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Apenino: «Uso el gallego por algo personal, no porque haya unas ayudas, como pasó en su momento»

Escrito por Javier Becerra
30 de enero de 2015 a las 22:32h

Es un placer tener en Los conciertos de Retroalimentación a Apenino. Ya en los tiempos del Feedback-zine, Dar Ful Ful, el anterior grupo de Marco Maril, se convirtió en una de las formaciones de referencia de la web. Intentando de todas las maneras que tocasen en A Coruña. Pero no pudo ser: se disolvieron antes de llevar a cabo este recital. Nos desquitamos luego con Apenino, el proyecto en solitario de Marco. Con la edición de Bumerán, bumerán le organizamos una pequeña gira en A Coruña y Ourense. Por ello es toda una alegría recuperarlo con un disco tan bonito como Viravolta, una especie de «todo sigue siendo lo mismo pero muy diferente» con el que Marco sigue instalado en esa estrella de la constelación del pop tan especial. Mañana estará con nosotros (sábado 31, Casa Tomada, 20.30 horas, 5 euros) en el doble cartel que lo trae con A Veces Ciclón. Y va a ser una noche deliciosa.


-Se estrena con el gallego. ¿Le pregunto por el motivo o mejor por qué ha tardado tanto en hacerlo?

-Surgió de forma natural, pero sí, la pregunta que me hago ahora es por qué no lo utilicé antes. Veo que el resultado me gusta mucho y supongo que había muchos prejuicios en general con el uso del idioma gallego en el pop. Aparte de ser un idioma muy musical y poético, está el hecho de que emplear un idioma propio le da un componente más personalizado a lo que haces. Yo uso el gallego. En mi casa mis padres hablan en gallego, aunque luego con nosotros hablaban en castellano. Soy de esa generación un poco extraña. Luego ves que lo hablan tus padres y tus abuelos y empiezas tú a utilizarlo.

-No es el único. Por ejemplo, el último caso es el de Chicharrón, que también van a cambiarse de idioma. Parece una tendencia más natural que otros intentos anteriores, más promovidos políticamente.

-Cada uno tendrá las intenciones que tenga. Yo lo desconozco. Políticamente, siempre resalto que yo no me considero una persona nacionalista. El uso que hago yo del gallego no es político, aunque sí que parte del sentido de que, en estos momentos en los que hay un poco de oscuridad del idioma por el poco cuidado que se está teniendo por parte de los gobernantes, sí que quería poner mi granito de arena. Pero eso no tienen nada que ver con una ideología nacionalista, ni española ni gallega. Yo creo que la libertad de los pueblos, en la libertad de fronteras.

-No me refería a eso. Pensaba en cosas como la TVG en los noventa con la música

-Sí, son movimiento que parte de darle un contenido nacionalista a la cultura.

-Bueno, nacionalista, nacionalista, no creo. Gobernaba el PP…

-Sí, pero los argumentos que se usan buscan ese tipo de intenciones. A mí no me gustan.

-De todos modos, la suya me sigue pareciendo una postura política aunque no la haga un político. ¿No cree?

-Sí, pero mi uso del gallego es algo personal, no porque haya unas ayudas, como pasó en su momento. Yo cuando tuve el sello Splat me ocurrió. Me decían “¿Por qué no pones una canción en gallego y así podéis conseguir que os subvencionen el disco?”. Y yo pensaba: no voy hacer nunca una canción en gallego por eso. Y sí que había muchos grupos que hacían canciones en gallego por ese motivo. Por ejemplo, en las grabaciones que se hacían en la Radio Galega te exigían tener como mínimo un tema en gallego y te graban el disco gratis. En su día a mí, por ejemplo, me llamaron para tocar en el Curturgal. Cuando estaba todo cerrado me llaman y me dicen “Mira, es que nos dimos cuenta de que no tienes repertorio en gallego”. Curiosamente, en ese mismo Curturgal tocaba Nacho Vegas que, que yo sepa, no canta en gallego. Cuando era la época del Bipartito se daba esa paradoja: se promocionaba un grupo de fuera pero de dentro, si no cantabas en gallego, no te contrataban ni te daban bola. Son cosas que no tienen sentido.

-Llevaba mucho tiempo sin sacar un disco grande. Seguro que hubo gente que pensó que Apenino era ya parte del pasado. ¿Estuvo en riesgo en algún momento el proyecto?

-No, la verdad es que no. En estos años en los que parece que no he hecho nada la verdad es que he hecho un montón de cosas. Lo que sucede es que no han trascendido tanto como la salida de un disco. Saqué varios singles, hice colaboraciones con Rafael Romero y Mónica Vacas, hice cosas de diseño sonoro… Lo que pasaba es que no tocaba en directo, porque el trabajo no me lo permitía. Ahora soy más activo, pero siempre estaba en mi estudio trabajando.

-Pese a que supuestamente Internet lo había cambiado todo, lo cierto es que los ciclos de los músicos pop los continúa marcando los elepés.

-Sí, es sorprendente, en eso no ha cambiado nada. Yo no estuve desaparecido, lo que pasa es que aparecía de otro modo.

-Si hacemos un puente desde “Un rayo de sol” hasta “Viravolta” lo cierto es que continúa ese sonido electrónico marca de la casa. ¿Hay un canon ya definido en Apenino?

-Bueno, en los singles hubo canciones más acústicas, con ukeleles y esas cosas, pero ahora tiendo cada vez más a lo electrónico. En este disco esa huida hacia lo artificial es muy evidente y premeditada. Prácticamente, no hay elementos acústicos. Los ukeleles que hay son eléctricos y no llevan el peso de las canciones. Estoy muy cómodo en ese formato.

-Antes usaba una mandolina eléctrica, ahora un ukelele. ¿Tendencia a lo pequeñito?

-[risas] Sí, siempre me gustan las cosas pequeñas. Tiendo siempre a ello. Si encuentro un aparato más pequeños siempre acabo por ahí. En lo analógico, especialmente. El sonido de las cosas pequeñas me atrae mucho más.

-Es un poco paradójico que haga este disco pensando en que va a tener un apoyo amplio de directo y que, al mismo tiempo, sea tan de estudio.

-Sí, en directo cambia mucho. En general me interesa que varíe bastante. Cuando voy con el proyecto de banda, con Linda Guilala aún tiene algo de relación con el disco. Pero cuando hago yo conciertos solo, cambia mucho más. Pienso que antes existía un poco de ese complejo de ir a un concierto y, si no te encontrabas lo mismo que en el disco, protestabas. Ahora veo que es diferente. Vas a un concierto y casi esperas que la persona haga algo distinto. Creo que es bonito.

-Usted con el directo siempre mantuvo una relación incómoda, ya desde la época de Dar Ful Ful. Le vi en el Festival Microscopico mucho más feliz. ¿Ya ha encontrado su sitio?

-Sí, esa evolución la noto. En su día llegaba a ponerme físicamente enfermo cada vez que tenía que tocar. En unos conciertos que tuve de la época de Bumerán, bumerán llegué incluso a perder la capacidad de caminar. Todo estaba asociado al estrés. Tenía muchos problemas, me emparanoyaba mucho. Para mí era casi enfrentarme a un abismo. Con los años he aprendido a quitarme un poco ese miedo y ahora puedo incluso decir que lo disfruto. Lo paso bien.

-El disco arranca con una mirada a Lois Pereiro y un guiño a Alan Vega y Suicide.

-Sí, escuchaba mucho a Suicide en esa época. Y sí que hay un guiño a ese sonido, no tanto en lo estructural, pero sí en la sencillez de arreglos y sonidos que se utilizan. Quizá tenga más que ver con Alan Vega, cuyo trabajos en solitario también me gustan mucho. Quería casar esos dos mundos.

-Me cuesta “casarlo” con esos dos personajes de vidas tan oscuras, al límite y roqueros. Le veo más amable, más pop, más reposado.

-También tengo mi lado oscuro. En mis gustos el espectro es súper amplio. No lo veo tan alejado. De hecho, Lois sí que era un poeta oscuro, pero yo tengo coincidido con él en conciertos de lo más variado. Muchos de mis artistas favoritos tienen ese punto trágico. Siempre me ha atraído eso, aunque yo sea de otro modo.

-Alguna vez he pensado como fan que “uso” a los artistas, como que ellos viven las experiencias que yo no puedo vivir. Moralmente me ha hecho pensar alguna vez sobre la perversión que se puede tener como oyente.

-Al final todo es jugar con la fantasía. Tanto la música como la literatura o cualquier tío de arte, muchas veces es acercarte a espacios o ambientes en los que tú nunca entrarías por tu rutina diaria o por ciertas formas de vida. Pero, a lo mejor, las disfrutas porque te son ajenas y muchas veces lo ajeno te hace sentirte atraído. Yo siempre digo que en aquella generación de Lois, donde tantos cayeron en la droga, no sé hasta qué punto si hubiéramos vivido ahí hubiéramos también caído en ese tipo de mundo. Seguramente. Eran gente como nosotros, inquieta en los musical, lo poético y lo cultural.

-El periodista David Saavedra escribió una nota promocional del disco en la que destaca como una característica global suya “el nudismo a la ahora de afrontar la canción”, en referencia a lo mucho que se expone en las canciones. Esta vez, sin embargo, da la sensación de que está buscando más fuera que dentro. ¿Hay un cambio?

-Pues sí, es mi disco menos autobiográfico. Hablo poco de mí y luego acudo a Lois, a Xulia Alonso,… Acudo a cosas ajenas. De todos modos, quizá hablo menos de mí, pero creo que se me puede conocer mejor a través de este disco porque doy mi punto de vista sobre esos temas. Por ejemplo, en las canciones más sociales, tocaba otro tipo de exploración, no tan íntima y sí más colectiva.

