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Entradas para la categoría ‘General’

Iván Ferreiro resucita a Golpes Bajos

viernes, septiembre 21st, 2018

Hoy sale a la venta el disco en el que el músico revisa el repertorio del grupo vigués de los años ochenta. Información aquí

Radio Océano: un viaje al lado más desconocido del pospunk gallego

viernes, septiembre 14th, 2018

Hoy sale a la venta Memoria do óxido, un disco que revisa la trayectoria de Radio Océano, mítico grupo coruñés de los ochenta muy poco conocido fuera de la ciudad. Se trata de un acto de justicia que, seguramente, hará que muchos puedan acercarse al legado de una banda fascinante.

En Fugas le hemos dedicado una página. Puedes ver el artículo aquí.

El giro maestro de Luis Miguel

jueves, septiembre 6th, 2018

Terminé ayer de ver “Luis Miguel, la serie”, que me gustó un montón. Desconocía la totalmente la historia del astro latino (¡vaya océano de ignorancia que a veces tenemos los que hablamos de música pop!). Por eso, cosas que son de dominio público como la figura del tirano de su padre, la falsedad de su lugar de nacimiento o el misterio que envuelve a la desaparición de su madre eran inéditos para mí. También los avatares de su estratosférica carrera.

En ese sentido, hay un momento que me gustó especialmente. Ocurrió a principios de los 90 cuando la falta de producción de Juan Carlos Calderón, su compositor, obligó a dar un imprevisto giro en su trayectoria. De pronto, Luis Miguel se vio sin canciones a pocas semanas de verse obligado a entregar el disco que tenía que grabar por contrato. Se barajaron diferentes opciones, hasta que de repente surgió la chispa: un álbum revisando boleros.

Ojo, estamos hablando de 1991, un momento en el que la fiebre “retro” actual no existía y donde resultaba más complicado articular viajes al pasado y a las “esencias” de la música. Para ello recurrió a Armando Manzanero, un cantautor mexicano, para la producción. ¿El título? Romace. ¿El repertorio? No me platiques más, Te extraño, Contigo en la distancia y muchas otras piezas clásicas registradas originalmente en los años cuarenta, cincuenta y sesenta.

Pero en la compañía no lo veían nada claro. Es más, en la serie se ve cómo hicieron una suerte de estudio de mercado con encuesta a sus fans. Los resultados predecían una auténtica catástrofe: la mayoría de los fans de Luis Miguel le darían la espalda. Sin embargo, el equipo de la estrella pop siguió adelante con el plan.

Y, contra todo pronóstico, aquello que convirtió en el mayor éxito de su carrera hasta la fecha. Se despacharon miles de copias. Los conciertos de la gira de presentación agotaron entradas en todos los países de Latinoamérica. Y una nueva generación se enganchó a los boleros. Hubo más discos tras él. Y hubo muchos otros artistas pop que se interesaron por el género para tirar del hilo.

A veces hay que ser un poco obstinado y desafiar a las predicciones para romperlas totalmente.

Drama: chicos que llevan camisetas de los Ramones sin saber qué grupo es

lunes, septiembre 3rd, 2018

Andan algunos roqueros veteranos preocupados desde hace años por el sentimiento con el que se defienden en público las camisetas de los Ramones. Las visten algunos chicos y chicas adolescentes. Dicen que las ponen solo “por moda” sin saber quién es el grupo que llevan estampado en el pecho. O, lo peor, llega un momento en el que cuando suena el grupo lo identifican con el de las camisetas.

Entre la franja de musiqueiros de 40 ese tipo de reproches son habituales. A veces incluso se usa la palabra “cultura” en ellos. En la zona de los 15 o 20 mucho me temo que suenan a diatribas de viejo chocho. Que subrayen tanto lo de la “cultura” amplifica esa sensación. Sí, “Now I want to sniff some glue”, 40 y tantos tacos, canas, niños inconscientes, CULTURA. Sí, ¡todo junto!

Puede ser más impactante aún. Ayer estaba con mis hijos buscando temas para agregar a la lista de Spotity familiar que tenemos para los viajes en coche. Les puse “You Really Got Me” de The Kinks a ver si les gustaba. Intuí que esos riffs tan marcados y esa estructura tan básica que crece y crece, inyectando euforia les podía encantar. ¡Y vaya si les encantó! De hecho, ya la conocían. En cuanto sonó el primer guitarrazo exclamaron. “¡¡¡Sí, esa es la de Alvin y las Ardillas!!!”.

