La Voz de Galicia lavozdegalicia.es - blogs | Inmobiliaria | Empleo | Mercadillo

Deliciosa calma en el sótano

Escrito por Javier Becerra
25 de noviembre de 2017 a las 11:34h

Calero bajó ayer a el escenario bajo tierra del BâBâ Bar para interpretar ese puñado de canciones que descansan en un disco también bastante subterráneo, Un as en la manga. Es una pena que un álbum así no haya tenido más alcance, porque se trata de una pequeña joyita que merece muchos. Lo saben quienes la escucharon y lo saben los que acudieron ayer al pase de Los conciertos de Retroalimentación.
En formato trío, Gutier Calero se acompañó de dos clásicos de la escena local, Adri Mt a ola batería y David Mato al bajo, y reinterpretó las canciones del disco. Temas de folk-rock que, en ocasiones, se aproximan a territorios inesperados. El castellano se ha asentado en un repertorio que otrora era en inglés y casi parece que estemos hablando de un nuevo artista. Al final, eso sí, en el bis tocó un genufllexión de fan ante Bob Dylan, con una versión de su Girl from the North Country.
Otra gran noche a sumar a la lista. Muchas gracias a los músicos, a la sala por las facilidades y, sobre todo, a los que pese a la lluvia disteis calor con vuestra presenta y sostenibilidad con el dinero que pagasteis en la entrada para que cosas así se puedan seguir haciendo. Próxima parada: Guerrera y Cro!, sala Playa Club 23 de diciembre.

Calero, Guerrera, Cro!, Triángulo de Amor Bizarro y Romace, en el ciclo Retroalimentación

Escrito por Javier Becerra
17 de octubre de 2017 a las 9:59h

Era el pasado jueves 5 cuando en el BâBâ Bar el coruñés Pablo Seijas abría la sexta (y no la quinta como equivocadamente dijimos) temporada de Los conciertos de Retroalimentación. Se llenó y certificó el interés en la ciudad por seguir escuchando y disfruando de las pequeñas grandes maravillas del subsuelo musical gallego. Ahora llegan nuevas fechas para seguir alimentando el placer auricular

-CALERO (24 noviembre, BâBâ Bar, 22.30 horas, 5 euros).Tras varios años al frente de bandas como WolRuS o Graham Summer, explorando los terrenos del folk-rock americano de inspiración clásica, Calero se muestra en un formato totalmente renovado. Cantando en castellano, buscando un sitio personal más allá de la mitomanía y un con álbum tan notable como Un as en la manga. Ya lo presentó en el festival Noroeste Estrella Galicia. Ahora lo lleva a las salas.

-GUERRERA y CRO! (23 de diciembre, Playa Club, 23.00 horas, 10/12 euros).. Era una de las deudas pendientes de este ciclo y, por fin, se vamos a saldar. Maestros en la mezcla de la psicodelia densa y el stoner-rock al ralentí, Guerrera actúan por primera vez en Los conciertos de Retroalimentación. Son unas pequeñas estrellas del underground gallego con directos abrasadores. Vendrán de la mano de Cro!, la banda de Vigo que factura una singularísima mezcolanza de jazz, rock progresivo y un algo propio que los hace muy especiales.

-TRIÁNGULO A. BIZARRO y ROMANCE (6 de enero del 2018, Playa Club, 23.00 horas, 12 euros en oferta inicial). TAB son el gran referente del rock independiente en Galicia y, en consecuencia, el grupo mimado del blog Retroalimentación. Cualquier excusa sirve para que la banda de Boiro vuelva a subirse al escenario del ciclo, donde son unos habituales. En su anterior comparecencia (abril del 2016) dejaron el Playa Club patas arriba con un concierto excepcional. En esa ocasión prometen una actuación muy diferente a las de la gira y con un contenido sorpresa muy especial, del que hablaremos más adelante.Con ellos estarán como teloneros Romance, una nueva banda de punk-pop coruñesa.

Un pequeño gran concierto de un pequeño gran artista

Escrito por Javier Becerra
6 de octubre de 2017 a las 10:13h


Esta vez Los conciertos de Retroalimentación empezaron en formato mínimo. Nos estrenábamos en un espacio aún inédito para el ciclo, el Baba Bar. Y lo hacíamos con uno de esos artistas semi ocultos en el pop gallego, que tienen mucho que decir, cantar y emocionar. Queríamos hacer la actuación de Pablo Seijas con banda al completo. Resultó imposible. Optamos por hacerlo igual. Optamos bien. Porque ayer se vivió en el local una noche preciosa.

