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La Voz de Galicia
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Rodrigo Rato, la amnistía fiscal y la condena popular del hombre que pudo reinar después de Aznar

16 de abril de 2015 a las 21:39

Tres erán tres, las hijas del rey… Y tres eran los posibles sucesores de José María Aznar, el hombre que en la cúspide de su poder decidió ser fiel a su palabra y dejar de habitar el palacio de la Moncloa para convertirse en expresidente, en  un jarrón chino algo vigoréxico, definitivamente antipático y tal vez poseído por un espíritu salvapatrias, de esos que cuando se miran a un espejo solo ven un hombre providencial e incomprendido.

Aquel gigante capaz de poner los pies en la mesa del presidente de Estados Unidos escribía notas en un misterioso cuaderno azul. Le gustaba que la gente hiciera quinielas. Su triunfo por mayoría absoluta en el año 2000 le había facilitado una prerrogativa: designar a su heredero al frente del PP y, eso creían en Génova antes de los atentados del 11-M, del Consejo de Ministros.

Los candidatos a recibir el dedazo del divino presidente eran tres: Mariano Rajoy, que acabó logrando, tras dos derrotas, una victoria más completa que la de Aznar; Jaime Mayor Oreja, fanaticamente enrocado en otro tiempo político; y Rodrigo Rato, tal vez la figura más prestigiosa de aquel Gobierno que, galopando de forma entusiasta a lomos de la burbuja inmobiliaria, presumia de que España iba bien, muy bien, y de que habá forjado un milagro económico inédito en el mundo mundial.

Dentro del PP, Rato era un ídolo, se le jaleó hasta anteayer -cuando estalló el escándalo de las tarjetas black de Bankia- como el mejor ministro de Economía de la democracia. Fuera era respetado. Su figura no se empequeñeció por no ser investido con las llaves del número 13 de la calle Génova. Según las memorias de Aznar, el propio Rato rechazó dos veces la nominación. Su prestigio permitió que le dieran un excelente destino en el extranjero: ser director del FMI no está al alcance de cualquiera. O eso parecía entonces, en el año 2004, cuando se construyó el mito.

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Desde Washington Rato proyectó una alargada sombra sobre la política española y sobre el propio Rajoy. No vio venir la crisis más grave que ha sufrido occidente desde la gran depresión. Y en junio del 2007 salió por la puerta de atrás del FMI al dimitir por sorpresa alegando razones personales. Después ocupó varios cargos en diferentes empresas e instituciones financieras, pero su siguiente gran destino fue Caja Madrid. La presidió desde enero del 2010. Y dirigió el proceso para crear ese monstruo llamado Bankia con la fusión de la enladrilladamente podrida caja madrileña con Bancaja, La Caja de Canarias, Caja Ávila, Caja Segovia, Caixa Laietana y Caja Rioja.

Bankia salió a Bolsa con pompa, boato y alharacas en julio del 2011. La imagen de Rato tocando la campana se convirtió en un icono. Pero aquello era solo un trampantojo. Las cuentas de aquel año escondían un desfase patrimonial de 3.500 millones. El antiguo vicepresidente de Aznar tuvo que  salir por patas, su aureola de gran gestor rota para siempre. Renunció, aplastado por la realidad, en mayo del 2012. Y empezó el calvario que ha concluido ahora con su detención por presuntos delitos de fraude fiscal, alzamiento de bienes y blanqueo de capitales.

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Repudiado por el PP, estigmatizado por el escándalo de las tarjetas black, denostado por los ciudadanos que pagaron sus políticas irresponsables (además de su parte alicuota en el inflado de la burbuja, Rato fue el creador del famoso déficit de tarifa eléctrica), sus privatizaciones (Tabacalera y Argentaria) y sus huidas hacia adelante, el mito Rato ha caido. Posiblemente no vaya a la cárcel, como su antecesor en Caja Madrid Miguel Blesa, pero los halagaos del pasado y aquel leitmotiv de que había sido el mejor ministro de Economía de España pronto solo servirán para el escarnio. Al hombre que pudo reinar después de Aznar Montoro le concedió una amnistía, pero los ciudadanos no se la darán. ¿Y la historia? Ay, la historia lo juzgará con extrema y necesaria severidad.

