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Primera procesión

Escrito por Paco Sánchez
12 de abril de 2014 a las 8:58h

Hasta hace tres o cuatro años, no me gustaban las procesiones de Semana Santa. Sentía respeto por su significado religioso y cultural, pero no las entendía: ni las castellanas, que me dejaron frío, ni la madrugá sevillana, que me produjo jaqueca. Pasé del respeto a la defensa cuando el discurso dominante empezó a acusarlas de atentar contra la pluralidad religiosa y el Estado laico o a pintarlas como un molesto botellón místico. Pero las defendía porque los argumentos en contra me parecían insidiosos.

Luego caí en la cuenta de que quienes recibieron a Jesús con hosannas y ramos el domingo no fueron los mismos que lo crucificaron el viernes. Los del domingo le acompañaban desde Galilea y le conocían, le habían escuchado lo de amar a los enemigos y poner la otra mejilla, le habían visto curar enfermos y perdonar pecadoras, habían sido testigos de su risa, de su llanto, de su sed. Habían sentido su mirada y la habían seguido. Estarían entre la turba que el viernes prefirió a Barrabás y pidió la crucifixión de Jesús, pero eran minoría: Jesús apenas había predicado en Jerusalén y, además, la ciudad estaba repleta de judíos procedentes de todo el mundo. Esos fueron los que, manipulados por el poder religioso y ante la cobardía del político, sin conocerlo, gritaron: ¡Crucifícale!

Después, sus amigos asistieron con dolor indescriptible a la primera procesión, la que terminó en el Calvario, la que las de ahora recuerdan. Cuando pasa una, me meto en la piel de aquella minoría absoluta aplastada por una muchedumbre que, sintiéndose justa, insultaba y escupía al más amable de los hombres. Y entiendo algo.

Publicado en La Voz de Galicia, 12.abril.2014

Sofisticados

Escrito por Paco Sánchez
5 de abril de 2014 a las 8:57h

Raramente leo novedades editoriales. No tengo prisa para perder el tiempo. Solo me animo con títulos recomendados por personas de cuyo criterio me fío. Así me llegó La cena, del holandés Herman Koch, una historia que no va de lo que parece. Quizá el autor tampoco sabía lo que estaba escribiendo, algo que hablaría muy bien de su honestidad literaria: sospecho del novelista que tiene demasiado claro su mensaje.

El argumento caracteriza lentamente a sus actores, de modo que solo al final los conocemos del todo. Koch juega con el lector, lo acerca y lo aleja de los protagonistas, con los que resulta fácil simpatizar: cultos, modernos, críticos de casi todo desde una visión acerada que el lector puede compartir, hacen ostentación permanente de una sencillez que, en realidad, resulta en sofisticación, como esos despeinados que requieren muchas horas de peluquería. Un retrato preciso de cierta clase de individuos que proliferan en la espuma intelectual y no tan intelectual de nuestros días, gente que en el fondo desprecia o ignora su cultura y se construye un montaje paralelo detrás del cual apenas queda nada, salvo la mera ironía y la crítica como sistema.

O peor, quedan solo instintos, que aun siendo muy naturales y, por tanto, buenos -me refiero, por ejemplo, al instinto paterno o materno-, degeneran en simple brutalidad si se los priva de una mínima solidez moral. Koch presenta el problema del proceso de embrutecimiento disimulado por el envoltorio llamativo de un refinamiento aparente, de una elegancia impostada. El final de La cena produce esa perplejidad tan propia de quien rechaza las consecuencias sin reconocer las causas.

