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La Voz de Galicia
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El regalo de las madres

6 de mayo de 2012 a las 9:33

Los humanos tenemos que mirarnos esa fijación por agregar celebraciones en el calendario. La interminable lista de «los días de» incluye conmemoraciones absurdas que nos podríamos ahorrar. Yo tengo una premisa muy sencilla para valorar los días de fiesta: ¿Son de asueto? Si la respuesta es no: que les den. Si la respuesta es sí: a disfrutarlos. Con el día de la madre hago una honrosa excepción porque muchos malagradecidos que jamás se acuerdan de que tienen una al menos aprovechan esta fecha para visitarla o llamarle por teléfono.

Lo que tal vez omitiría es la elección del regalo. Preferiría que las madres pidieran por sus boquitas lo que realmente quieren recibir. Hubo un tiempo  en el que yo pasaba horas recortando, dibujando y coloreando una lista interminable de regalos para mi madre. ¿Dónde están ahora todos aquellos recuerdos?   Pues salvo por un par de cartas,  algunos poemas y un abanico que lleva por adorno una foto mía, los restos yacen  en la basura. Y  no quiero decir con esto que mi madre fuese una insensible que tiraba por la borda el esfuerzo de sus hijos. A ella no le alcanzaba la cara para esbozar una sonrisa cuando entregábamos los presentes con aquellas manitas aún llenas de pegamento y pintura.  Nos abrazaba, nos besaba y nos decía que era la más feliz del mundo, pero pasada la algarabía de la celebración llegaba el momento de la verdad. ¿Dónde puede una pobre madre guardar las decenas de tarjetas, pisapapeles, cajas decoradas, portarretratos, colgantes y demás obsequios que se van enmoheciendo y decolorando con el paso de los años?

Cuando me hice mayor y me dejé seducir por las campañas publicitarias de tan señalada fecha  las cosas no mejoraron mucho. Yo es que tengo mal tino para regalar. Recuerdo una ocasión en la que ahorré  para obsequiar a la autora de mis días con un «práctico y relajante hidromasajeador de pies» porque la publicidad me garantizaba que era «la mejor forma de recompensar todo lo que mamá» hacía por mi. Mi madre abrió el regalo, esbozó una sonrisa más bien mediana y me abrazó: «gracias hija, te quiero». Pocos  días después guardó la caja en el armario de los cachivaches donde la encontré después.

- Mamá, ¿no te gustó el regalo?

- Hija no te ofendas pero ¿cómo se te ocurrió pensar que yo voy a meter los pies en un aparato lleno de agua conectado a la corriente eléctrica?  

Cuando tenía 10 años la impresioné memorizando un poema que le gustaba mucho, El brindis del bohemio, aún recuerdo su cara emocionada cuando me escuchó recitar aquellos deliciosos versos de Guillermo Aguirre y Fierro. Después descubrí  que lo que más disfrutaba eran las plantas que podía cultivar en su jardín, con eso sí que flipa mi señora madre. Y entendí que cuando nos decía que ella lo único que quería era un abrazo y que fuésemos buenos lo hacía con total honestidad .

Admito que a mí también se me caían las babas por litros la primera vez que la peque apareció ante mí con una pulsera de flores de papel que hizo en la guardería. La tengo en mi cajón de los recuerdos junto con todos y cada uno de sus dibujos y demás creaciones, pero dentro de 20 años cuando todos esos regalitos bien intencionados se vayan acumulando no me quedarás más remedio que reciclar. Aún así seguiré disfrutando -como el resto de las mamás- de ese momento mágico e indescriptible en que los hijos te entregan esa obra de arte en el que han garabateado las 4 letras que tanto significan para ellos.

Me queda claro que el día de la madre es básicamente un formalismo social que podemos celebrar sin necesidad de caer en el consumismo al que nos conduce año tras año la publicidad. Al menos yo hoy seré feliz con los besos y abrazos de mi hija como lo soy todos los días.  Aunque puestos a pedir un regalo material insistiré en el iPad, que ya lo insinúe el año pasado pero todavía no llega.

