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Universidad y Libertad

Escrito por Paco Sánchez
27 de agosto de 2016 a las 19:41h

La Universidad de Chicago acaba de recibir a sus nuevos alumnos con una carta que alegra leer, dedicada a insistir en uno de los rasgos característicos de la universidad: la libertad de investigación y de expresión para todos los miembros de la comunidad académica. Lamentablemente, no puede darse ya por sentada ni la libertad de cátedra ni la libertad de expresión en los campus. Así que animan a los nuevos estudiantes al debate, a la discusión e incluso al desacuerdo, aunque resulte incómodo, porque el libre intercambio de ideas fortalece la propia idea de universidad, la hace posible.

Por eso, advierten, no aceptarán los llamados trigger warnings (avisos sobre contenidos que pueden herir la sensibilidad), no dejarán de invitar conferenciantes porque puedan causar controversia ni permitirán «espacios seguros» donde resguardarse de opiniones contrarias a las propias. Como pueden imaginar, todo esto se refiere a la dictadura de la corrección política y ha provocado respuestas airadas, que tienden a justificar la censura como defensa de las minorías. Algo que en la universidad, más que en ningún otro sitio, carece de sentido.

Como muy bien dice la declaración que la Universidad de Chicago aprobó en el 2015: «Las ideas de los diferentes miembros de la Universidad pueden entrar a menudo y de un modo natural en conflicto. Pero no corresponde a la Universidad tratar de defender a los individuos de ideas y opiniones que ellos consideran inoportunas, desagradables o incluso profundamente ofensivas». Al contrario, diría yo: corresponde a la universidad formar personas maduras capaces de dialogar sin miedo con ideas contrarias, respetando siempre a las personas.

La Voz de Galicia, 27.agosto.2016

Más burkini

Escrito por Paco Sánchez
27 de agosto de 2016 a las 19:40h

Cuesta pasar por un periódico estos días sin toparse con una columna, una noticia o un reportaje que palabree sobre el llamado burkini. Ayer me harté. Primero por la palabra misma, tan mal inventada, porque sustituye el «bi» de «bikini» por «burka» de manera fraudulenta. Probablemente alguien pensó que ese «bi» significa dos sin caer en la cuenta de que Bikini procede de un topónimo, un atolón de las islas Marshall. Pero además, no parece que ninguna musulmana se bañe con burka, la prenda que oculta incluso los ojos detrás de una especie de rejilla. El debate, por tanto, empieza mal, con una falsificación sensacionalista de los nombres.

Lo del burkini me parece una tontada, pero no lo del burka y los demás velos que cubren el rostro y comprendo que se prohíban en una cultura abierta como la nuestra, pero que dice respetar la dignidad humana. Me dan vergüenza los motivos de seguridad que se aducen. El verdadero problema radica en que esa vestimenta borra por completo la identidad de las personas: no las oculta, sino que las hace desparecer. No pueden dar la cara ni, por tanto, responsabilizarse ni diferenciarse ni distinguirse. Se convierten en bultos, algo peor que objetos.

Cuando alguien se viste o desviste de manera que su rostro, que es la máxima expresión física de su identidad, pasa a un segundo plano para atraer la mirada hacia otras zonas, esa persona se está vistiendo de un modo vulgar que tiende a convertirla en un mero objeto para los demás. Pero si se tapa todo, también el rostro, entonces deja de existir, como si no tuviera nombre. Y esto, en nuestra cultura, resulta degradante y por eso debe rechazarse: por inhumano, no por problemas de seguridad.

La Voz de Galicia, 20.agosto.2016

La fiesta

Escrito por Paco Sánchez
27 de agosto de 2016 a las 19:38h

La fiesta es mágica y de difícil definición. Connota alegría, descanso, celebración con otros, espontaneidad, agradecimiento. Se festeja la existencia propia y la de los demás, la existencia del mundo, de la familia, de la aldea, de la villa, del barrio, de la ciudad. Se festeja el regalo recibido. Pero resulta casi imposible penetrar en el núcleo de una palabra tan sencilla, tan pequeña incluso en sílabas.

La fiesta tiene un núcleo no disponible. Nadie puede forzar la fiesta. Siempre que se intenta -y se ha intentado mucho desde cualquier género de poder-, termina en el inevitable desfile chillón o tristón. Muy a menudo, en ambos a la vez, como ocurría con las fiestas nazis. Las fiestas no se inventan en una probeta, nacen como los niños o devienen en otro negocio con forma festiva. Se advierte muy claramente en la diferencia entre las fiestas populares auténticas y las llamadas fiestas populares de regímenes sin libertad, con sus paradas guerreras, sus tanques y sus mosaicos gigantescos en los que cada persona levanta una pieza de una imagen limitada y controlada. La fiesta de verdad no celebra el poder, sino el misterio incontrolable de la existencia. De ahí su encanto.

