La Voz de Galicia
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A veces basta con parar un momento a tomar un café para evaluar en un santiamén tu vida. Y la mía ha sido un tanto caótica en los últimos años. Nada queda ya de la profesionista que se aferraba a una existencia sin hijos en pos de una supuesta libertad. Y muy poco queda de aquella mujer que fui, un tanto insensata, que apostaba todo a un solo número sin medir las consecuencias. Los reveses del destino -por llamarle de algún modo- me llevaron por un camino diferente, más modesto y alejado de mi caparazón mundano, pero mucho, mucho más enriquecedor.

Cuando dejas atrás toda una vida para estar con los tuyos en los momentos difíciles aprendes a revalorizarlo todo. Te das cuenta de que has perdido el tiempo poniéndole precio a cosas invaluables y desaprovechando esos momentos afectivos que, uno a uno, van tejiendo tu paso por el mundo.

Comienzo este otoño tomándome un mes sabático que me permitirá reencontrarme con mi pasado después de un lustro. Regreso atrás huérfana de padre pero con una hija. Porque la misma vida que suele quitarte las cosas que más amas, también te compensa con regalos maravillosos que trastornan tu existencia para bien. Hasta pronto.