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Una excitante excursión por el subsuelo musical gallego

Escrito por Javier Becerra
13 de Mayo de 2017 a las 12:12h

Normalmente Los conciertos de Retroalimentación se mueven por el subsuelo musical gallego, pero ayer quizá bajamos un poquito más. Fue una exploración fascinante por las sombras de un movimiento sonoro que, lejos de agotarse en un bum de temporada, sigue entregando fascinantes proyectos. Merecen esfuerzos, dolores de cabeza y aliento de sus seguidores.


Al menos eso es lo que pensábamos viendo a Pantis. El proyecto de oscuro pop electrónico de Rubén Domínguez ya nos había dejado K.O. cuando lo presentó junto a Triángulo de Amor Bizarro en el Playa Club el año pasado. Ayer no existía ese factor sorpresa ni el impacto de lo imprevisto. Pero sí los efluvios sintéticos de una música hipnótica, arrebatada y seductora. Gustó. Y mucho.


Continuó Sr. Anido, longeva y rara avis de este ecosistema musical. Aulló, soltó guitarrazos punk-surf-pop y agitó al personal con la única ayuda de su voz, seis cuerdas y una caja de ritmos. Más de la mitad de su actuación la basó en “18”, el disco editado junto a Sr. Álvarez. En el escenario le dio brío a su carácter insólito y reclamó, una vez más, su lugar en en todo este embrolló de la Galicia sónica.

Jay cerraron la noche apabullando. Adiós al noise gris y gritón. Hola a un carrusel impactante de formas que abarcan desde el flamenco al hip-hop, pasando por el funk o el tropicalismo. Todo ello macerado en psicodelia, formó una actuación in crescendo cuyo último tramo resultó sencillamente en una maravilla. Cuando cerraron con “Que me cuen” los rostros de la audiencia decían claramente: “¡Más!”. Una delicia.

Muchísimas gracias a los que acudisteis respaldando con vuestra entrada experiencias como esta, que caminan por la cuerda floja de la sostenibilidad económica. Gracias a los grupos, especialmente por su generosidad ante los problemas surgidos en la organización del bolo, y a la Nave 1839 por las facilidades dadas. Una vez más, nos acostamos contentos, satisfechos y, ¿por qué no decirlo?, un poco (bastante) orgullosos de lo realizado. Este año Los conciertos de Retroalimentación están siendo especialmente bonitos. Próxima parada: True Mountains, 3 de junio en el Playa Club. Nos vemos.

Jay: “Queremos hacer música, olvidando todos los límites y las barreras”

Escrito por Javier Becerra
11 de Mayo de 2017 a las 13:54h

Los vigueses Jay adoraban el gris, el ruido y la saturación. Así lo dejaron de manifiesto en sus dosprimeros álbumes. Pero algo ha ocurrido en su interior. Fuimos nosotros, su tercer trabajo propone a un grupo nuevo, que juega con la música, la pinta de mil colores y se divierte con ella. Este viernes 12 de mayo lo presentan en Los conciertos de Retroalimentación (Nave 1839, 20.30 horas). Estarán junto a Sr. Anido y Pantis en una noche que promete ser muy especial. Antes Brais Rodríguez, su cantante y bajista, explica qué ha pasado en una banda que parece haber renacido

-Decían en una vieja entrevista que su música era afín al plano urbanístico de Vigo. ¿A qué es afín ahora?
-Igual es el mismo plano, pero visto con otros ojos, porque han pasado cinco años desde nuestro primer disco. Seguramente, siga presente en las estructuras. Vigo es una ciudad muy industrial, con muchas máquinas por todos lados y da una imagen de desorden. Puede ser. Antes se trasmitía eso con oscuridad y ahora con estructuras un poco locas. Pero tampoco es que pensemos mucho en el plano urbanístico de Vigo cuando componemos [risas]

-En este disco existe una renuncia clara al ruido que les caracterizaba. ¿Les saturó tanto noise?
-No es una decisión premeditada, en plan reunirse y decir: “Se acabó el ruido”. Simplemente, ya habíamos sacado dos discos y una maqueta bastante ruidosos. Han cambiado las cosas. Cuando hacíamos ruido todo era ruido. Escuchábamos ruido constantemente, mucho Sonic Youth del Bad Moon Rising y Confusión Is Sex. Ahora escuchamos música mucho más colorista y más alegre, que aparta un poco toda esa oscuridad. Fue algo natural. Escuchamos mucho pop, electrónica y hip-hop. A la hora de componer sale lo que sale. Han pasado muchos años y hemos evolucionado. Seguimos siendo Jay, pero podríamos ser otro grupo.

