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La Voz de Galicia
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Parir como una princesa

6 de mayo de 2015 a las 21:20

Leo con sorpresa la ola de críticas que se ha desatado en las redes sociales tras el último parto real. El nacimiento de Charlotte Elizabeth Diana (no, no son trillizas, es que es de sangre real) ha dado pie a una lapidación innecesaria contra Kate Middletton (Catalina, para los españoles). Lo que me deja anonadada es el hecho de que se acepte con total naturalidad el pack cesárea innecesaria + mommy makeover de Shakira y otras muchas famosas, pero se critique sin ningún pudor que la princesa británica apareciera radiante ocho horas después de un parto normal. Vamos, que a poco estuvo Catalina de parir en el Palacio Real, pero seguro que a su suegra le apetecía poco que manchara con placenta las sábanas reales.

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Así que la duquesa se armó de valor y se fue al hospital para dar a luz acompañada de sus dos parteras. Sí, parteras. Esas mujeres experimentadas en ayudar a parir, a nacer. Muchos incluso han dudado de la fecha de nacimiento de la pequeña Carlotta porque no se pueden creer que la feliz madre estuviera como una rosa al salir del hospital. Pues bien, les voy a revelar el secreto mejor guardado de la maternidad: ¡Es posible parir sin intervención médica! ¡Os lo juro! ¡Se puede parir sin anestesia! Y no, no es un invento de locas histéricas del flower power y pro todo-lo-ecológico-del-mundo.

La medicalizacion rutinaria del parto debería ser la excepción y no la norma. De ahí que el parto normal (mal llamado natural) no incluya técnicas obsoletas que provocan daños innecesarios al bebé. Cuando se deja a la madre hacer su trabajo sin oxitocinas sintéticas ni presiones de ningún tipo, las cosas fluyen y salen bien, nunca mejor dicho. Y lo digo yo que pedí a grito pelado un chute de anestesia que me dejó viendo las estrellas. Lo digo yo que tuve un parto inducido, doloroso y largo, pero admito que di mi consentimiento a todo en cuanto me dijeron que mi hija estaba en peligro. De ahí que considere fundamental el apoyo médico aunque lo mejor para los partos sea la normalidad. Todas deberíamos tener la oportunidad de parir como esta princesa que se armó de ovarios y no dejó que la ciencia se interpusiese entre ella y su bebé.

charlotte1

 

No se trata solo de disminuir el número de cesáreas innecesarias (contraindicadas por la propia OMS), sino también de fomentar un primer acercamiento respetuoso entre madre e hijo. Dejar que se conozcan, que se toquen, que se abracen, que se identifiquen. El bebé tiene que estar en brazos de su madre en esos primeros momentos de vida, pero después de los efectos de la epidural y las abruptas técnicas de asistencia que se utilizan en los paritorios, la madre queda tan agotada que apenas se da cuenta de que se llevan a la criatura durante horas.

En fin, que no debemos olvidar que el parto es nuestro y somos nosotras las que decidimos. En lugar de criticar deberíamos aplaudir a una mujer que, teniendo la oportunidad de parir sin el mínimo esfuerzo, decide hacerlo de la mejor forma posible. Y si gracias a esa decisión luce tipazo nada más salir del hospital, ¡pues mejor que mejor!

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Escrito por Azucena Alfonsín Comentar
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El ratón japonés (y los fallos enmendados)

25 de marzo de 2014 a las 14:05

Admitir los propios errores siempre es difícil y enmendarlos lo es aún más. Pero cuando las equivocaciones provocan desilusión en una niña de cinco años te queda un sabor amargo en la boca y en el corazón que solo se desvanece intentando subsanar el fallo. A ver, que me lío. En realidad quiero compartir un episodio que preferiría no haber vivido, pero que me hizo darme cuenta de que muchas veces las madres (y los padres) no somos totalmente conscientes de las cosas que en realidad importan a los niños.