En torno al 15 de agosto se multiplican las fiestas en todos los rincones de Galicia y en el resto de España. Impresiona ver el mapa que publicó estos días La Voz. También es la fiesta grande de mi pueblo y el santo de mi madre. He vivido estas fiestas desde niño y me hicieron crecer. Son fiestas de guardar, y yo las guardo. Como un tesoro que me calienta el alma sin cansancio. Precisamente, la diferencia definitiva entre la fiesta y su falsificación radica en eso: en que la auténtica no cansa.

La Voz de Galicia, 13.agosto.2016

Contracultura

Escrito por Paco Sánchez
27 de agosto de 2016 a las 19:37h

Me parece que a la gente hay que dejarla en paz y, si quieren llamarle Lobo al niño, que se lo llamen, que para eso es suyo, y por lo visto tal nombre «no confunde el sexo, es bonito y no atenta contra la dignidad del menor». Gato y Tigre también cumplirían las condiciones. Sabandija, sin embargo, incumple las tres, al igual que Tarántula. Bueno, al menos dos, porque siempre habrá quién los considere eufónicos. A mí Lobo, que ya era apellido, me parece muy adecuado para estos tiempos. Con los años, al chaval le llamarán señor Lobo, como al de Pulp Fiction. O quizá devenga en otro Lobo de Wall Street o en el lobo de los Stark como en Juego de Tronos. Ojo, porque probablemente el próximo nombre polémico sea Dragón, ahora que los dragones son buenos, después de siglos de infamia y asimilación con el diablo. Que esa es otra: también está de moda, y cualquier día se registra un bebé con el nombre de Satanás o Lucifer. Nerón, hasta ahora injustamente reservado para perros, debería recuperarse para humanos.

El problema lo puede tener el chaval cuando en primaria, como cantaba Paco Ibáñez, lo maltraten los corderos: ¡que viene el lobo! Pero, salvo que quiera dedicarse al espectáculo, ya cambiará de nombre como han hecho tantos y tantas artistas: ¿qué hubiera sido de Paco de Lucía si hubiera mantenido su Paco Sánchez original?

Esperemos, en cualquier caso, que el niño no salga al lobo de Hobbes, y sea muy feliz y haga muy felices a sus padres y a todos, aunque no se le pueda pedir que no sea un Lobo para el hombre. Mejor es llamarle Lobo al niño que US Navy: parece más primitivo, pero también más natural. Y habiendo un san León, ¿por qué privarnos de un futuro san Lobo?

La Voz de Galicia, 6.agosto.2016

Despiste

Escrito por Paco Sánchez
27 de agosto de 2016 a las 19:34h

En Portugal se sigue con atención sorprendente el día a día de la política española: los periódicos, por ejemplo, se ocupan habitualmente de ella mientras que los nuestros apenas dan noticias de la suya. De modo que la gente algo cultivada se sabe los nombres de nuestros políticos, incluidos los de segundo nivel, y habla con una soltura chocante de este caso de corrupción o de aquel otro y muestran opinión formada sobre el advenimiento de Podemos y Ciudadanos o los problemas catalanes. Por eso mismo, en el par de semanas que pasé por allí, tuve que responder no sé cuántas veces a la pregunta, a veces algo angustiada, de si por fin conseguiríamos formar Gobierno.

Respondía siempre lo mismo y con cierta seguridad, porque me lo creía: se formará Gobierno pronto. Y explicaba que solo había tres posibilidades: un Gobierno del PP en solitario o acompañado, un Gobierno de todos los demás o unas terceras elecciones. Como estas últimas no interesan a casi nadie, y como la segunda posibilidad parece mucho más lejana aún que después de los resultados de diciembre, queda como única salida, decía, que gobierne de algún modo el PP, y rápido, porque la gente no entenderá que nos enreden mucho más tiempo con jueguecitos teniendo, como tenemos, tantas cosas que arreglar.

Supongo que habré perdido mucho crédito, si me quedaba alguno, ante aquellos interlocutores portugueses, porque imagino que leerán en sus periódicos -o en los nuestros- noticias que ponen en solfa mis augurios, tan simples y contundentes. El mundo, lo reconozco, es mucho más complejo, por eso se dedica en plena crisis económica, humanitaria y de terrorismo ubicuo a la caza en masa de? pokemones. O como se diga.

