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Archivo para abril, 2013

Jorge Ilegal actuará con TAB en Los conciertos de Retroalimentación

lunes, abril 29th, 2013

La actuación de Triángulo de Amor Bizarro dentro de Los conciertos de Retroalimentación el próximo sábado 4 de mayo en A Coruña será más especial de lo habitual. Jorge Martínez, el cabecilla de Los Ilegales, se subirá con ellos al escenario de le Club. Sí, el autor de Tiempos nuevos, tiempos salvajes sumará su guitarra a la del cuarteto de Boiro en un tramo del concierto. En principio afrontarán juntos cuatro temas, aún por decidir, pero sea como sea seguramente saltarán chispas de este vibrante choque generacional y musical. Solo ocurrirá en A Coruña y, luego, el 18 de mayo en Gijón. Así que apunten.

Triángulo de Amor Bizarro llegan a este concierto como los grandes deseados de la temporada. Victoria mística, el tercer álbum del grupo, está a puntito de salir. De hecho, ya debería poblar las cubetas de las tiendas de discos, pero aún falta un poco. En estos momentos se encuentra en fase de posproducción y en los próximos días debería anunciarse su alumbramiento definitivo. Por temas como la machacona Robo tu tiempo o la noisepopera Estrellas místicas, los adelantos conocidos, todo apunta a otro gran trabajo. La expectación es máxima. El hecho de que Rockdelux les haya dado la portada (la primera a un grupo gallego desde mayo del 1992 con Siniestro Total) cuando el disco aún no está en la calle habla a las claras.

Por todo ello el bolo de este sábado se presenta imprescindible. Tendremos ante nosotros al mejor grupo del indie-rock nacional escupiendo ruido y susurros envenenados. Toda una experiencia que no deberías perderte.

Cuando las entradas de conciertos eran pequeños tesoros

sábado, abril 27th, 2013

Hubo un tiempo en el que las entradas de los conciertos eran pequeños tesoros. Pocas personas las tiraban sin más al asistir a uno. Todo lo contrario, había que guardarlas. En ese pedazo de papel descansaría para siempre el recuerdo de aquel día. El primer recital, el primer festival, la primera vez que uno vio a un grupo internacional. Como muescas sentimentales, pendían del corcho de la habitación formando un particular collage multiforme. En él que se podía leer parte de la personalidad de la persona. Cuando menos, delataba una cosa: lo importante que la música había sido en esa vida. Y, pasado el tiempo, generaba otra: una terrible sensación de nostalgia al recordar aquellas fechas (“¿Realmente lo de los Ramones en el Coliseum fue en 1993?”) y aquellos espacios (“¡Buff!, la sala Cisco ya ni me acordaba de que allí daban conciertos”).

No volverá a pasar, me temo. Las entradas perdieron, poco a poco, esa capacidad de generar emoción. A principios de la década pasada se empezó a imponer la fórmula de “impresa en el acto por ordenador”. Nada de color, nada de imagen del grupo, nada de nada. Solo el logotipo de El Corte Inglés (o el lugar en el que se hubiera comprado) y unas letras impresas en una tinta que, aún por encima, con el tiempo desaparecería. Curiosamente, esta devaluación del fetiche coincidió con la implantación del concepto “gastos de gestión” mientras lo sentimental se esfumaba. ¿Para qué colgar en el corcho esas entradas despersonalizadas si resultan todas iguales? ¿Cómo atravesar con un chincheta el resguardo del bolo de Neil Young & The Crazy Horse si iba a lucir lo mismo que uno de Bustamante? Pues para nada.

Todavía se podía ir a peor. Sí, al modo imperante en la actualidad. Hoy en día las localidades se compran por internet, se imprimen en casa y, luego, se lee su código QR en la sala, al llegar. Un folio din A-4, un mísero folio din-A4, sin más. O un archivo PDF en su defecto ¿El siguiente paso qué será, poner la huella dactilar al entrar? ¿Un módulo de reconocimiento facial? Quién sabe. Hay que aceptar que las cosas evolucionan y que todo tiene que cambiar, qué remedio. Pero ello no quita que permanezcan anhelos anclados en el pasado. Algunos tan justos como este. Porque al final, resulta que ves a Bob Dylan en Nueva York (algo totalmente excepcional en tu vida) y el pedazo de papel que traes resulta tan impersonal que no merece la pena ni guardarlo. Por ello, cuando en las poquísimas ocasiones en las que tras pagar la entrada en la taquilla ofrecen uno de esos maravillosos trocitos de papel, se siente una sensación lejana, especial, como de otra era. Algo realmente delicioso.

