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Rearme

Escrito por Paco Sánchez
28 de noviembre de 2015 a las 18:21h

Cualquier insignificante, tarado o no, puede matar a un centenar de personas en un campus americano o en una escuela, en un campamento de niños en Suecia o a los mandos de un avión alemán. De hecho, ocurre con una vergonzosa frecuencia sin necesidad de que comparezca terrorista alguno. Es fácil. Cualquier inútil puede. Las matanzas terroristas buscan algo más y dependen completamente de sus efectos para alcanzar el éxito. Les habrá encantado, por ejemplo, haber metido a los belgas en sus casas unos cuantos días. Y todo el alboroto mediático. Y la gira de Hollande en busca de apoyos para hacerse el hombrecito ante los franceses, tan poco amigos hasta hace nada de la cooperación antiterrorista y tan propensos a crear Estados fallidos por doquier.

A los terroristas les ha salido redondo, porque reaccionamos como los niños del botellón: beben, ríen, gritan e impiden el descanso de los demás, pero bien cuidados, primero, por la policía municipal y, después, por los servicios de limpieza, que han de recoger sus caquitas y fregar sus orines. De modo que, si hay peleas, heridos o destrozos, la culpa es del ayuntamiento, nunca de ellos, de sus padres o de la bebida.

Europa responde igual: lo primero es el botellón y, si hay problemas, se mira hacia el Gobierno para exigir responsabilidades por no haber espiado lo bastante, por no haber cacheado a más gente, por no cerrar fronteras -destrozando, de paso, uno de los elementos nucleares de la Unión- y por no meter a todos en sus casas. Porque si nadie se mueve, resulta más fácil pillar a los broncas que interrumpen el botellón o el Black Friday al que antes llamábamos rebajas. Tenemos que rearmarnos, sí, pero de ideas.

La Voz de Galicia, 28.noviembre.2015

Encogidos

Escrito por Paco Sánchez
22 de noviembre de 2015 a las 11:13h

He leído muchas reacciones políticas y periodísticas a los atentados de París y solo se me ocurre una palabra para resumirlas: confusión. Estamos confusos. Ya no se trata solo de falta de coraje, sino de vigor intelectual. Unos, por costumbre, echan toda la culpa a Occidente. Otros salen a bombardear. Y los de siempre insisten en culpar a la religión, los mismos, por cierto, que se ensañaron con Benedicto XVI cuando dijo en Ratisbona lo que repite ahora Francisco: matar en nombre de Dios es una blasfemia. Con tal munición en nuestros medios y escuelas, no extraña que algunos hijos de inmigrantes salgan yihadistas.

Luego vienen los que se empeñan, políticos sobre todo, en que debemos elegir entre seguridad y libertad. Pues bien, a estos últimos querría responder.

Yo elijo libertad. Como consecuencia, estoy en contra del control masivo de las comunicaciones, cada día más tolerado por la ley con pretextos antiterroristas. Y tampoco quiero que haya cámaras por todas partes. Elijo que dejen el tratado de libre circulación como está y que de ningún modo se cierren fronteras. Y moverme por donde me plazca, aun sabiendo que los terroristas musulmanes escogen como objetivos hoteles -como se vio ayer en Mali- y restaurantes, instalaciones donde abunden los extranjeros, porque no quieren que viajemos. Y elijo hacerlo sin que me cacheen ni me desnuden. Elijo el riesgo. Elijo decir lo que pienso del islam, que nació en guerra, conquistó por las armas medio mundo y lo sometió hasta que quedó atrás en la historia, sin que nunca hayan dejado de tratar a los demás como de segunda o como esclavos. Elijo celebrar la Navidad o la Semana Santa sin complejos. Elijo vivir sin miedo.

La Voz de Galicia, 21.noviembre.2015

Primitivos

Escrito por Paco Sánchez
14 de noviembre de 2015 a las 21:01h

El mundo primitivo era muy duro y no solo porque carecieran de agua caliente o wifi, sino porque estaba dominado por dioses crueles. La momia del niño sacrificado por los incas hace quinientos años me trajo el recuerdo de aquellos terrores. Pero la noticia, tan interesante, convivía en el periódico con la sentencia por el asesinato de Asunta y con el descubrimiento de siete bebés enterrados en una casa de Alemania, una práctica que acumula precedentes en aquel país. Podría cargar la mano con los niños enterrados vivos o crucificados por el Estado Islámico y otras barbaridades, pero prefiero quedarme ahora con los que matamos aquí, en España, donde antes de acabar el año ya hemos batido todos los récords históricos. La mayoría fueron asesinados por sus madres, sus padres o por las parejas de sus padres o sus madres. Desde luego, los dioses primitivos eran crueles, pero me pregunto a qué dioses se los sacrificamos ahora.

