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Puma Pumku: “La psicodelia es el ser humano actuando ante los estímulos del mundo”

Escrito por Javier Becerra
27 de febrero de 2015 a las 10:45h

Dan cierta envidia. Puma Pumku son tan jóvenes, tan metidos en su música, tan ligeros en ella pero a la vez tan sólidos que parece que hayan sido dotados de ese brillo especial que acaricia solo a unos pocos grupos. Los compostelanos hacen, sí, psicodelia. Tienen sus fuentes de inspiración a la vista. Y son unos melómanos-alumnos empedernidos. Pero en cuanto empiezan a sonar las canciones de Is It In You?, su álbum de debut, logran contagiar al oyente precisamente de ese amor, de esa sensación de flotar, de esas vibraciones que parece que desprender parte del brillo al que nos referíamos antes. Ahora lo están exponiendo en directo. Y el sábado 28 de febrero harán una parada muy esperada en Los conciertos de Retroalimentación (Mardi Gras, 22.30 horas, 6 euros anticipada y 8 en taquilla) acompañados del dúo Bala. Ahora Álvaro Dosil, guitarrista del grupo nos habla de todo ello

-Miran, sobre todo, a la psicodelia primigenia de finales de los sesenta. ¿Es su destino?

-Es el hilo conductor de nuestra música. Pero dentro de ello, todo se complementa de muchas otras cosas. Hay tintes kraut, influencias de músicas de los ochenta y mil cosas experimentales. Cabe cualquier estilo y todo se une por la psicodelia.

-¿Son los Pink Floyd del primer disco el grupo totémico de Puma Pumku?

-Sí. Hay grupos clásicos que están ahí. Creo que, además de Pink Floyd, se nota mucho la influencia de The Beatles y probablemente se nos empezará a notar más la de Beach Boys. Hay una tendencia a renegar de los clásicos, pero nosotros los tenemos como referentes y fuente fuente de inspiración continua. No dejan nunca de dar de sí.

-Me habla de referencias obvias. ¿No quieren ir de exclusivos ni de cool marcando diferencias y citando a bandas más rebuscadas?

-Bueno, luego está el toque que le quieras dar para que sea algo curioso y personal. También tenemos otras referencias, como la nueva ola psicodélica.

-Pese a esa apariencia psicodélica e incluso ese toque kraut rock ocasional la verdad es que son un grupo de melodías muy poperas. Sus canciones se podría interpretar perfectamente con una guitarra acústica.

-Sí, perfectamente. Lo que pasa es que la dimensión que adquieren así nunca llegarían. Si solo fueran una guitarra acústica y voz seguramente serían piezas folk. En principio, Amadeo trae una melodía, una guitarra y una voz. A partir de eso vamos construyendo, cada uno su parte y aportando lo que se puede. Funciona así.

-Hablaba antes de la nueva psicodelia. ¿Grupos como Tame Impala, Temples o Foxygen son hermanos espirituales?

-Sí, esos grupos son los que probablemente nos animasen a dar el paso a montar una banda y tirar por esa rama. Antes sonaba todo más rudo y con más distorsión. Ahora lo hemos suavizado. Son grupos que nos encantan. Disfrutamos haciendo esa música del mismo modo que disfrutamos escuchándola.

-Debe ser como la quinta oleada neo-psicodelica que vivo. ¿Qué tienen esos sonidos para que gente tan joven como ustedes insistan en recuperarlos?

-Bueno, en mi caso, es como si hubiera una carencia de algo en todo lo que estaba escuchando. Esas música me pilló, no solo por la música en sí, sino por la forma en la que esta grabada y esa naturalidad. Los Beatles, por ejemplo, no tenían una equipación comparable a muchos estudios americanos. Pero con muchos recursos y tirando de un sonido que va directamente a las entrañas lo logran. Yo la psicodelia la veo como la naturalidad, el ser humano llevado a la música, actuando ante los estímulos del mundo.

-Intuyo que ese proceso de construcción de los temas que citaba antes debe ser de lo más placentero.

-[risas] Sí, y muy reconfortante. Es un proceso de cura, purga y sanación. Desde que llega Amadeo con la canción el resto nos dejamos llevar. No tenemos una mecánica de trabajo muy clara. Nos dejamos ir, sin tratar de mediar palabra, que sean los instrumentos los que hablen. Hay algún momento en el que se puede notar una especia de conversación entre los instrumentos. De repente la guitarra hace un riff o un detalle y el bajo contesta como otro. Es algo similar al jazz.

-¿Es el jazz una fuente de inspiración importante?

-Sí, es un género que nos encanta y al que siempre volvemos cuando el resto de palos que escuchas no nos llena. Es perfecto para encontrar el camino.

-Transmiten la idea de enamorados de la música.

-Sí, nuestra visión es totalmente romántica

-Aunque no tengan nada que ver, a mí me transmiten las misma vibraciones que Los Eskizos hace más de 20 años: la de unos tíos metidos en su música, que salían a tocar súper concentrados como si tuvieran una misión. ¿Se ven así?

-Sí, es cierto. En los conciertos nos puedes ver a cada uno mirando a su lado como si fuera algo ritual. Tienes que mantener una línea, estar súper concentrados. Sí, estamos enamorados de la música. De hecho, el contacto visual con el público es algo que me horroriza.

-¿Se lo pasan bien ensayando?

-Claro. La mayoría de los temas, exceptuando alguno que tiene muy marcada su estructura y que no da pie a la improvisación, se transforman continuamente. Hoy en día en directo hacemos algo que ya no está en el disco. Las canciones siguen su curso natural y se van modificando. Queremos que evoluciones continuamente.

-Son el último disco de Santiago que ha llamado la atención de la gente. Parece que, dentro de estos años de esplendor de la escena independiente gallega, Santiago el gran escaparate. ¿Viven un momento especialmente dulce?

-Sí, es relativamente reciente. Llevo ocho años en Santiago y se veían cosas puntuales. Ahora hay muchísimas más gente implicada. Vemos que confluye mucha gente y que cada se anima más. No sé dar una explicación lógica. Son cosas que pasan en un sitio y un momento. Antes estaba Vigo y Pontevedra y nosotros los mirábamos. Decíamos ¿por qué aquí no hay un bolo a la semana que nos convenza? Ahora tenemos cuatro a la semana y no sabes decidir a cuál vas. Tenemos la percepción de que hacemos mucho ruido y nos movemos. Pero este es un sitio dejado de la mano de Dios a nivel de España y no sabes si te estás proyectando a nivel autonómico o si llega al ámbito estatal. Parece que sí, que se publican cosas, aparecen colectivos… es un momento de ebullición y me da cierto miedo que explote todo y termine siendo cenizas. ¿Hasta dónde durará?

-Está el problema de la resistencia de la gente, porque rara vez se sostienen económicamente.

-Sí, claro. Mira Unicornibot que, aparentemente, eran de los que tenían que ganar: haciendo gira europea, moviéndose en medios especializados y llegó un punto en el que lo dejaron. Supongo que también está la magia ahí. No niego que me gustaría vivir de eso, pero creo que también es un aliciente que todo sea tan fugaz, que se deje huella en la gente y que desaparezcas.

Piscodelia y folk en Los conciertos de Retroalimentación

Escrito por Javier Becerra
10 de febrero de 2015 a las 14:26h

La felicidad está tecleando directamente este texto. Sí, porque continúan con Los conciertos de Retroalimentación con tres fechas muy especiales, deseadas todas ellas desde hace mucho tiempo. Algunos de los autores de los mejores discos del 2014 estarán aquí, demostrando el altísimo nivel actual de la escena gallego y deleitando a los oídos que siguen las evoluciones de esta pequeña célula de actividad musical. También tendremos destellos de futuro para celebrar el cumpleaños. Y ojo, que no está todo cerrado. Hay otra fecha más pendiente de confirmarse. Seguro que os encantará. Os esperamos a todos.

-PUMA PUMKU + BALA (Mardi Gras, 28 de febrero, 6/8 euros). La banda compostelana llega al ciclo presentando su disco de debut. Psicodelia de altísimo nivel con pinceladas kraut y una impecable pegada melódica. Fueron una de las revelaciones del año y ahora demostrarán que, sobre un escenario, no hacen sino agrandar el animal. Estarán con ellos Bala, un novísimo dúo coruñés que apuesta por la electricidad, la furia y el minimalismo.

-ARIES + ELVIS NEGRO (7 de marzo, Casa Tomada, 5 euros). Debilidad total de este blog desde aquel delicioso debut titulado la magia bruta, Aries actúan por primera vez en Los conciertos de Retroalimentación tras ser junto a Chicharrón el disco del año. También tiran d ella psicodelia, pero desde una perspectiva más pop y mágica. Actuarán junto a Elvis Negro, que saldan la deuda que tenían con nosotros tras caerse en diciembre. Presentan su brumoso primer trabajo

-OS AMIGOS DOS MÚSICOS (Mardi Gras, 30 de abril, precio por confirmar). Si el año pasado fue Nacho Mora, este año soplamos las velas en el séptimo aniversario del blog con otros nuevo proyecto que debería explorar este año. Se trata de Os Amigos dos Músicos, recién fichados por el sello Gran Derby, y que trenzan un puente entre los sonidos tradicionales gallegos y el americana.

¿La peor gala de los Grammys de la historia?

Escrito por Javier Becerra
9 de febrero de 2015 a las 7:15h

¿La peor gala de la historia de los Grammy? A falta de haberlas visto todas, cabría decir que, cuando menos, está en el grupo de las más anodinas. Nada funcionó de verdad. Más de las mitad de las actuaciones resultaron olvidables, la gran estrella de la noche (Sam Smith) queda lejos de ser una verdadera estrella y el tono general destilaba, de continuo, una sensación de decepción. Ahí van diez notas escritas a toda velocidad al término de una gala para olvidar. Zzzzz Zzzzzz Zzzzz.