-Al ver el video de “Menos corpóreo, más real” tuve esa sensación: la de estar ante otra banda.
-Sí, el grupo plasma nuestra evolución y, como ahora estamos muy lejos de poder comer de la música, tenemos esa libertad de tirar para donde nos dé la gana. Nos apetecía hacer algo así. Hacer más noise y caña nos aburriría.

-Habla de libertad y el disco la trasmite. Aunque no se trate de lo mismo, escuchándolos me viene a la cabeza bandas como Za!, desafiando las formas y estilos de la música con una actitud muy vitalista. ¿Están de acuerdo?
-No los escuchamos mucho, pero sí que los puedo relacionar con temas como El gris. Queremos hacer música, olvidando todos los límites y las barreras, porque al final es muy fácil caer en que te gusta mucho un grupo, lo escuchas mucho y terminar pareciéndote demasiado. Queremos, en la medida de lo posible, hacer música que carezca de esas barreras. Las influencias siempre están ahí, porque todos escuchamos música, pero intentamos que sea lo más nuestro posible.

-El disco es caleodoscópico y las canciones muchas veces circulares. Parece que giran sobre sí mismas intentando capturar al oyente. ¿Ha cambiado la manera de componer en ese sentido?
-Ha cambiado un poco, pero ya había cambiado antes. El primer disco fue un álbum de canciones enteras, con un riff, un verso, un estribillo. En este disco las cosas surgen de sesiones en las que improvisamos. También grabamos samplers de hip-hop. Luego, uno viene y dice “Se me ocurrió esta parte”. Entonces miramos a ver si encaja con el sampler previo. Fue como hacer un collage, muy divertido para encajarlo todo. Fue muy diferente a los otros.

-Imagino que tiene que ser muy diferente también ejecutarlo. Jay antes invitaban a la enajenación. ¿Ahora se necesita más concentración?
-Jay al principio era sudor, saltos y gritos. Ahora estamos cambiando. Veníamos de tocar muy alto. Tú antes venías a vernos y sabías que te iban a pitar los oídos del resto de la noche. Ahora, tenemos que bajar los amplis porque si no se formaría una bola de sonido que no es lo que buscamos. El problema del tránsito es asimilar que suena guay a la mitad del volumen con el que tocábamos antes [risas]. Luego está la electrónica. Tenemos un sampler y el batería ya toca con cascos y lo sigue. Nos tenemos que adaptar todos a la electrónica, porque no hay posibilidad de fallo.

-Flamenco, hip-hop, tropicalismo, rock sinfónico… ¿Han metido en este disco todo lo que os gustaba como oyentes?
-Intentamos hacer el disco que nos gustaría escuchar si lo sacase otro grupo. Que recoja partes de hip-hop, partes de flamenco,… todo. Al hacerlo, tuvimos la duda de si era adecuado meter tantos estilos remezclados. Pero pensamos en un disco de los Beastie Boys, el Ill Communication. Tiene 20 canciones que mezclan el funk, el hip-hop, el hardccore, la cumbia… Nuestro disco no tiene nada que ver con ello, pero sí que sirvió de inspiración para atrevernos. Aunque los temas sean diferentes yo creo que al final sí que hemos logrado un nexo.

-Lo que parece es un especie de safari musical.
-Un amigo lo definió como un parque temático en el que van pasando cosas.

-El problema es poderlo escuchar del tirón para encontrarle ese sentido, ¿no creen?
-Es un disco de escucharlo entero. Y varias veces Óscar, la persona que hace al artwork fue de los primeros en escucharlo. Al terminarlo le pregunté. Me dijo que no podía decir nada. Y ahora le gusta mucho. Decía que teníamos que avisar a los oyentes de que es necesario escucharlo varias veces. Yo creo que también que no es un disco de hits, sino un disco de unidad.

-Bueno, hablaba antes de Beastie Boys. “Que me caen”, a mí me recuerda a ellos. Sería un buen single.
-Sí, de hecho es la canción con las que cerramos los conciertos. Funciona muy bien. La gente baila y salta. Es la más cañera del disco.

-En el disco llama la atención muchísimo. Igual que la siguiente, “La portera”, esa especie de flamenco fronterizo extraño. Me parece un hallazgo sonoro.
-Es como Slint haciendo flamenco o algo así. Es la primera o segunda canción que hicimos para este disco, es un tema de tránsito, sin samplers ni nada.

