La Voz de Galicia
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Obama ya ganó unas elecciones. Las difíciles, superar a la ambiciosa senadora por Nueva York, Hillary Clinton, y a su marido, el ex presidente, fue tarea de titán. Casi un milagro. Ahora está en lo fácil. No dejar que el cadáver de Mc Cain salga de su tumba. Obama es el yerno perfecto. El presidente que una sociedad avanzada hubiese diseñado por ordenador para el siglo XXI. Negro tibio, vivió en Asia, en Hawai, sabe lo que son unos padres modernos o muy modernos. Lo criaron sus abuelos. Anduvo de aquí para allá hasta que dio con una mujer ideal, que viene del pueblo y que supo decirle a su marido que la verdad está siempre en las calles, a ras de suelo. Muchos votantes no elegirán Obama. Optarán por su encantadora mujer. El ticket demócrata parece tenerlo todo. Encima le suman a Joseph Biden, otra sonrisa profiden. Senador senior por Delaware tiene toda la experiencia del mundo en la política de Washington, para contrarrestar la acusación cierta de que Obama lo más que ha gestionado en su vida ha sido ayudas sociales en barrios de Chicago. Biden es experto en política internacional y demostró que Sarah Palin en los debates, cara a cara, solo es un rostro con mucho morro. Parece difícil que los demócratas con este tándem no recuperen la Casa Blanca. Ni siquiera ese segundo nombre de Obama, Hussein, que los rivales utilizan para asustar a la población y decir que un musulmán va a presidir los Estados Unidos. Obama es el hombre que detiene un par de días la campaña para darle un beso y un abrazo a su abuela enferma en Hawai, el hombre que habla de recuperar la esperanza, el que dice que sí creemos, podemos. La esperanza negra de un planeta podrido.