Niño y Pistola: “Este disco alienta a una revolución que es necesaria”

viernes, abril 26th, 2013

Nada es casual. Ni los chalecos, ni los sombreros, ni los lazos. Son simples pistas visuales de lo que el oyente se puede encontrar en There’s A Man With Gun Over There. Se trata del cuarto trabajo de unos NIÑO y PISTOLA totalmente enganchados al imaginario del folk-rock americano de finales de los sesenta y principios de los setenta. En ese album se han puesto lo más cerca posible de sus héroes musicales, les han rendido pleitesía con sus canciones y han firmando un disco de género que el grupo conecta, en su espíritu, con el decadente momento actual. Manolito Portolés, cantante y guitarrista de la banda, lo explica. Hoy viernes 26 de abril lo presentan en la sala Le Club de A Coruña. Mañana, 27 de abril, lo harán en La Iguana de Vigo.

-Leo en Mondo Sonoro un titular que dice “Este disco es una apología del rock”. ¿Me lo puede explicar?
-Bueno, lo decimos en el texto que va dentro del propio disco. Señala que algo así no podía existir sin los discos de Neil Young, The Band, The Beatles o Fairport Convention. Un poco es eso, nos declaramos abiertamente fans de esos grupos y proclamamos, de alguna manera, que el disco sale de ahí, de intentar emular a esos favoritos. De hecho, en el álbum hay frases musicales y melodías robadas de otras canciones, cosas como The Weight de The Band, alguna cosa de Fairport Convention o George Harrison. Se trata de hacer un homenaje a todos estos grupos y compositores. Por eso nos gusta ese término de apología del rock.

-Vamos, que no habrá ningún problema si os comparan con otros grupos.
-Nunca lo ha habido. Nosotros hemos reconocido nuestras influencias e inspiraciones desde el primer momento. Creo que todo el mundo las tiene. El que dice que no está mintiendo. Inventar algo nuevo sin ninguna influencia evidente está al alcance de muy pocos. 

-Un parte del rock independiente español busca raíces autóctonas, inspirándose en el flamenco, la música mediterránea o el folclore asturiano. Su caso es todo lo contrario: se abrazan al imaginario del folk-rock americano. ¿Es quizá una reacción? 
-Tiene que ver con lo que te decía antes. Antes de nada somos melómanos y nos gusta la música. Vamos a todos los conciertos que podemos, compramos discos, vemos documentales de música, etcétera. Entonces intentamos, de alguna manera, formar parte de lo que nos gusta. El 90% de la música que escuchamos ahora mismo es música americana y de esos tintes clásicos de folk-rock. Sé que no somos los únicos y puede que suene un poquito a tendencia.

-Sí, del mismo modo que le hablo de las raíces autóctonas, también es cierto que dentro del indie se apela a estos sonidos de folk-rock.
-Nosotros lo hacemos porque es la música que escuchamos. Yo no sería honesto haciendo un disco de flamenco o de noise, porque no es lo que escucho. Si lo que escucho es folk-rock americano y los discos que tengo son de ese palo, es ahí en donde me siento cómodo. Por eso quiero emularlo, parece sentirme más cerca de Neil Young, Robbie Robertson o Bob Dylan.