La Voz de Galicia, 30.julio.2016

Difícil

Escrito por Paco Sánchez
27 de agosto de 2016 a las 19:32h

Lo de escribir se ha vuelto muy difícil, sobre todo si se trata de decir algo brevemente. Pensaba que alejarme unas semanas ayudaría, pero más bien lo complica. Ahora hay más cosas que no entiendo: que haya gente, mucha incluso, que se alegre por la muerte de un torero y que además lo diga (alegrarse de cualquier muerte es inmoral, decirlo me parece obsceno). Que haya liberales que lamenten el fallido golpe de Estado en Turquía o que incluso animen a que se repita para recuperar un modelo democrático mejor (entendería que se rechacen las purgas que está llevando a cabo el querido Erdogan de nuestra Alianza de las Civilizaciones, pero no que se pida un golpe contra una democracia imperfecta). No entiendo que nos extrañen a estas alturas las acciones violentas de cualquier género, terroristas, racistas o lo que sean (llevamos así toda la vida, solo que desde que nos consideramos ilustrados, ateos y autónomos, nos extraña que no hayamos conseguido todavía la sociedad perfecta, sino una más desigual y violenta). No entiendo que se mantenga estable el número de nuevos infectados por el sida y que los aumentos se atribuyan a los mismos grupos de riesgo de siempre: sabiendo que bastaría un cambio de conductas, seguimos promoviéndolas y gastando cantidades ingentes en investigación de una vacuna y en compras de antirretrovirales que no evitan miles de muertes. Pero, eso sí, la NBA ha cancelado el All Star que había programado en Carolina del Norte, porque es uno de los 21 estados que se oponen a la ley Obama que permite usar los vestuarios femeninos a quien se sienta mujer, lo sea o no. La democracia de los grandes negocios frente a la de los parlamentos. Y así…

La Voz de Galicia, 23.julio.2016

La papilla

Escrito por Paco Sánchez
19 de junio de 2016 a las 9:35h

Leí el título del artículo y me dije, ¿de verdad?, ¿de verdad hay que aclarar esto?: Ningún gorila vale más que un niño, a propósito de la discusión que surgió en torno a la muerte de un gorila en un zoo de Ohio para evitar que atacara al niño que cayó en su zona. Algo nos pasa para que tengamos que discutir esto. La misma incredulidad me ha asaltado al leer las reacciones a la matanza en el club gay de Orlando. Me siento incapaz de repetir las barbaridades que se han dicho desde el primer momento, como si el horror de lo sucedido no fuera bastante. Por resumir, me quedo con las palabras del pobre Garzón unidoapodemos, que la atribuía al «heteropatriarcado».

La expresión en su literalidad es indescifrable y no sé si la presenta como opuesta a un ideal matriarcado homosexual. Pero está en la línea de muchos otros comentaristas nacionales y foráneos: la culpa no es del islam -probablemente, no: el asesino no parece un fanático islamista- ni de la venta descontrolada de armas, sino del odio contra los homosexuales dictado por el «patriarcado heterosexual» que, a la postre, se simplifica en lo que llaman conservadurismo cristiano. Esa lectura debería haber ido derrumbándose con los días al comprobar que el asesino ni pertenece al heteropatriarcado ni es cristiano. Pero no se ha derrumbado. Solo ha caído el silencio.

Desde luego, existe un conservadurismo cristiano insoportable, ese que dio origen en su día a la palabra fundamentalismo. Y hay un progresismo que tiene por ideología una papilla mental que les impide distinguir a un gorila de un niño o que convierte la identidad sexual en la clave para entender todo. Menos mal que en medio queda aún casi toda la gente.

La Voz de Galicia, 18.junio.2016

Consecuencias

Escrito por Paco Sánchez
13 de junio de 2016 a las 11:12h

Hablaba con un periodista amigo y, después de un rato, le manifesté mi preocupación por el progresivo estrechamiento de la libertad para decir lo que uno piensa. Como nos conocemos muy bien y nuestras ideas apenas coinciden, me miró muy serio y dijo: «Todo el mundo puede decir lo que piensa. Pero tiene consecuencias». Me lo dijo en el tono en que una madre le dice al hijo que si no quiere hacer tal cosa allá él, pero que tendrá consecuencias. Así que le contesté que las consecuencias de un discurso razonado deben consistir siempre en otro discurso razonado, no en un insulto o una descalificación completa. Puse el ejemplo del matrimonio homosexual: si alguien argumenta en contra, habrá que contestarle con razonamientos que desmonten los suyos y no llamándole homófobo, categoría en la que caerían, paradójicamente, muchos homosexuales que ni entienden ni defienden tal figura jurídica.

