dylan, Joni Mitchel o Leonard Cohen, te convertías en alguien cool, que molaba. Se daba un perjuicio elitista que, en el fondo, estaba totalmente marcado por el consumismo y el mainstream hegemónico que impone esa estética musical. Pasa lo mismo con un cierto esteticismo que hasta ahora, no solamente renunciaba a ser explícitamente político en la música, sino que despreciaba y excluía a quienes sí lo hacían y los modos de expresión que conllevaban una postura política. Esa división se está quebrando. Hay una mirada cada vez más desprejuiciada. Ciertas poses estéticas responden a elitismos que no tienen ningún sentido y no nos permiten disfrutar de la música con la plenitud que se merece.

-Este punto de vista coincide mucho en el libro de Víctor Lenore. Da la sensación de que para muchos existe una especie de salida del armario política, que ha dejado de ser algo vergonzante plasmar eso en las letras. ¿Lo ve usted así?

-A mi modo de ver, el escapismo permanente como único discurso sustenta el sistema y el modelo económico que nos ha traído a este lugar, a esta crisis terrible. Nos hemos dado cuenta cuando nos encontramos acorralados. ¿Dónde estábamos durante estos años? ¿Los músicos hemos estado a la altura? ¿Cómo no nos dimos cuenta de todo esto? Aún así, no sé si estamos a la altura de las circunstancias. Yo no digo que todas las canciones tengan que estar comprometidas políticamente. De hecho, la mayor parte de mis canciones no lo son. La mayoría de mis canciones son de amor, pero yo le canto a lo que me emociona. A veces me emociona una situación política y surge una canción con esa emoción y mi postura ideológica. No digo que todo tenga que ser así, pero si hay temas con este corte, bienvenidos sean. Yo creo que todo ese rechazo a lo político tiene que ver mucho con esa postura de posmodernismo mal entendido que tiene mucho de pose. Son rupturas que, lejos de plantear nuevos modelos, favorecen el actual. Son rupturas amables con el sistema, que solo llegan a lo estético y que nos desarman, porque atomizan de alguna manera la sociedad. Por eso yo quería darle a este disco un carácter de celebración y de lugar de encuentro, más allá de los prejuicios. El folclore tiene eso. Por ejemplo, desde el baile. He tratado de hacer una bachata a mi manera.

-Generalmente cuando se habla de música política se tiene a pensar con algo serio o solemne. ¿Lo ha pretendido evitar ahora?

-Bueno, es cierto que a veces cuando uno se ve a sí mismo ve eso, algo muy serio y con una gran solemnidad. Aunque veces creo que hay que serlo. De hecho, este disco lo tiene en algún momento. Pero sí que es cierto que, en general, he intentado alejarme de esa solemnidad que te aleja un poco del prójimo. Quería darle un carácter de celebración, en el sentido de establecer los vínculos necesarios. La pérdida de solemnidad te lleva a eso: levantar la mirada y reivindicar el derecho a la alegría, que no nos arrebaten eso. Yo creo que he pecado de eso, de ese gesto circunspecto. Cierto sectores de la izquierda han anquilosado el lenguaje. Yo quería huir de ese anquilosamiento porque no me sentía cómodo.

-Muchas veces el pop es un caramelo que uno se toma al salir del trabajo. Pones la radio, suena Rihanna, te olvidas de todo y te dedicas a disfrutar de la música sin más. Con todas estas nuevas lecturas políticas sobre la música parece que esto se ha convertido en algo negativo o despreciable. ¿Tiene que serlo?

-Yo creo que no, tampoco nos tenemos que pasar de frenada. La música también es evasión, igual que la literatura es evasión. Todos lo necesitamos de vez en cuando. Lo que denuncio es que se convierta en un discurso hegemónico. Defiendo en la pluralidad y pido que desaparezcan ciertos perjuicios y exclusiones absurdas. Pero en todas las direcciones. Si no, volveríamos al mismo discurso. Me parece legítimo que haya una música para la evasión, para olvidarte y para divertirte. Pero también hay un momento para la reflexión, para sentarse y analizar. Me parece terrible, que se imponga como un discurso hegemónico y excluyente en plan, si no eres de una determinada manera, eres una mierda, eres aburrido, eres un anacronismo y no perteneces al tiempo que vives. Ese escapismo iba a compañado de un discurso totalmente reaccionario.