Con el notabilísimo Debajo del aire como esqueleto argumental, Pablo repasó sus canciones con guitarra acústica y eléctrica. Repartió aromas de country, ribetes de folk y melodías que se deslizan por el pop. Con esas armas conquistó al público que llenó el local para decirle adiós antes de su marcha a Madrid. Prometió volver con banda, una vez que la forme allí. Su hermano, Adrián Seijas, le espera. Seguro que los tendremos aquí. Desde luego, este ciclo los acogerá con los brazos abiertos.

Solo queda agradecer al Baba Bar todas las facilidades (habrá más conciertos allí, sin duda), al artista su implicación máxima y, muy especialmente al público que paga una entrada y permite que todo esto tenga sentido.

Los conciertos de Retroalimentación siguen. Este año hemos tenidos problemas con algunos bailes de fechas, solapamientos de conciertos y similares. A Coruña vive una particular edad de oro y eso trae estas consecuencias. Bendito problema. A lo mejor tendremos que dejar algún mes vacío y, luego, hacer dos bolos en el siguiente. No os preocupéis, que ya tenemos cosas (muy interesantes) cerradas que anunciaremos en breve. Permaneced atentos.

Pablo Seijas abrirá la sexta temporada de Los conciertos de Retroalimentación

Escrito por Javier Becerra
26 de septiembre de 2017 a las 21:21h

Tenía muchas ganas de arrancar este año el ciclo Los conciertos de Retroalimentación con Pablo Seijas. Primero, porque su disco “Debajo del aire” es una preciosidad de folk-pop con toques de psicodelia que enamora. Segundo, porque ha pasado semidesapercibido y estoy completamente seguro de que todavía existen muchos oídos por conquistar.

Lo queríamos hacer con banda pero ha resultado imposible. De todos modos, ya hemos visto que Pablo se maneja con tino en el plano acústico. Quien lo haya visto en el concierto de Micah P. Hinson de la pasada primavera puede dar buena fe de ello. Ahora ofrecerá una actuación muy especial: la última antes de irse a Madrid durante una temporada. Acude, porque te va a encantar. Será el próximo jueves 5 de octubre en la sala Baba Babar (Pérez Cepeda 23, 5 euros).

Con esta actuación arranca la 6º edición de este ciclo. Por ahora no vamos a desvelar más nombres, aunque ya hay un par de conciertos cerrados. Os van a encantar, seguro.

El meneo de rock latino de Electra

Escrito por Javier Becerra
10 de junio de 2017 a las 10:22h

Sabíamos, por su filiación anterior, que íbamos a ver a una banda de rock. Y sabíamos que le tiraba los marasmos psicodélicos-progresivos, por el mismo motivo. Venir de formaciones como Kozmic Muffin, Ultracuerpos o Rockers Go To Hell marca. Pero lo que desconocíamos de Electra era abierto abrazo latino que, por momentos, convierte su discurso en una suerte de Carlos Gardel comandando los Bad Seeds de Nick Cave. O algo así, porque lo que se pudo ver anoche en Mardi Gras fue un sorprendente meneo musical que disparaba las familiaridades en mil y una dirección.

Era el primer concierto de un proyecto llamado a hacer grandes cosas. El periplo sudamericano de Pablo Rega se ha materializado en en esta banda de directo granítico y efecto contudenctes. Comandada por un Álvaro Dorda de pecho hinchado (a veces, si me permite, parecía el Corcobado que miraba a Camilo Sexto) y carisma arrollador, trenzaron hora y pico de música de la buena: sólida, excitante y con puntuales momentos para enajenarse. El final, entre la fiesta latina y el rock oscuro-pero-abrasador, nos dejó entusiasmados.

Ha sido este el último concierto de la quinta temporada de Los conciertos de Retroalimentación. Un paseo musical que este año ha saltado del folk de Caxade a la canción de autor de Adán Jorge; del pop tropical de David Quinzán al épico de Escuchando Elefantes; del surf de Bento Veloso & los Doce Trinches al stoner-rock piscodélico de Moura; de la trituradora funk de The Funkles a la psicodelia desquiciada de Cro!; de la renovación a todo color de Jay a ese puñado de artistas que nos ensancharon el corazón cantando las canciones de David Bowie en el Playa.

