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Entradas etiquetadas como ‘educación’

Material desechado

jueves, septiembre 10th, 2009

Mañana escribiré sobre lo de Pozuelo.

Se me ocurren muchas cosas, pero en las columnas solo se debe hablar de una. Entre el material desechado,  están estos dos detalles.

Escuché en la radio el audio de la grabación que hizo con el móvil uno de los críos en pleno ataque. Insultaban a los policías llamándoles “¡homosexuales!”. Se me hizo muy raro. Nunca hubiera imaginado a alguien insultando así. Esto indica claramente que la palabra ha perdido el toque científico y aséptico, y está tan desgastada por el uso excesivo que ya equivale al insulto clásico.

En el mismo programa, un padre decía que su hijo, veinticuatro horas después de haber pasado la noche en el calabozo, seguía sin entender que lo que había hecho era malo y, por tanto punible, y que solo estaba arrepentido por el ataque de ansiedad que había producido a su madre.

Ni él nos entiende ni nosotros le entendemos, porque sin valores compartidos la comunicación es imposible. Y a él, probablemente, alguien le enseñó que lo bueno y lo malo apenas son conceptos, que depende, que todo es relativo. Menos mal que tiene madre y la quiere.

Flannery O’Connor: “Quienes carecen de valores absolutos no pueden dejar que lo relativo siga siendo exclusivamente relativo: antes o después lo elevan a la categoría de lo absoluto” (Misterio y maneras, p. 183-184)

“De laica ignorantia”

viernes, mayo 8th, 2009

Artículo de Rafael Serrano, que empieza así:

Para quien no conoce el cristianismo y no tiene al menos nociones elementales de mitología clásica, los museos de Occidente son en gran medida como un libro cerrado. Lo comprueban a su pesar los profesores de historia del arte, a los que llegan promociones cada vez peor preparadas. Su queja no es que los chicos no hayan leído el preceptivo Gombrich, sino que no han abierto la Biblia.

A esta laica ignorantia está dedicado un reportaje de Rafa Julve en El Periódico de Catalunya (20-04-2009). El periodista recoge el lamento de profesores como Teresa Vicens, que enseña iconografía medieval en la Universidad de Barcelona: “En los 30 años que llevo dedicada a la docencia, he notado un gran descenso de cultura religiosa por parte de los alumnos que llegan a la universidad. Esa falta de base afecta negativamente a las posibilidades de aprender algunas épocas y obras, porque es necesario conocer la historia religiosa como cualquier otro hecho cultural”. Así, precisa, uno de los problemas más graves de estos jóvenes es que no tienen la más mínima idea de las cuestiones básicas de la Biblia… incluso hay algunos que no acertarían a explicar quiénes son Adán y Eva”.

El maestro, según Magris

jueves, mayo 7th, 2009

Copio de mi admirado -y ahora rediseñado- Bienvenidos a la fiesta:

Dos textos de Claudio Magris que me gustan.
Uno. «El maestro es tal porque, aun afirmando sus propias convicciones, no quiere imponérselas a su discípulo; no busca adeptos, no quiere formar copias de sí mismo, sino inteligencias independientes, capaces de ir por su camino. Es más, es un maestro sólo en cuanto que sabe entender cuál es el camino adecuado para su alumno y sabe ayudarle a encontrarlo y a recorrerlo, a no traicionar la esencia de su persona». Un verdadero maestro nunca se deja llevar por «la retórica de la transgresión tan cara a los espíritus banales, que creen afirmar su propia originalidad tirando desperdicios por la ventanilla sólo porque lo prohíbe un rótulo», y sabe tratar a sus alumnos «sin altivez ni miramiento, corrigiéndoles y haciéndose corregir por ellos, sin buscar la falsa confianza que impide dicha relación».
Dos. «Contar con auténticos maestros es una suerte extraordinaria, pero también es un mérito, porque presupone la capacidad de saberles reconocer y saber aceptar su ayuda; no sólo dar, también recibir es un signo de libertad, y un hombre libre es quien sabe confesar su debilidad y coger la mano que se le ofrece».
Claudio Magris. «Maestros y alumnos». Utopía y desencanto – Historias, esperanzas e ilusiones de la modernidad (Utopia e disincanto. Storie, speranze, illusioni del moderno, 1999). Barcelona: Anagrama; 1999; 364 pp.; col. Argumentos; trad. de J. A. González Sáinz; ISBN: 84-339-6148-9.

