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La Voz de Galicia
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«Adorables muñequitas» a golpe de maquillaje

28 de mayo de 2013 a las 18:56

El secreto del boom de los tutoriales de Youtube es que permiten a cualquier mortal con Internet conseguir sus 30 minutos de fama a golpe de visitas. Los hay para todos los gustos: desde el paso a paso de cómo reparar el botón home del iPhone hasta cómo conseguir el peinado perfecto en cinco minutos y sin lavarse el cabello. El lado oscuro de todo esto es que los menores también tienen acceso a estas herramientas y pueden fomentar conductas por lo menos preocupantes como el caso de la niña Barbie que arrasa en la Red o el de Venus Palermo, una quinceañera británica que saltó a la fama por revelar al mundo sus secretos para convertirse en una «adorable muñeca con estilo oriental». Algunos de sus vídeos superan los 15 millones de visitas.

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Claro que para conseguir su objetivo la menor alterna capas y capas de corrector con maquillaje base, pestañas postizas, pintalabios, sombra de ojos y lentillas (para lograr «mayor profundidad en la mirada»).  A mí me da un poco de apuro porque, ¿en realidad necesita una niña de 15 años pintarse como una puerta para verse guapa?  ¿De dónde viene ese afán de muchas adolescentes de aparentar ser lolitas japonesas?

Y no solo eso, la quinceañera enseña también a sus seguidores la forma de utilizar el maquillaje para convertirse en «adorables cachorritos». Supongo que en el universo paralelo de las hormonas desenfrenadas el rollo «quiero parecer perrito» está muy bien cotizado.

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La madre de Venus Palermo sale en defensa de la pequeña. «Su rostro parece el de una muñeca y si a ella le gusta yo no tengo problema con eso. Es mejor eso a que quede embarazada. Estaría más preocupada si ella llegara a casa ebria o drogada», asegura Margaret Palermo. Desde luego que si las opciones son A)Megapintadacomounapuerta y B)Drogasyembarazonodeseado, no hay que pensárselo mucho.

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Yo es que como madre de una de cinco me aterra pensar que eso que muchos llaman moda o «comportamiento inofensivo» pueda azotar con fuerza y convertirse en tendencia. Ya me vale con la sombra amenazante de las «Beliebers» y las «Directioner», todas ellas adolescentes que se pasan el día en el ordenador intentando convertir a sus respectivos ídolos, Justin Bieber y One Direction, en Trending Topic.

Y bastante miedo me da la mía que está empezando a desarrollar una leve fijación por las Monster High y que ha cambiado adjetivos como «chulísimo» por «divino de la muerte». Creo que la brecha generacional está empezando a hacer mella en mí.

 

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Suplicio dominical

25 de abril de 2013 a las 17:09

Lo digo sin acritud, pero lo digo. Los domingos por la mañana los niños son unos monstruos.  Da igual si trabajas fuera de casa o si llevas toda la semana trajinando en el hogar. No importa si te quedaste currando hasta tarde o si dedicaste toda la noche del sábado a ponerte al día con tus series favoritas. Tampoco influye si usas una cama familiar o si los pequeñajos duermen en su propia habitación, de todas formas escuchas con total fidelidad y efecto surround todo lo que ocurre alrededor de los enanos.

Los despertares de mi monstruita particular comienzan cuando escucho a lo lejos que tose ligeramente, con discreción incluso. Al principio el silencio es tal que puedes detectar el tímido crujir del edredón y percibir como se desliza por su cama. Como si se hubiese escapado de un episodio de Walking dead, la susodicha se desplaza con sus pasos de ultratumba hacia el sagrado templo de descanso. Sientes el comprensible impulso de echarle el pestillo a la puerta pero te das cuenta de que  la pequeña zombie empezará a golpearla con su peculiar frenesí.

Pasas entonces al plan B -porque en estos casos más vale estar preparados-  y te quedas quieta como estatua prometiendo que no abrirás los ojos ni aunque te lo pida el mismísimo Nicholas Brody  en una cabaña en medio del bosque. Sabes que es tu última oportunidad de continuar bajo las mantas así que contienes la respiración y te preparas  mentalmente para enfrentar al enemigo cuyos pasos resuenan ya por toda la casa de forma amenazante.

