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Democracia menguante

Escrito por Paco Sánchez
21 de febrero de 2015 a las 9:48h

Una vez le preguntaron a Gandhi qué pensaba de la civilización occidental. Respondió: «¿Civilización occidental? Sería una buena idea». Hoy no resulta tan gracioso. Hemos pasado de un tiempo en el que Estados Unidos parecía poder arreglarlo todo a otro en que nadie quiere arreglar nada. Un tiempo sin coraje. Da igual que Putin se coma a bocados Ucrania saltándose a la torera todas las leyes internacionales o que Boko Haram y el Estado Islámico degüellen de uno en uno, de quince en quince o que martiricen a miles de cristianos en Nigeria o en Irak; da igual que Turquía vuelva a la condición de régimen autoritario, que el Egipto actual sea peor que el de Mubarak o que Maduro detenga porque le da la gana a sus opositores políticos. Sin contar, por supuesto, las barbaridades del régimen chino. ¿Cómo responden Estados Unidos y Europa? Con enérgicas protestitas perfectamente medidas y alguna sanción económica tibia.

Esto explica el resurgir del autoritarismo en el mundo. Después de 30 años de expansión, la democracia pierde presencia en el mapa, según un estudio recién publicado por el profesor Larry Diamond, experto en la materia de la Universidad de Standford. Otro tanto ocurre con los indicadores de libertad, menos en los países occidentales. Los dictadores viven más sueltos.

Diamond lo atribuye a los malos índices de buen gobierno, transparencia y corrupción -peores en todas las áreas del mundo- y a la falta de energía de las democracias occidentales, polarizadas y políticamente bloqueadas. Como si desde el fin de la guerra fría nos hubiéramos quedado sin política y sin políticos, sin más ideales que el consumo, sin energía más que para protestar por lo nuestro.

Publicado en La Voz de Galicia, 21.febrero.2015

San Valentín

Escrito por Paco Sánchez
14 de febrero de 2015 a las 12:37h

No pensaba farfullar ni media línea sobre las sombras esas del tal Grey. Primero, porque no escribo sobre libros que no he leído (y en este caso) ni leeré. Segundo, porque tampoco escribo sobre películas que no he visto (y en este caso) ni veré. Y tercero, porque la crítica negativa no impidió, sino que más bien disparó las ventas millonarias de esos libros y las preventas increíbles de la película. Si, pese a lo dicho, llevo ya todo un párrafo, culpen al miedo. Eso es: escribo por miedo.

No me asusta la vulgaridad, que me parece poco menos que inevitable. Ni me asusta que hurgar en ella se haya convertido en uno de los negocios más rentables del planeta. Me asusta que la vulgaridad se haya extendido tanto que ya no se la reconozca como tal, y que los más jóvenes piensen que se trata de un estándar digno de imitación. En este caso, la Universal recuperará en un fin de semana los millones de dólares invertidos en la peliculita y en su promoción, sin preocuparse del daño seguro que producirá, especialmente entre los adolescentes, al legitimar el acoso, el sometimiento y otras formas de agresión sexual. Me asusta también la contradicción: todo un discurso contra la creciente violencia machista, carísimas campañas institucionales, declaraciones y manifiestos se demuestran ahora falsos o hipócritas ante la escasa contestación.

Pero lo que realmente me ha llevado a completar esta columna es que se presente como un regalo de San Valentín. El pobre santo siempre se ha visto rodeado de cursilerías y horteradas, comprensibles en los enamorados. Pero esto es otra cosa. Porque nada puede provocar tanta infelicidad como una falsa idea del amor. Eso sí que da mucho miedo.

Publicado en La Voz de Galicia, 14.febrero.2015

Otro modelo

Escrito por Paco Sánchez
7 de febrero de 2015 a las 10:25h

Da igual que las carreras se estructuren en tres o veinte años, porque la Universidad está muerta. No solo en España. Pero aquí, además, se comporta como un agujero negro que succiona, para nada, ingentes recursos. Eso sí, preferiría que Wert no enredara con tonterías y, si quiere hacer algo valioso, que empiece por replantear el modelo entero: el que sustituirá la Universidad dentro de unos años.

