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Un feliz cumpleaños de la mano de un proyecto muy especial

Escrito por Javier Becerra
14 de abril de 2014 a las 1:04h

Había que celebrar seis años de Retroalimentación. Y quisimos hacerlo con un proyecto muy especial. Nacho Mora tocó por primera vez las canciones de Entre as zocas e os lóstregos, el disco de inminente salida en el que introduce en el lenguaje rock un repertorio de clásicos de la poesía gallega. Estos, sobre el escenario, toman otro cuerpo. Más robusto en el lado guitarrero. Más lírico en el folkie. Pero siempre dejando claro que se trata de uno de los trabajos del año. Aunque, obviamente, tenga que publicarse de una vez para llegar a todo su público potencial. Algo que pasará en breve, ya que ha recaudado el 100% del dinero necesario vía crowfunding Antes, Pablo Seijas de Misterioso Viaje Holanda, mostró se faceta en solitario con un repertorio dylaniano que, una vez acompañado de batería y guitarra eléctrica, mostró sorprendentes destellos afro-pop.

Muchas gracias a todos los asistentes, que son al fin y al cabo los que permiten que esta aventura de Los conciertos de Retroalimentación siga adelante. Próxima parada: Fogbound +Graham Summer & Adri Mt el 3 de mayo. Igual que todos los de esta temporada, en la sala Mardi Gras.

Fotos del concierto aquí.

Los Eskizos se reúnen y tocarán en Los conciertos de Retroalimentación

Escrito por Javier Becerra
12 de abril de 2014 a las 10:26h

Sí, tal y como recoge hoy Fernando Molezún en las páginas de La Voz Los Eskizos se reúnen 22 años después de su disolución en 1992. Y no solo eso: darán su primera actuación en Los conciertos de Retroalimentación. Será el 21 de junio en la sala Mardi Gras de A Coruña, la que ha acogido todos los bolos del ciclo durante este año. Un honor mayúsculo a sumar a la ya extensa lista de honores grabados en la historia de esta iniciativa.

Se impone lo de “un sueño hecho realidad”. Pero lo cierto es que ni en el mundo de esos sueños existía tal posibilidad. La negativa a reunirse cuando Mushroom Pillow editó en 2010 una recopilación con sus dos epés y temas inéditos, parecía anular cualquier tipo de posibilidad. Así que cuando, hace unas tres semanas, Pedro Granell me mandó un correo electrónico anunciando la vuelta del grupo se dispararon todas las alertas en mi condición de fan. Una semana después ya teníamos todo cerrado.

Será una ocasión única, exclusiva y muy especial. Las entradas se pondrán a la venta en los próximos días. Avisaremos para que nadie interesado se quede sin ellas. Recordad que se trata de un aforo muy limitado y que lo más probable es que vuelen en un abrir y cerrar de ojos.

No es la única noticia al respecto. Aprovechando la reunión vamos a llevar a cabo un sueño que, este sí, bullía en mi cabeza desde hace años: escribir un libro con la historia de la banda, su influencia posterior y todo lo que supuso. En él pretendo que desfile toda la gente próxima a la banda, que broten imágenes inéditas y se conteste por qué una banda que solo editó dos epés resultó, a la larga, tan influyente. Pedro lo completará con un epílogo, ofreciendo su punto de vista personal.

En estos momentos estamos recopilando toda la información posible sobre el grupo. Así que si alguien tiene fotos raras, conserva algún cartel o entrada, tiene grabado alguno de sus conciertos, fue testigo de estos o vea que puede servir de ayuda, que no dude en ponerse en contacto conmigo (javierbec25@yahoo.es).

Hoy soplamos las velas del sexto aniversario de Retroalimentación

Escrito por Javier Becerra
11 de abril de 2014 a las 12:44h

Hoy es el día. En la tarta imaginaria de Retroalimentación se soplarán seis velas esta noche. Se hará, como no podría ser de otra manera, con un un concierto. Primero, Pablo Seijas de Misterioso Viaje Holanda tocando temas de su disco en solitario. Después, Nacho Mora subiendo a un escenario por primera vez las canciones de Entre as zocas e os lóstregos, el disco que editará en breve y en el que musica en clave rock una selección de poemas de la literatura gallega. Es un concierto importante, porque existe la sensación de estar plantando algo. Lo lógico es que este proyecto, una vez que salga el elepe (esta misma semana se anunciaba la consecución del 100% de los fondos necesarios para su edición física), vaya más allá. Y desde ese más allá se recordará este kilómetro cero.