-Pienso que esa hegemonía de la que habla Lenore y usted es exagerada. Cuando yo estaba en la Universidad en los noventa me costaba encontrar a fans de Family o Migala. Sí conocía a mucha gente que, huyendo de lo “comercial”, escuchaba a Extremoduro, a Negu Gorriak, Albert Plá o a usted. Todos con toque politico, por cierto.

-Sí, yo no hablo de lo que oye la gente, sino lo que promueve la crítica musical en muchos aspectos.

-Una de las cosas que suele hacer la crítica musical y, a veces, también el público es pedir un extra de compromiso y coherencia a quienes se atreven a dar un paso al frente. ¿Qué le parece?

-Yo le exijo coherencia a todo el mundo, aunque nuestra vida está llena de contradicciones. Lo de las vidas ejemplares de santos supongo que no existen.Yo trato de ser coherente. Es el modo que tengo de corresponder a la fidelidad de mi público. Uno lo es en la medida en la que puede. Hay que ser coherente, pero a veces eso llevado al extremo nos llevaría a vivir una vida al margen del sistema. El purismo, por así decirlo, me parece un poco fundamentalista e innecesario. Yo caeré en contradicciones como todo el mundo que vive estos tiempos. Pero hay que ver cómo te enfrentas a ellas, cómo las combates, cómo las intentas compensar. Tampoco hay que erigir al músico a la categoría de adalid ejemplar, sino como un trabajador de la música que trata de sobrevivir como puede en un contexto dificil. Vivir al margen del sistema, te convertiría en un inadaptado.

-En los ambientes de izquierdas siempre hay quien quiere ir un poco más allá, reprochando al que no lo hace. Usted, que graba en multinacionales y ha sido promocionado en radiofórmulas, seguro que ha tenido esos reproches.

-En la izquierda hay una tradición en la que para reafirmar en público las convicciones delante de la gente hay quien entiende que hay que poner en duda las convicciones y el compromiso ajeno. Es como si eso te reafirmara en tu pureza. Esa vocación de vigilante, de ser una especie de compromisario político viene a ser típico de gente que tiene dudas y quiere reafirmarse. Hay que asumir con naturalidad las relaciones. Yo valoro mucho la naturalidad, también en política. Me gusta la gente que habla más allá de la pose, del discurso fingido y de esa solemnidad de la que hablábamos antes. Hay que evitar juzgar a la gente con un rigor que no empleamos con nosotros mismos. Señalar está muy feo. Es la vieja tradición de la izquierda de un piolet, de tener uno preparado porque eso te te reafirma. Es un vicio estalinista y un gusto por la purga. No es solo de la izquierda. Si te fijas Twitter tiene ese elemento de alimentar la pulsión linchadora.

-En los noventa cuando fue el bum de los cantautores se les llegó a criticar en el sentido que se había instaurado una especie de fórmula comercial. Un tipo, con su guitarra acústica haciendo canciones casi como un cliché: una del ecologismo, una antimilitarista, otra contra los políticos, etc… Ahora la política vuelve a estar en el imaginario pop y ya hay sospechas de que se puede caer en lo mismo. ¿Hay riesgo?

-¿Qué caemos en lo mismo como si fuera una obligación? Buff, eso es muy delicado porque entramos en los juicios de intenciones y quiénes somos para ello. Supongo que sí, que habrá quien lo haga por pose, otros mirarán al mercado…pero es que eso ocurre en todo. Yo creo que la gente percibe la honestidad, sobre todo en las carreras largas. Yo es lo que más valoro, que la música surja del diálogo que tiene el artista consigo mismo. Otra cosa son las poses, que son pura pretensión, hechas en lo que se debe decir y no lo que se quiere decir. A largo plazo se percibe. Este modelo de consumo voraz tiene la capacidad de convertir en objeto de consumo cualquier actitud revolucionaria: lo fagocita y lo incorpora al mercado. Desarticula cualquier opción de cambio, lo incorpora al mercado y lo convierte en un objeto de usar y tirar. Eso lo vivimos los músicos. Te preguntas hasta qué punto tu música trasciende y hasta qué punto se convierte en un engranaje más del usar y tirar. Esa pregunta me la hago yo, aún partiendo de unas buenas intenciones. ¿Sirve la música para algo? ¿Logra sortear las trampas que pone el sistema?

