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Aguja de marear

Escrito por Paco Sánchez
23 de mayo de 2015 a las 9:05h

Bueno, ya está. Ya pasó la campaña. Ahora queda sentarse en la playa y esperar a ver cómo viene la mar mañana por la noche. Si habrá marea alta o baja. Una incógnita esta vez, porque no depende de la luna de verdad, sino de otras lunas menos seguras, más impredecibles, menos claras y fiables. Por ese lado, apenas cabe asegurar que, alta o baja, será una marea roja. Han arriesgado mucho los coaligados con Podemos al elegir ese nombre para sus plataformas atlánticas. Deberían haber revisado a fondo el diccionario.

Si viene alta, habrá que atender a lo que se traga: cierto nacionalismo para el que es más importante ser de izquierdas que ser de aquí, quizá incluso se trague los restos de una IU que camina con paso firme y saleroso de la insignificancia hacia la nada o al propio PSOE acuclillado en la sombrilla de la playa de los pactos a la espera de un socorrista o al PP que se juega unas cuantas ciudades y diputaciones.

Pero si toca marea baja, a ver quién recoge la basura que quede en las playas: la marea roja puede convertirse en marea negra si demuestra que Podemos no puede o no podrá tanto como algunos esperaban. ¿Y quién limpiará el chapapote feo, viscoso y pegadizo de la desilusión? Porque alguien pretenderá aprovecharlo, reciclándolo.

No quiero una marea alta ni baja, sino una buena marea, como la que sueñan los pescadores antes de hacerse a la mar, en la que cada uno se conforme sin rencores ni falsos agravios con lo que las aguas hayan querido darle. Y lo agradezca. Sin pensar que los demás son necios por disentir, sin querer recuperar por otros medios lo que se haya perdido.

Feliz día electoral y ojalá esta vez, por fin y de verdad, ganemos todos.

La Voz de Galicia, 23.mayo.2014

Nueva clerecía

Escrito por Paco Sánchez
17 de mayo de 2015 a las 9:31h

Según Monedero, caído de Podemos, «el error que siempre ha tenido la socialdemocracia española es pensar que la gente es tonta». Coincide con algunos análisis sobre la socialdemocracia británica que han asomado a los papeles esta semana, después de la gran derrota. Vienen a decir que los laboristas han olvidado su mensaje originario, muy conectado con los problemas de la gente real y necesitada, para encapsularse en una burbuja ideológica repleta de proyectos de ingeniería social con los que sintonizan bien cierta clase media universitaria o tuitera, la farándula y los medios, pero no la gente real: estatismo, laicismo, multiculturalismo, doctrina de género, matrimonios homosexuales… En fin, ya saben el resto.

El caso es que perdieron en contra de las encuestas, acaso porque la gente no se atreve a decir lo que realmente piensa por miedo a convertirse en los herejes de la nueva corrección, con riesgo de perder empleos -no es broma: ya ha ocurrido demasiadas veces- y de ser lapidados en las ordalías mediáticas montadas por los nuevos clérigos de los novísimos dogmas que, encima, suelen vestir también de negro o morado. Al voto oculto conservador -no es cosa solo española- se une ahora esta presión -cultura de la Stasi, la llamó alguien- a la que la gente corriente responde con silencios en la calle y con indecisos o mentiras en las encuestas, hasta que, finalmente, contestan con su voto y resultan mayoría. Entonces, los socialdemócratas se extrañan: «Pero si toda la gente que conozco vota laborista». He ahí la cápsula.

Habría que preguntarse, escriben, qué ha sido de la libertad de expresión si la gente no se atreve a decir lo que piensa ni en las encuestas.

La Voz de Galicia, 16.mayo.2015

Encuestas

Escrito por Paco Sánchez
9 de mayo de 2015 a las 8:41h

Que las encuestas fallen en Gran Bretaña no es cosa nueva: se equivocaron con tres victorias conservadoras (1970, 1992 y la de anteayer) y con una laborista (1974). Así que no deberíamos iniciar ahora un debate sobre la calidad y metodología de las encuestas: simplemente se trata de un arte difícil, uno de los pocos ámbitos profesionales en los que todavía se admite un margen de error que suele situarse en torno al cuatro por ciento: un margen muy peligroso, sobre todo en un sistema mayoritario como el británico. Huelgan, por tanto, las discusiones sobre una posible crisis de las encuestas. Siempre fue así. Pero me pregunto dos cosas.

