La idea de que el sistema sanitario es insostenible se repite con insistencia creciente desde mucho antes de la crisis y parece que responde a la realidad. Hasta ahora consideraba que podría tratarse de un mero problema de gestión, de introducir racionalidad en los recursos, pero desde hace un tiempo se me dio por pensar que utilizamos el sistema de salud para financiar un modo de vida a menudo arriesgado. Así como antes pedíamos créditos para ir de vacaciones, ahora aceptamos el botellón porque confiamos en el servicio de urgencias. Por casualidad, esta semana di con unos datos que avalan la hipótesis.
Por lo visto, ya en 1974 se establecieron cuatro determinantes básicos para la salud de la población: el biogenético (carga genética, envejecimiento, etcétera), el ambiental (contaminación física, química, biológica, social y cultural), los estilos de vida y conductas de salud (drogas, sedentarismo, nutrición, violencia, estrés) y el sistema sanitario (hospitales, práctica médica, enfermería, etcétera). Se identificaron como decisivos los estilos de vida, con una aportación del 43 % a la reducción de la mortalidad, mientras que el sistema sanitario se quedaba en apenas un 11. En Estados Unidos, ya en 1976, el sistema sanitario se llevaba el 90 % del gasto, frente a un magro 1,6 % en los estilos de vida.
No se cómo quedaría la foto hoy en España, pero me temo que no se aleja gran cosa de ese escenario: financiamos nuestro modo de vivir con gasto médico y farmacéutico para combatir, ya desde la infancia, los efectos de la hipertensión, la obesidad o el colesterol, por ejemplo.
Publicado en La Voz de Galicia, 15.junio.2013
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En los últimos meses no hacen más que pasarme cosas raras que atribuía a un suceso de salud acontecido en enero. Pero continúan, y resulta cada vez más complicado vincularlas con la cardiología. La última consiste en que he dejado de entender los periódicos. Literalmente. Salvo este en el que escribo, no sé de qué van. Hablan para otros, sobre cosas que me importan un bledo. Y si hablan para mí, me toman por tonto.
No es del todo nuevo. Siempre me ha sucedido en alguna medida. Lo nuevo es el descaro y la chapuza. Por ejemplo, un diario de derechas dice que en la asignatura alternativa a Religión se impartirán los valores de las víctimas del terrorismo. Me asusto. Leo la noticia como un bobo y no hay más que aire, la nada a doble página.
Cojo el flamante periódico de izquierdas, tan serio él, y leo en otra doble página un titulillo sobre el Gobierno Obama, según el cual, textualmente, este Gabinete prima las libertades individuales sobre el uso de la fuerza.
Y en la página de al lado, a cinco columnas, con tono de escándalo: «Espionaje telefónico masivo en EE.UU.». Ordenado por el Gobierno, claro. No sé si incluían ahí los pinchazos a periodistas descubiertos hace semanas. Si añadimos la cosita esa de los drones, en la que Obama es campeón, porque el nobel de la paz ha aprobado más misiones asesinas que ningún otro presidente…
En fin, casi prefiero el periódico de Lendoiro, en el que el Deportivo ni siquiera ha bajado del todo a Segunda. Quien parece haber bajado a Segunda es el periodismo, me temo.
Publicado en La Voz de Galicia, 8.junio.2013
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Hay carreteras por las que pasas mucho, quizá todos los días, y te acostumbras. Acostumbrarse tiene algo de bueno y bastante de malo, porque significa acomodarse, encontrarse confortable con algo o con alguien, y eso está bien. Pero una preposición muestra nítida la diferencia entre hacer las cosas de costumbre y hacer las cosas por costumbre. Lo hecho solo por costumbre deja de verse, de percibirse, de sentirse.
Me di cuenta ayer al volver al periódico después de presenciar en Acea de Ama los ensayos de la Fiesta Voz Natura que se celebra hoy. Me equivoqué de camino y, por costumbre, emboqué en automático un recorrido innecesariamente largo. Ya en él, me dejé ir, pero se me ocurrió de repente una idea para acortarlo y, además de equivocarme de nuevo, me perdí. Gran suerte, porque pude transitar por pistas desconocidas en territorio conocido. Conducía algo atontado y enseguida me espabilé, no solo porque tenía que reencontrar el camino, sino también porque estaba viendo los paisajes de siempre desde otra perspectiva, mucho más amena y enriquecedora, diferente. Hice incluso un par de descubrimientos, pese a que el itinerario discurría casi en paralelo al habitual, apenas cien metros más arriba o más abajo.
Por la mañana también me había perdido escuchando a José Mújica, el sabio presidente uruguayo, antiguo guerrillero. La periodista le preguntó por su conocida austeridad personal y el inicio de su respuesta me cautivó: «Mi manera sobria de vivir, no quiero utilizar la palabra austeridad, porque está prostituida en Europa…». Y ya no pude dejar de escucharlo hasta el final. Estaba ante mi paisaje de siempre visto desde otra perspectiva.