-Y siguen haciendo versiones de Indómitos, aquel gran grupo vigués semidesconocido. ¿Un amor incondicional?
-Sí, las hacemos en todos nuestros discos. Teníamos 18 o 19 años cuando salieron y filmamos. Es el típico grupo que, de repente, hace que dé la vuelta a todo lo que crees de la música y empiezas a pensarlo de otra forma. Desde entonces decidimos que todos los discos que sacásemos llevarían una versión de Indómitos.

-Los veremos ahora en directo. ¿Concilian pasado y presente o ya solo son los Jay del 2017 haciendo este sonido?
-Hacemos lo que nos apetece hacer ahora, este sonido. No va a haber ni gritos, ni ruido. Vamos a tocar temas del disco y adaptaciones de temas anteriores, trayéndolos al momento presente. No van a pitarle los odios a la gente.

Un grande reducido a lo mínimo

Escrito por Javier Becerra
1 de Mayo de 2017 a las 9:32h

PALACIO DE LA OPERA CONCIERTO DE CATEANO VELOSO

Caetano Veloso & Teresa Cristina
Palacio de la Ópera, A Coruña
30-abril-2017

Lleno total en el Palacio de la Ópera en la segunda visita de Caetano Veloso a la ciudad. La anterior tuvo lugar en el 2007, en el aniversario de la Fundación Barrie y en clave experimental y noise. La de ayer tampoco resultó del todo convencional. Acudía con la cantante Teresa Cristina -a quien le cedió la parte inicial del recital y la sumó al tramo final- y en un formato mínimo -él solo y su guitarra-. Es decir, canciones expuestas como árboles de invierno, sin hojas y sin flor. Esencia más absoluta. Simplicidad máxima. O gusta o disgusta, sin término medio. Apenas su voz tersa-suave-y-embaucadora, la guitarra rítmica-pero-aterciopelada y, por supuesto, un repertorio mí-ti-co.

Fue su inagotable catálogo de canciones quien sustentó un concierto que en manos de otro sería un suicidio y en el que, sí, de cuando en cuando se echó en falta el cuerpo de una banda. No en O Leazozinho, por supuesto, o su celebérrima versión de Cucurrucucú Paloma, paridas ambas en esa precariedad instrumental y despertando anoche las primeras ovaciones por su espléndida interpretación. Pero sí, desde luego, en esa visita a la imprescindible A luz de Tieta o en los rescates de la época tropicalista. Hubieran ganado con el abrigo de un puñado de músicos, sin duda. Se sabía y, por tanto, no decepcionó a nadie. Aunque la mente tendía, en más de una ocasión, a buscar en el aire sonidos que definitivamente no estaban pero que aparecían como fantasmas.

De todos modos, Veloso es un grande y, como tal, se bastó de esas armas para trenzar una actuación notable. Le precedió su invitada particular, quien llevó a las tablas las canciones de Santa Cartola, acompañada del guitarrista Carlinhos Sete Cordas. Supuso una agradable media hora previa que se empalmó con la aparición de la estrella del cartel. Arrancó con Luz do Sol. Delicadeza, líneas que apuntan alto y, de pronto, se encogen. Una garganta finísima que la guía y la sensación de asistir al concierto de, insistimos, un grande.

Desfilaron Os Passistas, Um índio y un Reconvexo en el que, ante la ausencia del temblor rítmico original, reclamó palmas. En contraste, se marcó una versión del Love For Sale de Cole Porter a capela. No hay trampas. No hay boutade posible. Sonó tal cual la grabó en el 2004 en el excepcional Foreing Sound. Sí, antes de que a Dylan se le diera por revisar los clásicos de la canción americana previa al rock, ya andaba Caetano Veloso por ahí. Ayer la definió, ensimismado, como “a mellor canción americana”. Y encantó la audiencia.

Se trataba tan solo del ecuador de un concierto que fue creciendo y que encontró sus picos más altos en la unión de los tres músicos final. Ahí entre Odara y Desde que o samba é samba, Cateano, Teresa y Carlinhos mandaban un mensaje a los que, apurados, ya estaban en los pasillos buscando la salida. Aguarden, bajen el ritmo de su vida y disfruten de ella sin prisas. Si, con esa suave cadencia de esas canciones tan rematadamente bonitas que hacen que esa vida, muchas veces acelerada, sea mucho mejor que sin ellas. Aunque, en ocasiones, echemos de menos la banda.