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Escrito por César Rodríguez Comentar
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Toni Cantó, las birras y el Whatsapp

10 de marzo de 2015 a las 11:17

Toni Cantó, ese antiguo actor de comedias reconvertido en avinagrado diputado de UPyD, quiere ser presidente de Valencia. En su carrera por ocupar el sillón en el que un día se sentaron próceres como Zaplana o Camps ha optado por la originalidad, la innovación y una receta que mixtura trato directo, tecnología y populismo. Ahí es nada.

Toni la lio parda cuando abrió una línea de Whatsapp para responder, de forma directa, a cualquier pregunta de los ciudadanos. La avalancha de cuestiones desbordó el servicio y provocó una crisis de reputación para el candidato.

Los gurús suelen recomendar sentidiño a la hora de abrir canales de ese tipo. Y siempre sugieren que un equipo bien dimensionado los gestione. El objetivo es claro, evitar los trending topic negativos.

Mariló Montero solo hay una. El resto de los mortales suelen salir malparados de una polémica en las redes. Y Cantó lleva unas cuantas. Pero él insiste. Y ha vuelto a ser protagonista en Twitter al anunciar una campaña basada en encuentros personales. Ofrece tres modalidades: unas «birras», una cena o ir a correr. La primera es un clásico. Ha provocado muchas bromas -la más celebrada vincula esta iniciativa con el «caloret» de Rita Barberá- y una pregunta que suscribiría el escritor catalán Josep Pla: ¿Y todo esto, quién lo paga?

Publicado originalmente en La Voz de Galicia

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Escrito por César Rodríguez Comentar
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El #Taniagate o el adiós de la princesa roja

7 de febrero de 2015 a las 16:42

La han visto fajándose en las tertulias con Inda, Marhuenda y otros feroces polemistas de la banda derecha del circo de la telepolítica en España. Fue presentada ante el gran público como la novia de Pablo Iglesias. Y es la gran protagonista de la actualidad por su mediática marcha de IU.

Por supuesto, escribo sobre Tania Sánchez, anteayer candidata en Madrid; hoy barco emergente e independiente zarandeado por la tormenta desatada por decirle adiós a su casa política de toda la vida. Busca puerto en otras siglas, y un refugio temporal ante su posible imputación por unos enredos municipales, pero su rumbo está trazado. El destino final, la convergencia electoral con Podemos y/o afines.

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El #taniagate provocó una algarada en Twitter. Ganó las primarias hace unos meses. Y solo suelen irse los que pierden. Pero este no es un caso convencional. Se va de forma «meditada», por razones «políticas» y por miedo a que la vieja guardia le hiciera lo que el felipismo a Pepe Borrell en el PSOE de los 90: la vida imposible.

Sueñan la princesa roja y la izquierda no socialdemócrata con llegar al poder. Y crujen las costuras de la vieja IU, siempre castigada por el sistema electoral, ese sheriff de Nottingham (Tomo prestado el símil de un estupendo artículo de los prestigiosos politólogos Lago y Montero) que roba votos a los partidos pobres para darle poder a los ricos. Prepárate, Podemos, los sesgos serán implacables. Y para asaltar los cielos del poder, hay que rascar escaños en Soria y otras muchas circunscripciones pequeñas.

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Escrito por César Rodríguez Comentar
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¿Tripartidismo o sorpasso?

4 de febrero de 2015 a las 14:18

Llegó el esperado barómetro del CIS. Y consagró a Podemos como segunda fuerza del espectro político español, por delante del PSOE. Es un resultado demoscópico histórico, que muestra la debilidad del partido que más veces ha gobernado en democracia en España.
Pacte o no pacte, a Pedro Sánchez, cada vez más cerca de ser llamado el efímero, no le salen las cuentas. Tampoco a Rajoy y al PP, que ven como el partido de Pablo Iglesias se sitúa solo a 3,4 puntos y amenazan esa mayoría minoritaria suficiente que pronosticó,  el gurú Arriola y que abre la puerta a la ya manida Gran Coalición entre los dos tradicionales dominadores del régimen del 78. Y que para bien y para mal sigue siendo la única suma que puede producir un Gobierno estable.
El sondeo pinta un empate técnico. Y plantea una incógnita: ¿se abre una era de tripartidismo en la escena política española? ¿El sorpasso será definitivo y el PSOE camina hacia la marginalidad? ¿Es Podemos, que va camino de comerse a IU, el relevo generacional de lo que significaron los socialistas en la transición?

