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Una charla de nunca con Alvite

Escrito por César Casal
27 de enero de 2015 a las 14:48h

Una Charla de Nunca con Alvite

-Al, aquí hace calor. Y el humo invita a pensar que estamos en el Savoy.
-Je, je. Cuando llegue aquí, pensé que el humo era una manada de nubes por culpa de una niebla baja. Pero el calor, amigo mío, en seguida me dejó las cosas claras. No he sentido tanto calor ni cuanto Marilyn se sentó sobre mis rodillas cuando la entrevisté para Charlas de Nunca.
-Al, tú nunca fuiste mucho de tocinillo de cielo. ¿No te habrás sorprendido?
-La única sorpresa que me lleve en mi vida me la dio un tipo de bata blanca, pero de eso no quiero hablar, ahora que ya he dejado Vietnam para siempre. El Savoy también era una caldera de Satanás. En el fondo, el viaje ha sido corto. De un infierno a otro.
-Nosotros, Al, ya sentimos que te perdíamos cuando nos quedamos huérfanos de las ráfagas de tus dedos sobre la metralleta de la máquina de escribir.
-Me costó mucho pasar al ordenador. Lo sabes, pequeño. La máquina de escribir era para mí el fogón dónde metía las palabras para hacer el periódico de cada día. Los ordenadores son fríos, como la mirada de hielo de Greta Garbo. Su aspecto ya es el de una máquina en la que solo se puede escribir contabilidad.
-¿Cómo nació el Savoy, Al?

-Perdona, cariño, primero quiero darle un toque de actualidad a la charla. Y como es la semana en la que ha ganado Syriza, aunque me importa bledo, me gustaría decir que el resultado en Grecia de hoy no es más que el griego que le han hecho a los alemanes. La capital de Europa no está en Bruselas. Es una mentira estúpida, como pensar que alguien sigue siendo fascinante cuando compartes retrete con ella o él. La capital de Europa es Francfourt, que es donde está el banco que nos maneja a todos.

-¿Qué raro tú hablando de actualidad? ¿Se te está subiendo la temperatura a la cabeza?

-Je, je. Siempre hay una primera vez. A mí encantan las primeras veces. Pero sucede que, para no estropear una primera vez, lo mejor es no culminarla.

-¿Qué sucede con el periodismo, Al?

-Demasiada velocidad. Los periodistas no son trenes de alta velocidad, muchacho. Para contar bien los historias, hay que hornear las palabras como se hace con el pan. Pero también la profesión ha mejorado mucho. Hoy la gente está mucho más preparada, aunque sus sueldos se estén quedando como los pulmones de un tuberculoso. Yo me di cuenta en la redacción que la realidad se me quedaba pequeña, cuando pasaron por mi lado mis nuevos compañeros que eran unos tipos con más carreras que Sebastian Coe y con un barniz de inocencia que los hacía estupendos. Muchas veces, después de cerrar, nos íbamos a mi capilla, el Galo de Ouro. Allí les daba la primera comunión y la absolución, todo junto, mientras escuchábamos como Sinatra, en la juke bok de Jorge, besaba el cielo con su voz y sabíamos que afuera ya se había puesto a nevar entre la Quinta Avenida y la Algalía.

-Pero en las páginas de opinión fuiste imbatible, Al.

-Me fui al Savoy como el futbolista que busca el hueco para hacer goles. Esa era mi gente. Y aquello gustó. Somos muchos los que sabemos que la mejor manera de ganar es perder. Yo perdí de todo en mi vida, pero jamás perdí los papeles. A un buen columnista lo único que le estropea la caligrafía es la masturbación. Hay que escribir para la gente. Y a mí se me dio bien traer desde la lupa del Savoy a Nueva York hasta aquí. Nada más.

-Al, creo que con bien te quedas corto. Tienes una legión de seguidores que ya te echaremos de menos para siempre.

-Calla. Calla. Lo último que quiero es descubrir que he fundado una religión…

Se oyen ruidos extraños… y la grabación se corta. Sólo queda un sudor, pero frío, y una nostalgia, como un agujero negro, imposible de cubrir con palabras.