-En ese sentido hay un impulso generalizado en el indie de afrontar esas temáticas que si salían en el heavy, en el hip-hop o en la música de autor.

-Es que antes estábamos adormecidos. La situación era mejor que ahora.

-Entonces la gente estaba intentando no ser mileurista.

-Tampoco era para echar cohetes, pero lo de ahora es dramática en lo económico, en lo social, en todo. Hay muy poca visión de futuro. Son años muy oscuros. Antes no lo vivíamos de esta forma. Ahora está tan latente en tu vida y en la de los demás que resulta imposible no hablar de eso.

-¿En ese sentido no hay, como en el caso del gallego, la pregunta de por qué no se hizo antes? Se lo pregunto en particular y en general.

-En mi caso no me pedía hablar de eso, pese a ser una persona muy crítica, muy de izquierdas y muy interesado en la política. De hecho, estudié Ciencias Políticas. Sin embargo, ese tipo de temas nunca me atrajeron para la música.

-¿Cuándo se rompe esa separación?

-La situación. Si de repente aquí todo el mundo viviera bien y existiera un respeto a la dignidad social de cada uno, pues probablemente habría que tratar distintos temas. Pero, por ejemplo, La estafa social responde a ese sensación de vivir en un momento de estafa total, de caradura de la gente que gobierna. En su día no la viví. Ahora sí, y no puedo evitar hablar y denunciar ese tipo de coas.

-Luego hay otra, titulada “Opresión” en la que no sé si juega con la metáfora de una mujer maltratada o acentúa la crisis en la mujer. ¿A qué juega ahí?

-Ese tema es parte de un trabajo que hice con la artista Mónica Mura, que iba sobre la opresión social en el mundo de la mujer y de su papel en esta crisis. Se habla de violencia de género, de desahucios, de la violencia infantil… Pretendía hacer una pieza pop de una pieza larga instrumental que daba juego a las imágenes de Mónica. Me parece otro de los temas importantes que nunca somos capaces de superar socialmente. Por mucho que se hable del tema y por muchas medidas que se tomen, siguen apareciendo mujeres maltratadas y mujeres asesinadas.

-Una de las mejores noticias del disco es reencontrarse con la voz de Mónica Vacas (Mus). ¿Cómo logró incorporarla a Apenino?

-Fueron cosas del destino. Trabajé mucho con ella, por cosas que estaba haciendo con Rafael Romero y proyectos para Sinsal. Poco a poco fuimos entablando una conexión y, cuando preparaba la versión de La leyenda del tiempo de Camarón, veía que mi voz no funcionaba. Pensé en ella. Se lo propuse y, curiosamente, para ella esa era una canción muy especial porque le recordaba a su padre. Entonces, fue como una casualidad. Luego surgió Opresión y la cosa esta abierta a nuevas colaboraciones.

-¿Era usted fan de Mus?

-Sí, mucho. Me encanta su voz. Cuando empezó a cantar en los discos de Árbore que hicimos Rafa y yo, veíamos como las canciones que tú hacías las cantaba ella y adquirían un salto cualitativo impresionante. Escuchabas eso y te preguntabas: ¿pero cómo puede ser que esta mujer no esté cantando?

-¿Y qué tal hacer un disco completo cantado por ella?

-¡Ojalá! A mí cantar es lo que menos me gusta, y me encantaría. Ya veremos qué pasa.

-¿No da un poco de coraje versionear a Camarón de la Isla del modo que lo hace usted?

-Bueno, como todo lo que hago surge de una manera natural. Esa era una de mis canciones favoritas de todos los tiempos. Entre en el mundo de Camarón a través de Paco de Lucía, por el tema de la guitarra, que me interesaba mucho. Esta canción era como sagrada. Todo el mundo me decía ¿pero te vas a atrever? Pero a mí me gustan los retos. Y cuando haces algo sobre el que no buscas el rendimiento económico y el qué pensará la gente, te puedes permitir este tipo de lujos.

-Pues si a los puristas del flamenco ya no les gustó lo de Los Planetas, no quiero pensar qué pasará con este.

-Bueno, cada cual lo ve cómo lo ve. No está hecho con la intención de herir a nadie ni provocar, sino todo lo contrario: es respeto absoluto y admiración total.

A Veces Ciclón: «Ojalá me saliera música como la de Delorean, rular por el mundo y poder vivir de ello»

Escrito por Javier Becerra
28 de enero de 2015 a las 16:09h

Se nos habían escurrido en anteriores ocasiones, pero esta vez A Veces Ciclón actuarán dentro de Los conciertos de Retroalimentación. Vienen con las sensaciones frescas de la grabación de su segundo disco, registrado esta misma semana a las órdenes de Rafa de Jr. Una vez más Óscar Vilariño, Xavi Muñoz y Marcos Junquera se perderán en la quietud de esas canciones que están ahí, en uno de los caminos secundarios del pop español que apenas tiene señalizaciones en el mapa global. Se trata de piezas circulares, que se recrean en sensaciones y logran la misma complicidad de un susurro. Herederos de grupos como Viva La Vegas, Mus o Jr, A Veces Ciclón insisten en la rareza, rechazan la obviedad y enamoran en cuando menos te lo esperas. Pruébalos este sábado en el concierto que darán junto a Apenino (Casa Tomada, 20.30 horas, 5 euros).

-¿Es cierto que el nombre del grupo tiene relación con Juan Pardo?

-[se ríe] Sí, es una frase que usa en la canción Bravo por la música, que es una canción bastante guay. Cuando estaba formando el grupo, escuchaba esa canción, porque periódicamente regreso a Juan Pardo y me dije “Hay que hacer eso”. Se lo propuse a Marcos y adelante.

-O sea, que es fan de Juan Pardo.

-Juan Pardo tiene temazos. A mí me gusta toda la música. Me gustan las canciones buenas y Juan Pardo tiene muchas.

-Empezamos bien. Supongo que un fan de A Veces Ciclón le constaría hacer algún tipo de relación con Juan Pardo.

-Bueno, a mí no me gusta la palabra ecléctico, porque es que un poco pedante, pero lo cierto es que yo escucho desde copla hasta doom. Me gusta la música, sin más.

-Al margen de ese eclecticismo, sí que se ve claramente una línea que les conecta con el sello en el que están. ¿Son hijos de lo que fue Acuarela en los noventa?

-Sí, aunque yo llegué tarde a esa música. Antes escuchaba cosas ruidosas, tipo Sonic Youth, que es mi grupo favorito. A raíz de descubrir a Mus, Viva Las Vegas o Jr me quedé atrapado. Coincidió que también empecé a escuchar americana, cosas de Giant Sand y me dio por una música más tranquila. Descubrí todo eso de golpe y sí que me considero muy influenciado por esa música. En los inicios me inspiraba mucho, por ejemplo, con Sr. Chinarro por esas letras surrealistas.

-Uno de los grupos que más les toca es Jr, una de las anomalías más inexplicables del pop patrio. Yo era muy fan de “127”. La primera persona que conocí que también le gustaba fue a usted. Para mis compañeros de piso en la universidad ese disco era lo peor.

-[se ríe] Yo también se lo ponían a todos mis amigos y todos ponían cara rara. A mí me parece una obra maestra. Me ha influido mucho. Soy bajista en origen y empecé a tocar la guitarra sin saber. Me inspiré en ese rollo super minimalista y el estilo me marco mucho. Aprendes a tocar con los discos que escuchas. Y ese lo escuché muchísimo

-Sus canciones giran y giran sobre esas estructuras sin que lleguen nunca a explotar. ¿No hay un momento en el que el cuerpo les pida una estampida?

-Sí, yo escucho música épica y todo lo que compongo me suena muy épico. Por ello, siempre tiendo a recortar. A veces sí que puede ser que peque de eso, pero estoy contento de cómo son las canciones y Xavi y Marcos siempre dicen que así están guays.

-No lo digo como un defecto, sino como una seña de identidad.

-Cuando empecé fue una limitación, lo reconozco. Pero luego me acomodé en eso, lo pulí un poco y ya no le di más vueltas. Me encuentro muy cómodo ahí.

-En sus letras no se percibe una intención de lanzar un mensaje muy nítido, sino recrearse en sensaciones. ¿Es así?

-Para mí sí que tienen mensaje, pero está oculto. Yo me tomo las letras de A Veces Ciclón como poemas. Muchos ya los tenía escritos antes y simplemente les puse música. Por ejemplo, Primavera es un poema que significa lo que significa. Otras tienen más intención. Pero la verdad es que no tengo un método para escribir. Yo no soy como Nacho vegas, que escribe y escribe y luego hace la música. Lo mío es mas de encajar sonidos y palabras, como una obra de ingeniería.

-Su hit entre comillas ha sido “Mi mejor”. ¿Es cierto que hubo censura en una cadena de televisión con él?

-Sí, aunque ellos lo niegan. Cuando Acuarela les mandó el vídeo a Sol Música les mandaron un mensaje de vuelta diciendo que no lo veían apropiado para emitirse. Luego dijeron que no, que era mentira. Pero bueno, no tengo ninguna noticia de que lo hayan emitido. Normalmente esos canales tienen programas especializados y ponen todo lo que se les manda. Supongo que lo censuraron por violento.

-Bueno, pasar de videoclip de Bustamante a esto le podría dar un shock al espectador, ¿no?

-No lo sé. A mí me parece mucho más violento cualquier video de un rapero con joyas, coches y tías en bolas que lo que pueda transmitir nuestro videoclip. Pero bueno, cada uno tiene sus valores morales. Es como si no quieres poner en la tele El Padrino, porque hay muertes en ella. Es ficción. No lo pillé bien.