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Escrito por César Rodríguez Comentar
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Zuckerberg y el fin del poder

23 de enero de 2015 a las 14:34

No parece descabellado decir que Mark Zuckerberg, el fundador de Facebook, es uno de los hombres más poderosos del planeta. Y no por su riqueza, sino por la capacidad de influencia que tienen sus dos redes sociales (compró en su día Instagram) y su servicio de mensajería Whatsapp, que vehiculan la expresión de cientos de millones de personas y, al menos, en el servicio que creó cuando era un estudiante universitario, filtran muchos de los mensajes que intercambian.
Zuckerberg es un personaje con muchas aristas. Demonizado por muchos, admirado por otros y retratado de forma implacable en la película La red social por David Fincher, se ha convertido en un gran prescriptor, en un mastodóntico influencer, capaz de abrir un club de lectura en línea (http://ayearofbooks2015.com) y disparar las ventas de una obra tan interesante como El fin del poder, del escritor Moisés Naim.
El prestigioso ensayo del venezolano argumenta que, en el mundo que vivimos, el poder cada vez es más difícil de ejercer y más fácil de perder, que los grandes actores antes dominantes y el orden establecido se enfrentan a la acción iconoclasta e inesperada de muchos micropoderes.

Si aceptamos esta sugerente teoría, habría que resolver una cuestión: ¿Es Facebook uno de ellos? ¿Está preocupado Mark Zuckerberg por perder su trono? Es y será multimillonario, pero como sentenció en la serie House of Cards un grandísimo jugador del juego de tronos, el despiadado personaje Frank Underwood, «se equivocan quienes eligen el dinero en lugar del poder».

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Escrito por César Rodríguez Comentar
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Reforma electoral, poder y «#pucherazo»

22 de agosto de 2014 a las 8:48

Las hemerotecas digitales sonrojan a cualquiera. Y más los vídeos de Youtube. Puede verse aquí como en su discurso de investidura Rajoy defendió el sistema electoral que ahora pretende reformar de forma unilateral para que el PP conserve o aumente su cuota de poder en las municipales del 2015. Los populares recelan de un escenario político similar al que imperó muchos años en Galicia: por lo general al PP solo le valía la mayoría absoluta frente a la alianza más o menos permanente y estable de PSOE y BNG. Tras el terremoto de las europeas, temen encontrarse en una situación similar en casi toda España. Y a Podemos.
Los sondeos acreditan que los de Pablo Iglesias pueden pescar votos en el caladero de los antiguos votantes populares desafectos. Y se están armando plataformas ciudadanas capaces de atraer electores y, tal vez, de quitar y poner regidores con el sistema proporcional actual.
Una vez más, Twitter es la arena en la que se libra una intensa guerra de propaganda a favor y en contra de primar a la fuerza más votada. Eslóganes y etiquetas (#pucherazoelectoral) esconden el efecto real (¿y perverso?) de la reforma: conseguir más bastones de mando con menos votos. El votante importa poco. O nada. Toca recordar la famosa frase de Clinton sobre la economía. Y enmendarla para entender la reforma que se quiere imponer: «Es el poder, estúpido».

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El votante despertó. Y los dinosaurios ya no estaban ahí

27 de enero de 2014 a las 19:57

Cuando se cumple un año de la aparición «mariana» de los papeles de Bárcenas, el PP es noticia por la retirada de dos pesos pesados, de dos hombres reconocibles por la opinión pública, de dos nombres que sintonizan bien con la fracción más conservadora de su electorado, aquella a la que nuevas formaciones hacen cantos de sirena de cara a las Elecciones Europeas del 25 de mayo: ni Alejo Vidal-Quadras ni Jaime Mayor Oreja estarán en la lista popular.

