La Voz de Galicia
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Hizo bien en llamarle La hermandad de la buena suerte. Porque buena y mucha suerte es la que ha tenido Fernando Savater para ganar el Planeta con semejante novela, por llamarla de alguna manera. Los dos últimos triunfadores habían elevado un poco el listón. Los trabajos de Álvaro Pombo y de Juan José Millás se dejaban leer y no desmerecían sus carreras. Estaban en su línea, dialogado el primero e inquietante el segundo. Pero lo de Savater es increíble. No es ni novela negra, ni de misterios, ni de caballos, ni de nada. Hay algunos juegos de palabras y reflexiones, «los años solo traen desengaños», y poco más. Si alguien tiene que aficionarse a los caballos por leer este libro será con el fin de ponerse debajo de ellos para que lo pisoteen. Todo el suspense se resume en el tiempo en el que lo tienes en alto para leerlo. ¿Cómo un activista interesante y un intelectual con buenos trabajos puede ponerle su nombre y apellidos a este texto, que parece redactado a toda prisa y sin mayor ligazón? ¿Es que el dinero es capaz de todo? ¿No sintió sonrojo? ¿No tenía amigos cerca para que le dijesen que, entre sus virtudes, no estaba la de la novela de intriga? ¿Le pudieron las ganas de probarse a sí mismo como el Umberto Eco español para ver si estaba a la altura de El nombre de la rosa? ¿Por qué le ha hecho Savater daño tan gratuito a los bosques, con la cantidad de árboles que han tenido que sacrificar para la tirada del Planeta?