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Escrito por Azucena Alfonsín 2 Comentarios
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Así se nace en España, la polémica en torno al programa «Baby boom»

28 de abril de 2012 a las 19:38

Érase una vez tres madres que decidieron hacer públicos sus partos en un programa de televisión y que cayeron en manos de matronas que se burlaban de ellas con sus compañeras, que acostaban a las mujeres en posiciones que complican la labor del parto y que se pasaban por el forro las recomendaciones de la OMS. Esta bien podría ser la sinopsis del primer episodio del docushow Baby boom  que LaSexta comenzó a emitir el viernes 27 de abril y que ha levantado ampollas entre las mujeres que luchan a favor del parto respetado. El documental retrata la realidad de los paritorios españoles. Matronas que se esfuerzan por hacer su trabajo siguiendo un protocolo sin muchas ganas de esforzarse para procurar un parto no violento e ignorando las recomendaciones de la OMS. Por supuesto que las defensoras del parto humanizado están poniendo a parir a las matronas en las redes sociales y en el propio facebook del programa.

Entiendo que ayudar a nacer no es tarea fácil especialmente en casos como en de una chica de 20 años que «se descontroló» en el paritorio y se puso a gritarle al personal que la atendía en medio de las contracciones, pero las matronas deberían estar preparadas para intentar inducir un parto realmente natural, orientado no a sufrir sino a saber hacer. Es natural que gran parte de los espectadores del programa considere que todo lo que se refleja es totalmente normal y seguramente el personal sanitario lo hace «lo mejor que puede», pero deberían entender que su trabajo no es dirigir sino facilitar la expulsión natural del bebé.

Según las recomendaciones de la OMS «las embarazadas no deben ser colocadas en posición de litotomía» y deben decidir libremente la posición que quiera asumir durante el parto». Pues el personal sanitario que participó en el primer episodio del programa hizo caso omiso a todo esto. Las tres mujeres parieron acostadas boca arriba y nadie les preguntó si así se sentían cómodas. Esta posición no solo entorpece el parto sino que hace que las contracciones sean aún más dolorosas. Pero eso no es todo, hay otras recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud que, por lo visto, las matronas y los ginecólogos del Gregorio Marañón pasan por alto cada minuto, de cada hora, de cada día:

-  No deben inducirse los partos por conveniencia

-  No se justifica científicamente la ruptura artificial de membranas por rutina.

-  Debe fomentarse el inicio inmediato del amamantamiento, inclusive antes de que la madre salga de la sala de partos.

Lo de la ruptura de bolsas me pareció surrealista, no solo porque no está justificada científicamente, sino porque a ninguna de las tres les preguntaron ni les pidieron su consentimiento para hacerlo. Si en el contexto mismo del programa te explican que  «del sufrimiento nace vida»  queda claro que el personal del hospital da por sentado que no hay más opciones, que el dolor tiene que ir acompañando al nacimiento y a eso le denominan parto natural.

Pues no, sí que hay otras formas de nacer, de dar la bienvenida al mundo, existe algo que muchas mujeres desconocen –y que yo desconocía cuando parí a mi hija- que se llama plan de parto. Existen también una serie de recomendaciones de un organismo internacional y totalmente acreditado cuya finalidad es precisamente evitar que las mujeres sufran.

Respecto a las matronas que participaron en el programa creo que es poco ético salir del paritorio y cachondearse de las madres a las que están asistiendo. Sucedió con la mujer que dio a luz a un niño de 4 kilos y ocurrió también con la veinteañera cuando se mofaron de que no trabajaba y de que tenía a su madre para mantenerla. Creo que la situación socio económica de los pacientes no es cosa suya y, al menos por respeto, deberían evitar hacer ese tipo de comentarios de mal gusto, sobre todo cuando saben que las están grabando. A saber lo que dicen y lo que se mofan cuando no hay testigos. Que miedo.