No ha estado nada mal, ¿verdad? Pues ahora nos retiramos hasta después del verano, en el que volveremos con nuevos frutos del bosque de la música gallega. Muchísimas gracias a las bandas y, por supuesto, a ese público que pagando su entrada permite que la rueda siga y siga. Nos vemos, a más tardar, en octubre. Disfruten de toda la música que sonará en los próximos meses.

Buenas vibraciones en modo acústico

Escrito por Javier Becerra
4 de junio de 2017 a las 11:21h


La grabación de Walk, el segundo disco de True Mountains, resultó complicada, larga y tediosa. Por eso sobre el escenario se sienten liberados. Así lo decía ayer un Pérez con sonrisa de oreja a oreja y ganas locas de compartir esas canciones con su audiencia. Secundado por Nacho Martín al contrabajo hicieron lo que mejor saben hacer: tocar esas piezas de punk-folk acústico, contagiar buenas vibraciones y convertir el local en una auténtica fiesta. Eso fue lo que ocurrió anoche en el Playa Club.

Desfilaron sus mini hits “Fuck Televisión” y “Xeración X”. Se acoplaron con el nuevo repertorio. Y se alargaron hasta una hora y media de actuación. Abajo, el mismo reflejo de satisfacción entre la audiencia, encantada de escuchar este insólito duo surgido como una extraña flor en le jardín del rock gallego. Molan, molan mucho. Ayer lo dejaron patente en otra fantástica noche de Los conciertos de Retroalimentación. Gracias infinitas a ello, al Playa Club y a todos los asistentes que, recordemos una vez más, hacen que pagando su entrada cosas así sean y sigan siendo posibles. Nos queda una esta temporada aún. Próxima parada: Electra, el 9 de junio en Sala Mardi Gras.

Una excitante excursión por el subsuelo musical gallego

Escrito por Javier Becerra
13 de mayo de 2017 a las 12:12h

Normalmente Los conciertos de Retroalimentación se mueven por el subsuelo musical gallego, pero ayer quizá bajamos un poquito más. Fue una exploración fascinante por las sombras de un movimiento sonoro que, lejos de agotarse en un bum de temporada, sigue entregando fascinantes proyectos. Merecen esfuerzos, dolores de cabeza y aliento de sus seguidores.


Al menos eso es lo que pensábamos viendo a Pantis. El proyecto de oscuro pop electrónico de Rubén Domínguez ya nos había dejado K.O. cuando lo presentó junto a Triángulo de Amor Bizarro en el Playa Club el año pasado. Ayer no existía ese factor sorpresa ni el impacto de lo imprevisto. Pero sí los efluvios sintéticos de una música hipnótica, arrebatada y seductora. Gustó. Y mucho.


Continuó Sr. Anido, longeva y rara avis de este ecosistema musical. Aulló, soltó guitarrazos punk-surf-pop y agitó al personal con la única ayuda de su voz, seis cuerdas y una caja de ritmos. Más de la mitad de su actuación la basó en “18”, el disco editado junto a Sr. Álvarez. En el escenario le dio brío a su carácter insólito y reclamó, una vez más, su lugar en en todo este embrolló de la Galicia sónica.

Jay cerraron la noche apabullando. Adiós al noise gris y gritón. Hola a un carrusel impactante de formas que abarcan desde el flamenco al hip-hop, pasando por el funk o el tropicalismo. Todo ello macerado en psicodelia, formó una actuación in crescendo cuyo último tramo resultó sencillamente en una maravilla. Cuando cerraron con “Que me cuen” los rostros de la audiencia decían claramente: “¡Más!”. Una delicia.

Muchísimas gracias a los que acudisteis respaldando con vuestra entrada experiencias como esta, que caminan por la cuerda floja de la sostenibilidad económica. Gracias a los grupos, especialmente por su generosidad ante los problemas surgidos en la organización del bolo, y a la Nave 1839 por las facilidades dadas. Una vez más, nos acostamos contentos, satisfechos y, ¿por qué no decirlo?, un poco (bastante) orgullosos de lo realizado. Este año Los conciertos de Retroalimentación están siendo especialmente bonitos. Próxima parada: True Mountains, 3 de junio en el Playa Club. Nos vemos.