Obesos y obsesos

sábado, febrero 21st, 2009

Leo que Nuevas Generaciones de Pontevedra prepara una campaña a base de condones en cuyo envoltorio se lee: «Haz el amor y no el bipartito». Supongo que alguien lo encontrará original. Esta misma semana me entregaron un folleto publicitario de los títulos y grados de la Universidad de Vigo que venía también en una caja de preservativos y decía algo bastante bobo sobre «total sensibilidade». La semana anterior se supo que un folleto del PNV para estas elecciones tiene también forma de condón y canta las bondades de Ibarretxe como un candidato seguro y fiable. Sus contrarios responden que, aunque fuera así, nadie se lo pone cuatro veces. Todo muy elegante y de mucho nivel.
Recordé de pronto aquella campaña de Iniciativa en Cataluña, que también repartía condones con el delicado lema de «Fó—te a la derecha». Entonces me fui a la red, tecleé «condón» «elecciones» y me salieron más de 80.000 resultados. La original idea se ha usado en decenas de países —campaña de Obama, incluida, of course—, desde hace más de cinco años.
Bueno, cada uno hace lo que puede. Lo bueno sería que tuvieran grandes ideas y propuestas y que acudieran a los creativos publicitarios para intentar plasmarlas en imágenes atractivas. Cuando no hay ideas, resulta muy difícil dar con el símbolo adecuado y, sin don, se recurre al condón, a una vulgaridad tosca.
Pero tan preocupante o más que la falta de ideas es que se asocie el señuelo del condón al reclutamiento de gente joven, ya sea por la Universidad (donde resulta particularmente grave), ya por los partidos políticos de cualquier color. ¿Será que es «eso» todo lo que tienen que ofrecer a los más jóvenes? ¿Será que «esa» es la idea que tienen de ellos, de sus preocupaciones, ideales y luchas? ¿Será que «ese» es el ideal que quieren que tengan? ¿Niños obesos y obsesos? ¿Manipulables?

¿Matan las escuelas la creatividad?

miércoles, febrero 11th, 2009

Sir Ken Robinson, en las TED (Technology, Entertainment, Design) Conferences. Algunas de las cosas que dice este hombre me parecen simplificaciones excesivas, pero he pasado un rato delicioso, divertidísimo, viéndolo y escuchándolo (en inglés subtitulado en castellano, 20 minutos).

(Gracias, Gom)

A propósito de Pennac y el mal de escuela (2)