El primero, vicepresidente del Parlamento Europeo desde el 2004, se ha marchado del partido dando un portazo. Se va a la competencia, a Vox, ese nuevo partido que lidera simbólicamente  Ortega Lara y que pretende aprovecharse de que las elecciones europeas son circunscripción única para captar mucho voto desencantado por la derecha. Quizá siga en la Eurocamara, pero con el paraguas de otras siglas. Y tal vez sea el primero que transita por la senda de la defección. Pero parece difícil que sea el último.

El segundo encarna de una forma de hacer política en España. Eterno adalid de la línea dura con ETA y con el problema vasco, Jaime Mayor Oreja fue intocable en otros tiempos, pero no estará en la lista de las europeas, aunque sí sigue en el partido. Al menos por ahora. Al menos eso ha anunciado hoy el PP, que explica su ausencia de la candidatura con un supuesto pacto con Rajoy. Tal vez su nombre podría ayudar a contener esa supuesta hemorragia de votos ultra en favor de Vox que aún no detectan las encuestas y que, según muchos analistas, está detrás del controvertido proyecto de reforma del aborto con el que de forma entusiasta carga a cuestas Alberto Ruiz Gallardón. Tal vez no. Y solo se trata de pasar página o de evitar una derrota.

Se desconoce quiénes encabezarán la lista del PP. Suenan nombres como los de Miguel Arias Cañete o Ana Mato. Parece que, dicen las encuestas recientes, toca sacrificar/premiar/desterrar un ministro. Sea como sea la lista, será menos reconocible. Para bien o para mal, faltarán en ella dos dinosaurios de la política. Y si hay algún votante del PP que haya hibernado en este crudo invierno, cuando despierte se dará cuenta de que, al revés que en el famoso microcuento de Monterroso, ya no están ahí.

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«Qué escándalo, qué escándalo, en este Congreso se bebe…» Por el morro

28 de mayo de 2013 a las 12:40
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«Qué escándalo, qué escándalo, he descubierto que en este local se juega». Así de alporizado reaccionaba en Casablanca el corrupto capitán Renault (Claude Rains) ante la petición de un oficial nazi de cerrar el famoso local de Rick (Humprey Bogart).  Y de una forma parecida ha reaccionado Twitter a la difusión de la noticia de que el Congreso de los Diputados subvenciona bebidas de alta graduación para sus señorías, el personal de la Cámara Baja y los invitados / visitantes que apoyen el codo en la barra de la cafetería de la institución.

A 3,45 el cubata de Larios. A 6,85 el de Havana 7. Son solo dos ejemplos de la carta de precios que exige el Congreso para adjudicar el servicio de cafetería y restauración para los próximos cuatro años. Evidentemente, son muy diferentes de los de mercado. Y es que estarán subvencionados por un presupuesto que asignará la Mesa del Congreso. ¿Es necesario que los diputados tomen copas, cubatas, gin-tonics, cava, champán…? Nadie ha preguntado a los ciudadanos, pero parece lógico pensar que dirían que no. Y menos si paga el erario público.

Se ha creado un revuelo similar al que en 2007 provocó la retirada de las bebidas de alta graduación del Parlamento de Galicia. La gente puede decir, como Claude Reins en la pelicula, «Qué escándalo, qué escándalo, en este local se bebe… Por el morro». Y no estarían haciendo teatro. Sienten el cabreo de verdad.  Sus señorías deberían de tomar nota,  adaptarse a los nuevos tiempos de recortes y austeridad máxima que imperan en España:  si los niños tienen que ir al colegio con el taper, sus  señorías deberían llevar al escaño la petaca.

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Aznar quiere llenar el hueco que deja Mourinho

22 de mayo de 2013 a las 10:25

José María Aznar ama(r)ga con volver a la primera línea de la política. Él,  que no ha dejado de ejercer de «jarrón chino» quejoso y soberbio desde su posición de expresidente del Gobierno y referente del PP, ha cogido su ametralladora y ha disparado contra casi todos: la oposición, los ciudadanos, algunos medios y sus compañeros. La primera ráfaga fue para Rajoy, al que ha dado una bofetada virtual que aún debe dolerle al «lánguido» pontevedrés.

Aznar debe andar preocupado por numerosos problemas que lastran su figura – los gastos suntuosos de la boda de su hija en el Escorial, los sobresueldos de Bárcenas- y por las tribulaciones políticas de su mujer, la alcaldesa de Madrid Ana Botella, superada por el cargo y amenazada por la emergente lideresa Cristina Cifuentes. Y ha tocado a rebato en el PP.

