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Down

Escrito por Paco Sánchez
21 de marzo de 2015 a las 9:26h

Un mundo sin ellos sería infinitamente peor: menos alegre, menos generoso, menos abierto y espontáneo, menos sincero, menos humano, porque solo ellos son capaces de aportar semejantes torrenteras de alegría, generosidad, sencillez y, sobre todo, cariño, que nos hacen más humanos, muy especialmente a sus seres más próximos: sus padres y hermanos, sus abuelos, sus tíos, sus profesores, sus colegas de trabajo, sus amigos. A veces pienso que si algunos tienen miedo al síndrome de Down es porque no conocen a nadie que haya nacido con ese cromosoma de más o porque tienen miedo a la propia felicidad.

Saber querer es, me parece, la asignatura pendiente de nuestro tiempo. Y por eso los necesitamos tanto: porque saben querer como nadie y porque se hacen querer. De algún modo, te obligan a quererles y, al hacerlo, aprendes a querer a todo el mundo. No es solo que propendan al abrazo, al achuche, al besuqueo, sino que te desconciertan con sus continuas atenciones, con su agradecimiento profundísimo -no son de los que se creen con derecho a todo- y con su fragilidad indisimulada que, a veces, puede parecer chulería. Recuerdo haberle dicho a un amigo de mi hermano que tenía que adelgazar, que estaba muy gordo. Lo reconoció de inmediato, pero añadió: «Pero oye, que ya he adelgazado, eh». Y sacó de su cartera una tarjetita en la que apuntaba los pesajes: «Mira, ¡he bajado 100 gramos!».

Son maestros de humanidad, personas imprescindibles que actúan como poderosas centrales generadoras de afecto en las familias -siempre más unidas si están ellos-, en el trabajo, en la vida social. Me uno muy contento al Día Mundial del Síndrome de Down que se celebra hoy. Debería ser festivo.

La Voz de Galicia, 21.marzo.2015

Lo nuevo

Escrito por Paco Sánchez
14 de marzo de 2015 a las 10:18h

En la política española, mirado con perspectiva, lo que aparece como nuevo es más viejo que la pana, y lo que se considera ahora viejo resulta que es de ayer mismo. Lo viejo son casi dos siglos de gobiernos frágiles e inseguros, de pocos meses, que gastaban todas sus energías en la lucha por mantenerse, salvo en los paréntesis largos de las dictaduras, e incluyendo las dos repúblicas y los primeros gobiernos de Suárez. Lo nuevo acontece después de la primera victoria de Felipe González, que inaugura treinta y cinco años de gobiernos estables, capaces de hacer cumplir la tan citada profecía de Alfonso Guerra: «A este país no le va a conocer ni la madre que lo parió». Es decir, treinta y cinco años de gobiernos democráticos que, bien o mal, gobernaron. Treinta y cinco años de estabilidad.

No había caído en la cuenta de esa endeblez endémica de nuestros gobiernos hasta que leí hace unos días el artículo del profesor Higinio Marín «Lo nuevo y lo castizo (de casta)». Describe lo anterior con más detalle y concluye: «Con sus lacras, los últimos treinta y cinco años han supuesto en el conjunto de la historia moderna y contemporánea el episodio de convivencia cívica y prosperidad general más meritorio, digno y ennoblecedor. Los logros comunes implicaron casi siempre moderación, renuncias y balances equilibrados entre ideología y convivencia. Lo castizo en España ha sido y vuelve a ser hacerse políticamente incapaz de esa templanza».

Conviene recuperar la política sin ingenuidades utópicas ni adanismos ridículos: «No hay hombres o políticos nuevos sin las debilidades de los anteriores. La historia nunca empieza con uno mismo ni es irrelevante lo que se hizo bien».

La Voz de Galicia, 14.marzo.2015

Sin trampitas

Escrito por Paco Sánchez
7 de marzo de 2015 a las 10:08h

Me parece oportuno debatir sobre la conveniencia de las clases de religión en las escuelas. En general, me parece que debemos debatir más sobre muchos asuntos: eso nos enriquece personalmente y fortalece la democracia. Lo contrario deviene en tiranía. La cháchara, es decir, el debate sin rigor, sin lógica y sin datos, produce efectos todavía más nefastos: engendra una convivencia social polarizada -dividida en buenos y malos- que a la postre degenera en una violencia más o menos intensa y explícita.