-El disco es conceptual, un termino que se asocia al rock progresivo y sobre el que hay muchos prejuicios. ¿No les dio reparo?
-No, para nada. De hecho, el disco es conceptual en varios niveles. Las canciones surgieron enlazadas, lo que creaba dos bloques de música ininterrumpida de veinte minutos, con sus diferentes pasajes. Nosotros siempre trabajamos la música primero y después las letras. Por ello, una vez que teníamos toda la música, con todas sus partes y sus cambios, nos pusimos a escribir las letras. Tenían que ir acordes, narrando una historia. Esta es la un jornalero americano en los años cincuenta, que está cansado de su vida y de su trabajo. Entonces decide comprar un arma, matar a su jefe y empezar una especie de revolución personal individual. Aquí hay una segunda profundidad dentro de lo conceptual, que es relacionarlo con la situación actual de crisis del sistema y de los valores. Con ello, este disco alienta un poco a a la revolución, que hoy en día es necesaria. Es nuestra forma de aportar algo. Tampoco es que seamos una gente súper activa ni revolucionarios, pero de esta manera mostramos nuestro descontento. Pero, además de ello, hay una reivindicación del consumo de la música, tal y como se hacía antes. En la actualidad parece que la música se está convirtiendo en comida basura, en el sentido de que se consume rápido y sin prestar atención. Lo importante es bajarse el disco antes que nadie, escucharlo y a la semana siguiente, cuando ya pasó de moda, dejar de escucharlo. Nosotros buscamos hacer una obra más pausada y más tranquila, que la gente pueda profundizar en ella todo lo que quiera. De hecho, creo que tiene muchas capas a las que puedes llegar. Puedes escuchar las canciones por separado. Puedes escucharlas todas seguidas, que es como nosotros recomendamos que se haga. Puedes, incluso, penetrar en la historia que cuenta las letras. E ir más lejos, metiéndose en los guiños que hacemos a la música folk-rock clásica de los setenta y ver cómo pensamos. Esto va más allá de una colección de canciones rápidas, de hits que se consuman en una semana y luego se olviden. Nuestra idea es esa, otra cosa es que la gente llegue a ello.

-Hay críticas respecto a su planteamiento. Dicen que si lo que pretendían era llamar la atención sobre la crisis actual resulta un tanto enrevesado hacerlo en inglés, ubicando la historia en un jornalero de los años cincuenta y situándolo todo en Estados Unidos. ¿Se lo han planteado?
-Sí, pero creo que es mejor hacerlo de esta manera que no hacerlo. ¿Por qué vas a hacer una metáfora en vez de decir las cosas tal cual? Pues porque decides hacer una metáfora. El disco está ahí y es lo que es porque es lo que nos apetecía hacer. Es la música que nosotros escuchamos, algo totalmente sincero. Si la gente quiere criticar o protestar porque lo hacemos en América pues, bueno, que proteste. A nosotros francamente eso nos da igual, porque estamos contentos con lo que hacemos. Si a lo mejor hubiéramos situado la historia en Galicia y fuera un paisano y no se qué la gente podría decir “¿Y por qué no sitúas la historia en tu pueblo?”. Si la sitúas en tu pueblo te podrían decir “¿Y por qué no la sitúas en tu casa y eres tú?”. Son niveles de profundidad a los que uno puede decidir acogerse o no. La historia de un jornalero americano que decide cargarse a su jefe nos parecía que encajaba más con el ámbito musical en el que estábamos trabajando, que también tiene mucho de jugar con los clichés. Nosotros nos apoyamos en eso en la música, ¿por qué no apoyarse también en el plano lírico-estético? Esa es la razón. Lo que hicimos está ahí y si lo hicimos así es porque decidimos darle ese nivel de profundidad a esa protesta.

-De su trayectoria es el disco más roquero y el que más cuerpo tiene. ¿Es quizá con el que más contentos han quedado?
-Sí, al terminar de grabar un disco y en las presentaciones siempre piensas es el disco con el que más contento estás. Nosotros notamos una evolución total a la hora de trabajar. Esta es la primera vez que sentimos que hemos hecho un disco, con sus desarrollos y su estructura. El hecho de que las canciones estén en bloques hace que en directo nos metamos más en la música y que la gente lo disfrute más. Los conciertos están funcionando mucho mejor, estamos vendiendo muchos discos y creo que es un buen síntoma.

-¿En directo va el disco del tirón? 
-Lo tocamos entero, pero no exactamente en el mismo orden. Primero tocamos lo que sería la cara b y antes la cara a  y, claro, temas de disco anteriores. Los desarrollos los tocamos como en el disco. De todos modos, al disco le quisimos dar un carácter muy de estudio con muchos arreglos y cosas que no respetamos al 100% en el directo. Por otro lado, en directo tenemos mucha más potencia. Nadie nos ha dicho que desmerezca al disco sino todo lo contrario.

