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El festival indie fantasma que iba a acoger el Ágora en A Coruña

Escrito por Javier Becerra
24 de mayo de 2013 a las 20:40h

«Abrí una cuenta de Twitter y así se montó todo». Ana Pedreira, una estudiante de 24 años que cursa un máster de dirección de arte en publicidad, dio el martes pasado una tramposa alegría a los fans del pop independiente. Por la mañana lanzó en las redes sociales la primera edición del Twee Pop Festival, un evento de este estilo que se hizo célebre en el indie de los ochenta. En él actuarían los clásicos del género, como The Pastels, Heavenly o The Field Mice. Pero también otros como Los Bonsáis, Tiger Trap o Pipas.

El evento se iba a desarrollar el 21 y el 22 de junio en el Ágora de A Coruña, recuperando así la actividad musical que tiene prácticamente aparcada desde el año pasado. Todo se completaría con una exposición fotográfica de la historia de The Pastels y la proyección de un documental sobre Sarah Records, el sello emblema de este estilo musical. Es decir, un caramelo para los seguidores del twee-pop, algo idílico y único en su especie. Un evento de minorías, pero que precisamente por su especificidad podría llegar a triunfar. Todo encajaba.

El problema empezó en los supuestos puntos de venta. La página de Facebook del evento fantasma indicaba que se podían adquirir las entradas en locales como el Café Pop Torgal de Ourense o el Segundo Premio de A Coruña. Sus responsables no sabían nada. Tampoco en el IMCE, que no daban crédito. Y todo con un evento tan bien diseñado, con su página web propia y todo, que ya había hecho salivar a más de un melómano que marcaba los días en su agenda.

«Retiré todo de Internet, pensé que me metía en un lío», reconoce la autora. Sí, el Twee Pop Festival solo existió en su cabeza: era su trabajo de fin de máster. Tan perfecto y bien estructurado que, pese a la extrañeza, coló durante todo un fía. Luego llegó la desilusión de unos pocos que se lo creyeron. Aunque, bueno, siempre se puede tomar como un ejemplo a seguir. Quizá estas ilusiones, sirvan como pista. Ojalá así fuera.

Toy dijeron en Vilagarcía que son mucho más que un simple hype

Escrito por Javier Becerra
19 de mayo de 2013 a las 12:11h

FESTIVAL DO NORTE, segunda jornada
Vilagarcía de Arousa, 18 de mayo 2013

Los británicos TOY llegaban al Festival do Norte con la aureola de ser el hype del momento y todas las dudas que ello conlleva. Y no solo las evaporaron en un abrir y cerrar de ojos, sino que elevaron la excelencia del evento a un nivel máximo. Su concierto resultó sencillamente excepcional y, sobre las tablas, demostraron ser algo más, mucho más, que una nueva banda de émulos del kraut-rock con ínfulas falsamente experimentales. Provocando emisiones de ruido ensoñador y manejando los tempos a su antojo, crearon momentos de esos en los que el público -parte del público, mejor dicho que aquí pasó como con TAB en el viernes- levita. Dejando su discreto álbum de debut en pura anécdota, el trasvase en vivo resultó un huracán de guitarras noise, ritmos a piñón fijo y chiribitas de psicodelia. Sí, hay grupo, hay sonido y hay excelencia. Tras ellos, el resto carecía de sentido. Lo suyo fue un K.O. total, un “donde dije digo, digo Diego” y una rectificación en toda regla de aquellos que no lo veíamos del todo claro. Encantados de hacerlo, por cierto.

Ocupaban la franja estrella, pasada la medianoche. Después venían WE ARE STANDARD con la misión de llevar al público bailongo al clima perfecto para desplazarse a la carpa. Apenas les vi cinco temas, aún obnubilado por la exhibición de Toy. Por ello, cualquier apreciación sobre ellos sería injusta. También hacia DOVER, de los que presencié el arranque del directo en el que invocan la era grunge de Devil Come To Me. Recientemente había tocado en Le Club en A Coruña, defendiendo muy dignamente un repertorio respetable. Y, por lo que me cuentan, ayer ocurrió igual pero sin conectar tan bien con la audiencia como entonces. Lo siento. Uno tenía que cenar: no podía pasar otro día más sin alimento nocturno, que ya no estamos en edad.

Mónica IragoAerolíneas Federales en su actuación

Por la tarde la fiesta la protagonizaron AEROLÍNEAS FEDERALES. Como una señora ya madura que sobresale por su poderío entre un grupo de jovencitas que palidecen a su lado, los de Vigo llegaron, encantaron y triunfaron. La sucesión de himnos, el buen rollo que transmitían en el escenario, el cachondeo continuo de Miguel Costas que se presento como el Señor Chingarro y esa especie de nostalgia cuarentona de “Ey tíos, esto sí que eran temas despampanantes y sin pretensiones” provocó que la tarde resultase un poco más feliz de lo que ya lo era de por sí. No me beses en los labios, Soy una punk, En pelotas y muchas otras más dejaron un sabor tan dulce que lo justo sería repetir la jugada en una sala todos más juntitos, más apretujados.

