La Voz de Galicia
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Soraya Sáenz de Santamaría representa con claridad el panorama de la conciliación laboral en España. O de la no conciliación, según se mire.

La popular apareció con su mejor sonrisa para festejar el triunfo de su partido en las generales del 20-N y se convirtió en el centro de la polémica. ¿La razón? Soraya dio a luz a su primer hijo el pasado 11 de noviembre por lo que, según defienden en su partido, debería estar disfrutando de su baja maternal. Y hoy mismo, sin ir más lejos, estuvo en La Moncloa preparando el traspaso de poderes.

Quienes somos madres entendemos la necesidad que tienen los bebés, especialmente en los primeros días de vida, de estar con la única persona a la que pueden identificar por el sonido de su voz, por el olor, por la intuición. Los niños necesitan la figura materna no solo para alimentarse, sino también para sentirse protegidos en esta nueva etapa extrauterina.

La pronta separación madre-hijo después del parto puede afectar negativamente a los recién nacidos, aún cuando exista un sustituto o sustituta de la presencia materna.

Defiendo el derecho de Soraya a renunciar a su baja, pero me inclino más por el derecho de su bebé a disfrutar de su madre. Esa madre que por una parte aboga  por los intereses de las demás mujeres y, por otra, hace a un lado la conveniencia de su propio hijo.

Sé que las acusaciones pueden resultar duras y que puedo parecer entremetida, pero Soraya es una figura pública y bien podría aprovechar su influencia para predicar con el ejemplo.

Buscando la opinión de las expertas inicié un debate maternal sobre el asunto y cuatro de cinco féminas me acribillaron verbalmente argumentando que no por ser madre una mujer debe quedarse eternamente en casa. En eso estoy de acuerdo, pero si tenemos el derecho de disfrutar de una baja maternal, ¿por qué no acogernos a ella y aprovechar esos meses para disfrutar del recién llegado?

Entiendo que se trata de un período de transición política importante para Soraya. Entiendo que profesionalmente no quiere aislarse de lo que representa el triunfo popular. Y de hecho me parece admirable el protagonismo que ha adquirido en el traspaso de poderes. Lo que no entiendo es que no pueda esperar un poco para sumarse al proyecto gubernamental de su partido.

Ella podría quedarse en casa a estrenarse como madre disfrutando de un privilegio que no todas tenemos: su jefe es el presidente de este país.

También me pregunto si estaríamos debatiendo este asunto si Soraya fuese padre y no madre. Porque claro, Sáenz de Santamaría está en el ojo del huracán por su condición de mujer. Estoy casi segura de que no habría tanta polémica si se tratara de un hombre que deja a un lado la baja paternal para respaldar a su jefe. ¡Ay, pobre Soraya!