Hace algunas semanas me despedía apresuradamente de mi hija para evitar llegar tarde al trabajo. Tras el abrazo prolongado y media docena de besos la niña me cogió la cara entre sus manos y me dijo:
– Mami… ¡olvidé cantarte la canción!.
– ¿Canción? ¿Que canción?
– La canción del ratón japonés mami, la que te iba a cantar anoche cuando dijiste que ya era hora de dormir.
– Pero hija, es que ahora voy un pelín tarde ¿me la podrías cantar después?
– No mamá, ayer me dijiste que después y hoy quiero cantarte la canción.
– Venga hija no seas pesada que llego tarde, ¿me la cantas luego, vale? Me voy, te quiero, que tengas buen día.
– Mami, por faaaaa
– Que no peque que llego tarde. Hala, me marcho.
Y ni lerda ni perezosa cogí el bolso y me alejé con determinación hacia el coche pero no pude evitar voltear para despedirme otra vez. Y entonces vi la decepción en su cara y la lágrimas asomadas en sus ojos. Procesé rápidamente la imagen y descarté la intención de regresar y abrazarla porque claro, llegaba tarde, además llovía y seguramente habría mucho tráfico en la maldita rotonda de Sabón.
Así que ahí se quedó la niña con las lágrimas deslizándose por las mejillas mientras yo corrí hacia el coche sin dejar de pensar en mi hija. Me sentía como una de esas caquitas con ojos del Whatsapp. Y en uno de esos extraños (y escasos) momentos de iluminación espiritual pensé: ¡Que le den al tráfico y a la rotonda!.
Dejé el bolso en el coche y me volví corriendo a la cocina, abracé a la niña y le dije: «¿Me cantas por favor esa canción del ratón japonés?».
Ella comenzó a cantar mientras la cara se le iluminaba con una sonrisa. Tengo que admitir que la canción es entrañable pero larga de carallo así que echando mano de toda la paciencia disponible la escuché con atención con la sonrisa bobalicona que ponemos las madres orgullosas.
Y sí, llegué tarde, pero no me arrepiento porque mientras conducía a toda leche rumbo al trabajo iba cantando a todo trapo: «El ratón japonés zapatea con los pies lleva la colita al viento y las medias al revéeeeeeees».

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Escrito por Azucena Alfonsín Comentar
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La silla vacía

16 de diciembre de 2013 a las 18:25

Haciendo a un lado el consumismo desaforado y el exceso de ñoñerías que somos capaces de cometer en la época decembrina, la Navidad es sin duda una de las etapas más emotivas del año porque nos permite disfrutar de la familia y de los amigos.

Sé que hay mucho Grinch por ahí suelto que pese a su repudio público a tan señaladas fechas en el fondo también disfruta de la cercanía de las personas amadas durante las cenas y convites.

Y es precisamente en estas reuniones donde se encuentra el significado de la Navidad. Sí, sé que a muchos les parecerá un coñazo pero poder sentarte un par de horas con la gente que más quieres para cenar, conversar, reír, cantar e incluso bailar, es una de las experiencias más gratificantes que existen.

Sin embargo, no siempre tenemos la dicha de disfrutar de los que más amamos, no sólo porque muchas veces la familia no está tan a la mano como nos gustaría, sino porque hay personas significativas que se han marchado definitivamente de nuestro lado a las que extrañamos todos los días pero con mayor ahínco durante la Navidad.

Los que están lejos encuentran alguna manera de manifestarse en diciembre ya sea con una llamada, un correo electrónico o una videoconferencia. Pero los que ya no están, los que se han marchado para siempre, duelen profundamente en el corazón.

Esas lamentables ausencias nos sirven para rememorar algo que ya sabemos pero que muchas veces nos cuesta asumir: la muerte es irreversible.

Y esas sillas vacías alrededor de la mesa navideña nos recuerdan la importancia de vivir, de abrazar, de valorar a las personas que amamos porque no vamos a estar juntos siempre. Porque mañana puede ser demasiado tarde para pedir perdón. Así que si tienes la suerte de tener a la familia al completo, a los padres, los abuelos, los hermanos, los hijos, no dejes pasar la oportunidad de reunirte con ellos y  demostrarles que te importan.

Y si alguno ya no está, recuerda siempre que estuvo y en su memoria disfruta plenamente cada uno de los días que están por venir.