Adelanto que no diré mi opinión hoy sobre la presencia de la asignatura de religión en el currículo escolar. Se aparta de lo que algunos esperarían. Pero sí confieso mi extrañeza al leer en el editorial de un reputado diario que los contenidos de la asignatura se oponen a las verdades científicas sobre el origen del mundo. La teoría del big-bang fue formulada por el sacerdote belga Georges Lemaitre y en nada se opone a la creación. En otro medio, un conocido ensayista se escandalizaba de que la materia estuviera organizada en torno a la salvación del pecado que Cristo nos ganó en la Cruz. Es decir, se quejaba de que discurriera en torno a un misterio central de la fe cristiana. No sé cómo podría obviarlo. Asuntos menores: la denuncia de que la asignatura sea evaluable, obviando de paso que se trata de una optativa. Si el alumno no la elige, no se le evalúa. Si la estudia, tiene derecho a ser evaluado y a que forme parte de su expediente. Y por cierto, de la cacareada obligación de rezar en clase, no hay rastros en el currículo publicado.

Conviene debatir este asunto, pero con un mínimo de altura intelectual y sin trampitas. Si no, todos saldremos perdiendo.

La Voz de Galicia, 7.marzo.2015

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Verdades y mentiras sobre la clase de Religión

Idealistas

Escrito por Paco Sánchez
28 de febrero de 2015 a las 10:25h

rios artículos intentan explicar esta semana por qué el yihadismo exhibe la asombrosa capacidad de entusiasmar y reclutar a miles de jóvenes occidentales, musulmanes en su mayoría, pero también algunos conversos. Matanzas y decapitaciones, secuestros y torturas, todo el despliegue de crueldad sobre el terreno y en Internet atraen con fuerza a unos chavales y chavalas que, teóricamente, viven en una sociedad más humana y avanzada, más compasiva. Los articulistas se preguntan cómo es posible: por qué estos chicos prefieren la brutalidad al refinamiento de la cultura occidental.

La respuesta fácil, que se trata de menores con poco entendimiento y fáciles para las demoníacos encantos de la propaganda yihadista, no se sostiene: parece que en su mayoría responden a perfiles de carácter y capacidad por encima de la media. Simplemente, han optado por la subcultura más cercana entre las muchas subculturas nihilistas que abrazan sus iguales, también en Internet.

Desde enfoques y bases antropológicas distintas, los articulistas concuerdan en la misma causa: la incapacidad de nuestra cultura para ofrecer a los jóvenes sentido, que es lo que más necesitan, algo por lo que valga la pena luchar y sacrificarse, una noción del bien. La mística del consumo proporciona exactamente lo contrario. Otros apuntan también que el multiculturalismo cerril ha disuelto cualquier pretensión moral. Si todo debe ser respetado, todo vale. De ahí que el vídeo de una decapitación pueda resultar ominoso para unos chicos e inspirador para otros.

No habría que culpar a los yihadistas, concluyen, sino a esta sociedad sin coraje, incapaz de alentar ideales que llenen de sentido toda una vida.

Publicado en La Voz de Galicia, 28.febrero.2015

Democracia menguante

Escrito por Paco Sánchez
21 de febrero de 2015 a las 9:48h

Una vez le preguntaron a Gandhi qué pensaba de la civilización occidental. Respondió: «¿Civilización occidental? Sería una buena idea». Hoy no resulta tan gracioso. Hemos pasado de un tiempo en el que Estados Unidos parecía poder arreglarlo todo a otro en que nadie quiere arreglar nada. Un tiempo sin coraje. Da igual que Putin se coma a bocados Ucrania saltándose a la torera todas las leyes internacionales o que Boko Haram y el Estado Islámico degüellen de uno en uno, de quince en quince o que martiricen a miles de cristianos en Nigeria o en Irak; da igual que Turquía vuelva a la condición de régimen autoritario, que el Egipto actual sea peor que el de Mubarak o que Maduro detenga porque le da la gana a sus opositores políticos. Sin contar, por supuesto, las barbaridades del régimen chino. ¿Cómo responden Estados Unidos y Europa? Con enérgicas protestitas perfectamente medidas y alguna sanción económica tibia.

