La Voz de Galicia
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Savater y el Planeta

Hizo bien en llamarle La hermandad de la buena suerte. Porque buena y mucha suerte es la que ha tenido Fernando Savater para ganar el Planeta con semejante novela, por llamarla de alguna manera. Los dos últimos triunfadores habían elevado un poco el listón. Los trabajos de Álvaro Pombo y de Juan José Millás se dejaban leer y no desmerecían sus carreras. Estaban en su línea, dialogado el primero e inquietante el segundo. Pero lo de Savater es increíble. No es ni novela negra, ni de misterios, ni de caballos, ni de nada. Hay algunos juegos de palabras y reflexiones, «los años solo traen desengaños», y poco más. Si alguien tiene que aficionarse a los caballos por leer este libro será con el fin de ponerse debajo de ellos para que lo pisoteen. Todo el suspense se resume en el tiempo en el que lo tienes en alto para … Seguir leyendo

El Cervantes del Guinardó

Nació dos días después de los Reyes Magos del 33. No tardó en saber que el partido era difícil. En el minuto uno se quedó sin madre. Y su padre tampoco compareció. Fue entregado a una familia. Y dejó de ser Joan Faneca para ser Juan Marsé. Fue feliz de niño y tuvo un padre adoptivo al que le gustaba conducir su vida por la izquierda, carril prohibido entonces. Sufrió, el padre, prisión, y el hijo se tuvo que poner a trabajar de crío, de aprendiz en una joyería, para ayudar en casa. Aquel aprendiz de joyero, que luego lo sería de laboratorio en París, quería ser escritor. Y pronto conectó con la izquierda divina que, en Barcelona, formaban Jaime Gil de Biedma y Carlos Barral, entre otros. Les cayó bien el chico duro, el pandillero de barrio y suburbial.

Marsé sabe que no hay fórmula literaria más efectiva que … Seguir leyendo

Leo

Es así. Un chico besa a una chica contra una puerta. Cada vez que la besa, suena el timbre del periódico y la cámara de seguridad los registra. Registra los besos.
-No te preocupes. Son amigos míos, vienen a buscarme, dice el técnico de la radio.

La noche está fría. Te calientas, a falta de besos, con lecturas. Lees a Sergio Pitol que lee a Alvaro Mutis, que lee a Joseph Conrad. Lees a José Pla, cada pitillo, un adjetivo, lees las atípicas memorias que hace del escultor Manolo. Te quemas las pestañas con el Amuleto de Roberto Bolaño, Bolaño a toda velocidad, entre nubes a las cinco de la madrugada, nubes de humo. Hablaste con tu hermana, que estaba tan guapa en las fotos, con sus ojos grandes y sus manos como en el aire.

-Con las manos parece que en vez de moverlas, das pinceladas, le dijiste.

Hablaste … Seguir leyendo

Cáncer

Tenía las uñas azules como el cielo y nombre de río en las montañas y algo de pájaro en la cara. Y había sido madre de tres hijos. Vivía en aquel ático desde el que veía a los yonquis con la mirada perdida entre los árboles de la plaza. Su marido se fue con otro. Pero esa es otra historia. Se fue como los profesionales. Salió del armario, se fue a por tabaco y nunca volvió. Ella era pintora de una lienzos enormes, marcada por la luna. Tuve que ir a entrevistarla y me hizo café mientras tomaba un té. Un compañero me había contado su vida, pero yo solo tenía que preguntar por sus cuadros.

Es una mujer increíble. Tiene una energía que no sé de dónde sale. Sobre todo, después de lo que ha tenido que vivir. Fíjate que su marido la abandonó, al cargo de tres niños. … Seguir leyendo

Géminis

Te acuerdas. Tenían los ojos transparentes, como dos lágrimas verdes. Una quería ser artista y usaba guantes. La otra no quería ser nada. No, mejor. Solo quería ser feliz. Las conociste en Madrid, cuando vivías en aquel piso de la calle Jaén, cuando comías el menú del día en el Mesón de la Risa, al que le llamabais el Mesón de la Prisa. Era comer y marchar a clase. Eras estudiante, el tiempo feliz y perdido en los tardes de los cafés. Al principio, creíste que era solo una. Sonia. Te atendió en una tienda de ropa de Princesa. Salió de la oscuridad del ropero y desplegó su sonrisa. Era menuda. Otro día volviste y te atendió con el pelo rizo. Las mismas lágrimas verdes en los ojos, tal vez el mentón más redondeado. Pero pensaste que era la misma. Sonia. Luego apareció una amiga en común. Y sucedió el … Seguir leyendo