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Torturas

Escrito por Paco Sánchez
13 de diciembre de 2014 a las 10:27h

Se ha levantado un barullito donde esperaba yo un gigantesco revuelo. También se lo temía la administración Obama, que había reforzado la seguridad en medio mundo. Pero ha quedado todo en un casi nada. En Occidente no nos hemos escandalizado tanto como se podía prever, quizá porque las películas, las series y otros discursos culturales y políticos nos habían acostumbrado a la idea de que la CIA tortura. O porque empezamos a hartarnos de ese acuchillamiento sistemático que nos infligimos. Por su lado, los islamistas fanáticos degolladores de rehenes se ve que tienden a disculpar más fácilmente la tortura que la caricatura. Y los chinos no están para quejarse: sin que se monte siquiera el barullito que ha provocado lo de la CIA, acaban de anunciar que dejarán de utilizar los órganos de los presos para lucrarse con los trasplantes.

Hubiera preferido algo más de jaleo en esta parte del mundo, aunque el origen del informe me parezca oscuro y su publicación, innecesariamente arriesgada. Más jaleo, porque conviene defender sin fisuras la dignidad de todos los hombres. Y la tortura, en cualquier formato, con cualquier fin, envilece tanto al torturador como al torturado. Ni siquiera admitimos esa violencia contra los animales.

Por eso, lo que más me molesta del informe del Senado es su énfasis en que esas prácticas no dieron resultados. Se ha comprobado hace mucho que la tortura como sistema de interrogatorio no ayuda a obtener información confiable, porque el dolor nubla la mente o, para evitarlo, induce a inventar lo que en realidad no se sabe. Pero aunque funcionara, aunque fuera eficaz, no podemos torturar. El drama radica en que ya no nos acordamos de por qué.

Publicado en La Voz de Galicia, 13.diciembre.2014

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Respetarse

Escrito por Paco Sánchez
6 de diciembre de 2014 a las 11:43h

Esta página recogía ayer la historia de dos hombres: uno había perdido el bolso de su mujer, el otro lo había encontrado y se lo había devuelto sin abrirlo. Se trata de un relato refrescante en medio de las noticias, pero no infrecuente. Un día perdí la cartera en Valladolid y me la devolvieron intacta, pese a que llevaba más dinero del normal porque estaba de viaje. Siempre que lo cuento, alguien corresponde con una anécdota similar. En la entrevista de ayer, Alfonso Andrade le preguntaba a Constantino Chao cómo se sentiría si no hubiera devuelto el bolso: «Tendría unos remordimientos enormes. De hecho, lo pasé mal al pensar cómo estaría sufriendo quien lo había perdido». A eso siempre le hemos llamado conciencia.

En el equipamiento humano, la conciencia viene de serie, pero hay que configurarla para que responda bien. Y aun así, requiere mucho mantenimiento o se deforma. Una conciencia auténtica no escuchada termina por callar, si no se pervierte antes. Los dos entrevistados de ayer aluden a esto: «El que devuelve un bolso lo lleva en los genes, aunque también está la educación, lo que aprendemos en casa», decía Antonio Míguez.

La calidad de la conciencia depende del concepto que cada uno tiene de sí mismo y de los demás. Algo a lo que contribuyen muchos elementos culturales. Es difícil, por ejemplo, que un niño o una niña que se han criado viendo pornografía respeten o se hagan respetar. Quien no se respeta se corrompe inevitablemente de mil maneras. También, quien no respeta a los demás, incluso a los que no quieren ser respetados. La conciencia auténtica conserva la sensibilidad, previene el embotamiento. Ahí reside la clave de la lucha contra la corrupción.

Publicado en La Voz de Galicia, 6.diciembre.2014

Es un poema

Escrito por Paco Sánchez
29 de noviembre de 2014 a las 10:50h

Aquellos versos de T. S. Eliot, tan leídos, me alcanzaron de una manera nueva cuando los evocó Alejandro Llano anteayer: los hombres «tratan constantemente de escapar / de las tinieblas de fuera y de dentro / a fuerza de soñar sistemas tan perfectos / que nadie necesitará ser bueno». Y me alcanzaron de un modo nuevo porque hablábamos de ética pública y corrupción en un curso organizado por la Escola Galega de Administración Pública y la Fundación Santiago Rey Fernández-Latorre. Es verdad: no existe el sistema político perfecto que nos libere del trabajo de ser personas, de ser buenos. Y en esa clave coincidían los ponentes como ayer mismo podía leerse en la entrevista a Javier Gomá: la corrupción es un problema de virtud personal y no solo ni principalmente de los políticos, sino de la sociedad entera.