-Hace poco entrevisté a Nacho Vegas y me decía que tenía un conflicto respecto a cobrar más de 20 euros en un concierto, ya que dejaba fuera a mucha gente que no lo podía pagar. ¿Usted tiene también estos conflictos?

-Claro. Permanentemente y más ahora, como está la música. Fíjate que nosotros pagamos el 21%, que muchas veces es el margen de beneficio que te queda. Hay que pagar músicos, técnicos, teatro… En esos debates estás constantemente. Hasta qué punto puedes controlar eso. Todo es muy complicado. A esas preguntas se enfrenta diariamente cualquiera que tenga unas convicciones ideológicas, pero en el día a día: comprar una cosa u otra, participar o no del sistema, qué hacer o no. Tampoco hay que dramatizar. A veces se sobrevalora la sensibilidad del músico, porque los problemas a los que se enfrenta son los mismos a los que se enfrentan miles de trabajadores y autónomos.

-A veces me planteao cuando veo a músicos opinando de política, obviamente porque le preguntan, por qué se le ha dado un valor extra. ¿Por qué vale más la opinión de un músico que la de un carpintero? Lo digo a modo de autocrítica, que conste.

-Estoy totalmente de acuerdo. Yo respondo a lo que me preguntan y cómo puedo. A veces te dices a ti mismo:«Estoy hablando de cosas sobre las que no tengo un nivel de conocimientos para sentar cátedra». Pero, por otro lado, a mí me jode cortarme en ese sentido y tenemos que callar una opinión que doy con honestidad y respeto. Por eso digo que se le presupone una sensibilidad y una capacidad de análisis al músico que a lo mejor no tiene. De todos modos, yo tengo que reconocer que como oyente, cuando leo una entrevista de artistas a los que admiro, como por ejemplo Silvio Rodríguez, quiero saber qué opina de Cuba. Pero es la verdad que muy a menudo está sobrevalorado.

-¿Ahora con esta nueva oleada de música explicitamente política no le entran las ganas de decir «¡Hey, yo ya estaba antes!»?

-No, para nada. A mí me parece muy bien que la gente haga canciones con contenido político. Hace poco yo escribí sobre La ratonera de Amaral. Más allá de las consideraciones que uno pueda hacer respecto a la canción, si te gusta o no te gusta, decir que es oportunismo no me parece bien. Para mí el oportunismo es estar callado. A mí los sectarimos en todos los aspectos de la vida me parecen absurdos. Yo, si le reprocho algo a la izquierda tradicional, es que no haya tenido vocación ganadora, de saber sumar sin poner a prueba permanentemente las convicciones de otros. Parece que haya un examen de militancia permanenete. Si de repente eres capaz de emocionarte con lo que ocurre a tu alrededor y lo que lees en el periódico es que has ganado en sensibilidad. Eso me parece muy positivo.

-¿Cómo se sentía hace años cuando hacía la música que hacía y, alrededor, esto era una fiesta permanente en la que la gente no quería escuchar un discurso como el suyo?