Quedan en el tintero ESTEREOTYPO!! y DELORENTOS. Los primeros pusieron el escenario grande a dar botes con su electro-rock como si fuesen ya las dos de la mañana. Incluso se atrevieron con una versión del Love Me Do. De tener más nombre tocarían algo más tarde, seguro. Los segundos, resultaron una sorpresa. Iniciaron un poco a traspiés, suavecitos y cortando un poco el rollo, pero al rato mostraron una vena bailable y disfrutable que arqueó más de una ceja. Todo perfecto por tanto para DELAFÉ Y LAS FLORES AZULES que en la nueva vuelta de tuerca a su propuesta (ahora con banda sin vientos y con Óscar D’aniello de ocasional percusionista) repartieron sonrisas, hicieron botar y tuvieron a la gente comiendo de su mano. Helena es seguramente la mejor voz del pop nacional y su show, aunque esté ya muy visto y carezca del factor sorpresa, continúa resultando efectivo. Y estimulante. Otros que ojalá que retornen a Galicia en formato sala.
Público durante el concierto de Delafé y las Flores Azules

La noche la continuó Amable, Gato y Nano Vinilo a los platos. Y otra vez el pub Sama Sama cerrando, con llave la jornada y el evento. Un Festival do Norte que, pese a contar con menos público que al año anterior, demostró tener carisma suficiente como para obligar a todos a reservar fecha para el año que viene. Sí, allí estaremos. Seguro.

Foto Areolíneas Federales: Mónica Irago // Foto TOY: Xavier Valiño

El día del (delicioso) odio a Triángulo de Amor Bizarro

Escrito por Javier Becerra
18 de mayo de 2013 a las 14:30h

FESTIVAL DO NORTE, primera jornada
Vilagarcía de Arousa 17 mayo 2013

Pasada ya la medianoche. TRIÁNGULO DE AMOR BIZARROse enfrentan a unas 5.000 personas. Y lo hacen a su estilo: abriendo el chorro de ruido, girando la manilla de la intensidad y provocando esa especie de caos controlando que, cuando cuaja, resulta fantástico. Cuajó. Lo suficiente como para que, abajo, algunos perdieran la cabeza y la notasen flotando en la maraña de feedback. Otros, sin embargo, no daban crédito. Más de la mitad del público suspiraba porque aquello se terminase cuando antes, algunos incluso optaron por abandonar. “Sin odio no hay rock and roll”, escribían los de Boiro en su Twitter poco después, rescatando una líneas de su amigo Jorge Ilegal. Lo hubo. Hubo odio, Pero también amor, bizarro y apasionado. Ellos firmaron el mejor concierto de la noche de largo. Su Victoria mística (que esperemos que salga cuento antes) está llamado a ser uno de los discos del año. Nos mordemos las uñas.

Antes también destacaron GUADALUPE PLATA. Con su blues aceitoso y obsesivo lograron llenar la inmensidad del escenario grande, dejando claro que no solo son una gran banda de club, sino que funcionan perfectamente en el formato festivalero. Su toque ibérico los hace perfectamente exportables. Además, sorprendieron THE PRIMITIVES que rescataron su repertorio clásicos de los ochenta con dignidad y efectividad. Con The Supremes siempre en el corazón, el toque eléctrico en el bolsillo y Tracy Tracy en versión madura-pizpireta-enrollada contagiaron buen rollo a raudales. Por cierto, se decía en las primeras filas que la cantante trabaja de peluquera en Torrevieja, de ahí su apañado español. ¿Alguien lo puede confirmar?

Cabe señalar dentro del apartado positivo también a JANE JOYD. Con formación de gala atacó el escenario pequeño con sus armas: lirismo, épica y poderío vocal. No era su sitio. La gente, que aún se estaba acomodando hablaba, hablaba y volvía a hablar, y Elba defendía como podía un repertorio llamado a grandes metas. Después de ella, pisó las tablas SR.CHINARRO con una actuación en la que se agradeció la electricidad pero también se evidenció que no es precisamente un proyecto que brille por su directo. Y menos cuando se apela al repertorio de sus últimos (flojos) discos. “Tengo más ganas de hablar que de tocar”, decía Luque bromeando. Lo mejor, rescatar Cero en gimnasia y ver a la gente coreando Del montón. Aún hay fe en el gusto popular.

Queda citar a LA HABITACIÓN ROJA, DORIAN y XOEL LÓPEZ en la zona regular. Los primeros defendieron con una elogiable solidez un repertorio tirando a normalito que, eso sí, encantó en las primeras filas. Los autores de A cualquier otra parte, por su parte, no funcionaron como otras veces. Había muchas ganas de verlos y compartir la fiesta con ellos, pero en esta ocasión, al menos desde mi punto de vista, la cosa no funcionó como en otras maravillosas ocasiones. Algunas interpretaciones sonaron rutinarias y, por momentos, parecía que el grupo llevaba el piloto automático. Ya, por último, Xoel empezó estupendo. Atlántico es un disco delicioso pero que, glups, no gusta a la mayoría de sus seguidores de siempre, que andan un poco mosqueados. Estos aplauden a rabiar nimiedades como Los jóvenes mueren antes de tiempo. El mundo al revés, vamos. Hombre de ninguna parte irradió felicidad. Y Tierra demostró, una vez más, ser la mejor canción del pop en español del año pasado. Pero el concierto transcurrió un poco a tropezones. Una lástima, porque Atlántico se merece en escena la misma fluidez que irradia en el disco que, a buen seguro, se valore más de aquí a unos años que ahora.