-Su otro “hit” es “No”, para mí su mejor canción. La han dejado fuera del disco. ¿Por qué?

-Si, pero es que la grabación de este disco fue un poco rara. El grupo lo empezamos Marcos y yo. Luego se juntó Xavi, que era amigo de Marcos. Los tres fuimos a grabar unas maquetas a la Radio Galega. Xavi se sacó en un día y medio todos los bajos y teclados. La grabamos. Sonó tan bien que Xavi decidió quedarse en el grupo y los tres editarlo como disco. No fue planteado como tal, sino que queríamos registrar unos temas en una maqueta.

-Uno en A Coruña, otro en Valencia y otro en Castellón. ¿Cómo logran trabajar?

-Normalmente, yo compongo los temas enteros. Les mando cosas por Internet, para que me digan si las gusta y si seguimos por ahí. Luego, me cojo un avión me pongo en Valencia, estoy una semana y ensayamos. El problema es que no podemos hacer conciertos aislados, solo podemos hacer giras. Cuando toca una, le damos una vuelta a las cancione sy salimos a tocar. Las canciones son muy sencillitas, no necesitan muchos ensayos.

-Lleva en grupos indie la tira de tiempo. ¿No sabe vivir sin estar metido en algún tinglado musical?

-No, es así totalmente [risas]. Ahora estoy solo en dos grupos. Este y Musel, que sacará el disco esta primavera.

-¿Esa relación con la música es algo vital?

-Sí, creo que no pasa ni un solo día en el que no escuche música, no toque la guitarra o piense algo en música. La verdad es que estoy un poco obsesionado. Por lo menos, escucho música una o dos días al día. Es lo que más me gusta. Me encanta descubrir nuevos grupos, siempre estoy preguntando a la gente a ver qué está escuchando y explorando en Spotify que me encanta la opción de “grupos musicales”.

-Siempre tira hacia el underground. ¿Es una inclinación natural o responde a algún tipo de motivación política?

-No lo considero político, en absoluto, es solo estético. Es la música que me gusta y la que me sale. Ojalá me saliera música como pueden hacer Delorean y poder rular por el mundo y vivir de ello. Esos grupos me gustan, pero lo que más me gustan son otras cosas y, de ahí, sale lo que hago yo: cosas raras que no le gustan a casi nadie [risas]. Mi premisa es disfrutarla, no sacrificar ese disfrute.

-Y en un mundo perfecto en el que grupos como A Veces Ciclón tuviesen acceso masivo a los medios, ¿piensa que un tema como “Mi mejor” sería un hit?

-Yo tengo la teoría de que si a la gente le das lo mismo repetidas veces le acaba gustando. Mira la radiofórmula, por ejemplo. Hay cosas que están muy bien, pero hay otras que son basura. Tú escuchas a Melendi y es que no me entra en la cabeza que le pueda gustar a nadie. Son canciones feistas, totalmente desagradables de escuchar. Pero como están sonando todo el día acaban por gustarle a la gente. Yo creo que si los medios, los festivales y todos se preocuparan un poco más por diversificar sí que creo que grupos como el mío tendrían un poco más de posibilidades.

-No me refiero a “un poco más”, sino a triunfar. Yo pienso que un grupo como A Veces Ciclón aunque sea número 1 de los 40 Principales 24 horas al día no va a ser un grupo masivo como Bustamante.

-Bueno, eso es la metáfora más fácil. Yo me pienso en Rockedelux, Mondo Sonoro…

-Ya pero los grupos que son portada de esas revistas tampoco suenan en todas partes. Yo pienso en un hit como Nirvana. Sí que hay grupos como Lori Meyers que podrían, pero ustedes creo que necesitan un esfuerzo extra del oyente porque son más extraños y más innacesibles.

-Yo creo que si los festivales programaran más grupos undergound a la gente le gustaría más. Los festivales de tamaño medio usan el mismo cartel en todos los sitios. Se reproduce el mismo cartel en todos los pueblos de España. Es imposible que la gente menos especializada pueda conocerte. Luego hay honrosas excepciones como, por ejemplo, el festival Wos Inc que salió genial. Pero, por desgracia, la mayoría de los festivales no apuestan por otras cosas.

-Se refiere a ese indie-mainstream de Dorian, Lori Meyers, Love Of Lesbian…

-Hay grupos que tienen buenas canciones, pero otros están ahí a golpe de talonario. Es una cosa rara: la metodología más mainstream aplicada al undergound.

-Es tendencia ahora. Por ejemplo: Amaral, un grupo que viene del mainstream puro y duro y que se pretenden adaptar a la estética del undeground para colarse en el ese público. De todos modos yo pienso que a la gente le gustan esos grupos. A Supersubmarina la gente no va a verlos obligada y, por ejemplo, en A Coruña llenan una sala con entradas a más de 20 euros.

-Yo no digo obligación. Es otro mundo y otro tipo de público. El FIV de Villalba empzó sienod un festival que arriesgaba más y se ha convertido en lo mismo: Supersubmarina, Lori Meyers… el patrón de festival español. Es una pena que todo tienda hacia eso y que la gente no arriesgue. No tienes porque perder dinero, si no lo haces bien. Mira el WOS INC: arriesgó y petó. Había conciertos en los que la gente se quedaba fuera. Si crees en algo, lo trabajas y ese algo tiene calidad, va a funcionar. Pero si quieres tirar a lo fácil, pues tiras a lo fácil. Depende de los valores que tenga cada uno.

-Colabora en La Casa Tomada, un ejemplo más de una tendencia que existe ahora en Galicia: que el fan toma las riendas generando pequeños estallidos en toda Galicia. ¿Por qué está pasando eso?

-La gente se hartó. Hay una cosa muy extraña. Es muy difícil salir a tocar porque las salas, incluso las pequeñas, te cobran un alquiler por tocar. Yo no puedo entenderlo. Te dicen. “Es que es para pagar al técnico”. Y no, el técnico lo tiene que pagar la sala, no el grupo. Igual que le pagan al camarero, ni más ni menos. ¿Qué pasa? Que así se ahorran el trabajar el concierto. A nosotros nos pasó: hacer la promoción, mandar los carteles y llegar al concierto y ver que no había salido en prensa, que no se había puesto ni un cartel en la sala. No fue ni el tato y el de la sala nos decía que teníamos que pagar 50 euros por el técnico. Nos negamos a ello. Pero es que, por ahí adelante, hay salas que te piden 200 o 250 euros. ¿Como va a pagar un grupo de A Coruña a Vigo y tiene que pagar eso con qué vuelve? La gente harta de eso, se puso a crear una red de apoyo. El Liceo Mutante o la Casa Tomada están inspirados en Arrebato de Zaragoza o La Faena de Madrid. Es un circuito de garantía. Sabes que puedes ir a tocar por ahí, con gente que te va a tratar bien, que van a ser profesionales y que vas a ahorrar dinero. En Lugo hacía eso. Programaba a las bandas que me gustaban. Los metía a dormir en mi casa, les daba de cenar y ellos agradecidos. En la Casa Tomada es aún mejor, porque no hay que buscar sala.

-El problema es que todo eso depende de una especie de voluntariado. Que cuando la gente se canse de estar trabajando por amor al arte el proyecto corre peligro.

-Claro, por eso se busca que haya relevo. Mira yo. Llegué de Lugo y me ofrecí a colaborar. Me dijeron que sí y aquí estoy. A ver si se puede mantener en el tiempo.

-A Veces Ciclón están ya con la grabación de su segundo disco.

-Sí, en el concierto caerá alguna. El nuevo disco, en general, es bastante parecido al anterior. Incluirá ocho temas, lo sacaremos en vinilo y será muy similar. Quizá menos críptico, algo más arreglado, pero sin grandes variaciones.

-Lo que me da a entender es que son un grupo con fórmula, condenados a sonar siempre parecidos.

-No sé, somos tan pequeñitos que aún no lo sé. A ver el tercero que sale, a lo mejor nos planteamos un giro estilístico.

-Hablaba antes de que era un tipo muy abierto musicalmente. ¿Qué grupo del mainstream le atrae?

-Del actual no estoy nada puesto. No pongo la radio ni veo la tele. Pero de antes, yo muy de Ace Of Base. Fue mi grupo favorito. Sigo volviendo a él de vez en cuando. Fue el primer cedé que me compré, por supuesto en Portobello, y sigo volviendo a él de vez en cuando.

Diez discos que evidencian una edad de oro en el pop gallego

Escrito por Javier Becerra
19 de enero de 2015 a las 19:13h

Galicia brilla. No son pocas las publicaciones especializadas a nivel nacional que ya han dedicado reportajes sobre ello. Pero más allá de la palabrería, están los hechos. Aquí se encuentran: diez grandes discos editados en el 2014 (el orden no significa que unos sean mejores que otros), que podrían ser al menos otros diez más. Algunos, ya salieron en el resumen de lo mejor del año de este blog. Otros, al tratarse de minielepés, se habían quedado excluidos pese a su gran calidad. Y, ojo, que en el 2015 sacan disco Xoel López, Triángulo de Amor Bizarro, Disco Las Palmeras! y Os Amigos dos Músicos, entre otros.

1. CHICHARRÓN «Chicharrón». De las cenizas de Franc3s y Telephones Rouges surgió esta banda que ha grabado uno de los mejores discos del año. Tomando el punto hipnótico de Franc3s y dándole cuerpo acústico, el trío se embarca en un álbum conceptual sobre la muerte de Alberto Gende, diseñador carballés hermano de Diego Gende (guitarrista del grupo) y alma gemela de Alberto Martínez (cantante). El resultado pone la piel de gallina.