Claro que esta solución no tiene atajos ni responde al inmediatismo tan propio de nuestros días ni resulta lo suficientemente simplona y fácil para que todo el mundo la entienda y acepte. Requiere otros modelos educativos, no ya en los colegios, sino en la propia familia, porque la virtud no se aprende, no es teórica, sino que se vive: solo se aprende viviéndola y viéndola vivir.

Por la misma razón, también se produjo una coincidencia casi unánime en que la legislación motorizada, la proliferación de leyes, códigos éticos y demás instrumentos de la retórica política más que ayudar, entorpecen cualquier proceso de regeneración. No existen sistemas perfectos para liberarnos del trabajo de ser buenos. Esos intentos terminan en contradicción: la de la extrema desigualdad en un mundo cada día más igualitario o la multiplicación de reclusos en una sociedad más libre.

Publicado en La Voz de Galicia, 29.noviembre.2014

Ideas grandes

Escrito por Paco Sánchez
24 de noviembre de 2014 a las 11:18h

En contra de lo que tantos vaticinaron, la caída del muro de Berlín no supuso un triunfo del modelo occidental y de la democracia, sino más bien su crisis, la puesta en evidencia de una falta de identidad, de ideas y de líderes en un contexto mucho más complejo que el anterior: el del blanco y negro y los dos bloques de la guerra fría. Se habla de crisis de la democracia por todas partes, y me parece que esa crisis se debe al intento de mantener la simplificación dualista en un mundo casi completamente distinto, que necesita menos simplificación y más interpretación. Pero la interpretación de calidad no abunda, sino la otra, la atrincherada, la de buenos y malos, la tabernaria, la de aquellos que escriben para quedar bien.

Como es lógico, el mal se ha contagiado a la política, de la que han desaparecido aquellos personajes a los que solíamos llamar «hombres de Estado», líderes fuertes y a la vez, profundos conocedores de las habilidades y recursos del juego político nacional o internacional. Pero, sobre todo, hombres y mujeres que pensaban más allá y ofrecían ideas grandes. A veces resulta difícil distinguir las ofertas de los partidos, tan chatas todas, tan pegadas a lo económico, a lo inmediato, tan sin grandeza. Buen caldo de cultivo para los utópicos, como ha sucedido siempre a lo largo de la historia.

El mundo entra en otra era y necesitamos intérpretes y escritores que sepan recomponer nuestra narrativa deshilachada. Por eso me alegró tanto que los Premios Fernández-Latorre distinguieran este año a Barreiro Rivas, que escribe hurgando en lo complejo, sin reducirlo a una simplificación empobrecedora en la que caben todos los odios y ninguna solución.

Publicado en La Voz de Galicia, 22.noviembre.2014

Programa político

Escrito por Paco Sánchez
15 de noviembre de 2014 a las 18:50h

Releí ayer aquel famoso cuento de Isaac Asimov en el que, por un error de diseño, construyen un robot capaz de leer los pensamientos humanos. Los científicos advierten enseguida el problema, pero ni saben qué falló en el sistema de producción ni se percatan de todas sus consecuencias, porque no caen en la cuenta de que, además, el robot traía inscrita de serie a la Primera Ley Fundamental de la Robótica: «Un robot no debe lesionar a un ser humano, ni mediante la inacción llegar a producirle daño». Resultado: cuando cualquiera le preguntaba algo, el robot siempre contestaba lo que sabía que el otro quería escuchar, para no herirle. Como es lógico, montó un carajal de cuidado y, por fin, terminó él mismo de mala manera, con sus circuitos girando en bucle, arruinados para siempre.

Los robots no saben querer y, por tanto, les resulta imposible percibir que decir siempre lo que los otros desean escuchar no les evita sufrimiento, sino que lo difiere y agranda, porque terminarán chocando contra la verdad y el estrago resultará peor.

En la primera campaña presidencial de Obama, alguien comentó que sus discursos parecían una pantalla en blanco en la que cada uno se proyectaba como quería. También yo. Por eso, aunque me gustaba Obama, llegué a decir aquí que prefería a Hillary Clinton, que no me gustaba. Componer discursos como los de Obama requiere talento comercial, datos bien analizados y mucha retórica poética. Pero ninguna virtud: no hace falta querer a nadie ni ser prudente o magnánimo. Me preocupa la irrelevancia de los programas políticos: en unos casos porque mienten y, en otros, porque ni se formulan. Supongo que piensan que no pensamos. Y aciertan.