Aznar de repente se ha convertido en el líder de la oposición extraparlamentaria a un presidente  de su partido  que gobierna con mayoría absolutísima en un momento muy delicado para el país. Ha desatado una gran tormenta.

Con la revelación de Aznar hemos llenado un vacío. Él que deja el hasta ahora hombre polémico del país, Mourinho.

El expresidente va a lo suyo, como Mourinho. Genera filias y fobias, como Mourinho.  Se cree el mejor, como Mourinho. Y rezuma soberbia, como Mourinho.  Si el portugués nunca ha sabido perder, el político castellano no supo marcharse.

Aznar es un líder, eso no admite dudas, y se cree un salvador de la patria. Le gustaría ser como aquél romano llamado Cincinatto que, según la leyenda, fue llamado por el pueblo para ser dictador ante una situación extraordinaria.

Ahora que él se postula, conviene recordar algunos de sus defectos. Decía hace unos años un director de un periódico nada sospechoso de ser hostil al PP que Aznar, aún cuando tenía razón,  la perdía por sus formas antipáticas. También hubo quién dijo que el expresidente del Gobierno era como un hombre de hierro, fuerte pero poco flexible, que se rompería antes de doblarse. Ahí están las condiciones de su oferta: ni pactos ni consensos, ¿es lo que necesita este país?

 

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Escrito por César Rodríguez 2 Comentarios
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El caso Bárcenas: escándalo a escándalo hacia la voladura del sistema de partidos en España

18 de enero de 2013 a las 17:27

Italia,  país  lleno de contrastes y turbulencias políticas, sufrió hace ya veinte años la voladura del sistema de partidos que articulaba el Gobierno de la República. La fuerza hegemónica desde la postguerra mundial, la Democracia Cristiana, implosionó tras pagar la elevada factura de la más que institucionalizada corrupción que salpicaba a los cimientos del Estado. Aquel proceso, conocido como Tangentopoli (tangente es soborno en italiano), también se llevó por delante a otros grupos mayoritarios. Y provocó en 1993 la formación de un Gobierno de concentración presidido por un independiente, Carlo Azeglio Ciampi, que reformó el sistema electoral e intentó quitar poder a los aparatos de los partidos a través de una fórmula de elección mayoritaria. Funcionó. Para bien y para mal: aparecieron nuevas formaciones; y entró como un ciclón el berlusconismo.

En España, los casos de corrupción que cada día salpican la actualidad  (y que afectan a los dos grandes partidos que se han turnado a la hora de formar Gobierno; últimamente más al PP) sitúan al sistema político en una situación de máxima tensión. Sobre todo por el caso Bárcenas, la enésima (y más esclarecedora) muestra de que casi todo falla en relación con la financiación de los partidos. Desde hace muchos años.

El PP y Rajoy se tambalean con un escándalo que agita aún más a la indignada ciudadanía, víctima de recortes salvajes, despojada por la fuerza de decretos de derechos hasta hace poco tiempo inviolables, cada vez más desafecta, desconfiada y llevada más allá de los límites de la paciencia.

No faltan voces que auguran un futuro político cercano en el que los grandes partidos hayan perdido esa condición. En la que ninguna fuerza obtenga porcentajes de voto (y escaños) superiores al 20 %. En la que se registren amplísimas bolsas de abstención. Esa reconfiguración del mapa ya está en marcha: el bipartidismo (medido en datos de sufragios y actas parlamentarias) se bate en retirada.  Y esta puede ser irreversible. Incluso precipitada y desordenada si continúan emergiendo los escándalos.

Si llega el momento de la hecatombe de PP y PSOE,  surgirá una pregunta para nada peregrina, que esconde un debate clásico, tan viejo como la política: ¿hasta donde hay que llegar tirando de la manta? De las cenizas del actual sistema puede surgir otro dominado por figuras de corte berlusconiana. Si esto sucede y tiene consecuencias parecidas a las de Italia, nos haremos otra pregunta: ¿Era tan intolerable aquella corrupción? ¿Será mejor la futura?

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Escrito por César Rodríguez 3 Comentarios
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