1. EL ADELE MASCULINO TRIUNFÓ. El ganador absoluto de la noche fue con Sam Smith. Tomó la plaza de Adele, con su soul británico de tez blanca y poderío vocal. Ganó cuatro de los seis premios a los que optaba, entre ellos el de la mejor canción por Stay With Me y a la grabación del año. Se marcó una versión orquestada de esta junto a Mary J. Blige. Seguro que la recordará toda la vida. Uno duda bastante que su carrera vaya más allá de este momento de gloria. Pero el tiempo dirá.

2. BEYONCÉ FUE LA GRAN PERDEDORA. Todo estaba preparado a para titulares del tipo “La gran noche de Beyoncé”. Pero no, patinó en todas las grandes categorías a las que optaba. Cuando Beck recogió el premio al mejor disco del año, le filmaron el rostro por si se le dibujaba la decepción. Incluso su interpretación final de Precious Lord, Take My Hand estuvo muy por debajo de lo que una artista como ella suele ofrecer en este tipo de situaciones. Un bluff total.

3. ABURRIMIENTO GENERAL. Salvo algún estallido puntual, la norma de la noche ha sido el aburrimiento. La primera parte en concreto resultó soporífera. Ver a la otrora chispeante Katy Perry en plan baladista de piano, a unos AC/DC sin fondo dándole al Highway To Hell o Adam Levine & Gwen Stefani, interpretando My Heart Is Open del último disco de Maroon 5 sirvió para que más de uno se arrepintiese de forzar el sueño a golpe de café. Lo que vendría luego tampoco iba a ser para echar cohetes.

4. FENÓMENO INEXPLICABLE. ¿Alguien puede explicar lo de Ed Sheeran? Porque la cosa ya lleva unos años. Recibido como una de las grandes personalidades del rock contemporáneo, lo cierto es que cuesta encontrar algo en él que no sea la sosería más absoluta. Cantó Thinking Out Loud, junto con John Mayer. Luego estuvo con Jeff Lynne. Pero nada, no logra despertar ni la más mínima emoción.

5. DOS DÚOS QUE FUERON MÁS ALLÁ DEL BOSTEZO. Dentro de los muchísimos dúos soporíferos que sucedieron en la noche, cabe hacer un par de excepciones. Primero Take Me To Church, el single de Hozier interpretado con poderío al lado de Annie Lennox. Después atacarían el I Put a Spell on You de Screamin’ Jay Hawkins, levantando la alicaída velada. Poco después, serían Tony Bennett y Lady Gaga quienes interpretarían Cheek to Cheek, dando ambiente de fiesta, lujo y diamantes al funeral. La cantante bien podría reconsiderar su carrera, visto lo visto. Suyo fue el mejor momento de la noche.

6. ¿LA REINA DEL AÑO QUE VIENE? Rihanna apareció en la gala con un vestido inenarrable que agotó comentarios en las redes sociales. Pero luego, lideró ese trío de excepción que se ha marcado con Paul McCartney y Kanye West. Jugando con el negro sobre blanco, el single Four Five Seconds parecía advertir que ella va a ser la estrella de la próxima gala. Aventura nuevos tiempos en una de las estrellas pop del momento.

7. UN GESTO QUE LO DICE TODO. La cara de Beck cuando lo nombraron como autor del disco del año vale por mil palabras. Superando a Ed Sheeran, Beyoncé o Pharrell Williams, su Morning Phase se coló en una de las categorías estrella de los Grammys. El premio se lo dio un Prince recibido como una suerte de semi Dios por el público. También ganó al mejor album de rock. Y sí, el suyo, es un gran disco. Se marcó junto a Chris Martin de Coldplay el Heart Is A Drum, que no estuvo mal.

8. QUE TODO EL MUNDO SEPA QUE ESTOY AHÍ: Como es norma en ella, Madonna quiso hacerse ver desde el minuto uno. Apareció vestida de torera con las cachas al aire (tómese en el sentido literal). Dentro, se marcó una de las actuaciones más espectaculares de la noche con Living For Love, una suerte de góspel taurino difícilmente descriptible con salida por los aires de la cantante. Habrá a quien le guste, seguro. Pero también quien piense que esta mujer hace ya tiempo que perdió su momento, su oportunidad y su inspiración.

9. Y ES QUE NI EL “HAPPY” FUNCIONÓ: Ya hay que tener ganas de estropear una pieza dan redonda como Happy, pero Pharrell Williams optó lo estrafalario, metiéndole unos arreglos “majestuosos” que no le pegaban ni con cola. Metiéndose en camisas de once varas reventó un temazo de manera totalmente absurda.

10. TOQUE SOCIAL. Si el año pasado fue una apelación al ama como quieras, esta vez tocó concienciar sobre la violencia sobre las mujeres dentro de la pareja. El presidente Obama salió a mitad de la gala por vídeo y una mujer víctima de esos abusos contó su experiencia.

Ismael Serrano: “Si admirabas a Aute eras un anacrónico, pero si te gustaba Cohen te convertías en alguien cool”

Escrito por Javier Becerra
4 de febrero de 2015 a las 13:14h

La semana pasada estuvo Ismael Serrano en A Coruña para presentar su nuevo disco, La llamada. En la entrevista previa a la actuación, surgieron muchas de las cosas que andan flotando en el pop nacional en los últimos meses sobre la política, la anglofilia, el desprecio a la canción social desde la crítica y demás aspectos que ha agitado el libro de Víctor Lenore Indies, hipsters y gafapastas. La charla se estiró hasta los 40 minutos y, lógicamente, no se pudo reproducir íntegra en el suplemento Fugas. Aquí la recupero en su totalidad.

-¿Pretendía darle un giro a su carrera con un disco tan lleno de ritmos latinos y alegría?

-Bueno, me gusta la música tradicional latinoamericana. Son canciones que he compuesto de manera diferente, en tanto en cuanto he partido del ritmo para establecer los cimientos de la canción. Muy a menudo las canciones se construyen desde la armonía, para alguien que toca la guitarra. A mí me apetecía cambiar la mirada. Acudí a la tradición musical que yo siento más cercana y que me parece que tiene más potencia desde el punto de vista rítmico, que es Latinoamérica. Allí confluye la cultura que viene de España con la africana, que da un acerbo muy diferente. También está ese carácter de celebración, espontáneo y popular que tiene el folclore, que es un género vivo en Latinoamérica. En España el folclorista es un arqueólogo. Allí no. Allí está presente en el día a día, en la vida, en lo contidiano.

-¿Sugiere que en el pasado la cultura pop española dio carpetazo a la tradición dejándose embaucar por lo anglosajón?

-En cierto modo hemos renunciado a ciertas señas de identidad en algún punto, pero eso ocurre en muchos otros ámbitos de la cultura. La música anglosajona impuso su dominio en las radiofórmulas. En Latinoamérica se ha resistido y sigue esa presencia de lo tradicional. Allí no se ha homogeneizdo todo de este modo tan rotundo. A lo mejor es que no ha permeado y han resistido porque no han sido objeto de mercado. No han sido tenidos tanto en cuenta como consumidores, para imponer una visión hegemónica de la cultura, igual que ha ocurrido con los discursos políticos y otras cosas.

-En España, dentro del pop y el rock, semeja que hay un cierto esfuerzo desde hace unos años de volver a las raíces y hacer más propio el discurso. ¿Cómo lo ve usted?

-Yo creo que hay un cambio de posición en muchos aspectos y también llegan a lo musical. Se trata de dejar de lado ciertos prejuicios elitistas que pretendían excluir otras opciones musicales. Si tú admirabas a Luis Eduardo Aute te convertían en un anacrónico y, sin embargo, si decías que tus referencias eran Bob Dylan, Joni Mitchel o Leonard Cohen, te convertías en alguien cool, que molaba. Se daba un perjuicio elitista que, en el fondo, estaba totalmente marcado por el consumismo y el mainstream hegemónico que impone esa estética musical. Pasa lo mismo con un cierto esteticismo que hasta ahora, no solamente renunciaba a ser explícitamente político en la música, sino que despreciaba y excluía a quienes sí lo hacían y los modos de expresión que conllevaban una postura política. Esa división se está quebrando. Hay una mirada cada vez más desprejuiciada. Ciertas poses estéticas responden a elitismos que no tienen ningún sentido y no nos permiten disfrutar de la música con la plenitud que se merece.

-Este punto de vista coincide mucho en el libro de Víctor Lenore. Da la sensación de que para muchos existe una especie de salida del armario política, que ha dejado de ser algo vergonzante plasmar eso en las letras. ¿Lo ve usted así?

-A mi modo de ver, el escapismo permanente como único discurso sustenta el sistema y el modelo económico que nos ha traído a este lugar, a esta crisis terrible. Nos hemos dado cuenta cuando nos encontramos acorralados. ¿Dónde estábamos durante estos años? ¿Los músicos hemos estado a la altura? ¿Cómo no nos dimos cuenta de todo esto? Aún así, no sé si estamos a la altura de las circunstancias. Yo no digo que todas las canciones tengan que estar comprometidas políticamente. De hecho, la mayor parte de mis canciones no lo son. La mayoría de mis canciones son de amor, pero yo le canto a lo que me emociona. A veces me emociona una situación política y surge una canción con esa emoción y mi postura ideológica. No digo que todo tenga que ser así, pero si hay temas con este corte, bienvenidos sean. Yo creo que todo ese rechazo a lo político tiene que ver mucho con esa postura de posmodernismo mal entendido que tiene mucho de pose. Son rupturas que, lejos de plantear nuevos modelos, favorecen el actual. Son rupturas amables con el sistema, que solo llegan a lo estético y que nos desarman, porque atomizan de alguna manera la sociedad. Por eso yo quería darle a este disco un carácter de celebración y de lugar de encuentro, más allá de los prejuicios. El folclore tiene eso. Por ejemplo, desde el baile. He tratado de hacer una bachata a mi manera.

