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Los mejores discos internacionales del 2016

sábado, diciembre 24th, 2016

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El año 2016 ha sido del del rock y sus circunstancias. La muerte se encuentra detrás de tres de los álbumes fundamentales del ejercicio: los de David Bowie, Nick Cave y Leonard Cohen. Ha obligado al oyente a cambiar la mirada sobre ellos. Además, se ha consagrado definitivamente Beyoncé como la gran estrella pop del momento, con su hermana Solange despuntando con un espléndido lienzo de música negra. Todo con la emocionante irrupción de una soberbia Angel Olsen, el segundo paso de las imprescindibles Savages, las refrescantes dentelladas de Car Seat Headrest y Public Access Tv y el retorno de una leyenda brit, Suede. Vamos que, al final, el año no ha estado tan mal.

1. DAVID BOWIE “Blackstar” (Sony). La secuencia de vacío-encogimiento-asombro que generó la muerte del artista ligada a la edición de este disco no la olvidaremos jamás. Como queriendo hacer de esta un acto creativo, Bowie pintó una pirueta final que nos dejó conmovidos. Si el disco -entre el frío berlines, las filigranas jazzies y un clima derrotado- nos había encantado, con la desaparición del artista unos días después se convirtió en fundamental. De pronto, lo entendimos todo: la portada, las metáforas mortecinas, el tono angustiado y las melodías que decían adiós. Ya no está con nosotros. Fue un placer haberlo conocido, crecer con él y acompañarlo hasta este maravilloso y superlativo final.

2. NICK CAVE “Skeleton Tree” (Bad Seed). La pérdida de Arthur Cave, su hijo de 15 años, en noviembre del 2015 planea sobre las nueve canciones de este trabajo. Un disco de instrumentación casi estática, interpretado casi en spoken word y con melodías que casi se llegan a dibujar. En esos “casis” se encuentra mucho de su valor. Creado en el estado paralelo que genera una pérdida así y trasmitiéndolo en todo momento con versos demoledores y congoja permanente, se trata de un disco soberbio. Cuando, en la recta final, llega “Distant Sky” a uno literalmente se le encoge el alma.

3. SAVAGES “Adore Life” (Matador). Son uno de los grupos fundamentales del presente del rock. Lo habían demostrado en su primer álbum y lo refrendan en este segundo. El post-punk catártico inicial se abre ahora en caminos de los que surgen joyas de pecho hinchado como la titular “Adore Life”. Menos Siouxsie and the Banshees, más Pj Harvey, “Adore Life” se presenta como un disco de subidones y bajones, de cánticos al amor y la vida, de intensidad máxima y nervios a flor de piel estallando de continuo. Solo es un aperitivo del grupo que, probablemente, brille más en directo en la actualidad.

4. LEONARD COHEN “You Want It Darker” (Columbia). Otro álbum marcado por la muerte y la inminencia de esta. Si 2016 empezaba con la adiós de David Bowie, enfiló su final con la de Leonard Cohen. Más explícito aún (“Si eres tú quien reparte las cartas / déjame salir de este juego / aquí estoy, estoy listo, Señor”), cierra con él no solo su trayectoria, sino la espléndida trilogía crepuscular que supuso su vuelta a los estudios. Todo con tono opaco, música ralentizada, deliciosos coros femeninos y sensación de eternidad. También ha sido un placer estar contigo, Leonard.

5. BEYONCÉ “Lemonade” (Sony).
¿Aún existe algún reacio a aceptar el apabullante talento de Beyoncé Knowles por aquello de la autenticidad y la repulsa a las grandes estrellas del pop? ¿De verdad? ¿Es posible? Le recomendamos que se deja caer por su mejor disco hasta la fecha. Con sus problemas personales sobre la mesa (la supuesta infidelidad de us marido Jay-Z sale a relucir desde el primer verso: “Puedes probar la falta de honestidad / Está por todos lados en tu respiración mientras la pasas tan caballerosamente”), traza un suntuoso viaje musical por el Caribe, el rock, al country y un sinfín de géneros.