No responderé a la pregunta. El lector ya sabe. Apenas quiero advertir sobre este neoprimitivismo. El grado de civilización se manifiesta, mejor que en ningún otro criterio, en el trato que se dispensa a los ancianos, a los niños, a los enfermos, a los pobres y, en general, a los más débiles. Debería haber incluido en la enumeración a las mujeres, pero no me he atrevido. El lector también sabe por qué. Mantengo, no obstante, la pregunta, ¿a qué dios cruel estamos sacrificándolos?

¿A qué dios ofrecemos en holocausto los millones de niños utilizados en la pornografía infantil o en la prostitución? Anteayer saltó la noticia de la madre que vendía por Internet los desnudos de sus pequeñas. Urge localizar a esos dioses despiadados y ponerles nombre.

La Voz de Galicia, 14.noviembre.2015

Referencias

Escrito por Paco Sánchez
9 de noviembre de 2015 a las 10:11h

Quizá tengan razón los viejos: andamos mal de referencias. Hasta el tiempo parece confirmarlo: nos movemos en temperaturas prácticamente veraniegas pese a circular ya por noviembre. Ni siquiera las estaciones del año sirven ya de marco al que atenerse a la hora de elegir vestimenta o de programar actividades de ocio al aire libre. El tiempo parece el último bastión abatido de un mundo que estaba repleto de señales indicadoras sobre lo que se podía hacer y lo que no, lo que estaba bien y lo que estaba mal, lo justo y lo injusto, lo bello y lo feo, lo adecuado y lo inadecuado. Ahora incluso pasamos calor en otoño.

Quizá el progreso consista en eso, como tantos se temían desde hace decenios: un mundo sin reglas ni referencias, aparentemente espontáneo e individualista, donde resulta más difícil que la gente se deje encuadrar o comprometer. De ahí la crisis de las instituciones, de los partidos o del sentido de comunidad. Y esto, como la temperatura veraniega en otoño, tiene su lado positivo. El problema radica en saber a qué atenerse. Un personaje de la segunda temporada de Fargo lo decía, perplejo, en el capítulo de esta semana: «Estamos descompensados, hemos perdido el centro moral y nos cuesta discernir».

Nos cuesta ser felices, porque para ser felices necesitamos aprender a discernir, como mínimo, lo que vale siempre y lo que nunca vale. Que todo pueda valer en algún momento parece más cómodo, pero convierte la existencia en un pantano. Un modo de vivir chapoteando que se espeja en la vida política, para la que no encontramos remedio. Como tampoco lo encontramos para el sistema educativo: porque, sin referencias, no hay nada que aprender ni nada que enseñar.

La Voz de Galicia, 7.noviembre.2015

Hijos chinos

Escrito por Paco Sánchez
31 de octubre de 2015 a las 20:26h

La inhumana prohibición de tener más de un hijo por pareja ha sido sustituida en China por otra también inhumana: desde ahora podrán llegar a dos. La primera ha producido todo tipo de horrores económicos y sociales -estos siempre llevan a aquellos- y la segunda nada arreglará. La política del hijo único ha logrado ralentizar el crecimiento chino a costa de la dignidad de las personas y ha creado, además, una superpoblación nueva de hijos únicos, los llamados «pequeños emperadores»: niños consentidos y maleducados que hacen de sus familias lo que se les antoja. Además de desequilibrar la pirámide poblacional, complicar el futuro de las pensiones y la atención de los ancianos, a más corto plazo aún, han dejado comprometido el mercado laboral y su capacidad de crecimiento. Y una consecuencia más que tampoco buscaban: han generado una alarmante desproporción entre la población femenina y la masculina, fruto de un genocidio silencioso de las niñas de cuyos espantos hemos recibido algunas noticias.

Sin contar la vida precaria de los millones de niños nacidos ilegales, los sufrimientos de sus padres o los de aquellos que han perdido al único hijo que les permitían y para quienes la nueva tolerancia llega tarde. Cuánta soledad y cuánta tristeza agrumadas bajo datos fríos. La nueva medida, poco menos injusta que la anterior, no revertirá los datos: ni llega a tiempo, ni los chinos, por idénticas razones que aquí, quieren tener más hijos. Los occidentales hemos seguido ese camino sin que nadie nos forzara, libremente, empujados por argumentos culturales que, salvo en lo de las niñas, nos están conduciendo a un paisaje social más cercano al chino de lo que pueda parecer.