Jay: “Queremos hacer música, olvidando todos los límites y las barreras”

Escrito por Javier Becerra
11 de mayo de 2017 a las 13:54h

Los vigueses Jay adoraban el gris, el ruido y la saturación. Así lo dejaron de manifiesto en sus dosprimeros álbumes. Pero algo ha ocurrido en su interior. Fuimos nosotros, su tercer trabajo propone a un grupo nuevo, que juega con la música, la pinta de mil colores y se divierte con ella. Este viernes 12 de mayo lo presentan en Los conciertos de Retroalimentación (Nave 1839, 20.30 horas). Estarán junto a Sr. Anido y Pantis en una noche que promete ser muy especial. Antes Brais Rodríguez, su cantante y bajista, explica qué ha pasado en una banda que parece haber renacido

-Decían en una vieja entrevista que su música era afín al plano urbanístico de Vigo. ¿A qué es afín ahora?
-Igual es el mismo plano, pero visto con otros ojos, porque han pasado cinco años desde nuestro primer disco. Seguramente, siga presente en las estructuras. Vigo es una ciudad muy industrial, con muchas máquinas por todos lados y da una imagen de desorden. Puede ser. Antes se trasmitía eso con oscuridad y ahora con estructuras un poco locas. Pero tampoco es que pensemos mucho en el plano urbanístico de Vigo cuando componemos [risas]

-En este disco existe una renuncia clara al ruido que les caracterizaba. ¿Les saturó tanto noise?
-No es una decisión premeditada, en plan reunirse y decir: “Se acabó el ruido”. Simplemente, ya habíamos sacado dos discos y una maqueta bastante ruidosos. Han cambiado las cosas. Cuando hacíamos ruido todo era ruido. Escuchábamos ruido constantemente, mucho Sonic Youth del Bad Moon Rising y Confusión Is Sex. Ahora escuchamos música mucho más colorista y más alegre, que aparta un poco toda esa oscuridad. Fue algo natural. Escuchamos mucho pop, electrónica y hip-hop. A la hora de componer sale lo que sale. Han pasado muchos años y hemos evolucionado. Seguimos siendo Jay, pero podríamos ser otro grupo.

-Al ver el video de “Menos corpóreo, más real” tuve esa sensación: la de estar ante otra banda.
-Sí, el grupo plasma nuestra evolución y, como ahora estamos muy lejos de poder comer de la música, tenemos esa libertad de tirar para donde nos dé la gana. Nos apetecía hacer algo así. Hacer más noise y caña nos aburriría.

-Habla de libertad y el disco la trasmite. Aunque no se trate de lo mismo, escuchándolos me viene a la cabeza bandas como Za!, desafiando las formas y estilos de la música con una actitud muy vitalista. ¿Están de acuerdo?
-No los escuchamos mucho, pero sí que los puedo relacionar con temas como El gris. Queremos hacer música, olvidando todos los límites y las barreras, porque al final es muy fácil caer en que te gusta mucho un grupo, lo escuchas mucho y terminar pareciéndote demasiado. Queremos, en la medida de lo posible, hacer música que carezca de esas barreras. Las influencias siempre están ahí, porque todos escuchamos música, pero intentamos que sea lo más nuestro posible.

-El disco es caleodoscópico y las canciones muchas veces circulares. Parece que giran sobre sí mismas intentando capturar al oyente. ¿Ha cambiado la manera de componer en ese sentido?
-Ha cambiado un poco, pero ya había cambiado antes. El primer disco fue un álbum de canciones enteras, con un riff, un verso, un estribillo. En este disco las cosas surgen de sesiones en las que improvisamos. También grabamos samplers de hip-hop. Luego, uno viene y dice “Se me ocurrió esta parte”. Entonces miramos a ver si encaja con el sampler previo. Fue como hacer un collage, muy divertido para encajarlo todo. Fue muy diferente a los otros.