Sin ti, somos peores

Escrito por César Casal
16 de enero de 2015 a las 12:51h

El Savoy no cierra, porque Alvite lo abrió sin horarios. Pa que no cerrase nunca. ¿Qué es un diccionario sin la a, sin la A mayúscula de Alvite? Un prospecto médico. Al le diría a Chester Newman: Ten cuidado con esa chica, que viene a llevarme. Sus ojos son balas trazadoras, mientras la juke box de O Galo de Jorge haría bailar el humo. No pienso derramar por ti ni una sola lágrima. Lo único que pienso derramar por ti es güisqui. Cuando te conocí tenías el doble de años que yo. Y el doble de todo: talento, aplomo, risa. Yo era un chaval que lo único que hacía en la redacción era cambiar las colillas de cenicero. Sí, entonces, en las redacciones se fumaba. Alvite fumaba mucho, demasiado. Concha Pino fumaba mucho, demasiado. Y así. La niebla de humo que le pusiste al Savoy estoy seguro que estaba inspirada en aquel ambiente irrespirable de la redacción en el que a veces hacían falta unas tijeras para entrar y ver algo.
Tú te empeñabas en llevarme por el mal camino y nuestro jefe, Xosé López, Morgan, para que nos entendamos, por el bueno. Descubrí entonces que el mal camino es mucho más divertido. Alvite hacía sucesos para La Voz a finales de los ochenta. Era el único que todavía tecleaba sus noticias en una máquina de escribir. Los demás lo hacíamos en unos ordenadores enormes que parpadeaban en verde. Hasta que llegó el H12$L14, pero esa es otra historia. Los sucesos de Alvite salían siempre al límite. Tuvo algún encontronazo con la realidad, pero pronto su mente prodigiosa en el billar de las palabras encontró acomodo en la ficción de las Crónicas de Nunca y, después, del Savoy. Era la evolución natural de un genio. Alvite escribía mucho mejor la realidad si lo que hacía era ficción. Los hechos, a veces, se le quedaban estrechos. Y fue entonces cuando despegó como se merecía en La Voz, en la Radio Galega, en Diario 16, y luego en La Razón, en Onda Cero con Carlos Herrera. Cuando Alvite todavía hacía entrevistas sin inventarlas todas, como cuando publicó también en La Voz las Entrevista de Nunca, solían venir los entrevistados a felicitarlo, porque sus respuestas habían quedado tan bonitas que ellos mismos no sabían que podían hablar tan bien. A Alvite le tocaba en el cristal de la Rúa do Vilar Alejo, para convocarle a sus surrealistas ruedas de prensa. Alejo ya no tenía dientes y, a cambio de su información sobre los bajos fondos de Compostela, Alvite le tenía que comprar pasteles de la Mora. Qué distinto era el periodismo de aquella época. Qué poco que ver con el periodismo instantáneo de hoy. Luego llegó el fax y empezó a matar a las fuentes auténticas. Hay tanto que decir. Que aplaudir. Pero hoy también está prohibido escribir en largo. Resumo:
Sin ti, José Luis, somos simplemente peores.
Pero mejor escuchar tu voz rota que ya le gustaría a Sabina tener una voz así. Solo Nonito Pereira la tiene más desgarradora.