La celebración han tenido bastante eco en los medios. No solo en La Voz, sino en la TVG y varias webs amigas. Tanto Tanaka, como Disquecool y Desconcierto han interrogado a Nacho por el proyecto. En la última también han querido ponerme a mí en el disparadero. A todos ellos, mis más sinceros agradecimientos. También a los que acudan esta noche a Mardi Gras (22 horas, entradas anticipadas 6 euros y en taquilla 8 ). Nos lo pasaremos bien, pero que muy bien.

Y mañana al despertar, quizá, más de uno se caiga de la silla al visitar de nuevo este blog. Y hasta ahí puedo leer…

Fogbound se unen a Los conciertos de Retroalimentación

Escrito por Javier Becerra
8 de abril de 2014 a las 20:08h

Les teníamos muchas ganas y, al final, se logró. FOGBOUND actuarán en Los conciertos de Retroalimentación. Esta joven formación coruñesa de clara orientación sixties y psicodélica estará en el ciclo de este blog el próximo sábado 3 de mayo presentando su single Whispering Corridors. Desde la irrupción de The Phanthom Keys ningún grupo gallego que funcionase dentro de estas coordenadas había sorprendido tanto. No, porque lo que proponen Fabio Mahía (guitarra y voz), Borja Fernández (bajo), Fernando Vilaboy (Hammond) y Adrián Seijas (batería) tiene las dosis justas de misterio e inquietud para turbar. El acabado resulta perfecto y las referencias exquisitas. Ahora tocará verlos y disfrutar de piezas como la citada Whispering Corridors, uno de esos temas de amor a primera vista y pasión de efecto prolongado.

Además, esa noche la abrirán dos conocidos de Los Conciertos de Retroalimentación. Militantes de Wolrus, además de otros proyectos, GRAHAM SUMMER y ADRI MT estarán en formato dúo sacando brillo a sus melodías folk-pop redondeando una noche que promete ser estupenda.Las entradas, que se pondrán a la venta en los próximos días en los sitios habituales, costarán 6 euros en venta anticipada y 8 en taquilla. El concierto, como todos los del ciclo este año, tendrá lugar en la sala Mardi Gras de A Coruña.

Kurt Cobain (re)vive 20 años después de su muerte

Escrito por Javier Becerra
7 de abril de 2014 a las 15:22h

El pasado sábado se cumplían dos décadas del sucidio de Kurt Cobain. Aprovechando la efeméride, Libros Cúpula publica en castellano el libro “Kurt Cobain, la historia de Nirvana” de la periodista Carrie Borzillo. De manera exhaustiva y cronológica repasa la historia del grupo, dejando a la vista las piezas del puzzle personal y conflictivo del líder de un grupo que sigue vivo en la memoria de todos.

El calendario marcaba 17 de abril de 1991. Nirvana, un rugiente trío de la escena alternativa americana, actuaba en el Ok Hotel de Seattle. Interpretaban por primera vez en directo Smells Like Teen Spirit, la canción que iba a poner patas arriba el mundo de la música popular meses después. Su líder, Kurt Cobain, se dirigía a la audiencia: «Hola, somos un éxito de taquilla de rock corporativo de una importante discográfica». Bromeaba muy en serio con su fichaje reciente por la multinacional Geffen. En esa secuencia, una de tantas anotaciones recogidas en Kurt Cobain, la historia de Nirvana, el libro de la periodista Carrie Borzillo, se puede encontrar la fotografía exacta de todo lo que iba a pasar luego. Un público absorto, sintiéndose dentro de un huracán de emociones arrolladoras. Una banda abriendo el grifo de esa extraña mezcla de fuerza y vulnerabilidad. Y un líder jugando con un sarcasmo que no hacía sino poner sobre la mesa todas sus inseguridades.