2. LUIS MORO «Cielo color Burdeos». Abrazado de igual modo a Bob Dylan que a Mark Lanegan, este escondido músico coruñés ha entregado con este minielepé su mejor trabajo hasta la fecha. Crujiente, frágil y atmosférico, su blues oscuro y humeante se extiende como una telaraña que atrapa al oyente. Una maravilla de un veterano en la sombra a descubrir más allá de su parroquia de fieles.

3. ARIES «Mermelada dorada». Aunque Isabel Fernández, la persona que trabaja tras este proyecto, sea vasca, ha desarrollado la totalidad de la carrera de Aries en Vigo. Desde allí gira y gira sobre círculos de psicodelia, trenza melodías de ensueño y logra enamorar con un puñado de canciones mágicas. Destacado en la mayoría de los listados del 2014 de la prensa especializada, este disco es una joya a sumar a su predecesor La magia bruta (2012).

4. SRASRSRA «Magia de muerte». En su segundo disco los coruñeses repiten fórmula: punk-pop hiperveloz servido en pequeñas cápsulas de, como mucho, un minuto y pico. Sin poder ya sorprender como hicieron en Puchao (2012), donde emergieron como una polémica bomba musical, sí que mantienen la tensión con otra nueva remesa de ese sonido bautizado en su día como un cruce entre Lightning Bolt y Eskorbuto. Ensuciándolo aún más, proclaman en C8 «No dejaría este sonido por ti». Es la declaración de principios de un grupo que continúa apostando por el minimalismo, la crudeza y la inmediatez.

5. ELVIS NEGRO «Estaba en llamas (El salvaje abandono». El nuevo proyecto del hiperactivo Edu Poch (Nouvelle Cuisine, Ocre) se sitúa en algún lugar intermedio entre Disco Inferno, El Desván del Macho, The Cure, Jesus and Mary Chain y Slowdive. Eso se traduce en un pop desapasionado sobre fondo ruidista, bases programadas y tendencia a la oscuridad. Mejorando a cada escucha, se trata de un disco que crecerá durante este año.

6. WILD BALBINA «Sisters Before Misters». Ya habían pinchado en los corazones indie-pop con el single Eat Tacos (2012) y el año pasado revalidaron el impacto con este minielepé. La receta es fácil: pop servido en fase primitiva al estilo de The Vaselines y Vivian Girls, con mucho desaliño e imagen reforzada. Entre retazos de surf-rock, garage y melodías hurtadas de los grupos de chicas de los sesenta, el conjunto propuesto por el trío vigués vence y convence.

7. APENINO «Viravolta». El ya veterano Marco Maril (integrante de Dar Ful Ful, para muchos el kilómetro cero del indie en Galicia) deja el formato single en el que se venía moviendo desde el 2007 y entrega un conmovedor minielepé. Con su pop electrónico y puntillista marca de la casa, se abraza ahora el gallego, introduce la desazón social en su discurso y hace una ocasional alianza de ensueño con la voz de Mónica Vacas (Mus) en dos de sus canciones. Una, la sorprendente versión de La Leyenda del tiempo de Camarón de la Isla, hace pensar en un proyecto mayor.

8. PUMA PUMKU «Is It In You?». El último tesoro de la burbujeante escena compostelana se encuentra en este trabajo. Recién editado por el sello Matapadre tras una exitosa campaña previa de crowfunding, en él se puede encontrar todo un paseo por la psicodelia de ascendencia sesentera, con el espíritu de Pink Floyd siempre presente y ocasionales guiños al kraut-rock. Con un material así, asombrarán en sus directos del 2015.

9. LINDA GUILALA «Xeristar». Una de las mejores canciones del año es Lo siento mucho. Insanamente adictiva, logra quedarse instalada en bucle en la mente del oyente que recrea sus estampidas guitarreras como quien siente un calambre. Es la bandera del decidido paso shoegazer de este trío vigués que le ha dado un afortunado baño de ruido al pop de Bucles infinitos (2009). Que tuviese continuidad este año en formato elepé sería una estupenda noticia.

10. DAVID QUINZÁN «El maestro de teatro». Músico de la banda de Xoel López durante la presentación de Atlántico (2012), David Quinzán se ha quedado con muchos de los efluvios de aquella pequeña obra maestra. Ya se notó en El vino de las despedidas (2013), que produjo el propio Xoel, y ahora lo refleja en un segundo disco delicioso. Sereno, como quien no quiere llamar la atención, deja un puñado de buenas canciones de un tipo normal cantando de cosas normales.

El último aliento de la vieja crítica musical

Escrito por Javier Becerra
9 de enero de 2015 a las 17:48h

Difícil lo tiene la crítica musical en los tiempos del trending topic y los lectores que, si ya les cuesta escuchar una canción entera, difícilmente pasarán de la tercera línea de una reseña. Ya ni siquiera se presta atención a las críticas de cinco líneas de suplemento de ocio. Hoy se estila la puntuación global del disco, tres pistas indicando «suena a…» y dos canciones recomendadas. No vaya a ser que alguien pierda un poco de su preciado tiempo degustando un álbum completo acompañado de un reportaje más o menos extenso.

En ese clima, una figura como Ignacio Juliá (Barcelona, 1956) aparece casi como bendita rareza llegada de otro tiempo. Sus textos —sabrosos, con sustancia e intermitentes tics literarios— invitan a abrazarse a otro modo de concebir este antipático oficio de escribir (no siempre bien) de la obra de otros. Quienes así lo deseen tienen aquí un recomendable volumen que recopila textos de su última etapa. Muchos son columnas de opinión de Ruta 66, la revista que fundó en los ochenta y que fue guía para muchos de los críticos actuales. También hay textos de Babelia, La Vanguardia, colaboraciones puntuales en libros o Rockdelux.

Arranca con el artículo con el que anunció en 2006 su medio siglo de vida. Y luego, deja que se sucedan Derribos Arias, Tom Waits, The Who, David Bowie, Suicide, Wilco y un amplio etcétera de héroes de la canción, que también incluye reseñas sobre cine y libros. Concluye con una preciosa semblanza de Lou Reed, realizada días después de su muerte en clave confesional. Antes de replantearse el sentido de su trabajo con una columna titulada sintomáticamente “Se acabó el chollo”. Deja así un poso melancólico y la certeza de que una era se termina sin remisión.

Todo invita a cambiar el título. Sí, quizá podría ser La crítica musical ya no es lo que era. En todo momento, el libro transmite la sensación de participar en el último aliento de una labor que se deshace ante la indiferencia y el rodillo del progreso. Como un copista observando cómo será apisonado por la imprenta, Juliá escribe de un modo de acercarse a la música, con sabor a tinta e intención de perdurabilidad, estrangulado por lo efímero y lo digital. Un digna derrota, en todo caso.

Los diez mejores discos nacionales del 2014

Escrito por Javier Becerra
29 de diciembre de 2014 a las 9:51h

Más allá de los nombres obligados que, en ocasiones, provocan grandes eclipses que impiden ver el todo, en buena parte el 2014 ha destacado en parte por los logros de los modestos. Sí, esos que desde su plataformas bandcamp y de sus ediciones limitadas, dejan a veces discos maravillosos. Dos de ellos, Aries y Chicharron, comparten un merecidísimo primer puesto en esta lista que los reivindica como hermosas y singulares flores en el jardín del pop nacional. Sobresalen en la producción de un año convulso en que la política semeja haberse ya instalado en muchos de los textos de los grupos (ahí está el caso de Nacho Vegas o Vetusta Morla) y donde siguen apareciendo plausibles reivindicaciones de las raíces tan logrados como el de María Rodés.

1. ARIES “Mermelada Dorada” (La Castanya) / CHICHARRÓN “Chicharrón” (Prenom). Vigo y Carballo respectivamente acogen las dos grandes joyas del pop nacional del 2014. La psicodelia almibarada de Aries, proyecto unipersonal de Isabel Fernández Reviriego (ex Charades, ex Electrobikinis), continúa la excelencia ya demostrada en Magia Bruta, su disco de debut. Infinito en matices y rico en influencias, lo dirige una monocorde voz de que habla de permanecer inmóvil y de irse, de la luz dorada que ilumina a ciertas personas y de las visiones del deseo. Por momentos, da la sensación de estar escuchando siempre la misma canción en un bucle infinito. Hasta que, después de dar la vuelta un par de veces, el oyente se sumerge bajo la capa uniforme. Ahí encuentra joyas como Moverme de aquí, En el sur o Migrañas, con melodías ondulantes, estribillos mágicos y chiribitas de belleza cayendo sobre ellas. Se trata de un disco y un estado de ánimo totalmente diferente al de Chicharrón, la banda carballesa formada por ex integrantes de Franc3s y Telephones Rouges. Dedicado en cuerpo y alma a la memoria del fallecido Alberto Gende (artista de Carballo, hermano de Diego Gende, guitarrista del grupo y hermano espiritual de Alberto Martínez, compositor y cantante) Chicharrón es un disco sobre los fantasmas de la pérdida y la necesidad de purgar el dolor que esta deja. Siempre con la sensibilidad a flor de piel. En él descansan los versos más conmovedores del año (“Siento que mi alma toca tu alma / Como el aliento helado de las estrellas / Como una mano toca otra mano / Antes de apretarla para siempre”) en un sonido acústico y espacioso, que se muestra frágil en sus formas pero termina llegando con un enorme poder.