La noche se prolongó luego con Miqui Puig y Faber Cores a los platos. Y luego en el Sama Sama com ambientazo de gala. Hoy más. Nos vemos!!!

La foto de TAB: Mónica Irago

Un extraño polígono de amor bizarro

Escrito por Javier Becerra
5 de mayo de 2013 a las 22:17h

El bolo de Triángulo de Amor Bizarro puso fin a la primera temporada de Los conciertos de Retroalimentación. Y lo hicieron a su manera: montando un barullo de mil demonios. Sí, sonaron ruidosos, agresivos y afilados, como debe ser. Pero esta vez, además, contaron con un aliado insólito. Tras repartir ruido, acoples y canciones de esas que suenan como una punta de compás rayando el cristal, invitaron a subir a Jorge Martínez de Los Ilegales al escenario de Le Club. “Triángulo de Amor Bizarro me gustan. Suenan a una mezcla entre lo que era el final de un concierto de Los Ilegales cuando íbamos puestos de anfetaminas y el sonido de mi afeitadora eléctrica”, dijo el asturiano antes de poner su guitarra al servicio de La Malicia de las Especies protegidas de TAB.

Imagen de previsualización de YouTube“Chicos pálidos para la máquina”

Luego tocó hacer parada en el repertorio de Los Ilegales. Y surgió, como una bomba, Chicos pálidos para la máquina. Ahí se vio mejor que nada el porqué de la fusión, lo tremendamente potente que sonaba la pieza con el respaldo instrumental de TAB. Eso de “Si no hay odio no hay rock n’ roll” que reza el tema les venía al pelo. ¿Un disco conjunto el futuro? Quien sabe, no estaría mal. Le siguió una lectura de ¿Quiénes son los curanderos? y el final, como no podría ser de otro modo, le correspondió a Soy un macarra encantando a un público que lleva ya tiempo encantado. Sin bises. Al estilo bizarro de siempre. Con los oídos pitando y la sonrisa en la cara. Entre otras, en la de Nacho Vegas, que se dejó caer por el concierto en el que se formó “un extraño polígono de amor bizarro” (Jorge dixit)
Imagen de previsualización de YouTube“Soy un macarra”

Los conciertos de Retroalimentación se despiden hasta después del verano. Ya tenemos en mente algunas cosas que se irán perfilando en los próximos meses. Os esperados a todos. Y ojalá que en la temporada 2013-2014 logremos que los asistentes de Triángulo de Amor Bizarro o Nadadora, también vayan a los recitales más minoritarios. Existen demasiadas cosas buenas en este momento pululando en Galicia como para quedarse en casa el día que alguna de ellas se acerca a la puerta. . Nos vemos en octubre. O quizás ya en septiembre.

Foto: Pablo Mella. Más fotos del concierto aquí y aquí

Toundra: “Hacemos punk rock, con efectos pero punk-rock”

Escrito por Javier Becerra
3 de mayo de 2013 a las 14:35h

Son uno de los grupos del momento. También una de esas historias independientes con final feliz que otorgan aura de autenticidad. Toundra han hecho del boca a boca entre fans su correa de transmisión. Sus poderosos directos han entusiasmado tanto que ese entusiasmo se ha multiplicado en redes sociales y conversaciones de colegas. Ese fue su marketing. El resto, el sonido. Con un pie en el post-rock y otro en el post-metal poseen uno realmente estremecedor. Hoy lo subirán al escenario de la sala Capitol de Santiago. Forman parte del TriCiclo, tercer capítulo de la singular iniciativa de la promotora Work On Sunday. Poco a poco, están trayendo a Galicia algunas de las mejores bandas del planeta. A Toundra le acompañarán esta noche Pony Bravo y Guerrera. Mientras tanto hablamos con Esteban Girón, guitarrista de un grupo en estado de gracia. Entre otras coas, nos explica cómo llegaron ahí.

-Si uno escucha “III” se les puede relacionar con tanto con grupos post-rock como Mogwai como con bandas de post-metal como Isis. ¿Cuáles son sus orígenes para llegar ahí?
-El factor común que tenemos los cuatro es el punk-rock. Todos crecimos escuchando bandas de punk-rock, sobre todo americanas. Lo natural, cuando te tira eso, es evolucionar hacia el hardcore. Tocábamos en bandas de las diferentes ramas del hardcore y, bueno, nos conocimos compartiendo local, yendo a conciertos, esas cosas… En un momento decidimos hacer un grupo, pero sin cantante. De la gente que íbamos a tocar juntos ninguno sabía cantar y todo fluyó de manera natural. No pretendíamos ni hacer post-rock ni post-metal. Nos gusta mucho experimentar, pero también grupos metal como Mastodon o Neurosis. Pero, en el fondo, todo conduce al mismo lugar Si nos ves tocar la guitarra te darás cuenta que hacemos punk-rock, con efectos pero punk-rock [risas].