Kurt Cobain acaba de cumplir 24 años. Pero seguía traumatizado por el divorcio de sus padres, acontecido durante su infancia. Había coqueteado con la indigencia y sentía una inclinación natural hacia lo marginal. Musicalmente, ansiaba la pureza, no corromperse jamás, parecerse a las bandas indie que adoraba. Pero también deseaba llegar a la gente, patear a Michael Jackson del número uno y elevar a la categoría de éxito todo aquello que defendían: su no al sexismo, la homofobia, la arrogancia, el machismo y demás lacras del macho-rock dominante en los EE.UU. de los primeros noventa.

Entre esa lucha se forjó una batalla. Lo acompañaría hasta que el 5 de abril de 1994 decidió acabar con su vida. Tardó poco en demostrar el conflicto. Siguiendo el repaso cronológico del libro, el 14 de octubre, cuando Smells Like Teen Spirit empezaba a despuntar y su mítico videoclip a coronar la programación de la MTV, Kurt se ponía palos en su propia rueda rueda. Rechazaba la sobreexposición que lo catapultaba al éxito. Había abandonado el sello Sub Pop, una pequeña editorial indie. Pero una vez que intentaba acomodarse en el nuevo sofá de la fama, aparecía un resorte. En la revista Spin soltaba: «Debería existir un contrato que limitara las veces que pueden sacarte».

Dos semanas después, la misma revista requiere al grupo para la portada. Cobain, cuyo pelo rubio y sucio se convertiría en un icono como el tupé de Elvis, metió la cabeza en una bañera con tinte azul. Durante toda la sesión, se mostró hastiado. Otros grupos matarían por lograr algo así: protagonizar la cubierta de una de las publicaciones más famosas del mundo. Nirvana, que entonces aún no avistaban el monstruo que crecería luego, lo veían como una piedra en el zapato tan molesta que se dedicaban a boicotearla. Y era solo el principio.

Carrie Borzillo fija el nacimiento de la Nirvamanía en el 3 de noviembre. Nevermind, el segundo disco del grupo que se inauguraba con la citada Smells Like Teen Spirit, ya lucía en las tiendas de discos. En él se había pulido el crujiente mordisco de Bleach (1989) gracias a la producción de Butch Vig. El modelo a seguir se encontraba en Doolittle (1989), el álbum con el que los Pixies habían reordenado el rock. La decisión totalmente consciente de pasar por un filtro más audible atormentaba también a Cobain. Tachaba el álbum de demasiado blando. Incluso llegó a confesar que sentía vergüenza. Sí, repudiaba una obra maestra que iba a devolver las guitarras el número uno y revolucionar el panorama musical de arriba a abajo. Le gustaba a todo el mundo. Menos a él.

Pero, además, Nirvana irradiaron un aura que convirtieron al grupo en mucho más que un puñado de canciones. El grupo parecía entrar en trance dentro su música. Y en esa maraña de emoción destilaba una suerte de robusta fragilidad que conectaba directamente con la fibra del oyente. En muchos casos, con oídos vírgenes de rock. Aquella música incitaba a apretar el puño, pero también a deshacerse por dentro. La voz exhumaba tristeza, rabia y dolor. Amplificaba conflictos de toda una generación. Personas demasiado sensibles para soportar la carga de una sociedad que se venía abajo. Igual que el edificio familiar que vio destruido en 1975, con la separación de sus padres. Antes lo habían medicado por hiperactividad. Después, desarrolló un trastorno maníaco depresivo. Tenía nueve años.

En el libro se enlaza este hecho con su idea de convertirse en una estrella del rock. Según la autora, a la par que manifestaba aversión por muchos de sus compañeros de clase, desarrollaba una fascinación por el punk. De ahí sacaría Nirvana las uñas de su música. Pero Cobain ejerció pronto un gusto total por el pop de estribillos redondos y melodías soleadas. The Vaselines, se convirtieron en el estandarte. Hasta el punto de bautizar luego a su hija en honor a uno de sus integrantes, Frances McKee. Corría el verano de 1986 y Kurt, que durante la adolescencia dudó sobre su orientación sexual y siempre resaltó su lado femenino, se dedicaba a hacer pintadas con el lema «Dios es gay e impera la homosexualidad» hasta que lo coge la Policía. También prueba la heroína. Nuevos ingredientes en un cóctel vital abocado al cataclismo.