-Imagino que tiene que ser muy diferente también ejecutarlo. Jay antes invitaban a la enajenación. ¿Ahora se necesita más concentración?
-Jay al principio era sudor, saltos y gritos. Ahora estamos cambiando. Veníamos de tocar muy alto. Tú antes venías a vernos y sabías que te iban a pitar los oídos del resto de la noche. Ahora, tenemos que bajar los amplis porque si no se formaría una bola de sonido que no es lo que buscamos. El problema del tránsito es asimilar que suena guay a la mitad del volumen con el que tocábamos antes [risas]. Luego está la electrónica. Tenemos un sampler y el batería ya toca con cascos y lo sigue. Nos tenemos que adaptar todos a la electrónica, porque no hay posibilidad de fallo.

-Flamenco, hip-hop, tropicalismo, rock sinfónico… ¿Han metido en este disco todo lo que os gustaba como oyentes?
-Intentamos hacer el disco que nos gustaría escuchar si lo sacase otro grupo. Que recoja partes de hip-hop, partes de flamenco,… todo. Al hacerlo, tuvimos la duda de si era adecuado meter tantos estilos remezclados. Pero pensamos en un disco de los Beastie Boys, el Ill Communication. Tiene 20 canciones que mezclan el funk, el hip-hop, el hardccore, la cumbia… Nuestro disco no tiene nada que ver con ello, pero sí que sirvió de inspiración para atrevernos. Aunque los temas sean diferentes yo creo que al final sí que hemos logrado un nexo.

-Lo que parece es un especie de safari musical.
-Un amigo lo definió como un parque temático en el que van pasando cosas.

-El problema es poderlo escuchar del tirón para encontrarle ese sentido, ¿no creen?
-Es un disco de escucharlo entero. Y varias veces Óscar, la persona que hace al artwork fue de los primeros en escucharlo. Al terminarlo le pregunté. Me dijo que no podía decir nada. Y ahora le gusta mucho. Decía que teníamos que avisar a los oyentes de que es necesario escucharlo varias veces. Yo creo que también que no es un disco de hits, sino un disco de unidad.

-Bueno, hablaba antes de Beastie Boys. “Que me caen”, a mí me recuerda a ellos. Sería un buen single.
-Sí, de hecho es la canción con las que cerramos los conciertos. Funciona muy bien. La gente baila y salta. Es la más cañera del disco.

-En el disco llama la atención muchísimo. Igual que la siguiente, “La portera”, esa especie de flamenco fronterizo extraño. Me parece un hallazgo sonoro.
-Es como Slint haciendo flamenco o algo así. Es la primera o segunda canción que hicimos para este disco, es un tema de tránsito, sin samplers ni nada.

-Y siguen haciendo versiones de Indómitos, aquel gran grupo vigués semidesconocido. ¿Un amor incondicional?
-Sí, las hacemos en todos nuestros discos. Teníamos 18 o 19 años cuando salieron y filmamos. Es el típico grupo que, de repente, hace que dé la vuelta a todo lo que crees de la música y empiezas a pensarlo de otra forma. Desde entonces decidimos que todos los discos que sacásemos llevarían una versión de Indómitos.

-Los veremos ahora en directo. ¿Concilian pasado y presente o ya solo son los Jay del 2017 haciendo este sonido?
-Hacemos lo que nos apetece hacer ahora, este sonido. No va a haber ni gritos, ni ruido. Vamos a tocar temas del disco y adaptaciones de temas anteriores, trayéndolos al momento presente. No van a pitarle los odios a la gente.

Un grande reducido a lo mínimo

Escrito por Javier Becerra
1 de mayo de 2017 a las 9:32h

PALACIO DE LA OPERA CONCIERTO DE CATEANO VELOSO

Caetano Veloso & Teresa Cristina
Palacio de la Ópera, A Coruña
30-abril-2017

Lleno total en el Palacio de la Ópera en la segunda visita de Caetano Veloso a la ciudad. La anterior tuvo lugar en el 2007, en el aniversario de la Fundación Barrie y en clave experimental y noise. La de ayer tampoco resultó del todo convencional. Acudía con la cantante Teresa Cristina -a quien le cedió la parte inicial del recital y la sumó al tramo final- y en un formato mínimo -él solo y su guitarra-. Es decir, canciones expuestas como árboles de invierno, sin hojas y sin flor. Esencia más absoluta. Simplicidad máxima. O gusta o disgusta, sin término medio. Apenas su voz tersa-suave-y-embaucadora, la guitarra rítmica-pero-aterciopelada y, por supuesto, un repertorio mí-ti-co.