Foto: Eduardo Pérez

Bento Veloso y Elvis Negro: opuestos pero felizmente complementarios

Escrito por Javier Becerra
2 de Abril de 2017 a las 15:15h

El pase de Elvis Negro y Bento Veloso y los Doce Trinches de ayer en Los conciertos de Retroalimentación fue un zigzag de blancos y negros. Los primeros se estrenaron en A Coruña en formato trío. Salieron a contraluz, proyectando sus sombras en el techo. Tiraron de estética indie, con baterias monoliticas y velvetianas, guitarras noise-poperas y letras raras-pero-inquietantes. Hubo momentos de mmmmm… cerremos los ojos. Otros fueron de mmm…abrámoslos. Pero en todo caso demostraron que su mutación respecto a aquel dúo que se presentó como telonero de Triángulo de Amor Bizarro en el 2014 es total e invita a seguirlos allá a donde vayan.

Con Bento Veloso cambiamos de extremo. Lo suyo es rock directo y al grano, que igual tira de Link Wray como de The Cramps. Sólidos y con músculo se plantaron con hechuras de banda de directo para regar a la audiencia son rítmica grasienta, textos de serie b y un puñado de canciones que deberían hacerlos trascender más allá de A Coruña. El concierto, extenso e intenso, obliga a pensar en un futuro elepé que no debería demorarse mucho más.

La respuesta de público estuvo en sintonía, por lo que no queda más remedio que reconocer a los asistentes que permiten que bolos así se puedan realizar y este ciclo lleve ya cinco años de funcionamiento. Gracias infinitas a ellos, a las bandas y a Mardi Gras. Esta semana, si todo va bien, anunciaremos los tres últimos conciertos de la temporada de este ciclo. Estad atentos.

Escuchando Elefantes electrificaron el Playa Club

Escrito por Javier Becerra
25 de Marzo de 2017 a las 18:28h

Lo habían advertido: eran un grupo diferente a que se subía a lomos del folk-rock en el pasado. Y lo demostraron en su pase en Los conciertos de Retroalimentación. Inaugurando una gira que los llevará por media España, Escuchando Elefantes presentaron Hope, su tercer disco. Y sonó a baquetas abruptas, guitarras con tonos ambientales, falsetes y escaladas de euforia melódica. Silvia y Carlos se metieron al público en el bolsillo desde el primer momento y, pronto, optaron por desbaratar el set-list, tirarse a la improvisación y convertir a el concierto en algo vivo, sorprendente e imprevisible.

Aunque dejaron fuera There’ll Be Joy, posiblemente su mejor canción en este momento, engatusaron con un repertorio que salió de lo propio y derivó en contorneos por Lou Reed u Oasis. Todo para dibujar una sonrisa en una audiencia que los adora. Muchas gracias a todos por asistir, al grupo por atender la llamada de este blog y el Playa Club por las facilidades acostumbradas.

Próxima parada: Bento Veloso y los Doce Trinches + Elvis Negro (1 de abril, sala Mardi Gras).

Escuchando Elefantes: “Este es otro grupo, nos podíamos haber cambiando el nombre”

Escrito por Javier Becerra
23 de Marzo de 2017 a las 23:19h


La historia la conoce todo el mundo. Silvia Rábade y Carlos Tajes, dos enamorados del folk-rock se echaron a la calle en A Coruña a tocar sus canciones. Lo que podía ser algo puntual terminó siendo un modo de vida, alternando con los discos, los conciertos en recintos cerrados y los viajes por media Europa. Ahora han cambiado su sonido. Lo han plasmado en Hope, su tercer elep. Lo presentan en Los conciertos de Retroalimentación (PLaya Club, viernes 24 de marzo, 22.30 horas, 10/13 euros) con un concierto que abre una gira nacional. Antes los hemos entrevistado

-¿Cómo llega la electricidad a Escuchando Elefantes?
-Carlos Tajes: En el sitio en el que grabamos tenemos como dos habitaciones: una es la sala de control y la otra la de grabar baterías, o lo que sea. El batería que teníamos en ese momento se dejaba la batería montada en la casa. Y yo iba y tocaba. “Oye, esto mola un huevo, Silvia tienes que probarlo”.
-Silvia Rábade: Y empecé a tocarla yo también y me metí en el hoyo.
-C: Los dos empezamos, pero a Silvia le pilló de tal manera que a las dos semanas ya la estaba tocando en el bolo en directo. En ese punto se volvió todo más eléctrico. Nos cogió todo en medio de la grabación del disco, no el principio. Por eso el disco tiene esa mezcla acústica y eléctrica.
-S: Al principio no lo buscábamos, pero como luego vimos que tirábamos hacia eso pensamos: “Vamos a aprovecharlo”. Estamos muy contentos de la mezcla

