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Realizador

Escrito por Paco Sánchez
31 de enero de 2015 a las 10:23h

Pensamos cada vez con menos palabras y con más imágenes, porque miramos mucho más que leemos. En parte, porque nos resulta menos trabajoso. Un buen libro exige mucha atención y de mayor calidad que la que demanda, por ejemplo, una buena serie de televisión. Algo sabido y muy comentado ya. El problema radica en las consecuencias de leer poco o nada, que es el caso de un porcentaje elevadísimo de los españoles, según la última encuesta del CIS. Si la imagen sustituye a la palabra, terminamos pensando sin conceptos. Es decir, terminamos no pensando. Nuestros prejuicios, por otra parte imprescindibles, se ahorman a partir de lo que hemos visto o hemos creído ver. Puede que nuestra idea de lo bueno o de lo malo, de lo bello o de lo justo sea una imagen que quizá hemos visto en una serie o en varias películas. O en la escuela, cada día más audiovisual, como alertaba hace años Giovanni Sartori.

Cuando la imagen sustituye el concepto, nuestra libertad de pensamiento y nuestras decisiones posteriores quedan en manos del realizador y del guionista. Por eso a veces no sabemos por qué pensamos una cosa o por qué decidimos hacer tal otra. Los prejuicios se tornan feroces e indestructibles, porque no hay modo de revisarlos, nos faltan herramientas intelectuales. Y en caso de que choquen con la realidad, peor para ella. Crece entonces la vulgaridad: el mundo se puebla de supuestos excéntricos clonados en masa, copiados de la imagen en boga. Catalogamos sumariamente ideas y personas en progres y carcas, como lamentaba anteayer Adela Cortina, y arruinamos cualquier posibilidad de diálogo.

Dejar de leer y dejarnos manipular es casi lo mismo. Sobre todo, si nunca cambiamos de canal.

Publicado en La Voz de Galicia, 31.enero.2015

Lo del PP

Escrito por Paco Sánchez
24 de enero de 2015 a las 9:53h

Después de muchos meses sin atreverse ni a mentarlo, algunos comentaristas incluyen la retirada de la ley del aborto en la lista de causas que han precipitado al abismo el voto del PP. Eso sí, lo añaden tímidamente y al final, como si fuera menos importante. Se equivocan. Como yerran al considerar que el problema solo preocupa al «votante tradicional del PP». De hecho, el desplome de la intención de voto al PP se produjo coincidiendo con la retirada de la ley y, por supuesto, hay muchísima gente fuera del «voto tradicional» y del propio PP que está en contra del aborto y de la ley actual que lo regula. Por eso tiene gracia lo de sacar a Aznar a la palestra.

Los estrategas populares, después de haber gestionado de la peor manera concebible el proceso de la fallida ley, parecen reconocer que han perdido «voto tradicional» y ya no confían en que esa gente los elija porque no tengan otro remedio: quizá no votarán a otros, piensan, pero existe un riesgo cierto de que se queden en casa. Y con un error de juicio notable, consideran que los movilizarán echándoles a Aznar, al que escondían hasta hace dos semanas. Creen que Aznar representa a ese «votante tradicional» y que puede agitarlo. Lo dudo. Aznar quizá consiga rescatar cierto «voto tradicional», pero nada hizo para impedir la sangría de abortos, estabilizada ahora a unos niveles altísimos. Y desde luego, no servirá para pescar a esos votantes contrarios al aborto y, a la vez, muy ajenos al «votante tradicional» del PP.

La política que prescinde de los principios ni siquiera es capaz de ponderar qué significan para la gente. Y entonces, pierde. Que le pregunten a Dilma. Siempre les quedará el miedo a Podemos.

Publicado en La Voz de Galicia, 24.enero.2015

Démosle una vuelta

Escrito por Paco Sánchez
19 de enero de 2015 a las 13:35h

Columna en Nuestro Tiempo, octubre-diciembre 2014:

Démosle una vuelta

El humor, como todas las artes, funciona por comparación con la realidad: uno se ríe de lo que reconoce. Sin un conocimiento previo compartido con su público, es imposible que alguien haga reír. De ahí que encontrara gracioso un sucedido que me contaron de primerísima mano el pasado mes de julio. Ocurrió en un colegio de Lisboa. Un alumno pretendía entrar a deshora y pidió, por favor, a un profesor que le abriera la puerta. El profesor, por enredar un poco, le dijo: «Te abro si me lo pides en inglés». El chaval, muy cortésmente, se plegó al requerimiento: «May you open the door, please?». Viendo que el crío respondía, el profesor quiso darle otra vuelta de tuerca, ya por divertimento: «Bien. Si me lo pides ahora en español, te abro». Y el chaval, con la mayor naturalidad, procedió a elevar el tono de voz y exclamó en correctísimo castellano: «¡Abra la puerta, joder! » (LEER MÁS)