-En vivo sorprende su actitud. Parece como si la música penetrase dentro de ustedes como una descarga de electricidad. ¿Hay momentos en los que se enajenan?
-Bueno, es algo que nos comentan mucho. Creo que somos un grupo que se ve que lo estamos pasando bien en el escenario, que se mueve y sonríe. Muchas veces cuando íbamos por Europa llamábamos la atención porque las bandas con las que tocábamos solían ser muy estáticas. A nosotros lo que más nos gusta del mundo es tocar en directo, así que ¿por qué no vamos a ir al escenario a pasarlo bien y a dejar toda nuestra energía? En cuanto subimos a las tablas nos concentramos en una cosa: dar el 100% de nosotros y transmitir al público toda esa energía. La música nos lleva totalmente. A mí, por ejemplo, me dejaban flipado los directos de bandas como At The Drive In y, bueno, creo que eso es lo que un grupo tiene que hacer. Darlo todo y dejarse hasta la última gota de sudor.

-Creo que eran Lisabö los que decían que se sentían como si hubiesen tenido una pelea. ¿Cómo se quedan ustedes tras un concierto?
-A mí la verdad es que al termina un concierto me duele todo. Incluso, si damos concierto el viernes y el sábado el domingo te levantas con agujetas. Es como si acabásemos de jugar un partido de fútbol. Yo hice karate muchos años y esto me recuerda a cómo me sentía después de un entrenamiento de kárate [risas].

-Tienen fama de tocar muy alto. Incluso han tenido problemas en el extranjero por ello. ¿Qué ocurrió?
-Bueno, en la primera gira europea no tuvimos nunca ningún problema. Sin embargo, cuando volvimos por segunda vez en Bélgica, nos encontramos con que existía en el lugar que tocábamos una ley municipal al respecto. En la mesa había un medidor de decibelios y, al terminar el concierto, se hacía una media. De ahí, se se redactaba un informe. Los promotores del festival lo tenían que llevar al Ayuntamiento. Si se pasaban de x decibelios, creo recordar que eran 104, los multaban. El motivo era la salud de la audiencia, no los vecinos. Y, claro, nosotros al probar veíamos que solo la batería iba a 101 decibelios [risas]. Tuvimos que hacer cosas como poner los amplis de espaldas al público para poder sacar nuestro sonido. En el caso de Toundra el volumen es importante. Una de nuestras características es precisamente ese volumen. Más bajo no tiene sentido.

-¿Me recomienda entonces que lleve tapones al concierto de Santiago?
-Sí, te recomiendo que lleves tapones y que te los quites dentro del concierto para poder sentir toda la fuerza [risas]. Nuestro batería, por ejemplo, tiene que tocar ahora con cascos de obra porque se estaba quedando sordo. Yo voy a tener que tomar medidas al respecto. Noto que después de tocar durante un día tengo un pitido constante en el oído. Si tu vienes a un concierto no pasa nada pero nosotros, entre ensayos y conciertos, estamos sometidos a un volumen muy fuerte varios días a la semana. Y eso pasa factura. Pero tampoco no es nada que no se haya hecho antes.

-Dicen que “III” es un disco oscuro y refleja el estado actual de las cosas a nivel social. Cuesta verlo en un disco instrumental sin el apoyo de las letras. ¿Cómo le dan la “temática” a lo instrumental?
-En cuando empezamos a componer para este disco vimos que podíamos generar la sensación de nausea y de asfixia, por el tipo de armonías que utilizábamos y la presión de frecuencias. Pretendíamos un disco más oscuro porque es lo que la gente nos decía de nuestro directo en relación a “II”. Aquel era más luminoso, pero en directo se transformaba en todo un puñetazo en la cara. Queríamos reflejar ese sonido. Además de ello, hay una gran influencia en nosotros que es Led Zeppelin. Ellos jugaban mucho con el oscurantismo y las ciencias ocultas y era un pequeño homenaje que les queríamos volver a rendir. De hecho, los discos se llaman I, II y III como un pequeño guiño a esa gran influencia que ha sido Led Zeppelin para nosotros. Luego, cuando ya lo pusimos en descarga, la gente nos decía que había mucha rabia en las canciones. A posterori, lo piensas y te das cuenta de que estuvimos yendo al local puteados por la situación global que estamos viviendo. Muchos hemos perdido nuestro trabajo y nuestras familias han sido víctimas de todo ello. Por ejemplo, mi hermana ha tenido que emigrar fuera del país y a mis padres les han privatizado el hospital en el que trabajan. Es por ello que estamos más cabreados y eso se terminó plasmando en la música. Esa reflexión la hice y la solté en una entrevista. Cuando se este totalmente feliz la creación artística es más difícil de llevar a cabo. Es mejor centrarse en el descontento. Y yo, particularmente, estoy muy en descontento con el sinsentido que tenemos ahora mismo en nuestro país.

-Me llama poderosamente la atención en Toundra su batería. Es mucho más que el 25% del grupo. ¿Piensa lo mismo?
-Es el motor. De hecho, en el primer disco Alex no estaba. Entró para hacer unos conciertos y se quedó. Muchas veces nos preguntan por cuál ha sido nuestro punto de inflexión y decimos que ha sido la entrada de Alex, un batería como yo nunca he visto. Nunca he tocado con alguien tan bueno, con tan buenas ideas y, sobre todo, con una mente tan abierta a comentarios y proposiciones. Eso es algo fundamental para componer. Nosotros llegamos con la idea de la canción en plan “esto va así y esto asá”. Luego llega Alex y le da la vuelta a todo. Somos conscientes de que es el mejor instrumentista de todos nosotros.