2. VETUSTA MORLA “La Deriva” (Pequeño Salto Mortal). Después del monumental Mapas, los madrileños han optado por la confrontación en La deriva. Retrato certero del momento social actual, en él se reparten magníficas percusiones obsesivas, melodías intermitentes que podrían considerarse ya como marca de la casa y versos que hablan de rabia, desesperación, rostros enfurecidos y la necesidad de salir adelante. “Habrá que inventarse una salida / ya no hay timón en la deriva” , “Robaron las antenas, la miel de las colmenas/ no nos dejaron ni banderas que agitar” o “En la sala de espera desde otoño sin respiración / cada rostro es la cruz de un pastor sin rebaño” son algunos de las líneas que se reparten entre 12 piezas que derrochan talento y capacidad de sorpresa sonora permanente.

3. NACHO VEGAS “Resituación” (Marxophone). Seguramente Resituación sonará en la cabeza de muchos cuando, dentro de una década, se recuerde el 2014. En él Vegas se impregnó del espíritu del 15-M y trenzó un puñado de canciones que hablan sin muchos rodeos de víctimas de deshaucios que se tiran por la ventana, abusos policiales en manifestaciones y ciudadanos que se toman la justicia por su mano. Una en concreto, Runrún, se erigió no solo como un himno, sino como un punto y aparte en la carrera del asturiano que, al final, logra sacar algo de luz y esperanza en medio de este caos: «El miedo ha dejado de ser la actitud / suena en cada cabeza un hermoso run rún / nos quieren en soledad nos tendrán en común». Todo ello no debería tapar los valores musicales de un disco con grandes canciones como Luz de agosto en Gijón, Adolfo Suicide o Ciudad vampira que van más allá de su contexto.

4. PUMA PUMKU “Is It in You?” (Matapadre). La sorpresa del año llega desde Santiago. Allí funciona esta célula psicodélica que ha entregado un álbum de melodías maravillosas de aire sesentero vestidas con un traje totalmente perturbador. Desde Pink Floyd a Neu!, pasando por Tame Impala o The Beatles, este quinteto se ha aliado con Rodrigo Caamaño y Roberto Mallo (Triángulo de Amor Bizarro) a la producción logrando todo un caramelo para los oídos. Propone un viaje a lugares quizá ya explorados, pero que encanta volver a visitar de cuando en cuando. Ojalá los podamos ver en un directo que se antoja delicioso.

5. RUSSIAN RED “Agent Cooper” (Sony). Al margen de su decidida mirada a los años ochenta y su renovada imagen, lo bueno de Lourdes Fernandez es que compone canciones que siempre trascienden a su envoltorio. En esta ocasión entre neblina de superproducción, electricidad empastada y colores chillones nos deja una Jonh Michael que si no es el mejor tema del año no le debe andar lejos. También preciosas melodías que dibujan círculos en el agua (Xabier), momentos de pop metálico deslumbrantes (Anthony) o estribillos de esos que dan ganar de comérselos (Alex T).

6. PABLO UND DESTRUCKTION “Sangrín” (Discos Humeantes). Otro de los tapados de la escena nacional. Como ocurría con Rafael Berrio, el asturiano Pablo García logra que su uso del canon crooner espabile al oyente y le haga fijar toda su atención en unas letras y una interpretación sin parangón en España. Este es su segundo disco, una apuesta decidida por un rock oscuro y penetrante que ha recibido (justas) comparaciones con Nick Cave pero que va mucho más allá. Entre el retrato de la decadencia nacional (Pierde los dientes España), la furia de la clase trabajadora a lo El club de la lucha (Por cada rayo que cae) y la fantasía de trenzar un túnel desde Asturias a Moscú (Limonov, desde Asturias al Infierno). Estimulante.

7. JOANA SERRAT “Dear Great Canyon” (El Seguell). Trece segundos es lo que tarda esta catalana en tener al oyente comiendo de su mano. Es la primera vez que abre los labios en Dear Great Canyon, un segundo álbum sin fisuras que se mueve en ese territorio indeterminado llamado americana como pez en el agua y deja doce estampas deliciosas. Se podría citar a Lucinda Williams o a Lisa Hannigan, pero también a Neil Young o Bob Dylan. Sí, porque esta música suena a clasicismo y a búsqueda de la belleza eterna. Nada más y nada menos. Uno de esos discos que los pones en el coche y deseas tardar lo más posible en llegar a su destino.

8. MODELO DE RESPUESTA POLAR “El cariño” (Limbo Starr). No debería pasar desapercibido el segundo trabajo de estos valencianos que trenzan, a corazón abierto, toda una oda al desamor. Con frases como «A mí Madrid ya no me interesa / y tu te sientes tan realizada que me das asco / Te quiero» dejan en diez temas un paseo de pulsiones contradictorias y mareantes que sigue a una ruptura sentimental. Todo con un pop de trazo claro y sin estridencias en el que la voz de Borja Mompó se impone.

9. MARÍA RODÉS “María canta copla” (Chesapik). El interés de María Rodés por la copla se podría tomar por algo anecdótico dentro de la corriente de cierto pop nacional en ahondar en sus raíces. Pero lo cierto es que María canta copla engancha más allá de la rareza. Tomando un género tan apasionado y dramático como este desde su perspectiva desapasionada y serena se produce un sorprendente choque de sensibilidades, que deja un álbum para el que parece que se haya inventado la palabra bonito.

10. CUCHILLO DE FUEGO “Triple España” (Amawisca). Desde Pontevedra, este cuarteto es el último gran disparo surgido de ese undeground gallego crecido alrededor de centros sociales y colectivos culturales. Tirando de la energía de bandas como Melvins o Jesus Lizard hacen su particular retrato de las cosas entre alaridos, explosiones guitarreras y quiebros rítmicos. Por ahí sale la monarquía, los Alfa Romeo Jaime Peñafiel, Gallardón, Shellac y un tipo que dice desesperado «¿qué va a ser de mí?».

Los diez mejores discos internacionales del 2014

Escrito por Javier Becerra
22 de diciembre de 2014 a las 6:00h

No deja de reconfortar comprobar que, pese a que el pop no esté viviendo precisamente su mejor época (sí, seguimos en la línea pesimista-realista del año anterior), salen discos capaces de generar particulares obsesiones. En este 2014 dos álbumes han jugado ese papel en esta bitácora. Uno amable, el de The War On drugs. Otro arisco, el The Swans. Ambos raptan al oyente, lo llevan a su mundo y lo hacen sentir dichoso. Son las dos caras de la moneda de lo mejor del año según Retroalimentación. Cualquiera de ellos podría ocupar perfectamente el número uno. Si al final lo ha alcanzado Lost In The Dream ha sido por una regla de desempate sencilla: simplemente ha sonado más veces en el corazón este blog que el otro, conmoviendo un poco más.

1. WAR ON DRUGS “Lost In The Dream” (Secretly Canadian). Más allá de una humeante producción ochentera. Más allá de su sorprendente mezcla de géneros contrapuestos. Más allá del bajonazo purificador sobre el que flotan las letras. En definitiva, más allá de todos esos fríos parámetros de análisis. Si por algo ha sobresalido el disco de Adam Granduciel ha sido por algo muy concreto: una capacidad de emocionar que solo poseen los grandes discos. Encadenando placer, cada tema de este álbum es una pequeña maravilla unido por una anilla a otra maravilla. Se mete por ritmos kraut-rock, invoca atmósferas que parecen sacadas del disco nunca realizado por Alan Parsons y Cocteau Twins, traza melodías hurtadas a Bruce Springsteen o Tom Petty y hasta se atreve con unos saxos ocasionales que ni Dire Straits. Sí, la definición sobre el papel espanta a quien no lo haya escuchado todavía. Pero en la práctica, solo genera bienestar general e intermitentes estallidos de placer agudo que desarman. Si Eyes To The Wind -con ese fraseo tan dylaniano que, de verdad, derrite con su sentido de la velocidad y las pausas- no es una de las canciones más bonitas de la década que, por favor, alguien muestre quién o qué la supera. Y si la homónima Lost In The Dream no es capaz de encogerte, cabría preguntarse si no te habrás equivocado de disco. Son dos diamantes de un disco lleno de piedras preciosas que pone al oyente a sus pies. Es bastante probable que el aficionado lo tenga machacado a estas alturas. Si así no fuera, se pierde algo muy grande.

2. SWANS “To Be Kind” (Young God /Mute). Una salvajada. El sucesor del aclamado The Seer (2012) estira el momento de gloria de la ¿mejor? banda del rock actual. Combinando poder, mística y ambición, la banda de Michael Gira deja una obra inabarcable de más de dos horas de duración a la que se puede entrar por cualquiera de sus ventanas. Tanto da arrancar la experiencia por la malsana repetición con extra de intensidad en cada minuto de Screen Shoot, colarse por ese blues con ocasionales aspavientos de la escuela Spiritualized de Just A Little Boy (Fore Chester Burnett) o por el rock agujereado por espadas psicodélicas de A little God In My Hands, en el momento en el que el oyente se halle en el interior se encontrará primero aturdido, luego superado y finalmente entregado a su orgía sensorial. En este disco hay gritos, canciones rotas y silencios que parecen infinitos. También atmósferas viciadas, ritmos brutales y espacios liberadores. Y, por supuesto, ocasionales melodías juguetonas, amagos de rock convencional y un constante transitar de un lado al otro. To Be Kind es excesivo en minutaje, pero también emociones y de sensaciones. En algún momento la voz de Gira parece estar ofreciendo las claves de la gran verdad universal amplificada por los altavoces. Se recupera ahí el poder turbador del rock. Sí, como hace años cuando aún eras un joven impresionable. Un efecto tan maravilloso como este disco imprescindible.