Ilustración Paulino Vilasoa

Tu villana favorita gira con cuidado el pomo de la puerta y entra en tu habitación mientras ahogas un grito y abres los ojos a lo Carrie Mathison sin medicación. De pronto recuerdas tu estrategia de supervivencia y los cierras nuevamente escuchando como la enana pasa del padre y se dirige hacia tu lado de la cama. Discretamente tomas una bocanada de aire mientras sientes sus manos sobre tu cara y escuchas la escabrosa sentencia: «mami, mamitaaaaaa». Tú callas y juras por  Game of Thrones que esta vez no habrá poder sobrenatural que te saque de la cama un domingo a las 7 de la mañana.

Pero si algo tienen los villanos es un morro que se lo pisan, así que sin ninguna misericordia la pitufa comienza a levantar la voz y a convertir las tiernas caricias en sacudidas infernales. Sólo piensas en ponerte a salvo e intentas teletransportarte a la casa de Dexter  mientras escuchas en cámara lenta lo que ocurre a tu alrededor: «Mamaaaaaaa despieeeeeertaaaaaa. Quieroooo mi colaaaacaaaaooooo».

En un último intento por escabullirte del maldito karma te cubres la cabeza con la manta pero ahí ya la has cagado. El enemigo interpreta tu gesto de escapatoria como una provocación y comienza a reír estrepitosamente.  «Jajajajajajajaaja, estás despierta…  ¡Que te he visto!»

Y eso es todo, kaput. La batalla ha terminado. Así que coges tu maltrecha humanidad y te encaminas hacia la cocina mientras las lágrimas asoman y la envidia te corroe por las venas al escuchar los ronquidos del despreocupado padre de la criatura que seguramente sueña con Morena Baccarin.

Un plan macabro

Pero el pasado fin de semana durante el típico madrugón del día después de mi  maratón sabatino de series sucedió algo inesperado. La pequeña monstrua utilizo su estrategia habitual del manual  Cómo fastidiar a los padres o las 1000 y una formas de sacarlos de la cama un domingo por la madrugada  pero, cuando estaba a punto de culminar su objetivo,  descubrió mi móvil sobre la mesilla y sustituyó el habitual: «venga-mamá-que-ya-sé-que-estás-despierta» por un dulce y sorpresivo:  «Buenos días mami, ¿me dejas tu iPhone?». Resultado: una hora y media más en cama.

No pude evitar acordarme de mi adorado Steve Jobs y desee secretamente que estuviera descansando en paz en un paraíso infinito y sin Adobe Flash.

Así que ya sabéis, la fórmula secreta para garantizar un par de horas extras de descanso dominical es dejar provocativamente  el móvil con la batería a tope sobre la mesita de noche. Antes, claro está, tendrás que ocuparte de que el susodicho tenga una carpeta con su nombre llena de aplicaciones ruidosas y coloridas. No te arrepentirás ;)

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Aferrándose a la vida desde el vientre de su madre

3 de enero de 2013 a las 19:49

Nevaeh Atkins es una pequeña originaria de Arizona que se ha convertido en un fenómeno viral aún antes de nacer.

La historia comenzó el pasado 9 de octubre cuando Alicia Atkins, la madre de la pequeña, se sometió a una cesárea. Durante el parto, la diminuta mano de Nevaeh se asomó por el vientre de su madre y se aferró con fuerza a la mano del doctor que la ayudaba a nacer.

El inolvidable momento fue oportunamente capturado por la cámara del emocionado padre.

Foto: A Classic Pin-Up Photography

«El médico me dijo que Nevaeh le estaba cogiendo el dedo así que saqué la fotografía. Estaba totalmente asombrado», aseguró Randy Atkins durante una entrevista a la cadena 3TV News.

A finales de diciembre los padres de Nevaeh decidieron compartir la foto en Facebook con sus amigos y familiares provocando una avalancha de visitas desde las redes sociales. Y no es para menos, la imagen de la diminuta mano aferrándose con fuerza a la vida es sencillamente impresionante.

Aquí la entrevista a los padres:

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Año viejo, nuevos recuerdos

31 de diciembre de 2012 a las 12:02

Estamos a unas horas de comenzar el 2013 y, como es habitual, el mundo se prepara para recibir un año nuevo y todo lo que conlleva. Para muchos el recuento de fin de año es una oportunidad de repasar los sucesos más importantes haciendo hincapié en todo aquello que nos lastimó o nos hizo inmensamente felices. Ese último balance nos permite también revalorizar momentos memorables que se pierden en la inmensidad de los detalles. Acontecimientos cotidianos que aunque no están a la altura del nacimiento de un hijo, una boda o la firma de un contrato laboral, nos regalan momentos placenteros que vale la pena recordar… y repetir. Tal vez ese domingo en que te sentiste completamente feliz por tener dos horas libres para entregarte a la lectura con un café en la mano y en absoluto silencio. O el día que a causa de tu insomnio pudiste regalarte un amanecer de invierno. ¿Y qué me dices de ese momento irrepetible en el que hiciste sonreír a alguien que lloraba?