-Generalmente cuando se habla de música política se tiene a pensar con algo serio o solemne. ¿Lo ha pretendido evitar ahora?

-Bueno, es cierto que a veces cuando uno se ve a sí mismo ve eso, algo muy serio y con una gran solemnidad. Aunque veces creo que hay que serlo. De hecho, este disco lo tiene en algún momento. Pero sí que es cierto que, en general, he intentado alejarme de esa solemnidad que te aleja un poco del prójimo. Quería darle un carácter de celebración, en el sentido de establecer los vínculos necesarios. La pérdida de solemnidad te lleva a eso: levantar la mirada y reivindicar el derecho a la alegría, que no nos arrebaten eso. Yo creo que he pecado de eso, de ese gesto circunspecto. Cierto sectores de la izquierda han anquilosado el lenguaje. Yo quería huir de ese anquilosamiento porque no me sentía cómodo.

-Muchas veces el pop es un caramelo que uno se toma al salir del trabajo. Pones la radio, suena Rihanna, te olvidas de todo y te dedicas a disfrutar de la música sin más. Con todas estas nuevas lecturas políticas sobre la música parece que esto se ha convertido en algo negativo o despreciable. ¿Tiene que serlo?

-Yo creo que no, tampoco nos tenemos que pasar de frenada. La música también es evasión, igual que la literatura es evasión. Todos lo necesitamos de vez en cuando. Lo que denuncio es que se convierta en un discurso hegemónico. Defiendo en la pluralidad y pido que desaparezcan ciertos perjuicios y exclusiones absurdas. Pero en todas las direcciones. Si no, volveríamos al mismo discurso. Me parece legítimo que haya una música para la evasión, para olvidarte y para divertirte. Pero también hay un momento para la reflexión, para sentarse y analizar. Me parece terrible, que se imponga como un discurso hegemónico y excluyente en plan, si no eres de una determinada manera, eres una mierda, eres aburrido, eres un anacronismo y no perteneces al tiempo que vives. Ese escapismo iba a compañado de un discurso totalmente reaccionario.

-Pienso que esa hegemonía de la que habla Lenore y usted es exagerada. Cuando yo estaba en la Universidad en los noventa me costaba encontrar a fans de Family o Migala. Sí conocía a mucha gente que, huyendo de lo “comercial”, escuchaba a Extremoduro, a Negu Gorriak, Albert Plá o a usted. Todos con toque politico, por cierto.

-Sí, yo no hablo de lo que oye la gente, sino lo que promueve la crítica musical en muchos aspectos.

-Una de las cosas que suele hacer la crítica musical y, a veces, también el público es pedir un extra de compromiso y coherencia a quienes se atreven a dar un paso al frente. ¿Qué le parece?

-Yo le exijo coherencia a todo el mundo, aunque nuestra vida está llena de contradicciones. Lo de las vidas ejemplares de santos supongo que no existen.Yo trato de ser coherente. Es el modo que tengo de corresponder a la fidelidad de mi público. Uno lo es en la medida en la que puede. Hay que ser coherente, pero a veces eso llevado al extremo nos llevaría a vivir una vida al margen del sistema. El purismo, por así decirlo, me parece un poco fundamentalista e innecesario. Yo caeré en contradicciones como todo el mundo que vive estos tiempos. Pero hay que ver cómo te enfrentas a ellas, cómo las combates, cómo las intentas compensar. Tampoco hay que erigir al músico a la categoría de adalid ejemplar, sino como un trabajador de la música que trata de sobrevivir como puede en un contexto dificil. Vivir al margen del sistema, te convertiría en un inadaptado.

-En los ambientes de izquierdas siempre hay quien quiere ir un poco más allá, reprochando al que no lo hace. Usted, que graba en multinacionales y ha sido promocionado en radiofórmulas, seguro que ha tenido esos reproches.

-En la izquierda hay una tradición en la que para reafirmar en público las convicciones delante de la gente hay quien entiende que hay que poner en duda las convicciones y el compromiso ajeno. Es como si eso te reafirmara en tu pureza. Esa vocación de vigilante, de ser una especie de compromisario político viene a ser típico de gente que tiene dudas y quiere reafirmarse. Hay que asumir con naturalidad las relaciones. Yo valoro mucho la naturalidad, también en política. Me gusta la gente que habla más allá de la pose, del discurso fingido y de esa solemnidad de la que hablábamos antes. Hay que evitar juzgar a la gente con un rigor que no empleamos con nosotros mismos. Señalar está muy feo. Es la vieja tradición de la izquierda de un piolet, de tener uno preparado porque eso te te reafirma. Es un vicio estalinista y un gusto por la purga. No es solo de la izquierda. Si te fijas Twitter tiene ese elemento de alimentar la pulsión linchadora.

-En los noventa cuando fue el bum de los cantautores se les llegó a criticar en el sentido que se había instaurado una especie de fórmula comercial. Un tipo, con su guitarra acústica haciendo canciones casi como un cliché: una del ecologismo, una antimilitarista, otra contra los políticos, etc… Ahora la política vuelve a estar en el imaginario pop y ya hay sospechas de que se puede caer en lo mismo. ¿Hay riesgo?

-¿Qué caemos en lo mismo como si fuera una obligación? Buff, eso es muy delicado porque entramos en los juicios de intenciones y quiénes somos para ello. Supongo que sí, que habrá quien lo haga por pose, otros mirarán al mercado…pero es que eso ocurre en todo. Yo creo que la gente percibe la honestidad, sobre todo en las carreras largas. Yo es lo que más valoro, que la música surja del diálogo que tiene el artista consigo mismo. Otra cosa son las poses, que son pura pretensión, hechas en lo que se debe decir y no lo que se quiere decir. A largo plazo se percibe. Este modelo de consumo voraz tiene la capacidad de convertir en objeto de consumo cualquier actitud revolucionaria: lo fagocita y lo incorpora al mercado. Desarticula cualquier opción de cambio, lo incorpora al mercado y lo convierte en un objeto de usar y tirar. Eso lo vivimos los músicos. Te preguntas hasta qué punto tu música trasciende y hasta qué punto se convierte en un engranaje más del usar y tirar. Esa pregunta me la hago yo, aún partiendo de unas buenas intenciones. ¿Sirve la música para algo? ¿Logra sortear las trampas que pone el sistema?

-Hace poco entrevisté a Nacho Vegas y me decía que tenía un conflicto respecto a cobrar más de 20 euros en un concierto, ya que dejaba fuera a mucha gente que no lo podía pagar. ¿Usted tiene también estos conflictos?

-Claro. Permanentemente y más ahora, como está la música. Fíjate que nosotros pagamos el 21%, que muchas veces es el margen de beneficio que te queda. Hay que pagar músicos, técnicos, teatro… En esos debates estás constantemente. Hasta qué punto puedes controlar eso. Todo es muy complicado. A esas preguntas se enfrenta diariamente cualquiera que tenga unas convicciones ideológicas, pero en el día a día: comprar una cosa u otra, participar o no del sistema, qué hacer o no. Tampoco hay que dramatizar. A veces se sobrevalora la sensibilidad del músico, porque los problemas a los que se enfrenta son los mismos a los que se enfrentan miles de trabajadores y autónomos.

-A veces me planteao cuando veo a músicos opinando de política, obviamente porque le preguntan, por qué se le ha dado un valor extra. ¿Por qué vale más la opinión de un músico que la de un carpintero? Lo digo a modo de autocrítica, que conste.

-Estoy totalmente de acuerdo. Yo respondo a lo que me preguntan y cómo puedo. A veces te dices a ti mismo:«Estoy hablando de cosas sobre las que no tengo un nivel de conocimientos para sentar cátedra». Pero, por otro lado, a mí me jode cortarme en ese sentido y tenemos que callar una opinión que doy con honestidad y respeto. Por eso digo que se le presupone una sensibilidad y una capacidad de análisis al músico que a lo mejor no tiene. De todos modos, yo tengo que reconocer que como oyente, cuando leo una entrevista de artistas a los que admiro, como por ejemplo Silvio Rodríguez, quiero saber qué opina de Cuba. Pero es la verdad que muy a menudo está sobrevalorado.

-¿Ahora con esta nueva oleada de música explicitamente política no le entran las ganas de decir «¡Hey, yo ya estaba antes!»?

-No, para nada. A mí me parece muy bien que la gente haga canciones con contenido político. Hace poco yo escribí sobre La ratonera de Amaral. Más allá de las consideraciones que uno pueda hacer respecto a la canción, si te gusta o no te gusta, decir que es oportunismo no me parece bien. Para mí el oportunismo es estar callado. A mí los sectarimos en todos los aspectos de la vida me parecen absurdos. Yo, si le reprocho algo a la izquierda tradicional, es que no haya tenido vocación ganadora, de saber sumar sin poner a prueba permanentemente las convicciones de otros. Parece que haya un examen de militancia permanenete. Si de repente eres capaz de emocionarte con lo que ocurre a tu alrededor y lo que lees en el periódico es que has ganado en sensibilidad. Eso me parece muy positivo.

-¿Cómo se sentía hace años cuando hacía la música que hacía y, alrededor, esto era una fiesta permanente en la que la gente no quería escuchar un discurso como el suyo?