3. LEONARD COHEN “Popular Problems” (Sony). Lo ha vuelto a hacer. Apenas tarda unos segundos Leonard Cohen en encantar con el primer tema de su nuevo trabajo. Slow, la canción, autohomenajea con poso blues a su particular manera de concebir la música: al ralentí, contrastando voces y manteniendo siempre el misterio. En esta ocasión se arrima ya desde el arranque ligeramente al blues, sorprende con una un estribillo pop delicioso sobre colchón country (Did I Ever Love You), dibuja magnificas canciones de carreta (My Oh My) y recupera la electrónica de los ochenta (Nevermind). Al final cierra con una preciosa cantinela folk, You Got Me Singing, perfecta para demostrar que el canadiense sabe tratar las voces femeninas mejor que nadie.

4. DAMIEN JURADO “Brothers and Sisters Of Eternal Son” (Secretly Canadian). Salió tan temprano este año que corre el riesgo de perderse en el olvido de la velocidad de las cosas. Sería un craso error porque, continuando lo expuesto en el excelso Maraqopa, el canadiense vuelve a entregar otro gran disco de un pop que igual se muestra exhuberante y psicodélico como recogido y lírico. Pero siempre termina tocando la fibra con esas melodías heredadas de Neil Young que tanto reconfortan. Un tipo que ha encontrado la paz y se encarga de expandirla con canciones preciosas.

5. BEYONCÉ “Beyoncé” (Columbia-Sony). Si con 4 (2011) ya dio síntomas de saltar al estatus de “artista más allá del single de temporada”, con este disco (lanzado en digital a una semana de terminar el 2013 pero editado físicamente con un dvd este año, de ahí su incursión) materializa la grandeza de una cantante llamada a perdurar en el voluble mundo pop. Variado, ambicioso y sincero (ojo a las letras) Beyoncé es un estupendo compendio de música negra contemporánea con temazos como Slow, Partition o el baladón Blue dedicada a su hija. Sí, pero sobre todo, destaca por mostrarse como el primer gran álbum de una artista eternamente vilipendiada. Quizá por ello lo ha bautizado a su nombre, indicando quizá que aquí nace una nueva Beyoncé. Bienvenida.

6. FKA TWINGS “Lp1” (Young Turks). No es un disco perfecto, pero sí un trabajo que obliga a arquear la ceja y apuntar el nombre de su artista para seguirla en el futuro. El debut del proyecto de Tahliah Barnett juega a poner al día las luces y sombras del trip-hop en el contexto del r&b. Y a todo lo envuelve con un velo de etérea fragilidad y sensación de “deconstrucción” que bien podría recordar a Cocorosire. Más allá de eso (y, sobre todo, si es el pasado, el presente o el futuro del pop, algo que parece obsesionar a parte de la crítica), importa que araña la fibra en maravillas como Two Weeks o Video Girls, dos de las mejores canciones del año.

7. MARIANNE FAITHFULL “Give My Love to London” (Naïve). Igual que ocurre con Leonard Cohen, a Marianne Faithfull se la puede seguir a ciegas. Este, su mejor trabajo desde Before The Poison (2005), prosigue su notable línea: aglutinar en su maravillosa voz de miel con tropezones de amargura un puñado de grandes temas (firman Leonard Cohen o Nick Cave, entre otros), colaboraciones de relumbrón (Anna Calvi, Steve Earle, Roger Waters) y un producción excelente (obra de Rob Ellis & Dimitri Tikonov con mezcla de Flood). Los resultados de temas como Sparrows Will Sing, Falling Back o True Lies que la reafirman como una figura imprescindible. Si aún por encima siguen reeditando su discografía anterior el paquete es perfecto

8. GROUPER “Ruins” (Kranky). Hay una belleza abatida en este trabajo tal que hace que el oyente salga corriendo o que se entregue a él como quien desea empaparse de la niebla hasta perderse. Quien opte por lo segundo, será cómplice de las reflexiones sobre el (des)amor de una Liz Harris, abrazada al piano tristísimo, al vaho ambiental y unos pequeños ruidos de fondo (croar de ranas, lluvia…) que terminan por darle un envoltorio de absoluta irrealidad. Con la misma fragilidad que envuelve al cuerpo tras el lloro, este disco es un susurro quebradizo que pide una oreja amiga. Se impone auriculares, volumen y complicidad máxima.

9. REAL STATE “Atlas” (Domino). Seguramente haya quien piense que un disco como este -tan simple, tan armónico, tan académicamente indie- sobre en una lista de los mejores del año. Pero quien sienta devoción por -citemos de memoria según vienen- Galaxie 500, East River Pipe, The Byrds, Go-Betweens, la Velvet suave o The Clientele tiene aquí un álbum de esos que en la adolescencia se metían bajo la almohada y ahora hacen -¡mmmm!- suspirar cuando se escuchan del coche de camino al trabajo. Canciones que trazan círculos de melancolía prácticamente perfectos y que invitan, a quien no los conozcan, a viajar a su pasado y rescatar Days (2011), su disco anterior.

10. PARQUET COURTS “Sunbathing Animal” (What’s Your Rupture?). Aquí se puede aplicar la misma receta que con Real State. El segundo trabajo de estos neoyorkinos, que para algunos críticos estaban llamados a relevar a The Strokes, es un notable tratado de algo muy conocido -indie a la Pavement mezclado con todo tipo de retazos del rock neoyorkino- y que, si se ejecuta bien, siempre apetece volver a escuchar. Ellos, con sus melodías oblicuas, su interpretación arrastrada y sus intermitentes estampidas guitarreras, logran que termines subiendo el volumen, sacando morritos y haciendo air guitar. Y esa sensación es maravillosa.

Las emociones auténticas de Chicharrón

Escrito por Javier Becerra
21 de diciembre de 2014 a las 6:51h

Fue, sobre todo, una actuación emocionante. Tanto que se pudo ver llorando incluso a una chica entre el público. Tanto que, al final, un señor se dirigía a Alberto Martínez para que le firmase el disco diciéndole que eran «el mejor grupo gallego desde Golpes Bajos». Tanto que todos los asistentes a su debut en A Coruña salieron de la Casa Tomada satisfechos. O por lo menos eso parecía leerse en sus caras. Todo porque Chicharrón, uno de los proyectos estrella del pop del 2014, llevó sus canciones al escenario y las hizo crecer.

Reforzados con teclados y batería en directo, el trío carballés funciona ahora como quinteto y saca fuerza y corazón de unas canciones que se rebozan en la pérdida y que apuntan hacia un mañana mejor. Con sinceridad. Con la sensación de que esto tiene que ser así y no de otro modo. Con autenticidad, en definitiva. Y eso se transmite, se contagia y se queda instalado ahí dentro. El grupo que no saldrá en las listas de lo mejor del año pero que ha grabado uno de los grandes discos del año no defraudó. Pero lejos de dar el concierto definitivo pareció indicar que este siempre será el siguiente.

Antes de ellos Edu Poch mostró en público su proyecto Ocre. Pese a la limitación del modelo cantante + portátil + guitarra sorprendió y dejó un gran sabor con su pop electrónico de intenciones (y resultados) atmosféricos. Una vez más, gracias a los grupos, a la Casa Tomada y, sobre todo, a todos los que han asistido.

Próxima parada: el 31 de enero de 2015 con A Veces Ciclón + Apenino.

Chicharrón: «Este es un disco de amor y no queríamos vender amor»

Escrito por Javier Becerra
19 de diciembre de 2014 a las 5:10h

Atención, porque uno de los mejores discos del año no saldrá en los medios musicales habituales. El homónimo debut de Chicharron nació de espaldas a ello, trenzando un hilo de emoción en la sombra y haciendo del boca a boca (que en realidad es un de corazón en corazón) su agencia promocional. El resultado es magnífico. Uno de esos proyectos que se dejan querer y que encanta quererlos. Tras ellos están Alberto Martínez, Rubén Domínguez y Diego Gende. Los tres confluyeron en este rosario de canciones, hermosas y tiritantes, que rinden tributo al fallecido Alberto Gende, diseñador gráfico de Carballo, hermano del tercero y amigo de los otros dos. Varios de los temas ya las había compuesto Alberto pensado en su exbanda Franc3s. Pero el fin de esta precipitó este desenlace. Mañana sábado los tendremos en Los conciertos de Retroalimentación junto a Ocre, el proyecto personal de Edu Poch (Nouvelle Cuisine, Elvis Negro). Hoy aquí las claves de su política sentimental.

-¿Acepta que se diga que Chicharrón es Franc3s en acústico?

-En parte, sí. Las canciones de Franc3s la mayoría las hacía yo con la guitarra acústica en casa. Luego bajábamos y empezábamos a meterle capas de ruido. Ahora no, ahora quedan cómo nacieron, que se vea el alma de las canciones. Esas canciones que estaban escritas fueron un punto de partida que nos dio para empezar algo. Los temas son míos

-¿Puede explicar esa idea de que estamos ante un disco de amor como salvación?

-Realmente son canciones de amor hacia un amigo. Cuando empezamos a hacer el disco, esas canciones me ayudaron muchísimo. Nunca lo había hecho así. En Franc3s no hablaba de cosas personales, sino de cosas que iba inventando. Esta vez no, es radicalmente personal y sentido. Cuando canto me vienen a la cabeza imágenes. Sé lo que significa cada palabra. Yo no estaba pasando un buen momento tras acabar Franc3s y hacer esas canciones fue algo que me ayudó mucho. A Diego le pasó lo mismo. Y a Rubén, también. Nos juntamos todos y lo hicimos: un disco de amor hacia Alberto. El disco tiene un concepto, con un principio, un desarrollo y un final. Todas las canciones van ordenadas en ese sentido. Es un disco conceptual de amor y de salvación.