¿¿¿Ein??? ¿Qué es eso de las ardillas y los Kinks? ¡Ah, sí! Es la película aquella de un grupo de ardillas que tienen un grupo. Pues sí, estos niños (y supongo que muchos otros) conocen a los Kinks por esa película. Bueno (atención: aquí llega el drama “cultural”), no conocen a los Kinks, sino a la canción autotuneada a lo bestia por los animalillos animado. Un sacrilegio para muchos de esos que no asumen que el espíritu del rock que ellos vivieron de jóvenes se ha diluido.

¿O no? A lo mejor no viste tanto para fardar en público y se opta por pérdidas de virginidad más cool. Pero si alguno si echa la vista atrás, a lo mejor se encuentra con que sus primeros rocanroles fueron cosas como esta:

Ah no, ¡que aquí la gente escuchaba a Joy Division con tres años!

Y quién sabe si a lo mejor la atracción por grupos como Iron Maiden llegó por su impactante logotipo y el muñeco de Eddie que por la música en sí. Ahí, intentando emular las angulosos letras del grupo y dibujando el esqueleto de “The Trooper” sin conocer ni una sola nota del grupo. En mi caso, al menos, fue así.

¿Qué decimos del acid house? Uno de los movimientos más importante de la música popular de los ochenta y noventa, de esos a los que ls revistas modernas dedicaron concienzudos análisis socio-musicales… y nosotros, aquí con el smiley en el pecho serigrafiado sin tener ni la más remota idea de su significado. ¡Drama cultural! ¡Drama cultural!

(lo de Jive Bunny & The Mastermixers no lo citamos, lo dejamos para otra ocasión)

Méntanle unas multinacionales de por medio, a los que fueron críos en los ochenta trabajando en ellas y la facilidad de acceso al producto de hoy en día. A lo mejor no es que las cosa hayan cambiado tanto. A lo mejor es que han seguido su curso natural. A mí la verdad es que nada de ello me molesta. Básicamente, porque yo me acerqué a la música como pude. Y estos niños y chicos lo hacen igual. Unos de manera circunstancia, otros por moda y otros por un interés más allá. Vamos, como siempre.

La “Insurreción” me conquistó 30 años después

domingo, septiembre 2nd, 2018

Cuando yo tenía 12 o 13 años había grupos que sonaban continuamente por ahí que detestaba. Uno de ellos era El Último de la Fila. No sabía explicarlo muy bien entonces, pero creo que me reventaba su sonido afilado. También su estética y su actitud de normalidad haciendo playbacks. Todo ello con un éxito desmedido. Además, la gente que supuestamente entendía de música los apreciaba. Nunca los entendí…

“Insurección” sonaba constantemente. Los mayores a mí se estremecían cantándola. Era algo parecido a lo que ocurría con Radio Futura o Golpes Bajos, una especie de rareza para todos los públicos que a mí se me escurría entre los dedos sin posibilidad alguna de atraparla.

Todo hasta que la pasada primavera vino Iván Ferreiro al Playa Club Coruña a dar uno de los concierto de presentación del Atlantic Fest. Interpretó esta canción. Y le gente se fundió con él, cantándola. Yo estaba fuera de la sala, charlando con unos colegas y, de pronto, sonó. Clic. Conecté por arte de magia. Me metí por sus particulares curvas melódicas, por esa euforia que desprende y por la fuerza que comanda la pieza en cada cada compás.

https://twitter.com/playaclubcoruna/status/1035836516512227329

De pronto, 30 años después, conecté por arte de magia. Me metí por sus particulares curvas melódicas. Me contagié por esa particular euforia que desprende. Y sentí por dentro la fuerza que comanda el tema a cada compás. Nunca es tarde para reconciliarse con ciertos grupos y ciertas canciones. Sobre todo cuando son tan grandes como esta maravillosa “Insurrección”

Cambio de sensaciones con Belle and Sebastian

sábado, agosto 11th, 2018


Es una sensación muy agradable esa de ir a un concierto con tibias expectativas y terminar totalmente encantado. Ayer me ocurrió eso con Belle & Sebastian en Riazor, dentro de su concierto del Noroeste. Cuando tocaron hace unos cuatro años en Santiago me quedó un regusto agridulce. El mismo que te queda tras reunirse excitado con los viejos amigos de la universidad y comprobar, a los pocos minutos, que toda aquella chispa anhelada se había perdido para siempre.