Publicado en La Voz de Galicia, 5.abril.2014

Principios e intereses

Escrito por Paco Sánchez
31 de marzo de 2014 a las 12:35h

De los muchos textos publicados sobre Adolfo Suárez, me quedo con la reimpresión de la entrevista que le hizo Josefina Martínez del Álamo en 1980 para Abc, aunque no se publicó hasta casi treinta años después, porque los asesores del presidente la consideraron demasiado sincera y, por tanto, inconveniente. En esa conversación, mantenida en un hotel peruano a la una de la madrugada y después de una cena de estado, Suárez comparece con la guardia baja y dice lo que piensa. Permite mucha glosa, pero me detuve en una afirmación: “Intenté conciliar los intereses con los principios, y en caso de duda, me quedé con los principios”. No sé si la frase se entiende hoy, porque confundimos continuamente intereses y principios, convertimos las conveniencias particulares e inmediatas en normas o ideas que rigen el pensamiento o la conducta, según la definición del diccionario para ‘principios’. De manera que nuestro obrar resulta a menudo variable e incluso contradictorio. Robamos solo esta vez para asegurar el futuro de los hijos. Chalaneamos con la dignidad humana, pero solo para ganar las elecciones. Terminamos vendiendo a nuestra madre y pretendiendo que se trata de un derecho, por supuesto sentimental, para que no precise justificación y para poder indignarnos, como niños malcriados, si se nos pide esfuerzo o responsabilidad. Ayer Obama, tras la entrevista con el Papa, se manifestó “extremadamente conmovido por sus comentarios sobre la importancia de que tengamos una perspectiva moral sobre los problemas del mundo, en lugar de abordarlos en los términos estrechos de nuestro propio interés”. Habría que recuperar cuanto antes aquella tensión entre intereses y principios. Por el bien de todos.

Publicado en La Voz de Galicia, 29.marzo.2014

Lecciones de Putin

Escrito por Paco Sánchez
23 de marzo de 2014 a las 19:24h

Como diría un amigo, el presidente Putin es un santo de mi no devoción, pero debo reconocerle algunas cosas: recibió un país atrasado, con unos territorios al borde de la desintegración, descartable y descartado en la escena política internacional y ha conseguido devolverle la apariencia y el orgullo de potencia que tenía en la guerra fría. De ahí sus índices de popularidad, que contrastan vivamente con los de los líderes del Oeste.

Desde luego, los medios que emplea y los principios desde los que opera están muy lejos de pasar una reválida ética, pero le han bastado para poner en evidencia a los dirigentes occidentales, que, comparados con él, no solo parecen débiles, sino aficionados incompetentes. Los lógicos movimientos de Putin sobre Ucrania -y no digamos sobre Crimea- eran esperables y los expertos los previeron hace años. Sin embargo, se le facilitaron. Putin ha ganado la partida: Crimea no volverá a Ucrania y el paripé de sanciones ridículas sirve para confirmárselo. Sabe que el mundo del dinero americano y europeo no admitirá que se le pidan sacrificios, aparte de que, por supuesto, ni se puedan tocar los capitales o las sociedades que los rusos tienen en Suiza. Así que Putin ha convertido nuestra supremacía económica en debilidad, y su supremacía energética, en nuestra dependencia: los gorditos del patio atemorizados por el macarra, al que consienten todo con tal de que no les quite el bocadillo.

Venimos haciendo lo mismo desde hace años con China, una potencia real. Cuando la política se guía solo por intereses comerciales y aparca los principios morales, termina primero con el coraje y luego… con todo.

Publicado en La Voz de Galicia, 22.marzo.2014

Paradojas feas

Escrito por Paco Sánchez
16 de marzo de 2014 a las 21:24h

La lluvia en São Paulo cae como si en vez de gotas llovieran baldes de agua. En apenas unos minutos las calles se inundan y el tráfico aterrador de esa ciudad inmensa se detiene en atascos que pueden alcanzar cientos de kilómetros. Me ocurrió el miércoles, justo cuando me iba hacia el aeropuerto. Me salvaron la pericia de un taxista amigo y el haber salido con bastante anticipación. Gracias a eso, callejeamos por el Braz, un barrio atestado de tiendas de tejidos al por mayor. Me impresionó y caí en la cuenta de que los mercados que más me interesan y en los que más aprendo -voy a los mercados para aprender- son aquellos en los que nunca compraría nada. También me había ocurrido tres días antes, al llegar, en un centro comercial en el que lo más barato, cafés aparte, era una corbata de doscientos euros. No diré marcas, pero jamás había visto juntas aquellas tiendas, salvo en un centro comercial parecido que encontré en Beirut, destinado casi exclusivamente a jeques árabes.

Esas paradojas, quizá contradicciones, de Brasil.

Como las de aquí: nada más aterrizar, me encontré en la web del periódico dos noticias pegadas: una hablaba de la preocupación por el problema creciente de obesidad infantil y la otra de que cada día hay más niños que van al colegio sin desayunar o sin nada para la merienda. Ciertamente, una y otra situación responden a razones bastante distintas, pero no dejan de resultar paradójicas, quizá contradictorias, porque ambas tienen que ver con cómo se cuida o descuida a los niños. La paradoja es bonita, pero la contradicción, feísima. Insoportable.