6. ANGEL OLSEN “My Woman” (Jagjaguwar).
¿Es quizá “Sister” la mejor canción del año? Lo cierto es que cuando la luz de miel, country y melancolía de la artista interpretan esos versos todo indica que sí. Y cuando en la segunda parte del tema surgen esos coros que parecen venir del más allá en medio de la electricidad, ya no quedan dudas. Se trata de la cima de un gran álbum sensacional, lleno de sorpresas y, sobre todo, de emoción. Como si Emmylou Harris empezase de nuevo en 2016. Sí, así de maravilloso.

7. CAR SEAT HEADREST “Teens Of Denial” (Matador). El grupo de Will Toledo ha surgido para regocijo de quienes aprecien el indie-rock desaliñado de renglones torcidos y voces que rompen melodías por su incapacidad de cantarlas. Sí, ese que va desde Pavement a Clap Your Hands and Say Yeah! y que desde Seattle se cultiva ahora con enorme acierto. Además, posee un gran directo que no hace sino sumar puntos a la causa.

8. SOLANGE “A Seat At The Table” (Columbia). Ha sido una de las sorpresas del año. El tercer disco de la hermana de Beyoncé se (auto)define como «un proyecto sobre identidad, empoderamiento, independencia, dolor y curación. Musicalmente se mueve entre el soul sedoso, los ramalazos de r&b, los destellos de jazz y un intermitente toque funk. Todo al ralentí, cuidando al máximo las voces e introduciendo una rítmica nerviosa que genera una sensación de cómoda extrañeza que resulta adictiva.

9. PUBLIC ACCESS TV “Never Enough” (Cinematic).
No muy celebrado por la prensa especializada, el debut de Public Access Tv debería interesar a los llevan desde 2001 esperando alguien que recoja el testigo de The Strokes. Igual que ellos ponen sobre la mesa Nueva York, juventud, estribillos luminosos y plus de electricidad. Por su cancionero desfilan ecos de Television, The Cars y Gang Of Four con los que arman temas tan potentes como “End Of a Era” o “On Location”, con vocación de himno

10. SUEDE “Night Thoughts” (Warner).
En su segunda vida Suede no solo ha demostrado que sobre las tablas continúa ejerciendo de excelente banda de directo, sino que en el estudio mantiene intacta su capacidad de crear álbumes notables. “Night Thouthts” entra en esta escala, desde luego. Con las miras en el icónico “Dog Man Star” (1994) los Suede del 2016 exprimen su lenguaje jugando a las luces y sombras con maestría, a tensar el músculo pop y entregarse al lirismo de manera majestuosa y a demostrar que, en efecto, eran enormes y son, cuando menos, grandes.

El romanticismo al estilo Savages

jueves, febrero 4th, 2016

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Causaron impacto en 2013 con Silence Yourself, su notable debut. Pero, sobre todo, nos pusieron frenéticos con un directo arrollador. Las londinenses Savages lograban esa mezcla perfecta de impacto físico, visual y emocional que no admite resistencia. Por mucho que algunos quisieran poner el escudo de las influencias demasiado obvias (Siouxie an The Banshees), las inevitables (Joy Division) y las otras que no se resaltaron con la misma intensidad (Sleater-Kinney), su poderío resultaba total. Dentro, letras que invitaban a la acción como «Vivimos una época de muchos estímulos / Si estas concentrado eres más difícil de alcanzar / si estás distraído estas disponible (…) Tal vez lo deberíamos de desconstruir todo / Quizá deberíamos recolocar todo de nuevo» (Shut Up) Fuera, apretando puño, apretando los nervios del estomago, apretando la respiración misma. Y haciendo sentir en el oyente el placer de la catarsis.