-¿Es la transformación más importante de vuestra carrera? Habéis pasado de ser un grupo de folk-rock a otra cosa.
-S: Sí, el cambio es muy grande. Nosotros lo notamos muchísimo, pero la gente fuera, o no lo nota mucho o no lo manifiesta mucho. Parece como si la gente daba por hecho que íbamos a ir por ahí. Vamos, que les ha cuadrado bien [risas].
-C: La primera vez que fuimos a la calle así era un poco reto. ¿Cómo vamos a hacer para tocar en la calle de esta manera? Pero desde el primer día todo funcionó igual de bien. Nadie dijo nada. Da mucho más curro.
-S: La gente lo ha visto natural, pero para nosotros fue muy fuerte. Yo pensaba: “Llevo un mes tocando la batería y no tengo ni idea” [risas]. La gente, sin embargo, me decía: “Oye, que muy bien”. Y yo, pues bueno…
-C: Después de haber tenido, yo qué se, cinco baterías, violines y todo hemos vuelto a ser nosotros dos. En el escenario, solos igual que al principio, pero con mucha caña.

-¿Ya os han dicho lo de los White Stripes, verdad?
-C: Sí, he echado un vistazo a todos los grupos que son una batería y una guitarra y ese es uno de ellos, claro.

-Es una fórmula muy actual.
-S: Sí, no sé incluso si ya no estará un poco pasado. Nosotros a los Black Keys, por ejemplo, no los conocíamos y tiene gracia porque los conocimos después de hacer el cambio.
-C: Ya, pero el batería no canta, no vale. No encontré a dos cantando y tocando.
-S: A nosotros nos gusta mucho, independientemente de que yo sea más la batería y él el guitarra, es cambiar. De repente, estamos tocando y “Venga, cambio”.

-¿Os lo pasáis mucho mejor ahora?
-S: Aún mejor.
-C: Los ensayos ya son de coña. Ensayamos muchísimo porque ahora, al estar solos, todo es más fácil.
-S: Yo es que me senté en la batería y es como si se encendiera una luz. Antes había tocado la guitarra, los teclados o el ukele, pero no estaba cómoda del todo como para decir: “Buah, quiero tocar esto”. Pero en cuanto me senté en la batería y empecé a zurrarle, mi sensación fue: “Esto es lo mío, ¿cómo no me había dado cuenta antes’. Ahí pensé que podía haber un pequeño cambio, que luego fue muy grande.

-Os centráis mucho en la batería, pero las guitarras han cambiado muchísimo también. ¿No creéis?
-C: Sí, le di muchas vueltas para hacer sonar el grupo a banda pero con una guitarra. Llevo un sistema complicado. Hay varios amplis y al pobre técnico de cada concierto le tengo que hacer un croquis. Hubo una temporada que estaba soldando movidas todo el día, conectando cosas. Pero llegó el punto de encontrar lo que buscaba

-¿Como oyentes habéis cambiado? Estas mutaciones suelen llegar después de escuchar nuevos sonidos.
-S: Sí, suele pasar que cuando la gente da un cambio es porque algo le influye, pero en esta ocasión creo que fue el revés: como estábamos tan metidos en la grabación y queríamos que sonase lo mejor posible, empezamos a probar otro tipo de historias. Un tema como The Fight era totalmente diferente. Era acústico, con voz dulce y muy balada. Llegó un momento en el que dije: “Me gusta mucho este tema, pero no como ha quedado”. Estábamos haciéndole ya arreglos de violín, pero yo no quería violines, quería electricidad y fuerza. Nos estamos y en dos minutos lo redirigiros.

-Da la sensación de que habéis ido al mínimo y a dejar aire en las canciones.
-S: Sí, lo estás describiendo mucho mejor de lo que se me había ocurrido a mí [risas]. No buscamos la perfección, sino la potencia y el comunicar algo. Es un poco lo que hicimos con Show and Tell, el primer disco. Con una guitarra y dos voces trasmitir lo máximo posible. Pues ahora, lo mismo solo que con una batería y una guitarra eléctrica.

-Una de vuestras características es el punto épico, de “darlo todo”. ¿Lo buscan?
-C: Sí, es que a nosotros nos gusta mucho el rollo épico. Por eso el disco se llama Hope, porque queremos darle el toque de esperanza que necesita la vida. En estos momentos o le damos esperanza o se para todo.