-Bueno, siempre ha habido gente que ha demandado este tipo de música. Eso para empezar. Luego, soy consciente de que no le tengo que gustar a todo el mundo. A mí me apetece sumar público, pero de ahí a gustarle a todo el mundo, no. La gente que pretende eso es que no tiene identidad ninguna. Entonces lo entendía, pero sí me parecía hiriente ese desprecio injustificado que había. Era una corriente que despreciaba no a mí, sino a toda una tradición musical en la que pagaron justos por pecadores. Hay músicos que fueron retirados de malas maneras, gente que se ha jugado el tipo y que, de repente, “bah, esos son los cantautores”. Ahora, cuando Podemos recupera la estaca, ya hay gente que lo está diciendo:« Ya están los cantautores, esos ya están amortizados, son cultura de la transición». No es así. Mucha gente de esa se jugó la vida, se tuvo que ir al exilio y pasaron por la cárcel. Me parece terriblemente injusto, provinciano y cateto ese desprecio absurdo. A mí me parece envidiable ver como Bruce Springsteen hace con toda naturalidad un disco con canciones de Pete Seeger, que militó en el Partido Comunista y fue perseguido por la Caza de Brujas. O reivindicar a Woody Guthrie que es, para mí, el paradigma del cantautor moderno. A los estadounidenses se les podrá reprochar lo que se quiera, pero no tienen entre los músicos tantos prejuicios y son capaces de ello.

-A medianos de los noventa Los Planetas sacaron una canción, “Vuelve la canción protesta”, que ironizaba con su generación. ¿La conoce?

-Sí, claro que la conozco.

-¿Qué le parece?

-Pues está claro, es a lo que me refería antes: un desprecio injustificado por así decirlo. Para mí es algo inentendible. Entiendo que no le tengo que gustar a todo el mundo y entiendo que a ellos no les gustará lo que yo hago. ¿Qué se le va a hacer?

-Noto en el tono del disco y también en el de la entrevista una influencia muy grande del 15-M. ¿La admite?

-Sí, el 15-M fue el resultado de muchas cosas. Es cierto que fue algo inesperado con toda aquella efervescencia y la magnitud de lo que ocurrió y su capacidad de sensibilizar a mucha gente diferente. Tenía esa vocación de sumar de la que hablábamos antes. Tenía algo que también tienen todos estos nuevos partidos políticos que surgen. Mucha de la gente que esta ahí llevaba militando en el activismo mucho tiempo. Gente que estaba en las huelgas generales, que se había manifestado contra la Guerra o que venía del sindicalismo más radical, en el buen sentido de la palabra. Digamos que, cuando uno, ve el 15-M se siente parte de el de manera instantánea.

-Habrá quien diga que malos tiempos sociales mejores tiempos para los cantautores. ¿Lo nota?

-No lo sé. Podríamos entender también que mis disco es cojonudo [risas], que no solo se debe al momento social y político. Puede que sea que mi disco no esté tan mal. Yo creo que es lo mejor que he hecho hasta ahora. Disculpa la vanidad.

-No lo digo por su calidad, sino por la oportunidad. A lo mejor hay más ganas de escuchar un disco como este ahora que hace diez años.

-Seguramente. Hay una búsqueda, sobre todo de gente muy joven. Una cosa muy buena que tenía el 15-M es que se acercaba gente muy joven, que antes no solo había pasado de eso, sino que sentía verdadero rechazo. A lo mejor alguna de esa gente se siente interpelado

-Cosas como «Que el miedo cambie de bando» son muy de este tiempo.

-Sí, tienes razón.

A Veces Ciclón y Apenino salieron del escondite

Escrito por Javier Becerra
1 de febrero de 2015 a las 5:25h

Dos ejemplos del pop escondido nacional (y gallego) se dieron cita en Los conciertos de Retroalimentación. Primero, A Veces Ciclón, con sus susurros, sus círculos y sus canciones que crean ambientes que atrapan. Después, Apenino, tirando del hilo electrónico y convirtiéndolo en algo con latido, respiración y temblor. Ambos cruzaron una equis en en una casilla que llevaba ya tiempo queriéndose tachar. Lástima que a unos pocos se les fuese la incontinencia verbal en la segunda parte del recital de Apenino frustrando la experiencia. Al final, tras varios “Shhhhhhhhhhh”, Marco recuperó El Mapa y logró restablecer la conexión pura y sin interferencias.

Una vez más, dar las gracias a quienes respaldan con su entrada estos conciertos, a la Casa Tomada por acogerlos y a los grupos por decir sí a nuestra propuesta. En estos momentos estamos cerrando los últimos detalles de la programación de aquí a junio. Seguramente os va a encantar a muchos. Os esperamos. Pero, por favor, en silencio.