La Universidad ha perdido el norte tanto en sus contenidos como en su estilo. En los contenidos, porque ha abandonado las humanidades y la ciencia (la teoría) en favor de la mera técnica (la práctica), de modo que se ha convertido en una especie de formación profesional de menos calidad que la auténtica formación profesional. En el estilo, porque se ha politizado: lo que prima, entre los profesores, no es la discusión educada en torno al conocimiento o la verdad, sino el control de parcelas de poder a menudo ridículas. Y ni a los alumnos ni a los profesores les quedan horas, entre tanto trabajito absurdo y tantas clases, para gastar una tarde en el bar discutiendo. Del tiempo para leer y estudiar, ni hablamos.

Consecuencias: de jardín de la libertad del pensamiento y la originalidad, ha devenido en labrantío obtuso y violento del discurso dominante, que luego se traslada sin crítica -la Universidad era el lugar de la crítica- al resto de la sociedad. La investigación se desarrolla cada vez más en empresas o instituciones no universitarias. Y hay que cambiar los planes de estudios cada poco -con los mismos profesores, claro-, porque, como las técnicas envejecen deprisa, la universidad siempre va por detrás. Piensan que consiste en eso «acercarse al mercado laboral».

Publicado en La voz de Galicia, 7.febrero.2015

El post que resucita todos los 2 de febrero

Escrito por Paco Sánchez
2 de febrero de 2015 a las 13:59h

La marmota y la candelaria

Realizador

Escrito por Paco Sánchez
31 de enero de 2015 a las 10:23h

Pensamos cada vez con menos palabras y con más imágenes, porque miramos mucho más que leemos. En parte, porque nos resulta menos trabajoso. Un buen libro exige mucha atención y de mayor calidad que la que demanda, por ejemplo, una buena serie de televisión. Algo sabido y muy comentado ya. El problema radica en las consecuencias de leer poco o nada, que es el caso de un porcentaje elevadísimo de los españoles, según la última encuesta del CIS. Si la imagen sustituye a la palabra, terminamos pensando sin conceptos. Es decir, terminamos no pensando. Nuestros prejuicios, por otra parte imprescindibles, se ahorman a partir de lo que hemos visto o hemos creído ver. Puede que nuestra idea de lo bueno o de lo malo, de lo bello o de lo justo sea una imagen que quizá hemos visto en una serie o en varias películas. O en la escuela, cada día más audiovisual, como alertaba hace años Giovanni Sartori.

Cuando la imagen sustituye el concepto, nuestra libertad de pensamiento y nuestras decisiones posteriores quedan en manos del realizador y del guionista. Por eso a veces no sabemos por qué pensamos una cosa o por qué decidimos hacer tal otra. Los prejuicios se tornan feroces e indestructibles, porque no hay modo de revisarlos, nos faltan herramientas intelectuales. Y en caso de que choquen con la realidad, peor para ella. Crece entonces la vulgaridad: el mundo se puebla de supuestos excéntricos clonados en masa, copiados de la imagen en boga. Catalogamos sumariamente ideas y personas en progres y carcas, como lamentaba anteayer Adela Cortina, y arruinamos cualquier posibilidad de diálogo.

Dejar de leer y dejarnos manipular es casi lo mismo. Sobre todo, si nunca cambiamos de canal.

Publicado en La Voz de Galicia, 31.enero.2015

Lo del PP

Escrito por Paco Sánchez
24 de enero de 2015 a las 9:53h

Después de muchos meses sin atreverse ni a mentarlo, algunos comentaristas incluyen la retirada de la ley del aborto en la lista de causas que han precipitado al abismo el voto del PP. Eso sí, lo añaden tímidamente y al final, como si fuera menos importante. Se equivocan. Como yerran al considerar que el problema solo preocupa al «votante tradicional del PP». De hecho, el desplome de la intención de voto al PP se produjo coincidiendo con la retirada de la ley y, por supuesto, hay muchísima gente fuera del «voto tradicional» y del propio PP que está en contra del aborto y de la ley actual que lo regula. Por eso tiene gracia lo de sacar a Aznar a la palestra.

