La Voz de Galicia
Seleccionar página

Ms Amore un moto velero con encanto. Split, Croacia

Este fantástico y coqueto barco me ha llevado este verano de crucero por las Islas Dálmatas y la costa de Croacia. Es un moto velero de dos palos de cuarenta metros de eslora con capacidad para cuarenta viajeros.

Este no es el Amore, sino su gemelo.

Este tipo de barco nada tiene que ver con los grandes cruceros que habitualmente surcan el Mediterráneo. Es casi tu yate privado, atraca siempre “a pie de pista” y, te da la sensación de que navegas en tu propio barco.

No tiene el fastuoso lujo de otros barcos que surcan el adriático, pero no deja de tener su encanto. En media hora lo dominas perfectamente, conoces a todos los compañeros de viaje y a la tripulación.

Lo recordaré toda la vida como uno de los viajes más relajados y placenteros que he hecho. Se duerme siempre en puerto y, la navegación es de lo más tranquilo que te puedas imaginar. Surca una especie de mar interior que forman las Islas Dálmatas con la costa de Croacia y, siempre tienes tierra a la vista por las dos amuras.

 

Tanto el paisaje, como las visitas que se realizan son de gran belleza y contenido. No debemos olvidar que se visita entre otras ciudades Zadar, Split o Dubrovnik además de otras más pequeñas con gran encanto.

Nuestro viaje comienza, como no, con un madrugón en Alvedro, nuestro vuelo sale a las seis y media de la mañana hacia Madrid en donde tomamos otro vuelo hacia Zagreb a las doce y media de la mañana.

Llegamos a Croacia y nos toca un traslado por autopista en bus de tres horas y media de duración, con una parada en el camino hasta llegar a Zadar.

En este punto embarcamos. Estamos todos un poco nerviosos y preocupados con el barco, no hay mucha información y ninguno de los que viajamos las tenemos todas con nosotros. A los cinco minutos no hay más que sonrisas, a todos nos parece mucho mejor de lo que nos esperábamos y, para más “Inri” nos ha recibido un croata, Damir, en perfecto castellano, hasta se atreve con algún chiste y dejes hispanos. En este momento, se le abre el cielo a muchos de los viajeros, no es lo mismo estar una semana a bordo de un barco sin nadie que te entienda en cristiano que, lo contrario.

 El primer servicio que tenemos a bordo es la cena y, nuestra mesa, parece el comienzo de un chiste clásico: Dos vascos, dos catalanes, dos gallegos (nosotros) y una pareja de Madrid y Ávila. En seguida hacemos piña y resulta una mesa de lo más agradable que, se mantendrá igual durante todo el recorrido. Es una suerte coincidir con un grupo de personas encantadoras, siempre te hacen el viaje mucho más llevadero.

En entradas sucesivas os enseñaré las ciudades y pueblos que se visitan, pero esta primera se la voy a dedicar entera al MS Amore un barco que como su propio nombre indica, te enamora.

El sistema del crucero es sencillo. Se navega de día, siempre a motor. Se duerme en puerto y durante el día hay múltiples paradas y fondeos para baño en alguna cala o playa y, ya de tarde, se llega a puerto. Se atraca justo en el centro del pueblo y, normalmente te hacen la visita de la ciudad para darte una idea general de lo que hay y luego poder callejear a tu gusto.

A destacar el colorido de las aguas del Adriático, de un azul turquesa impresionante, con una temperatura un poco inferior a lo que me esperaba, pero siempre de lejos mejor que la que tenemos en Galicia. El único pero que le pongo es la poca pesca que hay en estas aguas.

El día a día comenzaba con un desayuno a las ocho de la mañana. A continuación comenzaba el relax. Sol, sombra y continuadas siestas matinales y vespertinas, había desde el que se iba a dormir después del desayuno, hasta el que lo hacía después del baño y, como no, el clásico después de la comida. Cada uno a su aire.

Por el medio baños, amenas charlas, comidas, aperitivos, lectura, música y demás. Al segundo o tercer día ya estábamos con la coña: “No puedo vivir sin saber como va la prima de riesgo”, ¿estaremos ya rescatados? Al llegar a puerto parecíamos jovencitos colgados a los teléfonos para conseguir información. No sabemos vivir hoy en día sin un móvil, lamentable.

En el barco, como os contaba, teníamos a un fantástico relaciones públicas y chico para todo, Damir. Su castellano nos ayudó mucho, nos sirvió la comida, fumó, charló y, casi hasta bailó con nosotros el día de la última noche en la que, tuvimos una cena especial y, música hasta altas horas de la madrugada, las doce. Tenéis que entender que se cena a las ocho y, el barco está situado siempre en el centro de las ciudades y la autoridad portuaria no entiende de las algarabías de los españoles, ni de las de nadie.

En resumidas cuentas un viaje espectacular en cuanto a visitas y paisaje y, mucho más espectacular en cuanto a relax y tranquilidad. Recomendado para recuperarte del estrés del día a día.

 

© Fotografías propiedad de Fran Raposo. Prohibida su reproducción.