Queda poco tiempo por delante y seguramente miles de cosas por hacer antes de la fiesta de la Nochevieja, pero vale la pena intentarlo. Cerrar los ojos y revivir esa vez en que tu hijo te dijo «te quiero» o la mirada amorosa de tu madre mientras te sonreía cuando eras un niño. A medida que vamos envejeciendo los recuerdos se acumulan unos sobre otros y dejamos de lado todo aquello que nos ha hecho mejores personas. Muchos ya no tendremos nunca la oportunidad de darle un abrazo al viejo, a ese que nos crio y nos dedicó su vida con total entereza mientras nosotros perdíamos el tiempo jugando a ser mayores. Y ahora que somos mayores y necesitamos fervientemente cruzar unas palabras con ese padre ausente sólo nos queda el recuerdo.

De ahí la trascendencia de decir te quiero a las personas importantes que nos rodean. De ahí la necesidad de abrazar sin motivo, porque en cada abrazo regalamos un poco de nosotros y dejamos una sonrisa en las caras ajenas.

Lo único cierto de cara a este año que se vislumbra es que no sabemos si vamos a recorrerlo entero. Ante ese panorama es mejor entregarnos por completo a la devoción de la familia, de los amigos, de esas personas que hacen que vivir valga la pena. Así que ama, respeta, sonríe, disfruta, comparte, abraza… y serás un poco más feliz.

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Bizcochos fingidos

30 de agosto de 2012 a las 9:00

Con la vuelta al cole empieza también el estira y afloja de la conciliación familiar. Ese viacrucis particular que nos obliga a exprimir hasta el último minuto del día para disfrutar un poco más de la prole. Las mujeres generalmente lo llevamos peor porque nos toca resolver el puzzle de la cotidianidad para que cada pieza encaje y podamos cumplir con el horario laboral sin mermar tiempo para preparar la cena y jugar un rato con los pequeños después de supervisar los deberes.

En ocasiones nos toca, además, lidiar con las otras madres, ese club de entes casi perfectos que siempre tienen tiempo para todo. Mujeres que sonríen comprensivas cuando te ven llegar tarde al colegio y que te reprenden cariñosamente por hacer gastos innecesarios: «pero bueno, para que compras la tarta si para hacerla solo hay que mezclar cuatro cosas».

Ilustración: Paulino Vilasoa para La Voz de Galicia

Y yo, que pertenezco al lado oscuro, al de las mamás que casi nunca disponen de dos horas libres para una sesión de peluquería y que facilitamos los trámites de la vida apoyadas en nuestras propias madres, me sonrojo por fingir los bizcochos comprándolos a escondidas en la panadería más cercana para meterlos después en un tupper y disimular en las fiestas del cole la falta de tiempo y de talento culinario.

Como decía Sarah Jessica Parker en la cinta I don’t know how she does it (Tentación en Manhattan, en España), «las mujeres de antes hacían las tartas y fingían los orgasmos, ahora fingimos las tartas». Pues eso.

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Llegaron las «beauty party»

23 de agosto de 2012 a las 13:24

Las merendolas con churros y chocolate para festejar un cumpleaños o una comunión quedaron en desuso hace mucho tiempo. Poco a poco esas reuniones caseras fueron reemplazadas por magnánimas celebraciones en una sala de fiestas con azafatas, globoflexia, maquillaje de fantasía, piscina de bolas, juegos electrónicos y zona con wifi para los padres. En esta surtida variedad de galas descubrí recientemente las fiestas de la belleza, especialmente diseñadas para niñas y adolescentes.

En esta nueva modalidad ellas cambian la tarta por una reunión llena de glamour en la que podrán compartir con sus invitadas una mascarilla capilar, un masaje facial, disfraces estrafalarios, tocados y maquillaje de fiesta, todo ello «elegantemente» rematado con un desfile en el que podrán brillar con su nueva imagen.