-Bueno, siempre ha habido gente que ha demandado este tipo de música. Eso para empezar. Luego, soy consciente de que no le tengo que gustar a todo el mundo. A mí me apetece sumar público, pero de ahí a gustarle a todo el mundo, no. La gente que pretende eso es que no tiene identidad ninguna. Entonces lo entendía, pero sí me parecía hiriente ese desprecio injustificado que había. Era una corriente que despreciaba no a mí, sino a toda una tradición musical en la que pagaron justos por pecadores. Hay músicos que fueron retirados de malas maneras, gente que se ha jugado el tipo y que, de repente, “bah, esos son los cantautores”. Ahora, cuando Podemos recupera la estaca, ya hay gente que lo está diciendo:« Ya están los cantautores, esos ya están amortizados, son cultura de la transición». No es así. Mucha gente de esa se jugó la vida, se tuvo que ir al exilio y pasaron por la cárcel. Me parece terriblemente injusto, provinciano y cateto ese desprecio absurdo. A mí me parece envidiable ver como Bruce Springsteen hace con toda naturalidad un disco con canciones de Pete Seeger, que militó en el Partido Comunista y fue perseguido por la Caza de Brujas. O reivindicar a Woody Guthrie que es, para mí, el paradigma del cantautor moderno. A los estadounidenses se les podrá reprochar lo que se quiera, pero no tienen entre los músicos tantos prejuicios y son capaces de ello.

-A medianos de los noventa Los Planetas sacaron una canción, “Vuelve la canción protesta”, que ironizaba con su generación. ¿La conoce?

-Sí, claro que la conozco.

-¿Qué le parece?

-Pues está claro, es a lo que me refería antes: un desprecio injustificado por así decirlo. Para mí es algo inentendible. Entiendo que no le tengo que gustar a todo el mundo y entiendo que a ellos no les gustará lo que yo hago. ¿Qué se le va a hacer?

-Noto en el tono del disco y también en el de la entrevista una influencia muy grande del 15-M. ¿La admite?

-Sí, el 15-M fue el resultado de muchas cosas. Es cierto que fue algo inesperado con toda aquella efervescencia y la magnitud de lo que ocurrió y su capacidad de sensibilizar a mucha gente diferente. Tenía esa vocación de sumar de la que hablábamos antes. Tenía algo que también tienen todos estos nuevos partidos políticos que surgen. Mucha de la gente que esta ahí llevaba militando en el activismo mucho tiempo. Gente que estaba en las huelgas generales, que se había manifestado contra la Guerra o que venía del sindicalismo más radical, en el buen sentido de la palabra. Digamos que, cuando uno, ve el 15-M se siente parte de el de manera instantánea.

-Habrá quien diga que malos tiempos sociales mejores tiempos para los cantautores. ¿Lo nota?

-No lo sé. Podríamos entender también que mis disco es cojonudo [risas], que no solo se debe al momento social y político. Puede que sea que mi disco no esté tan mal. Yo creo que es lo mejor que he hecho hasta ahora. Disculpa la vanidad.

-No lo digo por su calidad, sino por la oportunidad. A lo mejor hay más ganas de escuchar un disco como este ahora que hace diez años.

-Seguramente. Hay una búsqueda, sobre todo de gente muy joven. Una cosa muy buena que tenía el 15-M es que se acercaba gente muy joven, que antes no solo había pasado de eso, sino que sentía verdadero rechazo. A lo mejor alguna de esa gente se siente interpelado

-Cosas como «Que el miedo cambie de bando» son muy de este tiempo.

-Sí, tienes razón.

A Veces Ciclón y Apenino salieron del escondite

Escrito por Javier Becerra
1 de febrero de 2015 a las 5:25h

Dos ejemplos del pop escondido nacional (y gallego) se dieron cita en Los conciertos de Retroalimentación. Primero, A Veces Ciclón, con sus susurros, sus círculos y sus canciones que crean ambientes que atrapan. Después, Apenino, tirando del hilo electrónico y convirtiéndolo en algo con latido, respiración y temblor. Ambos cruzaron una equis en en una casilla que llevaba ya tiempo queriéndose tachar. Lástima que a unos pocos se les fuese la incontinencia verbal en la segunda parte del recital de Apenino frustrando la experiencia. Al final, tras varios “Shhhhhhhhhhh”, Marco recuperó El Mapa y logró restablecer la conexión pura y sin interferencias.

Una vez más, dar las gracias a quienes respaldan con su entrada estos conciertos, a la Casa Tomada por acogerlos y a los grupos por decir sí a nuestra propuesta. En estos momentos estamos cerrando los últimos detalles de la programación de aquí a junio. Seguramente os va a encantar a muchos. Os esperamos. Pero, por favor, en silencio.

Apenino: «Uso el gallego por algo personal, no porque haya unas ayudas, como pasó en su momento»

Escrito por Javier Becerra
30 de enero de 2015 a las 22:32h

Es un placer tener en Los conciertos de Retroalimentación a Apenino. Ya en los tiempos del Feedback-zine, Dar Ful Ful, el anterior grupo de Marco Maril, se convirtió en una de las formaciones de referencia de la web. Intentando de todas las maneras que tocasen en A Coruña. Pero no pudo ser: se disolvieron antes de llevar a cabo este recital. Nos desquitamos luego con Apenino, el proyecto en solitario de Marco. Con la edición de Bumerán, bumerán le organizamos una pequeña gira en A Coruña y Ourense. Por ello es toda una alegría recuperarlo con un disco tan bonito como Viravolta, una especie de «todo sigue siendo lo mismo pero muy diferente» con el que Marco sigue instalado en esa estrella de la constelación del pop tan especial. Mañana estará con nosotros (sábado 31, Casa Tomada, 20.30 horas, 5 euros) en el doble cartel que lo trae con A Veces Ciclón. Y va a ser una noche deliciosa.


-Se estrena con el gallego. ¿Le pregunto por el motivo o mejor por qué ha tardado tanto en hacerlo?

-Surgió de forma natural, pero sí, la pregunta que me hago ahora es por qué no lo utilicé antes. Veo que el resultado me gusta mucho y supongo que había muchos prejuicios en general con el uso del idioma gallego en el pop. Aparte de ser un idioma muy musical y poético, está el hecho de que emplear un idioma propio le da un componente más personalizado a lo que haces. Yo uso el gallego. En mi casa mis padres hablan en gallego, aunque luego con nosotros hablaban en castellano. Soy de esa generación un poco extraña. Luego ves que lo hablan tus padres y tus abuelos y empiezas tú a utilizarlo.

-No es el único. Por ejemplo, el último caso es el de Chicharrón, que también van a cambiarse de idioma. Parece una tendencia más natural que otros intentos anteriores, más promovidos políticamente.

-Cada uno tendrá las intenciones que tenga. Yo lo desconozco. Políticamente, siempre resalto que yo no me considero una persona nacionalista. El uso que hago yo del gallego no es político, aunque sí que parte del sentido de que, en estos momentos en los que hay un poco de oscuridad del idioma por el poco cuidado que se está teniendo por parte de los gobernantes, sí que quería poner mi granito de arena. Pero eso no tienen nada que ver con una ideología nacionalista, ni española ni gallega. Yo creo que la libertad de los pueblos, en la libertad de fronteras.

-No me refería a eso. Pensaba en cosas como la TVG en los noventa con la música

-Sí, son movimiento que parte de darle un contenido nacionalista a la cultura.

-Bueno, nacionalista, nacionalista, no creo. Gobernaba el PP…

-Sí, pero los argumentos que se usan buscan ese tipo de intenciones. A mí no me gustan.

-De todos modos, la suya me sigue pareciendo una postura política aunque no la haga un político. ¿No cree?

-Sí, pero mi uso del gallego es algo personal, no porque haya unas ayudas, como pasó en su momento. Yo cuando tuve el sello Splat me ocurrió. Me decían “¿Por qué no pones una canción en gallego y así podéis conseguir que os subvencionen el disco?”. Y yo pensaba: no voy hacer nunca una canción en gallego por eso. Y sí que había muchos grupos que hacían canciones en gallego por ese motivo. Por ejemplo, en las grabaciones que se hacían en la Radio Galega te exigían tener como mínimo un tema en gallego y te graban el disco gratis. En su día a mí, por ejemplo, me llamaron para tocar en el Curturgal. Cuando estaba todo cerrado me llaman y me dicen “Mira, es que nos dimos cuenta de que no tienes repertorio en gallego”. Curiosamente, en ese mismo Curturgal tocaba Nacho Vegas que, que yo sepa, no canta en gallego. Cuando era la época del Bipartito se daba esa paradoja: se promocionaba un grupo de fuera pero de dentro, si no cantabas en gallego, no te contrataban ni te daban bola. Son cosas que no tienen sentido.

-Llevaba mucho tiempo sin sacar un disco grande. Seguro que hubo gente que pensó que Apenino era ya parte del pasado. ¿Estuvo en riesgo en algún momento el proyecto?

-No, la verdad es que no. En estos años en los que parece que no he hecho nada la verdad es que he hecho un montón de cosas. Lo que sucede es que no han trascendido tanto como la salida de un disco. Saqué varios singles, hice colaboraciones con Rafael Romero y Mónica Vacas, hice cosas de diseño sonoro… Lo que pasaba es que no tocaba en directo, porque el trabajo no me lo permitía. Ahora soy más activo, pero siempre estaba en mi estudio trabajando.

-Pese a que supuestamente Internet lo había cambiado todo, lo cierto es que los ciclos de los músicos pop los continúa marcando los elepés.

-Sí, es sorprendente, en eso no ha cambiado nada. Yo no estuve desaparecido, lo que pasa es que aparecía de otro modo.

-Si hacemos un puente desde “Un rayo de sol” hasta “Viravolta” lo cierto es que continúa ese sonido electrónico marca de la casa. ¿Hay un canon ya definido en Apenino?