Blasfemia

Escrito por Paco Sánchez
17 de enero de 2015 a las 10:22h

La libertad de expresión es un bien escaso. Apenas existe fuera del mundo occidental o comparece muy limitadita. Y en nuestro ámbito, cada día resulta más penoso ejercitarla so pena de hoguera mediática: ay de quien se aparta de la corrección política -como hemos dado en llamar al pensamiento único- en asuntos relacionados con el sexo o con los sexos, o de quien se atreva a decir que no todas las culturas son igualmente valiosas. No lo matan, lo linchan en las redes y en los medios y puede perder hasta el empleo. Definitivamente, la libertad de expresión no pasa por sus días mejores.

Habrá quien diga que ahora hablamos de cosas de las que antes no se podía hablar porque se consideraban tabúes. En realidad, quizá tratamos en público y groseramente materias que antes comentábamos con idéntica grosería en privado, pero considerábamos impúdico o indelicado darles mayor difusión. La delicadeza engrasa mucho la vida social, pero procede del cultivo de la propia sensibilidad. Solo una persona vulgar o indelicada, por ejemplo, blasfema en público («Blasfemia: 1. f. Palabra injuriosa contra Dios, la Virgen o los santos. 2. f. Palabra gravemente injuriosa contra alguien»).

Defender la libertad de expresión no significa defender la injuria o la indelicadeza, la falta de respeto, aunque nos parezca que no lo merecen, a las convicciones íntimas de los demás. Al contrario, defender la libertad de expresión consiste, precisamente, en luchar por que los demás puedan sostener convicciones que no compartimos o que incluso nos disgustan, y en retener el derecho a intentar persuadirlos de su error con buenas razones, es decir, excluyendo el recurso a la violencia física o moral.

Publicado en La Voz de Galicia, 17.enero.2015

Inflamable

Escrito por Paco Sánchez
10 de enero de 2015 a las 10:26h

Dije en agosto, a propósito del primero, que deberíamos tratar con cuidado los vídeos de las degollaciones del Estado Islámico, porque eran armas de guerra. Después vinieron más decapitaciones con sus respectivos vídeos y las masacres de miles de cristianos en Irak y la matanza de 132 niños en Pakistán y… un crecimiento, progresivo y cada día más preocupante, de la islamofobia en Europa. Recuérdese, por ejemplo, que en vísperas de los acontecimientos de París, el noticiario internacional subrayaba el desbordamiento del odio al islam en Alemania y Francia. Probablemente, justo lo que pretenden los terroristas o sus jefes.

Reducir los crímenes de París a un castigo por haber mancillado la imagen de Mahoma parece una simplificación. Buscaban en realidad la batahola posterior, la que ahora estamos inflamando entre todos, con su incremento proporcional de los niveles de islamofobia. ¿Por qué? Porque aunque el escenario musulmán es un lío en el que todos están enfrentados con todos, la división más importante se asienta entre los moderados y los extremistas. Y todo el mundo sabe cómo convertir en extremista a un moderado: haciendo que se sienta víctima del supuesto enemigo. De modo que, cuanto peor tratemos a los seguidores de Alá, más rápidamente se nutrirán las filas de los extremistas. Y es de justicia advertir que, pese a la brutalidad de sus métodos, están actuando muy eficazmente y con una inteligencia que nada tiene de medieval: es mucho más perversa y antigua o mucho más moderna.

Conviene tratar con mayor prudencia este asunto. No vaya a producirse su sueño dorado: que unos desalmados occidentales ataquen un barrio musulmán o disparen en una mezquita.

Publicado en La Voz de Galicia, 10.enero.2015

Nombres propios

Escrito por Paco Sánchez
5 de enero de 2015 a las 10:48h

Leo siempre a George Friedman con interés y cierta prevención. Con interés, porque sus análisis geoestratégicos y sus previsiones raramente fallan (vaticinó hace cinco años, por ejemplo, que Rusia invadiría Ucrania en torno al 2014). Con prevención, porque sus propuestas, a veces, parecen demasiado cercanas a ciertos intereses. Me sorprendió su reciente análisis sobre los cinco principales acontecimientos del año 2014: el persistente declive de Europa, la crisis Rusia-Ucrania, el desajuste de la economía global, la desintegración del mundo diseñado por Mark Sykes y François Georges-Picot, los diplomáticos que, después de la Primera Guerra Mundial, redibujaron el mapa de la región que va del Mediterráneo a Persia.