Publicado en La Voz de Galicia, 15.noviembre.2014

Borroso

Escrito por Paco Sánchez
9 de noviembre de 2014 a las 20:45h

No me hagan mucho caso. Dice un amigo muy listo que mis artículos están bien si no hablo de política y voy a hablar de política. Me faltan claves, seguro, y herramientas de análisis suficientes, pero mi impresión de lo que ha ocurrido en la última encuesta del CIS se aparta bastante de los comentarios al uso y, por si tiene algo de verdad, me atrevo a compartirla. En primer lugar, y aunque se considere raro, pienso que la caída en intención de voto del PP no arranca tanto de la corrupción como de la retirada de la ley del aborto. De hecho, las encuestas de diversos medios y en varias comunidades autónomas mostraron inmediatamente un descenso en picado del apoyo al PP en cuanto se anunció la decisión de Rajoy, mucho antes de que se agravaran los problemas de corrupción.

Están a tiempo de enmendarse, pero como resulta complicado, prefieren continuar en manos de los hechiceros de la política y empezar a gritar a los cuatro vientos: «¡Que viene el lobo!», de modo que esos votantes que les castigan en las encuestas terminen votándoles de nuevo en las urnas, aunque solo sea porque no les queda otro remedio. Por eso habrán observado que los portavoces de Podemos no parecen muy felices con los datos del CIS e insisten en que hay mucho voto oculto del PP y en que hoy volvería a ganar. Quizá lo digan solo por prudencia: expectativas desmesuradas podrían convertir en derrota un buen resultado. Pero probablemente lo creen.

El PP ha jugado con fuego: el de su propia identidad. Y al final, puede terminar abrasado. Corre el riesgo de no recuperar a esos electores y, con tiempo, el de que alguien ocupe el hueco del difuso humanismo que antes más o menos representaba.

Publicado en La Voz de Galicia, 8.noviembre.2014

Morir

Escrito por Paco Sánchez
1 de noviembre de 2014 a las 21:10h

Parece conveniente que estos días de difuntos y cementerios coincidan con un momento, uno más en realidad, en el que vivimos con rabia y tedio a la vez, es decir, con impotencia, los chaparrones de una corrupción que no amaina. «Aquí rouba todo o mundo», dice mi madre delante del telediario, y me mira suplicante, en busca de una explicación o un consuelo. No entiende y se abruma. Un día, ya lo conté en otra parte, reaccionó casi gritando: «Pero… ¡esta xente pensa que non vai morrer!». Bien visto, madre.

Se trata de eso, y lo explica bastante bien Javier Gomá en uno de sus ensayos. De eso y de algo más, por supuesto. Vivir como si no fuéramos a morir resulta más peligroso que una mala democracia, agonizante en el escaso medio mundo que cuenta con una. Y más peligroso también que una crisis económica internacional de cuyo fin nada cierto sabemos, porque ya nadie entiende ni controla el propio sistema que nos ha hecho ricos. Y más peligroso que la desigualdad creciente que provoca la falsa igualdad: claro que somos iguales, benditamente iguales, la muerte nos iguala en vida, si no nos escondemos de ella ni la escondemos, si aceptamos nuestra finitud sin renunciar, por eso, a la perfección personal y colectiva.

Nuestro principal déficit no es el democrático ni el económico, sino el ético, ya denunciado hace sesenta años por Guardini. González de Cardedal se preguntaba estos días qué fue de la ética civil. Sin proyecto moral, es imposible cualquier proyecto democrático, cualquier proyecto económico, cualquier proyecto de vida. Pero esto ya sucedió antes y el mundo consiguió reinventarse. Esperemos que esta vez sin pagar aquellos precios en guerras y en siglos.

La Voz de Galicia, 1.noviembre.2014

Profesores

Escrito por Paco Sánchez
25 de octubre de 2014 a las 9:23h

No recuerdo bien qué dijo la profesora, pero su frase terminaba con algo parecido a «y si no me sale, me pongo a vender pescado». Uno de los casi ciento cincuenta colegas que la escuchaban el pasado martes comentó en voz baja al de al lado: «Pues como se ponga a vender pescado, esta monta otra Pescanova». Estábamos en el encuentro Inspiratics, convocado por las fundaciones Amancio Ortega y Santiago Rey Fernández-Latorre para promover la innovación educativa, y tenía la palabra la ganadora del premio. Explicaba, como los demás finalistas, en qué consistía su proyecto. Había mucha pasión en lo que decía: hacia sus compañeros, hacia sus alumnos, hacia su profesión. Sin embargo, me conmovió más otra cosa: la gigantesca generosidad en tiempo y esfuerzos que suponía aquel proyecto.