La voz en off del programa la pone Gemma Nierga, una profesional de la radio a la que admiro por su trabajo en la Cadena Ser, pero que durante una entrevista  hizo un desafortunado comentario: «En Baby Boom he descubierto que hay mujeres muy cobardes».

Me quedó un mal sabor de boca después de leer semejantes declaraciones. Yo creo que en ese momento en que tu bienestar y el de tu bebé depende de terceras personas que no te conocen de nada es natural sentir miedo. Yo soy unas de esas mujeres cobardes que en el paritorio lloré y lo pase fatal pensando que a Montse podía ocurrirle algo. Y fui cobarde porque no tuve el valor de exigir el parto respetado que siempre soñé. Fui  cobarde mientras veía como la oxitocina entraba en mis venas haciendo daño y provocando un dolor intolerable que te hace rogar una analgesia que no querías.   Fui cobarde porque no me sentía cómoda acostada boca arriba pero no tuve valor  de exigir que me dejaran parir en otra postura. Fui cobarde porque dejé que me hicieran la episiotomía sin que fuera necesaria. No sé si Gemma sabe de la existencia del término violencia obstreticia, ni si conoce otros hospitales que, pese a sus pocos recursos, se esfuerzan por otorgar  a la mujer un entorno apropiado y respetuoso para que traigan a sus hijos a este mundo. Uno de ellos es el Hospital do Salnés, un paritorio de gran demanda en Galicia donde las mujeres pueden tener a sus hijos en bañeras y entre velas relajantes.

Lamentablemente bajo el escudo del sufrimiento fetal se comenten muchas barbaridades. Un amigo médico en  prácticas me confesó que en ocasiones algunos especialistas amenazan a las madres con el supuesto sufrimiento del bebé para intentar que nazcan antes del fin de semana que es cuando hay menos personal. Cuando me enteré de esto me puse muy mal pensando que pudo haber sido mi caso. A mí me contaron que la niña lo estaba pasando fatal, que pesaba más de 4 kilos y que tenía que nacer de inmediato. Ante este panorama  mi cobardía y  yo aceptamos que el parto fuera provocado. Y Montse –que coincidentemente llegó un viernes- pesó al nacer 3.220 gramos.

¿Y si no hacía falta provocarme el nacimiento en la semana 38? ¿Y si la niña podía esperar hasta terminar mi embarazo para evitar un parto que se prolongó 18 horas? ¿Pude haber parido por mi misma, sin hormonas artificiales de por medio y con mucho menos dolor del que me tocó sufrir? Desde luego nunca lo sabré.

Lo que no puedo negar es que el momento en que nace el bebé resulta sumamente enternecedor incluso cuando las condiciones no han sido las mejores, como en el caso de las tres protagonistas de Baby Boom. A pesar de estar decepcionada por todo lo que vi no puede evitar emocionarme con la llegada de cada uno de los bebés. Porque ese primer contacto entre madre e hijo es fundamental, único, irrepetible e inolvidable.

Algunas frases imperdibles del programa:

«Los gritos de una mujer dando a luz sin anestesia son ya cosa del pasado»

«Y lo que vas a molar en el parque cuando digas: yo sin epidural»

«Estamos aquí secándole las lágrimas y ahora va a llorar porque viene la anestesista también»

«¿Otra vez está llorando? Esta pasa de la risa a las lágrimas en 0,0 segundos»

«Ahora ya todas –las matronas- me caen mal»

«¿Ya sale? ¿O qué?»

«¡Que me duele todo el chochete!»