-¿Habéis cambiado como músicos? ¿Estas en una especie de renacimiento?
-S: Sí, un poco sí.
-C: Es que este es otro grupo. Nos podíamos haber cambiando perfectamente el nombre. A la vez está un poco del principio.
-S: Somos los mismos, pero con diez años de experiencia.
-C: Vamos un poco más al grano, creo. Es que la industria musical es un desastre. Ya lo sabemos, venimos muy rayados de ello y estamos hartos. Pero, bueno, hay que saber jugar ahí. Estamos más crecidos en ese sentido. Vamos a lo loco. De hecho, después de este primer concierto en A Coruña, tocamos en Granada al día siguiente y vamos en furgoneta. Que no da tiempo, pero va a dar tiempo. No vamos a tener fiesta post concierto en A Coruña.

-Hubo un tema en castellano entre el anterior disco y este. Algunos pensamos en que el nuevo trabajo iba a tirar por ahí. ¿No cuajó la experiencia?
-C: Antes incluso de grabar el primer disco teníamos algunas canciones en castellano. Ni siquiera nos llamamos Escuchando Elefantes entonces.
-S: Sí, la culpa de que compongamos en inglés es mía. Si alguien quiere echarnos la culpa que se dirija a mí [risas].
-C: Hace dos fines de año estábamos en Dublin, que solemos ir a tocar en la calle. Estábamos con una amiga de Barcelona y nos preguntó si teníamos algún tema en castellano. Le toqué uno y nos dijo: “Esta bien, ¿por qué no la grabas?”. Y lo hicimos. Pero era una canción que tenía diez años.
-S: Puede que hagamos alguna más dentro de poco. O en francés o en lo que salga.
-C: No me disgusta como método, seguir con nuestro rollo y de vez en cuando saco un single en castellano.

-¿No complica mucho la electricidad el tocar en la calle?
-C: Ya lo hemos hecho. Hemos buscado la fórmula.
-S: Es un poco más engorroso. Antes era más cómodo, pero yo me lo paso mucho mejor llevando la batería.
-C: Ahora, si nos tenemos que mover del sitio en el que estamos, nos tenemos que ir. No es como antes, que ibas y ya está. Hemos hecho un pequeño set específico para eso
-S: Cuando empezamos a cambiar el sonido pensábamos que era algo guay, pero inmediatamente pensamos en cómo podíamos hacer para no abandonar a nuestro público de a calle.

-¿Cuando escribís las canciones pensáis en si se van a tocar en la calle?
-S: No, las composiciones no, porque eso siempre se puede adaptar. Pero si haces una cambio un poco trascendental en la banda sí que te lo planteas.

-Antes parece que tendían a la melodía perfecta y el arreglo preciso. Ahora parece todo más a medio hacer. Lo lógico es que estos temas crezcan en directo.
-C:Tenemos curiosidad. Hasta el del Playa Club no hemos hecho muchos conciertos en este formato seriamente. Vamos a ver todos lo que pasa en tiempo real. Yo creo que la gente va a botar un poco más, la gente bailará algo más.
-S: Eso ya pasaba. En los conciertos ya nos decían que teníamos una caña tremenda y que íbamos a tope. Esto es una evolución a ir un poco más a tope.

-Decís que estáis decepcionados de la industria. Seguís solos, libres como el viento

-S: Sí, totalmente independientes. No hemos visto nada que supiera hacer mejor las cosas de las que las hacemos nosotros. Si apareciese esa opción sería genial, porque le dedicas un montón de tiempo a cosas que no son hacer música, que es los que debería ser lo principal.
-C: Trabajamos con gente concreta para que haga un trabajo. Al final, hacemos todos un poco de todo.

-Sois un ejemplo de autosuficiencia. ¿Se le dedica más tiempo a lo otro que a ensayar?
-S: Sí, yo le dedico mucho más tiempo. Yo estoy deseando ensayar porque es lo que realmente me gusta. A mí el rollo management me tocó un poco de rebote y me he tenido que acostumbrar. Soy un poco desastre, pero es normal. Porque yo soy músico, no manager.

-¿Ahora que llega el disco con ese titulo “Hope”, cuál es el mensaje?
-S:Tirar para adelante, darle un toque de esperanza y verlo de otro modo. A veces la gente se encierra y buscamos todo lo contrario: que de la oscuridad pueda salir una luz. Lo vemos como grupo, pero también en general.