Primero: toda esa opinión casi unánime, manifestada incluso por especialistas muy reputados y con cierta fama de adivinadores, acerca de que el Reino Unido se encaminaba hacia la incertidumbre y la ingobernabilidad, toda esa opinión, insisto, ¿hizo cambiar la tendencia de las encuestas o debe anotarse como un manifiesto error de análisis? Quizá ambas cosas. La primera no es medible. La segunda, sin embargo, resulta patente. El periodismo debe mejorar.

Segundo: ¿Será que tanto políticos como votantes utilizamos cada vez más las encuestas para mandar mensajes? Los políticos siempre lo habían hecho: jugar con las previsiones para generar efecto arrastre, convertir en voto del miedo el abstencionista, etcétera. También puede ocurrir que en las encuestas digamos lo que querríamos de verdad y en las urnas votemos lo que nos parece menos imprudente. Esto explicaría, por ejemplo, que según el CIS del jueves, uno de cada tres españoles duden qué votar el 24. Una campaña al uso, repleta de insultos y ayuna de ideas, no les ayudará a decidir.

La Voz de Galicia, 9.mayo.2015

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Confuso

Escrito por Paco Sánchez
2 de mayo de 2015 a las 8:33h

Los ya casi siete mil muertos de Nepal han tenido problemas para asomarse a la prensa americana, porque se estaba discutiendo en el Supremo si se puede permitir que algunos estados prohíban los matrimonios gay. Uno de los jueces argumentó que se trata de un fenómeno demasiado nuevo después de miles de años de historia y que, quizá, habría que dejar a la gente decidir si quieren esperar qué resultados ofrece el experimento allí donde ha sido aprobado. La representante de los grupos homosexuales respondió que no están en una democracia pura (es decir, no importa lo que se haya votado), sino en una democracia constitucional (es decir, importa lo que decidan unos señores de negro sobre una constitución que, ni de broma, preveía semejante cosa). Un argumento algo confuso, me parece.

Mientras, los nepalíes morían en masa. Ninguna referencia esta vez a dónde estaba Dios: quizá porque ya aprendimos la lección de Haití. Cinco años después poco ha mejorado: siguen en pie 123 campos para desplazados (una letrina por cada 82 personas) y los que han escapado de ellos, son perseguidos por chabolistas. Se ha construido menos de la séptima parte de las viviendas prometidas, cuyo sobrecoste parece haberse ido por el sumidero de las empresas contratistas. En fin… Que no era culpa de Dios. Y quizá por eso no se habla del asunto a propósito de Nepal.

Pero sí se ha empezado a comentar que varios países occidentales están evacuando a las madres de alquiler que sus ciudadanos tenían contratadas allí. Ese sórdido mercadeo, humillante hasta en el nombre, «vientres de alquiler», resulta muy barato en Nepal, y tiene algo que ver con el argumento que se discute en el primer párrafo.

La Voz de Galicia, 2.mayo.2015

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Farisaico

Escrito por Paco Sánchez
25 de abril de 2015 a las 8:48h

Nos escandalizamos cuando un niño mata a su profesor, a un compañero o a sus padres y empezamos a buscar causas en el sistema educativo y en el sistema cultural, como si los niños pertenecieran a otros: los culpables son las series y los videojuegos violentos, la falta de autoridad en las escuelas, la tibieza del Código Penal con los menores. En fin. Puede que alguna culpa tengan. Nos escandalizamos tanto porque tales aberraciones duelen más cuando las comete un chaval y porque ocurren muy de vez en cuando. Sin embargo, nos hemos acostumbrado, y voy a referirme solo a casos de los últimos días, a que una madre tire a sus hijos por la ventana, a que una novia acuchille a su novio inválido, a que se detenga a cientos de personas por producir pornografía infantil o por comercializarla, a que los padres agredan a los profesores, a que se maltrate a los hijos de la pareja -fortuita o estable-, a que se dejen niños abandonados en coches cerrados a cal y canto o en la noche de un apartamento. O en la vida, después de separarlos de su madre o de su padre, no pocas veces mediante asesinato.

