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Contrarreloj

Escrito por Paco Sánchez
26 de julio de 2014 a las 8:51h

Dos veces o tres al año, la muerte pasa cerca, rozándonos casi o llevándose a los más próximos. Sigue siendo el gran misterio pese a tantos avances. Entendemos que el cuerpo se rompa en un accidente, que deje de funcionar o se desgaste con el paso del tiempo, pero no entendemos que tengamos que morir ni que se nos mueran otros, que se nos mutile un trozo de biografía y ya no podamos crecer por ese lado. Cuando ocurre, seguimos resistiéndonos como si nos pareciera irreverencia que el resto de nuestra vida, tan llena de cosas menores, vaya rellenando el vacío que dejó una persona, como si no la hubiéramos querido tanto: ese hueco debería seguir ahí siempre, pensamos, como una herida abierta que se niega a cicatrizar.

Paco Olea era un hombre que pretendía morir de pie y sin dar la lata. Poseía una inmensa fortuna que nunca quiso administrar y que solo Dios sabe hasta dónde alcanza: miles de amigos que le queríamos sin matices, porque no nos quedaba más remedio. ¿Cómo no querer a quien vive para ti sin pedir nada? Al ver tantísima gente en su funeral el sábado pasado, alguien dijo: «Pues aquí… nadie ha venido por cumplir». Porque Paco no cumplía, no gestionaba amistades, no entraba en el juego del «doy para que me des». Solo daba. A veces, simplemente escuchando lo que pocos tienen paciencia para escuchar: esas penas que, en el fondo, son las mismas en todos y que pueden aburrir mucho si no las recibe un amigo, alguien capaz de comprender nuestra singularidad.

Simone Weil pensaba que solo conocemos el bien cuando lo hacemos y que, sin embargo, el mal solo se reconoce si no se hace. Por eso necesitamos tanto a los buenos. Porque perciben la distinción esencial.

Publicado en La Voz de Galicia, 26.julio.2014

Para qué sirve una guerra

Escrito por Paco Sánchez
28 de junio de 2014 a las 10:07h

La crisis de Ucrania empieza a diluirse en la torrentera informativa. Quizá, porque se descuenta que ni Rusia invadirá Ucrania ni esta recuperará Crimea. Es decir, se percibe que no pasa nada, como si los cientos de muertos no contaran, como si el miedo no mordiera, como si la gente concreta no importara a nadie.

Dicen que esa crisis solo conviene a Putin para despistar con el viejo truco del enemigo externo a un pueblo en crisis social y económica, bastante más harto que el nuestro. Pero las guerras, como apuntaba Francisco en su entrevista con Cymerman, sirven también para otras cosas: “Descartamos a toda una generación por mantener un sistema económico que para sobrevivir debe hacer la guerra… Pero como no se puede hacer la Tercera Guerra Mundial, entonces se hacen guerras zonales. ¿Y esto qué significa? Que se fabrican y se venden armas”.

Las recomendaciones de los analistas geoestratégicos más conocidos, curiosamente, confluyen en una misma idea en torno a Ucrania: crear un cinturón en la frontera occidental de Rusia, desde Finlandia a Azerbaiyán. La OTAN sería poco útil en este escenario y una intervención a gran escala de Estados Unidos, también. Remedio: rearmar a esos estados, porque algunos ni tienen ejército y otros apenas podrían soportar medio ataque. Que paguen los que puedan –por ejemplo, Azerbaiyán, que al igual que Georgia acaba de anunciar importantes compras de armamento- y a los otros se les daría el crédito que necesiten.

Las palabras del Papa, citadas ayer por Vicente Lozano, continuaban así: “… Y con esto los balances de las economías idolátricas, las grandes economías mundiales que sacrifican al hombre a los pies del ídolo del dinero, se sanean».

Miedo

Escrito por Paco Sánchez
21 de junio de 2014 a las 19:33h

Leí el jueves el titular de una entrevista a Carolina Bescansa, cofundadora gallega de Podemos, y me asusté. Decía: «Se ha llegado ya al momento de que el miedo cambie de bando». Incluía dos palabras que detesto especialmente, «miedo» y «bando», pero luego el texto me pareció más que razonable. El titular, aunque fiel, quedó en falsa alarma.