1992, EL AÑO CLAVE

Cuando en 1992 todo explota Nirvana se encontraban con un gran problema: la inestabilidad, los amagos de disolución y las polémicas. Paradójicamente, todo ello derivó en aliento para sus fans. En muchos casos, sentía un afecto casi maternal por Kurt Cobain. El mundo había decidido dejarse el pelo largo, ponerse jerséis roídos y cortar los vaqueros por la rodilla. El grunge se difundía como todo un fenómeno sociológico y Nirvana eran ya los Beatles de los noventa. Después, en 1993, con la publicación de In Utero se apela nuevamente a la lija del productor Steve Albini. Pero el globo no se pinchaba. La adhesión de sus seguidores y seguidoras (Nirvana emergieron como verdadero oxígeno para muchas mujeres que normalmente se sentían apartadas en el mundo masculino del rock) resultaba indestructible. Pero la vida de Cobain pendía ya de un hilo.

En ese sentido, la secuencia del libro desde marzo de 1994 en adelante no tiene desperdicio. Parte de la gira cancelada. Amagos de sobredosis. Un coma en Italia. Fotos del cantante con pistolas. Demanda constante de Rohypnol. Ingresos en clínicas de rehabilitación. Y una escalofriante llamada a Courtney Love, su mujer, el 1 de abril: «Recuerda que pase lo que pase te quiero», le dijo. Cuatro días después, nuevamente drogado, se pega un tiro con una escopeta que había comprado días antes.

La nota decía: «Desde los siete años fue creciendo mi odio hacia la especie humana. A la gente le parece fácil entenderse y mostrar empatía. ¡Empatía! Solo porque amo demasiado. Supongo. Gracias a todos desde lo más profundo de mi nauseabundo y ardiente estómago por vuestro interés durante los últimos años. Soy demasiado errático y lunático, y ya no me queda pasión. Recordad: es mejor quemarse que apagarse lentamente». Moría el hombre. Nacía el mito.

COURTNEY LOVE Y FRANCES BEAN, LA FAMILIA IMPERFECTA

Kurt Cobain encontró el complemento a su vida en Courtney Love, cantante de Hole. Convertidos en arquetipos del grunge -él desvalido, sexualmente pasivo y necesitado de cariño frente a ella, irradiando seguridad, fortaleza y erotismo- pronto se convirtieron los Sid y Nancy de los noventa. Enganchados a la heroína, tuvieron una hija, Frances Bean. Lejos de dar estabilidad y paz a la pareja, convulsionó aún más su errática vida.

El libro lo subraya en varias ocasiones. El consumo de drogas por parte de Love en la primera fase del embarazo hizo en la Fiscalía de Menores tuviese al matrimonio en el punto de mira de manera constante. Sus declaraciones en prensa, admitiendo tomar heroína «durante un par de meses», no hacían si no empeorar la situación.

El nacimiento de la pequeña, el 18 de agosto de 1992, resume el estado de las cosas. La escena relatada por Borzillo pone los pelos de punta. Kurt, sometido a su enésima cura de desintoxicación, es reclamado por su mujer. «!Sal de esa cama y baja ahora mismo. No vas a dejar que haga esto yo sola!», exclamaba. Él, que había dicho cosas como «la cubriré de mierda y la apuñalaré» al conocer que Love se estaba colocando durante la gestación, acude. Y se desmaya. Contra todo pronóstico, el bebé nace sano. Pero los trabajadores sociales no los dejan en paz.