-Bueno, en los singles hubo canciones más acústicas, con ukeleles y esas cosas, pero ahora tiendo cada vez más a lo electrónico. En este disco esa huida hacia lo artificial es muy evidente y premeditada. Prácticamente, no hay elementos acústicos. Los ukeleles que hay son eléctricos y no llevan el peso de las canciones. Estoy muy cómodo en ese formato.

-Antes usaba una mandolina eléctrica, ahora un ukelele. ¿Tendencia a lo pequeñito?

-[risas] Sí, siempre me gustan las cosas pequeñas. Tiendo siempre a ello. Si encuentro un aparato más pequeños siempre acabo por ahí. En lo analógico, especialmente. El sonido de las cosas pequeñas me atrae mucho más.

-Es un poco paradójico que haga este disco pensando en que va a tener un apoyo amplio de directo y que, al mismo tiempo, sea tan de estudio.

-Sí, en directo cambia mucho. En general me interesa que varíe bastante. Cuando voy con el proyecto de banda, con Linda Guilala aún tiene algo de relación con el disco. Pero cuando hago yo conciertos solo, cambia mucho más. Pienso que antes existía un poco de ese complejo de ir a un concierto y, si no te encontrabas lo mismo que en el disco, protestabas. Ahora veo que es diferente. Vas a un concierto y casi esperas que la persona haga algo distinto. Creo que es bonito.

-Usted con el directo siempre mantuvo una relación incómoda, ya desde la época de Dar Ful Ful. Le vi en el Festival Microscopico mucho más feliz. ¿Ya ha encontrado su sitio?

-Sí, esa evolución la noto. En su día llegaba a ponerme físicamente enfermo cada vez que tenía que tocar. En unos conciertos que tuve de la época de Bumerán, bumerán llegué incluso a perder la capacidad de caminar. Todo estaba asociado al estrés. Tenía muchos problemas, me emparanoyaba mucho. Para mí era casi enfrentarme a un abismo. Con los años he aprendido a quitarme un poco ese miedo y ahora puedo incluso decir que lo disfruto. Lo paso bien.

-El disco arranca con una mirada a Lois Pereiro y un guiño a Alan Vega y Suicide.

-Sí, escuchaba mucho a Suicide en esa época. Y sí que hay un guiño a ese sonido, no tanto en lo estructural, pero sí en la sencillez de arreglos y sonidos que se utilizan. Quizá tenga más que ver con Alan Vega, cuyo trabajos en solitario también me gustan mucho. Quería casar esos dos mundos.

-Me cuesta “casarlo” con esos dos personajes de vidas tan oscuras, al límite y roqueros. Le veo más amable, más pop, más reposado.

-También tengo mi lado oscuro. En mis gustos el espectro es súper amplio. No lo veo tan alejado. De hecho, Lois sí que era un poeta oscuro, pero yo tengo coincidido con él en conciertos de lo más variado. Muchos de mis artistas favoritos tienen ese punto trágico. Siempre me ha atraído eso, aunque yo sea de otro modo.

-Alguna vez he pensado como fan que “uso” a los artistas, como que ellos viven las experiencias que yo no puedo vivir. Moralmente me ha hecho pensar alguna vez sobre la perversión que se puede tener como oyente.

-Al final todo es jugar con la fantasía. Tanto la música como la literatura o cualquier tío de arte, muchas veces es acercarte a espacios o ambientes en los que tú nunca entrarías por tu rutina diaria o por ciertas formas de vida. Pero, a lo mejor, las disfrutas porque te son ajenas y muchas veces lo ajeno te hace sentirte atraído. Yo siempre digo que en aquella generación de Lois, donde tantos cayeron en la droga, no sé hasta qué punto si hubiéramos vivido ahí hubiéramos también caído en ese tipo de mundo. Seguramente. Eran gente como nosotros, inquieta en los musical, lo poético y lo cultural.

-El periodista David Saavedra escribió una nota promocional del disco en la que destaca como una característica global suya “el nudismo a la ahora de afrontar la canción”, en referencia a lo mucho que se expone en las canciones. Esta vez, sin embargo, da la sensación de que está buscando más fuera que dentro. ¿Hay un cambio?

-Pues sí, es mi disco menos autobiográfico. Hablo poco de mí y luego acudo a Lois, a Xulia Alonso,… Acudo a cosas ajenas. De todos modos, quizá hablo menos de mí, pero creo que se me puede conocer mejor a través de este disco porque doy mi punto de vista sobre esos temas. Por ejemplo, en las canciones más sociales, tocaba otro tipo de exploración, no tan íntima y sí más colectiva.

-En ese sentido hay un impulso generalizado en el indie de afrontar esas temáticas que si salían en el heavy, en el hip-hop o en la música de autor.

-Es que antes estábamos adormecidos. La situación era mejor que ahora.

-Entonces la gente estaba intentando no ser mileurista.

-Tampoco era para echar cohetes, pero lo de ahora es dramática en lo económico, en lo social, en todo. Hay muy poca visión de futuro. Son años muy oscuros. Antes no lo vivíamos de esta forma. Ahora está tan latente en tu vida y en la de los demás que resulta imposible no hablar de eso.

-¿En ese sentido no hay, como en el caso del gallego, la pregunta de por qué no se hizo antes? Se lo pregunto en particular y en general.

-En mi caso no me pedía hablar de eso, pese a ser una persona muy crítica, muy de izquierdas y muy interesado en la política. De hecho, estudié Ciencias Políticas. Sin embargo, ese tipo de temas nunca me atrajeron para la música.

-¿Cuándo se rompe esa separación?

-La situación. Si de repente aquí todo el mundo viviera bien y existiera un respeto a la dignidad social de cada uno, pues probablemente habría que tratar distintos temas. Pero, por ejemplo, La estafa social responde a ese sensación de vivir en un momento de estafa total, de caradura de la gente que gobierna. En su día no la viví. Ahora sí, y no puedo evitar hablar y denunciar ese tipo de coas.

-Luego hay otra, titulada “Opresión” en la que no sé si juega con la metáfora de una mujer maltratada o acentúa la crisis en la mujer. ¿A qué juega ahí?

-Ese tema es parte de un trabajo que hice con la artista Mónica Mura, que iba sobre la opresión social en el mundo de la mujer y de su papel en esta crisis. Se habla de violencia de género, de desahucios, de la violencia infantil… Pretendía hacer una pieza pop de una pieza larga instrumental que daba juego a las imágenes de Mónica. Me parece otro de los temas importantes que nunca somos capaces de superar socialmente. Por mucho que se hable del tema y por muchas medidas que se tomen, siguen apareciendo mujeres maltratadas y mujeres asesinadas.

-Una de las mejores noticias del disco es reencontrarse con la voz de Mónica Vacas (Mus). ¿Cómo logró incorporarla a Apenino?

-Fueron cosas del destino. Trabajé mucho con ella, por cosas que estaba haciendo con Rafael Romero y proyectos para Sinsal. Poco a poco fuimos entablando una conexión y, cuando preparaba la versión de La leyenda del tiempo de Camarón, veía que mi voz no funcionaba. Pensé en ella. Se lo propuse y, curiosamente, para ella esa era una canción muy especial porque le recordaba a su padre. Entonces, fue como una casualidad. Luego surgió Opresión y la cosa esta abierta a nuevas colaboraciones.

-¿Era usted fan de Mus?

-Sí, mucho. Me encanta su voz. Cuando empezó a cantar en los discos de Árbore que hicimos Rafa y yo, veíamos como las canciones que tú hacías las cantaba ella y adquirían un salto cualitativo impresionante. Escuchabas eso y te preguntabas: ¿pero cómo puede ser que esta mujer no esté cantando?

-¿Y qué tal hacer un disco completo cantado por ella?

-¡Ojalá! A mí cantar es lo que menos me gusta, y me encantaría. Ya veremos qué pasa.

-¿No da un poco de coraje versionear a Camarón de la Isla del modo que lo hace usted?

-Bueno, como todo lo que hago surge de una manera natural. Esa era una de mis canciones favoritas de todos los tiempos. Entre en el mundo de Camarón a través de Paco de Lucía, por el tema de la guitarra, que me interesaba mucho. Esta canción era como sagrada. Todo el mundo me decía ¿pero te vas a atrever? Pero a mí me gustan los retos. Y cuando haces algo sobre el que no buscas el rendimiento económico y el qué pensará la gente, te puedes permitir este tipo de lujos.

-Pues si a los puristas del flamenco ya no les gustó lo de Los Planetas, no quiero pensar qué pasará con este.

-Bueno, cada cual lo ve cómo lo ve. No está hecho con la intención de herir a nadie ni provocar, sino todo lo contrario: es respeto absoluto y admiración total.

A Veces Ciclón: «Ojalá me saliera música como la de Delorean, rular por el mundo y poder vivir de ello»

Escrito por Javier Becerra
28 de enero de 2015 a las 16:09h

Se nos habían escurrido en anteriores ocasiones, pero esta vez A Veces Ciclón actuarán dentro de Los conciertos de Retroalimentación. Vienen con las sensaciones frescas de la grabación de su segundo disco, registrado esta misma semana a las órdenes de Rafa de Jr. Una vez más Óscar Vilariño, Xavi Muñoz y Marcos Junquera se perderán en la quietud de esas canciones que están ahí, en uno de los caminos secundarios del pop español que apenas tiene señalizaciones en el mapa global. Se trata de piezas circulares, que se recrean en sensaciones y logran la misma complicidad de un susurro. Herederos de grupos como Viva La Vegas, Mus o Jr, A Veces Ciclón insisten en la rareza, rechazan la obviedad y enamoran en cuando menos te lo esperas. Pruébalos este sábado en el concierto que darán junto a Apenino (Casa Tomada, 20.30 horas, 5 euros).

-¿Es cierto que el nombre del grupo tiene relación con Juan Pardo?