Y en eso, en la generosidad, se parecía muchísimo a todos los finalistas y a todos los presentes: profesores que bregan sin medios, pero con imaginación y ganas, driblando los atrancos que les opone el sistema. Gente que se arremanga para no dejar ningún niño atrás, para que todos lleguen adonde pueden a costa del tiempo libre de la profesora o del profesor, de sus horas de sueño.

Fue una sesión larga, interesantísima y, según la encuesta, el cien por ciento de los presentes quiere repetirla. Bien. Pero me gustaría transmitir de algún modo el optimismo renovado que me inspiraron. Caí en la cuenta de que conozco a muchísimos profesores y de que casi todos responden a este perfil luchador. El desinterés y la entrega, por alguna razón quizá vocacional, parecen más frecuentes entre ellos. Un verdadero antídoto contra la inanidad que posibilita y hace grandes a los pequeños Nicolás.

La Voz de Galicia, 25.octubre.2014

(H)Ay África

Escrito por Paco Sánchez
20 de octubre de 2014 a las 9:54h

He seguido desde fuera de España la crisis del ébola de estos días. Sentí mucha vergüenza y aún la siento. Se percibía un país histérico sin nada que lo justificara: seguimos sin un solo muerto contagiado aquí. Desde luego, el periodismo ha tenido mucho que ver con todo el disparate de primeras páginas y horas de televisión, amplificadas luego en las redes sociales. Pero como en casos anteriores, la responsabilidad de las profesiones sanitarias y sus representantes y, de modo especial, de la Organización Mundial de la Salud (OMS) debe subrayarse. ¿Por qué alientan el alboroto aquí cuando han desatendido durante meses las llamadas de auxilio que se lanzaban desde África? Allí sí que había y hay un problema. Desde principios de año. Allí sí que morían a chorros, atendidos solo por un puñado de valientes con miedos y sin medios. ¿Alguien pensó que, para hacer algo, se necesitaba inquietar a quienes pueden permitirse el precio? Ya sé, dije hace semanas que no hablaría del ébola.

También ha fallado el periodismo en la cobertura del Sínodo. Se nota la ausencia de profesionales que conozcan lo ocurrido en las deliberaciones del Vaticano II, el proceso previo a la encíclica Humanae Vitae o el recentísimo Vatileaks, por ejemplo. La fullería eclesiástica existe y mantiene características bastante rancias, y por eso mismo, repetitivas. De ese modo han llegado a titulares supuestos cambios en la doctrina que causan mucho dolor a las personas: en unas porque alientan expectativas imposibles, en otras porque se asustan ante un aparente derrumbe de las convicciones por las que, como en el caso de los africanos -¡África otra vez!-, se han dejado literalmente la vida.

Publicado en La Voz de Galicia, 18.octubre.2014

Telenovela electoral

Escrito por Paco Sánchez
12 de octubre de 2014 a las 9:54h

Brasil se la juega. O insiste en la deriva de Lula con consecuencias similares a las de Venezuela, Bolivia y Argentina -pobreza progresiva y marginalidad internacional- o decide seguir siendo Brasil. Cuando parecía que la actual presidenta se llevaría la elección, la muerte del candidato socialista cambió todo. Le sustituyó Marina Silva, antigua militante del PT, partido de Dilma Rousseff, y enseguida se disparó en las encuestas. Nadie pensaba siquiera en el candidato conservador, hundido en porcentajes residuales. Dilma y la maquinaria del PT, con zafiedad salvaje, volvieron toda su artillería contra Marina. Terminaron enredándola y el domingo, el antes descartado Aecio Neves adelantó a la carismática Marina y disputará la presidencia con Dilma en la segunda vuelta.

Neves, que también parece salido de una telenovela, ya va delante en las encuestas. Le apoya el partido de Marina y todo un sentimiento de hartazgo del PT: de su clientelismo, de su corrupción. El último escándalo, el de la Petrobras, dejará pequeño cualquier otro sabido o imaginado. Me decía una periodista conocida: «Siempre he votado PT, pero esto necesita una limpieza». También lo dice la gente en la calle. Al PT le queda el Norte y el Nordeste, deprimidos y subvencionados, y poco más: en el estado de São Paulo, por ejemplo, solo ganaron en un municipio de 645.

Lula llegó a decir, con desvergonzada arrogancia, que conseguiría que saliera elegido por el PT hasta un poste. Todo un continente está atento, temeroso. Pero por mucha fuerza que exhiba la maquinaria de Lula, Brasil no es Venezuela ni Bolivia. Ni siquiera Argentina. Su sociedad es fuerte y sus instituciones funcionan.

La Voz de Galicia, 11.septiembre.2014