-Destacaron en el pasado por los videoclips. ¿Alguna idea flotando para este?
-Lo hemos pensado. Hacer un corto o un mediometraje, pero el problema es el tiempo, el presupuesto, todo. Nosotros al final no vivimos de la música y el tiempo es limitado. Pero sí que le hemos dado vueltas, incluso a la idea de hacer un cómic.

-Una curiosidad:¿sus jefes han escuchado el disco?
-Yo no tengo jefes, soy autónomo, pero deberían desaparecer todos [risas].  

Foto: Luis Diaz

Veinte años después de un ciclón llamado El Inquilino Comunista

miércoles, abril 24th, 2013

Hace 20 años que en el rock independiente nacional surgió algo excitante. Un disco como El Inquilino Comunista suponía un huracán de aire fresco. Y también una patada a los Revolver, Presuntos Implicados y Manolo Tena que atronaban a todas horas en las radios. Eran tiempos de militar, de situarse en un bando y, la verdad, el top-40 provocaba nauseas. Ellos nos conectaba con Sonic Youth, Pixies, Pavement y Yo La tengo. Es decir, con parte de la mejor música de guitarras que se estaba haciendo en EE.UU entonces, la que obligaba a subir el volumen y nos volvía locos. Aquel vinilo, editado por la indie Radiatation y que había estado precedido del rimbombante (y agotadísimo) Extended Play, ponía sobre la mesa un nuevo rock en España. Sí, antes habían estado Penelope Trip, Cancer Moon y Penelope Trip claro, pero aquí se producía un kilómetro cero más de distorsión, camisas de cuadros y spanglish a granel.

Con el tiempo se devaluó, se desprestigió y se renegó (si las hemerotecas pudieran repartir bofetones…). Se decía que habían caído en la mimesis, que no existía fondo tras ese ejercicio meramente estético y que El Inquilino Comunista no merecía continuar con la bendición que la prensa le había dado en su momento. Pero abajo del escenario, entre el publico, aquel sonido se vivía con una intensidad total hasta el punto de convertirse en algo emocional (y generacional). Por eso hoy que se cumplen 20 años de la salida al mercado del disco es el momento de decir que, sí, que hicimos pogo con ellos, que acabamos con la paciencia de nuestros vecinos escuchándolo a todas horas y que, en fin, nos llegamos a sentir muy pero que muy especiales escuchándolos. Démosle al play.

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Apoteosis pop en Le Club…y Cooper tuvo la culpa

domingo, abril 14th, 2013


Fue en la segunda mitad del concierto. Estábamos todos subidos en la ola que Cooper habían formado en Le Club en la fiesta de aniversario de este blog. Pero un tema nos hizo ascender aún más. Era Quiero Regresar de Los Flechazos. La llevan tocando en directo desde Retrovisor. Pero algunos nos habíamos olvidado. Llegó de improviso y nos hizo volar. Brazos en alto, gargantas forzando su resistencia, rostros desencajados y un cúmulo de emoción flotando en Le Club. Pescuezos de avestruz, pies descontrolados, ojos cerrados de placer. Cristina Andina, excelente fotógrafa, capturó el momento. Y a mí me vale para resumir en una imagen una noche mágica.

Gracias a Dani Punta por aclimatar tan bien la sala a los platos. Gracias a Le Club por dar todo tipo de facilidades para el concierto. Gracias a Cooper por acudir a la llamada de Retroalimentación. Y, sobre todo, gracias de todo corazón a todos los que ayer acudisteis al concierto y vibrasteis, tal y como la ocasión merecía.

Próxima parada en Los conciertos de Retroalimentación: Triángulo de Amor Bizarro día 4 de mayo.