Feliz Navidad y gracias por estar…

 

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Escrito por Azucena Alfonsín 7 Comentarios
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El campamento

30 de julio de 2013 a las 16:43

Y de repente me encontré muy sola… y libre. Muy libre. Y me sentí culpable. Culpable pero libre.  Libre pero sola. Y me sentí feliz.

La temida primera separación llegó cinco años después del nacimiento de la criatura. De mi criatura. Superé -no sin alguna lágrima- dejarla en la guardería antes de cumplir dos años. Afortunadamente encontré una escuela infantil bastante respetuosa con los pequeños y el experimento salió bien. Ahora me enfrenté al temido y esperado primer campamento. Un campamento que en realidad no es tal, es más bien una iniciación a lo que serán los próximos veranos de mi vida. Y de la suya.

Mi cincoañera pasará dos días y una noche fuera de casa. Y en cuanto la dejé en el albergue frente a la playa sentí una sensación extraña y confusa. Por una parte sentía la desolación que prácticamente todas las madres experimentamos cuando dejamos a un hijo en manos extrañas, por muy monitores experimentados y de confianza que sean. Pero me sentí un tanto liberada ahí sentada en el coche sin un destino concreto. Empezando las vacaciones sin plan ni compromiso alguno. Me bajé del coche y respiré con absoluta tranquilidad mirando al mar, con ese desparpajo de los adolescentes a los que nada les preocupa.

 

La maternidad puede resultar un tanto agotadora. Incluso la madre más entregada puede sentir esa ligera asfixia que se produce cuando atamos irremediablemente nuestra existencia a la de una personita que nos necesitará para vivir, para crecer, para ser feliz. Incluso las mujeres que como yo desconectamos más de 8 horas diarias del cuidado de los hijos por motivos laborales, sentimos alguna vez que la responsabilidad es grande.

Lo de menos es quejarnos o pedir ayuda a gritos. Lo realmente importante es no callar, no asumir que esa asfixia no existe. La vida es tan breve y el tiempo tan finito que no vale la pena dedicar un minuto a la abnegación. Cuando una madre necesita un respiro es porque ya no puede más. Y es mejor parar y desconectar ya sea con un breve campamento o con la ayuda de la familia. Así, sin culpas. Y aprovechar esos momentos de completa libertad para leer, para bailar, para vivir. Tus hijos lo notarán y te lo agradecerán.

Feliz verano :)

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Escrito por Azucena Alfonsín 4 Comentarios
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«Adorables muñequitas» a golpe de maquillaje

28 de mayo de 2013 a las 18:56

El secreto del boom de los tutoriales de Youtube es que permiten a cualquier mortal con Internet conseguir sus 30 minutos de fama a golpe de visitas. Los hay para todos los gustos: desde el paso a paso de cómo reparar el botón home del iPhone hasta cómo conseguir el peinado perfecto en cinco minutos y sin lavarse el cabello. El lado oscuro de todo esto es que los menores también tienen acceso a estas herramientas y pueden fomentar conductas por lo menos preocupantes como el caso de la niña Barbie que arrasa en la Red o el de Venus Palermo, una quinceañera británica que saltó a la fama por revelar al mundo sus secretos para convertirse en una «adorable muñeca con estilo oriental». Algunos de sus vídeos superan los 15 millones de visitas.

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Claro que para conseguir su objetivo la menor alterna capas y capas de corrector con maquillaje base, pestañas postizas, pintalabios, sombra de ojos y lentillas (para lograr «mayor profundidad en la mirada»).  A mí me da un poco de apuro porque, ¿en realidad necesita una niña de 15 años pintarse como una puerta para verse guapa?  ¿De dónde viene ese afán de muchas adolescentes de aparentar ser lolitas japonesas?

Y no solo eso, la quinceañera enseña también a sus seguidores la forma de utilizar el maquillaje para convertirse en «adorables cachorritos». Supongo que en el universo paralelo de las hormonas desenfrenadas el rollo «quiero parecer perrito» está muy bien cotizado.

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La madre de Venus Palermo sale en defensa de la pequeña. «Su rostro parece el de una muñeca y si a ella le gusta yo no tengo problema con eso. Es mejor eso a que quede embarazada. Estaría más preocupada si ella llegara a casa ebria o drogada», asegura Margaret Palermo. Desde luego que si las opciones son A)Megapintadacomounapuerta y B)Drogasyembarazonodeseado, no hay que pensárselo mucho.