-¿Alberto Gende era su hermano espiritual?

-Era mi mejor amigo en Carballo. Él era un diseñador gráfico reconocido. Yo veía sus carteles y una noche lo conocí. Le dije que me gustaría que hiciera el diseño de la maqueta para Franc3s. Él ni siquiera sabía qué era Franc3s [risas], pero desde esa noche nos hicimos inseparables. Iba a su casa, él venía a la mía. Teníamos cosas en común. Era como un hermano para mí, además de un tío con mucho talento. El nombre de Chicharrón es por él. Realmente a mí no es un nombre que me guste mucho, pero es un grupo que teníamos él y yo, en donde yo tocaba la acústica y él la batería. Él puso aquel nombre y, por eso, lo conservamos. Ya había sido el título de una canción de Franc3s.

-¿Le costó descartar la electricidad y centrarse en lo acústico?

-No, se trata de lo que te decía antes, de hacer algo que tenga alma. A William Burroughs una vez le preguntaron en una entrevista por todos los roqueros que iban a su casa, como Sonic Youth, REM o Nirvana. Él dijo algo así como que lo que deberían hacer todos era colgar sus guitarras eléctricas y escuchar algo que tuviera alma. Me vino esa frase a la cabeza y optamos por cambiar. A mí siempre me gustó ese tipo de música, aunque en Franc3s tendiésemos al ruido que era el punto de unión entre los tres. A mí ahora , por ejemplo me mola Sun Kil Moon, Bill Callahan o Damien Jurado.

-En alguna ocasión dijo que le influenció mucho un disco de Damien Jurado. ¿Cuál?

-El último, Brothers and Sisters Of The Eternal Son. Lo compré cuando estaba haciendo el nuestro y fue una revelación. No tenemos nada que ver, pero lo grabamos exactamente igual que él. En alguna entrevista explicó que lo registró en 40 minutos, con guitarra acústica y voz. Luego vendrían dos semanas de posproducción. Nosotros hicimos lo mismo, sin las dos semanas de posproducción, claro, porque no teníamos pasta. Pero grabamos el disco en directo con dos guitarras y voz. A partir de ahí Rubén empezó a meter cosas que le veían a la cabeza escuchando la música.

-La influencia entonces es de método, no de contenido. Lo digo porque Damien Jurado en sus dos últimos discos es un artista que parece haber encontrado la paz tras haberlo pasado muy mal. En su caso es la religión, pero a lo mejor hay alguna analogía. ¿La hay?

-A mí simplemente me encantó su disco. Estaba en un momento muy receptivo para que me emocionasen las cosas. Me pareció un disco flipante. Pero nosotros buscamos la felicidad en el amor. En la religión no, de momento [risas]. Lo nuestro es algo parecido, cuando lo estábamos grabando sentí algo muy espacial. Todo encajaba. Nunca había sentido algo así.

-De todos modos el suyo es un disco de bajonazo, ¿no cree?

-[risas] No sé, eso depende de las personas. Nos están pasando cosas muy guays con el disco. No se lo dimos a nadie de la crítica. No queríamos entrar en ningún mercado. Es un disco de amor y no queríamos vender amor. Solo se lo dimos a la gente que apreciábamos o que nos interesaba su opinión. Cada uno da su interpretación. Siempre me ha interesado muchísimo cómo ven las cosas desde fuera. Hace poco en un fanzine decían algo desquiciante, que en el disco iba de hablar con la muerte y cosas así. No sé, a lo mejor tienes tú más razón que yo. A mí me parece un disco de amor y optimista. Empieza pidiendo un deseo, luego aparece alguien, después se va. Más tarde esa persona te dice que sigas y aparece otra que te ayuda a encontrar. Y al final dice “mañana será otro día”, aunque haya sido precedido por un momento jodido. En el disco todos empezamos mal, pero nos dio paz mientras que se hacía. Ahora los tres estamos en ese momento de que “mañana será otro día”. Yo estoy muy bien.

-Existe cierta tendencia en el indie a regodearse en el sentimiento de la tristeza, la melancolía y la pérdida, sin asumirlo del todo. Luego ves al artista en las entrevistas: «No, en mi disco dejo una puerta abierta a la esperanza». Y la mayoría de las veces no se trasmite eso para nada. Su disco es el caso. Cosas como “Deseo un invierno vacío y eterno” o temas como gente llorando por la muerte de una persona no son precisamente elemento de bienestar. ¿Cómo lo ve?

-Me parece guay tu punto de vista. Lo que pienso yo no tiene porque ser lo correcto. A veces las interpretaciones ajenas te hacen pensar. Me ocurre muy a menudo. Tú escribes una cosa con un significado y, luego, quien lo recibe lo cambia totalmente y te hace dudar. El otro día vi el documental de Nick Cave de 20.000 días en la tierra. Decía que a él le interesaba hablar de las cosas que realmente no tenían explicación y que no terminaban de perfilar su significado. Yo tampoco sé lo que significa todo lo que hago. Solo te puedo decir lo que sentí. Fueron un montón de canciones que vivieron casi todas juntas a mi cabeza, casi ordenadas con el disco montado de inicio a fin. El disco es básicamente una sola canción. Y sí hay un momento en el que dice: “Deseo un invierno vacío y eterno”. Para mí significa lo más cómodo que hay: estar en el sofá, regodeándote en la tristeza y autocompadeciéndote. Eso es muy cómodo. No tener que salir, no tener que ver a nadie, no tener que hacer nada, solo estar triste. Es como Nirvana que decían “Echo de menos la comodidad de estar triste”. Pero el disco no se acaba ahí. Después de esa canción hay una, que es muy importante aunque puede que no sea la mejor, que dice “Escapé de los rayos, pero nunca vi la nube”. La idea es que la nube va a estar siempre ahí, pero el rayo no me pilló y estoy vivo. Pasaron muchas cosas pero mañana va a ser otro día. Y, luego, otro día y otro día. Me gustaría que escuchases los temas nuevos que estamos grabando. En el concierto tocaremos un par de ellas. En ellas se ve eso: nos levantamos, ya es otro día. Estamos haciendo imágenes mentales de lo que nos pasa, todas ellas en gallego.

-¿Se cambian al gallego?

-Las cuatro nuevas que vamos a sacar en un epé serán en gallego. Son muy poéticas y me apetecía probar. Cambiar es lo que le da sentido a la vida. Podemos hacer lo que nos dé la gana, así que lo vamos a hacer.

-El disco lo han hecho de espaldas a la industria totalmente con una autoproducción y sin promoción alguna. ¿Han tirado la toalla o es una cuestión de comodidad?

-No es tirar la toalla, sino todo lo contrario. Es una manera de reinvindicar otra forma de hacer las cosas. Yo ya estuve ahí, en cierto modo: discográficas, contratos, entrevistas,… Y no sé, me parece algo bastante falso. A Rubén también se lo parecía. Intentamos hacer las cosas de otra manera. Hoy todo el mundo habla de política y de lo que hay que hacer, como si lo demás no importara. Yo creo más en lo que decía Godard: no hacer cine político, sino hacer cine políticamente. Estamos, en cierto modo, haciendo eso. Realmente nos va muy guay, es curioso. El otro día fuimos a tocar en el Cachán en Santiago y estaba lleno. El momento actual de la música en Galicia es increíble. Hay grupos y una infraestructura underground de colectivos que hacen cosas pequeñas sin importarle la pasta. Nosotros nos identificamos mucho con eso. Lo que gastamos en ese disco lo vamos a recuperar al final entre el concierto de A Coruña y otro en O Grove. Estamos muy contentos porque no pensábamos que íbamos a recuperar esto.

-Son la historia indie perfecta: la gente no los conoce porque salgan en una revista, sino porque su amigo fiable se lo ha recomendado.

-Sí, para salir en una lista de esas de las revistas tienes que conseguir que todos los críticos hayan escuchado el disco y hay millones de grupos. A mí los discos que más me han gustado este año dudo que salgan en ninguna lista. Ahora en Galicia hay un momento excepcional. A mí esto me recuerda a la época del hardcore en América, de que los grupos hacían las cosas ellos, que existía una infraestructura para tocar y todo era autosuficiente. Eso me parece bonito.

-¿Se sienten partícipes de algo que va a pasar a la historia? Personalmente creo que los últimos seis años de música independiente en Galicia han sido espectaculares, incluso por encima de la Movida de Vigo.

-Sí, me siento parte de algo muy bonito. Cuando fuimos a tocar al Seara en Vigo Detrás del Marco era alucinante. Era una feria de gente haciendo fanzines, cómics, pegatinas, discos… Toda esa gente no está ganando mucho, pero ya no le interesa andar mandando cosas a las discográficas como hace años, que era la única opción que veías. Ahora no, ahora no es una buena opción, por lo menos para nosotros. Nos sentimos igual en el festival de Santiago que organizó Work On Sunday. Fue una pasada tocar allí con tanta gente. Tenías la sensación de estar viviendo algo único. Me sentía mucho mejor ahí que saliendo en una revista.

-A ver si dura…

-Es que es una pasada. Está claro que todo esto viene de atrás, que ha calado y que se ha multiplicado. Es un momento muy guay. No sé si nos salvó el disco o no, pero vital y profesionalmente estamos en un gran momento.

-¿Eso significará que las nuevas canciones serán abiertamente felices o seguiremos con la fórmula de “puerta final abierta al optimismo”?

-[risas] Eso es como lo de antes, está todo abierto a la interpretación. A lo mejor tú las escuchas y te parecen depresivas, pero yo no las veo así. Una de ellas dice en el estribillo “nada se me perdeu no abismo / o único que quero é estar contigo”. Van un poco de salir del rollo ese del rock n’ roll. No se me pierde nada en el abismo y la tristeza, solo quiero estar contigo, feliz.