Y sumarle esta postal del Savoy:
El humo del bar formaba una niebla tan densa que, en ocasiones, los clientes tropezaban con las coristas. Al está siempre en su mesa. Tiene ese aplomo que da saber que la vida es una condena a muerte. Al habla sobre el bar con una puntería única. A veces, junto a Al, se sienta Newman, que llega del Clarion con la tinta fresca del cadáver de algún tiroteo todavía en sus dedos. Newman envidia a Al. Lo aprecia. Sabe que es como una pared más del bar. Una pared importante, como la que sostiene en San Pedro el fresco de la capilla Sixtina. Miguel Ángel era un grafitero increíble, dice Al cuando hablan del Vaticano. Y añade que los cardenales eligen Papa mientras se colocan con el cine en colores de Miguel Ángel. En el aire de Roma flota la cocaína de la fumata blanca.
Newman está hoy abatido por las noticias de la policía y le reconforta mirar a Al, con su aspecto de perro San Bernardo, que está ahí para sacarte del hoyo de la peor nevada. Newman tiene un compañero en el periódico, un chaval que malgastó su juventud en tener hijos. Al lo había pronosticado cuando conoció a Di Marco.
-Este chico hará polvo su talento con tantos hijos. Uno no puede dedicarse a la puericultura y la cultura, al mismo tiempo.
Newman envidia a Al por su mordacidad tierna y porque dicta con solo hablar columnas bordadas con un pespunte de imágenes que Newman jamás escribirá. Al fue el que mejor definió a la rubia detective de Homicidios: Cuidado con esa chica, el vestido se le ajusta a sus curvas como la carretera de Mónaco a las laderas de la Costa Azul.
Y así…

M(añoso)

Escrito por César Casal
11 de diciembre de 2014 a las 9:36h

El tiempo se modula y modela. Con los años, si lo único que se vuelve grave es el humor, afinado por la inteligencia, todo va. Bonald: la soledad me salva de estar solo.

Escrito en una tabla de planchar

Escrito por César Casal
10 de diciembre de 2014 a las 23:43h

Hace frío en Arrakeen. El temblor (temor) de Skitty altera a Ikachu. Le pone la sonrisa hacia abajo, malhumorado como en el icono ese del teclado del guasap. El frío de Arrakeen ha dejado todo nevado y las gargantas destrozadas. El corazón es un músculo sano que necesita acción. Hay que envolver los corazones en un trapo empapado de querosano y comérselos. Quieres que alguien te diga que in your head… and in your heart, pero nadie te lo dice. Quieres que, cuando llueva esa lluvia tóxica que cae en Iam, no salga este arco iris helado de casi invierno, pero sale. Vas a ver a Squirtle y las palabras se le caen de la boca como los vasos de las manos, a un camarero ebrio. Meganium está varada, como una ballena, llena. Y miras por la ventana y el océano tiene ese color de acetileno puro, que es ese gas que no tiene color. Solo los muertos no saben que lo son. Mientras vivos, hay que seguir. Hay que pisar en las huellas amigas. Fijarse. Siempre las hay. Están ahí. Hoy, con las prisas, una huella amiga es una frase en el guasap. Un icono. Una señal breve, pero una señal, de que alguien pensó en ti. Ikachu habla mucho con el lavaplatos. Los lavaplatos están sobrevalorados. Ikachu no lo usa, pero habla mucho con él. Es mejor dando consejos que lavando. El lavaplatos dice que llegará el calor y se derretirán las nieves del Kilimanjaro. El lavaplatos comenta que la nevera siempre le mira mal. Ella, tan alta. Él, bajo y achaparrado. La nevera es una altiva. Fría. Ikachu nunca habla con la aspiradora. Hay que tener también mucho cuidado con las aspiradoras. Con lo que dicen. Hay que pensar siempre que se lo meten todo por la nariz. Ikachu cree que Skitty es una palabra preciosa, la sangre joven de un pichón abierto en canal. Cuando niños, las sombras daban miedo. Pero sabías que era una sombra. Una sombra era una sombra. Ahora ya ni se sabe qué es una sombra y qué no. Ikachu conduce sobre el lago helado y, a su lado, aterriza el avión supersónico que trae a los de Marte. Los de Marte son buena gente. Aplauden mucho, pero son buena gente. El lago helado hace de carretera y de pista de aterrizaje en invierno, e impresiona ir por él, pegado como ésta a la mole del Peñón de Gibraltar. Llorar bajito no significa llorar tendido en el suelo. Es llorar bajito. Crecemos y el corazón, a veces, decrece y se convierte en una almendra garrapiñada. Tengo que preguntarle al lavaplatos qué hacer con las almendras garrapiñadas, que de la aspiradora no me fío.