miércoles, diciembre 10th, 2008

Bastantes años atrás me hicieron intervenir repetidamente en un curso que impartía mi universidad para profesores jóvenes. Era sólo una sesión de dos horas sobre asesoramiento de alumnos. No sabía qué decirles –yo era joven también– y les contaba historias que me parecían ilustrativas de cómo son los estudiantes, cómo los profesores y cómo deben relacionarse.
Pero en el fondo, querían algo más teórico o más práctico. Querían un método, sobre todo los que procedían de Pedagogía. Llegado ese momento, ya me atrevía a pronunciar la única abstracción de la que estaba realmente seguro, pero que callaba al principio por miedo a parecer cursi: “Se trata de quererles mucho, y de volver todos los días a casa con las manos en los bolsillos, silbando”.
Obviamente, como tantas veces, no hablaba de lo que yo hacía, sino de cómo pensaba que deberían ser las cosas. Además, no me gusta silbar.
Hubiera dejado por ahí el asunto, pero siempre había un chico –uno distinto cada año– que me decía: “Bien, eso de quererles mucho parece una aproximación humanística interesante, ¿pero podría decirnos algo más… técnico?”
Y entonces les explicaba que no sabía nada de metodología y que “quererles mucho” significaba, para mí, en términos prácticos y muy abreviadamente, lo que sigue:
-Preparar las clases, y esto incluye aprenderse las fichas de los alumnos de memoria y cuanto antes (hablaba para profesores universitarios), de modo que pudieran dirigirse a cada uno por su nombre y ellos se sintieran reconocidos (en todos los sentidos del término). Conocer a los alumnos es imprescindible para hacer atractiva e interesante la materia que debamos explicarles.
-Mirarles. El profesor que sabe mirar a sus alumnos llena la clase (como diría Pennac). Quien sabe mirarles, nunca habla de “los alumnos”, sino de “mis alumnos”, expresión que a los demás profesores suele parecerles presuntuosa o, cuando menos, inadecuada. Piensan que indica posesión, cuando en realidad expresa pertenencia. De quien dice “mis alumnos” nunca reciben sus alumnos una mirada de sospecha o de duda, puede que sí de admonición o desilusionada, pero más frecuentemente recibirán miradas que dicen: sé quién eres y estoy dispuesto a ayudarte, a acompañarte al menos, no importa lo que hayas hecho ni lo que pienses ni lo que digas ni cómo vistas. Un buen profesor ve, sobre todo, las virtudes de sus alumnos y sobre ellas construye.
-Dedicarles tiempo. Un profesor que pone en su puerta: “Atención de alumnos: viernes de 17.30 a 18.00” está diciéndoles que no quiere saber nada de ellos, que le dejen en paz, y que, en todo caso, ya hablarán después del examen. Un profesor que se escapa en los descansos, que no se queda a charlar entre clase y clase, también, al igual que el que no responde los correos electrónicos o lo hace con un laconismo desanimante para su corresponsal.
-Escucharles. Significa intentar hacerse cargo de lo que realmente quieren decir aunque literalmente sus palabras indiquen otra cosa. Piden ayuda como pueden y hay que saber dársela como la quieren. También en asuntos que no son técnicos ni se refieren a nuestra materia. Pero sin preguntar demasiado, sin sobar su intimidad. A veces no pueden esperar y hay que intentar atenderlos cuando lo demandan (bueno, a algunos conviene hacerles esperar incluso mucho, pero son los menos).
-Tienen que notar que sus progresos nos hacen felices y que no nos desanimamos con sus fracasos. Esto no se puede simular. O es realmente así o se darán cuenta.

El método es: mientras estamos en horario docente, les pertenecemos.

Sin embargo, fuera de él, no. De ahí lo de marcharse a casa con las manos en los bolsillos y silbando. El profesor tiene que dedicarse a lo suyo: su familia, leer, estudiar, investigar, descansar. Si no, no podrá ayudarles. Alguna vez puede tener sentido un rato de deporte con ellos o una cena para celebrar, por ejemplo, el fin de curso. Pero el profesor no es un colega con el que ir de copas. Simplemente, no es un colega. El profesor, cuando se va, se va del todo, de la misma manera que cuando estuvo, estuvo también completamente.

En las páginas 249-250, Daniel Pennac simula una conversación con su otro yo, el zoquete que fue como alumno, que termina así:

-[el zoquete]No son métodos lo que faltan. Sólo habláis de los métodos cuando, en el fondo de vosotros mismos, sabéis bien que el método no basta. Le falta algo.
-[Pennac]¿Qué le falta?
-No puedo decirlo.
-¿Por qué?
-Porque es una palabrota.
-¿Peor que “empatía”?
-Sin comparación posible. Una palabra que no puedes ni siquiera pronunciar en una escuela, un instituto, una facultad o cualquier lugar semejante.
-¿A saber?
-No, de verdad, no puedo…
-¡Vamos dilo!
-Te digo que no puedo. Si sueltas esa palabra hablando de instrucción, te linchan, seguro.
-…
-…
-…
-El amor.