Ilustración: Paulino Vilasoa para La Voz de Galicia

Las llamadas beauty party ya están al alcance de las adolescentes gallegas y lo mismo sirven para celebrar una comunión que «los dulces 15»  al más puro estilo latinoamericano. Las festejadas pueden elegir entre una tarde de princesas con vestidos y coronas o un salón top model. A mí es que sigue sin convencerme la idea de encerrar en una habitación pintada de rosa a una decena de muchachitas para hacerse la pedicura mientras escuchan a Justin Bieber, aunque sé que llegado el momento terminaré por resignarme.

¿Cuál será la versión masculina de esta celebración ultra cursi en las que nuestras hijas aprenden cómo lucir el palmito en una pasarela? Prefiero no pensarlo.

 

 

 

 

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Al cine con los niños

11 de agosto de 2012 a las 19:05

Este verano los pequeños amantes del cine pueden disfrutar de tres películas de animación que ya están en las carteleras españolas: Ice Age 4: La formación de los continentes, Madagascar 3: De marcha por Europa  y Brave. Hemos visto las tres cintas y la protagonizada por la princesa Mérida es, por mucho, la mejor opción de la temporada.

La cuarta entrega de la saga de Ice Age es un poco más de lo mismo aunque mejor contada que las secuelas anteriores. Manny, Sid y el resto de la pandilla continúan con sus andanzas prehistóricas en una nueva aventura en la que se suma la abuela del perezoso aunque las palmas se las lleva nuevamente Scrat y su interminable persecución de la bellota. La historia, que encierra cierto mensaje antipiratería, resulta divertida y dinámica para los niños y presenta como antagonista a un orangután que lidera una pandilla de piratas.

La cinta fomenta valores como la amistad, la aceptación de grupo, el sentido de pertenencia y poco más. Pero como os digo, para pasar el rato la versión en 3D está más o menos bien.

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La que me decepcionó fue la tercera parte de Madagascar. Alex, Marty, Melman y Gloria intentan regresar a casa y en el camino se topan con los aguerridos animales de un circo que está de gira por Europa. La cinta está repleta de clichés de todo tipo. Lo más interesante –para los adultos, desde luego- es la parodia disfrazada de homenaje a Edith Piafy su Non, je ne regrette rien a través de un nuevo personaje: Chantel Dubois.

En fin, la mejor parte es el romance del rey Julien y la siempre acertada participación de los pingüinos.

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Brave –que se estrenó ayer- no pasará a la historia como la mejor producción de Pixar pero desde luego que la peli promete y resulta divertida para los peques. Haciendo hincapié en que este no es un blog de cine ni yo una experta en la materia, desde mi perfil de madre considero que se trata de una historia que resulta entretenida para los niños y cumple con su cometido: mantenerlos quietos en la butaca hasta que se enciendan las luces. Al menos mi hija, de cuatro años, estuvo atenta al argumento pese a que al principio pensé que el guión le resultaría complicado por lo de los fuegos fatuos y las «ancestrales costumbres sagradas de los señores de la guerra».

La historia está protagonizada por Mérida, una princesa rebelde y aventurera con una madre dominante y posesiva. Madre e hija protagonizan una discusión en la que las dos salen perdiendo y tendrán que enfrentar una dura batalla para entender la importancia del respeto y de la comprensión mutua. Lo mejor de todo es que al final la princesa es feliz sin necesidad de un príncipe, lo que rompe con los rutinarios desenlaces del mundo Disney. Los hermanos trillizos de la princesa dan un toque divertido a la historia por sus múltiples travesuras.

Visualmente Brave es excelente, al menos en su versión 3D.  Lo más impactante es la espectacular melena rojiza de Mérida cuyos rizos llenan la pantalla y provocan la admiración tanto de niños como de adultos. No pude estar muy atenta a los habituales guiños de Pixar por lo que seguramente me los perdí todos menos el más evidente si consideramos que la cinta está dedicada a Steve Jobs: el personaje de Lord Macintosh que, por cierto, me recordó muchísimo a Mel Gibson en Braveheart.

La cinta no me pareció tan violenta como me habían contado. Antes de verla hay que tomar en cuenta que se trata de una historia de guerreros de la antigua Escocia épica (¿viste Braveheart? Pues eso) así que hay combates, peleas de osos y tiro con arco. Nada para escandalizarse pero claro, eso depende de la edad y la madurez de cada niño y su capacidad para distinguir la realidad de la ficción.