Eso sí se repite. ¿Por culpa de las series de televisión, la música y los videojuegos? ¿Lo arreglamos con una subidita de penas en el Código Penal? ¿Creamos un cuerpo especial de orientadores de adultos, unos geos psiquiátricos? Se reproduce el análisis de la tragedia de Germanwings: el copiloto era un trastornado y ya está. Tranquilos todos. Archivado como accidente mecánico.

No pretendo repartir culpas ni acusar a nadie, sino hacer patente la contradicción. Y dejar claro que, desde luego, la culpa nunca es de los niños. Ellos son siempre las víctimas. El de la ballesta, también.

La Voz de Galicia, 25.abril.2015

Misericordiosos

Escrito por Paco Sánchez
18 de abril de 2015 a las 8:48h

Escuché una vez que es humilde quien da a menudo las gracias y quien, también a menudo, pide perdón. Es decir, alguien que reconoce y agradece la ayuda de los demás y, a la vez, se da cuenta de sus errores al prestarla a otros. De la misericordia podría decirse lo mismo: solo quien se siente necesitado de misericordia es capaz de ser misericordioso, no de un modo superficial o sentimental, sino de un modo eficaz: decía San Agustín que no es misericordioso quien se conmueve con el mal ajeno, sino quien hace algo por remediarlo. Hay un libro maravilloso de Antoni Mari que se titula El vaso de plata. Para explicar algunas técnicas de escritura, suelo usar en clase uno de sus relatos, titulado Sufrir con paciencia las molestias y debilidades del prójimo. Responde, como los otros trece, a una de las obras de misericordia. Luego pregunto cuántos saben qué son las obras de misericordia. Nadie levanta la mano desde hace años. Después, para atormentarme, pregunto cuántos han asistido a clase de religión: casi todos.

Tenemos un problema de misericordia, porque nos creemos autónomos y autosuficientes. Quitamos a Dios de en medio, porque no queremos ni sus exigencias ni su perdón. Nos bastamos. Vamos mucho más allá que aquel hombre de la parábola al que se le había perdonado una deuda inmensa y, después, fue incapaz de perdonar a alguien que le debía un casi nada. Nosotros ni reconocemos la deuda. Por eso nos hemos quedado sin capacidad de perdonar a otros. Se ve en las familias, en el trabajo, en todas partes.

Juan Pablo II le dedicó su segunda encíclica y Francisco insiste ahora con su bula El rostro de la Misericordia que convoca el Año Santo. Nos hace falta.

La Voz de Galicia, 18.abril.2015

EGM de diarios: Galicia y España

Escrito por Paco Sánchez
15 de abril de 2015 a las 10:17h

Nido de mirlos

Escrito por Paco Sánchez
11 de abril de 2015 a las 9:17h

Me  lo dijo en cuanto llegué, exaltada: «Tu tía Carmen ha encontrado un nido de mirlos». Se ve que no correspondí con entusiasmo proporcionado, así que, por si no había escuchado bien, mi madre repitió la noticia con la misma cara de cría que se le pone siempre que regresa a los territorios de su infancia. Apareció luego la tía Carmen y decidieron que tenían que enseñarme el nido. En un lateral de la casa donde nacieron -yo también nací allí- hay un reborde pequeño de terreno casi un metro más alto que el camino, entre el hórreo y la casa, donde ya solo queda un loureiro bajo. Allí se subió para mi susto la tía Carmen y me pidió que la siguiera. Apartó con el bastón unas ramas, salió volando un mirlo enorme y apareció el nido perfecto con sus tres polluelos. Mi madre sonreía desde el camino. Poco antes, me había llevado casi de la mano a un nabal diminuto que mi cuñado sembró detrás de la casita de fin de semana que tienen allí. Quería que me deslumbrara con el estallido de amarillos en sus flores como espigas y que sintiera el perfume, «sano», dijo ella, que producían sin soberbia aquellas plantas, sabiéndose simples nabos. Andaba también pendiente de escuchar el cuco, pero no compareció para darle ese placer. Señalando unas margaritas, me dijo que su llegada siempre la alegraba mucho de pequeña, porque significaba que el San Xorxe estaba cerca, con su misa solemne y su romería en la capilla y su comida de fiesta en casa.