A propósito de Pennac y el mal de escuela

domingo, diciembre 7th, 2008

Leí por primera vez a Daniel Pennac hace años, a raíz de la publicación de su libro Como una novela, que luego recomendé mucho. Sin embargo, me ha costado animarme a leer Mal de escuela.

Lo hice, finalmente, con un gozo progresivo que terminó casi en turbación. Pennac habla de la crisis de la escuela actual como se debe hablar: sin dogmatismos ni exageraciones alarmistas, haciendo vivir los problemas a base de historias. Todo resumen, por tanto, traiciona lo que dice.

Advertido esto, pienso que Pennac está convencido de que el problema de la escuela somos los profesores. No todos los profesores, sino aquellos que piensan que enseñar es una tarea técnica como otra cualquiera. Y no. Enseñar es una pelea portentosa, descomunal.

Al final, viene a decir, a una chica o a un chico los saca adelante un profesor o una profesora que están dispuestos a meterse en esa lucha titánica hasta conseguir levantar a esa chica o a ese chico. Lo explica muy pronto, en la página 36, y todo lo demás parece una glosa muy bien pensada de esa idea primigenia:

“A todos los que hoy imputan la constitución de bandas al fenómeno de los suburbios, les digo: tenéis razón, sí, el paro, sí, la concentración de los excluidos, sí, las agrupaciones étnicas, sí, la tiranía de las marcas, sí, la familia monoparental, sí, el desarrollo de una economía paralela y los chanchullos de todo tipo, sí, sí, sí… Pero guardémonos mucho de subestimar lo único sobre lo que podemos actuar personalmente y que además data de la noche de los tiempos pedagógicos: la soledad y la vergüenza del alumno que no comprende, perdido en un mundo donde todos los demás comprenden.
Solo nosotros podemos sacarlo de aquella cárcel, estemos o no formados para ello.

Los profesores que me salvaron –y que hicieron de mí un profesor– no estaban formados para hacerlo. No se preocuparon de los orígenes de mi incapacidad escolar. No perdieron el tiempo buscando sus causas ni tampoco sermoneándome. Eran adultos enfrentados a adolescentes en peligro. Se dijeron que era urgente. Se zambulleron. No lograron atraparme. Se zambulleron de nuevo, día tras día, más y más… Y acabaron sacándome de allí. Y a muchos otros conmigo. Literalmente, nos repescaron. Les debemos la vida” (Daniel Pennac, Mal de escuela, cap. 11, p. 36)

La diferencia prohibida

lunes, octubre 13th, 2008

Se refiere a la diferencia entre niños y niñas.

Es el título de un libro:

Tony Anatrella, La diferencia prohibida. Sexualidad, educación y violencia: la herencia de mayo de 1968, (La différence interdite, 1998). Madrid: Encuentro, 2008; 336 pp.; trad. de Lázaro Sanz; col. Ensayos; ISBN: 978-84-7490-875-6.

Una excelente reseña aquí, y un comentario en Bienvenidos a la fiesta, probablemente el mejor blog de literatura infantil.

Los niños siguen siendo noticia

miércoles, octubre 1st, 2008

 El periódico de ayer recogía algunos datos de la Memoria de la Fiscalía. El más destacado era el aumento de agresiones de los hijos hacia padres y abuelos. También señalaba que la pornografía infantil supone un porcentaje elevadísimo de los delitos informáticos.

El periódico de hoy cuenta una nueva redada (121 detenidos) de pronografía infantil en internet. Trae también una noticia descabellada . Y otra.

Todo ello sumado a lo que comentaba en entradas anteriores sobre infancia (Semana negra, por ejemplo) y educación.

¿Entonces, qué?

Rafa Nadal, el austero

miércoles, septiembre 3rd, 2008

Me ha gustado esta entrevista al entrenador de Rafa Nadal: “Para ser feliz, hay que ser austero”.