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M(añoso)

Escrito por César Casal
11 de diciembre de 2014 a las 9:36h

El tiempo se modula y modela. Con los años, si lo único que se vuelve grave es el humor, afinado por la inteligencia, todo va. Bonald: la soledad me salva de estar solo.

Escrito en una tabla de planchar

Escrito por César Casal
10 de diciembre de 2014 a las 23:43h

Hace frío en Arrakeen. El temblor (temor) de Skitty altera a Ikachu. Le pone la sonrisa hacia abajo, malhumorado como en el icono ese del teclado del guasap. El frío de Arrakeen ha dejado todo nevado y las gargantas destrozadas. El corazón es un músculo sano que necesita acción. Hay que envolver los corazones en un trapo empapado de querosano y comérselos. Quieres que alguien te diga que in your head… and in your heart, pero nadie te lo dice. Quieres que, cuando llueva esa lluvia tóxica que cae en Iam, no salga este arco iris helado de casi invierno, pero sale. Vas a ver a Squirtle y las palabras se le caen de la boca como los vasos de las manos, a un camarero ebrio. Meganium está varada, como una ballena, llena. Y miras por la ventana y el océano tiene ese color de acetileno puro, que es ese gas que no tiene color. Solo los muertos no saben que lo son. Mientras vivos, hay que seguir. Hay que pisar en las huellas amigas. Fijarse. Siempre las hay. Están ahí. Hoy, con las prisas, una huella amiga es una frase en el guasap. Un icono. Una señal breve, pero una señal, de que alguien pensó en ti. Ikachu habla mucho con el lavaplatos. Los lavaplatos están sobrevalorados. Ikachu no lo usa, pero habla mucho con él. Es mejor dando consejos que lavando. El lavaplatos dice que llegará el calor y se derretirán las nieves del Kilimanjaro. El lavaplatos comenta que la nevera siempre le mira mal. Ella, tan alta. Él, bajo y achaparrado. La nevera es una altiva. Fría. Ikachu nunca habla con la aspiradora. Hay que tener también mucho cuidado con las aspiradoras. Con lo que dicen. Hay que pensar siempre que se lo meten todo por la nariz. Ikachu cree que Skitty es una palabra preciosa, la sangre joven de un pichón abierto en canal. Cuando niños, las sombras daban miedo. Pero sabías que era una sombra. Una sombra era una sombra. Ahora ya ni se sabe qué es una sombra y qué no. Ikachu conduce sobre el lago helado y, a su lado, aterriza el avión supersónico que trae a los de Marte. Los de Marte son buena gente. Aplauden mucho, pero son buena gente. El lago helado hace de carretera y de pista de aterrizaje en invierno, e impresiona ir por él, pegado como ésta a la mole del Peñón de Gibraltar. Llorar bajito no significa llorar tendido en el suelo. Es llorar bajito. Crecemos y el corazón, a veces, decrece y se convierte en una almendra garrapiñada. Tengo que preguntarle al lavaplatos qué hacer con las almendras garrapiñadas, que de la aspiradora no me fío.

Autopista de extrarradio

Escrito por César Casal
6 de noviembre de 2014 a las 21:25h

La razón es un vertedero. Solo hay emoción, el pulso. Lo demás no existe, lo dice Eliseo mientras aplasta figuras de jugadores del subbuteo a manotazos. Hay fuego en la chimenea. Y cierra los ojos y ve la ese de una autopista de extrarradio al atardecer llena de coches que se deslizan como una manada hacia la herida del horizonte de otoño.

Más tarde

Escrito por César Casal
13 de septiembre de 2014 a las 20:05h

Horacio llegó cargado de libros. Y llevaba esa camiseta con las letras de una universidad. Afuera olía ya a otoño, a hojas muertas.
-¿De qué humor está hoy Álvaro? -preguntó Horacio.
-Del de siempre -contestó Manuel-. Las personas no cambian, Horacio. Pueden intentarlo, pero en el fondo son exactamente como eran. El resto es barniz.

