La Voz de Galicia
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Muchas veces la curiosidad de Montse me supera por completo. A punto de cumplir 2 años, la niña descubre diariamente el mundo y no se corta un pelo al preguntarme esas cosas cotidianas que despiertan su curiosidad.

Durante la celebración de una misa (con motivo de un bautizo exprés que ya les postearé después) la peque preguntó a todo pulmón: Mami, ¿a qué hora viene Jesús?

En otra ocasión la hemana de mi padre le regaló unas zapatillas de andar por casa de esas mullidas que incluyen algún animalito de peluche. Cuando mi hermana vio las pantunflas le dijo a Montse señalando los zapatos:

– ¿Y este qué animal es? ¿Un gatito o un perrito?

La niña, tras pensarlo dos segundos contestó:

– Animal no tía Teté, son unas zapatillas, ¡¡za-pa-ti-llas!!

Mi hermana y yo nos reímos mucho y ella no entendía por qué. Seguramente pensó que su pobre tía no era capaz de diferenciar unos zapatos de felpa de un animal.

Han sido varias las preguntas de Montse que han quedado sin respuesta convincente. Esta aprendiz de madre intenta escaquearse con frases vagas ante el temor de saturarla con información. Estas son las que recuerdo ahora:

– ¿Dónde termina el cielo?

– ¿Porque la luna no habla?

– ¿Por qué no te quedas siempre conmigo?

– ¿Por qué papá no hace pis sentado?

– ¿Por qué Trotsky (nuestro perro) no usa pañal?

Sé que el largo camino de los por qué apenas empieza, así que si algunos de los visitantes que pasan por aquí sabe alguna forma de enfrentar esta etapa curiosa de los niños, les agradeceré el consejo.