A Riazor, sin embargo, acudí con la clara consciencia de que aquello ya no es lo que era ni de lejos. Que el grupo era un poco aburrido para un gran festival. Y que, bueno, en esa condición de dinosaurio indie apenas podían agradar apelando a lo viejo desde un espíritu muy diferente. Y, vete tú a saber si precisamente fue por reunirme con viejos amigos (esta vez con la consciencia clara de que no, aquellos tiempos ya han pasado…y en muchos casos mejor) para verlos. O quizá que el oleaje que acariciaba la playa, sumado a las buenas vibraciones de este Noroeste me predispuso a ello. Pero lo cierto es que los Belle and Sebastian de anoche me gustaron un montón.

Me gustaron en sus rescates del pasado glorioso de los noventa (“oooohhh, get me away from here i’m dyiiiiiiiiing”). Me gustaron cuando picotearon por lo mejor de sus singles posteriores (“I’m Cucko”, “Another Sunny Day”…). Y me gustaron con las piezas de la última etapa. Además del repertorio, el contagioso buen rollo del grupo, con un Stuart Murdoch saltarín irradiando simpatía, hacía que te sumases a la fiesta irremediablemente. Quizá, por ponerle pegas, hubiera sido estupendo contar con un poco más de tiempo. También quedaron fuera muchas míticas. Pero puede que a lo mejor esa manera de no caer a los previsible (o al menos lo que preveía yo) ayudase al resultado final.

Por mi parte, la de una persona que los tuvo como favorito absoluto en aquello que llamamos posadolescecia, tengo que confesar que pensé que a lo mejor no hice muy bien del todo obviándolos durante todos estos últimos años. Un cambio de sensaciones de lo más placentero. En esto del pop nunca se termina de sentir las cosas del todo.

¿Alguien se cree las cifras de asistencia de los conciertos?

lunes, agosto 6th, 2018

Se han exagerado tanto tradicionalmente las cifras de asistencia a los eventos musicales que, la verdad, hoy por hoy no significan absolutamente nada. Más allá del “poca gente”, “mucha gente pero se estaba bien”, el “lleno” o el “petao” el resto poco importa.

Yo he visto trabajando, por ejemplo, como nos dijeron que había 45.000 personas en Santa Cristina con el Africa Express o 50.000 en Riazor con Bisbal. Cuando me tocó cubrir algún evento de esos y me lo decían oficialmente a alguno se le iba la risa.

Ayer estaba en la redacción esperando el texto del concierto de Raphael. El redactor que cubría la noticia me dijo que le habían dicho que había oficialmente 28.000 personas viéndolo en la plaza de María Pita de A Coruña. Luego, a los pocos minutos, el Twitter del Ayuntamiento ponía 29.000, finalmente la cifra oficial. Y me vinieron todos aquellos recuerdos a la cabeza.

Hay algo curioso: las cifras, siempre in crescendo. Si un año hay 20.000 personas en un concierto estrella al año siguiente son 22.000 en el concierto estrella que toque. Jamás, 18.000. El tercer año de mandato es en el que se produce el pico más alto. Para que bajen se necesita un cambio de gobierno. Pero, luego la cosa empieza a subir año a año de nuevo.

También es curioso su cuestionamiento: los que dudaban de las cifras que daba el Ayuntamiento con otros gobiernos ahora se las creen y los que las creían antes ahora dudan.

Resplandor electrónico para cerrar la temporada

domingo, mayo 20th, 2018


Resulta increíble (y adorable) la pasión, el cariño y la sensibilidad con la que Tarci Ávila y Nacho Dafonte tratan su proyecto Presumido. Aunque toquen para 30 o 40 personas como ocurrió ayer (esperábamos mucho más, confieso), ellos sacan pecho y se enfrentan a ello como si estuvieran en un pabellón de deportes. Hay tanto convencimiento en ellos que todo se contagia. Tanto la pasión, como el cariño como la sensibilidad.