La edad

Escrito por César Casal
9 de septiembre de 2014 a las 18:03h

-No es verdad que con los años se aprenda a perdonar. Es que muchas veces no te queda más remedio -afirmaba Álvaro, que le encantaban las frases-.
Estaban en un ático (ártico, decía la inmigrante que le atendía), un ático frente al Retiro.
-No crece la bondad. Aumenta la decrepitud. Manuel, querido, acércate a la ventana y descríbeme el cielo.

Sueños raros

Escrito por César Casal
20 de junio de 2014 a las 18:09h

Entonces llegaron los sueños. Como meandros. No los dulces sueños que te deseaba tu madre cuando niño. Unos sueños de adulto. Raros. Muy raros. Multas por aparcar en doble fila. Una serpiente que te mira. Un accidente de tráfico en el que te estrellas y te mueres en esa carretera que se regatea a sí misma en Arrakeen. Tu y tu padre en una sala vacía. El dentista que te busca vocales en la boca. España que gana el mundial de Brasil, con Mourinho de seleccionador. Sueños o pesadillas.

¿Qué le pasó a España?

Escrito por César Casal
19 de junio de 2014 a las 20:07h

Que, de la misma forma que un coche no anda sin gasolina, al fútbol tampoco se puede jugar sin ella. Los jugadores estaban muertos. Sus piernas eran de plomo. Es el precio que hay que pagar por haber visto este año la liga más competitiva de Europa con tres equipos casi hasta el final en la pelea, y los mismos tres clubes encima en semifinales de la Champions (dos en la final). Y Azpilicueta, también, en semifinales con el Chelsea. Llegaron con las piernas fritas y, hay que decirlo, con la mente sin hambre de competición. Tres títulos seguidos son demasiados títulos (y nosotros y ellos que los disfrutamos). Hubo otros factores. La inclusión de Diego Costa, un delantero que hizo mejor el inicio que el final de temporada, otro con el depósito sin una gota de carburante. Y un delantero encima que cambiaba el estilo de juego de España. Ahora que, hasta Italia y Alemania nos imitan, probamos balones largos cuando lo nuestro eran los locos bajitos. Otro factor: la pareja de medio centros. Justo en la clave del equipo para morder al rival los dos jugadores más quemados, agotados y, dicen, que medio lesionados de todo el fútbol europeo: Busquets y Xabi Alonso. Sin sala de máquinas, imposible. El grupo no se merecía este final. Pero es que el coche estaba gripado y sin seguro atrás.

Lluvia de junio

Escrito por César Casal
6 de junio de 2014 a las 0:23h

Aniceto es que te miro y veo un abismo, dice Marcos Fuenterrabía.
-Cómo pudiste liarte con mi hermana. Tu mujer y mi hermana. ¿No sé adónde quieres ir?
Y el bueno y malo de Aniceto,un hombre sin sombra, contesta:
-A mí siempre me gustó tentar a los acantilados. Que quieres que te diga, chico.
En Arrakeen cae una lluvia a destiempo de junio. Como si el verano nunca fuese a llegar.

Marcos en Arrakeen

Escrito por César Casal
4 de junio de 2014 a las 20:30h

A veces Arrakeen parece un alimento. La ciudad está tan hermosa que parece comestible. La miras desde lo alto de las afueras y es como un plato bien servido. Hay ciudades que están ahí para ser devoradas. Como la vida, cuando viene con guirnaldas. Marcos Fuenterrabía subió a la falda del monte para mirar como tiemblan las luces de Arrakeen en la noche, como la avenida que la cruza parece el tronco de un árbol de navidad, con sus adornos luminosos a los lados. Marcos Fuenterrabía piensa que ojalá estuviese allá arriba Skitty junto a él. Para no dejar nunca de abrazarla. Ese junco hermoso que se dobla pero que nunca rompe. Esa niña que corría en su bicicleta junto al mar. Corría más que el viento. Nunca hay que perder el apetito de vivir. Apetito es la palabra clave.

¿Y lo sólido?

Escrito por César Casal
22 de agosto de 2013 a las 23:29h

Marcos Fuenterrabia sale del trabajo y le dice a su amigo que vivir debería ser como escribir a veces: arrojando las palabras como se corre por un acantilado.
Su amigo le contesta: ese es el problema, todo se ha vuelto tan fugaz como una lluvia de estrellas.