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Yo es que como madre de una de cinco me aterra pensar que eso que muchos llaman moda o «comportamiento inofensivo» pueda azotar con fuerza y convertirse en tendencia. Ya me vale con la sombra amenazante de las «Beliebers» y las «Directioner», todas ellas adolescentes que se pasan el día en el ordenador intentando convertir a sus respectivos ídolos, Justin Bieber y One Direction, en Trending Topic.

Y bastante miedo me da la mía que está empezando a desarrollar una leve fijación por las Monster High y que ha cambiado adjetivos como «chulísimo» por «divino de la muerte». Creo que la brecha generacional está empezando a hacer mella en mí.

 

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Escrito por Azucena Alfonsín 2 Comentarios
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Suplicio dominical

25 de abril de 2013 a las 17:09

Lo digo sin acritud, pero lo digo. Los domingos por la mañana los niños son unos monstruos.  Da igual si trabajas fuera de casa o si llevas toda la semana trajinando en el hogar. No importa si te quedaste currando hasta tarde o si dedicaste toda la noche del sábado a ponerte al día con tus series favoritas. Tampoco influye si usas una cama familiar o si los pequeñajos duermen en su propia habitación, de todas formas escuchas con total fidelidad y efecto surround todo lo que ocurre alrededor de los enanos.

Los despertares de mi monstruita particular comienzan cuando escucho a lo lejos que tose ligeramente, con discreción incluso. Al principio el silencio es tal que puedes detectar el tímido crujir del edredón y percibir como se desliza por su cama. Como si se hubiese escapado de un episodio de Walking dead, la susodicha se desplaza con sus pasos de ultratumba hacia el sagrado templo de descanso. Sientes el comprensible impulso de echarle el pestillo a la puerta pero te das cuenta de que  la pequeña zombie empezará a golpearla con su peculiar frenesí.

Pasas entonces al plan B -porque en estos casos más vale estar preparados-  y te quedas quieta como estatua prometiendo que no abrirás los ojos ni aunque te lo pida el mismísimo Nicholas Brody  en una cabaña en medio del bosque. Sabes que es tu última oportunidad de continuar bajo las mantas así que contienes la respiración y te preparas  mentalmente para enfrentar al enemigo cuyos pasos resuenan ya por toda la casa de forma amenazante.

Ilustración Paulino Vilasoa

Tu villana favorita gira con cuidado el pomo de la puerta y entra en tu habitación mientras ahogas un grito y abres los ojos a lo Carrie Mathison sin medicación. De pronto recuerdas tu estrategia de supervivencia y los cierras nuevamente escuchando como la enana pasa del padre y se dirige hacia tu lado de la cama. Discretamente tomas una bocanada de aire mientras sientes sus manos sobre tu cara y escuchas la escabrosa sentencia: «mami, mamitaaaaaa». Tú callas y juras por  Game of Thrones que esta vez no habrá poder sobrenatural que te saque de la cama un domingo a las 7 de la mañana.

Pero si algo tienen los villanos es un morro que se lo pisan, así que sin ninguna misericordia la pitufa comienza a levantar la voz y a convertir las tiernas caricias en sacudidas infernales. Sólo piensas en ponerte a salvo e intentas teletransportarte a la casa de Dexter  mientras escuchas en cámara lenta lo que ocurre a tu alrededor: «Mamaaaaaaa despieeeeeertaaaaaa. Quieroooo mi colaaaacaaaaooooo».

En un último intento por escabullirte del maldito karma te cubres la cabeza con la manta pero ahí ya la has cagado. El enemigo interpreta tu gesto de escapatoria como una provocación y comienza a reír estrepitosamente.  «Jajajajajajajaaja, estás despierta…  ¡Que te he visto!»

Y eso es todo, kaput. La batalla ha terminado. Así que coges tu maltrecha humanidad y te encaminas hacia la cocina mientras las lágrimas asoman y la envidia te corroe por las venas al escuchar los ronquidos del despreocupado padre de la criatura que seguramente sueña con Morena Baccarin.