Subí al coche de vuelta. En la radio discutían -mira tú qué cosa- si el aborto es un derecho, si pueden obligarte a organizar una boda gay o si deberíamos hacer algo para detener las matanzas de cristianos. Me dio mucha grima y la apagué.

La Voz de Galicia, 11.abril.2015

Misterio

Escrito por Paco Sánchez
28 de marzo de 2015 a las 12:08h

Vivimos en una cuerda floja tendida entre dos misterios, el del bien y el del mal, e intentamos equilibrarnos con una pértiga de racionalidad científica que rara vez evita que caigamos al abismo. Sorprende que mientras descartamos como superstición todo lo que no se puede ver y tocar, se multiplique el número de series de televisión, películas y publicaciones diversas en torno al diablo y lo maléfico: vampiros, fantasmas, brujas, hechiceros y el propio Lucifer en persona. Si nos quitan el misterio por un lado, si lo secularizan, tendemos a recuperarlo por otro -casi siempre más banal o perverso-, porque nos sabemos habitantes del misterio: nosotros mismos somos un misterio.

Da la impresión de que reconocemos fácilmente el carácter impenetrable del mal y sus atractivos. Todavía. Como si el ideal de una vida buena resultara idiota o infantil, algo de otros tiempos, el misterio del bien apenas nos interesa: carece de morbo y resulta demasiado exigente, salvo que revista formas heroicas espectaculares. Pero incluso entonces, nos atrae por el espectáculo. Nos avergüenza decirles a los niños que sean buenos y ni de broma nos planteamos ser virtuosos. Confiamos a la policía y a las leyes que sean buenos los otros, y protocolizamos los riesgos en sistemas de seguridad y códigos penales.

Pero la vecina dice sorprendida a los de televisión que el chico de al lado, el asesino múltiple, era un chaval normal y simpático; como el que maltrataba a mordiscos y quemaduras a la hija de su pareja; como la que guardaba sus fetos en la nevera. Todos parecían normales, pero como todos, vivían en la cuerda floja entre dos misterios. También Andreas Lubitz, copiloto.

Columna en La Voz de Galicia, 28.marzo.2015

Down

Escrito por Paco Sánchez
21 de marzo de 2015 a las 9:26h

Un mundo sin ellos sería infinitamente peor: menos alegre, menos generoso, menos abierto y espontáneo, menos sincero, menos humano, porque solo ellos son capaces de aportar semejantes torrenteras de alegría, generosidad, sencillez y, sobre todo, cariño, que nos hacen más humanos, muy especialmente a sus seres más próximos: sus padres y hermanos, sus abuelos, sus tíos, sus profesores, sus colegas de trabajo, sus amigos. A veces pienso que si algunos tienen miedo al síndrome de Down es porque no conocen a nadie que haya nacido con ese cromosoma de más o porque tienen miedo a la propia felicidad.

Saber querer es, me parece, la asignatura pendiente de nuestro tiempo. Y por eso los necesitamos tanto: porque saben querer como nadie y porque se hacen querer. De algún modo, te obligan a quererles y, al hacerlo, aprendes a querer a todo el mundo. No es solo que propendan al abrazo, al achuche, al besuqueo, sino que te desconciertan con sus continuas atenciones, con su agradecimiento profundísimo -no son de los que se creen con derecho a todo- y con su fragilidad indisimulada que, a veces, puede parecer chulería. Recuerdo haberle dicho a un amigo de mi hermano que tenía que adelgazar, que estaba muy gordo. Lo reconoció de inmediato, pero añadió: «Pero oye, que ya he adelgazado, eh». Y sacó de su cartera una tarjetita en la que apuntaba los pesajes: «Mira, ¡he bajado 100 gramos!».

Son maestros de humanidad, personas imprescindibles que actúan como poderosas centrales generadoras de afecto en las familias -siempre más unidas si están ellos-, en el trabajo, en la vida social. Me uno muy contento al Día Mundial del Síndrome de Down que se celebra hoy. Debería ser festivo.

La Voz de Galicia, 21.marzo.2015