-Comparten cartel con Pony Bravo. ¿Son fans?
-Los he visto ya cinco veces en directo y, sí, soy muy fan de ellos, de su música y de su modo de ir adelante. Tal y como he visto cómo han canalizado su música, su manera de llevarla casi do it yourself, es un grupo que no solo admiro sino que respeto. Creo que son muy necesarios en la escena actual. Aparte, los he conocido personalmente y he visto que son gente super maja.

-Un cartel como este, con Pony Bravo y Toundra, ha logrado mucha atención. Parece el triunfo de una nueva generación de bandas en España que usan unos canales diferentes a los habituales. Y no me refiero solo a “regalar” la música en Internet, sino sacar la cabeza al margen de la prensa oficial, a través de las correas de transmisión entre fans.
-A lo mejor me gano algún enemigo con esto. Yo trabajo en la industria de la música, si se le puede llamar así a lo que existe en este país. Quizá sería mejor decir artesanía de la música. Tengo 25 años, empecé con 19 tanto a trabajar en esto como a tocar en mi grupo. Siempre fue ignorado, un grupo que todo el mundo de tomaba como “el grupo de hardcoretas que tiene Esteban el que trabaja en X sitio”. Poco a poco, con trabajo y con sacrificio de todos los miembros del grupo y de la gente que nos apoya como nuestro sello, vemos que estamos llegando incluso más lejos que otros grupos que usan otro tipo de herramientas para conseguir ese éxito entre comillas mediático, que nosotros o Pony Bravo no alcanzamos. Y lo siento mucho, pero a mí se me dibuja una sonrisa en la boca cuando grupos así crecen constantemente y la gente, al final, tiene que darse la vuelta al cuello sorprendida de que estemos creciendo. A veces lo pienso: la generación que estábamos tocando toda la puta vida en salas sin licencia con aforo de 100 personas al final nos estamos llevamos el gato al agua. Me hace muy feliz, porque es la constatación del triunfo de la honradez, de la honestidad y del trabajo.

-¿Y como se sienten cuando esos medios que les ignoraban ahora muestran interés en ustedes?
-Bueno, lo veo lógico. Yo soy periodista y entiendo a la prensa. Con toda la saturación que hay de bandas, de festivales y de conciertos sea difícil focalizar la atención y atender a todos. Ahí está la gracia: no todo vale. Lo que pasa es que nosotros, al ser propuestas que, en principio, podrían ser más minoritarias, costaba más conseguir esa atención. Al final, se ha demostrado que el oído del público español es súper abierto. En Santiago se podrá ver la mayor manifestación de ello: ir a ver a Pony Bravo y a Toundra a la vez y que te gusten los dos grupos, tampoco es fácil. Creo que el hecho de que la prensa nos haga caso ahora es bueno, en el sentido de que se produzca una comunicación a dos bandas: desde la prensa al público y desde el público a la prensa. Eso está genial. Yo no tengo rabia hacia nadie, no tengo tiempo que perder.

-Usted es más joven. Yo vengo de una época en la que había Ruta 66 o Rockdelux. A nivel independiente o salías ahí o no te comías nada. De repende, esas revistas y las que vinieron luego continúan con su inercia de señalar los grupos que valen o no, pero se producen unos movimientos subterráneos que desmotan totalmente esa dinámica. Desde ustedes o Pony Bravo a Los Punsetes o Vetusta Morla, parece que la prensa ha perdido ese monopolio. Creo que ello resulta saludable.
-Si estudias lo que ha pasado en los últimos años parece que la prensa ha perdido prescripción respecto a los gustos de la audiencia. Pero eso resulta demasiado superficial, porque a lo mejor lo que X redactor opina en X revista no va a misa, pero luego lo que dice en su Twitter sí. Es peligroso que se tome a la prensa como algo que ya no vale. Debe haber un filtro para todo. Igual que yo no hablo de medicina porque no tengo ni idea y no me puedo atrever, la opinión que pueda tener mi padre sobre la actualidad musical de este país no puede tener la misma legitimidad que un periodista que lleva años trabajando, que se ha documentado durante todo este tiempo y que sabe escribir. Creo que la figura del público y de la prensa han de convivir y han de ser tomadas de forma diferente. Quizá debería pasar como lo que sería necesario en el Congreso, que el pueblo llano controlase a los diputados siendo estos los periodistas, siempre vigilados por su audiencia. Pienso que esto es un triunfo de los gustos musicales frente a las marcas. Muchas veces ocurría que marcas como Sony, Warner y esas a veces provenían de grupos empresariales que nada tenían que ver con la música pero metían mucha publicidad porque tenían dinero y lograban que salieran sus contenidos. El que ahora la audiencia tenga tanta prescripción puede servir como un sistema de control a la prensa, pero la prense sigue siendo muy necesaria.

Jorge Ilegal actuará con TAB en Los conciertos de Retroalimentación

Escrito por Javier Becerra
29 de abril de 2013 a las 17:03h

La actuación de Triángulo de Amor Bizarro dentro de Los conciertos de Retroalimentación el próximo sábado 4 de mayo en A Coruña será más especial de lo habitual. Jorge Martínez, el cabecilla de Los Ilegales, se subirá con ellos al escenario de le Club. Sí, el autor de Tiempos nuevos, tiempos salvajes sumará su guitarra a la del cuarteto de Boiro en un tramo del concierto. En principio afrontarán juntos cuatro temas, aún por decidir, pero sea como sea seguramente saltarán chispas de este vibrante choque generacional y musical. Solo ocurrirá en A Coruña y, luego, el 18 de mayo en Gijón. Así que apunten.

