La Voz de Galicia
Seleccionar página

Esta mañana leí en el blog de @madrescabreadas el caso de una madre «preocupada» porque sus hijos tendrían que compartir el aula con «un niño con síndrome de Down y otro con síndrome de Asperger», lo que, según esta mujer, bajaría el nivel de la clase. Me parece lamentable que precisamente una madre excluya de forma tan tajante a los peques con necesidades especiales.

Lo peor es que estos padre siembran en sus hijos, tal vez sin quererlo, la semilla de la discriminación y la intolerancia: dos conceptos que el mundo no necesita.

Discriminar a un niño por su origen, su ideología, su condición social o física, o por cualquier causa, debería estar prohibido y penado por ley. Me cuesta entender la falta de empatía de esta mujer que en ningún momento se pone en lugar de los pequeños, de sus madres. Lo peor es que no son casos aislados, yo misma he visto adultos que miran hacia otro lado cuando se cruzan por la calle con un niño Down. Tal vez es producto de la ignorancia o la falta de sentido común, pero los peques perciben estos pequeños gestos de temor o indiferencia y les duele.  Vaya que si les duele.

A modo de reflexión sobre el tema comparto un vídeo sugerido por @ClaraGrima que muestra las crueles actitudes de la sociedad ante niños que solo necesitan dos cosas para sonreír: amor y comprensión. El vídeo está basado en el grandioso libro «El cazo de Lorenzo», de Isabelle Carrier. Que lo disfruten.