Un plan macabro

Pero el pasado fin de semana durante el típico madrugón del día después de mi  maratón sabatino de series sucedió algo inesperado. La pequeña monstrua utilizo su estrategia habitual del manual  Cómo fastidiar a los padres o las 1000 y una formas de sacarlos de la cama un domingo por la madrugada  pero, cuando estaba a punto de culminar su objetivo,  descubrió mi móvil sobre la mesilla y sustituyó el habitual: «venga-mamá-que-ya-sé-que-estás-despierta» por un dulce y sorpresivo:  «Buenos días mami, ¿me dejas tu iPhone?». Resultado: una hora y media más en cama.

No pude evitar acordarme de mi adorado Steve Jobs y desee secretamente que estuviera descansando en paz en un paraíso infinito y sin Adobe Flash.

Así que ya sabéis, la fórmula secreta para garantizar un par de horas extras de descanso dominical es dejar provocativamente  el móvil con la batería a tope sobre la mesita de noche. Antes, claro está, tendrás que ocuparte de que el susodicho tenga una carpeta con su nombre llena de aplicaciones ruidosas y coloridas. No te arrepentirás 😉

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Escrito por Azucena Alfonsín 2 Comentarios
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Aferrándose a la vida desde el vientre de su madre

3 de enero de 2013 a las 19:49

Nevaeh Atkins es una pequeña originaria de Arizona que se ha convertido en un fenómeno viral aún antes de nacer.

La historia comenzó el pasado 9 de octubre cuando Alicia Atkins, la madre de la pequeña, se sometió a una cesárea. Durante el parto, la diminuta mano de Nevaeh se asomó por el vientre de su madre y se aferró con fuerza a la mano del doctor que la ayudaba a nacer.

El inolvidable momento fue oportunamente capturado por la cámara del emocionado padre.

Foto: A Classic Pin-Up Photography

«El médico me dijo que Nevaeh le estaba cogiendo el dedo así que saqué la fotografía. Estaba totalmente asombrado», aseguró Randy Atkins durante una entrevista a la cadena 3TV News.

A finales de diciembre los padres de Nevaeh decidieron compartir la foto en Facebook con sus amigos y familiares provocando una avalancha de visitas desde las redes sociales. Y no es para menos, la imagen de la diminuta mano aferrándose con fuerza a la vida es sencillamente impresionante.

Aquí la entrevista a los padres:

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Escrito por Azucena Alfonsín 10 Comentarios
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Año viejo, nuevos recuerdos

31 de diciembre de 2012 a las 12:02

Estamos a unas horas de comenzar el 2013 y, como es habitual, el mundo se prepara para recibir un año nuevo y todo lo que conlleva. Para muchos el recuento de fin de año es una oportunidad de repasar los sucesos más importantes haciendo hincapié en todo aquello que nos lastimó o nos hizo inmensamente felices. Ese último balance nos permite también revalorizar momentos memorables que se pierden en la inmensidad de los detalles. Acontecimientos cotidianos que aunque no están a la altura del nacimiento de un hijo, una boda o la firma de un contrato laboral, nos regalan momentos placenteros que vale la pena recordar… y repetir. Tal vez ese domingo en que te sentiste completamente feliz por tener dos horas libres para entregarte a la lectura con un café en la mano y en absoluto silencio. O el día que a causa de tu insomnio pudiste regalarte un amanecer de invierno. ¿Y qué me dices de ese momento irrepetible en el que hiciste sonreír a alguien que lloraba?

Queda poco tiempo por delante y seguramente miles de cosas por hacer antes de la fiesta de la Nochevieja, pero vale la pena intentarlo. Cerrar los ojos y revivir esa vez en que tu hijo te dijo «te quiero» o la mirada amorosa de tu madre mientras te sonreía cuando eras un niño. A medida que vamos envejeciendo los recuerdos se acumulan unos sobre otros y dejamos de lado todo aquello que nos ha hecho mejores personas. Muchos ya no tendremos nunca la oportunidad de darle un abrazo al viejo, a ese que nos crio y nos dedicó su vida con total entereza mientras nosotros perdíamos el tiempo jugando a ser mayores. Y ahora que somos mayores y necesitamos fervientemente cruzar unas palabras con ese padre ausente sólo nos queda el recuerdo.