La Voz de Galicia, 31.octubre.2015

El amigo

Escrito por Paco Sánchez
27 de octubre de 2015 a las 15:45h

La vida es un ejercicio más bien solitario en el que, según cómo te portes y qué suerte tengas, te acompañan algunas personas durante buena parte del trayecto o, al menos, en ciertas etapas: familiares y amigos que ayudan a sacar adelante la propia existencia de mil modos diferentes. Aunque el peso siempre lo lleva cada uno, porque a veces no sabemos compartirlo o porque, simplemente, no hay manera de compartirlo del todo, la familia y los amigos aligeran el vivir, lo inspiran y motivan, lo engrandecen incluso. Por eso duele tanto la muerte de uno de ellos.

Duele como una amputación, porque la vida de ningún modo puede seguir exactamente igual. Los amigos, como poco, son testigos que necesitamos. Ellos, de alguna manera, nos cuentan nuestra propia biografía: lo que somos y lo que queremos ser. Al perderlos, nos quedamos sin un conarrador. Con él o con ella, ese capítulo queda cercenado, interrumpido sin posibilidad de retomarlo. Por eso, la muerte del amigo nos amputa si no creemos en un más allá en el que el amigo sigue viviendo y testificando en nuestro favor, ayudándonos, libre ya de sus propios apuros y cargas.

Tengo una familia muy grande y muchos amigos, algunos de ellos mayores que yo, y últimamente se me han muerto varios. Ayer mismo uno, Antonio Legerén. Sé que no lo he perdido y que descansa de sus dolores y penas, tan duros y largos en los últimos años y, de modo particular, en los últimos meses. Pero noto el zarpazo e inevitablemente me faltará la alegría de su presencia física, siempre luminosa. En medio de sus sufrimientos prolongados, su vida llena de sentido tenía un valor infinito, porque era un hombre que ayudaba a vivir. Es decir, un amigo.

La Voz de Galicia, 24.octubre.2005

Retranca y política

Escrito por Paco Sánchez
18 de octubre de 2015 a las 9:40h

El próximo viernes se defiende en Pontevedra una voluminosa tesis doctoral sobre la obra del admirado Xaquín Marín, genial humorista gráfico de este periódico. No ofrezco valoración alguna sobre la investigación, porque figuro en el tribunal que la juzgará. El autor, Félix Caballero, introduce la figura de Marín con una serie de disquisiciones sobre la historia y la peculiar naturaleza del humor gallego y sobre por qué se está perdiendo en nuestros días.

El humor gallego, como se explica en la tesis, se caracteriza por un cierto carácter defensivo, melancólico y sutil, que opera en el ámbito de lo sobreentendido y rehúye la carcajada fácil, justo lo contrario del humor frontal, zafio y brusco que se impone en los medios de entretenimiento masivo. Nosotros, a veces, ni siquiera lo percibimos como humor, sino como un modo de ser. La señora que, a la pregunta sobre si había misa a tal hora en aquella iglesia, contestó «hasta ayer la hubo», no pensaba que hacía un chiste, pero quien me contó lo sucedido reía sin parar. Entendía que la señora no quería comprometerse, algo «tan gallego». Pero la señora, en realidad, se había comprometido tanto como le era posible: le había dado toda la información disponible, exactísima y suficiente para que su interlocutor decidiera, sin especular.

La retranca gallega requiere mucha sabiduría para ser ejecutada y presupone una delicadeza casi innata, un respeto tremendo a la propia intimidad y a la ajena, un miedo a herir que quizá otros tomen a guasa, pero que convendría mucho generalizar. Por desgracia, la estamos perdiendo a todo correr y no solo en la tele o en la calle, sino en el propio Parlamento de Galicia.

La Voz de Galicia, 17.octubre.2015

Indefensión

Escrito por Paco Sánchez
10 de octubre de 2015 a las 18:16h

Comienzo los cursos de escritura con dos prácticas: en la primera los alumnos se describen y en la siguiente deben retratar a otro o a otra. Ambos ejercicios responden a objetivos docentes muy precisos, pero sobre todo sirven para que sesenta personas que no se habían encontrado antes se conviertan de pronto en amigos, porque se conocen y se miran más allá de prejuicios, de formas de vestir o de apariencias sospechosas, y descubren cuánto tienen en común. En la juventud ese fenómeno de aproximación se produce a una velocidad que los mayores no estamos en condiciones de imitar. Por eso Francisco, en su visita a Cuba, encargó a los jóvenes la recuperación de la amistad social, tan necesaria siempre en los países que han pasado por un régimen comunista, donde el tejido humano se rompe o queda infectado por la sospecha y la delación, por el rencor. Francisco muy bien podría haber encargado lo mismo a los jóvenes estadounidenses o? a los españoles. Tanto Estados Unidos como España son países divididos, polarizados. En realidad, ocurre en casi todas partes. Negamos la amistad, la buena vecindad incluso, a quien piense diferente de nosotros. Lo consideramos, de entrada, enemigo. Alguien de cuya existencia no podemos alegrarnos. Casi siempre, porque no los conocemos bien, no los escuchamos, descartamos sus argumentos sin examinarlos, no les damos una oportunidad.