-Pues es una buena filosofía de vida. Se la compro.

-Vale [risas]

The Who cumplen 50 años de maximum r&b

Escrito por Javier Becerra
16 de diciembre de 2014 a las 11:52h

FUE EN 1964 CUANDO THE HIGH NUMBERS LANZARON SU PRIER SINGLE. DOS SEMANAS DESPUÉS SE REBAUTIZARÍAN COMO THE WHO Y TRENZARÍAN UNA DE LAS TRAYECTORIAS MÁS MÍTICAS DE LA HISTORIA DEL ROCK. TRAS LA REVISIÓN “DELUXE” DE SUS DISCOS MÁS EMBLEMÁTICOS EN LOS ÚLTIMOS AÑOS, AHORA CELEBRAN ESTE 50º ANIVERSARIO CON UN RECOPILATORIO (“HITS 50″) Y UNA GIRA ¿FINAL?

The Who son el grupo del calambre y del poderío. Del calambre, al lograr canalizar en el riff y el estribillo de I Can’t Explain ese eléctrico remolino de sensaciones adolescentes que tanto cuesta explicar y en el que se siente en una mezcla de confusión, miedo y excitación. Y del poderío, al convertir la secuencia de tres guitarrazos de Baba O’Riley en una fornida demostración de rock expansivo, con el músculo contraído y la mirada al infinito.

La primera se editó en 1965. La segunda, en 1971. Simbolizan, en cierto modo, las dos grandes eras de una banda que cumple este año medio siglo de vida. También captan perfectamente el momento en el que vieron la luz. Primero, la eclosión de la cultura pop juvenil en el Swinging London de mediados de los sesenta Y segundo, el trasvase del rock de los clubes a los estadios, con su consiguiente endurecimiento en los primeros setenta En medio, cuatro británicos inadaptados que buscaron en la música un refugio. Lo encontraron y sirvieron de altavoz a varias generaciones con una extraña y adictiva mezcla de arrogancia, inseguridad, celebración y tristeza.

En efecto, a poco que se escarbe en la obra de la banda de Roger Daltrey (voz), Pete Townshend (guitarra y voz), John Entwistle (bajo y voz) y Keith Moon (batería) surge el fantasma la frustración urbana juvenil. Una vez más el rock abría sus brazos a los feos, inadaptados y exhibicionistas que no encontraban su lugar. Y le proporcionaba amplificadores y vatios para exorcizar demonios. Ellos lo aprovecharon para lanzar proclamas del tipo «¡Espero morirme antes de hacerme viejo!» (My Generation), introducir caos sonoro en sus singles irresistibles y escenificar la autodestrucción destrozando sus instrumentos sobre el escenario.

Así, explosionando en clubes y apariciones televisivas, lograron impactar lo suficiente para que una masa de fans decidiera convertirlos en sus ídolos. Carecían del carisma simpático de The Beatles. También del glamur peligroso y ambiguo de los Stones. Tampoco eran capaces de armar discos tan sólidos como Revolver o Aftermath. Pero había algo sincero y auténtico en su música que atrapaba. Más allá de la urgencia pop de Anyway, Anyhow, Anywhere, The Kids Are Alright o My Generation y de un apabullante directo, se producía en ellos la conversión sonora del contradictorio sentir juvenil.

Ninguno de sus coetáneos logró atrapar mejor esa mezcla de angustia y ganas de vivir que se siente entre los 15 y los 25 años. Es ese «vacío adolescente» al que cantarían años después en Baba O’Riley, inspirada en las enseñanzas de Meher Baba, guía espiritual al que siguió Pete Townshend. También se reflejarían luces y sombras vitales en el protagonista de Tommy (1969), un joven que había desconectado sus sentidos del mundo. Y, por supuesto, en el relato del entusiasmo y posterior desengaño con la subcultura mod de Quadrophenia (1973). En todos hay trazos biográficos de Townshend, compositor principal. De su conflictiva personalidad salieron algunos de los mejores momentos de la historia de un rock que el guitarrista empleó de continuo como purificador.

UNA NARIZ MUY GRANDE

En el rostro ovalado de Townshend sobresale una enorme nariz. Ello provocaría tempranas burlas en el colegio de las que surgiría un complejo que iba más allá de sus compañeros de clase. Lo confesó el propio guitarrista: «Mi madre era muy bella y se había casado con un hombre guapo, pero habían tenido este hijo tan vulgar. De niño ya podía notar su decepción. De alguna manera, tan pronto como crecí fracasé en el intento de interesarle. Sentía que debía demostrarle algo, así que decidí que me haría millonario». Cumplió su promesa.

En la primera mitad de los sesenta encontró a sus aliados. Primero John Entwistle, bajista impertérrito de técnica prodigiosa. Sobresalía precisamente por su quietud en medio de tanta pirotecnia. Este le presentaría a Roger Dartley, rudo y enérgico cantante que por aquel entonces militaba en The Detours. Y, por último, aparecería en escena Keith Moon. Venía de tocar la batería en The Beachcombers e impresionó desde el primer momento. El mito reza que destrozó parte del instrumento en su primera audición para The Who y todos quieren creerse los mitos. Esa actitud sería norma en el futuro. Gracias a su personalísimo estilo, se convertiría en uno de los grandes baterías de la historia.

En 1964 la rueda ya estaba girando. Y el éxito resultó instantáneo. Se aliaron con el publicista Pete Meaden que dirigió todos sus esfuerzos a vincularlos al movimiento mod que se encontraba en plena efervescencia. Así lanzaron como sencillo I’m The Face. Exalta, en clave de rhythm and blues, la figura del face, ese personaje magnético y con carisma que marcaba la tendencia para los otros mods. El disco salió a nombre de The High Numbers, considerados el primer grupo 100% mod de Londres. Al poco se rebautizaron como The Who, conquistaron el club Marquee y empezaron a escribir la leyenda.

Aunque entre los mods existan otros mitos tan o más válidos, lo cierto es que The Who se convirtieron en el gran icono popular de esa cultura. Jugando con el pop-art, el desenfado y su reciclaje de la música negra dejaron extraordinarias píldoras recogidas en los álbumes My Generation (1965), A Quick One (1966) y el ligeramente psicodélico The Who Sell Out (1967). Esa primera etapa, irregular en lo creativo y marcada por unas anfetaminas que se relevarían por el LSD, concluyó con el primer no a la drogas de Pete Townshend. En 1968 se casó, se entregó a la paz espiritual de Meher Baba y adoptó un interés religioso. Pero ese mismo carácter vulnerable que mostraba en sus canciones le jugaba malas pasadas. Las recaídas que se acompañaban de infidelidades y vuelta a los excesos con drogas y alcohol se producían de continuo.

Pese a todo, esos vaivenes psicológicos no afectaban al rendimiento grupo. En esa bisagra entre los sesenta y los setenta se produce la que comúnmente se considera la etapa de máximo esplendor. Más fuertes que nunca en directo —ahí está para atestiguarlo Live At The Leeds (1970)— grabaron una secuencia de discos prodigiosos. De inicio con la ópera-rock Tommy (1969), singular islote en todas las corrientes del momento. Después con un Who’s Next (1971) que inyectaba testosterona hard y le añadía electrónica. Y, ya por último, el magistral Quadrophenia (1973), carente de canciones emblemáticas por sí solas pero posiblemente su obra más elevada a nivel creativo.

A partir de ahí empezarían los titubeos, con discos muy inferiores y una decadencia que afectó a sus directos. En uno de los conciertos de la presentación de Quadrophenia, Keith Moon se desmayó. Su vida de excesos empezaba a pasarle factura. En 1978 murió tras una sobredosis de Clometiazol, un sedante usado para controlar los efectos de la abstinencia del alcohol. Semanas antes se había editado Who Are You (1978). No fue el final. Pero como si lo fuera. Aunque grabarían discos como Face Dances (1981) o It’s Hard (1982), The Who ahí se convirtieron en pasado. Aparecerían en ocasiones especiales, revisando viejos discos o celebrando aniversarios. ¿El último? Su medio siglo. Se celebrará con una gira mundial en el 2015. Promete ser la última.

Elvis Negro y Graham Summer, bajas en el ciclo Retroalimentación

Escrito por Javier Becerra
15 de diciembre de 2014 a las 1:47h

Cambios en Los conciertos de Retroalimentación. El doble cartel previsto para este fin de semana con Chicharrón y Elvis Negro sufrirá una variación. Elvis Negro no podrán tocar y en su lugar lo hará Ocre, el proyecto de pop electrónico de Edu Poch, uno de sus integrantes. En cuando Elvis Negro estén operativos intentaremos reubicarlos en alguna fecha. Por ahora, Chicharrón y Ocre actuarán el próximo 20 de diciembre en la Casa Tomada a las 20.30 horas (entrada 5 euros)

Por otra parte, se cancela el recital que iba a dar Graham Summer en la sala Mardi Gras el 26 de diciembre. En este caso no habrá sustituto, aunque sí nuestro compromiso para acoger la presentación de su disco en cuando el artista esté disponible. El concierto de A Veces Ciclón y Apenino del 31 de enero, sigue como estaba. Y además, estamos a puntito de cerrar otra interesante propuesta para mediados de febrero que ya se anunciará en su debido momento.

Sentimos mucho los cambios, todos ellos debido a circunstancias personales de los músicos imprevisibles cuando se cerraron las fechas. Os esperamos a todos este sábado. Si todo va bien Chicharrón serán entrevistados esta semana en estas páginas.