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En fin, si piensan verla lleguen a tiempo para no perderse el corto La Luna, que es muy bueno.

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Romances de parvulario

27 de julio de 2012 a las 10:51

Me di cuenta de que me estoy quedando antigua el día en que nos invitaron a un cumpleaños y el jolgorio terminó en boda. La festejada celebraba su cuarto aniversario acompañada de su familia, su «novio» y sus amigos, entre ellos mi hija. Casi al final del convite el padre fungió de cura y los casó en una inusual ceremonia que acabó con un beso en la boca y de la que estuvieron más pendientes los adultos que los niños.

Ya la peque me había dado alguna pista de las precoces actividades del colegio cuando me dijo que estaba enamorada. Y yo, que soy del siglo pasado, me quedé ojiplática escuchando los detalles de su noviazgo y sus planes de futuro con un compañero suyo que aún no alcanza el lustro de vida. Saqué el tema a colación durante una reunión veraniega con otros padres más o menos de mi misma edad y me di cuenta de que los romances de parvulario no son nada novedosos. Una amiga, psicóloga, me explicaba que a partir de los tres años es hasta cierto punto normal sentir algo más que admiración por los compañeros de juegos y ese sentimiento puede dar paso a una fase temprana del enamoramiento.

Supongo que eso es lo que le ocurre a la peque que se ha pasado el verano suspirando por volver al cole para ver a su chico. Confieso que no sé como sobrellevar estos romances de parvulario que surgen de la imitación. Solo sé que soy incapaz de reírme cuando veo a dos de cuatro años comiéndose los morros delante de mi hija a quien, por cierto, le cayó el ramo de la mini-novia.

Ilustración: Paulino Vilasoa

 


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El regalo de las madres

6 de mayo de 2012 a las 9:33

Los humanos tenemos que mirarnos esa fijación por agregar celebraciones en el calendario. La interminable lista de «los días de» incluye conmemoraciones absurdas que nos podríamos ahorrar. Yo tengo una premisa muy sencilla para valorar los días de fiesta: ¿Son de asueto? Si la respuesta es no: que les den. Si la respuesta es sí: a disfrutarlos. Con el día de la madre hago una honrosa excepción porque muchos malagradecidos que jamás se acuerdan de que tienen una al menos aprovechan esta fecha para visitarla o llamarle por teléfono.

Lo que tal vez omitiría es la elección del regalo. Preferiría que las madres pidieran por sus boquitas lo que realmente quieren recibir. Hubo un tiempo  en el que yo pasaba horas recortando, dibujando y coloreando una lista interminable de regalos para mi madre. ¿Dónde están ahora todos aquellos recuerdos?   Pues salvo por un par de cartas,  algunos poemas y un abanico que lleva por adorno una foto mía, los restos yacen  en la basura. Y  no quiero decir con esto que mi madre fuese una insensible que tiraba por la borda el esfuerzo de sus hijos. A ella no le alcanzaba la cara para esbozar una sonrisa cuando entregábamos los presentes con aquellas manitas aún llenas de pegamento y pintura.  Nos abrazaba, nos besaba y nos decía que era la más feliz del mundo, pero pasada la algarabía de la celebración llegaba el momento de la verdad. ¿Dónde puede una pobre madre guardar las decenas de tarjetas, pisapapeles, cajas decoradas, portarretratos, colgantes y demás obsequios que se van enmoheciendo y decolorando con el paso de los años?

Cuando me hice mayor y me dejé seducir por las campañas publicitarias de tan señalada fecha  las cosas no mejoraron mucho. Yo es que tengo mal tino para regalar. Recuerdo una ocasión en la que ahorré  para obsequiar a la autora de mis días con un «práctico y relajante hidromasajeador de pies» porque la publicidad me garantizaba que era «la mejor forma de recompensar todo lo que mamá» hacía por mi. Mi madre abrió el regalo, esbozó una sonrisa más bien mediana y me abrazó: «gracias hija, te quiero». Pocos  días después guardó la caja en el armario de los cachivaches donde la encontré después.

- Mamá, ¿no te gustó el regalo?

- Hija no te ofendas pero ¿cómo se te ocurrió pensar que yo voy a meter los pies en un aparato lleno de agua conectado a la corriente eléctrica?  