A estos cuatro hechos añade Friedman un quinto: el nacimiento de sus nietos Asher y Mira. Reconoce que la importancia de este último elemento es mucho menor, pero lo menciona porque para él tiene una significación enorme y le importa mucho. Concluye que las personas avanzamos así a través de la historia: condicionadas por los acontecimientos, pero luchando nuestras vidas.

La Historia nunca se hace cargo de las historias. Estos días de cambio de año se multiplican las crónicas sobre lo que nos espera en política, en economía, en deportes. En todo menos en nuestra vida, que es sobre la que tenemos verdadera capacidad de decisión, aunque estemos condicionados. Esa crónica hay que escribirla a solas y en primera persona, después de evaluar lo vivido. Quizá, como en el mundo, encontremos algún declive, algún desajuste, algún mapa que se ha ido al garete, pero también muchos motivos de esperanza, cercanos y con nombres propios, como los nietos de Friedman.

Publicado en La Voz de Galicia, 3.enero.2015

Navidad y niños

Escrito por Paco Sánchez
29 de diciembre de 2014 a las 10:41h

Aunque el alumbrado público las anuncia antes, comienzo a percibir la llegada de las fiestas navideñas por la subida brusca del nivel de afabilidad. Primero, en el tráfico: casi desaparecen los bocinazos, los malos gestos, y nos volvemos de pronto comprensivos, pensamos que el otro tiene prisa o que se ha equivocado y que eso le pasa a cualquiera. Y luego, en la calle, en los autobuses y tiendas, en todas partes desaparece la sospecha y la gente mira bien, amablemente. Explica Josef Pieper que la afabilidad nunca puede ser exigida, no es un derecho del otro, pero que sin esta virtud resulta imposible la vida social.

Hablamos, por tanto, de un regalo que hacemos o nos hacen y que produce alegría en quien lo dona y en quien lo recibe. Una alegría contagiosa que se expande veloz como una epidemia. Curiosamente, salvo la artificial, la alegría no podemos fabricárnosla. Dependemos de los otros y de cuánto seamos capaces de ofrecerles. Por eso la alegría es íntima del amor: «Quien no ama a nadie ni a nada no puede tener alegría por muy desesperadamente que la busque, ya que en tal situación adquiere toda su fuerza la tentación de engañarse con el paraíso artificial». Pieper otra vez.

Este es el misterio de la Navidad, que Dios ha querido explicar haciéndose niño, es decir, pequeño, frágil y dependiente: alguien que nada puede ofrecernos, salvo la alegría de verlo y atenderlo. Por eso una Navidad sin Niño o sin niños puede pasar fácilmente de Navidad a francachela. Si perdemos la sensibilidad con los niños, lo perdemos todo, empezando por la alegría. De ahí que Francisco haya dedicado casi entero su mensaje de Navidad a los niños maltratados, explotados, abusados.

Publicado en La Voz de Galicia, 27.diciembre.2014

Buenas noticias

Escrito por Paco Sánchez
21 de diciembre de 2014 a las 10:53h

Cuando el presidente de los Estados Unidos cae por debajo del 37 por ciento en popularidad, no suele recuperarse -históricamente, nunca ha sucedido- y se habla de «presidencia fallida». Si encima pierde el Congreso y el Senado, el presidente en esa situación queda sin capacidad de obrar y suele pretender un hueco en la historia concentrándose en la política exterior. Pero sus interlocutores -previendo un cambio de persona e incluso de partido- tienden a concederle poco crédito o a ningunearlo. Por eso resultan agónicos los finales de las presidencias fallidas. Sin embargo, el acuerdo alcanzado con Cuba puede redimir a Obama. Y no solo por Cuba.
La nueva relación de Estados Unidos con La Habana, de entrada, debilita la posición de Venezuela. El chavismo se sustenta sobre cuatro grandes apoyos: el popular, la producción petrolera, el Ejército y una relación privilegiada con el Gobierno cubano. Los tres primeros andaban ya muy mermados: ni el apoyo popular, desabastecido, se mantiene en los niveles de hace unos años ni el Ejército anda tan unido y la caída del precio del petróleo ha arrasado las cuentas del país. Ahora se desmarca Cuba, incapaz de carburar sin el petróleo que le regalaba Venezuela.Parece que también Maduro ha iniciado gestiones para restablecer las relaciones diplomáticas con Estados Unidos. Confío en que los republicanos no difieran ni impidan el final de ese bloqueo absurdo que solo ha producido sufrimiento. Si todo va bien, millones de personas atrapadas por sus gobiernos en Cuba y en Venezuela, o exiliadas en Estados Unidos, vivirán un cuento de Navidad. Y quizá pueda recuperarse, por primera vez en la historia, una presidencia fallida.