Fue su inagotable catálogo de canciones quien sustentó un concierto que en manos de otro sería un suicidio y en el que, sí, de cuando en cuando se echó en falta el cuerpo de una banda. No en O Leazozinho, por supuesto, o su celebérrima versión de Cucurrucucú Paloma, paridas ambas en esa precariedad instrumental y despertando anoche las primeras ovaciones por su espléndida interpretación. Pero sí, desde luego, en esa visita a la imprescindible A luz de Tieta o en los rescates de la época tropicalista. Hubieran ganado con el abrigo de un puñado de músicos, sin duda. Se sabía y, por tanto, no decepcionó a nadie. Aunque la mente tendía, en más de una ocasión, a buscar en el aire sonidos que definitivamente no estaban pero que aparecían como fantasmas.

De todos modos, Veloso es un grande y, como tal, se bastó de esas armas para trenzar una actuación notable. Le precedió su invitada particular, quien llevó a las tablas las canciones de Santa Cartola, acompañada del guitarrista Carlinhos Sete Cordas. Supuso una agradable media hora previa que se empalmó con la aparición de la estrella del cartel. Arrancó con Luz do Sol. Delicadeza, líneas que apuntan alto y, de pronto, se encogen. Una garganta finísima que la guía y la sensación de asistir al concierto de, insistimos, un grande.

Desfilaron Os Passistas, Um índio y un Reconvexo en el que, ante la ausencia del temblor rítmico original, reclamó palmas. En contraste, se marcó una versión del Love For Sale de Cole Porter a capela. No hay trampas. No hay boutade posible. Sonó tal cual la grabó en el 2004 en el excepcional Foreing Sound. Sí, antes de que a Dylan se le diera por revisar los clásicos de la canción americana previa al rock, ya andaba Caetano Veloso por ahí. Ayer la definió, ensimismado, como “a mellor canción americana”. Y encantó la audiencia.

Se trataba tan solo del ecuador de un concierto que fue creciendo y que encontró sus picos más altos en la unión de los tres músicos final. Ahí entre Odara y Desde que o samba é samba, Cateano, Teresa y Carlinhos mandaban un mensaje a los que, apurados, ya estaban en los pasillos buscando la salida. Aguarden, bajen el ritmo de su vida y disfruten de ella sin prisas. Sí, con esa suave cadencia de esas canciones tan rematadamente bonitas que hacen que esa vida, muchas veces acelerada, sea mucho mejor que sin ellas. Aunque, en ocasiones, echemos de menos la banda.

Foto: Eduardo Pérez

Bento Veloso y Elvis Negro: opuestos pero felizmente complementarios

Escrito por Javier Becerra
2 de abril de 2017 a las 15:15h

El pase de Elvis Negro y Bento Veloso y los Doce Trinches de ayer en Los conciertos de Retroalimentación fue un zigzag de blancos y negros. Los primeros se estrenaron en A Coruña en formato trío. Salieron a contraluz, proyectando sus sombras en el techo. Tiraron de estética indie, con baterias monoliticas y velvetianas, guitarras noise-poperas y letras raras-pero-inquietantes. Hubo momentos de mmmmm… cerremos los ojos. Otros fueron de mmm…abrámoslos. Pero en todo caso demostraron que su mutación respecto a aquel dúo que se presentó como telonero de Triángulo de Amor Bizarro en el 2014 es total e invita a seguirlos allá a donde vayan.

Con Bento Veloso cambiamos de extremo. Lo suyo es rock directo y al grano, que igual tira de Link Wray como de The Cramps. Sólidos y con músculo se plantaron con hechuras de banda de directo para regar a la audiencia son rítmica grasienta, textos de serie b y un puñado de canciones que deberían hacerlos trascender más allá de A Coruña. El concierto, extenso e intenso, obliga a pensar en un futuro elepé que no debería demorarse mucho más.

La respuesta de público estuvo en sintonía, por lo que no queda más remedio que reconocer a los asistentes que permiten que bolos así se puedan realizar y este ciclo lleve ya cinco años de funcionamiento. Gracias infinitas a ellos, a las bandas y a Mardi Gras. Esta semana, si todo va bien, anunciaremos los tres últimos conciertos de la temporada de este ciclo. Estad atentos.