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Siéntense

Escrito por Paco Sánchez
3 de febrero de 2016 a las 10:55h

Casi todos los días alguien interpreta qué mensaje quisieron mandar los españoles en las últimas elecciones generales y, a menudo, se insiste en que se trata de un mensaje de cambio. Bueno, de acuerdo. Los españoles con nuestro voto hemos mandado cambiar. Se puede discutir en qué consiste exactamente el cambio que queremos, pero hay algo que no se puede discutir por obvio: los españoles no deseamos una mayoría absoluta de nadie y sí pretendemos que se forme un Gobierno mediante el diálogo entre los diversos partidos. Y eso, justamente, es lo que no se está haciendo. Nadie está hablando en serio con nadie. Ni siquiera se atisban verdaderos esfuerzos de aproximación real de posiciones, sino juegos casi macarras por ocupar espacios desde los que negociar más cómodamente o desde los que convertir en poco menos que imposible cualquier negociación.

Es hora de que se negocie de verdad y con sentido de urgencia. Ni se puede ni se debe mantener esta insoportable inquietud que genera toda clase de inseguridades y desconfianzas en las personas, en las instituciones y en las empresas. Sin duda, la voz de las urnas tenía otra letra y esperaba otra música: la del acuerdo entre todos o entre algunos para avanzar reformando lo que haya menester. Si no se quiere buscar ese Gobierno apoyado por una inmensa mayoría moderada, inténtese el otro o vayamos de nuevo a votar. Si se insiste en este jueguecito perverso y miserable de golpes y contragolpes de efecto, se hinchará la desconfianza en la clase política y quizá nadie lo gane nunca. Pero tendrá un perdedor asegurado, el propio país y, con él, todos nosotros. Siéntense, por favor, de una vez. ¡Ese era el mensaje de las urnas!

La Voz de Galicia, 30.enero.2016

¿Pro-gra-ma?

Escrito por Paco Sánchez
23 de enero de 2016 a las 21:11h

En junio del año pasado Pablo Iglesias publicó en The New Left Review un artículo al que ya me referí aquí hace meses. Decía entonces cuál era su «objetivo vital» para las elecciones generales: «Sobrepasar al PSOE». No lo consiguió, pero sí ha producido la situación poselectoral que pretendía: «El PSOE quedará atrapado en la contradicción entre la lógica de Estado y sus intereses partidistas, y no está claro cómo la resolverá». Exacto.

No cabe discutir que Podemos, sin sobrepasarlo, ha bloqueado efectivamente al PSOE en el dilema lógica de Estado/intereses partidistas. Solo que lo ha dejado sin salida, porque en realidad cualquier opción perjudicará sus expectativas de voto a corto plazo, incluso la que supone nuevas elecciones. En este contexto hay que entender los gestos de ayer: uno ofreciendo apoyo y pidiendo la vicepresidencia y otro insistiendo en que el electorado no entendería que Pablo y él no llegaron a un acuerdo. Como ambos saben que resulta muy difícil articular y sostener un Gobierno a tantas bandas, posan por si hay que volver a votar: que parezca que, si no ha habido acuerdo, la culpa es del otro. De ahí, quizá, el silencio repentino y complaciente de los barones socialistas, el viaje a Portugal, tan inexplicable, para aprender cómo se monta una coalición de izquierdas o el juego de líneas rojas. El único acuerdo real e inmediato consiste en desgastar más a Rajoy, por eso la insistencia en que se someta a investidura.

Así que no sufran por lo que hagan o digan en esta fase de movimientos tácticos: ya ven cómo parpadean agónicas hasta borrarse las supuestas líneas rojas, mientras unos y otros repiten como autómatas la misma falsedad: «Pro-gra-ma».

La Voz de Galicia, 23.enero.2016

Vanidad narco

Escrito por Paco Sánchez
17 de enero de 2016 a las 11:06h

A los narcos casi siempre les pierde lo mismo: la vanidad. Suelen ser muy inteligentes y duros, pragmáticos. Se acostumbran pronto a ganar tanto dinero como quieren, mucho más del que necesita un país entero de buen tamaño: recordarán que Pablo Escobar se ofreció a pagar él solito la deuda externa de Colombia o que, como ya no sabía qué hacer con tantos billetes, como no había lavadoras de dinero capaces de procesar tanta colada, los metía bajo tierra y aún siguen apareciendo. Se acostumbran también al poder: controlan ejércitos de sicarios, disponen de medios avanzadísimos, no se paran a contar los muertos porque la gente les pertenece. El negocio funciona así: les sirves o no. Lo tienen todo, pero pasan la vida escondidos y parece improbable que la historia termine tratándolos bien.