Esto explica el resurgir del autoritarismo en el mundo. Después de 30 años de expansión, la democracia pierde presencia en el mapa, según un estudio recién publicado por el profesor Larry Diamond, experto en la materia de la Universidad de Standford. Otro tanto ocurre con los indicadores de libertad, menos en los países occidentales. Los dictadores viven más sueltos.

Diamond lo atribuye a los malos índices de buen gobierno, transparencia y corrupción -peores en todas las áreas del mundo- y a la falta de energía de las democracias occidentales, polarizadas y políticamente bloqueadas. Como si desde el fin de la guerra fría nos hubiéramos quedado sin política y sin políticos, sin más ideales que el consumo, sin energía más que para protestar por lo nuestro.

Publicado en La Voz de Galicia, 21.febrero.2015

San Valentín

Escrito por Paco Sánchez
14 de febrero de 2015 a las 12:37h

No pensaba farfullar ni media línea sobre las sombras esas del tal Grey. Primero, porque no escribo sobre libros que no he leído (y en este caso) ni leeré. Segundo, porque tampoco escribo sobre películas que no he visto (y en este caso) ni veré. Y tercero, porque la crítica negativa no impidió, sino que más bien disparó las ventas millonarias de esos libros y las preventas increíbles de la película. Si, pese a lo dicho, llevo ya todo un párrafo, culpen al miedo. Eso es: escribo por miedo.

No me asusta la vulgaridad, que me parece poco menos que inevitable. Ni me asusta que hurgar en ella se haya convertido en uno de los negocios más rentables del planeta. Me asusta que la vulgaridad se haya extendido tanto que ya no se la reconozca como tal, y que los más jóvenes piensen que se trata de un estándar digno de imitación. En este caso, la Universal recuperará en un fin de semana los millones de dólares invertidos en la peliculita y en su promoción, sin preocuparse del daño seguro que producirá, especialmente entre los adolescentes, al legitimar el acoso, el sometimiento y otras formas de agresión sexual. Me asusta también la contradicción: todo un discurso contra la creciente violencia machista, carísimas campañas institucionales, declaraciones y manifiestos se demuestran ahora falsos o hipócritas ante la escasa contestación.

Pero lo que realmente me ha llevado a completar esta columna es que se presente como un regalo de San Valentín. El pobre santo siempre se ha visto rodeado de cursilerías y horteradas, comprensibles en los enamorados. Pero esto es otra cosa. Porque nada puede provocar tanta infelicidad como una falsa idea del amor. Eso sí que da mucho miedo.

Publicado en La Voz de Galicia, 14.febrero.2015

Otro modelo

Escrito por Paco Sánchez
7 de febrero de 2015 a las 10:25h

Da igual que las carreras se estructuren en tres o veinte años, porque la Universidad está muerta. No solo en España. Pero aquí, además, se comporta como un agujero negro que succiona, para nada, ingentes recursos. Eso sí, preferiría que Wert no enredara con tonterías y, si quiere hacer algo valioso, que empiece por replantear el modelo entero: el que sustituirá la Universidad dentro de unos años.

La Universidad ha perdido el norte tanto en sus contenidos como en su estilo. En los contenidos, porque ha abandonado las humanidades y la ciencia (la teoría) en favor de la mera técnica (la práctica), de modo que se ha convertido en una especie de formación profesional de menos calidad que la auténtica formación profesional. En el estilo, porque se ha politizado: lo que prima, entre los profesores, no es la discusión educada en torno al conocimiento o la verdad, sino el control de parcelas de poder a menudo ridículas. Y ni a los alumnos ni a los profesores les quedan horas, entre tanto trabajito absurdo y tantas clases, para gastar una tarde en el bar discutiendo. Del tiempo para leer y estudiar, ni hablamos.

Consecuencias: de jardín de la libertad del pensamiento y la originalidad, ha devenido en labrantío obtuso y violento del discurso dominante, que luego se traslada sin crítica -la Universidad era el lugar de la crítica- al resto de la sociedad. La investigación se desarrolla cada vez más en empresas o instituciones no universitarias. Y hay que cambiar los planes de estudios cada poco -con los mismos profesores, claro-, porque, como las técnicas envejecen deprisa, la universidad siempre va por detrás. Piensan que consiste en eso «acercarse al mercado laboral».