Publicado en La Voz de Galicia, 1.junio.2013
Entrevista a Jose Mujica, presidente de Uruguay, en Los DesayunosVer vídeo
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Suele decirse que los bajos salarios de los políticos propician dos cosas: que se dediquen a ese noble arte solo los no muy capaces, porque los mejores se ganan la vida con más aprovechamiento en otros ámbitos y arriesgando menos la cara; y que esos salarios bajos fomentan la corrupción al dejarlos demasiado indefensos frente a las tentaciones del mundo, como ocurre, por un poner, con los policías de algunos países: ni se te ocurre llamarlos en un peligro, porque dan más miedo que quitan.
A la vista de lo que vamos sabiendo de los sobresueldos que paga el PP -y con toda probabilidad, también los demás partidos pudientes-, todas esas teorías sobre las retribuciones de la clase política se quedan en bobadas, pierden cualquier sentido, porque resulta que con los sobresueldos -que en ocasiones multiplican por mucho los oficiales- componen unos ingresos más que apañados, en niveles en los que tan solo se sitúa un escaso 10 % de los asalariados.
No me parece mal que se retribuyan trabajos o cargos suplementarios, pero sí que se oculten a los propios militantes y a los demás contribuyentes, origen de la mayor parte de los fondos de los partidos, porque ninguno se autofinancia siquiera en un 50 %. Deberíamos saber qué puestos del partido pueden retribuirse y en qué cuantía y circunstancias. Otra cosa, me parece, significa dejar el camino abierto a la arbitrariedad y a peculiares formas, digamos, de patrocinio o mecenazgo.
En general, lo que no se orea, se pudre. En política, casi todo puede resultar razonable mientras se mueva en los ámbitos de la transparencia. Incluso los sobresueldos.
Publicado en La Voz de Galicia, 25.mayo.2013
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Tardo mucho en escribir la primera línea de estas columnillas, porque sé que resulta determinante, una rodera de la que difícilmente podré escapar, como quien mete la rueda de la bici en el carril del tranvía. De los muchos hechos o ideas susceptibles de comentario, esa primera línea apunta inevitablemente a algo y excluye todo lo demás. Un terror reconocible por quienes tienen que optar entre ciencias o letras, escoger carrera, primer plato o vestido. La decisión obliga a una renuncia, las otras opciones quedan fuera. Como en el matrimonio.
En la columnilla esta raramente cambio la primera frase. Lo hago si el argumento evoluciona de tal modo que, en realidad, termina en destinos impensados y necesita un nuevo arranque. La escritura deviene entonces en una forma de conocimiento y, pese a que sigues siendo el mismo que escribió aquella primera línea, de algún modo y sin más mediación que el proceso de escritura, has cambiado de idea o la has matizado o la has considerado bajo un aspecto nuevo que la torna diferente. Si ocurre, hay que cambiar la primera línea o el primer párrafo.
En la vida no es tan fácil como en la escritura: no siempre se puede borrar lo vivido desde atrás, desde la experiencia. Nuestra historia no es un archivo digital que se pueda editar o eliminar, pero cualquier biografía, vaya por el capítulo que vaya, siempre es capaz de un final heroico. Eso me llena de esperanza: con un poco de renuncia, un mucho de lealtad y cariño, algo de agradecimiento y una pizca de esfuerzo, se puede cerrar en endecasílabo una vida lograda. También la mía, incluso la nuestra.
Publicado en La Voz de Galicia, 18.mayo.2013
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En la manifestación en Lalín contra el proyecto de ley del ministro Wert se exhibió una pancarta maravillosa por lo que decía y por cómo lo decía. Era apenas una cartulina amarilla tamaño A3, manuscrita, que una chica levantaba sobre su cabeza: «Queremos una educación que forme PERSONAS no TÉCNICOS EN MANTENIMIENTO de este SISTEMA». Firmaría con entusiasmo debajo de esa frase. Comparto todos sus subrayados y todas sus mayúsculas, sin excepción ni matices. Cualquier modelo educativo avanzado debería proponerse semejante objetivo, pero…
También firmaría esa pancarta contra la vigente ley de educación y contra la anterior, forjadoras ambas de los técnicos en mantenimiento del sistema que padecemos, tan quebrado e inmoral. El medio más seguro de formar técnicos del sistema consiste en desconsiderar a los estudiantes como personas e intentar uniformarlos, convertirlos en clicks de Playmobil perfectamente intercambiables, indiferenciados, prescindibles (van incluso más allá de los famosos muñecos, porque los clicks, al menos, diferencian entre sexos). Se consigue excluyendo del proceso educativo a todo el que no esté de acuerdo con quien manda, de manera que el poder quede libre para moldear a capricho conciencias y espíritus, sin que ni siquiera los padres puedan decir o hacer nada, o muy poco, o a muy alto precio.
Y al final, en efecto, se logra criar un ganado tranquilo, que pasta manso en los centros comerciales mientras sueña con que es muy contestatario, revolucionario o liberal, porque se mueve en las lindes, señaladas ya en la infancia, de lo políticamente correcto. Ningún halcón capitalista sería capaz de inventar un modelo educativo más a propósito o conveniente para sus negocios, para el sistema.