Ahora llegan con un segundo álbum con menor sensación de rodillo, quizá. Menos incisivo en ocasiones. Y menos flamígero, en general. Pero igualmente emocionante. Adore Life resulta algo imprevisible si tenemos en cuenta Silence Yourself. Se trata, ni más ni menos, que el canto a la vida y al amor al estilo Savages. Un impulso que se abre camino entre la zozobra, los climas insanos y algún que otro clímax. «Entiendo la urgencia de la vida / a lo lejos hay una verdad que corta como un cuchillo / Tal vez voy a morir mañana, así que tengo que decir / Adoro la vida», canta Jenny Beth en el tema homónimo. Se trata de la cumbre expresiva del disco, una cristalización musical del «pese a todo -el entorno doloroso, el futuro complicado, mi tristeza congénita- quiero vivir y disfrutar de la vida». En el tramo final, con la cantante desdoblando su voz del tono más grave a la luz de un agudo infinito y arrebatador, se siente ese resplandor en su/nuestro rostro. Pellizco. Ummm… Sí, esta es la música que tanto echábamos de menos.

La tripleta inicial –Answer, Evil y Sad Person– podría hablar de continuismo sonoro con su álbum precedente. Hay post-punk. Hay sensación de avalancha sonora. Hay música directa-pero-enrarecida. Normal lo tercero. Los conflictos emocionales acuden a la cita. Primero con una viciada atmósfera sentimental ( “Si tú no me amas /entonces no amas a nadie»), en la que incluso se apela al mortificante «quédate a dormir conmigo, podemos ser amigos». Segundo, mostrando a la iglesia francesa sus uñas por su oposición al matrimonio homosexual («Solo hay una manera de formar la familia / Te aprieto el cerebro hasta que te olvides»). Y tercero, hablando de la revolución cerebral que causa el enamoramiento en las personas («El amor es una enfermedad / La adicción más fuerte que conozco / ¿Qué ocurre en el cerebro? / Es lo mismo que la urgencia de la cocaína / Cuanto más tienes, más quieres»). Sí, el amor, toda clase de amor, es la respuesta. Lo cantan. Lo tocan. Y lo exhiben sin pizca de dulzura. Al estilo Savages.

Pese a este arranque, Adore Life pronto se muestra como un álbum de claroscuros, de bajones y subidones, de ambientes viciados e intermitente chorro de ruido. La citada Adore Life abre esa otra puerta. Se habla de PJ Harvey, de Nick Cave & The Bad Seeds, de Swans, incluso de Scott Walker. Teniendo en cuenta que se trata de su segundo capítulo y que continúa-pero-contrasta un notable puñetazo inicial se podría decir que se trata de su Dog Man Star (Suede) particular. Paralelismos y filias al margen, lo cierto es que en este álbum Savages apelan al post-punk pero, de su mano, exploran meandros desconocidos. En ese sentido, el trabajo de las tres compañeras de Beth resulta excepcional. La inteligente bajista Ayse Hassan pasando de la geometría rítmica a la línea recta con solvencia; la eficaz batería Fay Milton siempre en su sitio, descartando el exhibicionismo; y la guitarrista Gemma Thompson brillando de manera muy especial, con muros de ruido, marañas de tensión y arpegios de lágrimas.

Hay calma tensa. Lo sugiere Slowing Down The World, con su bajo de tiralíneas. Y lo muestra Surrender, con su ritmo atascado en el ruido como una radiografía musical del miedo y la rendición «(¿Sentiste la presión de crecer dentro de su cerebro / Donde cada nervio está en llamas?»). Hay también tormenta, cuando muestra la voracidad del amor en la pjharveyana When I’m Love o en T.I.W.Y.G., donde vuelve a jugar con la metáfora de la droga: « No importa quién está bien o mal / Todo lo que quieres es esa sensación de nuevo / Cuando alguien se ha instalad en tu cabeza». Todo para terminar el disco bajo mínimos, entre rugidos, voces bajas y sensación de angustia. El amor es así, parece concluir en Mechanics, esa pieza oscura con brillos metálicos que cierra el disco diciendo que cuando el amante entra en la cama «dolor y placer tocarán mi mano». Al tiempo, pide «hacer todas las cosas que nunca he hecho». Así, de manera tenebrosa pero con luz, sin concesiones a la dulzura ni a lo que en el pop se entiende normalmente como un disco de amor.

Es el romanticismo al estilo Savages.