Cuando tenía 10 años la impresioné memorizando un poema que le gustaba mucho, El brindis del bohemio, aún recuerdo su cara emocionada cuando me escuchó recitar aquellos deliciosos versos de Guillermo Aguirre y Fierro. Después descubrí  que lo que más disfrutaba eran las plantas que podía cultivar en su jardín, con eso sí que flipa mi señora madre. Y entendí que cuando nos decía que ella lo único que quería era un abrazo y que fuésemos buenos lo hacía con total honestidad .

Admito que a mí también se me caían las babas por litros la primera vez que la peque apareció ante mí con una pulsera de flores de papel que hizo en la guardería. La tengo en mi cajón de los recuerdos junto con todos y cada uno de sus dibujos y demás creaciones, pero dentro de 20 años cuando todos esos regalitos bien intencionados se vayan acumulando no me quedarás más remedio que reciclar. Aún así seguiré disfrutando -como el resto de las mamás- de ese momento mágico e indescriptible en que los hijos te entregan esa obra de arte en el que han garabateado las 4 letras que tanto significan para ellos.

Me queda claro que el día de la madre es básicamente un formalismo social que podemos celebrar sin necesidad de caer en el consumismo al que nos conduce año tras año la publicidad. Al menos yo hoy seré feliz con los besos y abrazos de mi hija como lo soy todos los días.  Aunque puestos a pedir un regalo material insistiré en el iPad, que ya lo insinúe el año pasado pero todavía no llega.

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Escrito por Azucena Alfonsín 4 Comentarios
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Así se nace en España, la polémica en torno al programa «Baby boom»

28 de abril de 2012 a las 19:38

Érase una vez tres madres que decidieron hacer públicos sus partos en un programa de televisión y que cayeron en manos de matronas que se burlaban de ellas con sus compañeras, que acostaban a las mujeres en posiciones que complican la labor del parto y que se pasaban por el forro las recomendaciones de la OMS. Esta bien podría ser la sinopsis del primer episodio del docushow Baby boom  que LaSexta comenzó a emitir el viernes 27 de abril y que ha levantado ampollas entre las mujeres que luchan a favor del parto respetado. El documental retrata la realidad de los paritorios españoles. Matronas que se esfuerzan por hacer su trabajo siguiendo un protocolo sin muchas ganas de esforzarse para procurar un parto no violento e ignorando las recomendaciones de la OMS. Por supuesto que las defensoras del parto humanizado están poniendo a parir a las matronas en las redes sociales y en el propio facebook del programa.

Entiendo que ayudar a nacer no es tarea fácil especialmente en casos como en de una chica de 20 años que «se descontroló» en el paritorio y se puso a gritarle al personal que la atendía en medio de las contracciones, pero las matronas deberían estar preparadas para intentar inducir un parto realmente natural, orientado no a sufrir sino a saber hacer. Es natural que gran parte de los espectadores del programa considere que todo lo que se refleja es totalmente normal y seguramente el personal sanitario lo hace «lo mejor que puede», pero deberían entender que su trabajo no es dirigir sino facilitar la expulsión natural del bebé.

Según las recomendaciones de la OMS «las embarazadas no deben ser colocadas en posición de litotomía» y deben decidir libremente la posición que quiera asumir durante el parto». Pues el personal sanitario que participó en el primer episodio del programa hizo caso omiso a todo esto. Las tres mujeres parieron acostadas boca arriba y nadie les preguntó si así se sentían cómodas. Esta posición no solo entorpece el parto sino que hace que las contracciones sean aún más dolorosas. Pero eso no es todo, hay otras recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud que, por lo visto, las matronas y los ginecólogos del Gregorio Marañón pasan por alto cada minuto, de cada hora, de cada día:

-  No deben inducirse los partos por conveniencia

-  No se justifica científicamente la ruptura artificial de membranas por rutina.

-  Debe fomentarse el inicio inmediato del amamantamiento, inclusive antes de que la madre salga de la sala de partos.

Lo de la ruptura de bolsas me pareció surrealista, no solo porque no está justificada científicamente, sino porque a ninguna de las tres les preguntaron ni les pidieron su consentimiento para hacerlo. Si en el contexto mismo del programa te explican que  «del sufrimiento nace vida»  queda claro que el personal del hospital da por sentado que no hay más opciones, que el dolor tiene que ir acompañando al nacimiento y a eso le denominan parto natural.

Pues no, sí que hay otras formas de nacer, de dar la bienvenida al mundo, existe algo que muchas mujeres desconocen –y que yo desconocía cuando parí a mi hija- que se llama plan de parto. Existen también una serie de recomendaciones de un organismo internacional y totalmente acreditado cuya finalidad es precisamente evitar que las mujeres sufran.