Por eso encargan corridos que canten sus hazañas y mausoleos enormes que las recuerden. Vale la pena, por ejemplo, visitar el cementerio de Medellín, donde algunos se llevaron a la tumba grabaciones sin fin de sus canciones preferidas. Es su forma de colarse en la historia. Pablo Escobar o el Chapo no se conformaron con tan poco. Escobar intentó la política y el Chapo, el cine. Muy probablemente, ambos se sirvieron de importantes agencias de comunicación para que la gente los viera como ellos se veían a sí mismos: grandes líderes, hombres con una visión imponente para los negocios.

Horteras vanidosos y sin clase, por eso se perdieron. Pablo Escobar llegó a construir su propia cárcel. Otros son más discretos y ahí siguen disponiendo de la vida de tantos, admirados por la gente que desprecian, ya encerrados en su propia cárcel sin darse cuenta, sin dedicarse al narcotráfico siquiera.

La Voz de Galicia, 16.enero.2016

Asco

Escrito por Paco Sánchez
11 de enero de 2016 a las 17:38h

Los servicios secretos europeos alertaron de posibles golpes terroristas la noche de fin de año en Bélgica y en la estación de Múnich. Al final, los belgas cancelaron las fiestas, con lo cual los terroristas consiguieron lo que pretendían, amedrentar, sin despeinarse ni inmolarse ni nada. Y lo de la estación no ocurrió en la de Múnich, sino en la de Colonia y en muchas ciudades más, solo que utilizaron una modalidad no esperada por los servicios secretos, sin bombas ni suicidas: la humillación de las mujeres y de todo Occidente en ellas. Y de paso demostraron la capacidad de movilizar a un auténtico ejército de varones.

Conviene que diagnostiquemos bien, no vaya a ser que, por no reconocer esta sorprendente fórmula terrorista o por no querer verla, reaccionemos exactamente como esperan: exasperando la islamofobia, aupando a la extrema derecha, desconcertando a la extrema izquierda -que ya no sabe qué defender o qué atacar en este asunto- y, en general, aumentando la propensión al pánico tan propia de sociedades débiles y sin coraje.

Porque los sucesos salvajes de Colonia, de Hamburgo y de las otras ciudades son una vergüenza: ¿Solo había mujeres en aquellas fiestas? ¿Dónde se metieron los demás? ¿Nadie se dio cuenta de nada o se fueron a lloriquear a la policía, que a su vez tampoco hizo nada para, según parece, evitar que se produjeran alborotos y muertos? ¿O es que nos hemos acostumbrado a unos niveles tan bajos de respeto a las mujeres, también en público, que nuestra sensibilidad se ha acorchado? Lo dejo para que nadie se enfade. Pero conste que esto sí me asusta: que perciban y aprovechen tan claramente nuestras debilidades culturales y nuestra cobardía.

La Voz de Galicia, 9.enero.2016

No herir

Escrito por Paco Sánchez
28 de diciembre de 2015 a las 10:31h

Pensaba, como mi hermana, que en las fiestas familiares debería evitarse la política, pero la experiencia de esta Nochebuena me ha hecho cambiar: si la familia se quiere, si cada cual tiene más cariño a los demás que a las ideas propias, el comentario político, siempre y cuando no se prolongue en exceso, puede resultar muy enriquecedor y hasta agradable, por muy opuestas que parezcan las posturas. Cuesta bien poco dar con la razón: en una familia que se quiere, todos evitan herir a los otros y, a la vez, la prioridad radica más en ayudarse a entender que en imponer siglas o visiones particulares.

La primera condición, no herir, establece un mínimo que debería comparecer siempre en la discusión política y, muy especialmente, en la discusión política profesional. Por eso produjo tanto escándalo el debate entre Mariano Rajoy y Pedro Sánchez. Quizá no se pueda pretender que se quieran, pero sí que se respeten. Además de por un imperativo moral, también por una razón práctica: si se insultan, dejan moratones y marcas. Qué difícil entenderse luego, como si nada, con un tipo que te ha llamado indecente o mezquino. En política, la capacidad de entenderse lo es todo, pero en situaciones como la nuestra, en la que los pactos resultan obligados, conviene ponderarla aun más.

Pero hay también una razón de ejemplaridad: los modos políticos deben mostrar que se busca el bien común y el entendimiento, sin gestos sectarios de desprecio a los que piensan diferente, renunciando al insulto y a la descalificación sectaria. No herir ni a los representantes ni a los representados, estén en el Gobierno o en la oposición. Lo contrario casi siempre genera polarización, odio y violencia.