-[se ríe] Sí, es una frase que usa en la canción Bravo por la música, que es una canción bastante guay. Cuando estaba formando el grupo, escuchaba esa canción, porque periódicamente regreso a Juan Pardo y me dije “Hay que hacer eso”. Se lo propuse a Marcos y adelante.

-O sea, que es fan de Juan Pardo.

-Juan Pardo tiene temazos. A mí me gusta toda la música. Me gustan las canciones buenas y Juan Pardo tiene muchas.

-Empezamos bien. Supongo que un fan de A Veces Ciclón le constaría hacer algún tipo de relación con Juan Pardo.

-Bueno, a mí no me gusta la palabra ecléctico, porque es que un poco pedante, pero lo cierto es que yo escucho desde copla hasta doom. Me gusta la música, sin más.

-Al margen de ese eclecticismo, sí que se ve claramente una línea que les conecta con el sello en el que están. ¿Son hijos de lo que fue Acuarela en los noventa?

-Sí, aunque yo llegué tarde a esa música. Antes escuchaba cosas ruidosas, tipo Sonic Youth, que es mi grupo favorito. A raíz de descubrir a Mus, Viva Las Vegas o Jr me quedé atrapado. Coincidió que también empecé a escuchar americana, cosas de Giant Sand y me dio por una música más tranquila. Descubrí todo eso de golpe y sí que me considero muy influenciado por esa música. En los inicios me inspiraba mucho, por ejemplo, con Sr. Chinarro por esas letras surrealistas.

-Uno de los grupos que más les toca es Jr, una de las anomalías más inexplicables del pop patrio. Yo era muy fan de “127”. La primera persona que conocí que también le gustaba fue a usted. Para mis compañeros de piso en la universidad ese disco era lo peor.

-[se ríe] Yo también se lo ponían a todos mis amigos y todos ponían cara rara. A mí me parece una obra maestra. Me ha influido mucho. Soy bajista en origen y empecé a tocar la guitarra sin saber. Me inspiré en ese rollo super minimalista y el estilo me marco mucho. Aprendes a tocar con los discos que escuchas. Y ese lo escuché muchísimo

-Sus canciones giran y giran sobre esas estructuras sin que lleguen nunca a explotar. ¿No hay un momento en el que el cuerpo les pida una estampida?

-Sí, yo escucho música épica y todo lo que compongo me suena muy épico. Por ello, siempre tiendo a recortar. A veces sí que puede ser que peque de eso, pero estoy contento de cómo son las canciones y Xavi y Marcos siempre dicen que así están guays.

-No lo digo como un defecto, sino como una seña de identidad.

-Cuando empecé fue una limitación, lo reconozco. Pero luego me acomodé en eso, lo pulí un poco y ya no le di más vueltas. Me encuentro muy cómodo ahí.

-En sus letras no se percibe una intención de lanzar un mensaje muy nítido, sino recrearse en sensaciones. ¿Es así?

-Para mí sí que tienen mensaje, pero está oculto. Yo me tomo las letras de A Veces Ciclón como poemas. Muchos ya los tenía escritos antes y simplemente les puse música. Por ejemplo, Primavera es un poema que significa lo que significa. Otras tienen más intención. Pero la verdad es que no tengo un método para escribir. Yo no soy como Nacho vegas, que escribe y escribe y luego hace la música. Lo mío es mas de encajar sonidos y palabras, como una obra de ingeniería.

-Su hit entre comillas ha sido “Mi mejor”. ¿Es cierto que hubo censura en una cadena de televisión con él?

-Sí, aunque ellos lo niegan. Cuando Acuarela les mandó el vídeo a Sol Música les mandaron un mensaje de vuelta diciendo que no lo veían apropiado para emitirse. Luego dijeron que no, que era mentira. Pero bueno, no tengo ninguna noticia de que lo hayan emitido. Normalmente esos canales tienen programas especializados y ponen todo lo que se les manda. Supongo que lo censuraron por violento.

-Bueno, pasar de videoclip de Bustamante a esto le podría dar un shock al espectador, ¿no?

-No lo sé. A mí me parece mucho más violento cualquier video de un rapero con joyas, coches y tías en bolas que lo que pueda transmitir nuestro videoclip. Pero bueno, cada uno tiene sus valores morales. Es como si no quieres poner en la tele El Padrino, porque hay muertes en ella. Es ficción. No lo pillé bien.

-Su otro “hit” es “No”, para mí su mejor canción. La han dejado fuera del disco. ¿Por qué?

-Si, pero es que la grabación de este disco fue un poco rara. El grupo lo empezamos Marcos y yo. Luego se juntó Xavi, que era amigo de Marcos. Los tres fuimos a grabar unas maquetas a la Radio Galega. Xavi se sacó en un día y medio todos los bajos y teclados. La grabamos. Sonó tan bien que Xavi decidió quedarse en el grupo y los tres editarlo como disco. No fue planteado como tal, sino que queríamos registrar unos temas en una maqueta.

-Uno en A Coruña, otro en Valencia y otro en Castellón. ¿Cómo logran trabajar?

-Normalmente, yo compongo los temas enteros. Les mando cosas por Internet, para que me digan si las gusta y si seguimos por ahí. Luego, me cojo un avión me pongo en Valencia, estoy una semana y ensayamos. El problema es que no podemos hacer conciertos aislados, solo podemos hacer giras. Cuando toca una, le damos una vuelta a las cancione sy salimos a tocar. Las canciones son muy sencillitas, no necesitan muchos ensayos.

-Lleva en grupos indie la tira de tiempo. ¿No sabe vivir sin estar metido en algún tinglado musical?

-No, es así totalmente [risas]. Ahora estoy solo en dos grupos. Este y Musel, que sacará el disco esta primavera.

-¿Esa relación con la música es algo vital?

-Sí, creo que no pasa ni un solo día en el que no escuche música, no toque la guitarra o piense algo en música. La verdad es que estoy un poco obsesionado. Por lo menos, escucho música una o dos días al día. Es lo que más me gusta. Me encanta descubrir nuevos grupos, siempre estoy preguntando a la gente a ver qué está escuchando y explorando en Spotify que me encanta la opción de “grupos musicales”.

-Siempre tira hacia el underground. ¿Es una inclinación natural o responde a algún tipo de motivación política?

-No lo considero político, en absoluto, es solo estético. Es la música que me gusta y la que me sale. Ojalá me saliera música como pueden hacer Delorean y poder rular por el mundo y vivir de ello. Esos grupos me gustan, pero lo que más me gustan son otras cosas y, de ahí, sale lo que hago yo: cosas raras que no le gustan a casi nadie [risas]. Mi premisa es disfrutarla, no sacrificar ese disfrute.

-Y en un mundo perfecto en el que grupos como A Veces Ciclón tuviesen acceso masivo a los medios, ¿piensa que un tema como “Mi mejor” sería un hit?

-Yo tengo la teoría de que si a la gente le das lo mismo repetidas veces le acaba gustando. Mira la radiofórmula, por ejemplo. Hay cosas que están muy bien, pero hay otras que son basura. Tú escuchas a Melendi y es que no me entra en la cabeza que le pueda gustar a nadie. Son canciones feistas, totalmente desagradables de escuchar. Pero como están sonando todo el día acaban por gustarle a la gente. Yo creo que si los medios, los festivales y todos se preocuparan un poco más por diversificar sí que creo que grupos como el mío tendrían un poco más de posibilidades.

-No me refiero a “un poco más”, sino a triunfar. Yo pienso que un grupo como A Veces Ciclón aunque sea número 1 de los 40 Principales 24 horas al día no va a ser un grupo masivo como Bustamante.

-Bueno, eso es la metáfora más fácil. Yo me pienso en Rockedelux, Mondo Sonoro…

-Ya pero los grupos que son portada de esas revistas tampoco suenan en todas partes. Yo pienso en un hit como Nirvana. Sí que hay grupos como Lori Meyers que podrían, pero ustedes creo que necesitan un esfuerzo extra del oyente porque son más extraños y más innacesibles.

-Yo creo que si los festivales programaran más grupos undergound a la gente le gustaría más. Los festivales de tamaño medio usan el mismo cartel en todos los sitios. Se reproduce el mismo cartel en todos los pueblos de España. Es imposible que la gente menos especializada pueda conocerte. Luego hay honrosas excepciones como, por ejemplo, el festival Wos Inc que salió genial. Pero, por desgracia, la mayoría de los festivales no apuestan por otras cosas.

-Se refiere a ese indie-mainstream de Dorian, Lori Meyers, Love Of Lesbian…

-Hay grupos que tienen buenas canciones, pero otros están ahí a golpe de talonario. Es una cosa rara: la metodología más mainstream aplicada al undergound.

-Es tendencia ahora. Por ejemplo: Amaral, un grupo que viene del mainstream puro y duro y que se pretenden adaptar a la estética del undeground para colarse en el ese público. De todos modos yo pienso que a la gente le gustan esos grupos. A Supersubmarina la gente no va a verlos obligada y, por ejemplo, en A Coruña llenan una sala con entradas a más de 20 euros.

-Yo no digo obligación. Es otro mundo y otro tipo de público. El FIV de Villalba empzó sienod un festival que arriesgaba más y se ha convertido en lo mismo: Supersubmarina, Lori Meyers… el patrón de festival español. Es una pena que todo tienda hacia eso y que la gente no arriesgue. No tienes porque perder dinero, si no lo haces bien. Mira el WOS INC: arriesgó y petó. Había conciertos en los que la gente se quedaba fuera. Si crees en algo, lo trabajas y ese algo tiene calidad, va a funcionar. Pero si quieres tirar a lo fácil, pues tiras a lo fácil. Depende de los valores que tenga cada uno.