Autopista de extrarradio

Escrito por César Casal
6 de noviembre de 2014 a las 21:25h

La razón es un vertedero. Solo hay emoción, el pulso. Lo demás no existe, lo dice Eliseo mientras aplasta figuras de jugadores del subbuteo a manotazos. Hay fuego en la chimenea. Y cierra los ojos y ve la ese de una autopista de extrarradio al atardecer llena de coches que se deslizan como una manada hacia la herida del horizonte de otoño.

Más tarde

Escrito por César Casal
13 de septiembre de 2014 a las 20:05h

Horacio llegó cargado de libros. Y llevaba esa camiseta con las letras de una universidad. Afuera olía ya a otoño, a hojas muertas.
-¿De qué humor está hoy Álvaro? -preguntó Horacio.
-Del de siempre -contestó Manuel-. Las personas no cambian, Horacio. Pueden intentarlo, pero en el fondo son exactamente como eran. El resto es barniz.

La edad

Escrito por César Casal
9 de septiembre de 2014 a las 18:03h

-No es verdad que con los años se aprenda a perdonar. Es que muchas veces no te queda más remedio -afirmaba Álvaro, que le encantaban las frases-.
Estaban en un ático (ártico, decía la inmigrante que le atendía), un ático frente al Retiro.
-No crece la bondad. Aumenta la decrepitud. Manuel, querido, acércate a la ventana y descríbeme el cielo.

Sueños raros

Escrito por César Casal
20 de junio de 2014 a las 18:09h

Entonces llegaron los sueños. Como meandros. No los dulces sueños que te deseaba tu madre cuando niño. Unos sueños de adulto. Raros. Muy raros. Multas por aparcar en doble fila. Una serpiente que te mira. Un accidente de tráfico en el que te estrellas y te mueres en esa carretera que se regatea a sí misma en Arrakeen. Tu y tu padre en una sala vacía. El dentista que te busca vocales en la boca. España que gana el mundial de Brasil, con Mourinho de seleccionador. Sueños o pesadillas.

¿Qué le pasó a España?

Escrito por César Casal
19 de junio de 2014 a las 20:07h

Que, de la misma forma que un coche no anda sin gasolina, al fútbol tampoco se puede jugar sin ella. Los jugadores estaban muertos. Sus piernas eran de plomo. Es el precio que hay que pagar por haber visto este año la liga más competitiva de Europa con tres equipos casi hasta el final en la pelea, y los mismos tres clubes encima en semifinales de la Champions (dos en la final). Y Azpilicueta, también, en semifinales con el Chelsea. Llegaron con las piernas fritas y, hay que decirlo, con la mente sin hambre de competición. Tres títulos seguidos son demasiados títulos (y nosotros y ellos que los disfrutamos). Hubo otros factores. La inclusión de Diego Costa, un delantero que hizo mejor el inicio que el final de temporada, otro con el depósito sin una gota de carburante. Y un delantero encima que cambiaba el estilo de juego de España. Ahora que, hasta Italia y Alemania nos imitan, probamos balones largos cuando lo nuestro eran los locos bajitos. Otro factor: la pareja de medio centros. Justo en la clave del equipo para morder al rival los dos jugadores más quemados, agotados y, dicen, que medio lesionados de todo el fútbol europeo: Busquets y Xabi Alonso. Sin sala de máquinas, imposible. El grupo no se merecía este final. Pero es que el coche estaba gripado y sin seguro atrás.

Lluvia de junio

Escrito por César Casal
6 de junio de 2014 a las 0:23h

Aniceto es que te miro y veo un abismo, dice Marcos Fuenterrabía.
-Cómo pudiste liarte con mi hermana. Tu mujer y mi hermana. ¿No sé adónde quieres ir?
Y el bueno y malo de Aniceto,un hombre sin sombra, contesta:
-A mí siempre me gustó tentar a los acantilados. Que quieres que te diga, chico.
En Arrakeen cae una lluvia a destiempo de junio. Como si el verano nunca fuese a llegar.