Publicado en La Voz de Galicia, 15.marzo.2014

Otra crisis mal contada

Escrito por Paco Sánchez
1 de marzo de 2014 a las 10:05h

Si preguntáramos a un ciudadano cualquiera qué ocurre en Ucrania y por qué, las respuestas variarían desde un amplio «no sé» hasta una historia en blanco y negro, sin matices, sobre el dictador Yanukóvich que fue desplazado del poder por su pueblo, pese a una sangrienta represión. Pocos sabrán que el presidente ucraniano había sido legítimamente elegido en las urnas y, por lo tanto, ilegítimamente depuesto; que en las refriegas murieron casi tantos policías como opositores; que estaba en juego una alianza precaria con la UE, sin apoyo económico de Europa, que pondría en peligro sus exportaciones industriales a Rusia y dejaría temblando el país; o que Putin es más cercano a Timoshenko -la opositora excarcelada- que al propio Yanukóvich, etc.

La disrupción tecnológica de lo digital, sin duda, es importante en la crisis que atraviesa la industria de la comunicación. Pero el principal problema sigue siendo que no se hace periodismo de calidad suficiente. Como consecuencia, la gente no lo necesita para vivir: para ser más libres y poder tomar decisiones gracias a un buen conocimiento de los hechos. Ya ocurrió con Siria -tampoco sabíamos por qué debería importarnos- y con casi todos los países de la llamada primavera árabe: la narrativa se resumió en el reconocible esquema del dictador contra su pueblo, tan fácil de contar en su simplificación como insuficiente para dar cuenta de la complejidad real y formarse criterio. También a menudo sucede lo contrario: los ciudadanos no quieren saber y los medios callan para no incomodar. Otra equivocación, porque el lector agradece que la realidad le interpele e incomode. Por eso y para eso es lector.

Publicado en La Voz de Galicia, 1.marzo.2014

Más ingenieros

Escrito por Paco Sánchez
22 de febrero de 2014 a las 11:22h

Me dicen que un muy conocido personaje del mundo empresarial de este país se quejó en un acto público de que haya gente que estudie filosofía o historia con la necesidad que tenemos de ingenieros. Como en las reseñas de prensa no he podido encontrar, no ya las palabras literales, sino cualquier referencia a que haya dicho algo parecido, prefiero evitar la mención expresa del orador en cuestión, que por supuesto es ingeniero y se ve que añora un mundo de ingenieros o, más en general, de técnicos. Yo no quiero imaginar siquiera una civilización así. Solo pensarlo me da pánico.

Lo malo es que esta opinión -la de que hay que estudiar ingeniería o carreras prácticas- está más extendida de lo que parece y no solo por motivos de empleo o de fortuna, sino por la creencia equivocada en que la universidad debe ceñirse a las necesidades del tejido empresarial y dedicar sus mejores esfuerzos y los mayores medios a los estudios de esas características y no a gentecilla que se ocupa de la lengua, la historia, el arte, la política o, en el colmo de las aberraciones, hurga en idiomas antiguos y muertos. Aparte de que nuestras mayores fuentes de riqueza residen justamente ahí, en nuestra lengua, nuestro arte y nuestra historia, necesitamos pensar lo que hacemos y no solo hacer.

Me entristece más cuando se argumenta así desde el mundo universitario, porque una universidad sin una dotación importante de humanidades y ciencias básicas, aun sin demanda para los grados correspondientes, precisa profesores e investigadores en esas áreas o deja de ser universidad y deviene en mera formación profesional.

Publicado en La Voz de Galicia, 22.febrero.2014

Fuego amigo

Escrito por Paco Sánchez
15 de febrero de 2014 a las 9:43h

Nicholas Kristof, columnista del New York Times, publicó anteayer esta historia en primera persona: un matrimonio le cuenta que su hija de 15 años desapareció en noviembre y temen que esté en manos de traficantes sexuales. Kristof les pregunta si han mirado en una conocida página de contactos, pero no tenían noticia. Kristoff abre su portátil y encuentra a la niña en dos minutos. Lo ocurrido deja en mal lugar a mucha gente, empezando por la policía. Según el columnista, un millón y medio de jóvenes al año desaparecen de sus casas en Estados Unidos, y se estima que como mínimo cien mil caen atrapados en las redes del tráfico sexual. Kristof pide que se le de al problema prioridad nacional.