«Es que él no quiere salir»

«En principio entiendo que no quieras la epidural pero es que es un niño muy grande y a pelo no se puede hacer»

 

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Escrito por Azucena Alfonsín 56 Comentarios
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Cuatro años de experiencia

11 de abril de 2012 a las 10:32

Hoy mi hija celebra su aniversario y yo sumo cuatro años de experiencia maternal, aunque en realidad deberían ser casi 5 años porque una comienza a pensar como madre justo cuando le confirman el embarazo. De repente y de la nada surgen mil dudas sin respuesta: ¿Será niño? ¿Será niña? ¿Nacerá sano? ¿Le gustaré? ¿Me gustará? ¿Podré con esto? ¿Me dolerá? ¿Seré buena madre? ¿Y si lo malcrío? ¿Le gustarán las ciencias? ¿O las letras? ¿Me escuchará? ¿Podremos ser amigos?  ¿Tendrá amigos? ¿Colegio público? ¿O concertado? ¿Lo educo en casa? ¿Y si lo mando a la guardería? ¿Lactancia exclusiva hasta los dos años? ¿O será muy exagerado? ¿Colecho sí? ¿Colecho no? ¿Tendremos otro? ¿O nos quedamos solo con uno? ¿Y el nombre? ¡EL NOMBRE!

Cuando recibí a Montserrat entre mis brazos  aquel viernes 11 de abril solo tuve tiempo de pensar en una cosa: lo haré siempre lo mejor que pueda. Y se lo prometí mientras miraba sus ojos recién nacidos que lo absorbían todo con su luz. Hasta  ahora he intentado no romper esa promesa. Lo hago lo mejor que puedo aunque eso no signifique que lo haga siempre bien. Me equivoco con frecuencia y suelo tomar malas decisiones de las que luego me arrepiento. Ser madre a veces duele. Sobre todo cuando se enferman, cuando los hijos experimentan esos momentos de debilidad que son también los tuyos. Cuando lo están pasando mal y sientes como crece tu impotencia ante el dolor de ese ser cuyo bienestar depende casi por completo de ti.

En lo que a maternidad se refiere la antigüedad no nos convierte en expertos. Porque los expertos en crianza no existen, al menos no en términos de generalidad. Seguro que puedes ser experto en la crianza de tus propios hijos pero eso no te hace apto para criar al resto. Cada niño es un pequeño universo y no podemos educarlos con el mismo librillo. Al niño se le guía con amor, con paciencia y con presencia. Porque estar ahí, a su lado, es la mejor forma de orientar.

Hoy entiendo que aún soy una aprendiz de madre que tal vez encontrará su maestría con el tiempo y con la cotidianidad. Pero ahora, mientras mi hija crece ante mis ojos, solo me queda estar ahí con ella, para ella. Eso sí, he tomado nota de mis errores para intentar no repetirlos. En este largo camino mi hija ha sido mi maestra y mi mejor lección. Es ella la que me orienta con su mirada, con sus reacciones. Es ella la que me hace entender que gritando no solucionamos nada. La que es capaz de arrancarme una sonrisa justo cuando estoy interpretando mi papel de bruja para conseguir que recoja los juguetes. Ella es solo una niña. Soy yo la que tengo que esperar y respirar.

He aprendido que no le puedo imponer todo, que tengo que dejar que ella también decida, que participe en las cosas que le atañen. Y me han criticado por ello porque muchos de los que me rodean piensan que la estoy malcriando. Yo creo que no, al contrario, la estoy bien criando porque sé que tomar sus propias decisiones –y asumir las consecuencias de las mismas- será una de las mejores enseñanzas que yo le pueda heredar.

He asimilado que la crianza debe ser respetuosa no solo para el niño sino también para la madre. Me he topado de frente con la intrusión, esa gran metomentodo que llega en forma de amigos, de familiares o de perfecta desconocida y empieza  a sugerirte lo que debes y no debes hacer respecto a tus hijos. Antes, cuando era aún más inexperta, solía dejarme influenciar e incluso les daba explicaciones.  Ahora, de forma educada pero tajante, los mando a tomar por saco. Porque la crianza de mi hija es asunto de familia y como tal debe tratarse. Y he aprendido también a respetar, a no ser yo la que va por la vida intentando convencer a otra madre para que se sume a la lactancia, por ejemplo, porque me pongo en su lugar y debe ser cansino estar escuchando una y otra vez la misma cantaleta, que sí el biberón mejor no, que no lo dejes dormir solo, que bésalo, que cuídalo. No, así no.