-Colabora en La Casa Tomada, un ejemplo más de una tendencia que existe ahora en Galicia: que el fan toma las riendas generando pequeños estallidos en toda Galicia. ¿Por qué está pasando eso?

-La gente se hartó. Hay una cosa muy extraña. Es muy difícil salir a tocar porque las salas, incluso las pequeñas, te cobran un alquiler por tocar. Yo no puedo entenderlo. Te dicen. “Es que es para pagar al técnico”. Y no, el técnico lo tiene que pagar la sala, no el grupo. Igual que le pagan al camarero, ni más ni menos. ¿Qué pasa? Que así se ahorran el trabajar el concierto. A nosotros nos pasó: hacer la promoción, mandar los carteles y llegar al concierto y ver que no había salido en prensa, que no se había puesto ni un cartel en la sala. No fue ni el tato y el de la sala nos decía que teníamos que pagar 50 euros por el técnico. Nos negamos a ello. Pero es que, por ahí adelante, hay salas que te piden 200 o 250 euros. ¿Como va a pagar un grupo de A Coruña a Vigo y tiene que pagar eso con qué vuelve? La gente harta de eso, se puso a crear una red de apoyo. El Liceo Mutante o la Casa Tomada están inspirados en Arrebato de Zaragoza o La Faena de Madrid. Es un circuito de garantía. Sabes que puedes ir a tocar por ahí, con gente que te va a tratar bien, que van a ser profesionales y que vas a ahorrar dinero. En Lugo hacía eso. Programaba a las bandas que me gustaban. Los metía a dormir en mi casa, les daba de cenar y ellos agradecidos. En la Casa Tomada es aún mejor, porque no hay que buscar sala.

-El problema es que todo eso depende de una especie de voluntariado. Que cuando la gente se canse de estar trabajando por amor al arte el proyecto corre peligro.

-Claro, por eso se busca que haya relevo. Mira yo. Llegué de Lugo y me ofrecí a colaborar. Me dijeron que sí y aquí estoy. A ver si se puede mantener en el tiempo.

-A Veces Ciclón están ya con la grabación de su segundo disco.

-Sí, en el concierto caerá alguna. El nuevo disco, en general, es bastante parecido al anterior. Incluirá ocho temas, lo sacaremos en vinilo y será muy similar. Quizá menos críptico, algo más arreglado, pero sin grandes variaciones.

-Lo que me da a entender es que son un grupo con fórmula, condenados a sonar siempre parecidos.

-No sé, somos tan pequeñitos que aún no lo sé. A ver el tercero que sale, a lo mejor nos planteamos un giro estilístico.

-Hablaba antes de que era un tipo muy abierto musicalmente. ¿Qué grupo del mainstream le atrae?

-Del actual no estoy nada puesto. No pongo la radio ni veo la tele. Pero de antes, yo muy de Ace Of Base. Fue mi grupo favorito. Sigo volviendo a él de vez en cuando. Fue el primer cedé que me compré, por supuesto en Portobello, y sigo volviendo a él de vez en cuando.

Diez discos que evidencian una edad de oro en el pop gallego

Escrito por Javier Becerra
19 de enero de 2015 a las 19:13h

Galicia brilla. No son pocas las publicaciones especializadas a nivel nacional que ya han dedicado reportajes sobre ello. Pero más allá de la palabrería, están los hechos. Aquí se encuentran: diez grandes discos editados en el 2014 (el orden no significa que unos sean mejores que otros), que podrían ser al menos otros diez más. Algunos, ya salieron en el resumen de lo mejor del año de este blog. Otros, al tratarse de minielepés, se habían quedado excluidos pese a su gran calidad. Y, ojo, que en el 2015 sacan disco Xoel López, Triángulo de Amor Bizarro, Disco Las Palmeras! y Os Amigos dos Músicos, entre otros.

1. CHICHARRÓN «Chicharrón». De las cenizas de Franc3s y Telephones Rouges surgió esta banda que ha grabado uno de los mejores discos del año. Tomando el punto hipnótico de Franc3s y dándole cuerpo acústico, el trío se embarca en un álbum conceptual sobre la muerte de Alberto Gende, diseñador carballés hermano de Diego Gende (guitarrista del grupo) y alma gemela de Alberto Martínez (cantante). El resultado pone la piel de gallina.

2. LUIS MORO «Cielo color Burdeos». Abrazado de igual modo a Bob Dylan que a Mark Lanegan, este escondido músico coruñés ha entregado con este minielepé su mejor trabajo hasta la fecha. Crujiente, frágil y atmosférico, su blues oscuro y humeante se extiende como una telaraña que atrapa al oyente. Una maravilla de un veterano en la sombra a descubrir más allá de su parroquia de fieles.

3. ARIES «Mermelada dorada». Aunque Isabel Fernández, la persona que trabaja tras este proyecto, sea vasca, ha desarrollado la totalidad de la carrera de Aries en Vigo. Desde allí gira y gira sobre círculos de psicodelia, trenza melodías de ensueño y logra enamorar con un puñado de canciones mágicas. Destacado en la mayoría de los listados del 2014 de la prensa especializada, este disco es una joya a sumar a su predecesor La magia bruta (2012).

4. SRASRSRA «Magia de muerte». En su segundo disco los coruñeses repiten fórmula: punk-pop hiperveloz servido en pequeñas cápsulas de, como mucho, un minuto y pico. Sin poder ya sorprender como hicieron en Puchao (2012), donde emergieron como una polémica bomba musical, sí que mantienen la tensión con otra nueva remesa de ese sonido bautizado en su día como un cruce entre Lightning Bolt y Eskorbuto. Ensuciándolo aún más, proclaman en C8 «No dejaría este sonido por ti». Es la declaración de principios de un grupo que continúa apostando por el minimalismo, la crudeza y la inmediatez.

5. ELVIS NEGRO «Estaba en llamas (El salvaje abandono». El nuevo proyecto del hiperactivo Edu Poch (Nouvelle Cuisine, Ocre) se sitúa en algún lugar intermedio entre Disco Inferno, El Desván del Macho, The Cure, Jesus and Mary Chain y Slowdive. Eso se traduce en un pop desapasionado sobre fondo ruidista, bases programadas y tendencia a la oscuridad. Mejorando a cada escucha, se trata de un disco que crecerá durante este año.

6. WILD BALBINA «Sisters Before Misters». Ya habían pinchado en los corazones indie-pop con el single Eat Tacos (2012) y el año pasado revalidaron el impacto con este minielepé. La receta es fácil: pop servido en fase primitiva al estilo de The Vaselines y Vivian Girls, con mucho desaliño e imagen reforzada. Entre retazos de surf-rock, garage y melodías hurtadas de los grupos de chicas de los sesenta, el conjunto propuesto por el trío vigués vence y convence.

7. APENINO «Viravolta». El ya veterano Marco Maril (integrante de Dar Ful Ful, para muchos el kilómetro cero del indie en Galicia) deja el formato single en el que se venía moviendo desde el 2007 y entrega un conmovedor minielepé. Con su pop electrónico y puntillista marca de la casa, se abraza ahora el gallego, introduce la desazón social en su discurso y hace una ocasional alianza de ensueño con la voz de Mónica Vacas (Mus) en dos de sus canciones. Una, la sorprendente versión de La Leyenda del tiempo de Camarón de la Isla, hace pensar en un proyecto mayor.

8. PUMA PUMKU «Is It In You?». El último tesoro de la burbujeante escena compostelana se encuentra en este trabajo. Recién editado por el sello Matapadre tras una exitosa campaña previa de crowfunding, en él se puede encontrar todo un paseo por la psicodelia de ascendencia sesentera, con el espíritu de Pink Floyd siempre presente y ocasionales guiños al kraut-rock. Con un material así, asombrarán en sus directos del 2015.

9. LINDA GUILALA «Xeristar». Una de las mejores canciones del año es Lo siento mucho. Insanamente adictiva, logra quedarse instalada en bucle en la mente del oyente que recrea sus estampidas guitarreras como quien siente un calambre. Es la bandera del decidido paso shoegazer de este trío vigués que le ha dado un afortunado baño de ruido al pop de Bucles infinitos (2009). Que tuviese continuidad este año en formato elepé sería una estupenda noticia.

10. DAVID QUINZÁN «El maestro de teatro». Músico de la banda de Xoel López durante la presentación de Atlántico (2012), David Quinzán se ha quedado con muchos de los efluvios de aquella pequeña obra maestra. Ya se notó en El vino de las despedidas (2013), que produjo el propio Xoel, y ahora lo refleja en un segundo disco delicioso. Sereno, como quien no quiere llamar la atención, deja un puñado de buenas canciones de un tipo normal cantando de cosas normales.

El último aliento de la vieja crítica musical

Escrito por Javier Becerra
9 de enero de 2015 a las 17:48h

Difícil lo tiene la crítica musical en los tiempos del trending topic y los lectores que, si ya les cuesta escuchar una canción entera, difícilmente pasarán de la tercera línea de una reseña. Ya ni siquiera se presta atención a las críticas de cinco líneas de suplemento de ocio. Hoy se estila la puntuación global del disco, tres pistas indicando «suena a…» y dos canciones recomendadas. No vaya a ser que alguien pierda un poco de su preciado tiempo degustando un álbum completo acompañado de un reportaje más o menos extenso.

En ese clima, una figura como Ignacio Juliá (Barcelona, 1956) aparece casi como bendita rareza llegada de otro tiempo. Sus textos —sabrosos, con sustancia e intermitentes tics literarios— invitan a abrazarse a otro modo de concebir este antipático oficio de escribir (no siempre bien) de la obra de otros. Quienes así lo deseen tienen aquí un recomendable volumen que recopila textos de su última etapa. Muchos son columnas de opinión de Ruta 66, la revista que fundó en los ochenta y que fue guía para muchos de los críticos actuales. También hay textos de Babelia, La Vanguardia, colaboraciones puntuales en libros o Rockdelux.