El miedo siempre ha sido el gran argumento retórico de la lucha política y social: se ha utilizado sin pausa para definir las banderías por el sencillo procedimiento de infundir a los propios pánico del oponente, convertido no ya en adversario, sino en enemigo, alguien que debería ser evitado, batido, arrasado. Lo utilizó Suárez en aquel discurso famoso en el que advirtió muy serio que, si no le votábamos, llegarían todos los cataclismos asociados a la izquierda. Más tarde, ya instalado en el poder, el PSOE quiso asustarnos con una jauría de perros dóberman que simbolizaban el regreso de la derecha. Y así, a base de miedo y odio, iban llevando al país contra las esquinas, como si fuera imposible o impensable algún lugar de encuentro en un proyecto común. Por supuesto, los peores manejos del miedo no vinieron del PSOE o del PP, como todo el mundo sabe, así que no insisto.

Necesitamos un país sin miedo, en el que discutamos acerca de un futuro común, sin forzar encuadramientos basados en el odio, que termina por avivar conflictos y enfrentamientos menores. Comunicar significa integrar, no dividir. Intentar que los distintos se comprendan y convivan, crear comunidad. Es decir, un ámbito donde la palabra serena encuentre más espacio y aprecio que el eslogan y el insulto, donde quepa votar proyectos ilusionantes y no por miedo al otro.

Recreo

Escrito por Paco Sánchez
16 de junio de 2014 a las 11:01h

Necesitábamos un descanso y no podíamos esperar a las vacaciones, así que la Naturaleza nos ha enviado por fin un poco de sol, la Casa Real una coronación y la FIFA una copa del mundo. Habrá quien piense que son distracciones que nos apartan de lo esencial. Sin duda lo son, pero muy necesarias. Personalmente, agradezco sobre todo que haga sol: lo necesitaba. De los mundiales, suelo ver la final y minutos sueltos de algún que otro partido. De la coronación, no sé.

Quizá me vean cara de monárquico y a otros españoles no les suceda lo mismo, pero en los viajes al extranjero siempre hay alguien que me habla del rey o de la familia real, la mayor parte de las veces en un tono, digamos, simpático o favorable. Mis respuestas producen a menudo perplejidad. Los amigos brasileños, por ejemplo, bromean constantemente con mi falta de pasión monárquica. Antes me miraban con una cara que parecía extrañarse de que no supiera apreciar una herencia lujosa, como si mis abuelos me hubieran dejado un palacio de ensueño y no me diera cuenta de su valor. Últimamente, ya no. Siguen riéndose de mí, pero de otra manera, como si dieran la razón a mi escepticismo.

Pero acabo de cambiar. Y sin haber sido nunca monárquico ni siquiera juancarlista, prefiero que las cosas queden como están. No solo porque tengamos problemas más urgentes que desaconsejan introducir ahora inestabilidades nuevas, sino porque la fórmula se ajusta bien a este país nuestro, tan diverso y tan propenso a la radicalización de las masas, que necesita alguna instancia superior no partidaria que permita a todos andar a sus anchas, estén donde estén y piensen lo que piensen, sin sentirse víctimas o rehenes de nadie.

Publicado en La Voz de Galicia, 14.junio.2014

Fiesta

Escrito por Paco Sánchez
9 de junio de 2014 a las 11:00h

Pese al carácter bullicioso y jaranero que siempre se asocia con la palabra, una fiesta es algo muy serio. Los diccionarios apenas aciertan a recoger su sentido profundo, porque la fiesta, en el fondo, consiste en la feliz celebración del mero estar juntos: un grupo de amigos, un pueblo o todo un país, de la que se hace partícipe a todo el mundo que quiera compartirla. Quizá se conmemore algo o se recuerde a alguien, pero la fiesta siempre se traduce en reunión, en encuentro, muy frecuentemente para alegrarse con el final de un trabajo: por ejemplo, con el final de la cosecha recogida en común, algo que está en el origen de tantas.

Este el caso de la fiesta que Voz Natura convoca todos los años el primer sábado de junio en torno al Día Mundial del Medio Ambiente en Acea de Ama, Culleredo (A Coruña) y por la que pasaron el año anterior más de treinta mil personas. También aquí celebramos la cosecha: la realización de casi cuatrocientos proyectos medioambientales ejecutados por escolares de toda Galicia. Los resultados se exponen en un recinto que ya no da abasto, desbordado por maquetas, ingenios del reciclaje, pósteres explicativos y mil otras formas de expresión del ingenio de los chicos y chicas que muestran orgullosos su trabajo de todo un curso.

Ciertamente, el ambiente es de alegría, de fiesta grande: música, atracciones de toda índole, juegos y demostraciones, regalos, talleres… para celebrar que estamos juntos en un empeño decisivo para nuestra cultura, al que se invita a todos, empezando por los más jóvenes: el cuidado de la naturaleza, que es el modo primero y elemental de cuidar del mundo.