Los estrategas populares, después de haber gestionado de la peor manera concebible el proceso de la fallida ley, parecen reconocer que han perdido «voto tradicional» y ya no confían en que esa gente los elija porque no tengan otro remedio: quizá no votarán a otros, piensan, pero existe un riesgo cierto de que se queden en casa. Y con un error de juicio notable, consideran que los movilizarán echándoles a Aznar, al que escondían hasta hace dos semanas. Creen que Aznar representa a ese «votante tradicional» y que puede agitarlo. Lo dudo. Aznar quizá consiga rescatar cierto «voto tradicional», pero nada hizo para impedir la sangría de abortos, estabilizada ahora a unos niveles altísimos. Y desde luego, no servirá para pescar a esos votantes contrarios al aborto y, a la vez, muy ajenos al «votante tradicional» del PP.

La política que prescinde de los principios ni siquiera es capaz de ponderar qué significan para la gente. Y entonces, pierde. Que le pregunten a Dilma. Siempre les quedará el miedo a Podemos.

Publicado en La Voz de Galicia, 24.enero.2015

Démosle una vuelta

Escrito por Paco Sánchez
19 de enero de 2015 a las 13:35h

Columna en Nuestro Tiempo, octubre-diciembre 2014:

Démosle una vuelta

El humor, como todas las artes, funciona por comparación con la realidad: uno se ríe de lo que reconoce. Sin un conocimiento previo compartido con su público, es imposible que alguien haga reír. De ahí que encontrara gracioso un sucedido que me contaron de primerísima mano el pasado mes de julio. Ocurrió en un colegio de Lisboa. Un alumno pretendía entrar a deshora y pidió, por favor, a un profesor que le abriera la puerta. El profesor, por enredar un poco, le dijo: «Te abro si me lo pides en inglés». El chaval, muy cortésmente, se plegó al requerimiento: «May you open the door, please?». Viendo que el crío respondía, el profesor quiso darle otra vuelta de tuerca, ya por divertimento: «Bien. Si me lo pides ahora en español, te abro». Y el chaval, con la mayor naturalidad, procedió a elevar el tono de voz y exclamó en correctísimo castellano: «¡Abra la puerta, joder! » (LEER MÁS)

Blasfemia

Escrito por Paco Sánchez
17 de enero de 2015 a las 10:22h

La libertad de expresión es un bien escaso. Apenas existe fuera del mundo occidental o comparece muy limitadita. Y en nuestro ámbito, cada día resulta más penoso ejercitarla so pena de hoguera mediática: ay de quien se aparta de la corrección política -como hemos dado en llamar al pensamiento único- en asuntos relacionados con el sexo o con los sexos, o de quien se atreva a decir que no todas las culturas son igualmente valiosas. No lo matan, lo linchan en las redes y en los medios y puede perder hasta el empleo. Definitivamente, la libertad de expresión no pasa por sus días mejores.

Habrá quien diga que ahora hablamos de cosas de las que antes no se podía hablar porque se consideraban tabúes. En realidad, quizá tratamos en público y groseramente materias que antes comentábamos con idéntica grosería en privado, pero considerábamos impúdico o indelicado darles mayor difusión. La delicadeza engrasa mucho la vida social, pero procede del cultivo de la propia sensibilidad. Solo una persona vulgar o indelicada, por ejemplo, blasfema en público («Blasfemia: 1. f. Palabra injuriosa contra Dios, la Virgen o los santos. 2. f. Palabra gravemente injuriosa contra alguien»).