Arranca con el artículo con el que anunció en 2006 su medio siglo de vida. Y luego, deja que se sucedan Derribos Arias, Tom Waits, The Who, David Bowie, Suicide, Wilco y un amplio etcétera de héroes de la canción, que también incluye reseñas sobre cine y libros. Concluye con una preciosa semblanza de Lou Reed, realizada días después de su muerte en clave confesional. Antes de replantearse el sentido de su trabajo con una columna titulada sintomáticamente “Se acabó el chollo”. Deja así un poso melancólico y la certeza de que una era se termina sin remisión.

Todo invita a cambiar el título. Sí, quizá podría ser La crítica musical ya no es lo que era. En todo momento, el libro transmite la sensación de participar en el último aliento de una labor que se deshace ante la indiferencia y el rodillo del progreso. Como un copista observando cómo será apisonado por la imprenta, Juliá escribe de un modo de acercarse a la música, con sabor a tinta e intención de perdurabilidad, estrangulado por lo efímero y lo digital. Un digna derrota, en todo caso.

Los diez mejores discos nacionales del 2014

Escrito por Javier Becerra
29 de diciembre de 2014 a las 9:51h

Más allá de los nombres obligados que, en ocasiones, provocan grandes eclipses que impiden ver el todo, en buena parte el 2014 ha destacado en parte por los logros de los modestos. Sí, esos que desde su plataformas bandcamp y de sus ediciones limitadas, dejan a veces discos maravillosos. Dos de ellos, Aries y Chicharron, comparten un merecidísimo primer puesto en esta lista que los reivindica como hermosas y singulares flores en el jardín del pop nacional. Sobresalen en la producción de un año convulso en que la política semeja haberse ya instalado en muchos de los textos de los grupos (ahí está el caso de Nacho Vegas o Vetusta Morla) y donde siguen apareciendo plausibles reivindicaciones de las raíces tan logrados como el de María Rodés.

1. ARIES “Mermelada Dorada” (La Castanya) / CHICHARRÓN “Chicharrón” (Prenom). Vigo y Carballo respectivamente acogen las dos grandes joyas del pop nacional del 2014. La psicodelia almibarada de Aries, proyecto unipersonal de Isabel Fernández Reviriego (ex Charades, ex Electrobikinis), continúa la excelencia ya demostrada en Magia Bruta, su disco de debut. Infinito en matices y rico en influencias, lo dirige una monocorde voz de que habla de permanecer inmóvil y de irse, de la luz dorada que ilumina a ciertas personas y de las visiones del deseo. Por momentos, da la sensación de estar escuchando siempre la misma canción en un bucle infinito. Hasta que, después de dar la vuelta un par de veces, el oyente se sumerge bajo la capa uniforme. Ahí encuentra joyas como Moverme de aquí, En el sur o Migrañas, con melodías ondulantes, estribillos mágicos y chiribitas de belleza cayendo sobre ellas. Se trata de un disco y un estado de ánimo totalmente diferente al de Chicharrón, la banda carballesa formada por ex integrantes de Franc3s y Telephones Rouges. Dedicado en cuerpo y alma a la memoria del fallecido Alberto Gende (artista de Carballo, hermano de Diego Gende, guitarrista del grupo y hermano espiritual de Alberto Martínez, compositor y cantante) Chicharrón es un disco sobre los fantasmas de la pérdida y la necesidad de purgar el dolor que esta deja. Siempre con la sensibilidad a flor de piel. En él descansan los versos más conmovedores del año (“Siento que mi alma toca tu alma / Como el aliento helado de las estrellas / Como una mano toca otra mano / Antes de apretarla para siempre”) en un sonido acústico y espacioso, que se muestra frágil en sus formas pero termina llegando con un enorme poder.

2. VETUSTA MORLA “La Deriva” (Pequeño Salto Mortal). Después del monumental Mapas, los madrileños han optado por la confrontación en La deriva. Retrato certero del momento social actual, en él se reparten magníficas percusiones obsesivas, melodías intermitentes que podrían considerarse ya como marca de la casa y versos que hablan de rabia, desesperación, rostros enfurecidos y la necesidad de salir adelante. “Habrá que inventarse una salida / ya no hay timón en la deriva” , “Robaron las antenas, la miel de las colmenas/ no nos dejaron ni banderas que agitar” o “En la sala de espera desde otoño sin respiración / cada rostro es la cruz de un pastor sin rebaño” son algunos de las líneas que se reparten entre 12 piezas que derrochan talento y capacidad de sorpresa sonora permanente.

3. NACHO VEGAS “Resituación” (Marxophone). Seguramente Resituación sonará en la cabeza de muchos cuando, dentro de una década, se recuerde el 2014. En él Vegas se impregnó del espíritu del 15-M y trenzó un puñado de canciones que hablan sin muchos rodeos de víctimas de deshaucios que se tiran por la ventana, abusos policiales en manifestaciones y ciudadanos que se toman la justicia por su mano. Una en concreto, Runrún, se erigió no solo como un himno, sino como un punto y aparte en la carrera del asturiano que, al final, logra sacar algo de luz y esperanza en medio de este caos: «El miedo ha dejado de ser la actitud / suena en cada cabeza un hermoso run rún / nos quieren en soledad nos tendrán en común». Todo ello no debería tapar los valores musicales de un disco con grandes canciones como Luz de agosto en Gijón, Adolfo Suicide o Ciudad vampira que van más allá de su contexto.

4. PUMA PUMKU “Is It in You?” (Matapadre). La sorpresa del año llega desde Santiago. Allí funciona esta célula psicodélica que ha entregado un álbum de melodías maravillosas de aire sesentero vestidas con un traje totalmente perturbador. Desde Pink Floyd a Neu!, pasando por Tame Impala o The Beatles, este quinteto se ha aliado con Rodrigo Caamaño y Roberto Mallo (Triángulo de Amor Bizarro) a la producción logrando todo un caramelo para los oídos. Propone un viaje a lugares quizá ya explorados, pero que encanta volver a visitar de cuando en cuando. Ojalá los podamos ver en un directo que se antoja delicioso.

5. RUSSIAN RED “Agent Cooper” (Sony). Al margen de su decidida mirada a los años ochenta y su renovada imagen, lo bueno de Lourdes Fernandez es que compone canciones que siempre trascienden a su envoltorio. En esta ocasión entre neblina de superproducción, electricidad empastada y colores chillones nos deja una Jonh Michael que si no es el mejor tema del año no le debe andar lejos. También preciosas melodías que dibujan círculos en el agua (Xabier), momentos de pop metálico deslumbrantes (Anthony) o estribillos de esos que dan ganar de comérselos (Alex T).

6. PABLO UND DESTRUCKTION “Sangrín” (Discos Humeantes). Otro de los tapados de la escena nacional. Como ocurría con Rafael Berrio, el asturiano Pablo García logra que su uso del canon crooner espabile al oyente y le haga fijar toda su atención en unas letras y una interpretación sin parangón en España. Este es su segundo disco, una apuesta decidida por un rock oscuro y penetrante que ha recibido (justas) comparaciones con Nick Cave pero que va mucho más allá. Entre el retrato de la decadencia nacional (Pierde los dientes España), la furia de la clase trabajadora a lo El club de la lucha (Por cada rayo que cae) y la fantasía de trenzar un túnel desde Asturias a Moscú (Limonov, desde Asturias al Infierno). Estimulante.

7. JOANA SERRAT “Dear Great Canyon” (El Seguell). Trece segundos es lo que tarda esta catalana en tener al oyente comiendo de su mano. Es la primera vez que abre los labios en Dear Great Canyon, un segundo álbum sin fisuras que se mueve en ese territorio indeterminado llamado americana como pez en el agua y deja doce estampas deliciosas. Se podría citar a Lucinda Williams o a Lisa Hannigan, pero también a Neil Young o Bob Dylan. Sí, porque esta música suena a clasicismo y a búsqueda de la belleza eterna. Nada más y nada menos. Uno de esos discos que los pones en el coche y deseas tardar lo más posible en llegar a su destino.

8. MODELO DE RESPUESTA POLAR “El cariño” (Limbo Starr). No debería pasar desapercibido el segundo trabajo de estos valencianos que trenzan, a corazón abierto, toda una oda al desamor. Con frases como «A mí Madrid ya no me interesa / y tu te sientes tan realizada que me das asco / Te quiero» dejan en diez temas un paseo de pulsiones contradictorias y mareantes que sigue a una ruptura sentimental. Todo con un pop de trazo claro y sin estridencias en el que la voz de Borja Mompó se impone.

9. MARÍA RODÉS “María canta copla” (Chesapik). El interés de María Rodés por la copla se podría tomar por algo anecdótico dentro de la corriente de cierto pop nacional en ahondar en sus raíces. Pero lo cierto es que María canta copla engancha más allá de la rareza. Tomando un género tan apasionado y dramático como este desde su perspectiva desapasionada y serena se produce un sorprendente choque de sensibilidades, que deja un álbum para el que parece que se haya inventado la palabra bonito.

10. CUCHILLO DE FUEGO “Triple España” (Amawisca). Desde Pontevedra, este cuarteto es el último gran disparo surgido de ese undeground gallego crecido alrededor de centros sociales y colectivos culturales. Tirando de la energía de bandas como Melvins o Jesus Lizard hacen su particular retrato de las cosas entre alaridos, explosiones guitarreras y quiebros rítmicos. Por ahí sale la monarquía, los Alfa Romeo Jaime Peñafiel, Gallardón, Shellac y un tipo que dice desesperado «¿qué va a ser de mí?».