Una madre sabe, entiende e intuye lo que es mejor para sus hijos y toma las decisiones según su bagaje emocional, según las circunstancias y lo que necesitan ella y su bebé en cada momento. A una madre no hace falta convencerla para que quiera, para que abrace, para que acune, para que no haga llorar. Eso se sabe, se entiende, se intuye.

He vivido intensamente este último lustro de mi vida. He aprendido y he desaprendido. Me perdí y me encontré ya un par de veces. Por eso creo que estoy en el camino correcto. Porque voy despacio, sin pausa pero sin prisa, intentando cumplir día tras día el mismo objetivo: que mi hija sea feliz.

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Escrito por Azucena Alfonsín 12 Comentarios
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La niña Barbie que arrasa en la Red

8 de marzo de 2012 a las 19:47

«Es tan bonita que intimida, tan hermosa que da miedo, ¿será un robot?». No, no es un robot y tampoco es una muñeca, pero en las redes sociales ya la identifican como la niña Barbie.  Se llama Dakota Rose  y creo que no supera los 15 años.

Los japoneses la adoran porque parece que se ha escapado de un manga: los ojos enormes y expresivos, la boca pequeña, el cabello liso y las piernas tan largas como delgadas.

Tiene también una cuenta en twitter en la que a veces hace guiños a los latinos con algún mensaje en español. Administra también un blog y un canal de youtube. Y es esto último lo que me parece que se sale de madre:  se trata de un tutorial en el que la niña explica a los interesados como maquillarse, como peinarse y como lucir como una lolita. No es que sea esa su intención, pero lo parece. Lo de las clases de maquillaje a lo Isasaweis no es que me escandalice, faltaría más, pero publicar fotos suyas en poses sugerentes tendida en una cama o enseñar en vídeo sus diminutos modelitos con ligueros incluidos creo que es excesivo para una menor. O será que me estoy quedando anticuada.

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La niña mantiene su mutismo en todo momento, simplemente saluda, sonríe y modela mirando a la cámara. Koty es una especie de wannabe para miles de niñas –muchas de menos de 10 años-  que la siguen y la imitan. Y eso es lo más preocupante, la imitan y también suben sus vídeos a Internet por lo que quedan al alcance de cualquiera.

Lo que no me queda claro es si los padres de Dakota están enterados del arrollador éxito de su pequeña.

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Escrito por Azucena Alfonsín 35 Comentarios
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Un momento de meditación

27 de febrero de 2012 a las 15:12

Acabo de toparme en Facebook con un práctico vídeo de ejercicios de meditación y quiero compartirlo con todas esas madres que, como yo, carecen de tiempo suficiente para tomarse un respiro de vez en cuando.

A través de One-Moment Meditation, Martin Boroso nos enseña a concentrarnos aún en los momentos más difíciles y estresantes. Es una  forma de «auto resetearnos», sí, como los ordenadores que se quedan colgados cuando tienen demasiados datos para procesar.

Boroso descubrió una técnica práctica y rápida de remediar esos momentos de agobio. A mí me funcionó de maravilla, aunque claro, solo lo hice una vez… espero que no tenga fecha de caducidad.