Más allá de la Justicia, la prensa también les pisaba los talones. Los titulares, tal y como refleja el libro, llegaban como granadas. Nueve días después del alumbramiento, el Globe abría una página así: «Bebé estrella del rock nacida yonqui». Más tarde, el L.A Times preguntaba: «John eligió a Yoko. Kurt eligió a Courtney, ¿Cómo pueden ser los genios tan idiotas?» Al final se precipita el desenlace inevitable: el departamento de infancia de Los Ángeles retira la custodia de la pequeña. También ordenaba a Kurt a someterse a una nueva rehabilitación. De fondo, Axl Rose (líder de Guns n’ Roses y enemigo íntimo de Nirvana) echaba leña al fuego: «Kurt Cobain no es más que un yonqui casado con una yonqui. Si el bebé tuviese alguna malformación deberían a la cárcel».

Todo parece hacer hecho efecto. «No sabes cómo ha cambiado mi actitud desde que tenemos a Frances. Tenerla en brazos es la mejor droga del mundo», dice Kurt en Los Angeles Times un par de semanas después. Sin embargo, la intención de los periodistas Victoria Clarke y Britt Collins de escribir una biografía no autorizada sobre la pareja enciende el fuego de nuevo. Acabaron denunciados por amenazarlas. La familia Cobain era un barco anegado que se hundía poco a poco.

Fantasmage nos dice adiós

Escrito por Javier Becerra
1 de abril de 2014 a las 13:26h


Los rumores se convierten en realidad. Triste noticia: los vigueses Fantasmage lo dejan. Andrés y Nico lo acaban de anunciar hace apenas unos minutos vía Facebook, sumándose al preocupante parte de bajas del underground gallego de los últimos tiempos. Primero fue Franc3s. Luego, Telephones Rouges. Y ahora ellos, con la misma sensación que las deserciones anteriores: la de una banda esplendorosa que prometía mucho más futuro que el de un final apresurado. He ahí la otra cara del bum de la música en Galicia

En Retroalimentación se trata de una noticia muy triste. Con ellos se celebró el cuatro aniversario de este blog con un concierto formidable dentro de un doble cartel con Lendrone (otros no separados oficialmente, pero sin actividad debido a la dispersión geográfica de sus miembros). Y desde que empezamos el ciclo Los conciertos de Retroalimentación, buscábamos un modo de que volviesen a tocar por aquí porque aquel directo nos dejó realmente entusiasmados. Víctimas también de la dispersión, Nico (voz y batería) nos emplazaba a un más adelante que ya no tendrá lugar.

Esperemos que, igual que en su día ellos surgieron de las cenizas de Indómitos, otra gran banda perdida en la oscuridad del underground, florezcan en breve nuevos proyectos. Ahora queda su primer disco homónimo (segundo mejor disco nacional del 2012 para este blog), con esas dentelladas de garage-punk-pop, y el recuerdo de unos directos vibrantes, sudorosos y eléctricos. Un verdadero placer disfrutarlos en vida. Ojalá tengan suerte en sus próximas reencarnaciones.

Linda Guilala, brillo pop en la niebla

Escrito por Javier Becerra
31 de marzo de 2014 a las 17:49h

Lo siento mucho de los vigueses Linda Guilala es una de esas canciones que atrapará desde el primer momento a ciertos corazones. Con un dibujo circular que invita a cerrar los ojos, una voz en bucle amenazando tormenta y las guitarras convirtiendo la amenaza en realidad, traslada a un momento en el que en España se empezaba a recoger el eco de lo que bandas como Ride, My Bloody Valentine o Chapterhouse hacían en Inglaterra. Dentro de ese discurso, se inserta un mensaje repetido con malsana manera mecánica (“Lo siento, no te quiero engañar / No va a pasar, va a dolerte siempre”). Se hace sitio entre detonaciones de ruido. En ese mismo momento el oyente, que aún sigue con los ojos cerrados, se da cuenta de que ayer lloraba el fin de Nadadora y hoy sonríe por la aparición de Xeristar, el mini-lo que recoge, lo nuevo de Linda Guilala.