Triángulo de Amor Bizarro llegan a este concierto como los grandes deseados de la temporada. Victoria mística, el tercer álbum del grupo, está a puntito de salir. De hecho, ya debería poblar las cubetas de las tiendas de discos, pero aún falta un poco. En estos momentos se encuentra en fase de posproducción y en los próximos días debería anunciarse su alumbramiento definitivo. Por temas como la machacona Robo tu tiempo o la noisepopera Estrellas místicas, los adelantos conocidos, todo apunta a otro gran trabajo. La expectación es máxima. El hecho de que Rockdelux les haya dado la portada (la primera a un grupo gallego desde mayo del 1992 con Siniestro Total) cuando el disco aún no está en la calle habla a las claras.

Por todo ello el bolo de este sábado se presenta imprescindible. Tendremos ante nosotros al mejor grupo del indie-rock nacional escupiendo ruido y susurros envenenados. Toda una experiencia que no deberías perderte.

Cuando las entradas de conciertos eran pequeños tesoros

Escrito por Javier Becerra
27 de abril de 2013 a las 16:38h

Hubo un tiempo en el que las entradas de los conciertos eran pequeños tesoros. Pocas personas las tiraban sin más al asistir a uno. Todo lo contrario, había que guardarlas. En ese pedazo de papel descansaría para siempre el recuerdo de aquel día. El primer recital, el primer festival, la primera vez que uno vio a un grupo internacional. Como muescas sentimentales, pendían del corcho de la habituación formando un particular collage multiforme. En él que se podía leer parte de la personalidad de la persona. Cuando menos, delataba una cosa: lo importante que la música había sido en esa vida. Y, pasado el tiempo, generaba otra: una terrible sensación de nostalgia al recordar aquellas fechas (“¿Realmente lo de los Ramones en el Coliseum fue en 1993?”) y aquellos espacios (“¡Buff!, la sala Cisco ya ni me acordaba de que allí daban conciertos”).

No volverá a pasar, me temo. Las entradas perdieron, poco a poco, esa capacidad de generar emoción. A principios de la década pasada se empezó a imponer la fórmula de “impresa en el acto por ordenador”. Nada de color, nada de imagen del grupo, nada de nada. Solo el logotipo de El Corte Inglés (o el lugar en el que se hubiera comprado) y unas letras impresas en una tinta que, aún por encima, con el tiempo desaparecería. Curiosamente, esta devaluación del fetiche coincidió con la implantación del concepto “gastos de gestión” mientras lo sentimental se esfumaba. ¿Para qué colgar en el corcho esas entradas despersonalizadas si resultan todas iguales? ¿Cómo atravesar con un chincheta el resguardo del bolo de Neil Young & The Crazy Horse si iba a lucir lo mismo que uno de Bustamante? Pues para nada.

Todavía se podía ir a peor. Sí, al modo imperante en la actualidad. Hoy en día las localidades se compran por internet, se imprimen en casa y, luego, se lee su código QR en la sala, al llegar. Un folio din A-4, un mísero folio din-A4, sin más. O un archivo PDF en su defecto ¿El siguiente paso qué será, poner la huella dactilar al entrar? ¿Un módulo de reconocimiento facial? Quién sabe. Hay que aceptar que las cosas evolucionan y que todo tiene que cambiar, qué remedio. Pero ello no quita que permanezcan anhelos anclados en el pasado. Algunos tan justos como este. Porque al final, resulta que ves a Bob Dylan en Nueva York (algo totalmente excepcional en tu vida) y el pedazo de papel que traes resulta tan impersonal que no merece la pena ni guardarlo. Por ello, cuando en las poquísimas ocasiones en las que tras pagar la entrada en la taquilla ofrecen uno de esos maravillosos trocitos de papel, se siente una sensación lejana, especial, como de otra era. Algo realmente delicioso.

Niño y Pistola: “Este disco alienta a una revolución que es necesaria”

Escrito por Javier Becerra
26 de abril de 2013 a las 11:22h

Nada es casual. Ni los chalecos, ni los sombreros, ni los lazos. Son simples pistas visuales de lo que el oyente se puede encontrar en There’s A Man With Gun Over There. Se trata del cuarto trabajo de unos NIÑO y PISTOLA totalmente enganchados al imaginario del folk-rock americano de finales de los sesenta y principios de los setenta. En ese album se han puesto lo más cerca posible de sus héroes musicales, les han rendido pleitesía con sus canciones y han firmando un disco de género que el grupo conecta, en su espíritu, con el decadente momento actual. Manolito Portolés, cantante y guitarrista de la banda, lo explica. Hoy viernes 26 de abril lo presentan en la sala Le Club de A Coruña. Mañana, 27 de abril, lo harán en La Iguana de Vigo.