Publicado en La Voz de Galicia, 11.mayo.2013
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Se acabó eso de que el fútbol español manda en Europa y volvemos a lo antiguo, a la concepción clásica que define el fútbol como un juego en el que siempre gana Alemania. Junto con las bromas -algunas rebuscadas, como esa de que el Bayern ha sido descalificado por torear en Barcelona, lugar donde está prohibido por ley-, junto con las bromas, digo, se han planteado algunas veras: por ejemplo, si el liderazgo de Messi y de Cristiano no estará perjudicando a sus equipos.
Más que de liderazgo, se habla de egoísmo: hacen que el equipo trabaje para ellos y dependa de ellos para vencer, porque no sabe jugar sin ellos. Se les contrapone a entrenadores cobardes para dejarlos fuera de la alineación o para sustituirlos en pleno partido. Ellos quieren jugarlo todo porque necesitan minutos para marcar goles innecesarios para sus clubes, pero imprescindibles para la bota de oro. Bajan el rendimiento o se lesionan y los equipos se desorientan también, porque estaban diseñados para vencer con ellos. Las escuelas de negocios y los politólogos podrían construir un buen caso y aplicarlo luego a líderes políticos y empresariales.
La taxonomía básica de los líderes distinguiría entre los que legan algo y los que solo dejan, cuando se van, cadáveres y un gran socavón imposible de cubrir. Son falsos líderes, porque tienen agendas propias ajenas al bien de su país, de su empresa o de su club. Aunque les da igual el después, porque ya no estarán al mando, insisten en que lo importante es el equipo, la empresa o el país. Como quien lleva una doble contabilidad con mucho dinero negro.
Publicado en La Voz de Galicia, 4.mayo.2013
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Una persona ejemplar era aquella cuyo comportamiento merecía admiración y, como consecuencia, se consideraba digna de ser imitada. A los personajes públicos se les exigía -y aún se les exige- una mínima ejemplaridad: es decir, que si no merecen imitación, tampoco merezcan censura. La ejemplaridad suponía, en el primer caso, ciertas cotas de dignidad o incluso de heroísmo, y por eso se proponía como ejemplo. De los personajes públicos se daba por supuesto que serían imitados, al menos por los más jóvenes, y por eso se les exigía una especial responsabilidad que se pagaba con un respeto también especial. Cuando los personajes públicos no se respetan entre ellos difícilmente pueden esperar respeto, como cuando no respetan las leyes. Algo que, por añadidura, produce un efecto disolvente en la moral pública: la deprime y desespera, la corrompe. Tanto más, cuanto más arriba se sitúe la institución a la que pertenece el personaje o cuanto mayor sea su proyección. De ahí que las faltas de ejemplaridad graves merezcan castigos también ejemplares que sirvan de escarmiento general. Pero, con tan ominosa falta de ejemplaridad como la que contemplamos por aquí, no hay castigos ejemplares y a menudo ni siquiera hay castigos. Hasta Isabel Pantoja sonríe cuando le cantan la sentencia.
Al menos, el mal ejemplo todavía se señala. Y la gente ve que, con el tiempo, los envidiados por su posición o fortuna dejan de circular como ejemplares y se convierten en proscritos, aunque ningún juez los condene. Quizá pronto no baste cualquier fama, como ocurre ahora con la Hormigos (no me acuerdo cómo se llama y no quiero mirarlo en Google por si me sale cualquier cosa).
Publicado en La Voz de Galicia, 27.abril.2013
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Etiquetas: EGM
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No sé si en este país hay debates imposibles o si es imposible que haya debates. Debates de verdad, quiero decir, discusiones serias. Desde luego, en cuanto se plantean determinados asuntos, el diálogo se torna bronco, amargo, ofensivo e incluso amenazante. Ocurre, por ejemplo, cuando aparece en el horizonte el amago de un esbozo de un posible proyecto para modificar, quizá, una ley de educación. Y ocurre, por supuesto, con el aborto. Supongo que tiene que ver con nuestro gritón carácter celtibérico -aunque se ve que en esto de no debatir en serio nos están saliendo imitadores por todas partes-, con nuestra historia, con la configuración ideológica de la representación política, en fin… con mil cosas.
El mejor modo de hacer imposible un debate consiste, precisamente, en lo que hizo el PSOE en la anterior reforma de la ley del aborto. Había encuestas abrumadoramente contrarias, sobre todo en lo referente al consentimiento familiar para las adolescentes, pero eso no impidió que rechazaran cualquier modificación del proyecto y que lo aprobaran tal cual. Recurrieron a una táctica sencillísima: el silencio. Que la gente hable, diga, se manifieste y ya aprobaremos lo que nos pete, porque para eso tenemos mayoría. Y después, a silbar.
El PP podría recurrir ahora a la misma estratagema, al ni caso. Y a la vista de los antecedentes, resultaría difícil reprochárselo: ¿les acusaríamos de parecerse al PSOE o de qué? Sobre todo, si los argumentos que esgrime la parte contraria suenan tan peregrinos como la amenaza de denunciar los acuerdos con la Santa Sede. A ver si el aborto ahora es culpa del papa Francisco. En fin…
Publicado en La Voz de Galicia, 20.abril.2013
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