Municipales 2011, la marea del PP no sube en las ciudades gallegas
Feijoo no está pasando por sus mejores momentos. Pasó el baltarazo, pero tiene cuatro frentes abiertos: la fusión de las cajas, el decreto del gallego, la crisis económica (tiene su parcela de responsabilidad) y el xacobeo. En consecuencia, su Gobierno se desgasta. Y su figura, también, aunque en menor medida. Para colmo, la encuesta de Sondaxe para La Voz tampoco trae buenas noticias para los populares.
En plena marea alta del partido de la gaviota, con el efecto Zapatero desaparecido, apenas un año después de su triunfo en las autonómicas, resulta que se pueden quedar otra vez sin gobernar en las ocho principales ciudades gallegas.

Gráfico de La Voz
El gráfico anterior (tiene un problema, en Pontevedra están intercambiados los datos de PSOE y BNG, perdón por el error) ofrece un pronóstico muy desfavorable para el PP. Es cierto que queda más de un año para las municipales, pero en la sede del partido de la gaviota se esperaban otra cosa: Orozco, Bugallo, Irisarri, Lores, Losada, Rodríguez y Caballero resisten y pueden volver a gobernar -según el caso, con o sin pactos-. Y varios de los candidatos populares son hombres del presidente -como Carlos Negreira, que lleva bastante tiempo en campaña en A Coruña-, y/o ya habrían fracasado más de una vez. Si se cumple el pronóstico, ¿se abriría una crisis? Desde luego, un proceso de renovación se antojaría imprescindible.
La encuesta ofrece una fotografía de la política municipal muy similar a la del 2007. La alianza imperfecta de socialistas y nacionalistas sigue siendo un factor fundamental, imbatible en muchos casos para el PP, que está solo. En las grandes ciudades apenas hay independientes con gancho. Y es muy difícil que surjan tránsfugas que puedan sucumbir a los cantos de sirena de algún que otro hacedor de alcaldes que merodea por cierta diputación del sur de Galicia.
General













Ahí los tienen. Son peruanos, pero poddrían ser de Valdoviño. O lucenses. Y es que su destino no es Haití, sino Ourense. La provincia más deprimida de la poco boyante Galicia dirime estos días la primera etapa de la sucesión de José Luis Baltar.