La Voz de Galicia, 26.diciembre.2015

Al final…

Escrito por Paco Sánchez
19 de diciembre de 2015 a las 10:35h

Al final, sacan adelante los países aquellas mujeres y aquellos hombres que, pase lo que pase, pelean a brazo partido por sus familias. La gente normal que ama y sufre, que se levanta por la mañana y trabaja -a menudo en empleos que no les satisfacen- para construir el futuro de los suyos y, de paso, quizá sin pretenderlo, de los nuestros, de todos. Cuando esa gente abunda, los países van bien. Cuando escasea, decaen o se atrofian. Los líderes, por supuesto, ayudan a canalizar esas torrenteras de amor y sacrificio, se incorporan a ellas, las incentivan o las entorpecen. Pero poco más. Por eso, la gente normal, la que ama y sufre y lucha por los suyos, vota a quien piensa que estorbará menos o que ayudará más en la brega diaria.

Sin embargo, en la campaña apenas se ha hablado de la familia. En realidad, no se ha hablado de casi nada en lo que usted y yo podamos hacer algo. Nuestro ideal más inmediato, la felicidad de los nuestros, ha quedado muy al margen, arrebujado en números inverosímiles o en eslóganes que predican miedo, la pasión que se aduce cuando faltan argumentos: solo derecha e izquierda, nuevos y viejos. Disyuntivas simples, fáciles.

Como si no sintiéramos miedo bastante, como si no supiéramos en carne propia que no podemos asegurarlo todo, que vivimos siempre sin red, equilibrándonos en la cuerda floja, que somos dependientes. Está bien. Votaremos con miedo. Y mañana por la noche, ocurra lo que ocurra, nos llenaremos de esperanza, porque todavía hay mucha gente que ama, sufre y lucha por su familia y por las de todos. Gente que seguirá sacando este país adelante, si acaso, apretando un poco más los dientes, quizá sin que nadie quiera representarlos.

La Voz de Galicia, 19.diciembre.2015

Ganar, perder

Escrito por Paco Sánchez
14 de diciembre de 2015 a las 10:43h

Progresamos a tal velocidad que apenas se entiende ya el viejo refranero, plagado de sentido común. Me arriesgaré, no obstante, con aquel dicho según el cual «en la mesa y en el juego se conoce al caballero». Precisamente el sentido común me advierte de que debería aclarar el concepto caballero. Para el diccionario, la palabra se aplica a un «hombre que se comporta con distinción, nobleza y generosidad». También recibe otras acepciones, claro, pero el refrán se refiere a esta, ahora casi desconocida. Pretende explicar que el hombre generoso, noble y distinguido se muestra de manera especial en el modo de comer, en saber ganar con generosidad y sin alardes, en saber perder con serenidad, sin revanchas, y si es el caso, en el modo de pagar.

Parece obvio que Cristina Kirchner no responde a la definición de caballero, porque incumple ya el primer requisito: ser un hombre. Maduro, sin embargo, cumple con esa primera palabra y quizá sus maneras en la mesa se alejen mucho de las de un gañán, pero desde luego, al igual que Kirchner, no sabe perder. Acaso haya que descartar un problema de elegancia o de generosidad. Tal vez se deba a ese extraño sentido de posesión sobre la gente característico de ciertas ideologías. «El pueblo me pertenece por derecho», parecen decir, y les extraña que el pueblo no los quiera o los quiera menos que a otros. Las reacciones de la argentina y del venezolano aparentan eso.

La campaña electoral se está siguiendo con una viveza casi olvidada. Acaso porque estamos muy entrenados como hooligans y la sentimos como un partido de fútbol o una carrera de caballos. Bueno. Pero conviene mucho que, al final, por lo menos sepamos perder o ganar.

La Voz de Galicia, 12.diciembre.2015

Rearme

Escrito por Paco Sánchez
28 de noviembre de 2015 a las 18:21h

Cualquier insignificante, tarado o no, puede matar a un centenar de personas en un campus americano o en una escuela, en un campamento de niños en Suecia o a los mandos de un avión alemán. De hecho, ocurre con una vergonzosa frecuencia sin necesidad de que comparezca terrorista alguno. Es fácil. Cualquier inútil puede. Las matanzas terroristas buscan algo más y dependen completamente de sus efectos para alcanzar el éxito. Les habrá encantado, por ejemplo, haber metido a los belgas en sus casas unos cuantos días. Y todo el alboroto mediático. Y la gira de Hollande en busca de apoyos para hacerse el hombrecito ante los franceses, tan poco amigos hasta hace nada de la cooperación antiterrorista y tan propensos a crear Estados fallidos por doquier.