-Leo en Mondo Sonoro un titular que dice “Este disco es una apología del rock”. ¿Me lo puede explicar?
-Bueno, lo decimos en el texto que va dentro del propio disco. Señala que algo así no podía existir sin los discos de Neil Young, The Band, The Beatles o Fairport Convention. Un poco es eso, nos declaramos abiertamente fans de esos grupos y proclamamos, de alguna manera, que el disco sale de ahí, de intentar emular a esos favoritos. De hecho, en el álbum hay frases musicales y melodías robadas de otras canciones, cosas como The Weight de The Band, alguna cosa de Fairport Convention o George Harrison. Se trata de hacer un homenaje a todos estos grupos y compositores. Por eso nos gusta ese término de apología del rock.

-Vamos, que no habrá ningún problema si os comparan con otros grupos.
-Nunca lo ha habido. Nosotros hemos reconocido nuestras influencias e inspiraciones desde el primer momento. Creo que todo el mundo las tiene. El que dice que no está mintiendo. Inventar algo nuevo sin ninguna influencia evidente está al alcance de muy pocos. 

-Un parte del rock independiente español busca raíces autóctonas, inspirándose en el flamenco, la música mediterránea o el folclore asturiano. Su caso es todo lo contrario: se abrazan al imaginario del folk-rock americano. ¿Es quizá una reacción? 
-Tiene que ver con lo que te decía antes. Antes de nada somos melómanos y nos gusta la música. Vamos a todos los conciertos que podemos, compramos discos, vemos documentales de música, etcétera. Entonces intentamos, de alguna manera, formar parte de lo que nos gusta. El 90% de la música que escuchamos ahora mismo es música americana y de esos tintes clásicos de folk-rock. Sé que no somos los únicos y puede que suene un poquito a tendencia.

-Sí, del mismo modo que le hablo de las raíces autóctonas, también es cierto que dentro del indie se apela a estos sonidos de folk-rock.
-Nosotros lo hacemos porque es la música que escuchamos. Yo no sería honesto haciendo un disco de flamenco o de noise, porque no es lo que escucho. Si lo que escucho es folk-rock americano y los discos que tengo son de ese palo, es ahí en donde me siento cómodo. Por eso quiero emularlo, parece sentirme más cerca de Neil Young, Robbie Robertson o Bob Dylan.

-El disco es conceptual, un termino que se asocia al rock progresivo y sobre el que hay muchos prejuicios. ¿No les dio reparo?
-No, para nada. De hecho, el disco es conceptual en varios niveles. Las canciones surgieron enlazadas, lo que creaba dos bloques de música ininterrumpida de veinte minutos, con sus diferentes pasajes. Nosotros siempre trabajamos la música primero y después las letras. Por ello, una vez que teníamos toda la música, con todas sus partes y sus cambios, nos pusimos a escribir las letras. Tenían que ir acordes, narrando una historia. Esta es la un jornalero americano en los años cincuenta, que está cansado de su vida y de su trabajo. Entonces decide comprar un arma, matar a su jefe y empezar una especie de revolución personal individual. Aquí hay una segunda profundidad dentro de lo conceptual, que es relacionarlo con la situación actual de crisis del sistema y de los valores. Con ello, este disco alienta un poco a a la revolución, que hoy en día es necesaria. Es nuestra forma de aportar algo. Tampoco es que seamos una gente súper activa ni revolucionarios, pero de esta manera mostramos nuestro descontento. Pero, además de ello, hay una reivindicación del consumo de la música, tal y como se hacía antes. En la actualidad parece que la música se está convirtiendo en comida basura, en el sentido de que se consume rápido y sin prestar atención. Lo importante es bajarse el disco antes que nadie, escucharlo y a la semana siguiente, cuando ya pasó de moda, dejar de escucharlo. Nosotros buscamos hacer una obra más pausada y más tranquila, que la gente pueda profundizar en ella todo lo que quiera. De hecho, creo que tiene muchas capas a las que puedes llegar. Puedes escuchar las canciones por separado. Puedes escucharlas todas seguidas, que es como nosotros recomendamos que se haga. Puedes, incluso, penetrar en la historia que cuenta las letras. E ir más lejos, metiéndose en los guiños que hacemos a la música folk-rock clásica de los setenta y ver cómo pensamos. Esto va más allá de una colección de canciones rápidas, de hits que se consuman en una semana y luego se olviden. Nuestra idea es esa, otra cosa es que la gente llegue a ello.

-Hay críticas respecto a su planteamiento. Dicen que si lo que pretendían era llamar la atención sobre la crisis actual resulta un tanto enrevesado hacerlo en inglés, ubicando la historia en un jornalero de los años cincuenta y situándolo todo en Estados Unidos. ¿Se lo han planteado?
-Sí, pero creo que es mejor hacerlo de esta manera que no hacerlo. ¿Por qué vas a hacer una metáfora en vez de decir las cosas tal cual? Pues porque decides hacer una metáfora. El disco está ahí y es lo que es porque es lo que nos apetecía hacer. Es la música que nosotros escuchamos, algo totalmente sincero. Si la gente quiere criticar o protestar porque lo hacemos en América pues, bueno, que proteste. A nosotros francamente eso nos da igual, porque estamos contentos con lo que hacemos. Si a lo mejor hubiéramos situado la historia en Galicia y fuera un paisano y no se qué la gente podría decir “¿Y por qué no sitúas la historia en tu pueblo?”. Si la sitúas en tu pueblo te podrían decir “¿Y por qué no la sitúas en tu casa y eres tú?”. Son niveles de profundidad a los que uno puede decidir acogerse o no. La historia de un jornalero americano que decide cargarse a su jefe nos parecía que encajaba más con el ámbito musical en el que estábamos trabajando, que también tiene mucho de jugar con los clichés. Nosotros nos apoyamos en eso en la música, ¿por qué no apoyarse también en el plano lírico-estético? Esa es la razón. Lo que hicimos está ahí y si lo hicimos así es porque decidimos darle ese nivel de profundidad a esa protesta.