Publicado en la Voz de Galicia, 7.junio.2014

Sorprendidos

Escrito por Paco Sánchez
31 de mayo de 2014 a las 9:17h

Me sorprende la sorpresa con la que se han recibido en tantos ámbitos los resultados electorales. No sé qué esperaban. Resultaba difícil imaginar un final diferente para unas elecciones como estas y en la situación histórica que atravesamos: con tanta gente sufriendo sin entender, porque no hay líderes que se lo expliquen ni soporte cultural para asimilarlo. Después de la sorpresa llegó el ataque: el sistema se vuelve contra los antisistema y los mismos opinadores que no supieron verlos venir arremeten contra ellos. Les acusan de populistas y demagogos, de que no tienen programa o de que el que tienen les parece extremista e inaplicable. Puede. Me parece, sin embargo, que no encarnan el peligro, sino la oportunidad. Pero temo que no sepamos aprovecharla.

Ojalá Alemania y sus aliados se den cuenta de que deben acelerar ya las imprescindibles reformas de la UE, en vez de insistir tanto en los reformas de los Estados, o llegará un momento en que, aunque quieran, no tendrán votos para hacerlo. Más aún, corremos el riesgo de que se pierdan los efectos positivos de una política económica durísima y discutible que, encima, habremos sufrido en vano.

El mismo peligro acecha en los escenarios nacionales, donde se añade la tentación de que algunos intenten recuperar los millones de votos perdidos por el camino de la emulación fácil de los antisistema. Es decir, copiando lo que tienen de demagógico en vez de asumir lo que tienen de razón. El resultado sería fácil de prever: no lo conseguirían, acentuarían la división polarizadora, el descontento… Y todo eso, con las manos atadas por eslóganes que les impedirían cualquier acción de gobierno mínimamente eficaz.

Publicado en La Voz de Galicia, 31.mayo.2014

Ya pasó, ya pasó

Escrito por Paco Sánchez
24 de mayo de 2014 a las 8:59h

Terminó la campaña. Hay consenso en torno a un punto: hemos perdido otra oportunidad para debatir públicamente asuntos que deberían preocuparnos, porque estamos en medio de una crisis que afecta a muchísima gente y justo en esos ríos revueltos pescan de maravilla los extremistas, tanto de derecha como de izquierda. Por aquí podemos tener la percepción de que la extrema izquierda encarna más y mejor que nadie las ideas contrarias a la globalización y, como consecuencia, a la Unión Europea, pero la verdad es que las abanderan con mucha más eficacia Le Pen y los demás partidos nacionalistas de derecha que proliferan en Europa con tamaño creciente: Suiza, Hungría, Suecia, el propio Reino Unido…

La crisis alimenta estos grupos, pero no solo ella. También los engorda el deterioro de las instituciones y la renuncia a la identidad histórica europea, que es fuerte y capaz de aunar, pese a todo, países con personalidades nacionales forjadas a través de los siglos, pero en torno a unos valores comunes ahora menguantes. La crisis y la falta de identidad generan respuestas fáciles, inmorales e inmaduras, ya experimentadas en las crisis previas a las dos grandes guerras: exclusión de los otros -judíos, gitanos, musulmanes, emigrantes y, en general, quienes sostengan ideas distintas-; populismo feroz, elemental y sensiblero, potenciado hoy por las nuevas formas de comunicación; y por fin, la violencia física.

Empiezan a no bastar los trucos de las leyes electorales de posguerra -segundas vueltas y demás-, para filtrar la llegada de estos partidos a la representación política y al poder, con gran riesgo para Europa y para la democracia. Pero aquí, el debate quedó en una frasecita.

Publicado en La Voz de Galicia, 24.mayo.2014

Más gallego/s

Escrito por Paco Sánchez
17 de mayo de 2014 a las 10:11h

Las lenguas viven en los hablantes y tienen el vigor que los hablantes tengan. Sin hablantes, las lenguas se dislocan y disuelven, desaparecen convertidas en lenguas muertas, petrificadas, que resultan muy aptas para lo que ahora llaman branding, es decir, para la difícil tarea de componer nombres de marca no registrados, de modo que proliferan empresas y productos con falsos nombres latinos o griegos que parecen sacados de Astérix. Algunas lenguas muertas también se prestan de maravilla al uso litúrgico, tan importante para la unidad de las creencias.

