La Voz de Galicia
Seleccionar página

Voló el año 2013 sin que me atreva ahora a hacer un balance, como  acostumbraba. ¿annus horribilis? ¿Hemos salido ya del fondo de la crisis? Los inmejorables datos de  Wall Street al cierre de ayer o la importante subida de la Bolsa española ¿marcan un antes y después en estos convulsos tiempos?

No pienso que las cosas de la economía y, mucho menos, de la propia vida cambien de la noche a la mañana. Todo cambio para bien requiere, por lo general, tiempo, poso, reflexión. Con lo que ha sucedido en la última década lo que si creo es en la capacidad del ser humano por aprender y adaptarse a las circunstancias cambiantes. En este sentido hay un término, “resiliencia”, que procedente de la fisica se viene utilizando con frecuencia en la ecología –referido a la capacidad de las comunidades de soportar, adaptarse y recuperarse a perturbaciones ambientales adquiriendo nuevas herramientas- y también se utiliza en el campo de la psicología para significar la “capacidad de las personas o grupos de sobreponerse al dolor emocional para continuar con su vida y salir fortalecido de dicha experiencia”.

El Diccionario de la Real Academía de la Lengua Española ha terminado por admitir la palabra “resiliencia” definiéndola como “la capacidad humana de asumir con flexibilidad situaciones límites y sobreponerse a ellas”. Me encanta esta palabra como “leit motiv” para iniciar la cuesta de enero. Además esta capacidad de lucha del ser humano me lleva al optimismo. Justamente mi última lectura del año del pasado (hace unos minutos) ha sido el libro titulado “Abundancia” –publicado en Barcelona por Antoni Bosch Editor- escrito por el polifacético cofundador y Presidente de la Singularity University, Peter H. DIAMANDIS y el periodista Steven KOLTER. Un “chutazo” de optimismo tecnológico ante al arraigado ambiente de pesimismo reinante en la opinión pública. Siguiendo la jerarquía de necesidades de la pirámide de MASLOW –desde las más básicas (comida, agua, alojamiento) hasta las más ambiciosas (salud y libertad), pasando por otras como la energía, la educación y las tecnologias de información y comunicación-, los autores de este animante ensayo van examinando los avances científicos y tecnológicos que ofrecen de cara el futuro una mejora de la calidad de vida de los habitantes de nuestro Planeta, incluso de los “mil millones de abajo” de la pirámide (o “emergentes”).

En los temas más relacionados con el medio ambiente como el agua –cuya escasez o consumo contaminado produce una gran mortalidad en los países en desarrollo- los autores presentan soluciones tecnológicas, aparentemente sencillas y asequibles, que podrían acabar con muchos de los problemas actuales de salud. En el caso de la energía, por supuesto que se incide en la futura expansión de las energías renovables aunque no se hacen ascos sobre la energía nuclear. Tecnologías de la información (que permiten extender los avances del bienestar), nanotecnologías, biotecnologías, innovación (mucha innovación) y la aparación de los “tecnofilántropos”, sin olvidar la importancia de la democratización de la sociedad… pintan un panorama muy prometedor. Y, por fin, las claves de este trabajo: “la mejor manera de predecir el futuro es crearlo uno mismo” y “donde hay una visión, el pueblo florece”. Los autores te ofrecen una página web para seguir «abundando» en el tema de la abundancia (únete al HUB de la abundancia).

Sea como fuere, el optimismo está de moda en estos tiempos inciertos. Los ensayos que siguen esta orientación no paran de publicarse: “El optimista racional. ¿Tiene límites la capacidad del progreso de la especie humana?” de Matt RIDLEY (Santillana Ediciones, 2010), “Un viaje optimista por el futuro” de Mark STEVENSON (Galaxia Gutemberg, 2011), “Viaje al optimismo. Las claves del futuro” de Eduardo PUNSET (Destino, 2011), etcétera. Sin duda que necesitamos, como el comer, estos mensajes positivos como los de la magnífica campaña de la marca GADIS, “saldremos como gallegos” y “si llueve que llueva”.

Valorando muy favorablemente todo lo anterior, soy de la opinión de que la solución del futuro del «bienestar» no se limita a los meros avances tecnológicos, por muy espectaculares que éstos sean, sino que es preciso además un fuerte componente moral y ético en nuestras conductas como seres humanos. A este propósito me parecen muy pertientes las recientes palabras del Papa FRANCISCO, relativas específicamente a la protección ambiental: “los seres humanos no somos meros beneficiarios, sino custodios de las demás criaturas (…) No dejemos que a nuestro paso queden signos de destrucción y de muerte que afecten a nuestra vida y la de las futuras generaciones” (parágrafo 215 de la Exhortación Apostólica sobre la Alegría del Evangelio).

!Feliz año 2014!