Antes estuvo el indie-pop sintético de Bucles Infinitos (2009), su album de debut. Entonces, cuando la nave la comandaban solo Eva e Iván, el trazo era nítido y claro. Ahora, convertidos en trío con la incorporación de Bruno, ocurre todo lo contrario. Se impone la bruma, los ambientes enrarecidos, lo difuminado y la agradable sensación de tener que penetrar en el jardín de cada canción para dar con su melodía. A Lo siento mucho le acompañan otras cinco piezas dentro de este trabajo, editado en bonito vinilo transparente de 10 pulgadas. En todas ellas se dan distintas combinaciones del mismo pop enmarañado, algo que sentará a las mil maravillas a esos ciertos corazones a los que se apelaba en la primera línea. Concretamente, todos aquellos que en su día, cuando el indie patrio decidió darle portazo al agonizando pop-rock español de FM, se enamoraron de la languidez, el ruido y ese algo que solo abrazándose a lo pequeñito se puede sentir.

Horarios europeos en los conciertos

Escrito por Javier Becerra
29 de marzo de 2014 a las 12:05h

Somos gente curiosa los españoles. Viajamos y nos parece guay lo de las bicis en Ámsterdam, las escasas pintadas que hay ahora en Nueva York o lo de irse de pintas en Londres a las cinco de la tarde. Pero luego, nada de eso nos resulta normal aquí. Los ciclistas se juegan el tipo a diario en nuestras calles, el alcalde que combata las pintadas a la americana se le calificaría de fascista para arriba y, bueno, lo de quedar a las cinco en el pub como que no. Ni el local estaría abierto, ni los colegas con muchas ganas de ir.

Tampoco hemos importado costumbres internacionales respecto a conciertos. Se pudo comprobar el pasado domingo en A Coruña. En la sala Le Club sucedió algo extraño, todo un fenómeno paranormal en este campo: Dorian pusieron su concierto las 19 horas y empezaron en el europeísimo horario de las 19.30. Se trataba de su segundo pase en la ciudad, motivado por la necesidad de trasladar el recital que inicialmente se iba a realizar en el Playa Club, anegado por los temporales, a una sala más pequeña.

En la mayoría de los países europeos se trataría de algo normal: concierto, cena ya en casa y a dormir, que mañana es otro día, máxime un domingo. Aquí no. En este mundo del pop se presupone que todo el mundo libra al día siguiente. Así, tanto da que sea martes como sábado, te clavan un bolo a las diez y media. U once. O, a veces, incluso doce. No importa. En realidad, no empezará hasta mucho después de lo fijado. Baile, gritos, cervezas y final sobre la una de la mañana. Llegas a casa. La familia durmiendo. Tus oídos pitando. La garganta rota. La cabeza como un bombo. Y el cuerpo sudoroso. Por la mañana, destrozado, lo dices: «No vuelvo más a un concierto así».

Sin embargo, los hechos son los hechos. Los catalanes reventaron Le Club el sábado, con horario español. De hecho, las entradas se habían agotado con un par de semanas de antelación. El domingo apenas consiguieron ser secundados por cien personas. La gente, que tuvo opción, parece haberse pronunciado con rotundidad. Mientras esto siga así, las salas de conciertos comerciales seguirán apostándolo todo a la noche. Para desgracia de muchos a los que nos gusta el pop pero, además, tenemos trabajo, familia y una vida más allá de la música, que no podemos sacrificar cada día. ¿Cambiará esto algún día? Todo depende del público, que es el que manda.

Nacho Mora soplará las velas de los seis años de vida de Retroalimentación

Escrito por Javier Becerra
24 de marzo de 2014 a las 18:09h


El 11 de abril este blog celebrará sus seis años de vida. Y como manda la tradición, lo haremos con el concierto de uno de esos artistas que despiertan simpatía en esta bitácora. Se trata del recital de NACHO MORA, el excomponente de Meu y Elephant Band, que presentará el proyecto en solitario plasmado en Entre as zocas e os lóstregos, el disco en el que revisa una selección del poemario clásico y contemporáneo gallego en clave de rock. Siguiendo la senda abierta en su día por Lucas 15, el proyecto de Nacho Vegas junto a Xel Pereda, el músico coruñés trenza un trabajo delicioso llamado a enamorar.