En el año 2000 me invitaron a intervenir en un encuentro sobre diversidad cultural y comunicación. Acababa de regresar a Galicia después de mucho tiempo fuera. Dije de pasada que la pervivencia cultural y lingüística dependía de la potencia de cada cultura y no solo en términos de historia y músculo intelectual, sino también de fuerza demográfica y económica. Hubo quien encontró sacrílega semejante obviedad, pero la primera condición para que el gallego crezca es, muy evidentemente, que crezca el número de gallegos. Entonces, hace solo catorce años, no éramos tan conscientes de lo que ahora llamamos el problema demográfico. Y había elementos culturales -una paradójica superpoblación de malthusianos- que machacaban a quien osara mentar el asunto, pese a que ya en 1987 el Gobierno catalán festejaba con una campaña institucional haber alcanzado los seis millones de habitantes. Pujol sabía que aquello era bueno para el catalán y bueno para el número de escaños que Cataluña aporta al Congreso. El presidente de la Real Academia Galega dice que hay que mocear en galego. Bien. Quizá en las ciudades ya se haga más que nunca. El problema es que van quedando menos mozos.

Publicado en La Voz de Galicia, 17.mayo.2014

Muy raro todo

Escrito por Paco Sánchez
10 de mayo de 2014 a las 8:41h

La sobredosis de información, especialmente cuando es de baja calidad, puede resultar más dañina para el cerebro que la de drogas. Quien se expone demasiado y carece de sentido crítico, acaba peor que loco. No me refiero ahora al modo simplista de contar crisis complejas como las de Ucrania o Siria, donde Al Asad, finalmente, está ganando su guerra y riéndose de la yerma primavera árabe. Me refiero a dos acontecimientos inexplicables: la desaparición del avión hace dos meses y el secuestro de las trescientas cincuenta niñas nigerianas hace cuatro semanas.

De las niñas no se sabe la identidad ni nadie ha publicado sus fotografías, ni siquiera de las casi cincuenta -imagínenlo- que consiguieron escapar de la selva. Se sabe, sin embargo, que entre las secuestradas no estaban las hijas del director de la escuela -por cierto, cerrada por razones de seguridad hasta unos días antes- ni las de ninguno de los profesores. De los secuestradores tampoco se sabe gran cosa: un nombre absurdo y la cara, que nadie acierta a identificar, del supuesto líder que reivindicó la barbaridad en YouTube. Todo esto y más se lo leí ayer a un periodista nigeriano. Podría proceder ahora a repartir culpas. Como en el caso del avión que seguimos buscando, justo cuando parecía que había más satélites que personas, justo en la época en que despegan dos cazas en cuanto se produce la más mínima alteración de un plan de vuelo. Pero cuando ya me disponía a repartir las culpas, leí que dos burdeles de Lugo generaron tres millones de beneficios en tres años y pensé que las culpas ya están suficientemente repartidas.

Publicado en La Voz de Galicia, 10.mayo.2014

Wikipédicos

Escrito por Paco Sánchez
3 de mayo de 2014 a las 8:43h

La idea de una gran enciclopedia abierta a todos los asuntos y escrita por quien quiera parece, de entrada, muy atractiva: una especie de democratización de la verdad. El único problema radica en que la verdad no es democrática, porque si depende de mayorías dependerá también de quién controle las mayorías. Se ve en la Wikipedia, convertida en sinónimo de lo dudoso o inseguro, de lo no fiable. Los profesores alertan a sus alumnos para que huyan de ella o sospechen de sus contenidos, pero sus entradas suelen figurar entre las primeras que devuelve cualquier buscador y… ahí caen muchos estudiantes y no pocos periodistas, razón por la que entre las decenas de miles de editores de la Wikipedia escasean los expertos y abundan quienes trabajan para las agencias de relaciones públicas, los gabinetes de los políticos y los asesores de los lobbies empresariales o ideológicos.

Hace años quise arreglar una página disparatada sobre algo que conocía bien. Introduje datos reales en lugar de los inventados y empeoré las cosas: alguien entró inmediatamente después, dejó algunos de los datos que aporté y repuso buena parte de los erróneos o maliciosos, de modo que conseguí dotar el texto de una credibilidad de la que antes carecía. Así que, o me metía en una guerra con editores anónimos o lo dejaba estar. Lo dejé estar y no he vuelto a pasar por la Wikipedia.

Una cosa es democratizar el conocimiento y otra, democratizar la verdad. Cuando se pone en manos de la masa, la verdad se reduce a un asunto de dinero, como la Wikipedia: una propiedad privada moldeable al gusto de quien pueda pagarla.

Publicado en La Voz de Galicia, 3.mayo.2014