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Escrito por Azucena Alfonsín Comentar
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La reforma laboral contra la conciliación

25 de febrero de 2012 a las 20:43

De los creadores de Abaratar el despido es la solución y Las mujeres deben seguir ganando menos llega la tercera parte de la trilogía:  Adiós a la lactancia y a la jornada reducida. La tristemente famosa reforma laboral del nuevo gobierno contempla que las mujeres que se acojan a una reducción de jornada por lactancia deberán aplicarla diariamente. Hasta ahora se podía elegir entre coger media hora al día para alimentar al bebé o acumular ese tiempo a favor de la conciliación para disfrutar 15 días más de baja por maternidad. Pero la nueva normativa obliga a las madres –o padres- a disfrutar del tiempo de lactancia diariamente sin tomar en cuenta las necesidades de conciliación de los trabajadores.

Y aún hay más, según denuncia CC.OO., la reforma modifica el decreto ley que regula el derecho a la concreción horaria de la reducción de jornada por maternidad, aunque sigue siendo el trabajador el que concrete el horario al que ha de acogerse durante la reducción de jornada laboral y la determinación del período del disfrute, la normativa deja la puerta abierta a otra posibilidad, «los convenios colectivos podrán establecer criterios para la concreción horaria de la reducción de jornada, en atención a los derechos de la conciliación de la vida personal, familiar y laboral del trabajador y las necesidades productivas y organizativas de las empresas»

Vamos, que si una propuesta de reducción de horarios no conviene a las «necesidades productivas de la empresa» la mujer tendrá que ajustarse a lo que diga el jefe. Y punto.

¿Conclusión? La reforma no solo abarata el despido y atenta contra los derechos adquiridos por los trabajadores, sino que también limita aún más las posibilidades de conciliación. Vaya manera más rara de motivar la natalidad.  Por una parte quieren que tengamos hijos para garantizar la continuidad del sistema de pensiones, pero por otra limitan todas las ayudas a las madres trabajadoras. Y es que no todas podemos -ni queremos- parir y quedarnos en casa.

Que ya está bien hombre, a ver cuándo nos dan una alegría porque como las cosas sigan así aquí la única que tendrá hijos será Soraya. Así que a por el segundo, guapa.

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Escrito por Azucena Alfonsín 3 Comentarios
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En memoria de Caroline Lowell

7 de febrero de 2012 a las 10:52

«Pues mira, no es que me alegre de esas cosas pero creo que es una buena forma de que se aireen los riesgos de parir en casa, ya vale de andar por el mundo de madre hippie…»

No fui capaz de terminar de escuchar la conversación que sucedió en la cola del súper. Desde luego que «esas cosas» a las que hacía referencia una mujer de mediana edad que se dirigía a otra que rondaba los 70, tenían que ver con Caroline Lowell, la australiana que perdió la vida después de dar a luz en casa a su hija Zhara.

Sí, esa Caroline que ha dado la vuelta al mundo en forma de noticia después de muerta y cuyo fallecimiento lejos de sensibilizar sobre un tema tan fundamental para la vida misma como es nacer, abrió la puerta a las críticas encarnizadas de los detractores del parto respetado.

Prometo que intenté mantenerme alejada de la polémica pero me parece un poco ruin que se haga leña del árbol caído criticando las decisiones de una mujer que no hizo más que luchar por el derecho que todas tenemos de parir lejos de un quirófano.

El objetivo principal del parto respetado no es convertir el alumbramiento en un orgasmo –aunque esos casos haberlos, haylos- es más bien darle a la madre la oportunidad de parir de forma relajada y a ser posible sin medicación para reducir el estrés del bebé al mínimo. Porque ya bastante duro debe ser el reto de tener que salir a este mundo por un conducto poco más que estrecho y en medio de los gritos de mamá, como para que encima el neonato tenga que enfrentarse a los fórceps y demás artilugios de los médicos. Y ojito, que no estoy diciendo que los medicamentos y los utensilios no deban utilizarse cuando sea necesario, pero lo mejor es siempre evitarlos.