Publicado en La Voz de Galicia, 20.diciembre.2014

Torturas

Escrito por Paco Sánchez
13 de diciembre de 2014 a las 10:27h

Se ha levantado un barullito donde esperaba yo un gigantesco revuelo. También se lo temía la administración Obama, que había reforzado la seguridad en medio mundo. Pero ha quedado todo en un casi nada. En Occidente no nos hemos escandalizado tanto como se podía prever, quizá porque las películas, las series y otros discursos culturales y políticos nos habían acostumbrado a la idea de que la CIA tortura. O porque empezamos a hartarnos de ese acuchillamiento sistemático que nos infligimos. Por su lado, los islamistas fanáticos degolladores de rehenes se ve que tienden a disculpar más fácilmente la tortura que la caricatura. Y los chinos no están para quejarse: sin que se monte siquiera el barullito que ha provocado lo de la CIA, acaban de anunciar que dejarán de utilizar los órganos de los presos para lucrarse con los trasplantes.

Hubiera preferido algo más de jaleo en esta parte del mundo, aunque el origen del informe me parezca oscuro y su publicación, innecesariamente arriesgada. Más jaleo, porque conviene defender sin fisuras la dignidad de todos los hombres. Y la tortura, en cualquier formato, con cualquier fin, envilece tanto al torturador como al torturado. Ni siquiera admitimos esa violencia contra los animales.

Por eso, lo que más me molesta del informe del Senado es su énfasis en que esas prácticas no dieron resultados. Se ha comprobado hace mucho que la tortura como sistema de interrogatorio no ayuda a obtener información confiable, porque el dolor nubla la mente o, para evitarlo, induce a inventar lo que en realidad no se sabe. Pero aunque funcionara, aunque fuera eficaz, no podemos torturar. El drama radica en que ya no nos acordamos de por qué.

Publicado en La Voz de Galicia, 13.diciembre.2014

Relacionado: La normalización de la tortura

Respetarse

Escrito por Paco Sánchez
6 de diciembre de 2014 a las 11:43h

Esta página recogía ayer la historia de dos hombres: uno había perdido el bolso de su mujer, el otro lo había encontrado y se lo había devuelto sin abrirlo. Se trata de un relato refrescante en medio de las noticias, pero no infrecuente. Un día perdí la cartera en Valladolid y me la devolvieron intacta, pese a que llevaba más dinero del normal porque estaba de viaje. Siempre que lo cuento, alguien corresponde con una anécdota similar. En la entrevista de ayer, Alfonso Andrade le preguntaba a Constantino Chao cómo se sentiría si no hubiera devuelto el bolso: «Tendría unos remordimientos enormes. De hecho, lo pasé mal al pensar cómo estaría sufriendo quien lo había perdido». A eso siempre le hemos llamado conciencia.

En el equipamiento humano, la conciencia viene de serie, pero hay que configurarla para que responda bien. Y aun así, requiere mucho mantenimiento o se deforma. Una conciencia auténtica no escuchada termina por callar, si no se pervierte antes. Los dos entrevistados de ayer aluden a esto: «El que devuelve un bolso lo lleva en los genes, aunque también está la educación, lo que aprendemos en casa», decía Antonio Míguez.

La calidad de la conciencia depende del concepto que cada uno tiene de sí mismo y de los demás. Algo a lo que contribuyen muchos elementos culturales. Es difícil, por ejemplo, que un niño o una niña que se han criado viendo pornografía respeten o se hagan respetar. Quien no se respeta se corrompe inevitablemente de mil maneras. También, quien no respeta a los demás, incluso a los que no quieren ser respetados. La conciencia auténtica conserva la sensibilidad, previene el embotamiento. Ahí reside la clave de la lucha contra la corrupción.

Publicado en La Voz de Galicia, 6.diciembre.2014