El dúo se encargaba de cerrar la sexta temporada de Los conciertos de Retroalimentación. Y se plantó en el BâBâ Bar con toda su parafernalia audiovisual a cuestas. Desgranaron su álbum “Vendetta” y presentaron algunas canciones nuevas. Tocaron la fibra sensible con su exquisitez melodica y aturdieron un poco las mentes con su capacidad de crear atmósferas ensoñadoras. Al final, muy al final, sacaron el puño pirotécnico con “El puño de la girona”.

Cerramos así otra nueva etapa de este ciclo que, de nuevo, nos ha deparado grandes momentos y ha puesto sobre la mesa algunas de las flores más bonitas del jardín de la música que se hace ahora mismo en Galicia. Nos tomamos un descanso en verano y, si todo va bien, volvemos en octubre. Muchísimas gracias a todos los que habéis acudido a alguna de las actuaciones, a las salas Playa Club, Garufa y BâBâ Bar por portarse tan bien y a esos artistas que nos enamoran y empujan toda esta historia.

Fabulosos Weeekend y Presumido cerrarán la sexta temporada de Los conciertos de Retroalimentación

miércoles, marzo 7th, 2018

Después del pase de Agoraphobia y Bento Veloso y los Doce Trinches el pasado viernes en el Playa Club, la sexta temporada de Los conciertos de Retroalimentación enfila ya su recta final. Salvo que haya alguna sorpresa no muy probable en junio (que algún año excepcionalmente incluímos alguna actuación ese mes), nos quedan dos conciertos que por diferentes motivos teníamos ganas de hacer. Son los siguientes:

-FABULOSOS WEEKEND (BâBâ Bar, 27 de abril). Después de haber hecho un rescate sixties el año pasado con Linces Pop en el Playa Club, recuperamos ese espíritu de fiesta con este grupo formado por varios de sus integrantes: Manuel Manquiña, Alfonso Espiño, Gonzalo Sende, Pablo Beade y Chema Ríos. Ambos rescatan clásicos del pop británico de los años sesenta con versiones en español, tal cual hacían en su día bandas como Los Salvajes. Máxima diversión.

-PRESUMIDO (BâBâ Bar, 19 de mayo). ¡Al fin! Había muchas ganas en este ciclo de acoger a uno de los proyectos más bonitos que ha dado la música en Galicia en los últimos años. Tarci Dávila y Nacho Dafonte hacen pop electrónico, que igual mira a OMD y Depeche Mode, como a Lali Puna o Beach House. Todo ello con unas dosis de senibilidad y talento que lo hacen sobresalir mucho más allá del ejercicio de estilo o la réplica. Además, promete un concierto muy especial, adecuándose al espacio.

Rock a dos bandas en Los conciertos de Retroalimentación

domingo, marzo 4th, 2018

Unos repetían en Los conciertos de Retroalimentación y otros debutaban. Los primeros, Bento Veloso y los Doce Trinches confirmaron todo lo bueno que mostraron el año pasado en Mardi Gras. Rock con aromas surferos y letras inspiradas en el cine de terror hilado con cuerpo y nervio. Los coruñeses presentaban Ectoplasma, un notable trabajo que debería abrirles muchas puertas. Dicen que les cuesta encontrar sitios en donde tocar y carteles de festivales en los cuales estampar su nombre. Algo mal se está haciendo cuando ocurre eso con una banda como esta, de directo infalible. Veánla en directo y apúntense a su club de fans.

El estreno en el ciclo correspondía a Agoraphobia, que nada más empezar dejaban en nada el recuerdo de grupo garagero del pasado. Lo de ahora es un chorro de rock que remite a bandas de los noventa como L7 o Babes In Toyland de manera rocosa y con gran poderío. El cuarteto de Boiro se amplía a quinteto en directo con un ruidoso guitarrista y logra que las canciones como É unha opinión o Karlova suenen como una bomba. Además, tienen tiempo para recordar el Isla de encanta de los Pixies y terminar el concierto con la batería patas arriba, dejando un inmejorable sabor de boca.

Un millón de gracias a las bandas, al Playa Club y, sobre todo, a la gente que acudiendo y pagando su entrada permite que todo esto sea posible. Quedan dos conciertos esta temporada, los de abril y mayo respectivamente. Los anunciaremos la semana que viene. Estad atentos