Yo no pude tener lo que se llama un parto vaginal espontáneo, mis contracciones fueron todas inducidas –y mucho más dolorosas- por una hormona llamada oxitocina. Y mi hija nació con la cabeza amoratada porque tiraron de ella con ventosas para obligarla a salir cuando aún no era su momento; pero me explicaron que era por su bien, que su vida estaba en riesgo y no dudé en aceptar y mandar a tomar por saco mis sueños de un nacimiento ideal. Ni siquiera rompí aguas, me punzaron para derramar el líquido y después todo fue dolor y ansiedad durante 18 interminables horas. Pero repito: entiendo que fue una circunstancia especial y necesaria. Sin embargo, la mayoría de las mujeres pueden dar a luz de una forma más placentera. Aunque claro, eso no es rentable para los médicos, ni para el sistema sanitario, porque  lleva tiempo y requiere del compromiso de los profesionales de la salud… y todo eso junto ya es mucho pedir.

Caroline pedía que las autoridades de su país ofrecieran la oportunidad de parir en casa asistidas por matronas pero no lo consiguió. «Nuestra vida estará en peligro sin ayuda de matronas por parte del Estado» sentenció, y sus palabras se convirtieron en una premonición de lo que le ocurriría más tarde. Aunque hay un dato que los medios han trabucado estos días: Lowell parió en casa pero murió al día siguiente en un hospital, no murió en su hogar como se ha contado. Y hay algunas cifras que tampoco han salido a relucir de forma masiva: «el número de madres que fallecen durante el parto en Australia es una de las más bajas del mundo, con una tasa de 8,4 de cada 100.000».

Aún no se sabe si su muerte pudo evitarse ni si hubiera fallecido igual de haber parido en un sanatorio, por eso cualquier polémica absurda, cualquiera crítica de una señora en la cola del súper, cualquier intención de dar a entender que parir en casa es una opción errónea sale sobrando.

Dejemos a Caroline en paz y centremos el debate en el bienestar de las mujeres y en su derecho a parir de la mejor forma posible, da igual que sea en casa –donde se hizo durante años y años de historia de la humanidad y que además resulta mucho más barato- o en un hospital  si la madre lo prefiere. Lo importante es que sea respetando el derecho a la vida.

 

Infórmate sobre parto respetado en el blog El parto es nuestro

 

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Escrito por Azucena Alfonsín 3 Comentarios
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Un año más

31 de diciembre de 2011 a las 15:37

Si generalizamos -porque a veces viene bien- este año no ha sido precisamente uno de los mejores de la década. Definitivamente no ha sido un año de abundacias materiales. Esa amenaza latente llamada crisis de deuda se cierne sobre la tranquilidad de los españoles, de los italianos, de los griegos, de los portugueses…

Noticias que antes nos quedaban muy lejos se han convertido en una pesadilla constante de la mano de entidades como Standard & Poor, Fitch y Moody´s. Cada vez son más las personas que se sienten contra las cuerdas, víctimas de la desesperanza al contar los días que faltan para que se les termine una prestación económica.

Aquí, en Galicia, las imágenes de centenares de personas haciendo cola afuera de los comedores públicos  hicieron que se nos helara el corazón.

La crisis nos está golpeando fuerte. Muchos empleados salen de sus casas cada mañana con un solo deseo: no engrosar las listas del paro. Y el cambio de Gobierno no promete ser la solución a este desolador panorama que nos deja el 2011.

Los deseos para el nuevo año, esos a los que nos entregamos entre uva y uva, se convertirán esta última noche del año en una tabla a la que podremos aferrarnos en silencio, mientras cenamos junto a la familia intentando apartar los momentos negros del año viejo para centrarnos en los que nos hicieron sonreír.

Dicen que la esperanza nunca muere, así que recarguemos la energía positiva para enfrentar un 2012 que no promete ser mucho mejor que estos 12 meses que hoy se desvanecen para siempre.