A los terroristas les ha salido redondo, porque reaccionamos como los niños del botellón: beben, ríen, gritan e impiden el descanso de los demás, pero bien cuidados, primero, por la policía municipal y, después, por los servicios de limpieza, que han de recoger sus caquitas y fregar sus orines. De modo que, si hay peleas, heridos o destrozos, la culpa es del ayuntamiento, nunca de ellos, de sus padres o de la bebida.

Europa responde igual: lo primero es el botellón y, si hay problemas, se mira hacia el Gobierno para exigir responsabilidades por no haber espiado lo bastante, por no haber cacheado a más gente, por no cerrar fronteras -destrozando, de paso, uno de los elementos nucleares de la Unión- y por no meter a todos en sus casas. Porque si nadie se mueve, resulta más fácil pillar a los broncas que interrumpen el botellón o el Black Friday al que antes llamábamos rebajas. Tenemos que rearmarnos, sí, pero de ideas.

La Voz de Galicia, 28.noviembre.2015

Encogidos

Escrito por Paco Sánchez
22 de noviembre de 2015 a las 11:13h

He leído muchas reacciones políticas y periodísticas a los atentados de París y solo se me ocurre una palabra para resumirlas: confusión. Estamos confusos. Ya no se trata solo de falta de coraje, sino de vigor intelectual. Unos, por costumbre, echan toda la culpa a Occidente. Otros salen a bombardear. Y los de siempre insisten en culpar a la religión, los mismos, por cierto, que se ensañaron con Benedicto XVI cuando dijo en Ratisbona lo que repite ahora Francisco: matar en nombre de Dios es una blasfemia. Con tal munición en nuestros medios y escuelas, no extraña que algunos hijos de inmigrantes salgan yihadistas.

Luego vienen los que se empeñan, políticos sobre todo, en que debemos elegir entre seguridad y libertad. Pues bien, a estos últimos querría responder.

Yo elijo libertad. Como consecuencia, estoy en contra del control masivo de las comunicaciones, cada día más tolerado por la ley con pretextos antiterroristas. Y tampoco quiero que haya cámaras por todas partes. Elijo que dejen el tratado de libre circulación como está y que de ningún modo se cierren fronteras. Y moverme por donde me plazca, aun sabiendo que los terroristas musulmanes escogen como objetivos hoteles -como se vio ayer en Mali- y restaurantes, instalaciones donde abunden los extranjeros, porque no quieren que viajemos. Y elijo hacerlo sin que me cacheen ni me desnuden. Elijo el riesgo. Elijo decir lo que pienso del islam, que nació en guerra, conquistó por las armas medio mundo y lo sometió hasta que quedó atrás en la historia, sin que nunca hayan dejado de tratar a los demás como de segunda o como esclavos. Elijo celebrar la Navidad o la Semana Santa sin complejos. Elijo vivir sin miedo.

La Voz de Galicia, 21.noviembre.2015

Primitivos

Escrito por Paco Sánchez
14 de noviembre de 2015 a las 21:01h

El mundo primitivo era muy duro y no solo porque carecieran de agua caliente o wifi, sino porque estaba dominado por dioses crueles. La momia del niño sacrificado por los incas hace quinientos años me trajo el recuerdo de aquellos terrores. Pero la noticia, tan interesante, convivía en el periódico con la sentencia por el asesinato de Asunta y con el descubrimiento de siete bebés enterrados en una casa de Alemania, una práctica que acumula precedentes en aquel país. Podría cargar la mano con los niños enterrados vivos o crucificados por el Estado Islámico y otras barbaridades, pero prefiero quedarme ahora con los que matamos aquí, en España, donde antes de acabar el año ya hemos batido todos los récords históricos. La mayoría fueron asesinados por sus madres, sus padres o por las parejas de sus padres o sus madres. Desde luego, los dioses primitivos eran crueles, pero me pregunto a qué dioses se los sacrificamos ahora.

No responderé a la pregunta. El lector ya sabe. Apenas quiero advertir sobre este neoprimitivismo. El grado de civilización se manifiesta, mejor que en ningún otro criterio, en el trato que se dispensa a los ancianos, a los niños, a los enfermos, a los pobres y, en general, a los más débiles. Debería haber incluido en la enumeración a las mujeres, pero no me he atrevido. El lector también sabe por qué. Mantengo, no obstante, la pregunta, ¿a qué dios cruel estamos sacrificándolos?

¿A qué dios ofrecemos en holocausto los millones de niños utilizados en la pornografía infantil o en la prostitución? Anteayer saltó la noticia de la madre que vendía por Internet los desnudos de sus pequeñas. Urge localizar a esos dioses despiadados y ponerles nombre.

La Voz de Galicia, 14.noviembre.2015