De ahí la trascendencia de decir te quiero a las personas importantes que nos rodean. De ahí la necesidad de abrazar sin motivo, porque en cada abrazo regalamos un poco de nosotros y dejamos una sonrisa en las caras ajenas.

Lo único cierto de cara a este año que se vislumbra es que no sabemos si vamos a recorrerlo entero. Ante ese panorama es mejor entregarnos por completo a la devoción de la familia, de los amigos, de esas personas que hacen que vivir valga la pena. Así que ama, respeta, sonríe, disfruta, comparte, abraza… y serás un poco más feliz.

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Escrito por Azucena Alfonsín 1 Comentario
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Bizcochos fingidos

30 de agosto de 2012 a las 9:00

Con la vuelta al cole empieza también el estira y afloja de la conciliación familiar. Ese viacrucis particular que nos obliga a exprimir hasta el último minuto del día para disfrutar un poco más de la prole. Las mujeres generalmente lo llevamos peor porque nos toca resolver el puzzle de la cotidianidad para que cada pieza encaje y podamos cumplir con el horario laboral sin mermar tiempo para preparar la cena y jugar un rato con los pequeños después de supervisar los deberes.

En ocasiones nos toca, además, lidiar con las otras madres, ese club de entes casi perfectos que siempre tienen tiempo para todo. Mujeres que sonríen comprensivas cuando te ven llegar tarde al colegio y que te reprenden cariñosamente por hacer gastos innecesarios: «pero bueno, para que compras la tarta si para hacerla solo hay que mezclar cuatro cosas».

Ilustración: Paulino Vilasoa para La Voz de Galicia

Y yo, que pertenezco al lado oscuro, al de las mamás que casi nunca disponen de dos horas libres para una sesión de peluquería y que facilitamos los trámites de la vida apoyadas en nuestras propias madres, me sonrojo por fingir los bizcochos comprándolos a escondidas en la panadería más cercana para meterlos después en un tupper y disimular en las fiestas del cole la falta de tiempo y de talento culinario.

Como decía Sarah Jessica Parker en la cinta I don’t know how she does it (Tentación en Manhattan, en España), «las mujeres de antes hacían las tartas y fingían los orgasmos, ahora fingimos las tartas». Pues eso.

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Escrito por Azucena Alfonsín 6 Comentarios
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Llegaron las «beauty party»

23 de agosto de 2012 a las 13:24

Las merendolas con churros y chocolate para festejar un cumpleaños o una comunión quedaron en desuso hace mucho tiempo. Poco a poco esas reuniones caseras fueron reemplazadas por magnánimas celebraciones en una sala de fiestas con azafatas, globoflexia, maquillaje de fantasía, piscina de bolas, juegos electrónicos y zona con wifi para los padres. En esta surtida variedad de galas descubrí recientemente las fiestas de la belleza, especialmente diseñadas para niñas y adolescentes.

En esta nueva modalidad ellas cambian la tarta por una reunión llena de glamour en la que podrán compartir con sus invitadas una mascarilla capilar, un masaje facial, disfraces estrafalarios, tocados y maquillaje de fiesta, todo ello «elegantemente» rematado con un desfile en el que podrán brillar con su nueva imagen.

Ilustración: Paulino Vilasoa para La Voz de Galicia

Las llamadas beauty party ya están al alcance de las adolescentes gallegas y lo mismo sirven para celebrar una comunión que «los dulces 15»  al más puro estilo latinoamericano. Las festejadas pueden elegir entre una tarde de princesas con vestidos y coronas o un salón top model. A mí es que sigue sin convencerme la idea de encerrar en una habitación pintada de rosa a una decena de muchachitas para hacerse la pedicura mientras escuchan a Justin Bieber, aunque sé que llegado el momento terminaré por resignarme.

¿Cuál será la versión masculina de esta celebración ultra cursi en las que nuestras hijas aprenden cómo lucir el palmito en una pasarela? Prefiero no pensarlo.

 

 

 

 

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Escrito por Azucena Alfonsín 11 Comentarios
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