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Coldplay chocan contra las expectativas

Viernes, octubre 28th, 2011

Está claro que a Coldplay le sientan mal las expectativas creadas. Sus canciones, a veces, los colocan como aspirantes a ese título de Gran Banda del Momento. Pero llegados ahí, parece que les pueda la presión. Incapaces de firmar su álbum definitivo, terminan instalándose en una suerte de duermevela creativa en la que la inspiración se sustituye por el piloto automático sin solución. Y los anhelos de los esperanzados mutan en una frustración total.

Ya les sucedió en el apagado X&Y (2005), tras haber dejado boquiabierto al planeta con aquellas incuestionables In My Place o Clocks de su disco precedente, A Rush of Blood to the Head (2003). Y les ha vuelto a pasar ahora, una vez que el notable Viva La Vida or Death and All His friends (2008) miraba a esa zona noble del rock en la que las bandas se convierten en faros que iluminan un momento. Efectivamente, Mylo Xyloto deja el regusto de lo que pudo haber sido y no fue. Se trata de la misma insatisfacción que produce ver a una persona querida tras un tiempo sin verla y comprobar que ha perdido aquella chispa que la hacía especial.

Relegado Brian Eno a un segundo plano (a hacer “enoxificación” tal y como reza la nota promocional), los mandos los toman unos Markuzs Dravs, Daniel Green y Rick Simpson que pretenden dotar de un barniz sintético al sonido de siempre. La banda aporta ahí, como principal novedad, algún coqueteo con la discoteca y el acabado brillante. En ese sentido se podría tomar Mylo Wyloto como su particular Pop (U2): un abrazo al hedonismo de la bola de espejos (en Princess Of China canta la súper estrella del r&b Rihana) sin dejar de tener los pies en la épica de medio tiempo que los hizo célebres. La idea en sí no está mal. El problema es que, trasladada al disco, no llega a cuajar.

Un disco de Coldplay sin himnos es como un árbol de Navidad sin bolas. Y Mylo Wyloto posee más bien pocos. Si acaso el discutido Everything Teardrop Is A Waterfall servirá para ondear la bandera de la euforia y poco más. En el resto del álbum predomina el perfil medio (ese Paradise que no logra despegar), el deja vu (Charlie Brown, descendiente directa de Viva la vida) y la levadura para estadios (Don´t Let It Break Your Heart). También hay baladas acústicas marca de la casa que no llegan a generar emoción, constantes homenajes a las atmósferas guitarreras de U2 y pequeñas cortinas ambientales que difícilmente serán recordadas en el futuro. A ver si ahora, de nuevo en la liga de las bandas normales, cogen impulso y nos sorprenden a todos con su sexto disco. Todo ello, siempre y cuando, los rumores de separación que flotaron en los meses previos a la edición del álbum no lleguen a materializarse.

Coldplay “Viva La Vida or Death and All His Friends” (Emi, 2008)

Jueves, junio 12th, 2008

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De todos los aspirantes al título de “nuevos U2” surgidos en la última década Coldplay eran, sin duda, los más válidos. La progresión entre Parachutes (2000), su sombrío e intimista primer álbum, y A Rush of Blood to the Head (2002), el segundo que ya miraba abiertamente a la épica de estadio, así parecía confirmarlo. En ambos casos existían buenas canciones, solidez sonora y ese algo de magia que hizo que joyitas como Yellow o In My Place pasasen a formar parte de la intimidad de miles de personas en todo el mundo. Sin embargo, llevados por la inercia, editaron X&Y(2005), un insulso ejercicio de estilo deslavazado y totalmente hueco que puso al grupo pronto en tela de juicio. Las actitudes paranoicas y persecutorias de su vocalista, Chris Martin, tampoco ayudaron y, por aquel entonces, todo apuntaba a que una de las esperanzas de la música comercial con calidad (esta sí, de verdad, no lo que se vende en España como tal) se venía abajo.

Con propósito de enmienda semeja que llega Viva La Vida or Death And All His Friends que renueva considerablemente el sonido de la banda, sin por ello renunciar a sus raíces. Producido por Brian Eno (la mano que moldeó The Unforgettable Fire de U2, de cuya pócima sonora tiran ahora lo suyo ¿quién dijo que la referencia era Rattle and Hum?) en él se constata que el grupo ha buscado nuevos horizontes, dejándose cubrir por el barniz ambiental. En efecto, desde el instrumental de Life in Technicolor que lo abre no es difícil apreciar el pincel de My Bloody Valentine, Cocteau Twins, Sigur Rós e incluso Seefeel otorgando una distintiva capa de niebla, hipnosis y repetición a ese sonido tan suyo de guitarras limpias, falsete eterno y pianos que llevan el New Years Day de U2 incrustado para siempre en el ADN. Ello provoca que la escucha del disco sea como pelar una cebolla en la que, a cada escucha, van surgiendo nuevos matices y hallazgos.

Solo hay que ponerse ante el primer single, Violet Hill, donde en una de esas progresiones de piano trotón con parada lírica y batería a piñón fijo, ya típicas en Coldplay, se agrega un fondo de marañas guitarreras que parece extraído del noise-pop de los primeros noventa. Esa es la tónica dominante y, con alguna agradable sorpresa de por medio (palmas latinas surgiendo en Cementeries of London, dudosos aires arábigos en una Yes que, no obstante, muta en un impresionante tramo final totalmente shoegazer o la emoción contenida de Viva La Vida, erigida sobre vigorosos sintetizadores y ondas de cuerdas), lo cierto es que este trabajo se deja querer tanto por lo que tiene de esencia, como de presencia.

De aquí a unos meses se sabrá si estamos ante un espejismo o una realidad, pero así, a primeras, lo cierto es que Viva La Vida or Death And All His Friends vence y convence.

ojd