Por ahora, el proyecto está en fase de crowfunding (al 72% de los fondos necesarios, aún puedes sumarte al mecenazgo). Y el autor solo ha querido desvelar dos temas antes de su edición física. Así este concierto será, con otra probabilidad, la primera muestra pública de la obra. Algunos lo hemos escuchado completo y podemos afirman, sin titubeos, que aquí descansa uno de los discos del año. Que el estreno que haga al amparo de este blog es otro honor a sumar a la larga lista de Los conciertos de Retroalimentación

Junto a él estará como telonero Pablo Seijas, el líder de Misterioso Viaje Holanda. Tocará las canciones de Para brillar, su primer disco en solitario.

El concierto será, como todos los de este año del ciclo, en la sala Mardi Gras, el día 11 de abril a las 22 horas. Las entradas, 6 euros anticipada y 8 en taquilla, se podrán a la venta en los próximos días en los sitios habituales. Os esperamos a todos.

Más información sobre el proyecto de Nacho Mora aquí

Maquillaje ochentero para la princesa pop

Escrito por Javier Becerra
22 de marzo de 2014 a las 12:55h



Vuelve Russian Red con “Agent Cooper”, un tercer disco en el que ha acudido a Joe Chiccarelli (The Strokes, White Stripes) para darse un barniz sintético. Mas allá del toque ochentas, las canciones funcionan gracias a su soltura melódica, eficaz interpretación y perfecto acabado. Todo pese a seguir en el punto de mira de muchos que no le perdonan ser guapa, haber triunfado… y haberse definido de derechas, claro.

Difícil país este para sacar la cabeza dentro del ámbito del pop independiente. La escena resulta tan raquítica que apenas da para sobrevivir. Sin embargo, en cuanto alguien logra asentarse y convertir la pasión en una profesión, trascendiendo al submundo, empieza la ceremonia de los cuchillos afilados. Le ha pasado a Lori Meyers, le ha pasado Love of Lesbian y le ha pasado a Dorian, entre algunos otros. Pero hay una figura que despierta especial inquina entre los guardianes de la moral indie: Lourdes Hernández, alias Russian Red.

La artista, que en su día enamoró a la crítica en el 2008 con aquella preciosidad titulada Cigarretes, no solo ha roto el techo de cristal de las salas de 150 personas y los cachés que apenas dan para cubrir gastos. Además, ha dado el salto internacional, se ha rodeado de profesionales de primer nivel en sus grabaciones y ha trascendido a lo musical, coqueteando con el cine y convirtiéndose en un icono de moda. Todas esas cosas que se le toleran y aplauden a las estrellas británicas pero que, vaya, aquí se critican de un modo tal que destapa todo tipo de complejos.

Ella parece, en todo momento, que los haya dejado fuera. Pasando página a aquel toque naif tan seguido e imitado por sus seguidoras más jovencitas, en Agent Cooper se muestra sexy y sofisticada, con los labios rojísimos y la melena pelirroja de diva de Hollywood. No obstante, la conexión musical mira ahora a los ochenta de un modo tal que, por momentos, se podría llegar a evocar la banda sonora imaginaria de uno de aquellos filmes humeantes en VHS, con amantes besándose en coches desde los que se ve la gran ciudad. Canciones como John Michael o Steve J suenan al plástico, los colores chillones y el exceso de maquillaje del momento. Pero, ojo, lejos del ejercicio de estilo vacío, calan. Y ahí se marca la diferencia.

Tal y como ya había mostrado en Fuerteventura (2011), Lourdes demuestra que sus canciones trascienden al envoltorio. Y que aún haciendo guiños evidentes a esa estética —que iría desde aquellos arreglos pirotécnicos de la Tina Turner de The Best a la Cindy Lauper que rivalizaba con Madonna, pasando por los Simple Minds inflados de los estadios—, sus canciones poseen chicha y sustancia suficiente para agitar las emociones. Además de los temas más obvios (a los citados, hay que sumar Casper, Michael P o la deliciosa Alex T, inspirada en el líder de los Arctic Monkeys), la salida de tono atmosférica de Xabier o el ramalazo reggae de William completan un disco para degustar sin prejuicios. Todo mientras sus canciones se adhieren como chicle.