Cinco años de retroalimentación

jueves, abril 4th, 2013

Tal día como hoy hace cinco años Retroalimentación empezaba su andadura. Se trataba de volcar en él cosas relacionadas con la música pop que no tenían cabida dentro del periódico por su formato, extensión o temática. También de poner sobre la mesa lo que estaban ocurriendo con la música en Galicia, para darle el valor que merecía. Y continuar, de algún modo, el espíritu fanzinero del pasado adaptado al formato del blog. Entonces, no tenía ni idea de cuánto iba a durar. Tampoco si iba a obtener respuesta del público y retroalimentación verdadera. Ni, por supuesto, que florecería un brazo práctico paralelo que, bajo el nombre de Los conciertos de Retroalimentación, se iba a encargar de subir al escenario a algunos de los grupos estupendos que existen actualmente en el panorama gallego.

Todo ello se logró poco a poco y de manera natural, hasta el punto de que Retroalimentación es ya una (felicísima) parte de mi vida que invade, de cuando en cuando, la vuestra. Podría ahora relatar el número de visitas, comentarios y posts realizados. Sería reducir cinco años de vida a una fría estadística que, imagino, no le interesará a nadie. No, Retroalimentación va de todo lo contrario: de emoción. Eso sí que creo que interesa, que sigue interesando. Y aunque ahora disponga de bastante menos tiempo que antes y mucha de la interacción con los lectores no se haga directamente en el blog sino a través de su página de Facebook o Twitter, pienso que esto continúa teniendo sentido y que aún hay combustible para seguir tirando. Así que gracias a todos por estar ahí. Ojalá queráis estar otros cinco años más.

Y, aunque hoy es el día, la fiesta de verdad será el 13 de abril en la sala Le Club con Cooper en directo. He aquí el evento en facebook

Imagen de previsualización de YouTube “Vértigo”, una de las mejores canciones de Cooper

The Strokes, una década de irrelevancia

miércoles, abril 3rd, 2013

¿Es Comedown Machine el mejor álbum de THE STROKES desde Room On Fire (2003)? Seguramente sí. ¿Significa eso que se trata de un gran disco? Pues no. Y es que hace diez años (sí, una década ya) que la banda neoyorkina dejó de ser relevante para convertirse en una formación apocada. Agarrada a un pasado ideal, lastrada por un presente imperfecto y apelando a un futuro que no llegaba a ilusionar en ningún momento. Tanto First Impresions Of Earth (2005) como Angles (2011) acogían cansancio, relleno y nadería. A mayores, algún tema afortunado. Ahora, Comedown Machine mejora un poco el panorama. Pero, desde luego, no lo sufiente como para ser recordado en el futuro.

Lejos del tópico al que la crítica acude para ensalazar los discos menores de los grupos mayores (“este sería el mejor álbum de un debutante”) no existe aquí consuelo posible: ninguna banda anónima destacaría con él. Y todo ello básicamente por la carencia de pegada. Con un pie en el garage-rock de estirpe neoyorkina patentado en su debut y otro en la expoliación del pop ochentero, Comedown Machine sugiere nuevas miras para Julian Casablancas y sus chicos, alguna emoción furtiva y pocas cosas para el recuerdo.

La novedad la pone esa filia por el primer Michael Jackson que se manifiesta en la pieza inaugural, Tap Out, con guitarras entrecortadas, voces en falsete y un ritmo robótico que recuerda al Wanna Be Startin’ Somethin’ de Jacko. Happy Ending también responde a claves parecidas y el single One Way Tigger lo lleva a lo saltarín (y perfectamente olvidable). Lo mejor llega con 50 / 50. El grupo, en territorio virgen: un plácido, psicodélico y envolvente pasaje ambiental que, ahora sí, invitan a soñar con un futuro perfecto en el que se mira adelante con convicción. Junto a Partners In Crime conforman lo mejor del disco.

¿El resto? Sigue el expolio a la fórmula Ramones-Modern Lovers-Television. Es decir más rock callejero con tempo perezoso y ocasionales explosiones. Pero sin chispa. All The Time, 80’s Comedown Machine y Slow Animals (aquí a la funk) lo intentan pero se quedan lejos de aquellos Last Nite, Reptilia o The Modern Age que los hicieron grandes en el pasado. Ahora ni siquiera los detractores de entonces se molestan en criticarlos. Algo clarificador respecto a su relevancia en la actualidad.

Imagen de previsualización de YouTubeVideo de “One Way Tigger”