Un desastre de tal escala no es posible sin la connivencia de muchos implicados: desde los clientes hasta las autoridades más altas, pasando por la policía. Pero parece que este no es un mundo para niños. Esta misma semana se aprobó la eutanasia infantil en Bélgica, el país en que años atrás se descubrió la mayor red de pedofilia europea. Vistos los abusos de la eutanasia en Holanda, denunciados incluso por sus partidarios, los niños belgas enfermos tienen derecho a asustarse. Como algunas feministas radicales que ahora descubren atónitas que por las rendijas de las leyes abortistas se cuela también la selección de hijos en función del sexo. Es decir, sirven para deshacerse de las niñas: una práctica común en China e India que ya se ha introducido en Europa. El mal produce efectos incontrolables y a menudo se comporta como el fuego amigo en las guerras: mata a los tuyos.

Publicado en La Voz de Galicia, 15.febrero.2014  

Hijos e impuestos

Escrito por Paco Sánchez
8 de febrero de 2014 a las 10:07h

Me disponía a dar la bienvenida en esta columna a las medidas que, según filtraciones de estos días, prepara Hacienda para mejorar el tratamiento fiscal de las familias con hijos, y que empezarían por aumentar el mínimo exento en proporción al número de retoños. Me parecía una idea justa y coherente. Busqué más información en la web de un diario económico que ayer dedicaba a esta noticia su editorial y la primera página: «España, uno de los países con menos ayudas fiscales por tener hijos». Leí también los comentarios y, donde pensaba encontrar manifestaciones de alegría, tropecé con frases del siguiente tenor: «Los hijos no son una enfermedad sobrevenida, se tienen porque se quieren tener [...]. Es absurdo que unos ciudadanos paguen los hijos de otros [...] no tienen por qué tener un trato especial en el IRPF, ni en ningún otro concepto [...]. Tal y como está el panorama en España y en el mundo [...] más bien los que tendrían que pagar un impuesto especial por hijo son aquellos que los tienen».

Había más lindezas de este estilo y peores, pero las transcritas bastaron para entristecerme un momento: no solo me parecían poco inteligentes, quizá necias, sino insolidarias. Poco inteligentes, porque esos hijos de los otros pagarán nuestras pensiones o no podremos jubilarnos. Insolidarias, porque tal rebaja en el IRPF solo asegura que las familias con más hijos y coraje no tendrán que aportar de aquello que necesitan para sobrevivir. Dice el jerezano José Mateos en su libro Silencios escogidos que «las ideas de mala calidad pesan poco y por eso viajan más». El problema estriba en que producen consecuencias terribles.

Publicado en La Voz de Galicia, 8.febrero.2014

Desigualdad y pobreza

Escrito por Paco Sánchez
1 de febrero de 2014 a las 10:27h

La conciencia de una creciente desigualdad se agudizó en España al conocerse la evolución al alza, durante la crisis, de los sueldos de los directivos. Hemos tardado en darnos cuenta: jamás se había producido una brecha entre ricos y pobres como la actual. La solución suele resumirse en que hay que redistribuir mejor, subir los impuestos a los ricos e invertir más en las escuelas. Ojalá fuera tan fácil. Se obvian factores culturales más decisivos y difíciles de corregir. El problema ha ganado actualidad en Estados Unidos a raíz del discurso sobre el estado de la nación y de un exhaustivo estudio de Harvard sobre la movilidad social. El famoso sueño americano corre peligro porque los índices de movilidad, las posibilidades de mejor fortuna, se han estancado.

La investigación concluye con datos abrumadores que el factor más determinante de progreso social es la estructura familiar: los hijos de padres casados mejoran con más facilidad que los que proceden de familias desestructuradas o monoparentales. Esto ya lo habían advertido otros estudios. La novedad que aporta Harvard radica en que, además, en las comunidades en las que predominan los matrimonios, también se incrementan las posibilidades de progreso para los hijos de familias monoparentales o menos estables.

Muy por detrás de la estructura familiar y por este orden, aparecen cuatro factores: segregación racial o económica (la integración facilita mucho salir de la pobreza, mientras que los guetos la perpetúan), la calidad de las escuelas, el capital social (mayores niveles de religiosidad, compromiso cívico y participación electoral, por ejemplo, predicen mayor probabilidad de éxito), y la desigualdad económica, en quinto lugar, con una incidencia débil.

Publicado en La Voz de Galicia, 31.enero.2014

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