La Voz de Galicia
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«Qué escándalo, qué escándalo, he descubierto que en este local se juega». Así de alporizado reaccionaba en Casablanca el corrupto capitán Renault (Claude Rains) ante la petición de un oficial nazi de cerrar el famoso local de Rick (Humprey Bogart).  Y de una forma parecida ha reaccionado Twitter a la difusión de la noticia de que el Congreso de los Diputados subvenciona bebidas de alta graduación para sus señorías, el personal de la Cámara Baja y los invitados / visitantes que apoyen el codo en la barra de la cafetería de la institución.

A 3,45 el cubata de Larios. A 6,85 el de Havana 7. Son solo dos ejemplos de la carta de precios que exige el Congreso para adjudicar el servicio de cafetería y restauración para los próximos cuatro años. Evidentemente, son muy diferentes de los de mercado. Y es que estarán subvencionados por un presupuesto que asignará la Mesa del Congreso. ¿Es necesario que los diputados tomen copas, cubatas, gin-tonics, cava, champán…? Nadie ha preguntado a los ciudadanos, pero parece lógico pensar que dirían que no. Y menos si paga el erario público.

Se ha creado un revuelo similar al que en 2007 provocó la retirada de las bebidas de alta graduación del Parlamento de Galicia. La gente puede decir, como Claude Reins en la pelicula, «Qué escándalo, qué escándalo, en este local se bebe… Por el morro». Y no estarían haciendo teatro. Sienten el cabreo de verdad.  Sus señorías deberían de tomar nota,  adaptarse a los nuevos tiempos de recortes y austeridad máxima que imperan en España:  si los niños tienen que ir al colegio con el taper, sus  señorías deberían llevar al escaño la petaca.