Me dio la razón de mala gana, pero me la dio. Iba a decirle que si se puede criticar el matrimonio sin que nadie te agreda, por qué no cabe discutir también el homosexual. Hay temas de los que ya no se puede hablar si no es para reforzar el credo correcto, los dogmas impuestos. Respondió que parece lógico, por ejemplo, que no se dé cancha pública a los nazis. Le pregunté por qué y se extrañó: sabe que detesto la ideología nazi. Pero respondió. Ante sus motivos, le dije que por esas mismas razones deberíamos negar la palabra también a los comunistas, que las han hecho y siguen haciendo mucho peores. Todos los países comunistas son dictaduras, dijo, pero…

La libertad de expresión anda muy malherida, no ya aquí, sino en el mundo entero. Y cuando enferma la libertad, enfermamos todos.

Paolo Vasile

Escrito por Paco Sánchez
6 de junio de 2016 a las 11:13h

Hay una lógica brutal en los argumentos de Paolo Vasile, consejero delegado de Mediaset España, que habló el miércoles en el MPXA. Dice, primero, que no está interesado en la gente que tiene cosas que decir, sino en lo que quiere escuchar y ver la gente. Después añade que aquí hace una televisión distinta de la que había hecho antes en Italia, porque cada país reclama contenidos diferentes: salvo unos pocos formatos que se repiten en el mundo entero, lo que engancha es lo propio. Por último, piensa que la televisión no morirá mientras se atenga a lo específico del medio: el directo y el esperpento. Telecinco, por tanto, proporciona directo y esperpento y, a menudo, esperpento en directo. Consecuencia: liderazgo habitual de audiencia, ininterrumpido los últimos veintiún meses. Es decir, Vasile entiende bien España.

Cabría afirmar que el italiano ha conseguido la mayor rentabilidad de una empresa de televisión europea a costa de nuestras debilidades, manteniéndose atento y cambiando lo que tuviera que cambiar. El mérito es suyo, y la vergüenza, nuestra. La parrilla de programación de Telecinco podría servirnos de plantilla para hacer examen de conciencia y, si es el caso, propósito de enmienda. Si nos enmendáramos, Vasile, que querrá seguir ganando mucho dinero, se enmendaría también. Si continuamos comportándonos de la misma manera, Vasile seguirá programando a nuestra medida. A la medida, quizá, de quienes tanto le critican. Sabe mucho de televisión y de cómo cuadrar las cuentas.

Conviene no taparse en el anonimato del concepto audiencia y remitirse al comportamiento personal, que, como decía anteayer el Roto, «es lo real: lo otro, lo genérico, solo ideología».

La Voz de Galicia, 4.junio.2016

Partidos en dos

Escrito por Paco Sánchez
6 de junio de 2016 a las 11:11h

Parece que estamos abocados a vivir los próximos decenios entre dos fundamentalismos: dura vida es esa, porque equivale a decir que tenemos que apañárnoslas acosados por dos grandísimos errores. Las elecciones austríacas lo han mostrado a las claras, pero se advierte en todas partes. Contra lo que se suele decir, el fenómeno de la extrema derecha no nace con la crisis ni con los problemas de inmigración: se trata de un fenómeno en crecimiento gradual desde hace muchos años. Y se alimenta, precisamente, de la gente más sencilla, de los que antes votaban izquierda porque los grandes partidos de ese ámbito defendían a los trabajadores. Ahora sienten que defienden otras cosas y, encima, no les gustan esas cosas.

Tampoco entienden a los partidos clásicos de derecha o de centro, engullidos en la guerra ideológica posmarxista por el discurso multiculturalista, globalizado y, en general, por una idea del mundo, de la familia y de los grandes valores que nada tiene que ver con lo que la gente sencilla entiende por sentido común, pero que domina el discurso público de las élites políticas y mediáticas. Así que las élites se han ido quedando solas. Cada vez las sigue menos gente, salvo los jóvenes educados en ese discurso. Pero esos jóvenes perciben la falsedad de la corrección política, les sabe a poco, y también escapan hacia alguno de los extremos.

Semejante panorama explica el caso Trump en Estados Unidos o el caso Bolsonaro en Brasil, además de sus múltiples manifestaciones europeas. Si la élite política y mediática no se repone y cambia su discurso, caeremos inevitablemente en alguno de los extremos. O, Dios no lo quiera, en la confrontación violenta entre ambos.

La Voz de Galicia, 28.mayo.2016