-Desde fuera vuestra vida parece muy emocionante: un día en Irlanda con Bono, otro en el Pais Vasco, otro saliendo en el periódico tocando en la calle.
-S. Eso desde fuera. Desde dentro se ve de otra manera
-C: Hay mucho trabajo, muchas horas de furgoneta y, bueno, cuando estamos ahí queremos pasarlo lo más posible. Intentamos salir fuera lo más posible porque entendemos que la música se tiene que mover. Este año saldremos de nuevo.
-S: En las fotos siempre se ve lo bonito, no los dos meses de trabajo previo.

Explosión contra el frío

Escrito por Javier Becerra
12 de Marzo de 2017 a las 12:20h


Leon Benavente
11-3-2017, Sala O Tunel, A Coruña

No ocurrió como en su debut en la ciudad, en la sala Le Club, poniéndolo todo patas arriba nada más arrancar. En esta ocasión, llegado como un grupo de aforos medianos con todas las entradas vendidas de O Túnel, a León Benavente les costó un poco más agitar el público. Empezaron con Tipo D. Señales de alarma, kraut-rock y versos de brocha gorda sobre qué es el mundo actual. Sonaban potentes y nítidos. Agresivos, pero contenidos. Oscuros, aunque luminosos.

El bajista Eduardo Baos daba saltos. Boba entraba dentro de su personaje de maestro de ceremonias. Y tanto Luis Rodríguez como César Verdú armaban el edificio sonoro con total precisión. Pero abajo, no llegaba la sacudida. O más bien, la sacudida no lograba zarandear al público. ¿Sala muy fría? ¿Concierto muy tempranero? ¿Poco volumen? A veces las cosas simplemente no ocurren. No hay que darle más vueltas.

Una hora y pico después la sala estaba entusiasmada. Como si Leon Benavente tirasen de la alfombra que pisaba el público -tirándolos, revolviéndolos, zarandeándolos-, la gente estaba loca gritando las líneas de ser Ser brigada. Boba sudoroso, cantándola entre el público. La banda, en estado de gracia tocándola sobre el escenario con el refuerzo de Charlie Bautista. Y el poder de la formación, que lleva cuatro años siendo ese regalo secreto que va de boca a boca en plan “tienes que verlos, tío”, desplegándose en toda su extensión. The Cure, Lagartija Nick, Nick Cave y Neu! de espectadores de la fiesta. Los cientos de personas que acudieron a la cita afirmando que, sí, que León Benavente merecen mucho la pena.

¿Qué pasó entremedidas? Pues un grupo que fue a más. Que exploró inicialmente su parte más melódica, con pequeños clásicos de su trayectoria como Animo valiente. Pero que explotó cuando apeló al incendio. Piezas rugientes como California, Aun no ha salido el sol o El Rey Ricardo lo propiciaron. Generaron ese punto en el que el espectador se convierte en partícipe, y el concierto no se ve, se siente. Ahí todo fluye. La banda levita. Y la fotografía es perfecta.

En ella se ve un pequeño milagro: una formación que en principio carece de armas previsibles para triunfar, pero que lo ha logrado tomando un camino inesperado. Su invocación a Radio Futura (versión de Han caído los dos en el bis), puede tomarse como una pista. El concierto de ayer, como aval para un futuro a seguir y seguir.

Jornada atípica, jornada bonita en Los conciertos de Retroalimentación

Escrito por Javier Becerra
5 de Febrero de 2017 a las 17:10h

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La de ayer fue una jornada atípica en Los conciertos de Retroalimentación. Al medio día, sin amplificación y todo el público sentado. El ciclo se estrenaba en el Belmont, se estrenaba con la canción de autor y se estrenaba en este formato más relajado y familiar. Salió bien. Quedó como lo que se pretendía: una pequeña reunión alrededor de Adán Jorge, el músico ligues que presentaba Nada queda, su segundo trabajo.

Allí, sin cables y micros, desgranó sus canciones que beben de la tradición de cantautores nacional, pero también de canción popular brasileña. Les retiró la suntuosa decoración de estudio y las redujo al mínimo. Logró al silencio. Logró el aplauso. Y firmó una actuación pequeña y casi escondida. Pero encantadora en todo caso. Habrá más de este estilo en el futuro, aunque ahora volvamos a la electricidad en breve. Gracias a todos los que os acercasteis y al Belmont por toda su atención. Próxima parada: Escuchando Elefantes el 24 de marzo en la sala Playa Club.