Respecto a las matronas que participaron en el programa creo que es poco ético salir del paritorio y cachondearse de las madres a las que están asistiendo. Sucedió con la mujer que dio a luz a un niño de 4 kilos y ocurrió también con la veinteañera cuando se mofaron de que no trabajaba y de que tenía a su madre para mantenerla. Creo que la situación socio económica de los pacientes no es cosa suya y, al menos por respeto, deberían evitar hacer ese tipo de comentarios de mal gusto, sobre todo cuando saben que las están grabando. A saber lo que dicen y lo que se mofan cuando no hay testigos. Que miedo.

La voz en off del programa la pone Gemma Nierga, una profesional de la radio a la que admiro por su trabajo en la Cadena Ser, pero que durante una entrevista  hizo un desafortunado comentario: «En Baby Boom he descubierto que hay mujeres muy cobardes».

Me quedó un mal sabor de boca después de leer semejantes declaraciones. Yo creo que en ese momento en que tu bienestar y el de tu bebé depende de terceras personas que no te conocen de nada es natural sentir miedo. Yo soy unas de esas mujeres cobardes que en el paritorio lloré y lo pase fatal pensando que a Montse podía ocurrirle algo. Y fui cobarde porque no tuve el valor de exigir el parto respetado que siempre soñé. Fui  cobarde mientras veía como la oxitocina entraba en mis venas haciendo daño y provocando un dolor intolerable que te hace rogar una analgesia que no querías.   Fui cobarde porque no me sentía cómoda acostada boca arriba pero no tuve valor  de exigir que me dejaran parir en otra postura. Fui cobarde porque dejé que me hicieran la episiotomía sin que fuera necesaria. No sé si Gemma sabe de la existencia del término violencia obstreticia, ni si conoce otros hospitales que, pese a sus pocos recursos, se esfuerzan por otorgar  a la mujer un entorno apropiado y respetuoso para que traigan a sus hijos a este mundo. Uno de ellos es el Hospital do Salnés, un paritorio de gran demanda en Galicia donde las mujeres pueden tener a sus hijos en bañeras y entre velas relajantes.

Lamentablemente bajo el escudo del sufrimiento fetal se comenten muchas barbaridades. Un amigo médico en  prácticas me confesó que en ocasiones algunos especialistas amenazan a las madres con el supuesto sufrimiento del bebé para intentar que nazcan antes del fin de semana que es cuando hay menos personal. Cuando me enteré de esto me puse muy mal pensando que pudo haber sido mi caso. A mí me contaron que la niña lo estaba pasando fatal, que pesaba más de 4 kilos y que tenía que nacer de inmediato. Ante este panorama  mi cobardía y  yo aceptamos que el parto fuera provocado. Y Montse –que coincidentemente llegó un viernes- pesó al nacer 3.220 gramos.

¿Y si no hacía falta provocarme el nacimiento en la semana 38? ¿Y si la niña podía esperar hasta terminar mi embarazo para evitar un parto que se prolongó 18 horas? ¿Pude haber parido por mi misma, sin hormonas artificiales de por medio y con mucho menos dolor del que me tocó sufrir? Desde luego nunca lo sabré.

Lo que no puedo negar es que el momento en que nace el bebé resulta sumamente enternecedor incluso cuando las condiciones no han sido las mejores, como en el caso de las tres protagonistas de Baby Boom. A pesar de estar decepcionada por todo lo que vi no puede evitar emocionarme con la llegada de cada uno de los bebés. Porque ese primer contacto entre madre e hijo es fundamental, único, irrepetible e inolvidable.

Algunas frases imperdibles del programa:

«Los gritos de una mujer dando a luz sin anestesia son ya cosa del pasado»

«Y lo que vas a molar en el parque cuando digas: yo sin epidural»

«Estamos aquí secándole las lágrimas y ahora va a llorar porque viene la anestesista también»

«¿Otra vez está llorando? Esta pasa de la risa a las lágrimas en 0,0 segundos»

«Ahora ya todas –las matronas- me caen mal»

«¿Ya sale? ¿O qué?»

«¡Que me duele todo el chochete!»

«Es que él no quiere salir»

«En principio entiendo que no quieras la epidural pero es que es un niño muy grande y a pelo no se puede hacer»

 

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Escrito por Azucena Alfonsín 66 Comentarios
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