-De su trayectoria es el disco más roquero y el que más cuerpo tiene. ¿Es quizá con el que más contentos han quedado?
-Sí, al terminar de grabar un disco y en las presentaciones siempre piensas es el disco con el que más contento estás. Nosotros notamos una evolución total a la hora de trabajar. Esta es la primera vez que sentimos que hemos hecho un disco, con sus desarrollos y su estructura. El hecho de que las canciones estén en bloques hace que en directo nos metamos más en la música y que la gente lo disfrute más. Los conciertos están funcionando mucho mejor, estamos vendiendo muchos discos y creo que es un buen síntoma.

-¿En directo va el disco del tirón? 
-Lo tocamos entero, pero no exactamente en el mismo orden. Primero tocamos lo que sería la cara b y antes la cara a  y, claro, temas de disco anteriores. Los desarrollos los tocamos como en el disco. De todos modos, al disco le quisimos dar un carácter muy de estudio con muchos arreglos y cosas que no respetamos al 100% en el directo. Por otro lado, en directo tenemos mucha más potencia. Nadie nos ha dicho que desmerezca al disco sino todo lo contrario.

-Destacaron en el pasado por los videoclips. ¿Alguna idea flotando para este?
-Lo hemos pensado. Hacer un corto o un mediometraje, pero el problema es el tiempo, el presupuesto, todo. Nosotros al final no vivimos de la música y el tiempo es limitado. Pero sí que le hemos dado vueltas, incluso a la idea de hacer un cómic.

-Una curiosidad:¿sus jefes han escuchado el disco?
-Yo no tengo jefes, soy autónomo, pero deberían desaparecer todos [risas].  

Foto: Luis Diaz

Veinte años después de un ciclón llamado El Inquilino Comunista

Escrito por Javier Becerra
24 de abril de 2013 a las 12:14h

Hace 20 años que en el rock independiente nacional surgió algo excitante. Un disco como El Inquilino Comunista suponía un huracán de aire fresco. Y también una patada a los Revolver, Presuntos Implicados y Manolo Tena que atronaban a todas horas en las radios. Eran tiempos de militar, de situarse en un bando y, la verdad, el top-40 provocaba nauseas. Ellos nos conectaba con Sonic Youth, Pixies, Pavement y Yo La tengo. Es decir, con parte de la mejor música de guitarras que se estaba haciendo en EE.UU entonces, la que obligaba a subir el volumen y nos volvía locos. Aquel vinilo, editado por la indie Radiatation y que había estado precedido del rimbombante (y agotadísimo) Extended Play, ponía sobre la mesa un nuevo rock en España. Sí, antes habían estado Penelope Trip, Cancer Moon y Penelope Trip claro, pero aquí se producía un kilómetro cero más de distorsión, camisas de cuadros y spanglish a granel.

Con el tiempo se devaluó, se desprestigió y se renegó (si las hemerotecas pudieran repartir bofetones…). Se decía que habían caído en la mimesis, que no existía fondo tras ese ejercicio meramente estético y que El Inquilino Comunista no merecía continuar con la bendición que la prensa le había dado en su momento. Pero abajo del escenario, entre el publico, aquel sonido se vivía con una intensidad total hasta el punto de convertirse en algo emocional (y generacional). Por eso hoy que se cumplen 20 años de la salida al mercado del disco es el momento de decir que, sí, que hicimos pogo con ellos, que acabamos con la paciencia de nuestros vecinos escuchándolo a todas horas y que, en fin, nos llegamos a sentir muy pero que muy especiales escuchándolos. Démosle al play.

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Apoteosis pop en Le Club…y Cooper tuvo la culpa

Escrito por Javier Becerra
14 de abril de 2013 a las 19:10h


Fue en la segunda mitad del concierto. Estábamos todos subidos en la ola que Cooper habían formado en Le Club en la fiesta de aniversario de este blog. Pero un tema nos hizo ascender aún más. Era Quiero Regresar de Los Flechazos. La llevan tocando en directo desde Retrovisor. Pero algunos nos habíamos olvidado. Llegó de improviso y nos hizo volar. Brazos en alto, gargantas forzando su resistencia, rostros desencajados y un cúmulo de emoción flotando en Le Club. Pescuezos de avestruz, pies descontrolados, ojos cerrados de placer. Cristina Andina, excelente fotógrafa, capturó el momento. Y a mí me vale para resumir en una imagen una noche mágica.

Gracias a Dani Punta por aclimatar tan bien la sala a los platos. Gracias a Le Club por dar todo tipo de facilidades para el concierto. Gracias a Cooper por acudir a la llamada de Retroalimentación. Y, sobre todo, gracias de todo corazón a todos los que ayer acudisteis al concierto y vibrasteis, tal y como la ocasión merecía.

Próxima parada en Los conciertos de Retroalimentación: Triángulo de Amor Bizarro día 4 de mayo.

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