Adán Jorge, Escuchando Elefantes, Bento Veloso y Elvis Negro, en Los conciertos de Retroalimentación

Escrito por Javier Becerra
24 de Enero de 2017 a las 12:29h

Aún con el recuerdo del emocionante Homenaje a David Bowie con el que abrimos el año, Los conciertos de Retroalimentación siguen su curso en este 2017 en el que siguen las novedades. Como veréis, se han introducido artistas que se salen del supuesto género en el que algunos ven encorsetado el ciclo, se actuará en locales que todavía no habían recibido la visita retroalimentadora y se incorporan horarios diurnos. Habrá más cambios en el futuro, no lo duden. Pero también un placentero más de lo mismo de lo que se veía haciendo hasta ahora

andan-ADÁN JORGE (4 de febrero, Belmont, 3 euros). La primera aventura de Los conciertos de Retroalimentación dentro de la canción de autor (signifique lo que signifique ello) llega con este músico compostelano, enamorado de Brasil, la calma y los versos que desmenuzan emociones cotidianas. Presentará Nada queda sin ninguna interferencia con el público: él solo con la guitarra y sin tirar de amplificación. El concierto será a las 13.00 horas, con lo que se podrá acudir en familia, algo que nos apetecía muchísimo

elefantes-ESCUCHANDO ELEFANTES (24 de marzo, Playa Club, 10/13 euros). Los conoce y los quiere todo el mundo. Son los chicos de la Playa de Lugo, sí. Pero también los del Noroeste Pop Rock y los del Teatro Colón. Han crecido. Han evolucionado. Y la han metido un extra de electricidad a su música que les sienta a las mil maravillas. Silvia ahora aporrea con ganas la batería y Carlos multiplica por tres su energía. Anyway y There’ll Be Joy, los singles de adelanto del disco que verá la luz en los próximos días.

bento-BENTO VELOSO & LOS DOCE TRINCHES + ELVIS NEGRO (1 de abril, Mardi Gras, precio por confirmar). Dos grupazos ligeramente escocndidos, pero con ganas de ver la luz. Los primeros conquistaron este blog con su magnífico single, que desprende efluvios de The Cramps, Los Ilegales o Link Wray. En serio, se trata de una propuesta tremendamente personal e impactante. Los segundos, son conocidos (telonearon en este ciclo a Triángulo de Amor Bizarro en el 2014), pero reconvertidos: ahora son un trío explosivo que cuenta con la presencia de María Costa (exFranc3s) a la batería.

Un acto de amor a David Bowie realmente maravilloso

Escrito por Javier Becerra
8 de Enero de 2017 a las 14:42h

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Hay días en los que, definitivamente, todo sale. Lograr armonizar a un puñado tan grande -por tamaño y por talento- de artistas como el que ayer estuvo en el Playa Club tiene su mérito. Que todos brillen con la intensidad que lo hicieron, también. Y que el público responda de una manera tan arrolladora, llenando el local antes incluso de empezar el concierto, más de lo mismo. No sé, creo que estamos en el mundo precisamente para hacer cosas así, que convierten la vida en algo más grande, más intenso, más emocionante.

Queríamos decirle a David Bowie que lo adorábamos. Concebimos este homenaje como un acto de amor. Nos dejamos llevar por un repertorio inmaculado. Recordamos que cuando en la adolescencia nos metimos por este camino hicimos una de las mejores elecciones posible. Y de todo ese remolino emocional surgió algo tan mágico como lo de ayer. No sé, aún siento el escalofrío de ese Moonage Daydream que parecía que lo tocaban una mezcla de los Suede del Dog Man Star con los Radiohead de Ok Computer (aunque, en realidad, lo interpretasen La mitad de los desaparecidos Younger Boys y la mitad de Misterioso Viaje Holanda). Igualmente, recuerdo encogerme con Space Oddity, tocado con lo mínimo por Pablo Seijas pero sonando a lo máximo acompañado por el público. Por supuesto que no me olvido de Pedro Granell, al primero al que llamé para este embrollo, que volvió a tocar 23 años después en el mismo escenario Ziggy Stardust con Los Mecánicos. Y, bueno, todo absolutamente todo resultó flipante.

Así que hoy más que nunca, gracias infinitas a todos los que habéis hecho posible esta noche grande. A las bandas, al Playa Club, a todos los que le dieron eco a esto durante las últimas semanas y, lógicamente, a los asistentes. Nos vemos en breve. Los conciertos de Retroalimentación vuelven a su dinámica habitual (o no tanto) en febrero. Ya tenemos cerrados las actuaciones de ese mes, de marzo y abril. En unos días las anuncio.