Para terminar el año me quedo con estas frases de Xosé Carlos Caneiro, columnista de La Voz de Galicia

«Non sufras. Que non rouben a risa. Que o paxaro da felicidade poida aniñar no teu cabelo, dourado de sol, negro de chocolate, vermello, gris, invisible. Por favor, non sufras. Esteas onde esteas, encerrado, triste, túnel, han de acabar as sombras. Acariña 2012 coa punta dos dedos, reza comigo a oración dos días felices(…). Que non te abrumen os poderosos, líderes e lideresas, e as súas heroicidades: en realidade, os grandes heroes do noso tempo son os que soportan a enfermidade e non perden de vista a esperanza, nunca; os heroes son os que coidan aos enfermos; os heroes, os que están a carón dos necesitados, sempre. Oxalá 2012 escriba estas palabras que eu escribo cada xoves, cada desgarro, para ti. Non sufras, por favor».

¡Fuerza y mucho ánimo para el 2012!

 

 

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Las mentiras navideñas

19 de diciembre de 2011 a las 14:03

- Mamá… ¿Papá Noel es chica?

- No, es un chico, no ves que lleva barba.

- Pero también lleva pendientes, y yo creo que es chica porque lleva el pelo largo y además lo tiene rubio.

- ¿Y tú como sabes eso?

- Porque le asoma el pelo debajo del gorro.

- Pero Montse, ¿no ves que si fuese chica se llamaría Mamá Noel?

- Pero si es chico… ¿por qué parece mujer?

- ¿Y si el que viste no era el verdadero Papá Noel sino una chica disfrazada?

- ¿Ah sí?

- Pues no sé, puede ser.

- Yo creo que no es Papá Noel ni Máma Noel, yo creo que es Abuelo Noel.

- ¿Abuelo Noel?

- Sí, porque lleva barba blanca y parece un poco viejo.

Esta conversación con mi hija sucedió cuando vio a uno de los falsos Papás Noel que visitan las escuelas y los centros comerciales. Desde el año pasado me preocupaba como sobrellevar esa sarta de mentiras que contamos a nuestros hijos cada Navidad sobre el bondadoso personaje que se encarga de los regalos. Por un lado les inculcamos valores como la honestidad pero por otro, les llenamos la cabeza de mitos e ilusiones para convertir diciembre en un mes idílico.

Pero es que claro, son años y años de tradiciones familiares que tampoco se pueden ir al carajo solo porque una señora olvidó quitarse los pendientes antes de ponerse el gorro.

Y es que yo estoy a favor de las costumbres navideñas y crecí con esa misma ilusión que veo en mi hija que cada día pregunta cuanto falta para poner al niñito Jesús en el Belén.

Así que por esta vez (y con esta vez me refiero a los próximos 10 diciembres, por lo menos) seguiré ensalzando su imaginación con esas pequeñas mentirijillas que no le hacen daño a nadie. Y disfrutaremos los bombones del calendario de adviento que la peque -con su inmensa generosidad- comparte conmigo en una proporción 90-10. El 10% es el mío, claro:

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Escrito por Azucena Alfonsín Comentar
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Un diciembre para recordar

9 de diciembre de 2011 a las 16:08

Diciembre suele ser un mes para dar, recibir y recordar. Y son esos recuerdos los que hacen que una familia permanezca unida aún cuando ya no estén todos juntos. Mi hija, de 3 años, solo pasó dos navidades con su abuelo materno, pero lo recuerda casi a diario. Estos días, en medio de la fiebre navideña que padece desde el pasado mes, le dedica mucho tiempo a su abu Toto. Le ha puesto una bota para que Santa le deje un regalo, le ha dibujado una flor de Navidad y suele dejar un caramelo junto a su foto.

Esos gestos que nacen de su absoluta inocencia me hacen valorar lo importante que es mantener viva la presencia de la gente que amamos. Y el corto «Semilla del recuerdo», de Renato Roldan, me ha hecho remembrar  algo que todos sabemos: «lo que nunca se olvida vive para siempre».

Disfrútenlo:

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