A veces las redes sociales concentran a quienes piensan lo mismo y los arrojan en jauría contra quien disiente. Tampoco ayuda la menguante lectura de periódicos y libros, de la que ha surgido una furiosa ignorancia ilustrada? por eslóganes tan incisivos como falsos, moldeadores eficaces de mentes estrechas.

La Voz de Galicia, 10.octubre.2015

Sorderas

Escrito por Paco Sánchez
10 de octubre de 2015 a las 18:15h

Lo he comprobado muchas veces: quien no escucha, inventa. A menudo, sin maldad por medio, solo por incapacidad física, como le ocurría a mi padre, que perdió la audición siendo muy joven. Un día me lo encontré viendo una película con la familia. Se lo estaba pasando en grande. Reía y, al verme llegar, quiso hacerme partícipe de lo que tanta gracia le causaba y empezó a contarme la película. Miré a los demás. Nadie dijo nada. Yo había visto aquella película y sabía que el argumento difería mucho del relato de mi padre, que solo podía verla, pero no oírla, de modo que se la inventaba a partir de lo que las imágenes le permitían intuir. También se inventaba a veces lo que le decían, para evitar que el otro repitiera o gritara, para hacer más fluido el diálogo. De esa experiencia universal provienen expresiones como «diálogo de sordos». O refranes: «No hay peor sordo que el que no quiere oír».

El proverbio hace referencia a sorderas más dañinas que la física: aquella que no quiere ver las señales que la realidad emite o aquella que se aturde aposta con mil ruidos, se embarulla -nunca mejor dicho- y termina por no distinguir el gruñido del argumento. Quizá nunca se haya dado tanto riesgo de sordera por aturdimiento como en nuestra época. Alguien decía esta semana que la gente normal no se entera de nada importante. Me quedé con la frase, no leí más. No sé si culpaba a la otra gente por ocultación o a la normal por estupidez. Probablemente concurren ambas causas: unos ocultan a base de producir un exceso espantoso de información y entretenimiento de ínfima calidad y otros no nos enteramos porque la atención se nos desparrama como el agua en un cesto, móvil abajo.

La Voz de Galicia, 3.octubre.2015

Lo normal

Escrito por Paco Sánchez
27 de septiembre de 2015 a las 9:12h

Bueno, ya casi está. Mañana vota Cataluña y sabremos algo. Quizá no mucho. Pero, al menos, la tortura de estos días bajará de intensidad o empeorará hasta la locura. Hay dos cosas que Artur Mas ha conseguido plenamente con la ayuda inestimable del Gobierno y de los medios de Madrid. Y las dos eran muy difíciles. Primero, los votantes votarán con mentalidad de plebiscito, aunque técnicamente se trate de elegir un Parlamento autonómico. Segundo, la cuestión catalana ha adquirido carácter internacional, algo que el independentismo buscaba con muy poco éxito hasta que Madrid hizo hablar a Obama, a Junker? a todo el mundo. Con el agravante apuntado por muchos expertos: al tratarse de un asunto que envuelve emociones y pasiones fuertes -patriotismo y miedo, amor y odio-, las declaraciones internacionales contrarias se perciben como agresiones que ayudan a cerrar filas y a subrayar el miedo que manifiesta Madrid al jugar tales bazas. Hasta aquí, 2-0 para Mas.

Pero mañana sabremos si las urnas confirman las encuestas y cómo queda el marcador. Esa es otra. Como las empresas de sondeos se apoyan en una metodología de llamadas a teléfonos fijos, y estos tienen un uso marginal o han desaparecido, se produce un sesgo difícil de corregir. Lo que ya se ha visto en Gran Bretaña con Cameron se complica en el caso catalán por otras distorsiones: porque se vota un Parlamento como si se votara un referendo y porque el voto oculto, debido a la tensión social, tiende a dispararse. La encuesta definitiva, dice el tópico, será mañana. Ojalá, pase lo que pase, el lunes vuelva la normalidad: sin rencores, sin intentar recuperar por otras vías lo que los votantes hayan negado a cada cual.

La Voz de Galicia, 26.septiembre.2015