Defender la libertad de expresión no significa defender la injuria o la indelicadeza, la falta de respeto, aunque nos parezca que no lo merecen, a las convicciones íntimas de los demás. Al contrario, defender la libertad de expresión consiste, precisamente, en luchar por que los demás puedan sostener convicciones que no compartimos o que incluso nos disgustan, y en retener el derecho a intentar persuadirlos de su error con buenas razones, es decir, excluyendo el recurso a la violencia física o moral.

Publicado en La Voz de Galicia, 17.enero.2015

Inflamable

Escrito por Paco Sánchez
10 de enero de 2015 a las 10:26h

Dije en agosto, a propósito del primero, que deberíamos tratar con cuidado los vídeos de las degollaciones del Estado Islámico, porque eran armas de guerra. Después vinieron más decapitaciones con sus respectivos vídeos y las masacres de miles de cristianos en Irak y la matanza de 132 niños en Pakistán y… un crecimiento, progresivo y cada día más preocupante, de la islamofobia en Europa. Recuérdese, por ejemplo, que en vísperas de los acontecimientos de París, el noticiario internacional subrayaba el desbordamiento del odio al islam en Alemania y Francia. Probablemente, justo lo que pretenden los terroristas o sus jefes.

Reducir los crímenes de París a un castigo por haber mancillado la imagen de Mahoma parece una simplificación. Buscaban en realidad la batahola posterior, la que ahora estamos inflamando entre todos, con su incremento proporcional de los niveles de islamofobia. ¿Por qué? Porque aunque el escenario musulmán es un lío en el que todos están enfrentados con todos, la división más importante se asienta entre los moderados y los extremistas. Y todo el mundo sabe cómo convertir en extremista a un moderado: haciendo que se sienta víctima del supuesto enemigo. De modo que, cuanto peor tratemos a los seguidores de Alá, más rápidamente se nutrirán las filas de los extremistas. Y es de justicia advertir que, pese a la brutalidad de sus métodos, están actuando muy eficazmente y con una inteligencia que nada tiene de medieval: es mucho más perversa y antigua o mucho más moderna.

Conviene tratar con mayor prudencia este asunto. No vaya a producirse su sueño dorado: que unos desalmados occidentales ataquen un barrio musulmán o disparen en una mezquita.

Publicado en La Voz de Galicia, 10.enero.2015

Nombres propios

Escrito por Paco Sánchez
5 de enero de 2015 a las 10:48h

Leo siempre a George Friedman con interés y cierta prevención. Con interés, porque sus análisis geoestratégicos y sus previsiones raramente fallan (vaticinó hace cinco años, por ejemplo, que Rusia invadiría Ucrania en torno al 2014). Con prevención, porque sus propuestas, a veces, parecen demasiado cercanas a ciertos intereses. Me sorprendió su reciente análisis sobre los cinco principales acontecimientos del año 2014: el persistente declive de Europa, la crisis Rusia-Ucrania, el desajuste de la economía global, la desintegración del mundo diseñado por Mark Sykes y François Georges-Picot, los diplomáticos que, después de la Primera Guerra Mundial, redibujaron el mapa de la región que va del Mediterráneo a Persia.

A estos cuatro hechos añade Friedman un quinto: el nacimiento de sus nietos Asher y Mira. Reconoce que la importancia de este último elemento es mucho menor, pero lo menciona porque para él tiene una significación enorme y le importa mucho. Concluye que las personas avanzamos así a través de la historia: condicionadas por los acontecimientos, pero luchando nuestras vidas.

La Historia nunca se hace cargo de las historias. Estos días de cambio de año se multiplican las crónicas sobre lo que nos espera en política, en economía, en deportes. En todo menos en nuestra vida, que es sobre la que tenemos verdadera capacidad de decisión, aunque estemos condicionados. Esa crónica hay que escribirla a solas y en primera persona, después de evaluar lo vivido. Quizá, como en el mundo, encontremos algún declive, algún desajuste, algún mapa que se ha ido al garete, pero también muchos motivos de esperanza, cercanos y con nombres propios, como los nietos de Friedman.

Publicado en La Voz de Galicia, 3.enero.2015