Publicado en La voz de Galicia, 7.febrero.2015

El post que resucita todos los 2 de febrero

Escrito por Paco Sánchez
2 de febrero de 2015 a las 13:59h

La marmota y la candelaria

Realizador

Escrito por Paco Sánchez
31 de enero de 2015 a las 10:23h

Pensamos cada vez con menos palabras y con más imágenes, porque miramos mucho más que leemos. En parte, porque nos resulta menos trabajoso. Un buen libro exige mucha atención y de mayor calidad que la que demanda, por ejemplo, una buena serie de televisión. Algo sabido y muy comentado ya. El problema radica en las consecuencias de leer poco o nada, que es el caso de un porcentaje elevadísimo de los españoles, según la última encuesta del CIS. Si la imagen sustituye a la palabra, terminamos pensando sin conceptos. Es decir, terminamos no pensando. Nuestros prejuicios, por otra parte imprescindibles, se ahorman a partir de lo que hemos visto o hemos creído ver. Puede que nuestra idea de lo bueno o de lo malo, de lo bello o de lo justo sea una imagen que quizá hemos visto en una serie o en varias películas. O en la escuela, cada día más audiovisual, como alertaba hace años Giovanni Sartori.

Cuando la imagen sustituye el concepto, nuestra libertad de pensamiento y nuestras decisiones posteriores quedan en manos del realizador y del guionista. Por eso a veces no sabemos por qué pensamos una cosa o por qué decidimos hacer tal otra. Los prejuicios se tornan feroces e indestructibles, porque no hay modo de revisarlos, nos faltan herramientas intelectuales. Y en caso de que choquen con la realidad, peor para ella. Crece entonces la vulgaridad: el mundo se puebla de supuestos excéntricos clonados en masa, copiados de la imagen en boga. Catalogamos sumariamente ideas y personas en progres y carcas, como lamentaba anteayer Adela Cortina, y arruinamos cualquier posibilidad de diálogo.

Dejar de leer y dejarnos manipular es casi lo mismo. Sobre todo, si nunca cambiamos de canal.

Publicado en La Voz de Galicia, 31.enero.2015

Lo del PP

Escrito por Paco Sánchez
24 de enero de 2015 a las 9:53h

Después de muchos meses sin atreverse ni a mentarlo, algunos comentaristas incluyen la retirada de la ley del aborto en la lista de causas que han precipitado al abismo el voto del PP. Eso sí, lo añaden tímidamente y al final, como si fuera menos importante. Se equivocan. Como yerran al considerar que el problema solo preocupa al «votante tradicional del PP». De hecho, el desplome de la intención de voto al PP se produjo coincidiendo con la retirada de la ley y, por supuesto, hay muchísima gente fuera del «voto tradicional» y del propio PP que está en contra del aborto y de la ley actual que lo regula. Por eso tiene gracia lo de sacar a Aznar a la palestra.

Los estrategas populares, después de haber gestionado de la peor manera concebible el proceso de la fallida ley, parecen reconocer que han perdido «voto tradicional» y ya no confían en que esa gente los elija porque no tengan otro remedio: quizá no votarán a otros, piensan, pero existe un riesgo cierto de que se queden en casa. Y con un error de juicio notable, consideran que los movilizarán echándoles a Aznar, al que escondían hasta hace dos semanas. Creen que Aznar representa a ese «votante tradicional» y que puede agitarlo. Lo dudo. Aznar quizá consiga rescatar cierto «voto tradicional», pero nada hizo para impedir la sangría de abortos, estabilizada ahora a unos niveles altísimos. Y desde luego, no servirá para pescar a esos votantes contrarios al aborto y, a la vez, muy ajenos al «votante tradicional» del PP.

La política que prescinde de los principios ni siquiera es capaz de ponderar qué significan para la gente. Y entonces, pierde. Que le pregunten a Dilma. Siempre les quedará el miedo a Podemos.

Publicado en La Voz de Galicia, 24.enero.2015